13309(26-11-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 13309  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

         Magistrado  Ponente   

         Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

         Aprobado Acta No. 128   

Bogotá D. C., veintiséis (26) de noviembre  de dos mil tres (2003).   

VISTOS  

Mediante sentencia del 26 de enero de 1996,  un  Juzgado  Regional  de Barranquilla condenó a los procesados WALTER ARROYO y  FÉLIX  DE  LA  HOZ PACHECO, en calidad de coautores de los delitos de secuestro  extorsivo  y  homicidio  agravado, a la pena principal de veintiséis (26) años  más  seis  (6)  meses  de  prisión  cada  uno; y a interdicción de derechos y  funciones públicas por diez (10) años.   

Al   desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor  de  FÉLIX DE LA HOZ PACHECO, y en ejercicio del  grado  jurisdiccional  de  consulta,  el  Tribunal  Nacional, en fallo del 11 de  julio  de  1996,  adoptó las siguientes determinaciones: 1) decretó la nulidad  parcial  de  lo  actuado en la fase de la causa con relación a dicho procesado,  exclusivamente  en  lo  que  atañe  al  delito  de  homicidio; 2) fijó la pena  principal  en  veintidós  (22) años de prisión para DE LA HOZ PACHECO, por el  delito  de secuestro extorsivo, incrementando la que le había sido impuesta por  ese  delito  en  primera  instancia;  3)  aumentó  la pena de prisión a WALTER  ARROYO,  tasándola  en  treinta  (30)  años  de  prisión;  4)  condenó a los  procesados  a pagar los perjuicios causados con las infracciones; y 5) les negó  el subrogado de la condena de ejecución condicional.   

En  esta  oportunidad,  la Sala resuelve de  fondo  sobre el recurso extraordinario de casación interpuesto por el apoderado  de FÉLIX DE LA HOZ PACHECO.   

HECHOS  

Los  acontecimientos  que  originaron  la  investigación  penal  fueron  relatados  de la siguiente manera por el Tribunal  Nacional, en la sentencia de segundo grado:   

“En las horas de la mañana del día 30 de  noviembre  de  1992,  un grupo de sujetos fuertemente armados secuestraron en la  Finca  San  Miguel  ubicada  en jurisdicción del Corregimiento de Molineros del  Municipio   de  Sabanalarga,  al  joven  LUIS  GUILLERMO  DAZA  DÍAZ,  a  quien  condujeron  hasta  un  paraje  cercano  de la comprensión territorial de Piojó  (Atlántico),  sitio  que  los  delincuentes consideraron que era apropiado para  eludir el ulterior rastreo policial.   

La  suma solicitada para la liberación del  plagiado  inicialmente  ascendió  a  sesenta  millones  de pesos, pero tras una  ardua  negociación  de  su  padre  quedó  establecida  en  siete  millones. No  obstante  y  al  parecer  en  la  madrugada  del  24 de diciembre siguiente, los  captores,  sin  aguardar  el  cumplimiento  de  la ilícita prestación exigida,  ultimaron al cautivo de dos impactos de bala.   

Las investigaciones preliminares condujeron  a  descubrir  la  intervención  en  el  ilícito  de FÉLIX DE LA HOZ PACHECO y  posteriormente,  la  de  WALTER  ARROYO,  alias  “Wilmer”,  quien  luego  de  capturado  relató  a  las autoridades los pormenores del plagio y asesinato del  plagiado.”   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

1. Como antes que se cometiera el homicidio  el  padre  de la víctima formuló denuncia penal por el secuestro, la Fiscalía  Regional  de  Barranquilla  dispuso adelantar averiguación preliminar, donde se  llevaron  a  cabo  varias  actividades  de  inteligencia  y  se  practicaron las  primeras pruebas.   

2. Más adelante, la misma autoridad abrió  investigación,  vinculó  mediante  indagatoria  a FÉLIX DE LA HOZ PACHECO y a  Edgar  Patiño  Solano,  quienes  para  el  efecto habían sido capturados; y al  definir  la  situación  jurídica provisionalmente, mediante resolución del 23  de  febrero  de  1993,  les  impuso  medida  de  aseguramiento,  consistente  en  detención  preventiva  sin excarcelación, por el delito de secuestro extorsivo  “tipificado en el artículo 268 del C.P., subrogado  por  el  artículo  22  del  Decreto  180  de  1988,  convertido en legislación  permanente,  que  tiene  pena  de prisión de 15 a 20 años y multa de 100 a 200  salarios    mínimos    mensuales.”   (Folio 66 cdno. 1)   

3.  Se  vinculó  posteriormente  a  WALTER  ARROYO,  quien  luego  de ser aprehendido y escuchado en indagatoria admitió su  participación  en los hechos e informó sobre el asesinato del secuestrado Luis  Guillermo  Daza  Díaz.  Por  tanto,  el  18  de marzo de 1993, fue afectado con  medida    de   aseguramiento,   consistente   en   detención   preventiva   sin  excarcelación,  por  los  delitos  de secuestro extorsivo y homicidio agravado.  (Folio       145       cdno.      1).   

4.   Además   fue   vinculado   mediante  indagatoria  Dagoberto  Molina  Albor.  Y  al  definir  su  situación jurídica  provisionalmente,  el  4  de  marzo de 1993, la Fiscalía Regional se abstuvo de  afectarlo  con  medida  de  aseguramiento.  (Folio 402  cdno. 1)   

5.  Después  de  recaudar  pluralidad  de  pruebas,  el  17  de  febrero  de  1994,  se  declaró  el  cierre parcial de la  investigación  y  se  dispuso  la  ruptura de la unidad procesal, con el fin de  continuar  investigando  por  separado  el  compromiso  penal de otros autores y  partícipes.   (Folio   407   Cdno.   1).   

6.  Al calificar el mérito del sumario, el  28   de   abril  de  1994,  la  Fiscalía  Regional  de  Barranquilla  profirió  resolución  de  acusación  contra  FÉLIX DE LA HOZ PACHECO y WALTER ARROYO en  calidad  de  coautores de secuestro extorsivo y homicidio agravado; “tipificados  en  el  articulo 268 del C.P. subrogado por el art.  22  del  Dec.  180/1980,  convertido  en  legislación  permanente  por  el Dec.  2266/91,  en  conexión  con  el  delito  de Homicidio Agravado, al tenor de los  dispuesto    en    los   arts.   323   y   324   (Nos.   2   y   4).”   

En  la  misma  providencia  precluyó  la  investigación  a  favor  de  Edgardo  Patiño  Solano y Dagoberto Molina Albor.  (Folio 425 cdno. 1)   

7. La fase de la causa fue adelantada por un  Juzgado  Regional  de  Barranquilla.  Citó  para  sentencia,  se recaudaron los  alegatos  finales  y el 26 de enero de 1996, condenó a FÉLIX DE LA HOZ PACHECO  y WALTER ARROYO como se especificó en precedencia.   

El   funcionario   de  primera  instancia  entendió  que  el  secuestro  extorsivo  se  subsumía  en el artículo 268 del  Código  Penal,  Decreto 100 de 1980, originalmente sancionado con prisión de 6  a 15 años, y calculó la sanción a imponer del siguiente modo:   

“Los  anteriores  argumentos  permiten al  Despacho,    en    aplicación    además    del   artículo   26   (concurso)  del  C.P., dosificar la pena  así:  veinte  (20)  años  por  el homicidio agravado y seis (6) años seis (6)  meses  por  el  secuestro  extorsivo,  para un total de veintiséis (26) años y  seis  (6)  meses  para  cada  uno  de  los  autores  de los citados punibles.”  (Folio 680 cdno. 2)   

8.  Al  desatar la impugnación interpuesta  por  el  apoderado de DE LA HOZ PACHECO, y en ejercicio del grado jurisdiccional  de  consulta,  en  fallo del 11 de julio de 1996, el Tribunal Nacional confirmó  la  decisión  de  primera instancia con las modificaciones anotadas en la parte  inicial de este proveído.   

En criterio del Tribunal Nacional, el A-quo  se  equivocó  al adecuar el secuestro extorsivo en el artículo 268 del Código  Penal  de  1980,  puesto  que  dicho  precepto fue modificado en la punibilidad,  también  cuando el móvil del ilícito era económico, por el artículo 6° del  Decreto         2790         de         19901,  vigente  al  tiempo  de los  hechos,  que  estableció  un  mínimo  de  20  y  un  máximo  de  25  años de  prisión.   

Por  tanto,  modificó las penas que había  impuesto  el  Juez  de  primera  instancia con ocasión del secuestro extorsivo,  hasta   ajustarlas   a   la  legalidad.  (Folio   3  Cdno.  Tribunal).   

9.  Inconforme con la sentencia de segundo  grado,   el   defensor  de  FÉLIX  DE  LA  HOZ  PACHECO  interpuso  el  recurso  extraordinario   de   casación,   cuyo   fondo   resuelve   la   Sala  en  este  proveído.   

10.  Mientras se tramitaba la impugnación  extraordinaria,  el  Juzgado  Penal  del Circuito Especializado de Barranquilla,  mediante  auto  del  1°  de  octubre  de  2001, en aplicación del principio de  favorabilidad  por  la  sucesión  de leyes penales, readecuó la pena principal  impuesta  a FÉLIX DE LA HOZ PACHECO, reduciéndola a diecinueve (19) años más  nueve  (9)  meses  mas seis (6) días de prisión, a quien concedió la libertad  provisional;  e  igualmente  redujo  la  pena  en  beneficio  de  WALTER ARROYO,  dejándola  en  veintiocho  (28)  años  de  prisión;  y dispuso que continuara  privado   de   la   libertad.   (Folio  117  cdno  2  Corte)   

LA  DEMANDA   

Un  cargo propone el defensor de FÉLIX DE  LA  HOZ  PACHECO  contra  el  fallo  del Tribunal Nacional, con fundamento en la  causal  primera  del  artículo  220 del Código de Procedimiento Penal (Decreto  2700   de   1991),   por  violación  directa  del  artículo  217  (competencia  del  superior) ibídem y  del  artículo  31  (prohibición de la reformatio in  pejus) de la Constitución Política.   

Recuerda el libelista que el Juez Regional  de  Barranquilla  tasó  la  pena para el secuestro extorsivo en seis años más  seis  meses de prisión, toda vez que tipificó esa conducta en el artículo 268  del  Código  Penal  de  1980,  que  establecía  una  sanción  entre  5  y  16  años.   

Aduce  que,  como  el  implicado DE LA HOZ  PACHECO  fue  apelante  único, la alzada sólo se entendía en lo desfavorable,  por  lo  cual  el Tribunal Nacional vulneró la prohibición de la reforma en lo  peor  cuando  adecuó la conducta de secuestro extorsivo en el artículo 6° del  Decreto  2790 de 1990, que se reservaba para los eventos donde el plagio tuviese  fines terroristas.   

Para  el  censor,  tampoco  la  calidad de  consultable  de  la  sentencia  de  primer  grado  autorizaba  el  aumento de la  sanción,  puesto  que  “ante  la ilegalidad de la  pena  impuesta”  correspondía a la Fiscalía o al  Ministerio  Público  como agentes del Estado impugnar oportunamente; y si no lo  hicieron,  por  estar  conformes  con lo decidido, precluyó la oportunidad para  enderezar  el  asunto,  y  no podía oficiosamente el Tribunal Nacional hacer la  corrección  en  detrimento  de  los  intereses  del  apelante  único,  pues la  consulta es viable sólo cuando ningún sujeto procesal apela.   

Solicita  a  la  Corte  casar la sentencia  impugnada   y  proferir  la  de  sustitución,  dejando  vigente   para  el  secuestro  extorsivo  la pena de prisión de seis (6) años más seis (6) meses,  como la tasó el Juzgado de primera instancia.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El Procurador Tercero Delegado en lo Penal  de  entrada  advierte  que  en  su criterio, reiterado en plurales conceptos, el  principio  constitucional  de  la  no  reformatio in  pejus prevalece sobre el principio de legalidad, por  lo cual encuentra razonable la demanda.   

Invoca  la  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  vertida  en  la  Sentencia  SU-327  del  27  de  julio  de  1995  (M.P.   Dr.   Carlos   Gaviria   Díaz),  y  trascribe algunos apartes; entre  ellos:   

“En nuestro ordenamiento la garantía de  la      no      “reformatio      in      pejus”     ha     sido     constitucionalizada, y su elevación a  ese  rango  es  congruente  con  la adopción del sistema penal acusatorio, cuya  esencia  radica  en separar las funciones de acusación y juzgamiento, para  colocar  en  cabeza del Ministerio Fiscal la titularidad de la primera, y en esa  medida  convertir  al  juez  en un tercero independiente, desligado de muchas de  las  funciones  que  oficiosamente  debía  cumplir  en  el  sistema inquisitivo  anterior;  por  ello  se  le  entrega  a  la  Fiscalía General de la Nación la  “carga  de  la  prueba” y la responsabilidad de representar durante la etapa  del  juicio  el interés del Estado en que se castigue al delincuente.  Por  este  camino resulta cierto que frente a un fallo de contenidos ilegales, cuando  el  mismo  parece tocar los intereses legítimos del Estado o de la sociedad, la  impugnación  del  mismo  corresponde,  a través del recurso de apelación o de  casación,  al  Fiscal  y  al  Ministerio Público; pero toda esa estructura, se  destruye  cuando  el  fallador,  de  oficio,  se  da  a  la  tarea de suplir las  omisiones de aquéllos”   

Entonces, acota que la erradicación de la  reformatio  in  pejus es  absoluta  y  que  por  ningún motivo puede ser excepcionada por el principio de  legalidad,  máxime  que,  en casos como el presente, donde la defensa interpuso  el  recurso  de  apelación  contra la decisión de primer grado, la competencia  del  superior  quedó  restringida  a  los aspectos desfavorables sometidos a su  conocimiento  en la impugnación; y además, porque la Fiscalía y el Ministerio  Público  guardaron  silencio, manifestando así su conformidad con la sentencia  del A-quo.   

Descarta   el  grado  jurisdiccional  de  consulta,  que preveía el artículo 217 (competencia  del  superior)  del  Código  de Procedimiento Penal  anterior2,  modificado por la Ley 81 de 1993, como fuente de la competencia  ilimitada  del Tribunal Nacional para revisar la sentencia de primera instancia,  toda   vez   que,   si  bien  la  expresión  “sin  limitación”  contenida  en  dicho  precepto  fue  declarada  exequible  por  la  Corte  Constitucional  en  la  Sentencia C-583 de  19973,    la    consulta    operaba    exclusivamente   “cuando     no    se    interponga    recurso    alguno”,   como   lo   establecía   el   artículo  206  (providencias       consultables)  ibídem.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar  el  fallo  del  Tribunal  Nacional  y  proferir  sentencia  de  reemplazo en los  términos que se pide en la demanda.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

Como  pasa  a  demostrarse,  aunque  el  libelista  seleccionó  adecuadamente  la  causal  de casación para postular el  reproche,  contrario  a  lo  sostenido  por el Procurador Tercero Delegado en lo  Penal,  no  le  asiste  razón  en  cuanto  pregona  que  el  Tribunal  Nacional  desconoció el artículo 31 de la Constitución Política.   

1.  De tiempo atrás la jurisprudencia de  la  Sala  ha  destacado la preponderancia que como norma de contenido sustancial  tiene  el  artículo  31  de  la  Carta,  y  que  debido  a  tal  categoría  la  prohibición  de  la  reformatio in pejus  irradia  la  actividad  judicial  en  todo  el marco del proceso  penal.  Por  tanto,  cuando  se  denuncia la transgresión al artículo 31 de la  Constitución  Política  resulta adecuada la demanda de casación que invoca la  causal  primera,  por  violación  directa de la ley sustancial, toda vez que la  problemática  recae directamente sobre el contenido de la norma sustancial, sin  que exija análisis sobre las pruebas o los hechos.   

2.  Si  bien el apoderado de FÉLIX DE LA  HOZ  PACHECO señala correctamente el artículo 31 de la Constitución Política  como   norma   quebrantada,  que  aunque  no  lo  indica  sería  por  falta  de  aplicación,  la  demanda  enlaza  el artículo 31 Superior con el artículo 217  del  Código  de Procedimiento Penal anterior, como si éste fuese desarrollo de  aquel.   

Tal  presentación  de  la  censura  es  impreciso  puesto  que  el  artículo  217  del  Código  de Procedimiento Penal  derogado  no  es  desarrollo  del precepto de la Carta que prohíbe la   reformatio  in  pejus,  sino  que  contiene temas diversos de los que se ocupó el legislador.   

Aunque era suficiente reclamar la falta de  aplicación  del  artículo  31  de  la Constitución Política, si el libelista  pretendía  complementar  sus argumentos ha debido mencionar el artículo 17 del  Código   de   Procedimiento   Penal,  Decreto  2700  de  1991,  que  consagraba  expresamente  la  prohibición  de  la  reforma peyorativa y la erigía en norma  rectora del procedimiento penal.   

3.  En  cuanto  el reproche se estructura  sobre  la  base  de  la  vulneración  del  artículo  31  de  la  Constitución  Política,     que    consagra    la    prohibición    de    la    reformatio   in   pejus,  se  precisa  verificar   si   la  sentencia  del  Tribunal  Nacional  se  produjo  o  no  con  desconocimiento de ese derecho fundamental garantizado en la Carta.   

El  núcleo del cargo plantea el problema  jurídico  consistente en definir si la interposición del recurso de apelación  únicamente  por el defensor, contra la sentencia de primera instancia proferida  por   el   Juez   Regional   de  Barranquilla,  providencia  sometida  al  grado  jurisdiccional  de consulta en virtud de la ley, privaba al Tribunal Nacional de  la  facultad  de  conocer  las  actuaciones  sin  limitación  alguna.  En otras  palabras,  se  trata  de  dilucidar  si  por  obra  del recurso de apelación la  sentencia  del A-quo dejaba de ser consultable o ya no quedaba sometida al grado  jurisdiccional de consulta.   

Sobre este tópico la jurisprudencia de la  Sala,  acorde  con la Corte Constitucional, ha reiterado de tiempo atrás que la  correcta       hermenéutica       del      artículo      206      (providencias    consultables)   del  Código  de  Procedimiento  Penal anterior, modificado por el artículo 29 de la  Ley  81  de  1993,  permite inferir que las sentencias no anticipadas proferidas  por  los jueces regionales siempre son consultables, aún cuando contra ellas se  interponga     el    recurso    de    apelación4.   

La frase “son  consultables  cuando  contra  ellas  no se interponga recurso alguno”  contenida  en  dicha  norma establecía el deber que tiene el  superior  funcional  de revisar oficiosamente y en su integridad las actuaciones  procesales  en  los  eventos  que  contempla,  sin  necesidad de esperar que las  diligencias   le  fuesen  enviadas  con  ocasión  de  los  recursos  ordinarios  interpuestos por los sujetos procesales.   

Dando  alcance  a  la  citada  frase, con  ponencia  del  H.  Magistrado  Fernando  Arboleda Ripoll, en sentencia del 21 de  octubre de 1998, la Sala indicó:   

“La  expresión  “son  consultables  cuando  contra  ellas  no  se  hubiere  interpuesto el recurso de apelación”,  utilizada  en  normatividades anteriores (ley 17 de 1975, art. 1º y Decreto 050  de  1987,  art.210),  e  incorporada  hoy  con algunas variantes en el texto del  artículo  29  de  la  ley  81  de 1993, tenía entonces razón de ser porque el  recurso  de  apelación  otorgaba  competencia  al  ad  quem  para  conocer  sin  limitaciones  de  la  providencia  impugnada (Ley 17 de 1975, art. 3º y Decreto  050  de  1987,  art.  538),  tornando  por  contera  innecesaria  la consulta, e  imprimiéndole a ésta un verdadero carácter subsidiario.   

“Frente a la normatividad actual, en que  el   recurso   de   apelación  otorga  competencia  al  superior  para  decidir  únicamente  sobre  los  aspectos impugnados, una consideración de esta índole  pierde  vigencia,  no  siendo posible postular que la consulta es subsidiaria de  la apelación.   

“La  supletoriedad  del instituto de la  consulta  ha  de  ser  entendida  en  relación con los aspectos que no han sido  objeto  de  apelación,  y  sin  que la interposición del recurso comprometa la  potestad  del  ad  quem,  derivada  de la ley, de poder reformar sin limitación  alguna  la  decisión consultada, aún en los aspectos impugnados y en perjuicio  del procesado.”   

“Totalmente  equivocado  resulta,  por  consiguiente,  impugnar  un  determinado aspecto de la decisión consultable, en  el  entendido de que así se impide su examen integral por la segunda instancia,  o  que  de  esta  manera  el  procesado  en cuyo nombre se apela amparado por el  principio de no reformatio in pejus”   

La  anterior  doctrina  fue  ratificada  recientemente  en  la  Sentencia  de  casación del 17 julio de 20035,  (radicación   14216,   M.P.   Dr.   Mauro  Solarte  Portilla), donde se insistió en que “Cuando  se  interpone  la apelación contra una providencia que se  halla   sujeta  al  grado  jurisdiccional  de  la  consulta,  es  claro  que  la  interposición  del recurso no compromete la potestad del ad quem derivada de la  ley,  de  poder reformar sin limitación alguna la decisión consultada, aún en  los aspectos impugnados y en perjuicio del procesado”.   

4.  También  ha  expresado  la  Sala  en  repetidas  ocasiones  que el instituto procesal de la consulta no es un medio de  impugnación  ni  un  recurso, sino un mecanismo de revisión de la legalidad de  ciertas  decisiones  judiciales,  que  operaba  por  ministerio de la ley, y que  debía  cumplir  ex oficio  el  superior  funcional  de  quien  la ha proferido, pues se funda en razones de  interés general y es de carácter imperativo.   

De no ser así bastaría que el interesado  interpusiera  el  recurso  de  apelación  contra  la providencia que de suyo es  consultable,  para  extraerle  de  un tajo tal carácter, dando al traste con el  grado  jurisdiccional  de  consulta,  que  en  manera alguna fue previsto por el  legislador  como  un  mecanismo destinado a operar dependiendo de la voluntad de  los sujetos procesales.   

5.  La  Corte Constitucional en sentencia  C-583  del  13  de  noviembre  de  1997,  declaró  exequible  el  artículo 217  (competencia      del      superior)  del  Código  de Procedimiento Penal anterior, modificado por el  artículo  34 de la Ley 81 de 1993, en cuanto la consulta habilitaba al superior  para  decidir  sin limitación alguna sobre la providencia consultada o la parte  pertinente   de  ella.  A  diferencia  de  la  apelación  que  permite  revisar  únicamente los aspectos impugnados.   

Así las cosas, no se ajusta a derecho la  postura  del  demandante,  en  el  sentido  de  que la simple interposición del  recurso  de  apelación  contra  una  decisión  consultable,  cualquiera sea el  aspecto  impugnado,  enerva  la  posibilidad  de  que el superior pueda entrar a  considerar   los   aspectos   que   no   han   sido   objeto  de  tacha  por  el  apelante.   

De  igual  manera, no pueden acogerse los  planteamientos  del  señor  Procurador Delegado, pues en esencia el cargo no se  cimienta,  como  pareciera, simplemente en la vulneración de la prohibición de  la  reformatio  in pejus,  sino   en   premisas  que  no  compaginan  con  el  recto  entendimiento  de  la  normatividad   que   regulaba   lo   atinente   al   grado   jurisdiccional   de  consulta.   

6. Al margen de los anteriores asertos, si  bien  se  constata  objetivamente  que  el  Tribunal  Nacional  agravó  la pena  impuesta  a FÉLIX DE LA HOZ PACHECO, el fallo no es violatorio del artículo 31  de   la   Constitución   Política,   ni  del  artículo  217  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  puesto  que  era  deber  del  Tribunal ajustar la pena al  principio  de  legalidad, para aplicar, como lo hizo, la sanción penal condigna  al  secuestro  extorsivo  atendiendo  la  ley que lo tipificaba al tiempo de los  hechos,  esto  es,  el artículo 6° del Decreto 2790  de 1990.   

No  está  en  lo  cierto el casacionista  cuando  afirma  que el artículo 6° del Decreto 2790  de  1990  se  aplicaba  exclusivamente  a  los  secuestros  extorsivos con fines  terroristas.  Las  controversias en torno de esa interpretación fueron zanjadas  de  tiempo  atrás por la Corte Suprema de Justicia, reiterando en forma clara y  unánime  que  cuando el secuestro ha sido cometido en vigencia del decreto 2790  de  1990  y  los hechos que lo configuran “persigan  los  objetivos  enunciados  en  el  artículo  268 del Código Penal”,  entre  ellos  “exigir  por  su  libertad  un  provecho  o  cualquier  utilidad”, la  norma   aplicable  es  la  del  artículo  6°  de  ese  Decreto,  acogido  como  legislación   permanente   por   el   artículo   11   del   decreto   2266  de  1991.   

Al  respecto,  pueden confrontarse, entre  otras:  las  sentencias  de  casación  del  12 de noviembre y 3 de diciembre de  1999,  radicaciones  13566  y  12683,  respectivamente,  M.P. Dr. Jorge Córdoba  Poveda;  sentencia  del  3  de  noviembre  de  1999, radicación 13555, M.P. Dr.  Álvaro   Orlando   Pérez  Pinzón;  sentencia  del  15  de  febrero  de  2001,  radicación   13847,   M.P.   Dr.   Carlos   E.   Mejía  Escobar;  orientación  jurisprudencial  que  fue  ratificada  en  la sentencia del 17 de julio de 2003,  radicación 14216, M.P. Dr. Mauro Solarte Portilla.   

Como el secuestro del joven Luis Guillermo  Daza  Díaz  se  produjo  el 30 de noviembre 1992, y los propósitos perseguidos  eran   los  de  exigir  por  su  liberación  un  provecho  económico  ilícito  equivalente   a   sesenta   millones   de   pesos,  es  indiscutible  que  obró  correctamente  el  Tribunal  Nacional  al  aplicar  la  sanción  prevista en el  artículo  6°  del  decreto  2790  de  1990, normatividad que empezó a regir a  partir del 16 de enero de 1991.   

7.  No podía el superior funcional pasar  por  alto el desacierto en la selección de la norma tipificadora cometido en la  sentencia   de   primera  instancia,  so  pretexto  de  la  prohibición  de  la  reformatio in pejus, pues  esta  veda  jurídica no tiene cabida cuando el A-quo haya ignorado el principio  de   legalidad  de  los  delitos  y  de  las  penas,  y  de  contera  el  debido  proceso.   

La  institución  jurídica  comúnmente  denominada   prohibición   de   la   reformatio  in  pejus, o reforma peyorativa, o reforma en lo peor ha  sido  ampliamente  alinderada  por  la  jurisprudencia  de  la Sala de Casación  Penal,   especialmente   en   cuanto   a   explicar   que,   a   pesar   de   su  constitucionalización,  el artículo 31 de la Carta no ha consagrado un derecho  absoluto  y  sin  excepción  alguna  para  los condenados que apelan como parte  única la sentencia.   

8.  La  Sala  de  Casación Penal ha sido  reiterativa   en   determinar   que   la   prohibición   de   la   reformatio  in  pejus  no  tiene lugar  cuando  la  sentencia  materia  del  recurso  de  apelación  ha  desconocido el  principio de legalidad.   

A  la  sazón,  en la Sentencia del 28 de  octubre de 1997 se expresó:   

“La Sala ha venido considerando que dada  la  constitucionalización  del  principio  de  legalidad  y  habida  cuenta del  mandato  que  sobre  el  carácter  normativo  de  la  Carta  contiene la propia  Constitución,  no  es  posible  sostener  la  prevalencia de la prohibición de  reforma  en  peor  de  las  sentencias (Art 31 C.P.), para aplicar ésta última  disposición  en  prejuicio  de  aquel.  La garantía fundamental que implica el  principio  de  legalidad  (C:P.  art  29)  no  se  puede  agotar en la recortada  perspectiva  de  la  “protección  del  procesado” en un evento determinado,  sino  que ella trasciende en general a todos los destinatarios de la ley penal a  fin  de  que  el Estado ( a través de los funcionarios que aplican la ley, esto  es,  los jueces ) no pueda sustraerse de los marcos básicos (mínimo y máximo)  de  la  pena  declarada por el legislador para cada tipo penal o para cada clase  de hecho punible.   

“Grave perjuicio a la igualdad de todos  ante  la  ley  penal (basilar en el Estado de Derecho) se originaría de admitir  que  por  la  vía  particular  de  la  sentencia,  un sujeto de derecho pudiese  recibir  penas más allá de los límites máximos dispuestos por el legislador,  o  que  estén  por debajo de sus límites mínimos, o no consagrados en ley. De  ahí   que   se   acuda  al  principio  de  coexistencia  de  las  disposiciones  constitucionales  para  intentar  un  marco  de  aplicación  que  no sacrifique  ninguna  de  las  garantías (legalidad de la pena y exclusión de reformatio in  pejus)  en  detrimento  de la otra, y que de paso tampoco desconozca principios,  valores  y  derechos  también  fundamentales como los de separación de poderes  (arts.  1  y  113 C.P.), sometimiento del juez al imperio de la ley (entendiendo  en  ella  a la constitución misma) (arts 4 y 230 C.P.), primacía y aplicación  inmediata  de  los derechos fundamentales (arts 84,93, y 94 C.P.), y reserva del  legislador  para  la  expedición  de  códigos  (arts. 28 y 150 C:P)    entre    otros.”    (M.P.   Dr.   Carlos   Eduardo   Mejía  Escobar).   

Para el Tribunal Nacional, se insiste, era  imperativo  restablecer  la  legalidad  ignorada, es decir aplicar las sanciones  dentro  de  los parámetros previstos por el legislador. Al enmendar el desatino  palpable  en la sentencia de primera instancia, consistente en reprimir con base  en  una  disposición ya subrogada, si bien es cierto se vio obligado a aumentar  la  pena  hasta  empalmarla con la legalidad, no incurrió en desconocimiento de  la    prohibición    de    la    reformatio    in  pejus.  De  modo  que  bajo este supuesto la censura  tampoco está llamada a prosperar.   

V. CUESTIONES FINALES  

1.  Con  la entrada en vigencia del nuevo  Código  Penal,  Ley  599  de  2000,  se  abrió  la  posibilidad de aplicar las  disposiciones  que  éste  régimen contempla, por favorabilidad respecto de las  anteriores, si a ello hubiere lugar.   

En  este  caso  particular,  mientras  se  tramitaba   la  impugnación  extraordinaria,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de Barranquilla, mediante auto del primero de octubre de 2001, en  aplicación  del  principio  de favorabilidad por la sucesión de leyes penales,  readecuó  la pena principal impuesta a FÉLIX DE LA HOZ PACHECO reduciéndola a  19  años más 9 meses más 6 días de prisión; y a WALTER ARROYO, rebajándola  a 28 años de prisión.   

Al  quedar  ejecutoriada la sentencia, la  competencia  para decidir sobre los tópicos relativos a la favorabilidad radica  en  el  Juez  de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, como lo dispone el  numeral  7°  del artículo 79 del nuevo Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de  2000),  solución que se ajusta a derecho y que garantiza el principio de la  doble instancia.   

En ese orden de ideas, la redosificación  que  hizo  el  Juzgado  Penal  del  Circuito Especializado de Barranquilla tiene  carácter  provisional,  como  lo  ha  venido reiterando la Corte; y si fuere el  caso,  sobre  el  mismo  tema  podrá  volver  el  Juez de Ejecución de Penas y  Medidas   de   Seguridad,   quien   tiene   la   facultad   legal   de  resolver  definitivamente.   

Por supuesto, contra el auto que resuelva  en  segunda instancia los asuntos inherentes a la favorabilidad, en ningún caso  procede     el     recurso    extraordinario    de    casación.    (Sentencia    del   5   de   septiembre   de   2001,   radicación  13.000).   

2. De conformidad con el artículo 187 del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000),  equivalente al 197 del  régimen  procedimental  anterior,  la  presente  sentencia, que no sustituye al  fallo  impugnado,  queda  ejecutoriada el día en que se suscribe, y contra ella  no procede ningún recurso.   

En  mérito  de  lo  expuesto, la Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO  CASAR  el  fallo motivo de impugnación extraordinaria.   

Contra  la  presente sentencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                             JORGE    A.    GÓMEZ  GALLEGO   

Salvamento parcial de voto  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                                        MARINA PULIDO DE BARÓN   

Salvamento parcial de voto  

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

Aclaración de voto  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Adoptado  como  legislación  permanente  a través del Decreto Especial 2266 de  1991.   

2  Artículo  217  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  Decreto  2700  de 1991.  Competencia del superior.  “La  consulta permite al superior decidir sin limitación sobre la providencia  o la parte pertinente.”   

3  Sentencia   C-583  del  13  de  noviembre  de  1997,  M.P.  Dr.  Carlos  Gaviria  Díaz.   

4  Confrontar:  Radicación 12.741. Sentencia del 5 de septiembre de 2000. M.P. Dr.  Edgar Lombana Trujillo.   

5 Con  salvamento   de   voto   del   H.   Magistrado   Dr.   Álvaro   Orlando  Pérez  Pinzón.     

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