13256(21-03-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 13256  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.  46  

          Bogotá   D.C.,   veintiuno   (21)   de   marzo   de   dos  mil  uno  (2001)   

          Decide la Corte el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto  por  la  defensora de José  Edgar  Alzate Franco contra la sentencia de fecha enero  31  de  1997, mediante la cual el Tribunal Superior de Cali confirmó la condena  impuesta  al  citado  procesado  por el Juzgado Noveno Penal del Circuito de esa  misma  ciudad  a  la  pena  principal  de cuarenta (40) años, seis (6) meses de  prisión,  como  autor  responsable de los delitos de homicidio agravado y porte  ilegal de armas de defensa personal.   

HECHOS.  ACTUACION PROCESAL  

          1.   En  la  noche  del 2 de diciembre de 1995, Alfredo Clavijo  Gómez  se  encontraba  desprevenido  dialogando  con  sus amigos Iván Osorio y  Mauricio  Serna  Téllez  en un muro aledaño a la tienda ubicada en la diagonal  16  No.  71A  –  25  del  perímetro urbano de Cali, cuando de manera sorpresiva  irrumpió  en el lugar un sujeto, quien sin mediar discusión alguna le propinó  al   primero   de   los   mencionados   los   disparos  que  le  ocasionaron  la  muerte.   

          El agresor inició la huida pero algunas  cuadras  más  adelante  fue  interceptado por los acompañantes del occiso, que  luego   de   recuperarse   de   la   sorpresa   inicial   habían   iniciado  su  persecución.   Entre  ellos  se gestó un forcejeo en el curso del cual el  atacante  perdió  el  arma,  pues  del  artefacto  se  apoderó  alguno  de los  presenciales de dicho incidente.   

          Alertadas  las  autoridades  policiales de lo ocurrido, acudieron al  lugar  y  en  ese  momento establecieron que el homicida respondía al nombre de  José  Edgar Alzate Franco, a  quien  rescataron  de  los residentes del sector, que enfurecidos persistían en  agredirlo.   

          2.  Con  fundamento en el informe policial de la maniobra y luego de  practicar  algunas  diligencias  con  miras  a  esclarecer  la  legalidad  de la  captura,   la   Fiscalía   44  Seccional  de  Cali  abrió  la  correspondiente  investigación,   recibió   la   indagatoria  del  aprehendido  y  definió  su  situación    jurídica    con    medida    de   aseguramiento   de   detención  preventiva.   

          Cerrada  la  investigación  y surtido el traslado de rigor para las  alegaciones  pre-calificatorias,  con  fecha  marzo  7  de  1996  el  instructor  profirió  resolución  de  acusación  en detrimento del sindicado Alzate  Franco,  a  quien  le  imputó  la  autoría  del  delito  de homicidio agravado por la circunstancia prevista en el  artículo  324-7º  del  Código  Penal,  en  concurso  con  la  infracción del  artículo 1º del Decreto 3664 de 1986.   

          3.   En  firme  el  pliego de cargos, la dirección de la causa  fue  asumida  por  el Juzgado 9º Penal del Circuito de Cali, despacho que negó  la  nulidad  solicitada  por  el  apoderado  del  sindicado  arguyendo  la   violación  del  derecho  de  defensa,  celebró  la  audiencia  pública,  y en  armonía  con  la  resolución  de acusación condenó al procesado José   Edgar  Alzate  Franco  a  la  pena  principal atrás señalada.   

          El  defensor  apeló  el  fallo  y  el  Tribunal Superior de Cali lo  confirmó  por  medio  de  la  sentencia  que es ahora objeto de la impugnación  extraordinaria.   

LA DEMANDA  

          Unico cargo.   

           Al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación,  prevista en el artículo 220-3º del Código de Procedimiento Penal,  la  demandante acusa la sentencia impugnada de haber sido proferida en un juicio  viciado  de  nulidad por violación del debido proceso y del derecho de defensa,  censura que deriva de las irregularidades que concreta así:   

          1.   El sindicado fue indagado con el defensor de oficio que lo  asistió  hasta  la  resolución de su situación jurídica sin elevar solicitud  alguna.   Posteriormente,  tal  profesional del derecho fue relevado por un  abogado de confianza, quien no presentó recursos.   

          2.   La actora señala que en las diligencias se recibieron los  testimonios  de María Elena Clavijo de Buitrago y Diego Buitrago, diligencias a  las   que   no   acudió   el   entonces  defensor  del  sindicado  para  contra  interrogarlos.   

          Destaca  que los declarantes citados expusieron que la víctima tuvo  serios  problemas  con William Posso, quien lo amenazó de muerte; asimismo, que  por  comentarios  de  la  gente  del  sector  se enteraron del fallecimiento del  “matón     de    William    Posso”,  hermano  del homicida de Clavijo Gómez, según se rumoraba en el  barrio,  y  quien  había  sido  visto  conversando con éste en la fecha de los  sucesos.   

          Por   las   razones   anteriores,   afirma,  la  ampliación  de  la  indagatoria  resultaba  necesaria  para  interrogar  al  implicado  Alzate  Franco  sobre la muerte de algunos  de  sus  hermanos  y  despejar  de  ese  modo la incertidumbre generada de tales  deponencias,  esto  es, si en verdad existió ese otro sujeto, pues “de  ser  cierto tendría entonces la calidad no de autor, sino de  coautor del hecho investigado”.   

         

          Reprocha  también  la  omitida práctica de la prueba de absorción  atómica  y  sin  que  resulte  válida  la  excusa  de  habérsele permitido al  capturado  lavar  sus  manos;  del testimonio del Agente de la Policía Nacional  Germán  Bermúdez  Quintero  de  quien  simplemente  advierte  que  constituía  “pieza   clave   en   el   esclarecimiento  de  los  hechos”;  así como de la inspección judicial en el  lugar  de  los  sucesos  “a  fin  de  determinar las  condiciones  de  visibilidad  y  audibilidad”  en la  identificación   de   Alzate   Franco   como    autor    de    los    delitos    investigados    en    estas  diligencias.   

          Acota  en  este  punto,  que  los medios de convicción relacionados  eran  necesarios  y  eficaces  al  tenor  de  las  previsiones  contenidas en el  artículo  246  del  Código  de Procedimiento Penal; que ninguno de los sujetos  procesales  dentro del traslado establecido en el artículo 446 ibídem deprecó  “las  pruebas pertinentes para el esclarecimiento de  los  hechos”, omisión que encuentra particularmente  censurable  tratándose  del  Agente  del Ministerio Público quien “estuvo  presto  sólo  para  efectos  de  notificaciones  más no  actuó  como  es  de esperarse”; y arguye finalmente,  de  manera  escueta,  que la recepción de estas pruebas era responsabilidad del  Estado.   

          Concluye  de  lo anteriormente esbozado, por una parte, “la   eventual   ausencia   de   defensa   técnica”  que  impidió  el  desarrollo  de  la  actuación  conforme  a los  lineamientos  del  debido  proceso como lo establece el artículo 29 de la Carta  Política,  noción  sobre  la  cual  conceptúa;  por  la  otra,  que  la labor  defensiva  de  los  abogados  en las dos fases del trámite menguó “la  posibilidad  de  los derechos” del  sindicado   y   “su  eficaz  defensa”,  pues  para  que  exista una “verdadera  defensa”      entiende      que     “debe  ser ejercida en todas las oportunidades legales y por todos  los medios previstos en la ley”.   

          Plantea  también  la  precariedad  de  la  prueba  para producir la  certeza  reclamada  en  el  artículo  247 del Código de Procedimiento Penal, y  trae  a  colación  un pronunciamiento de esta Sala sobre la falta de asistencia  técnica.   

          3.   La recurrente indica además, que el Tribunal confirmó la  condena  por  el  delito  de  porte  ilegal  de armas sin obrar en el expediente  prueba  alguna  que  acredite  la  materialidad del arma, respecto de la cual la  testigo  Clavijo  de  Buitrago  simplemente  relató  de  oídas que había sido  recogida por Carlos Cañizales.   

          Con  fundamento  en  las  razones  esbozadas solicita a la Corte que  case  la  sentencia  impugnada  y  declare la nulidad de lo actuado a partir del  cierre de la investigación.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          El  Procurador Tercero Delegado en lo Penal (E.) conceptúa sobre la  dificultad  para  evaluar  el  desempeño de la defensa ante la multiplicidad de  situaciones  contingentes  que debe enfrentar quien la ejerce, por tal razón, y  ante  la  carencia  de  normas  que  permitan  discernir cuándo la gestión del  profesional  del  derecho  resulta  adecuada,  goza de la más absoluta libertad  permitiéndosele  actuar  unas  veces  de  manera  activa, y otras con el simple  silencio  en  la  búsqueda  de  un determinado resultado, que bien puede ser la  absolución o una incriminación más benéfica.   

          En   estas   condiciones,   afirma,   resulta  temerario  alegar  la  vulneración  del  derecho  de  defensa  por  el  omitido  interrogatorio  de un  testigo,  ante  la  prescindida  solicitud  de pruebas o de la interposición de  recursos,  y lo aconsejable es verificar la violación de tal garantía a partir  de  la  actividad  desplegada  por  el  funcionario  judicial para esclarecer si  limitó  el  ejercicio  del  representante  judicial  en el desarrollo de alguna  diligencia o de manera sistemática en el curso del proceso.   

          Lo  anterior,  por  cuanto  la  demandante  considera  conculcado el  derecho  de  defensa  porque  el apoderado de entonces no contrainterrogó a los  declarantes  María  Elena  y  Diego  Clavijo  para  determinar si un hermano de  Alzate  Franco  falleció en  esos  días,  con lo cual se habría establecido que actuó bajo las órdenes de  William  Posso,  por  ende,  en  coautoría;  argumento  que  en  opinión de la  Procuraduría  no  revela  el influjo que pudo tener la falta de vinculación al  instructivo  de  ese  tercero,  más  aún,   que simplemente ampliaría el  número    de    procesados   sin   modificar   la   situación   jurídica   de  aquél.   

          En  otro  aparte del concepto destaca que tales exponentes no fueron  observadores   directos  de  los  acontecimientos  juzgados  y  su  versión  se  restringió   al   posible  origen  de  la  acción  ilícita  sin  afectar  los  fundamentos  del  reproche  erigido  en  detrimento  del  sindicado Alzate  Franco y, así las cosas, cualquier  interrogatorio   de   los  mismos  devenía  intrascendente  para  modificar  su  compromiso en los hechos punibles.   

          El  Ministerio Público detecta idéntica impropiedad en el argüido  menoscabo  del  derecho de defensa por no existir prueba sobre la existencia del  arma,  perdiendo  de  vista la actora con tal alegación que los requisitos para  tipificar  su  porte ilegal surgían suficientemente establecidos en el plenario  con  las declaraciones de las personas que aprehendieron al procesado, aunadas a  la carencia del permiso expedido por las autoridades militares.   

          Tratándose  de  las  pruebas de absorción atómica, del testimonio  del  Agente  Bermúdez  Quintero  y  de  la inspección judicial al lugar de los  sucesos,  así  como la falta de alegaciones en el traslado para la preparación  de  la  audiencia  pública,  la Delegada destaca que tampoco aquí se demostró  que  con  tales  omisiones  se hubiese afectado el derecho de defensa, pues para  satisfacer  tal  cometido  en  manera alguna basta con la simple enumeración de  las diligencias que no fueron efectuadas.   

          Precisa  además  que  la  presentación  de  alegatos  antes  de la  calificación  o  dentro del traslado para la preparación de la audiencia no es  obligatoria,  en  consecuencia,  que mal puede predicarse por ello la nulidad de  lo  actuado,  máxime  que  la demandante no demostró el perjuicio trascendente  derivado de esa falta de intervención del apoderado.   

          Con  los  fundamentos  expuestos,  la  Delegada sugiere a la Sala no  casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  causal  tercera  del  artículo  220 del C. de P.P., mediante la  cual  se  pretende  el  quebrantamiento del fallo por haber sido proferido en un  juicio  viciado de nulidad, reitera una vez más la Sala, de modo alguno resulta  ajena  a  las  exigencias  técnicas  de  la impugnación extraordinaria, por el  contrario,  en tales eventos con los requisitos de claridad y precisión que son  propios  del  recurso de casación, al demandante le corresponde identificar las  irregularidades  ocurridas,  las  disposiciones  que  por razón de ellas fueron  transgredidas,  la  clase  de nulidad configurada, los fundamentos del ataque y,  primordialmente,  demostrar  el  influjo  que  tuvieron los errores de actividad  denunciados  en la sentencia recurrida; requerimientos que no fueron satisfechos  en su integridad por la recurrente como pasa a examinarse.   

          1.   Así,  tratándose de la alegada violación del derecho de  defensa  por  la  falta  de  actividad  de  los  profesionales que asistieron al  sindicado  en  la  fase  del  sumario,  sin  señalamiento  de  la trascendencia  respectiva,  el  reproche  quedó reducido a una crítica genérica a la inercia  con  la  que  procedieron,  bien  el inicial representante oficioso al no elevar  solicitud  alguna  ante de ser relevado por el apoderado de confianza, ora éste  último  al  prescindir  de la interposición de recursos, pues en este punto la  censora  no  concretó  las  exposiciones  que dejó de argüir el primero o los  medios  de  refutación  desdeñados  por  el segundo y que de haberse efectuado  habrían  cambiado  favorablemente  la  situación  del  procesado  Alzate Franco.   

          Más  aún,  perdió  de  vista con este escueto planteamiento, como  destaca  la  Procuraduría  Delegada,  que  el  ejercicio del derecho de defensa  puede  tener  diversas  manifestaciones  o corresponder a disímiles estrategias  dependiendo  en  buena  parte  de  las posibilidades que la misma investigación  ofrezca,  pero  también,  de  los  propósitos pretendidos por quien representa  judicialmente  al sindicado, de ahí que la asistencia técnica pueda traducirse  en  actos positivos de gestión o en un silencio táctico donde lo transcendente  para  determinar  la ausencia de defensa y, por ende, si se produjo el menoscabo  de  la  comentada  garantía  con  entidad  para  propiciar  la  anulación  del  trámite,  es  si  tal  pasividad  obedeció  o  no  al  abandono  de la misión  encomendada.   

           En   las  presentes  diligencias,  sin  embargo,  esta  última  situación  aparece descartada a partir del seguimiento  del  trámite que revelan tales profesionales del derecho, quienes a pesar de la  actitud  silente  que  les  es  controvertida  ahora  exteriorizaron la continua  atención  del  devenir  procesal, a extremo tal, que tratándose del mandatario  judicial  del acriminado esta inactividad se entendió, sin reparos u objeciones  del profesional del derecho, como una maniobra defensiva.   

                    

            Ciertamente,  el  abogado  designado  de  oficio  en  la  indagatoria llevada a cabo el 4 de diciembre de 1995 compareció  tres  días  después, a pesar de no haber mediado aviso alguno, a la diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas  dispuesta  por la Fiscalía mediante  resolución  del  día  6  de los mismos mes y año, y no tuvo la posibilidad de  una  mayor  intervención en el trámite pues fue relevado casi de inmediato por  el  defensor  constituido  por el sindicado dentro del término de ejecutoria de  la medida de aseguramiento impuesta en su contra (fls. 26, 33, 39).   

          El  nuevo  apoderado,  cuando  aún  no  había alcanzado firmeza la  decisión  que  afectó  al  acriminado  con  detención preventiva solicitó la  expedición  de  copias  del proceso, y si bien es cierto no registró actividad  durante  el  sumario,  tanto  así  que  se clausuró el mismo y se calificó el  mérito  probatorio  con  resolución  acusatoria  sin  actuación  alguna de su  parte,   no   lo   es   menos   que   esa   pasividad  obedeció  a  una  simple  estrategia.   

          Efectivamente,  en  firme  el pliego de cargos e iniciada la fase de  la  causa,  sin  que  hubiera sido citado por medio distinto del telegráfico al  que  se  acudió  durante toda la etapa instructiva para enterarlo del curso del  trámite  (fls.  76, 90), el letrado compareció dentro del término de traslado  para  la  preparación  de  la audiencia pública para reclamar la nulidad de lo  actuado  por  ausencia  de  defensa.   Arguyó  para  tal  fin, que por los  quebrantos  de  salud  padecidos  se  marginó de toda actividad defensiva en un  lapso  de  cinco  meses, sin embargo, al no aportar fundamento probatorio alguno  dejó  entrever  de  manera  inequívoca  el carácter intencional de la actitud  pasiva  observada  en  el  curso  de  la investigación, esto es, que en momento  alguno  abandonó  en  realidad  la  gestión  confiada diluyéndose la afirmada  violación  del  derecho  de  defensa,  como  se  confirma  con  sus actuaciones  siguientes.   

          Así,  con posterioridad se presentó en  la  fecha  señalada  para la vista pública, cuya realización se frustró como  consecuencia  de la solicitud de aplazamiento elevada por la Fiscalía, ocasión  en  la  que  registró  el  cambio  de  dirección;  acudió  después de manera  oportuna  a  tal diligencia e intervino activamente en ella cuando interrogó al  testigo  Sierra  López  y  al  alegar  de conclusión; incluso, apeló el fallo  condenatorio  de  primer  grado,  aunque  su  disentimiento fue desatendido pues  días   antes   le   fue   revocado  el  mandato  al  confiar  el  sindicado  su  representación  al  profesional  que  sustentó la alzada en forma oral ante el  juzgador ad quem (fls. 131, 145, 147, 181, 183, 193).   

          Así  las  cosas,  la  Sala  encuentra que estos indudables actos de  control  de  los  defensores  cuestionados impiden endilgarles el abandono de la  gestión  encomendada,  diluyéndose  entonces  la  ausencia de defensa, que fue  afirmada  en  la  demanda  a  partir  de la simple controversia de la estrategia  defensiva.   

          2.   Ahora  bien,  cuando se aduce la violación del derecho de  defensa  como  consecuencia  de la inobservancia del principio de investigación  integral  previsto  en  el  artículo 333 del Código de Procedimiento Penal, de  acuerdo  con  el  reiterado  y  pacífico  criterio de la Sala, al demandante le  resulta  obligado  demostrar  que  las  pruebas  de omitido decreto o práctica,  confrontadas  con  los  medios de convicción que sustentan el fallo, además de  conducentes  y  pertinentes  tenían incidencia para cambiar de algún modo y de  manera    favorable   el   compromiso   penal   deducido   en   detrimento   del  procesado.   

          En   el   asunto  examinado  las  precisiones  consignadas  con  tal  orientación  en  la  demanda  no  alcanzaron  ese  ineludible cometido, pues la  censora  relacionó   los  elementos  de  juicio  que  en  su opinión eran  necesarios  y  eficaces  para el “esclarecimiento de  los  hechos”,  pero  no  pudo  asignarles  en  forma  individual  o  en  conjunto una importancia de la cual se derivara la exclusión  de  la  responsabilidad  penal o la atenuación de la punibilidad, por lo menos;  más  aún,  de  sus  propias  argumentaciones fluye evidente la inanidad de las  mismas para ese fin.   

          Reprocha  así  que  no se hubiera contra interrogado a los testigos  María  Elena y Diego Clavijo, quienes expusieron sobre los serios problemas del  occiso  con  William  Posso  y  acerca  de  los  rumores atinentes al deceso del  “matón” que laboraba al  servicio  de  dicho  sujeto,  al parecer hermano del homicida de Clavijo Gómez;  tópicos  respecto  de  los  cuales  también echa de menos la ampliación de la  injurada,  pero  no  porque de haberse profundizado sobre ellos a través de las  pruebas  que  atesta  prescindidas  el  indagado Alzate  Franco  hubiese  resultado exonerado de los cargos que  afronta,  sino porque de constatarse la realidad de esa versión asomada por los  citados  exponentes habría tenido aquél la calidad de coautor y no la de autor  endilgada  en  estas  diligencias;  planteamiento  a partir del cual en el mismo  libelo   se   les   resta  todo  influjo  para  variar  en  forma  favorable  la  responsabilidad penal deducida al sindicado.   

          En  lo  atinente  a  la  inspección  al  lugar de los hechos con el  propósito  de  establecer  las  condiciones  de visibilidad y audibilidad en la  individualización   del  homicida,  resulta  forzoso  colegir  que  tal  prueba  resultaba superflua.    

           En   primer  término,  pues  los  dos  presenciales  del  suceso,  Iván  Ocampo  y  Mauricio  Alberto  Serna  Téllez,  aseguraron  no  sólo  haber  identificado  plenamente  al agresor sino también  emprendido  su  persecución  sin  perderlo de vista, a quien retuvieron algunas  cuadras  después  hasta el arribo de las autoridades, versión avalada mediante  el  informe  policial  de  la  maniobra  de captura y a través del recuento del  agente  Víctor Hugo Díaz Díaz (fls. 7, 13, 15, 37); de otra parte, porque con  esos  testigos  se  llevó  cabo  la  diligencia  de  reconocimiento  en fila de  personas con resultados adversos al implicado (fl. 39 y vto.).   

          En   lo  concerniente  a  la  prueba  de  absorción  atómica  para  determinar  la  presencia  de  residuos de pólvora en las manos del aprehendido  José  Edgar  Alzate  Franco,  conforme   a  la  expresa  constancia  del  Fiscal  Seccional  que  efectuó  el  levantamiento  del  cadáver de la víctima, se tiene que fue prescindida porque  al  retenido  se le permitió lavarlas (fl. 6), justificación descalificada por  la  demandante  sin  precisar los motivos en virtud de los cuales a pesar de esa  manipulación  la  pericia  habría  surgido  de  utilidad  para  la  situación  jurídica  del  sindicado;  y en todo caso, sin indicar tampoco aquí la actora,  en  qué  forma los eventuales resultados de dicha pericia habrían socavado las  enfáticas   y   coincidentes   acusaciones  que  en  detrimento  del  sindicado  formularon  los  dos  citados  presenciales  del  homicidio de haber sido él el  autor   de   los   disparos   que   segaron   la   vida   de   Alfredo   Clavijo  Gómez.   

          Por  último,  en  lo  atinente  a  la  declaración juramentada del  uniformado  Germán  Bermúdez  Quintero,  la  defensora  recurrente  plantea de  manera  escueta  que constituía una “pieza clave en  el  esclarecimiento” de los sucesos; connotación que  en  modo  alguno desarrolló más allá de ese lacónico enunciado y que además  no  se armoniza con la realidad surgida de la simple revisión del expediente, a  partir  de la cual se constata que los agentes de la Policía Nacional acudieron  al  sitio de la tragedia luego de su ocurrencia y cuando los acompañantes de la  víctima  Iván  Ocampo  y Mauricio Alberto Serna Téllez había realizado ya la  aprehensión  de  la  persona  a  quien señalaron desde entonces como autor del  homicidio.   

          3.    En  otro  aparte  del  libelo  la  actora  cuestionó  la  inactividad  probatoria de la defensa por prescindir del traslado previsto en el  artículo  446  del  C.  de P.P. para reclamar el aporte de la prueba pertinente  para  esclarecer  los  episodios  investigados;  de igual modo, la pasividad del  Agente  del  Ministerio  Público  y  de  los  funcionarios  judiciales  bajo la  afirmación  escueta  de  que  el  recaudo  de la prueba era responsabilidad del  Estado   

          No   obstante,  dejó  tal  ataque  en  estas  aseveraciones  vacuas  despojadas  de  todo  desarrollo argumentativo impidiendo a la Sala su examen de  fondo,  y sin que sobre añadir en este punto, de una parte, que si en gracia de  discusión  debe  entenderse referido este genérico reproche a la prueba que se  afirmó  atrás  prescindida,  tendría  que  insistirse  una  vez  más que los  elementos  de  persuasión  echados  de  menos carecían de incidencia frente al  fallo  impugnado  al  no  diluir  el  sustento  probatorio  que  le  sirvió  de  fundamento;  de  la  otra,  y  diluyendo  el  menoscabo  de  cualquier garantía  fundamental   del   procesado,   que   la   investigación   se  orientó  a  la  investigación   tanto   de   los  aspectos  favorables  como  desfavorables  al  sindicado,  pero  sin mayores resultados en cuanto a la evacuación de sus citas  por   los   exiguos   datos   que   aportó   en   la   indagatoria   para   tal  propósito.   

          Así,  ningún  detalle  cierto  proporcionó  para ubicar a Armando  Gutiérrez,   a  quien  aseguró  buscaba  cuando  resultó  involucrado  en  el  incidente  (fl.  27),  en  tanto  que se comprobó la inexistencia de la empresa  para la cual atestó había laborado (fl. 119).   

          4.   La  impugnante afirmó también bajo este cargo de nulidad  la  precariedad  de  la prueba recaudada para producir la certeza que reivindica  el  artículo  247  ibídem  para el fallo de condena, es decir, alegó en tales  términos  el  in  dubio  pro  reo  con evidente desacierto técnico, pues si el  ataque  se  perfilaba  a  acreditar  que  la  sentencia  impugnada  rechazó  la  existencia  de la duda por estimar concurrente la prueba de certeza, a la actora  le  correspondía  acudir  a  la  violación indirecta de la ley sustancial para  demostrar   que   como  consecuencia  de  errores  de  hecho  o  derecho  en  la  apreciación  de los medios de convicción incorporados al proceso se derivó la  falta   de   aplicación   de   la   norma   sustancial   que   consagra   dicho  principio.   

          5.   Similar desatino se avizora en el libelo cuando se plantea  en  él,  con  violación  del  principio  de autonomía de las causales, que el  Tribunal  confirmó  la condena por el delito de porte ilegal de armas sin obrar  en  el expediente prueba alguna que demostrara la materialidad del arma, pues si  se  trataba  de  denunciar  la  suposición  de  los  medios  de convicción que  sustentaban  esa  conclusión  en  el  fallo  recurrido,  en  manera  la nulidad  constituía  el  sendero  adecuado  para una censura de dicho talante, vinculada  también  a  los  errores  de  apreciación  probatoria  a los que se contrae la  causal primera de casación en su cuerpo segundo.   

          Por   las   razones  esbozadas,  entonces,  el  cargo  formulado  no  prospera.   

                    En mérito de  lo   expuesto,   la   Corte   Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley.   

RESUELVE  

                             NO  CASAR  la sentencia impugnada.   

          Cópiese,  devuélvase  al  Tribunal  de  origen y cúmplase,   

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR   

FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   JORGE  E. CORDOBA POVEDA   

No  hay firma                                                                        No hay Firma   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE               JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO               ALVARO O. PEREZ PINZON   

NILSON   E.   PINILLA   PINILLA                             MAURO     SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

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