12919nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12919  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta N° 187   

          Bogotá D.C., primero de noviembre de dos mil.   

  VISTOS  

          Decide  la  Corte  la  casación  interpuesta  por  el  defensor del  procesado  CARLOS  MARIO  VARGAS CÁRDENAS  contra la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bucaramanga  proferida el 10 de septiembre de 1996, por cuyo medio confirmó con  modificaciones  la  condena  impuesta  al  acusado,  por el Juzgado 14 Penal del  Circuito  de  dicha  ciudad al  hallarlo responsable del concurso de hechos  punibles  de  homicidio  imperfecto  y  porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  27  de  julio  de  1995,  Marco Aníbal López tuvo necesidad de  desplazarse  de  la  ciudad  de  Bucaramanga  al  vecino  municipio de Rionegro,  atendiendo  la  citación que un Fiscal de esta población le había hecho. Para  el  efecto  invitó  a  su abogado de confianza, CARLOS  MARIO  VARGAS  CÁRDENAS, quien además de ser su amigo  lo  había  asistido  en otros asuntos judiciales. El letrado se hizo acompañar  de  un  sujeto,  de  quien  afirmó  era  un  cliente  suyo  que también debía  comparecer a una dependencia judicial de aquella localidad.   

Emprendido  el  viaje,  durante  el trayecto  VARGAS CÁRDENAS hizo detener  la  marcha  con  el  pretexto de verificar las circunstancias en que ocurrió un  supuesto  accidente  de  tránsito,  asunto este cuyo trámite dizque le habían  encomendado.  Los  ocupantes  del  automotor  se apearon del mismo y mientras el  abogado    fingía    la  observación,  el  ignoto  personaje  por  él  invitado,  a  espaldas  de Marco  Aníbal,   accionó  contra  éste  el  arma  de  fuego  que  portaba,  logrando  impactarlo en diversas partes del cuerpo.   

El agredido se resistió a caer y emprendió  la  huida  arrojándose  por  un  precipicio,  en tanto que el togado instaba al  agresor  para  que  saliera  en  pos  de  la  víctima  a fin de “rematarlo”.  Marco  Aníbal  López  fue  auxiliado  poco  después  por  lugareños  residentes  cerca  al  teatro de los  acontecimientos  y  conducido  a  un  centro  asistencial  de Rionegro, donde se  dispuso  la  remisión  a  una  clínica de Bucaramanga, dada la gravedad de sus  lesiones, lo que permitió salvar su vida.   

Las  iniciales  pesquisas  las  adelantó la  Fiscalía  17  de  la  Unidad de Reacción Inmediata de Bucaramanga, dependencia  que  luego de escuchar el relato de la víctima sobre lo acaecido, los descargos  del  procesado, previa su captura, y los testimonios de algunas personas, envió  las  diligencias a la Fiscalía 24 Delegada ante los Jueces Penales del Circuito  de  esa  ciudad,  no  sin antes resolver la situación jurídica al indagado con  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva   sin   beneficio  de  excarcelación.   

Durante   el    desarrollo   de   la  investigación  pudo  establecerse  que  el  verdadero  móvil de la ilicitud lo  constituyó    la    apropiación    de    la    suma    de   $   32’000.000  que la víctima Marco Aníbal  López   había   entregado   sin   respaldo   alguno  al  abogado  VARGAS  CÁRDENAS, a cuenta de un supuesto  remate  de  vehículos  marca  “Toyota”,  del  cual dizque ambos recibirían  fructíferos dividendos.   

Fenecido el ciclo instructivo, el mérito del  sumario  se  calificó por proveído del 27 de noviembre de 1995, profiriéndose  resolución  de  acusación contra el procesado por los injustos de tentativa de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de defensa personal,  conforme  a  la  descripción  típica  que  de  dichos comportamientos punibles  realizan  los artículos 323 y 324, ordinales 2º y 7º del Código Penal, y 1º  del Decreto 3664 de 1986.   

Del  mismo modo, en la citada providencia se  ordenó  compulsar  copias  para  investigar  por  cuerda  separada  la conducta  punible de estafa en que también habría incurrido el justiciable.   

De la causa conoció el Juzgado 14 Penal del  Circuito  de  la localidad en mención, despacho que puso fin a la instancia con  el  fallo  de  condena  del  18  de  junio  de 1996, por cuyo medio le impuso al  acriminado  4 años y 6 meses de prisión como coautor responsable del delito de  homicidio  en  grado  de  tentativa, cometido bajo las especiales circunstancias  descritas  en  el  Art.  60 del Código Penal -ira e intenso dolor-, en concurso  con   la   ilicitud   de   porte   ilegal   de   arma   de   fuego   de  defensa  personal.   

Impugnado el fallo de primer grado tanto por  el  Fiscal  como  por el agente del Ministerio Público y el representante de la  parte  civil,  el  Tribunal Superior de Bucaramanga lo confirmó por el suyo del  10  de septiembre del mismo año, pero con la modificación de que el atentado a  la  vida,  conforme  con  lo  indicado  en el pliego de cargos, versaba sobre un  homicidio   imperfecto,   pero   agravado   únicamente   por  la  circunstancia  contemplada  en el numeral 7º del Art. 324 del Estatuto represor, desechando de  esta manera la del ordinal 2º deducida en el calificatorio.    

En  consecuencia,  condenó en definitiva al  acusado  a  purgar como sanción principal 22 años de prisión y a la accesoria  de  interdicción  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por un  término de 10 años.   

LA  DEMANDA   

          Con  sustento  en  la causal 3ª de casación, el libelista formuló  como  único  cargo  contra la sentencia impugnada el haberse proferido la misma  en  un  juicio  viciado  de nulidad, habida cuenta de la incursión por parte de  los  funcionarios  que  conocieron  de la actuación en irregularidad sustancial  que   conculca   el   debido   proceso   y  por  ende  el  derecho  de  defensa,  “por  desquiciamiento  de la legalidad procedimental  penal.”   

          En  el  desarrollo  de  la  censura  sostiene el libelista que dicho  vicio  se  materializó  con  la ruptura de la unidad procesal ordenada desde el  momento  en  que  se  dictó  la  providencia calificatoria, para que por cuerda  separada  se  investigara la delincuencia de estafa en la que también incurrió  el  procesado,  sin  parar  mientes  en que precisamente por la conexidad habida  entre  el  delito patrimonial y el atentado a la vida, en el pliego de cargos se  dedujo  la circunstancia de agravación punitiva atinente al homicidio imputado,  por   haberse   cometido  éste  “para  asegurar  el  producto  de  otro  hecho  punible,  la ESTAFA”, cuya  investigación  en  virtud  de la ruptura de la unidad procesal declarada apenas  habría de iniciarse.   

          De  ahí  el caos propiciado en la resolución acusatoria, arguye el  censor,   puesto  que,  “de  un  lado  la  conexidad  proclamada  por  razón  de la agravación punitiva que se dedujo a expensas del  art.  324-2  del  C.  P.  quedaba  sin  soporte alguno, y de otro, se formulaban  cargos  con absoluta indeterminación de los delitos conexos, lo que a términos  de  la  doctrina  y  también  de  la  jurisprudencia nacional, es generativo de  violación  a  las  formas propias del juicio o del surgimiento de la comprobada  existencia    de    irregularidades   sustanciales   que   afectan   el   debido  proceso”, reitera.    

Y  agrega:  “No  puede  proclamarse una instrucción penal de hechos conexos haciendo separación  de   las  investigaciones,  pues  es  claro  inferir  que  la  conexidad  pierde  totalmente  su  razón  de  ser  y que, además, la concreción de los cargos se  torna  anfibológica,  pues  anfibológica  resultó  ser  la  motivación de la  resolución      de      acusación      bajo      este     aspecto.”            

          No    obstante    advertir    que    el   Tribunal   “descartó”  en su fallo la circunstancia  de  agravación  del  homicidio  que viene de reseñarse, el demandante concluye  que  aquel  yerro  sólo  es  posible enmendarlo por la vía de la nulidad, cuya  declaratoria   debe   hacerse   a   partir   de  la  resolución  de  cierre  de  investigación.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

          El  único  cargo  formulado  por  el  demandante contra el fallo de  segundo  grado  atacado en sede de impugnación extraordinaria, está llamado al  fracaso,  advirtió  de  entrada  la  Delegada,  pues,  amén de cuestionarse al  interior  de  un  mismo  cargo  la acusación, cuya motivación, afirma, deviene  anfibológica  por  absoluta  indeterminación  de  los cargos formulados en dicha resolución, lo cual, en su  sentir,   viola las formas propias del juicio, igualmente aduce como motivo  de  nulidad  la  ruptura  de  la  unidad  procesal  ordenada  en el proveído en  mención  para  que  se  investigara  por  separado el presunto delito de estafa  cometido por el procesado.   

          La  absoluta  indeterminación  a  la  que  alude  el  demandante en  relación  con  el  delito  conexo  de  estafa  a  partir  del cual se dedujo la  circunstancia  de  agravación  del  homicidio,  es  afirmación  que  carece de  veracidad,  expone la Delegada, puesto que suficiente motivación existió en la  resolución  de  acusación  para  realizar  tal  imputación,  apartes de cuyos  argumentos  plasmados  por  el  instructor  en dicho proveído, transcribe en lo  pertinente el señor Procurador.   

          Al  margen de lo anterior, agrega el agente del Ministerio Público,  la  ruptura  de  la  unidad procesal que en sentir del impugnante extraordinario  provocó  el  desquiciamiento  de  la legalidad procedimental penal, resulta ser  prédica  que se quedó en el mero enunciado, a falta de la demostración de las  transgresiones a las garantías fundamentales argüidas.    

Es  que  dicha  ruptura  no comporta nulidad  alguna  por  no  afectar el debido proceso ni tampoco el derecho de defensa, por  el   contrario,   conforme   con  la  argumentación  dada  por  el  funcionario  calificador  para  proceder de esa manera, “antes que  constituir  una  actitud  procesal  antigarantista,  se ajusta instrumentalmente  dentro  de  lo  preceptuado  en  el  art.  90-2  del  C.  de  P.  P.”,  aduce  finalmente  el  Procurador Segundo Delegado en lo Penal  para  sugerir  a  la  Corte  la  desestimación del único cargo formulado en la  demanda.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.   En  virtud de lo preceptuado en el Art. 10º de la Ley 553  del  año  en  curso,  que  adicionó  el  Art. 226A al Código de Procedimiento  Penal,  es posible dar respuesta inmediata  para resolver de fondo la casación formulada, cuando en relación  con  el  tema  jurídico sobre el cual versa el cargo o los cargos propuestos en  la  respectiva  demanda  exista  pronunciamiento  unánime de la Sala y de igual  manera  no  se  precise reexaminar la materia objeto de controversia, lo cual se  podrá     hacer     “citando    simplemente    el  antecedente”, disposición que según lo previsto en  el  artículo  18  transitorio  de  la citada Ley, es igualmente aplicable a los  procesos  que al momento de entrar en vigencia dicha normatividad se encontraban  en curso ante esta Corporación, como aquí acontece.   

2. Pues bien, la Sala ha sido reiterativa en  sostener  en  múltiples de sus pronunciamientos que la omisión en investigar y  calificar    un   hecho   punible   de   los   varios   que   por   unidad   procesal   deban   instruirse  y  juzgarse  en  un mismo proceso, no conduce a la invalidación de lo actuado sino  a  la ruptura de dicha unidad, fenómeno este que opera por propio ministerio de  la   ley   siempre   y   cuando   con   ella   no   se   conculquen   garantías  fundamentales.   

En efecto, el principio de la unidad procesal  se  encuentra  previsto  en  el  Art.  88 del C. de P. Penal, postulado por cuyo  medio  se  dispone  que  por  cada  hecho  punible  debe  adelantarse  una  sola  actuación  procesal,  independientemente  del número de autores o partícipes.  Dicho  precepto  igualmente  ordena  que  los  hechos  punibles  conexos  han de  investigarse  y  juzgarse conjuntamente, conexidad cuya regulación hace el Art.  87  ibidem   señalando  los eventos en que ésta se presenta.   

No  obstante,  el referido canon 88 previene  finalmente  que  “La ruptura de la unidad procesal no  genera      nulidad     siempre     que     no     afecte     las     garantías  constitucionales”,  ruptura  para la cual el Art. 90  ejusdem    prevé   siete  hipótesis,  siendo  una de ellas y para los efectos que interesan a la presente  determinación,  la que se encuentra establecida en su ordinal 2º, valga decir,  cuando  la  resolución  de  acusación “no comprenda  todos   los   hechos   punibles   o   a   todos  los  copartícipes.”   

3.   Luego  entonces,  conforme  con la  preceptiva  del  Art.  308-2  del  C.  de  P.  Penal, si el censor pretendía el  derrumbamiento  de  la  sentencia  atacada  a través de la nulidad aducida como  motivo  de  casación, le era menester demostrar que el rompimiento de la unidad  procesal  argüida  conculcó las garantías fundamentales del procesado durante  el  trámite de la actuación censurada, al punto de tornar la decisión ilegal;  pero  como  tal  acreditación  brilla  por  su  ausencia, porque los argumentos  expuestos  en  la  demanda  no  pasan  de  ser genéricas premisas huérfanas de  demostración,    la    aspiración    del   casacionista   está   llamada   al  fracaso.   

La  doctrina  que  viene de reseñarse tiene  como  antecedentes inmediatos diversos y múltiples pronunciamientos de la Sala,  entre  ellos  los siguientes contenidos en sendas sentencias de casación: 10 de  junio  de  1993  (M.P. Dr. Gustavo Gómez Velásquez, Rad. 7669); 2 de noviembre  de  1993  (M.P.  Dr.  Jorge  Carreño  Luengas, Rad. 8027); 18 de agosto de 1994  (M.P.  Dr.  Dídimo  Paez  Velandia, Rad. 8742); 26 de febrero de 1996 (M.P. Dr.  Nilson  Pinilla  Pinilla,  Rad.9365);  7  de  octubre de 1997 (M.P. Dr. Jorge E.  Córdoba  Poveda,  Rad.  9429);  29  de  enero  de  1999 (M.P. Dr. Edgar Lombana  Trujillo,  Rad.  11532); y 29 de abril de 1999 (M.P. Dr. Ricardo Calvete Rangel,  Rdo. 1107).   

Como estas decisiones se han producido con la  aprobación  unánime  de  los  miembros  de  la Sala, y del mismo modo ahora se  considera  que  el  criterio  jurídico  plasmado  en  los respectivos fallos no  amerita  su  revisión,  es  pertinente  tener los razonamientos allí expuestos  como  fundamento  para  la  respuesta al único cargo de la demanda que aquí se  estudia,   cuya   temática  es  en  esencia  idéntica  a  la  de  los  citados  precedentes.    

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

RESUELVE   

         No   casar  la  sentencia impugnada.   

Cópiese, devuélvase al  Tribunal de origen y cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                 NILSON PINILLA PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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