12767oct

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12767  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 178  

          Bogotá, D.C, dieciocho de octubre de dos mil.   

VISTOS  

            Revisa la Corte en sede de casación la sentencia de segundo grado  del  12  de  septiembre  de 1996, proferida por el Tribunal Superior de Cúcuta,  por  medio  de  la  cual confirmó integralmente el fallo dictado por el Juzgado  Primero  Penal del Circuito de la misma ciudad el 31 de julio del mismo año, en  el  que  condenó  a ALBERTO FLÓREZ a la pena principal de 36 meses de prisión  como autor responsable del delito de acceso carnal violento.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Mediante  denuncia  presentada el 30 de junio de 1995 ante la Unidad  de  Reacción  Inmediata de la Fiscalía de la ciudad de Cúcuta, Carmen Marlene  Cifuentes  puso  en conocimiento de la autoridad que mientras estuvo ausente del  hogar   en   los   meses   de  noviembre  y  diciembre  de  1994,  debido  a  su  hospitalización  en  la  Clínica  del Seguro Social, su esposo ALBERTO FLÓREZ  había  accedido  carnalmente  a  la  hija  de  ambos,  Martha  Rosmery  Flórez  Cifuentes.   

          Declarada  la  apertura  de  la  investigación previa, la Fiscalía  Seccional  escuchó en declaración juramentada a la víctima y la remitió a la  oficina  de  Medicina  Legal,  con  lo  que  pudo  comprobarse  la existencia de  desgarros   antiguos   de   himen   y  su  estado  de  gravidez  de  23  semanas  aproximadamente.   

          Formalmente  abierta  la  instrucción  el  7  de  julio  de  1995 y  capturado  el  denunciado,  fue  indagado  y  resuelta  su  situación jurídica  con   detención preventiva sin beneficio de excarcelación por los delitos  de  acceso  carnal  violento e incesto, injustos por lo que fue acusado el 14 de  septiembre  de  1995  en  decisión  luego confirmada por la Unidad de Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior el 26 de octubre del mismo año.   

          Presentado  que  fuera  un  desistimiento  por  la  denunciante y la  víctima,   el   Juzgado   Primero  Penal  del  Circuito  de  Cúcuta,  a  quien  correspondió  adelantar el juicio, mediante pronunciamiento del 14 de diciembre  de  1995  lo  aceptó  con  respecto  al  delito  de  incesto  pero  ordenó  la  continuación  del  trámite  sobre  el  otro delito deducido en la acusación y  concedió la libertad provisional del procesado.   

          Una  vez celebrada la vista pública, el 31 de julio de 1996 el Juez  de  conocimiento  condenó  al  procesado  a  la  pena  principal de 36 meses de  prisión  por  el  delito  de  acceso  carnal  violento,  decisión  que  al ser  impugnada  revisó  y  confirmó  en  todas  sus  partes el Tribunal Superior de  Cúcuta el 12 de septiembre del mismo año.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          Son  dos los cargos propuestos por el censor contra la sentencia del  Tribunal,  ambos  por  vía  de  la  causal  primera  de  casación. El primero,  planteado  como  principal, refiere a un falso juicio de existencia por omisión  probatoria,   en   tanto   que   el   segundo   apunta  a  un  falso  juicio  de  identidad.   

         

Cargo principal.  

          Lo  fundamenta  el  demandante en un error de hecho por falso juicio  de  existencia, como consecuencia del Tribunal “haber  edificado  su  sentencia,  sobre  la  base  de  hechos  que evidenciaban todo lo  contrario  de  lo  pretendido  probar”, los cuales, a  juicio  del  censor, “fluyen sin esfuerzo alguno, de  la  misma  fuente  estructural de la prueba que se omitió su apreciación en su  contenido  real  y  material,  para  formar  un  juicio diferente de la realidad  objetiva de los hechos”.   

          Seguido  a  este planteamiento, en el acápite titulado “ALCANCE  DE  LA  IMPUGNACION”  dice el  demandante  que  busca  de la Corte la casación del fallo de instancia para que  en  su  lugar se absuelva al procesado por el punible de acceso carnal violento,  porque   el   hecho   fue  investigado  “con  claras  manifestaciones  de  errores  en la apreciación de las pruebas”, lo  que condujo a un falso juicio de existencia, en la medida en que  sobre  el documento de desistimiento aportado por la víctima y su señora madre  hubo  omisión de apreciación, considerándose que del acervo probatorio fluía  la  responsabilidad  penal  del  justiciable,  cuando  de  habérsele  dado a la  mentada  prueba  el valor que merecía, se vislumbraba la duda que autorizaba la  aplicación del in dubio pro reo.   

De este planteamiento considera el impugnante  se  sigue  la violación indirecta de los artículos 21 del Código Penal y 21 y  445 del C.P.P.   

          De   cara   al   desarrollo  del  cargo,  afirma  que  los  escritos  presentados  los  días  20  de  septiembre  y 2 de noviembre de 1995 por Carmen  Marlene  Cifuentes  y  Martha  Rosmery Flórez Cifuentes, madre e hija víctima,  dan  cuenta  de  que  el  sindicado  no cometió el delito, y como éstos fueron  incorporados  al  proceso  en  legal  forma,  tenían  el carácter de documento  privado  auténtico  e  indivisible  “que  adquirió  pleno  valor  jurídico,  al no haberse tachado”, por  lo  que  de acuerdo con el artículo 276 del C.P.P. tomaba el valor de documento  público,  de  tal  suerte  que  el  Tribunal  no  podía aceptar únicamente el  desistimiento  por  el  delito  querellable y omitir su apreciación respecto al  otro  delito,  “porque  al  tornarse  indivisible la  prueba  documental,  no  podía aceptar una parte y dejar de analizar y/u omitir  su  valoración  en  la otra parte, porque el documento según lo reglado en las  normas  del estatuto Procedimental Civil, concordantes con el Artículo 21 del C  de  P.  P,  debía apreciarse en forma indivisible, con todo el valor probatorio  que  tiene  la  prueba documental de un documento público auténtico, porque el  documento  privado  cuando no se tacha de falso, legalmente aducido, adquiere el  mismo valor”.   

          Reitera  el  censor  que  el  error  al omitir la consideración del  documento  es  tanto  más  grave  cuanto que su autenticidad y legalidad fueron  comprobadas   al   nombrar   la   juez  del  circuito  un  curador  ad   litem,  según  lo  previsto  en  los  artículos  34  y  43,  segundo  inciso,  del  C. de P. Penal, y “ésta  dictaminó,  previo  concepto de los creadores del documento,  que   el  escrito  se  produjo  libremente…  y  que  de  una  parte  la  menor  (sic)   no   necesita   de  representante  legal  ni  curador  Ad  litem por su mayoría de edad”.   

          A  manera de conclusión recuerda luego apartes de los artículos 21  del  C.  de P.  P. y 25, 264 y 258 del Código de Procedimiento Civil, para  una  vez  más  endilgar  al  Tribunal  que como producto de la exclusión de la  afirmación  contenida  en  el documento suscrito y presentado personalmente por  la  víctima ante el despacho del conocimiento, dejó de aplicar el in dubio pro reo.   

Posteriormente  cita  las  expresiones  del  fallador  sobre  la improcedencia del desistimiento referido al delito de acceso  carnal   y   las   controvierte  afirmando:  “no  se  pretendió  festinar  la  contundencia  de  la  acusación,  como se alega en la  sentencia  acusada,  sino  que  por  el  contrario  con el documento presentado,  acorde  con  las  demás probanzas -analizadas conforme la sana crítica-, y los  principios  de  presunción  de  inocencia y de in dubio pro reo, consagrados en  los  artículos  2º  del C. Penal y 445 del C. de P. P., llevan a la duda sobre  la  autoría  del  hecho  y  consecuente  responsabilidad  de  Alberto  Flórez,  debiéndose,  por  la  misma  duda,  absolver al encartado, circunstancia que no  aconteció”.   

          Prevalido  de  tales  argumentos  asegura  que  con  el documento de  desistimiento  y  la  manifestación del acusado de que no cometió el delito de  acceso  carnal,  al  aplicar  los  principios atrás relacionados surge la duda,  pues  según  los  requisitos  del  artículo  247  del  C.  de P.P. no se puede  concluir  en  la  existencia  de certeza sobre la responsabilidad del procesado,  por  tanto,  la  omisión  en la apreciación de la prueba y la sustracción del  valor  que  merece, dio como resultado “la exclusión  evidente,  por  falta  de aplicación (o error de existencia) del Art. 441 del C  de  P.  P.  y  2º  del  C. P., razón por la cual debe  casarse  la  sentencia  a  fin  de corregir el yerro del tribunal absolviendo al  acusado.   

          Cargo subsidiario   

          En  esta ocasión el censor dice fundar el ataque dentro del ámbito  del  error  de hecho en la apreciación de las siguientes pruebas: declaraciones  de   Martha   Rosmery   Flórez   y   Carmen   Marlene   Cifuentes  Avendaño  y  “la   circunstancial  de  MARÍA  LUCÍA  MESA,  el  dictamen  o  concepto  médico legal, y la documental de los desistimientos, que  distorsionan  el  real  contenido  de las mismas, concluyendo, mediante error de  selección,  en  la aplicación indebida del numeral 2° del Artículo 68 del C.  Penal  al  negar  conceder  el  subrogado  penal  de  la  condena  de ejecución  condicional al señor ALBERTO FLOREZ”.   

          Aduce  el  libelista  que la conclusión del sentenciador derivó de  claros  errores  de  apreciación  en las pruebas “al  tergiversar  o  distorsionar el sentido…..al darle credibilidad que no tenían  y   falsear   su   expresión   fácticas   (sic)   en   otras”;  para  a  renglón  seguido  apuntar  que  el  error  deviene  de una  violación  indirecta de la norma sustancial por falso juicio de identidad sobre  las  pruebas  atrás  relacionadas  en la medida en que se falseó su expresión  fáctica  pues  se  les  hace  producir  efectos  que no derivan de su contexto,  desconociéndose  el  principio  de  causalidad  descrito en el artículo 21 del  Código Penal.   

          Remata  la  censura  destacando  cómo los funcionarios de instancia  concedieron  la  libertad  provisional  del  procesado,  no  empece,  ahora,  al  debatirse     el     subrogado,     variaron     de     criterio    “cayendo  en  el  yerro de la aplicación indebida del numeral 2º  del Artículo 68 del C.P”.   

A  este  efecto, recuerda que el Tribunal al  desatar  el  recurso de apelación considera que la personalidad del procesado y  la  gravedad  del  delito  son  fundamentales  para  negar el subrogado, pero no  admitió  que  las  personas pueden regenerarse, enmendar la culpa, corregir los  errores,  es  decir,  haberse  resocializado  con la estadía intramuros, lo que  conllevó  al  desistimiento  de  la  víctima  avalado  por su señora madre, a  través  de un documento privado auténtico “que hace  las  veces  de público”, amén de que no fue tachado  de  falso  y  quedó comprobado su valor legal, de ahí que lo inserto en él en  punto  de  que  el  procesado  no  fue  el  autor  del  delito,  debió  tenerse  “como  prueba  clara,  fehaciente, indubitable de la  corrección  del  error  de  Alberto Flórez en su conducta, y, por ese hecho se  debe     colegir     que     el     condenado     no     requiere    tratamiento  penitenciario”,  máxime  cuando  después  de haber  obtenido  su libertad regresó a su lugar de trabajo, mantiene a la familia y no  ha vuelto a cometer delito alguno.   

          Finalmente,  invita  a la Corte y al Ministerio Público para que en  caso de vislumbrase una nulidad se pronuncien al respecto.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El   Procurador   Segundo   Delegado   en   lo   Penal   sugiere  la  desestimación  de  los  cargos  en contra de la sentencia por las razones que a  continuación se resumen.   

          En  relación  con  la  primera  censura,  advierte  la presencia de  desaciertos  técnicos  y  estructurales  en  la  demanda,  siendo el inicial la  mención  indiscriminada  de supuestas normas infringidas fuera del contexto del  error  que  predica, además de que éste no corresponde al desarrollo que le da  al  cargo  en  la  medida  en  que  el  falso  juicio de existencia por omisión  proviene  de la falta de análisis del medio probatorio en su dimensión total y  no  respecto  de  alguna  de sus partes como lo entiende el casacionista, de tal  manera  que  ha  debido  acudir al falso juicio de identidad que es la modalidad  que se acomoda a los planteamientos que ofrece en el libelo.   

          Como  si lo anterior fuese poco, apunta, entremezcla consideraciones  referidas  a  errores de derecho por falsos juicios de convicción, cuando en un  verdadero  contrasentido  depreca  un determinado valor para la prueba que aduce  desconocida,  sin  que  por  el principio de limitación la Corte pueda remediar  tales falencias.   

          No  obstante, haciendo caso omiso de esas incorrecciones y acudiendo  al  texto  de  la  sentencia,  afirma  que  “antes de  haberse  omitido  en forma parcial o absoluta el referido desistimiento, refulge  indiscutible  que  en  las  sentencias  de  instancia,  que conforman una unidad  inescindible,  los juzgadores realizaron el correspondiente análisis, solo que,  en   sana   crítica   arribaron   a   conclusiones   opuestas   a   las  de  la  defensa”.   

          En  cuanto  al  segundo  cargo,  señala  de  entrada  que el censor  simplemente  hace  referencias  someras  a  las  pruebas  que  estima  afectadas  “olvidando  las  exigencias demostrativas inherentes  en esta sede a los falsos juicios de identidad”.   

          La  censura  deviene  indemostrada y a la par contiene razonamientos  distantes  del cargo propuesto, como que el censor insiste en la reclamación de  un  valor  específico  sobre  el  desistimiento,  y  adicionalmente  incurre en  contradicciones  irremediables  cuando  acepta  el compromiso de responsabilidad  del   procesado   al   estimar  viable  la  concesión  del  subrogado  mientras  paralelamente depreca su inocencia.   

          En  conclusión,  el libelista deja entrever su disentimiento con el  fallo  a  través  de la exposición de su criterio personal, pero olvida que en  casación  prima el juicio del Juez, hasta tanto no se demuestre que  incurrió  en  errores,  los  que  no se  reflejan  en  la  disparidad  de opiniones sobre la forma como fueron analizadas  las pruebas.   

          El  Ministerio  Público finaliza su concepto afirmando que el hecho  de  haber  concedido  el  Tribunal  la  libertad  provisional,  no  significa el  reconocimiento  del  subrogado, pues para concederlo es necesario analizar en el  momento  de  la  sentencia  si  se  reúnen  los  requisitos  establecidos en el  artículo  68  del  Código  Penal,  mientras que el evento de la excarcelación  está  reglado  en  los  artículos  415  y  417  del  Código  de Procedimiento  Penal.      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Primer cargo.  

A   través  de  la  causal  primera,  por  violación  indirecta  de la ley sustancial, el demandante aduce un falso juicio  de  existencia  por  omisión,  basado  en  que  el  documento  suscrito  por la  denunciante  y  la  víctima  manifestando que desistían de la acción contiene  una  decisión  libre,  espontánea y asida a los requisitos legales, por lo que  debió  cobijar  no sólo el delito de incesto sino también el de acceso carnal  violento.    

No obstante, la técnica requerida en sede de  casación  para  esta  clase de planteamiento fácilmente se diluye a medida que  se  va  dando  lectura a los argumentos que sin cuidado alguno propone el censor  como  fundamento  de  la censura, la cual termina por constituirse en una simple  oposición   contra  la  estimativa  ofrendada  por  el  sentenciador  sobre  la  responsabilidad  penal  del  procesado,  pero sin desarrollo congruente entre el  cargo y su demostración.   

Es  así  como el censor refunde en una sola  idea  dos  formas  de  error cuya separación en sendos cargos independientes le  era  imprescindible  para  cumplir  con  el  imperativo de claridad y precisión  exigido por el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal.   

La  inconsistencia  se  hace evidente cuando  después  de  referirse  al  mencionado  error  de  existencia, simultáneamente  propone  otro  de  la  especie  de  identidad por equivocada apreciación de las  pruebas,  derivado  éste de aquéllas unidades de información que le sirvieron  de  apoyo  al juzgador para hallar responsable al procesado del delito de acceso  carnal  violento,  aunque  para mayor confusión en el planteamiento ni siquiera  se ocupa de especificarlas.   

Pero al margen de la violación al principio  de  autonomía  de  los  cargos y de la ausencia de una debida demostración del  yerro  argüido,  debe  destacarse  adicionalmente  como  un  verdadero desatino  predicar  simultáneamente  la  violación de la norma que consagra el principio  del  in  dubio pro reo con el  de  causalidad  y el de integración de materias, todo ello a consecuencia de la  supuesta  falta  de  análisis  de un medio probatorio, pues mientras el primero  hace  referencia  al  derecho  universal  del procesado para que en todo caso de  duda  ésta  se  absuelva  a  su  favor  por falta del estado de conocimiento de  certeza  de parte del Juez sobre la responsabilidad penal, el segundo refiere al  necesario  ligamen  que  debe  existir entre la acción o la omisión desplegada  por  el  sujeto  y el resultado constitutivo de hecho punible, de tal suerte que  sin  esta  relación  no  se  le  puede  condenar,  mientras  que el tercero, de  carácter  netamente  procesal, tiene que ver con la aplicación subsidiaria del  Código  de  Procedimiento Civil en todos los casos en que no exista norma penal  que específicamente regule una situación planteada.   

Estos  temas,  por  su  naturaleza, resultan  incontenibles  dentro  de  un  mismo  proyecto  de censura, la cual siempre debe  estar  orientada por matices que le den lógica al planteamiento y no desbordada  contradicción, como la que se advierte en la demanda a estudio.   

Como si lo anterior fuera poco para ponderar  el  dislate  en  la  formulación  de este cargo, es de advertir también que el  puntal  de que se vale el casacionista para sostener el supuesto falso juicio de  existencia,  no  constituye  en  manera  alguna  la  demostración  de  la  real  ocurrencia  del  yerro  denunciado,  sino  de  una  simple  maniobra tendiente a  desconocer  la  norma  que  taxativamente  señala  los  delitos susceptibles de  desistimiento.   

En  efecto,  la confusa formulación de este  primer  reproche  impide  comprender si el aducido falso juicio de existencia se  relaciona  con el contenido del documento de desistimiento, en tanto la cónyuge  y  la  denostada  hija  del  sentenciado  niegan  la perpetración del atropello  sexual,  retractación que supuestamente sólo en forma parcial fue atendida por  el  tribunal,  en la medida en que aceptó la negativa del incesto pero dejó de  considerar  la  del  acceso carnal violento; o si más bien lo que quiere aducir  el  libelista  es  la falta de atención integral a la voluntad de la ofendida y  de  su  madre  de  desistir  de  la  querella  que puso en movimiento la acción  penal.   

Si lo pretendido es lo primero, aparte de la  falta  de  claridad  en  el  planteamiento  que  por  sí  sola  bastaría  para  considerar  inane  la  censura,  en  ese  contexto  también  el cargo carece de  fundamento  porque  la  verdad  es  que  el  tribunal  no dejó de considerar lo  pertinente  del  escrito  que pretendía desdibujar la violación, sino que, por  el   contrario,  lo  apreció  así  fuera  para  desdeñarlo  por  su  evidente  contradicción con el resto del acervo probatorio.   

Así   razonó   el   Tribunal   sobre  el  punto:   

“Pero el hecho de  que  la  afectada y su progenitora traten de desdecirse de la contundencia de su  acusación   debe   interpretarse,   como  acertadamente  lo  hace  la  Juez  de  conocimiento  en su proveído, en el sentido de que apremiadas por la necesidad,  ellas  y  los  otros integrantes de la familia, decidieron denegar la acusación  con  un  escrito,  que si bien tiene la prosperidad como factor de Desistimiento  de   la   Acción  Penal  por  Incesto,  carece  a  criterio de la Sala de eficacia probatoria para debilitar  la  acusación  por  el  delito  cometido,  que  incluso  llevó  a Carmen  a botarlo de la casa, enviándole  su  ropa  y  manifestando  no  querer  volverlo  a  ver  ni aceptar explicación  alguna.   

Entonces lo que significa probatoriamente la  petición  de  Absolución  por  inocencia,  no  es  más  que  el  ‘          arreglo’  al  que  pudieron llegar victimario,  víctima  y  la  madre  de  ésta y la Sala obviamente no está en contra de tal  decisión,   pero  de  acuerdo  a  los  medios  probatorios  recaudados,  de  su  valoración  y  significado  jurídico  no  puede  aceptar  que  en  dos  o tres  renglones  de un escrito, se pretenda festinar la contundencia de la acusación,  para  como  lo pide el recurrente, considerar que ahora por el lacónico escrito  se da la duda aplicable en favor del procesado.   

De modo que el factor alegado no precipita en  manera      alguna      la      absolución     del     procesado”.   

Y si lo que quiso plantear el censor es lo  segundo,  la  incorrección no es menos evidente, pues aparte de que equivoca la  vía  indicada  para  un  tal  reproche,  con  el  criterio de que el escrito de  desistimiento  fue  objeto  de escisión del juzgador al no haberle dado para el  procesado  las  mismas  consecuencias  favorables  respecto del delito de acceso  carnal  violento,  olvida que si bien el incesto es querellable y a fuer de ello  desistible  conforme  a  los  artículos  33  y 34 del C. de P. P., no ocurre lo  mismo  con  el  injusto contra la libertad sexual, de tal manera que decidido en  derecho  lo  atinente  al  primero,  por  falta  del  condicionamiento legal del  segundo  para  los  mismos  fines,  era imperativo para el juzgador continuar el  trámite relacionado con éste.   

          Claro  se  ve  entonces  la  equivocada  posición del impugnante al  sugerir  como  fundamento  de  la  censura un falso juicio de existencia, cuando  precisamente  el  tema  central  de  la  sentencia  fue  el  documento  sobre el  desistimiento  de  la  acción penal y la declaración de arrepentimiento de las  damas,  acogido  el  primero  en  el  estricto  ámbito  de  su  alcance legal y  rechazado  el segundo por su ineficacia probatoria, sin que ni lo uno ni lo otro  estuviera matizado por error alguno.   

          El cargo no prospera.   

          Cargo subsidiario.   

          El  censor  propone  en esta oportunidad la aplicación indebida del  numeral  segundo  del  artículo 68 del Código Penal, debido al falso juicio de  identidad  en  que supuestamente incurrió el Tribunal al revisar nuevamente las  pruebas  que  otrora le sirvieron de apoyo para conceder la libertad provisional  al procesado.   

          No  empece,  al igual que en el anterior, la fundamentación de este  cargo  brilla  por su ausencia pues todo se reduce a la repetida pero inmotivada  expresión    de    que   el   tribunal    incurrió   en   “error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, al tergiversar o  distorsionar  el  sentido de las probanzas…”, o que  los  testimonios  de Carmen Marlene Cifuentes, de su hija Martha Rosmery  o  de   la  “exauditi,  circunstancial (sic) MARIA  LUCIA   MESA   MOJICA,   el  dictámen  médico legal y los desistimientos” fueron  falseados  en  su  expresión fáctica, “por cuanto a  dichos  medios  de  convicción  se  le hace producir efectos probatorios que no  derivan de su contexto”.   

          No  atina  el censor a mostrar lo que genuinamente dicen los citados  deponentes  o  el  dictamen  médico  legal  sobre  los puntos que supuestamente  fueron  falseados  por  el  sentenciador,  como  tampoco  enseña los contenidos  fácticos    trastocados    por    el    tribunal    ni    los   “efectos  probatorios  que  no  derivan  de  su  contexto”,  en  síntesis,  no  demuestra ningún error en la apreciación  probatoria   que   llevó   al   ad  quem  a  denegar  el  subrogado,  como  no  sea la distinta e interesada  valoración de dichos medios de convicción por parte del censor.   

          Para  el impugnante era suficiente sustento de la censura citar unas  pruebas  que  se  le  antojan  favorables  a  la  suerte  de  su  patrocinado, a  contrapelo  de lo que sobre las mismas razonablemente concluyó el sentenciador,  para  concluir  al  desgaire con el argumento de que lo decidido para efectos de  la  concesión  de la libertad provisional servía de fundamento para decidir de  la  misma  manera  sobre el sustituto penal al momento de la sentencia, haciendo  énfasis,  eso  sí,  en  el  desistimiento  como  soporte  de  la regeneración  contrita  del  acusado;  todo  lo  cual  es  suficientemente  ilustrativo de que  ningún ataque adecuado ha formulado en contra del fallo.   

          No prospera el cargo.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          No   casar   la  sentencia impugnada.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase.  

   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                                                  JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ     GALLEGO                       

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS    E    MEJÍA    ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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