12636oct

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12636  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 172  

          Bogotá, D.C, cuatro de octubre de dos mil.   

VISTOS  

          Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Ibagué el 1° de agosto de  1996,  confirmatoria  en todas sus partes de la dictada por el Juzgado 5° Penal  del  Circuito de la misma ciudad el 23 de abril del mismo año, mediante la cual  condenó  a  ARTURO  CUELLAR  MURCIA  como  autor  responsable de los delitos de  secuestro  simple  y acceso carnal abusivo, a la pena de 108 meses de prisión e  interdicción   de   derechos   y   funciones  públicas  por  el  mismo  lapso.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Desde  el 18 de junio de 1995 cuando salió a hacer una compra en el  sur  de  Ibagué se hallaba desaparecido el menor Franklin Giraldo, pero gracias  a  la  información que un amigo dio a su madre pudo ser rescatado el 6 de julio  siguiente  por  el  señor  Angel  Antonio García en cercanías del terminal de  transporte  de  la misma ciudad, cuando el infante en compañía de un basuriego  deambulaba empujando un carro cargado de cartón y chatarra.   

          Fue  así  como  se  supo  que  el sujeto obligaba a éste y a otros  menores  a  pedir  limosna y a recoger chatarra durante el día, mientras por la  noche  los  sometía  a abusos sexuales de diversa índole, ubicándolos detrás  de  plásticos  y  otros  elementos  dispuestos  para  ocultar  sus reprochables  prácticas.   

          Denunciados  los  hechos  por  la madre de Franklin, la Fiscalía 54  antiextorsión  y  secuestro  abrió  la  investigación el 6 de julio de 1995 y  ordenó  la  captura  de  quien  de  acuerdo  con  las indagaciones preliminares  respondía  al  nombre  de  JORGE  GUTIERREZ,  sujeto este que una vez capturado  rindió indagatoria afirmando llamarse ARTURO CUELLAR MURCIA.   

          Con  fecha  11  de  julio de 1995 recibió detención preventiva por  los  delitos  de  secuestro  simple  y  acceso  carnal  abusivo  con  incapaz de  resistir,  decisión  que  por  vía  de  apelación confirmó posteriormente la  Fiscalía 4ª  Delegada ante el Tribunal Superior.   

          En  curso la investigación, el defensor solicitó que se enviara al  imputado  a  medicina  legal  a  fin  de  que se determinara si era o no potente  sexualmente  y  si  se encontraba desnutrido al momento de los hechos, petición  que  prontamente  negó  la  Fiscalía  basado en la impertinencia de la prueba,  debido  a  que no contribuía a clarificar el hecho punible pues el procesado no  se  había referido a tal circunstancia en la injurada y por el contrario había  dicho    que   cuando   tenía   dinero   satisfacía   su   líbido   con   las  mujeres.   

          Clausurada  la instrucción, el 23 de octubre de 1995 CUELLAR MURCIA  fue  acusado  por  los  delitos  de secuestro simple y acceso carnal abusivo con  menor,  injustos  en  los cuales fue hallado responsable siendo condenado por el  Juez  5°  Penal  del  Circuito  de  Ibagué a la pena principal de 108 meses de  prisión  además de la accesoria de interdicción en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término,  decisión  que  luego confirmó  integralmente  el  Tribunal Superior de la misma ciudad al revisarla por vía de  apelación.   

LA DEMANDA  

          El  censor,  haciendo  uso de la causal tercera de casación, estima  que  la sentencia se ha proferido en un juicio viciado de nulidad por violación  del derecho a la defensa.   

          Para   fundamentar   esta   única   censura,   presenta  una  breve  explicación  de  la  consagración constitucional del derecho a la defensa y su  desarrollo  a  través  de diferentes normas de carácter adjetivo, de tal forma  que  la  premisa  mayor de esta garantía es el derecho que tiene el procesado a  defenderse  ejerciendo  la  contradicción  de las pruebas que se alleguen en su  contra,  presentando  y  proponiendo  otras,  con la correlativa obligación del  funcionario  de  valorarlas.  Cita al efecto el artículo 29 de la Constitución  Política,  en  concordancia  con  el  1,  7  y 246 del Código de Procedimiento  Penal.   

          Seguido  a  esto  afirma  que  la  premisa menor del silogismo es la  violación  de  tan precisos principios en contra del procesado, dado que en una  sola   ocasión  el  defensor  solicitó  un  experticio  médico  para  que  se  estableciera  si  en  la  fecha de los hechos aquél era virilmente potente para  penetrar  una persona de su mismo sexo o del opuesto, y para verificar si estaba  nutrido o desnutrido.   

          Esta  prueba,  en  su  sentir, por la naturaleza del hecho endilgado  era  pertinente,  procedente e imperativa de oficio, pues con ella se pretendía  demostrar   la   inexistencia   del   delito  por  la  discapacidad  sexual  del  procesado.   

          Ninguna  prueba era más contundente de cara al ejercicio eficaz del  derecho  a  la defensa para la demostración de la inocencia del acusado, por lo  que  la verificación de la violación de la garantía consistió en la negativa  del  funcionario  a  decretarla  y practicarla; vicio  que se plasmó en la  resolución  del  27  de  julio  de  1995,  siendo  a partir de ella que se debe  invalidar lo actuado.   

          Asevera  que  la  incidencia  de  tal  determinación  en  el  fallo  consiste  en  que  de  haberse  practicado la prueba hubiera quedado en claro la  inexistencia  del  hecho,  puesto  que, por natura, el justiciable se encontraba  imposibilitado  para  acceder  carnalmente  a los menores, es decir, el medio de  convicción  negado  incidía  radicalmente  en  la  inocencia o culpabilidad de  aquél.   

          Solicita   que  se  decrete  la  nulidad  a  partir  del  mencionado  proveído y se remita el proceso al Fiscal 54 Seccional.   

EL NO RECURRENTE  

          La  Procuradora 101 en lo Judicial Penal II considera que la demanda  no  da pie para la casación del fallo, pues contra la determinación del fiscal  de  negar  la  prueba  el  defensor  no interpuso recurso alguno habiendo podido  hacerlo.   

          Lo  anterior  sin  considerar  que  no  puede existir mayor claridad  sobre  la  capacidad  sexual  del procesado, derivada de las exposiciones de las  víctimas,  la  indagatoria  y los antecedentes judiciales de aquél, todo unido  al hecho que en efecto se produjo un acceso carnal.   

          De  esta  forma,  no era requisito sine qua  non  que  se  practicara  la  prueba  que  extraña el  recurrente,  porque  no  tenía  la  capacidad  de  modificar sustancialmente la  situación  del imputado y el abogado no utilizó los recursos que le permitían  atacar   el   auto  correspondiente,  guardando  deliberadamente  silencio  como  estrategia procesal.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          Partícipe  de  la  idea  de  que  el  fallo  no  debe  casarse,  el  Procurador  Primero  Delegado en lo Penal afirma que con la decisión del Fiscal  no  se  violó  el  derecho  a  la  defensa,  pues  las pruebas solicitadas eran  ineficaces    en    tanto    que    el    trato   sexual   abusivo   ya   estaba  demostrado.   

          Extraña  que el defensor hubiera guardado silencio ante la negativa  del  Fiscal,  llevando  luego  como argumento de defensa el de la presunción de  inocencia.   

          Resalta  las  pruebas  que  sirvieron  de  fundamento al Fiscal para  acusar  -las  versiones de los menores víctimas- y luego al Juez para condenar,  quienes  además contaron con los antecedentes del procesado como responsable de  varios delitos de idéntica naturaleza.   

          Los  argumentos  del  censor,  apunta, no logran demostrar que si se  hubiera  practicado  dicha  prueba  la sentencia hubiese sido otra, pues no hace  consideración  alguna  sobre  el  hecho  de  que  el  acusado no podía cometer  delitos   de  la  especie,  como  tampoco  en  torno  al  secuestro,  para  cuya  perpetración no se requiere de virilidad alguna.   

          El  fallador  consideró  que se reunían las exigencias de ley para  condenar  y  como  existen  elementos  probatorios  para  mantener  el carácter  condenatorio de la sentencia, la demanda debe desestimarse.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          El  planteamiento  del  censor consiste en que de haberse practicado  la  experticia  médica solicitada por el defensor durante la investigación con  el  propósito  de  demostrar  que  el  procesado  para  la época de los hechos  padecía  de  impotencia para el ayuntamiento carnal, de cara a su comprobación  se  habría  descartado  la existencia del delito  en contra de la libertad  sexual.   

          De  tiempo  atrás  y  de  manera  pacífica  esta  Sala  ha  venido  sosteniendo  que  para  fundamentar la petición de nulidad por haberse denegado  la  práctica de pruebas, es imprescindible demostrar la incidencia trascendente  de  las  mismas  en  la  sentencia,  frente a la comprobación del hecho o de la  responsabilidad del procesado.   

          Este  planteamiento,  a  fuerza de su incontrastable logicidad, pone  de  presente los elementos necesarios para hacer técnico el juicio de legalidad  de  la  sentencia  que  se reputa proveniente de un trámite viciado de nulidad,  pues  frente  a  la real ocurrencia del hecho de que la prueba no fue practicada  dentro  del  proceso no obstante su aparente conducencia y la oportuna petición  de  parte  para  su  diligenciamiento, la escueta afirmación de que la negativa  causa  perjuicio  a  quien  pidió  el  medio  de  convicción porque con él se  pretendía  probar  algo,  no  es  razón  suficiente  para  estimar  válida la  anhelada  declaración  de  nulidad  del  rito  penal, pues no puede perderse de  vista  que  al  imperar  en  nuestro  medio  un  sistema  de libertad probatoria  -artículo  248  inciso  2   y 253 del C de P. P.-, el funcionario judicial  puede  encontrar  demostrado  el  hecho  con  cualquier  otro  medio  probatorio  “a  menos  que  la  ley  exija  prueba  especial  y  respetando siempre los derechos fundamentales”.   

          Desde  tal  óptica,  resulta  claro  que  no siempre por haber sido  reclamada  la  prueba  con  oportunidad  y  en  procura de la protección de los  intereses  de  los  sujetos  procesales,  debe  irremediablemente ser decretada,  porque  por  la  naturaleza  dialéctica  del  proceso  y  en  ejercicio  de los  controles  sobre  la  actividad  probatoria,  tales  como la verificación de la  necesidad   del   medio   de   convicción,   su   conducencia,  pertinencia,  o  superfluidad,   el   funcionario   judicial  puede  rechazarlo  por  razones  de  peso.   

          No  en  vano  el artículo 250 del C. de P. P. lo faculta para que a  través  de  la  racionalidad  y  con  una  dinámica  de depuración proceda en  procura  de  la  consolidación  de  los  fines  del  proceso,  esto  es  de  la  reconstrucción  histórica  de  los  hechos,  la  protección de las garantías  fundamentales   de   los   sujetos   procesales   y  el  establecimiento  de  la  responsabilidad  penal  de  autores  y  partícipes,  siempre en la medida de lo  eficaz y suficiente para aprehender la buscada verdad.   

          En  este  orden  de  ideas,  es  cierto que el defensor solicitó la  prueba  fisiológica  mencionada,  recibiendo respuesta negativa de la Fiscalía  con  el  argumento  de  que  el  medio de información no era necesario, pues no  llevaba   “a  establecer  o  clarificar  el  punible  endilgado  a su patrocinado, toda vez que el mismo implicado en su diligencia de  injurada  en  ningún  momento  mencionó  que  él  era  una  persona impotente  sexualmente  para  complacer  a  una  mujer  u  otra  persona  de sexo contrario  (masculino),  menos  aún  que  para la misma fecha estaba nutrido o desnutrido,  pero  en  cambio  sí  manifiesta que cuando él tiene modo, dinero, hace uso de  las mujeres”.   

          Nótese  cómo  la  respuesta  no  dejaba  margen a la duda sobre la  impertinencia  de  la  prueba  exorada,  pero no por el prurito de una posición  unilateral  del  fiscal,  arbitraria o carente de apoyo en el acervo probatorio,  sino  por  el  contrario,  asistida  de  potísimos argumentos fundados en otros  medios de información ya evacuados dentro del trámite.   

          Así  pues,  la  real  y  efectiva  transgresión  del  derecho a la  defensa  se  habría concretado en la medida en que el censor hubiera demostrado  un  actuar  del  instructor tendiente al desconocimiento de una verdad oculta en  el  proceso,  que  de  manera  exclusiva  podía  fluir del medio de convicción  dejado de evacuar.   

No  fue  ese el planteamiento del demandante,  quien,  sin  hacer  referencia  a  ninguno  de los medios probatorios tenidos en  cuenta  por el sentenciador para dar por suficientemente demostrada la capacidad  para  el  apareamiento sexual del acusado, se limitó a protestar por el rechazo  al  reconocimiento  médico,  con la motivación tan gratuita como ligera de que  “la   procedencia   y  pertinencia  del  experticio  solicitado  se  imponía  aún  oficiosamente”, para  concluir  no  menos infundadamente que la “incidencia  de  la negativa a la práctica de la solicitada prueba por la defensa de CUELLAR  MURCIA,  es  de  tal magnitud en el resultado final del diligenciamiento, que de  haberse  practicado  se habría establecido claramente la inexistencia del hecho  imputado,  puesto  que  CUELLAR  MURCIA  estaba  por  natura imposibilitado para  acceder carnalmente a los menores”.   

No  atinó  el impugnante a demostrarle a la  Corte  cómo  el  estado de nutrición del justiciable, que era parte del objeto  del   dictamen   echado   de   menos,   podía   desvirtuar  la  autoría  o  la  responsabilidad  en  el  secuestro  o en la ejecución de los actos sexuales que  determinaron  la  condena;  así  mismo,  tampoco se ocupó de explicar cómo en  efecto  la  experticia  era el único medio científica y jurídicamente válido  para  demostrar la ineptitud funcional orgánica del sujeto para la consumación  de  la  violación carnal, capacidad física que dio por acreditada la sentencia  objeto  del  recurso,  con  fundamento  en  elementos  de  persuasión  como  el  testimonio  de  las  víctimas,  el propio reconocimiento del sentenciado de que  practicaba  relaciones heterosexuales e incluso había engendrado dos hijos, sus  condenas  anteriores  por  conductas análogas etc., todo ello sin que el censor  siquiera se ocupara de mencionar este haz probatorio.   

La falta  de una argumentación como la  que  viene de reseñarse es lo que permite concluir que el cargo se quedó en el  simple  enunciado,  carente  de  cualquier  demostración,  dejando  indemne  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de la sentencia que vanamente pretendió  impugnar.   

          La demanda no prospera.   

          En  mérito a lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          No casar la sentencia impugnada.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase.  

   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                    JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA           

No hay firma  

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                              JORGE    ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO           

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                           CARLOS  E  MEJÍA  ESCOBAR              

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                   NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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