16678fe1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     N°  16678   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

APROBADO ACTA No. 019  

Santa  Fe  de  Bogotá, D.C., catorce (14) de  febrero del año dos mil (2000).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la Corte sobre el fondo de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de la señora GLORIA ORTIZ  ROBLEDO,  condenada  por  falsedad material de particular en documento público,  en  concurso,   y  a  quien  se  le  impusieron  30  meses de prisión y de  interdicción  del ejercicio de derechos  y funciones públicas, de acuerdo  con  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Neiva el 9 de agosto de 1999.   

ANTECEDENTES   

El  hecho  objeto  de  condena y sanción se  puede  sintetizar  diciendo  que la señora ORTIZ ROBLEDO, Auxiliar de Servicios  Generales  de  la  Oficina  de  Registro de Instrumentos Públicos de Pitalito (  Huila  ),  en  algunas  oportunidades,  previa  solicitud de dos empleadas de la  Notaría  Unica  de  la misma ciudad, recibía escrituras para que realizara las  diligencias  concernientes al pago del impuesto de registro y anotación ante la  Tesorería   Municipal  y  para  que,  después,  las  hiciera  registrar.   La   señora,  en  vez de hacer lo encomendado, antes de entregar  las  escrituras  a  la  Registradora  para  el estudio correspondiente, desprendía y  tomaba  los recibos de pago pertenecientes a otras,  y los adicionaba a las  que  portaba, fingiendo con ello que en relación con éstas realmente se había  cancelado  el tributo. Luego, pasaba los escritos al Despacho de la Registradora  y  ésta,  sin  percatarse  de  la  simulación, les otorgaba la correspondiente  validez.   Acto seguido, la señora ORTIZ ROBLEDO quitaba de las escrituras  que  se  le  habían  entregado los recibos ajenos y los devolvía a aquellas de  las  que  los  había  desprendido. Concluida la tarea, las escrituras y todo su  contenido,  quedaban  como si hubieran sido registradas cumpliendo con todos los  requisitos  legales.  Por  supuesto,  doña  GLORIA  se apoderaba del dinero que  había recibido para la cancelación de los impuestos.   

Descubierto el suceso casi que por accidente,  se  adelantaron  varias   pesquisas  por  la  Procuraduría  Provincial  de  Garzón,  la  Personería  Municipal  de  Pitalito  y un Juzgado de Instrucción  Criminal.  Tras  unas largas preliminares, se inició la investigación y fueron  vinculadas  a  la  misma  estas  personas:  MARINA  ANACONA  MOTTA y MARIA ROSSY  BARRETO  OSPINA,   empleadas  de  la  Notaría Unica de Pitalito; FLOR ALBA  PERDOMO  FAJARDO,  recaudadora  de impuestos en la Tesorería de Pitalito; GILMA  ORTIZ  DE  CASTRO,  Cajera  de  la Oficina de Registro de Pitalito; OLGA CECILIA  RAMIREZ   GASCA,   Registradora   de   la   misma   localidad,  y  GLORIA  ORTIZ  ROBLEDO.   

                                        En  desarrollo  de  la  investigación se encontraron muchas  irregularidades,   concretamente  respecto  de  las  escrituras  públicas   relacionadas  a  los  folios   134 y 136 del cuaderno número 1, y 69 y 185  del   cuaderno   número   3.    Las  anomalías  establecidas  fueron  las  siguientes:  a) Desfase entre el valor de la transacción y la suma pagada   en  la  Tesorería  con  motivo  del  impuesto.  b) Apropiación de parte de los  dineros   entregados  por  las  funcionarias  de  la  notaría  a  GLORIA  ORTIZ  ROBLEDO.   c)   Recibir  remuneración  para  agilizar el trámite del  registro.  d)  Anotar  en  la  copia  del documento que quedaba en la Oficina de  Registro,   con letra manuscrita,  números de recibo y valores que no  coincidían con los reales.   

El 14 de diciembre de 1994, fue calificado el  mérito  del sumario, así:  acusación para GLORIA ORTIZ ROBLEDO por hurto  agravado   por  la  confianza,  cohecho  propio  y  falsedad   material  en  documento  público;  OLGA  CECILIA RAMIREZ, por prevaricato por omisión; MARIA  ANACONA  MOTTA  y  MARIA DEL ROSARIO BARRETO, por asesoramiento ilegal y hurto y  FLOR  ALBA  PERDOMO,  por falsedad. Respecto de GILMA ORTIZ DE CASTRO se produjo  preclusión.   

Apelada  la  decisión,  el 14 de febrero de  1995  la  Fiscalía  de  segunda  instancia  revocó  la  acusación contra OLGA  CECILIA RAMIREZ y, en su lugar, precluyó la investigación.   

El  11  de  mayo de 1999, el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  de  Pitalito  (H)  dictó  sentencia,  en  los  siguientes  términos:   

a)   Absolver a MARINA ANACONA MOTTA, a  quien  se  le  hacían  imputaciones  por asesoramiento ilegal y hurto agravado.   

b)  Absolver  a  MARIA ROSSY BARRETO OSPINA,  acusada de asesoramiento ilegal.   

c) Condenar a FLOR ALBA PERDOMO FAJARDO a 46  meses  de  prisión por el delito de falsedad ideológica en documento público,  en concurso homogéneo de hechos punibles.   

d) Condenar a GLORIA ORTIZ ROBLEDO a 48 meses  de  prisión  y  multa de $ 10.000 por los delitos de falsedad material de   particular  en  documento público, cohecho propio y hurto agravado, en concurso  de hechos punibles.   

e)  Declarar a las condenadas solidariamente  responsables  de pagar $428.000, como indemnización por daño material, a favor  de la Tesorería Municipal de Pitalito (H).   

f) Imponer a las condenadas interdicción de  derechos   y   funciones   públicas   por   un  tiempo  igual  al  de  la  pena  principal.   

g) Negar a las condenadas el subrogado de la  condena de ejecución condicional.   

El  9  de  agosto de 1999, el  Tribunal  Superior  de Neiva,  al resolver el recurso de apelación  interpuesto  por  las  incriminadas y sus defensores, dispuso decretar la nulidad de la   pena  impuesta  a GLORIA ORTIZ ROBLEDO por el hurto agravado, pues se trataba de  contravención;  absolverla   del  cohecho en razón de la atipicidad de la  conducta  por  ausencia  de sujeto activo calificado; condenarla por concurso de  falsedad  material  de  particular  en  documento público, con reducción de la  pena  de prisión a 30 meses y con el reconocimiento de la condena de ejecución  condicional, y confirmar la sentencia en todo lo demás.   

El defensor de la señora GLORIA ORTIZ   ROBLEDO  inter­puso recurso  de  casación.  Del  fondo  de  este  se  ocupa  la  Sala en esta de­cisión.   

                               

LA  DEMANDA   

El  casacionista  acusa  la sentencia por un  sólo  cargo:  causal 1a. de casación, violación directa de la ley sustancial,  por  interpretación  errónea.  Estima  que  el  Tribunal vulneró, en la forma  dicha,  los  artículos   1,  2,  3,  23  y  220  del  C.  P. y formula las  siguientes razones:   

Al resolver el recurso de apelación  y  referirse  concretamente  al  ilícito  de  falsedad  material  de particular en  documento  público,  interpretó  erróneamente  el  artículo  220  del  C. P.   

“por considerar que los hechos demostrados  en  el  expediente  se adecuan a la comentada norma”,   

conclusión   equivocada    pues   el  comportamiento  es  atípico.  Explica  que  de  acuerdo con la prueba,  la  conducta  de  GLORIA  ORTIZ  ROBLEDO  consistió  en  adjuntar a unas escrituras  -genuinas  y  auténticas-  el  recibo  de  Registro  y  Anotación  -genuino  y  auténtico-  que correspondía a otro instrumento público, con el propósito de  aparentar   ante  la  Registradora  el  cumplimiento  de  tal  formalidad y  obtener  de la Jefe de la Oficina el acto administrativo de registro. Añade que  en  tal  sentido  se pronunciaron  la Fiscalía al calificar el mérito del  sumario,  el  Juzgado  2o.  Penal  del Circuito de Pitalito y el Ad Quem, con lo  cual  se  incurrió  en  el  yerro  de  responsabilizar a  doña GLORIA por   

“el  punible de falsedad de particular en  documento  público  cuando  tal  conducta  investigada no se adecua a este tipo  penal.”   

Añade el Letrado que la falsedad material de  un  documento  público  se configura con la alteración, mutación o variación  tangible  del  documento,  de tal suerte que su contenido resulte modificado, al  paso  que  en el asunto de autos la encausada mantuvo incólume las escrituras y  los  recibos,  por  lo que la falsificación “jamás  ocurrió”,  las  escrituras conservaron “su      autenticidad,      el      contenido      se     mantuvo  intangible”   y   ellas   produjeron   “plenos             efectos             jurídicos”.   

Continúa   diciendo   que   el  hecho  de  “transportar  un  recibo  a  una  escritura  que no  correspondía”,  no  edifica  la  falsedad material,  como  se  asume  por  los  juzgadores  de  instancia. En estas condiciones se le  otorga  a  tal  circunstancia  un alcance distinto, que no consulta el verdadero  significado de la expresión.    

Culmina  afirmando  que  erróneamente  la  segunda   instancia   concluye   de  manera  global  que  el  comportamiento  es  falsario    al  simular   como  ciertos  hechos  ficticios  e  inferir  responsabilidad por el artículo 220 del C. P.   

Para  terminar,  solicita  a  la Corte casar  parcialmente   la   sentencia  “en  el  sentido  de  absolver    de    responsabilidad    penal    a    la   Señora   Gloria   Ortiz  Robledo”  por  el  ilícito  de falsedad material de  particular  en  documento  público, cuyo tipo penal corresponde al art. 220 del  C. P.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

El  Procurador  2o.  Delegado  en  lo  Penal  sugiere    a   la   Corte   no   casar   la   sentencia   impugnada.   Así   se  expresa:   

1.  El  demandante  al  orientar  la  causal  invocada,  se  refiere a la interpretación errónea de la norma, lo que implica  una  atinada  selección  de  la  disposición  por  el  sentenciador en el acto  juzgado.   

2.  En  la demanda se adujo en el desarrollo  del  cargo  que  el  Tribunal  condenó  por un hecho que no estaba expresamente  previsto  como delito en la legislación penal, se atribuyó responsabilidad por  una    conducta    atípica,    se    impuso    una    pena    “sin  que  se  hubiere  realizado el hecho punible”,  haciéndose  énfasis  por el recurrente que el comportamiento de  GLORIA  ORTIZ  ROBLEDO “no se adecúa” al artículo 220 del C.P.   

3.   Los   planteamientos  del  censor  no  corresponden  a una equivocada interpretación del artículo 220 del C. P., sino  a  un  error  por  aplicación  indebida del citado artículo, por cuanto que se  sostiene  que  los  hechos  establecidos  procesalmente  no  corresponden  a los  descritos  en  el  tipo  penal  aplicado.  El razonamiento demostrativo rompe la  armonía  que  debe  existir entre la censura y el desarrollo del planteamiento,  con franca violación del principio de no contradicción.   

4.  No obstante el desatino del peticionario  en  cuanto a la técnica del recurso, considera la Delegada que el yerro alegado  no  existe,  pues  aquél  acude a una de las modalidades de las varias acciones  ejecutadas  por  la  procesada,  como  es la de anexar un recibo perteneciente a  otra  escritura,  pero  la  verdad  es  que  los contenidos probatorios muestran  irrefutablemente  que  el  hecho no se reduce exclusivamente a esa acción   de  que  habla  el  impugnante,  como  se evidencia  con lo razonado por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Pitalito  en la sentencia de primera  instancia.  Como  en  este  caso  la postulación parte de una premisa falsa, el  resultado    deviene    necesariamente    en    sesgado     e    igualmente  mendaz.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         

1.  En cuanto a la  causal invocada.   

Debido  a  que  el  impugnante  apunta a una  especie  de  error  vinculada  con la causal primera, cuerpo primero -violación  directa  de la ley sustancial por interpretación errónea- y la desarrolla como  si  se  tratara  de  otra  de  las  especies  -aplicación  indebida  de  la ley  sustancial-, es importante hacer precisiones sobre el punto.   

La aplicación indebida de la ley sustancial  supone  la  existencia  de  un error en la selección del precepto, falencia que  conduce  a  que  la  imputación  no  guarde  correspondencia con el tipo penal.  Trátase  de  aquellos  casos  en  los  cuales  la norma no contempla los hechos  reconocidos  por la sentencia. Por lo tanto, cuando se aduce que una norma no es  la  que  comprende  la  situación  jurídica  sustancial  que  fue  materia  de  juzgamiento,  se impone acudir a la aplicación indebida pues lo que en realidad  se  ha  hecho  por  el  Juzgador  ha  sido  activar  la  norma  respecto  de una  contingencia  no  regulada  por  ella,  como  fruto  de  una  inadecuada  o mala  escogencia,  pues  la disposición seleccionada se entiende  abstractamente  en  forma  correcta pero los hechos deducidos del proceso no se corresponden con  los  de  la hipótesis legal escogida. Es un error de subsunción de unos hechos  en  una  disposición  legal  que  no  los  contiene,  es  un yerro en el que se  incurre   al  establecer la relación de semejanza o de diferencia entre el  caso  particular  y  el hecho hipotéticamente trazado por la norma. Dícese, en  últimas,  que  en  este  error  de  adecuación  la  norma  aplicada, que tiene  existencia  y  validez  jurídica,  no  regula,  no  recoge los hechos juzgados,  porque  éstos  no se adecuan ni se corresponden con  ella. Es una falla de  diagnosis,  de  impertinencia  de  la  ley al parangonarla con el caso concreto.   

En  la  interpretación errónea se parte de  que  se  acepta el precepto aplicado en cuanto es el que precisamente se vincula  con  el  asunto  concreto  pues que la norma elegida es la adecuada, pero que se  yerra  en  su interpretación por cuanto se le da un sentido o un alcance que no  tiene.   El equívoco judicial aquí tiene que ver con el significado de la  norma,  con  su  contenido, más no con su selección o escogencia. Por ello, en  esta  hipótesis,  al  deber  de aceptar los hechos y las pruebas,  se debe  sumar  la obligación de aceptar que la selección de la fuente formal en la que  el  juzgador  resuelve  el problema es la correcta, pues el error no recae en la  selección  de  la norma, sino en su entendimiento, porque se le da un valor que  trastoca  su  verdadero  contenido,  menguándolo  o  aumentándolo o en algunos  extremos  tergiversándolo  ( C. S. J., Sentencia del 11 de marzo de 1996, M. P.  Dr.  Carlos  Eduardo  Mejía Escobar). El precepto seleccionado o escogido es el  pertinente  pero  se  le  atribuye  un  alcance  y  un  contenido  que no tiene.   

La Sala, en sentencia de casación del 29 de  mayo  de 1997 ( M. P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll ), dijo lo siguiente sobre el  punto, en un caso técnicamente similar al ahora estudiado:   

          “Puestas   en   razón   se   encuentran  las  apreciaciones  del  Ministerio   Público,  cuando  sostiene  que  el  reproche  adolece  de  fallas  técnicas   y  sustanciales  en  su  presentación,  desarrollo  y  conclusión,  tornándolo  inexaminable,  en  razón a que el censor estructura el cargo sobre  la  base  de  que  la citada norma fue erróneamente interpretada, pero a la vez  plantea aplicación indebida del mismo precepto”.   

“Como  es  bien  sabido,  los  llamados  sentidos   o  conceptos  de  la  violación,  o  maneras  como  se  llega  a  la  transgresión  de  una  norma  de  derecho  sustancial  en  el  ejercicio  de la  actividad  in  iudicando, son tres: falta de aplicación, aplicación indebida e  interpretación  errónea. Se inaplica una norma, cuando se la excluye o ignora,  debiendo  ser  acogida;  se  aplica indebidamente, cuando se la tiene en cuenta,  siendo  ajena  al  hecho  juzgado;  y  se  malinterpreta,  cuando se yerra en la  determinación de su significado”.   

        “En  las  dos  primeras  especies  de  violación, el juzgador se  equivoca  en  la  selección del precepto que regula el caso, mientras que en la  última,  acierta  en su escogencia pero yerra al precisar su sentido o alcance.  De  allí  que  resulte  un contrasentido insalvable, en cuanto atenta contra el  principio  lógico de no contradicción, alegar en relación con una misma norma  de  derecho  sustancial,  aplicación  indebida e interpretación errónea, pues  mientras  la una presupone que la disposición seleccionada es extraña al caso,  la otra admite que  lo gobierna”.   

        “En  esta imprecisión de orden técnico incurre el impugnante en  el  caso  sub  judice,  al sostener, dentro del mismo reproche, que el artículo  324-7   fue   falseado   en  su  alcance  por  el  fallador,  planteamiento  que  implícitamente  comporta  la  aceptación de que su selección es correcta, y a  renglón   seguido,   que   dicho  precepto  no  es  el  llamado  a  regular  el  asunto”.   

“Si  el  casacionista  pretendía   demostrar  que  el  fallador  se  equivocó  en el proceso de subsunción de los  hechos  en  el  ordenamiento  jurídico, porque el homicidio no es agravado sino  simple,  debió  plantear  aplicación  indebida del artículo 324-7 del Código  Penal  y,  correlativamente,  falta  de  aplicación  del  323  ejusdem, pero no  interpretación  errónea  del  primero de estos preceptos, porque, como se deja  expuesto,  esta  proposición  implica  que  la  norma  aplicada  al caso por el  juzgador es la correcta”.   

En  la  demanda  presentada  se  observa lo  siguiente:   

a)  La causal aducida es violación directa  de  la ley sustancial por interpretación errónea del artículo 220 del código  penal,   al   sancionar   el   Tribunal   una   conducta   atípica   (Fl.   16,  demanda).   

b)  Dice  el  casacionista  que el Tribunal  incurrió  en tal error, por interpretación errónea de la norma, al considerar  que  el hecho de anexar un recibo genuino y auténtico a una escritura genuina y  auténtica  era  conducta adecuable al artículo 220 del C. P., pues la falsedad  material  -elemento  normativo  del  tipo-  se  configura  con  la  alteración,  mutación  o  variación  tangible del documento por parte del sujeto activo, de  suerte  que  en  forma  objetiva y corpórea se modifique su contenido, conducta  que  no desplegó la procesada pues mantuvo incólumes tanto las escrituras como  los  recibos.  Por tanto, el Juzgador otorgó a la norma un alcance distinto que  no consulta el verdadero significado de la expresión.   

c) No es válido -agrega- concluir de manera  global  que el comportamiento de la señora ORTIZ ROBLEDO es falsario al simular  como  ciertos  hechos  ficticios  y  de  manera  automática inferir por ello la  estructuración  de  su  responsabilidad  por  infringir  el  artículo  220 del  código penal.   

d)  Sigue:  el  fallo  impugnado   es  producto  de error de interpretación del tipo que consagra la falsedad material  de  particular  en documento público, con lo cual ha desconocido los artículos  1o.  del C. P., al condenar por un hecho que no está expresamente previsto como  punible;  2o.  del mismo Estatuto, por considerar punible una conducta que no es  típica;  y  23,  por  imponer  una  pena  sin que se hubiera realizado el hecho  punible.   

e)  Concluye el censor: “Si el traslado a  una  escritura pública de un recibo que a otra pertenecía para simular el pago  de  impuestos,  o  proceder al registro del instrumento no implica alteración y  cambio  total o parcial en el texto y contenido jurídico de aquella, equivocado  es  sancionar  por la mencionada conducta de acuerdo con el artículo 220 del C.  P.   que   tipifica  el  ilícito  de  ‘falsedad  material  de  particular en documento público’ ”.   

            

De las propias frases del demandante surge,  entonces, que:   

a) Al iniciar el desarrollo del cargo,   el  actor  precisó  que  el  error  de valoración se encontraba en el elemento  normativo  del  artículo 220 del C. P. Sin embargo, intempestivamente abandonó  el  rumbo  tomado,  para  asumir la tarea de querer demostrar que el Tribunal se  había  equivocado en la selección del tipo penal en el que adecuó la conducta  de  la  señora  GLORIA  ORTIZ  ROBLEDO.  Una  muestra  de  ello son sus propias  palabras, que se reiteran:    

“Es      cierto     – como lo afirma el Honorable Tribunal  –   que   es  conducta  falsaria  el  simular  como  verdaderos  hechos  ficticios. Esta expresión así  planteada:  en  abstracto  y  genérica, no merece objeción ni reproche alguno.  Pero  si el aserto lo confrontamos de manera específica a los hechos en estudio  y  particularmente  por  la  circunstancia  de anexar un recibo a otro documento  –  para  aparentar  como  recaudado  el tributo – es  claro  que  no  se  adecua  el  comportamiento  al  artículo  220  del  Código  Penal”.   

                    

La atipicidad reclamada por el censor, así,  conduce  no  a  la interpretación errónea sino a la aplicación indebida de la  ley  sustancial,  caracterizada,  como  se  dejó  dicho atrás, por un error de  adecuación  por  cuanto  no  existe coincidencia entre los hechos juzgados y la  norma  aplicada.  Dedúcese,  de  tal  manera,  que  el   desarrollo  y  la  demostración  del  cargo  no se identifican con la interpretación errónea que  se invocó en el libelo petitorio.   

b) La equivocación en que incurre el censor  convierte  en incongruente su discurso lógico-jurídico pues ha querido mostrar  la  falsa  interpretación  de  la ley valiéndose de argumentos inherentes a la  aplicación  indebida, con lo cual deja de lado la autonomía de los motivos que  conducen   a  la  violación directa de la ley sustancial en el trámite de  la casación.   

c) En varios apartes de la demanda se lee la  aceptación  de  que hubo, por parte de la señora GLORIA,  una “conducta  falsaria”   y  una  “simulación”, con lo cual se admite la presencia  del  ingrediente  normativo  “falsificar” pues, como siempre se ha aceptado,  “falsear”   es   lo   mismo   que   falsificar  y  “simular”,  inclusive  etimológicamente,  es  imitar,  representar  una  cosa,  fingiendo  lo  que  no  es.   

Técnicamente, entonces, la demanda conduce  al fracaso del recurso interpuesto.   

2.   El  tema  central.   

El casacionista ha planteado que la conducta  de  doña  GLORIA  es  atípica  por  cuanto no alteró, modificó ni cambió el  contenido  jurídico  de  un  documento  y  que, además, porque lo que hizo fue  agregar  a un documento genuino y auténtico otro documento igualmente genuino y  auténtico,  previamente  retirado de otra u otras escrituras. Al conjugarse dos  documentos   con   esas  características,  añade,  no  puede  haber  documento  falsificado. Sobre esto, dígase:   

a)  Los  artículos  231  y  siguientes del  código  penal  de  1936  regulaban lo concerniente a la falsedad en documentos.  Aquél,  casuístico  por  excelencia,  mencionaba  nueve  formas  de falsificar  escrituras  o  documentos públicos, entre ellas las consistentes en hacer en un  documento  verdadero  cualquier  intercalación  o  alteración  que  variara su  sentido  ( No. 6 ) y en intercalar cualquier escritura en un protocolo, registro  o  libro  oficial ( No. 8 ). Intercalar, con el lenguaje común de las palabras,  es  agregar  una  cosa  entre otras, interpolar e introducir. De modo que cuando  alguien   añadía  cualquier  cosa  en  un  documento  verdadero  o  adicionaba  cualquier escritura, incurría en delito de falsedad.   

LLegados los momentos de las reformas, quiso  ser  eliminado  el  casuismo  del  Estatuto  de  1936.  Así  se  expresó en el  anteproyecto  1974  de código penal, precisamente en relación con el artículo  231  citado,  según  se  percibe  en  el  Acta  No. 80, de la sesión del 19 de  octubre   de   1973,   opinión   atendida   y   seguida   por   los   proyectos  de   1976 ( artículos 272 s.s. ) y de 1978  (    artículos    287   s.s.).    Finalmente,   para   la   comisión   que  elaboró  el  texto  que  básicamente  hoy  nos  rige quedó clara la finalidad buscada. En efecto, en la  Relación  Explicativa  del  código  penal  de  1980,  se  dijo lo siguiente en  materia de delitos contra la fe pública:   

“Todos  los  tipos  básicos  se  elaboran  con  una  fórmula  simple,  omnicomprensiva y se  eliminó  el  sistema  casuista de enumeración de verbos rectores alternativos,  engorrosa  fuente  de  dudas y dificultades en la interpretación de las normas.  En    todas    ellas    se    utilizó    como    verbo    rector   ‘falsificar’  que  comprende, sin duda alguna, la  elaboración  total,  ex  novo,  de monedas, sellos, papel sellado, estampillas,  marcas,  registros  técnicos y documentos, sino también cualquier alteración,  o  modificación  de  los  mismos.  Estima  la  Comisión  que la nueva técnica  legislativa  utilizada en la construcción de estos tipos penales facilitará en  grado      sumo     la     explicación     de     las     normas”.   

En la misma Relación, más adelante, y en  concreto, se lee:   

“Como  antes  se  dijo,  en  los  tipos  básicos  se  utilizó el verbo rector ‘falsificar’,  en  vez  de  la casuística, peligrosa y compleja enumeración del artículo 231  del  Código  vigente,  y  se  clarificaron técnicamente las diversas conductas  punibles”.   

Con  este  poco de historia reciente queda  claro  que  cuando  el actual código penal utiliza el verbo “Falsificar” en  su  artículo  220  no  excluye  ninguna  modalidad o manera de “falsificar”  documentos  y  que,  al  contrario,  más bien, con su amplitud incluye como una  especie el agregar, adicionar o intercalar.   

b)  La misma historia reciente del estatuto  punitivo  sirve  para  demostrar  que  la  falsedad documental puede ser total o  parcial  y  no  necesariamente  la  una o la otra. Así, en el artículo 238 del  anteproyecto de 1974 se dijo:   

“Falsedad  material  de particular en documento público.   El  que  elabore,  en  todo o en parte,  un documento  público  falso  o altere uno verdadero, que puedan servir de prueba, incurrirá  en…”.   

La  fórmula del artículo 274 del proyecto  de  1976  es  similar,  como también lo es la definición del artículo 289 del  proyecto  de 1978. Resulta nítido, entonces, que el querer del “legislador”  era  reducir  la cantidad de las varias maneras de falsificar e incorporarlas en  un  verbo  que  las  comprendiera  a  todas.  De  ahí  que el artículo 267 del  proyecto  final,  el  de 1979, depurando  las propuestas que le precedían,  en aras de la síntesis, dejó el asunto así:   

“Falsedad  material  de  particular en documento público. El que  falsifique  documento  público que pueda servir de prueba, incurrirá en…”.   

Y  esta  descripción  es  exacta  a la del  actual artículo 220 del código penal.   

Si se reúnen los dos literales anteriores,  fácilmente  se  concluye que comete falsedad material tanto quien añade algo a  un  documento,  como quien lo crea o altera total o parcialmente, sea que lo uno  o  lo otro se haga para confeccionar en todo o  en parte un documento falso  o para modificar uno ya existente.   

Por  ello,  tras  hacer el recorrido de las  legislaciones  anteriores y explicar  la actual terminología en materia de  falsedad documental, el Profesor Luis Carlos Pérez escribe:   

“Se  reitera:  falsificar  es crear algo  mentiroso,  inventar cosas o situaciones irreales, adulterar y contrahacer. A su  vez,  contrahacer es imitar y fingir, aparentar lo que no es cierto. Con lo cual  se  indica  nuevamente  que  el  verbo  rector fue bien escogido, pues comprende  todas  las  conductas  enumeradas,  de  modo  que tanto falsifica el que hace el  documento  total  o parcialmente como quien lo imita del original, lo finge o lo  altera”  (Derecho  Penal. Partes General y Especial.  Tomo IV. Bogotá, Temis, 1985, p. 72 ).   

c)  La  doctrina también se ha ocupado del  tema. Así, por ejemplo, el Profesor Giuseppe Maggiore expresa:   

“Falsedad  material.  Se  tiene  esta  forma  de  falsedad siempre que la inmutación de la  verdad  recae  materialmente  sobre  la  escritura.  La  inmutación de la verdad puede efectuarse, o mediante  formación     o  contrahechura,    o  mediante  alteración,   o  por  medio de supresión.  Formación   es  la  creación   de   un  acto.  Contrahechura   es  la formación total o parcial de un acto falso, sea que  se  cree  enteramente  un documento falso ( en el contenido o en la forma ), sea  que      se     cree     parcialmente,     por     medio     de     adiciones, supresiones o modificaciones,  distintas  de la verdad ( por ejemplo, agregándole al documento legítimo notas  accesorias  falsas,  como registros, endosos, cancelaciones, etc)”  (  Derecho  Penal.  Parte Especial. Volumen III. De los delitos en  particular.  Bogotá,  Temis,  1972,  T:  José J. Ortega Torres, p. 572) (  subraya fuera del original).   

El  Profesor  Juan Ignacio Echano Basaldua,  analizando  el  artículo  390-2  del  C.  P. español, que prevé como conducta  delictiva  la  simulación  de  un  documento, afirma que esta forma de falsedad  material  se  presenta  cuando,  en  todo o en parte, se atribuye el documento a  quien  no  lo  formó,  es  decir,  se  confecciona total o fragmentariamente un  documento inauténtico. Y señala:   

“Las falsedades  materiales,  por  tanto,  consisten  en  la  creación  de una prueba documental  inauténtica  de  un  hecho  cierto  o  falso” ( En,  Miguel  Bajo  Fernández,  director: Compendio de derecho penal – Parte Especial  -,  Volumen  II. Madrid, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces S. A., 1998,  ps. 778/9).   

Similar  es  el  pensamiento del Tratadista  Silvio Ranieri:   

“…se tiene  falsedad   material   cuando  se  ha formado, en todo o en parte, un documento falso, o cuando ha sido  alterado  un  documento  verdadero.  Sus  formas  de  manifestación son, por lo  tanto,        la       contrahechura    y   la  alteración…” .   

Luego,  cuando  alude  a  las  clases  de  conducta, explica:   

“En   la  hipótesis     de     la     formación   del  documento,  en  todo o en parte, … comprende aún la  reproducción   de un  documento  falso,  …  la creación de un delito anteriormente inexistente o en  adiciones  a  un  escrito  genuino…”  (  Manual  de  derecho  penal. Tomo IV.  Parte  Especial.  De  los  delitos en particular. Bogotá, Temis, 1975, T: Jorge  Guerrero, ps. 418 y 422 ) ( resalta la Sala ).   

d)  De  la  compilación  que pudiéramos  denominar  Estatuto  de  Notariado  y  Registro, integrada esencialmente por los  decretos  960 de 1970 ( Estatuto del Notariado ), 1250 del mismo año ( Estatuto  del  Registro  de  Instrumentos  Públicos ), 2156 y 2163  de 1970, 2148 de  1983  y  231  de 1985, así como por la ley 29 de 1973,  podemos sintetizar  en  los  siguientes puntos lo relacionado con el tema Escritura Pública, frente  al  asunto  que  se  estudia  y  teniendo  en cuenta que la normatividad básica  referida era la vigente para la época de los hechos.   

1) Una escritura pública es el instrumento  que  contiene  declaraciones en actos jurídicos, emitidas ante notario, con los  requisitos  previstos en la ley y que se incorpora al protocolo.  El C. de.  P.  C.,  más  sintético, dice que cuando un documento público es otorgado por  un     notario    o    por    quien    haga    sus    veces    y    se              ha              incorporado          al              respectivo          protocolo, se denomina escritura pública  ( artículo 251-3).   

2) Para el perfeccionamiento de la escritura  se  requieren cinco pasos: recepción, extensión, otorgamiento, autorización y  protocolización.   

2.1) La recepción es el acto por el cual el  notario  recibe,  percibe  o  se entera de las declaraciones que los interesados  quieren hacer.   

2.2)  La  extensión  consiste en redactar,  elaborar y plasmar materialmente el texto.   

2.3)  El  otorgamiento  es  el asentimiento  expreso  que  los  declarantes dan al documento elaborado o extendido. Esta fase  implica  la  comparecencia  de  las personas ante el notario, su identificación  ante   éste,  la  lectura  del  instrumento  y  la  suscripción  o  firma  del  mismo.   

2.4) La autorización se cumple con la firma  del  notario  en  muestra de la fe que le imprime al instrumento con base en que  se   llenan  los              requisitos          legales. No obstante, el notario se puede  abstener   de              firmar, por ejemplo cuando observa que el  instrumento   es   nulo   o   cuando   no  se pagan  los  derechos  notariales  o  los  impuestos,  en los casos en  que  la  normatividad  permite a la notaría el recaudo directo. En este momento  de  la  confección  de la escritura pública es imprescindible la presentación  de    los    denominados    comprobantes    fiscales,  cuando  se  trata  de  bienes  inmuebles  y  que  comprende  el pago oportuno de  impuestos  municipales  o  distritales,  para  lo  cual basta con la entrega del  “recibo de pago”.   

2.5) La protocolización es la anotación o  radicación del instrumento en el Libro de Relación.   

3) Para el acto de otorgamiento y firma del  instrumento,     los    interesados    deben    presentar    los    comprobantes         fiscales,  al punto que si no se hace, se  prohibe  al  notario  aceptar  tal  otorgamiento.  Por  lo  tanto,  ante  el impago            es              imposible           la              autorización.    Tales    comprobantes  fiscales,  como  ordena expresamente el artículo 44 del decreto 960 de 1970, se  deben  agregar a               las              escrituras  a  que correspondan, en forma  original o en fotocopia autenticada.   

4)  La  escritura  pública es un documento  complejo,   simbiótico, en cuanto se compone, de una  parte,  de  las  declaraciones de los interesados y, de la otra, de las que hace  el  notario.  El  notario,  así, es el autor del instrumento, y los otorgantes,  los  autores  del  negocio jurídico, partes que conforman la unidad estructural  conocida  como  escritura  pública.  Provienen  de  los  interesados  todas las  declaraciones  relacionadas  con  el  inmueble,  y  del  notario  todas aquellas  relacionadas  con  la  identificación  de  la  escritura,  la  comparecencia  e  identificación  de  los otorgantes, la protocolización de todos los documentos  que  se  insertan  junto  a  la  declaración  de voluntad de los otorgantes, la  autorización  de  la escritura, etc. Por eso, insístese, la escritura pública  constituye    una   unidad   estructural.   

Si comparamos lo anteriormente expuesto con  la  conducta  realizada  por  la  señora  GLORIA  ORTIZ ROBLEDO, fácilmente se  concluye  que  ella,  al  insertar  en  un  instrumento  un “recibo de pago”  perteneciente  a otro instrumento, parcialmente realizaba una de las fases de la  creación  de  la escritura apócrifa porque colocaba uno de los eslabones de su  falsedad,   es   decir,   desplegaba  uno  de  los  actos  que  configuraban  su  comportamiento finalmente falsario.   

Pero  allí  no  se  acababa  el proceso de  elaboración  de  la escritura falsa. Luego de agregar el recibo, debía lograr,  con  otro  acto,   que la Registradora signara las hojas, dando con ello fe  de  la  legalidad  de  los  componentes  de  la  escritura,  dentro  de ellos lo  relacionado  con  el  “recibo” que demostraba el pago de los tributos.   Para  esto,  gracias  a sus conocimientos sobre el trámite de la escrituración  en  razón  de  su tiempo de trabajo en la Registraduría,  así como sobre  el  sistema de trabajo de la Registradora, obtuvo que esta, sin percatarse de lo  sucedido,  impartiera  fe  pública a la declaración de voluntad, concretamente  respecto de la cancelación de los impuestos.   

Y  seguía  otro  paso:  entregarle  a  los  interesados  el documento para que, por último, sin inconvenientes, lo llevaran  a  la  notaría,  ésta procediera a la autorización y, después, la depositara  en el protocolo.   

De  manera  que  la  señora  ORTIZ,  para  desarrollar  una  conducta final que sabía constaba de varias partes, en primer  lugar  le  adicionó  a  la  escritura  un  recibo que se entiende falso pues no  pertenecía  al  escrito  inicial  sino a otro; en segundo término, hizo que la  Registradora,  utilizada  como  simple  medio  o instrumento, hiciera constar la  veracidad  del  pago  de impuestos; en tercer lugar, recogido el escrito por los  interesados,  prosiguió  con el engaño; y, por último, la fase culminante, la  escritura,  que  seguía portando la prueba falsa del pago del  impuesto de  Registro  y  Anotación  ante la Tesorería Municipal, pasaba a engrosar el  protocolo,  así  la  señora  ORTIZ,  luego  de  la  firma  de la Registradora,  desprendiera  el  recibo  y lo tornara al sitio del cual lo había tomado.   La  falsedad,  en  síntesis, implicaba varios pasos, continuos, y todos los dio  doña GLORIA.   

Agréguese  que  como  la  señora  ORTIZ  desplegó  la misma conducta plural respecto de varios instrumentos, su falsedad  es   múltiple.   Por   consiguiente,   incurrió   en  concurso  homogéneo  de  falsedades.   

e) Sobre el punto de la falsedad material en  documento  público,  los  Juzgadores, con razón, no abrigaron dudas. Así, por  ejemplo,    el    Funcionario   de   1a.   instancia   expresó   esto   en   su  sentencia:   

         “Para  darle a las mismas (escrituras) apariencia de legalidad, y  sobre  todo  para  no despertar sospechas en su jefe, quien debía calificarlas,  les  anexaba  un  recibo  perteneciente a otra escritura, y cuando volvía a sus  manos  retiraba  la  copia, y en la constancia que a ella le correspondía dejar  en  el  ejemplar  para  el  archivo  de  la oficina, consignaba datos ficticios,  algunos,  o  el  mismo  número de recibo con un valor muy superior al realmente  pagado…Estos  aconteceres  configuran…falsedad  material  de  particular  en  documento  público (art. 220), conducta que se deriva del hecho de anexar  a una  escritura  para     que  sirviera   de              prueba,           un              documento          que             no              le              correspondía,  convirtiéndolo a partir  de   allí,  en  documento  falso”   ( Fls. 20/1) ( subraya la Sala ).   

A su turno, la Colegiatura de 2a. instancia  manifestó lo siguiente en su fallo:   

“Ahora    bien,   la   ausencia   de  cualificación  en  las  funciones  de la ORTIZ ROBLEDO, que no su ajenidad a la  confección  del documento como se estimó por la fiscalía en el calificatorio,  legitima  la  consideración  como  particular  a  efectos de la imputación del  punible  de falsedad del artículo 220 del Código Penal, que no requiere que el  falsario  cometa  el  hecho  en  ejercicio de sus funciones como sí lo exige la  falsedad  material  de  empleado  oficial  en documento público que consagra la  norma del 218 ibídem”.   

“De   otra  parte,  para  la  Sala  la  materialidad  de  éste  ilícito  se  encuentra  cabalmente acreditada, pues el  haberse  aparentado  legalidad  en varias escrituras trasladándoseles el recibo  que  no  les  correspondía, haciendo aparecer como pago el impuesto de registro  de  cuyo  importe  se  había apropiado, constituye conducta falsaria al simular  como    verdaderos    hechos    ficticios”    (Fl.  17).   

3.    Otros  aspectos.   

a)  Del  expediente  emana,  tal  como  lo  reconocieron  las  instancias,  que  la  señora ORTIZ ROBLEDO realizó la misma  conducta  respecto  de,  por  lo menos, 25 instrumentos, con el fin de lograr en  relación  con  ellos  una  calificación benéfica. Se alude a los instrumentos  Nos.   2.038,  387,  1.603,  1.316,  1.446, 921, 1.430, 1343, 1.113, 1.641,  906,  1.034,  1.057,1.396,  708, 1.822, 1.621, 1.024, 1.323, 653, 1.321 y 1.331,  de  1990,  así como a las escrituras 513 y 1.331 de 1988.  De allí que se  hable de concurso de delitos.   

b)  En  relación  con  la  mayoría de las  escrituras,  GLORIA  no pagó los derechos de anotación y registro; respecto de  otras,  pagó  un menor valor y dejó constancia de haberlo hecho correctamente,  cambiando  datos,  tanto  de  los  recibos  como  de los instrumentos. Por estos  comportamientos,  entendidos  como  falsedad  ideológica, la Justicia compulsó  copias para efectos de investigación separada.   

4.           Conclusiones.   

4.1.  Como  el  cargo  esgrimido  por  el  casacionista  no fue claro y precisamente presentado y desarrollado, ello sería  suficiente para afirmar que el recurso no podía prosperar.   

4.2.  Como  la  conducta  desplegada por la  señora  ORTIZ  ROBLEDO  sí  fue  la  de  “falsificar” documento que podía  servir  de prueba,  hizo bien la Justicia al adecuarla al artículo 220 del  C.  P.  Comprender  dentro  de   un  documento  genuino  y  auténtico otro  también   genuino   y  auténtico,  pero  conformar  con  los  dos  una  unidad  falsa,   implica  la  creación  de  un  documento  final espurio. Por este  aspecto,  el  cargo no prospera pues que la sentencia  recurrida no aparece  afectada  de  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea del artículo 220 del código penal.   

             

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando Justicia en  nombre  de  la  República  de  Colombia y por autoridad de la ley,                              

                                     

RESUELVE  

1.  No  casar la sentencia proferida por el  Tribunal Superior de Neiva, conforme con la motivación expuesta.   

2.  Regresar  el  expediente al Tribunal de  origen.   

                                   

                   

Cópiese y Cúmplase.  

                                                             

        EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

        No hay firma   

        FERNANDO   E.   ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA             

CARLOS   A.   GALVEZ  ARGOTE                          JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS     E.    MEJIA  ESCOBAR                                                                     No hay firma   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON              NILSON  PINILLA     PINILLA                                                                                         No hay firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

         

         

   

         

    

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