12473(01-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso     No  12473   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE:  

                              Dr. HERMAN  GALAN CASTELLANOS   

APROBADO ACTA No. 87  

                             Bogotá,  D.C., primero (1) de agosto de dos mil dos (2002).   

               El  Juzgado  Tercero  Penal del  Circuito  de  Bello,  mediante  sentencia  anticipada  del  24  de abril de 1996  condenó  a  Gabriel Héctor Arango Gómez a 14 años de prisión, interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por 10 años, y al pago del equivalente en  moneda  nacional de 500 gramos oro por perjuicios morales y materiales irrogados  a  los  herederos  de  Consuelo  Sepúlveda  Cruz, al declararlo responsable del  delito de homicidio agravado cometido en estado de ira.   

                             

El  Tribunal  Superior  de  Medellín,  con  providencia  del  2  de julio de 1996, al resolver la apelación interpuesta por  el  defensor  confirmó  el  fallo  de primera instancia en el aspecto impugnado  respecto  de  la  dosificación  punitiva,  decisión  contra  la  que interpuso  recurso de casación, sobre el cual se pronuncia ahora la Sala.   

   

                              HECHOS   

A  eso  de  las 7 y 15 de la noche del 7 de  diciembre  de  1995, en la carrera 49 número 52- 55 de Copacabana, Consuelo            Sepúlveda           Cruz           resolvió           colocar   pasador  a  la  puerta  de  esta  residencia  que  había  compartido  con  su esposo GABRIEL HECTOR ARANGO GÓMEZ  para  no  permitirle  su  ingreso  ya  que  le había  manifestado  con  anterioridad su deseo de no continuar con la vida conyugal. El  esposo  con  ánimo exaltado, luego de discutir con su esposa, tomó un cuchillo  de  la  cocina  y  le propinó varias lesiones a Consuelo, a consecuencia de las  cuales se produjo su muerte.   

Se  destacó en la audiencia efectuada para  tramitar  la  sentencia  anticipada,  que  la  noche del homicidio, Consuelo  Sepúlveda Cruz estaba sola ante  el  procesado  y  que  no  se  enfrentó físicamente con él. Momento antes del  desenlace,  solicitó  ayuda  a  gritos,  razón  por la cual Luz María Aguilar  Velásquez,  una  vecina,  se  hizo  presente  en  la  residencia,  pero ante su  presencia   el  inculpado  modificó  su  conducta,  al  punto  de  quedar  ella  convencida  de  que  el  problema se limitaba a una discusión entre la pareja y  así  lo  comentó  a las otras vecinas que estaban pendientes de la situación,  sin  embargo, como el incidente continuó e incluso se advirtió de la agresión  a  uno  de los hijos de la pareja, por haber tratado de intervenir para defender  a  su  madre  del ataque de que era víctima por parte de su padre, acudió a la  policía  para  lograr  la  defensa de quien estaba siendo maltratada y agredida  por  su  propio  esposo,  pero cuando la autoridad se hizo presente ARANGO  GÓMEZ, aprovechando el escenario  que  él  mismo  había  preparado,  éste  acababa  de perpetrar el crimen (fl.  230)   

.  

ACTUACION PROCESAL  

La  investigación penal fue abierta por la  Fiscalía  Seccional  de  la  Unidad  de Vida con sede en Copacabana. Durante la  instrucción  se  vinculó  con  indagatoria  a Gabriel Héctor Arango Gómez, a  quien  le  impuso  medida de aseguramiento consistente en detención preventiva,  imputándosele el delito de homicidio agravado (fl. 48 y ss).   

ARANGO  GÓMEZ  se  acogió  al  trámite  de  sentencia  anticipada,  celebrándose la audiencia de  formulación  de  cargos  el  21 de marzo de 1996, en la que se le imputaron los  hechos  a  que  se  hizo  referencia  en  acápite anterior, en calidad de autor  responsable  del  delito de homicidio agravado cometido en estado de ira, en los  términos  de  los artículo 30 – 1 de la ley 40 de 1993  y 60 del C.P. (D.  100 de 1980).   

                                 

LA  DEMANDA   

Único cargo.  

               La  sentencia  del  Tribunal es  parcialmente  nula  en  la parte que intensificó el mínimo de la dosificación  punitiva,  yerro  que  se  cometió por haber incurrido simultáneamente en tres  motivos   de   nulidad,   establecidas   por   el   artículo   304  del  C.P.P.  anterior.   

a)  Falta  de  competencia  y  reformatio   in   pejus.   Sostiene  el  recurrente que el ad   

quem  introdujo  causales  genéricas  de  agravación  punitiva, sin tener facultades para ello,  empeorando  la  situación  jurídica  del procesado, tal y como ocurrió con la  causal  tercera  del artículo 66 del C.P., la que no fue deducida en el acta de  formulación de cargos ni en la sentencia de primera instancia.   

b)  Violación  del  derecho de defensa por  falta  de  motivación  del  por  qué  se  intensificó  el mínimo de la pena,  “quantum”  éste  que ha debido respetarse porque en el acta de formulación  de  cargos se consignó expresamente que el sindicado era acreedor al mínimo de  penalidad.   

c)  La  falta  de  motivación  llevó  al  juzgador  a  ignorar  en qué situaciones operan los mínimos y máximos de pena  conforme  a  los criterios señalados por los artículos 61, 64, 65, 66 y 67 del  C.P.  El  censor  en su exposición insiste en la inexistencia y concurrencia de  la citada causal genérica de agravación punitiva.   

Además  de  las  disposiciones  citadas,  considera  vulnerados  los  artículos  31 de la C.N., 60 del C.P., 37 y 217 del  C.P.P.   

Solicita  a  la  Sala casar parcialmente la  sentencia  en  cuanto al incremento del mínimo  punitivo para que en fallo  de reemplazo se impongan 8 años, 10 meses y 20 días de prisión.   

                                                 CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO   

La Procuraduría Segunda Delegada considera  que  se  debe  desestimar la demanda por cuanto que el demandante no respetó en  rigor  la  técnica en la proposición de los cargos, los que ha debido hacer en  forma  separada,  pero sugiere a su vez, casar oficiosamente el fallo recurrido.   

               La  falta  de motivación de la  sentencia  de  primer  grado  a  que  hace  referencia  el cargo, en cuanto a la  fijación  del punto de partida de los 21 años de prisión  de donde luego  dedujo  la  disminución  de  pena  por la ira y por la sentencia anticipada, es  argumento  que  ignora la complementación argumentativa que en ese sentido hizo  el  fallo  de  segundo  grado.  La  proyección  de  esa falta de motivación en  relación  con  la  causal  tercera del artículo 66 del C.P. que le atribuye al  ad   quem,  también  es  infundada,   pues   la  inclusión  de  dicha  causal  en  la  providencia  tuvo  motivación en el contexto de dicha providencia.   

La  Delega  no comparte la aseveración del  impugnante  en  cuanto  que  la sentencia recurrida sea anfibológica. No existe  contradicción  entre  las  circunstancias modales especiales del delito con las  que   señalan   una   gran   insensibilidad  moral  del  procesado,  dados  sus  antecedentes  personales,  pues  las  primeras   aluden a una circunstancia  genérica  de   comisión  del  delito  y  éstos  a  la  personalidad  del  agente.   

               La propuesta del recurrente con  base  en  que  el  Tribunal  desconoció  la  prohibición  de  la  reformatio     in     peius    resulta  inaudita, por cuanto que en  segunda  instancia  se  confirmó  integralmente  la  decisión del a  quo.  Corolario de ello es que no  se ocasionó el perjuicio a que hace referencia el defensor.   

              La crítica según la cual  las  circunstancias  genéricas  de agravación punitivas tenidas en cuenta para  dosificar  la  pena  no  corresponden  a la realidad procesal, es postura que ha  debido   orientarse   por   la   causal   primera   y   no   al   amparo  de  la  nulidad.   

              Concluye la Delegada que existió  apego  del Tribunal a las preceptivas para fijar la pena, las que aunque breves,  gozan  de  concreción  y  suficiencia para justificar la sanción puesta por el  fallo de primer grado.   

             Casación oficiosa.   

                 El  derecho  de  defensa  del  procesado  fue  desconocido  al  sorprendérsele  con la agravante genérica del  numeral   3   del   artículo  66  del  C.P.  relacionada  con  el  “modo   de   ejecución   del   hecho  que  demostró  una  mayor  insensibilidad   moral  en  el  delincuente”,   puesto  que no fue mencionada expresamente en el acta de formulación de cargos,  no obstante su naturaleza subjetiva.   

                 La  Delegada  sugiere  casar  parcialmente  la  sentencia impugnada en lo relacionado con “la introducción,  en  las instancias, de esa agravante genérica”, debiéndose proferir fallo de  reemplazo    para    que    se    dosifique    con    prescindencia   de   dicha  circunstancia.   

                                CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                                       

                 1.  El  único cargo de nulidad  parcial  propuesto  por  el  recurrente  impone  a la Sala un examen del aspecto  técnico  de  la  demanda,  la  dosificación  de la pena y la imputación de la  circunstancia  genérica de agravación prevista en el numeral 3º del artículo  66  del  decreto  180  de  1980,  en  orden  a  establecer  si  el  ad  quem  obró dentro del ámbito de su  competencia  y  si  el derecho de defensa fue realmente desconocido por falta de  motivación o motivación anfibológica.   

                                           2.  La  nulidad en casación, ha dicho la  Corte  de  manera  pacífica  y  reiterada no exonera al demandante del deber de  presentar  formalmente  la  demanda  ciñéndose  a las exigencias de las normas  pertinentes   (artículo  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal  anterior,  actualmente   el   artículo   212   Id.)  Esto  implica  que  además  de   invocar    la  causal  de  casación,   debe  el  censor  señalar  la  realización  del  acto  procesal  en  contravía  de  las  disposiciones que lo  regulan,  su  carácter  sustancial   y  su incidencia en la sentencia, con  efectos  nocivos  en  las  garantías  constitucionales  y legales reconocidas a  favor del procesado o en la estructura del proceso.   

                En el presente caso, la  demanda  denuncia  bajo  un  mismo  cargo  y  con  base  en  el  mismo  discurso  argumentativo,  un  vicio  de  estructura  por falta de competencia del Tribunal  para  dosificar  la  pena con base en el numeral 3º del artículo 66 del C.P. y  un  desconocimiento del derecho de defensa por incongruencia entre la acusación  y  la  sentencia  y  por falta de motivación de esta última sobre este preciso  aspecto.   

         El   impugnante,   entre  los  argumentos  expuestos,  reprocha  al  juzgador  haber  tenido  en  cuenta  la circunstancia  genérica  de  agravación  punitiva para dosificar la pena, pues a juicio ésta  no  concurre, dado que el tiempo, el lugar, el instrumento y el modo de ejecutar  el  hecho,  que  supuestamente dificultaron la defensa de la víctima, así como  la  insensibilidad  moral del procesado, no corresponden a la realidad procesal.  Este  raciocinio resulta, desde luego,  ajeno a la causal tercera invocada,  pues  para desvirtuar la presunción de acierto y legalidad que ampara al fallo,  se   debió  acudir a la causal primera de casación por violación directa  o indirecta, según la naturaleza de los fundamentos aducidos.   

3.  El demandante  reprocha  la  aplicación  indebida del artículo 61 del Código Penal, pues, el  fallador  de  segundo  grado  dejó de aplicar el mínimo de la sanción como lo  dispone dicho precepto.   

              Las circunstancias de agravación  o  de  atenuación  concurrentes  no constituyen, como debe ser bien sabido, los  únicos  factores  a  tener en cuenta por el juzgador al momento de dosificar la  pena,  pues  si  bien  el  artículo  67  vigente  al  tiempo  de  la sentencia,  establecía  que  “Sólo podrá imponerse el máximo de la pena cuando concurran  únicamente   circunstancias   de  agravación  punitiva  y  el  mínimo  cuando  concurran  exclusivamente  de  atenuación”,  tales hipótesis punitivas debían  ser  aplicadas,  según  la  misma  norma,  “sin perjuicio de lo dispuesto en el  artículo  61”.  Por  lo tanto, el mínimo punitivo no es aplicable ope    legis   cuando   no   concurran  circunstancias  agravantes,  pues ese tope punitivo puede aumentarse con base en  la  gravedad,  modalidades  del  hecho  punible,  el  grado de culpabilidad y la  personalidad  del  agente,  máxime si éstas tienen mayor trascendencia nociva,  como en el caso examinado ocurrió.   

                         El  planteamiento  del recurrente desconoce que en el proceso de dosificación de la  pena,  los  juzgadores  acudieron a una racional e ineludible ponderación de la  situación,  como  la  condición  de  esposo  del  homicida en relación con su  víctima  y  los  deberes  que  la relación existente entre ellos imponían, la  conducta  precedente  del  inculpado,  las  consecuencias  del  mismo, todo ello  vinculado  con  la  gravedad  y  modalidad del reato y el grado de culpabilidad.  Estos  factores  en  los  fallos  de  primero  y  segundo  grado se enunciaron y  determinaron la cuantificación de la pena.    

               Específicamente el ad  quem transcribió el artículo 61 del  C.P.   para  referir  los  criterios  considerados  para la tasación de la  punibilidad, lo que efectivamente hizo,   

según se consignó en el párrafo anterior.  En  consecuencia,  el  juzgador  no se limitó únicamente a la constatación de  las  circunstancias  de  atenuación  o  de  agravación punitivas para fijar el  mínimo de pena a imponer, como lo entiende el censor.   

               4. El  recurrente  quiso  estructurar  el  argumento  mediante  el cual sostiene que el  juzgador  estaba  obligado  a  imponer  el  mínimo punitivo previsto en el tipo  especial  del  homicidio  agravado y la atenuante de la ira, aduciendo que en el  acta  de formulación de cargos para sentencia anticipada se consignó que   “al momento de tasar la pena se puede partir de los  mínimos  a  imponer”.  Este  argumento  carece  de  sustento legal y resulta asaz desacertado.   

               En  efecto,  la acusación o su  equivalente  (acta para sentencia anticipada) implica precisión tanto sobre las  pruebas  como  sobre  los  hechos  investigados, con las circunstancias de modo,  tiempo  y  lugar  que  los  especifiquen,  amén  de  su  ubicación en el campo  jurídico   penal,   señalando   las  circunstancias  agravantes  y  atenuantes  modificadoras  de  la  punibilidad  que  concurran, así como las genéricas que  deban  ser  consideradas.  En esta oportunidad procesal no se requiere hacer una  individualización  de  la  punibilidad,  pues  la  tasación  de los mínimos y  máximos  de  la  sanción  corresponde  hacerla  en  la  sentencia  al  juez  y  constituyen  un  aspecto  que  por  su  naturaleza  y  esencia no dependen de la  voluntad  del  fiscal,  como  erróneamente  lo  entiende  el recurrente cual es  propio  de  la sentencia, cuanto más que tales cálculos inciden también en la  vigencia  y  naturaleza  de la medida de aseguramiento o en el reconocimiento de  la libertad del procesado.   

                                  

5. Ha señalado el  casacionista  que  el Tribunal imputó la circunstancia genérica de agravación  prevista   en  el  numeral  3º  del  artículo  66  del  decreto  100  de  1980   

no obstante no haber sido considerada en el  acta  de  formulación  de  cargos  para  sentencia anticipada ni por el juez de  primera  instancia,  razón  por  la  cual predica incongruencia y violación al  principio   de  la  reformatio  in  peius.   

               5.1. La  formulación de cargos.   

La Fiscalía Seccional de Copacabana motivó  fáctica  y  probatoriamente la indefensión en que se encontraba la víctima al  momento  en  que  se  consumó  el  delito.  Se  dijo que en horas de la noche y  encontrándose   solos,   Consuelo   Sepúlveda  Cruz  perdió  la vida a consecuencia de las heridas que le  propinó    su    esposo   Gabriel   Héctor   Arango  Gómez,   hechos   en   los   cuales   no   existió  enfrentamiento  por  parte de aquélla, quien al sentirse desprotegida solicitó  ‘ayuda’,  la  que  no  pudo brindársele por  parte  de Luz Marina Aguilar Velásquez y la policía, pues el procesado asumió  una          postura          ‘falaz’ para  confundir  a la testigo dando la apariencia de que nada ocurría para aprovechar  las condiciones propiciadas por él para cometer el crimen.   

                                            

               La situación aludida revela que  la  víctima  estaba  indefensa,  descripción  que  corresponde  a  uno  de los  supuestos  previsto  en  el numeral tercero del artículo 66 – 3 del decreto 100  de  1980.  Simplemente, en esta diligencia ese artículo no fue mencionado en la  proposición  jurídica  citada  para  el  asunto  examinado,  pero,  se repite,  fáctica  y  probatoriamente  la situación fue destacada en los términos antes  indicados (fl. 231).   

                 5.2.   Sentencia  de  primera  instancia.   

               El  Juzgado  Tercero  Penal del  Circuito,  empleando un estilo que no obedece ciertamente a un modelo narrativo,  da  a conocer las circunstancias de tiempo, lugar, los instrumentos y el modo de  ejecución  del  hecho,  como  puede  constatarse  a  los  folios  243 y 244 del  expediente.  Se  plasma  en  la sentencia la agresión del procesado para con su  esposa,  conducta  que  se  dice  fue  ejecutada  en  horas  de  la  noche en la  residencia      que     compartían,     sin     enfrentamiento     ‘físico’  y  sin  la  presencia  de  personas  diferentes  a  los  protagonistas o de la autoridad policiva que hubieran podido  ofrecer ayuda a la víctima.   

                Invoca  el a  quo  como fundamentos de su decisión  el   testimonio   rendido   por   Luz   Marina  Aguilar  Velásquez,  los  datos  suministrados  en  el  informe de los policías que participaron en el operativo  de  la  captura  y  la correspondiente diligencia de ratificación, ‘el    recuento    de   los   hechos  investigados   y   las   pruebas   recaudadas   hasta   ese  momento’  que  hiciera  la  fiscalía  en  la  correspondiente  acta  para  sentencia  anticipada  y  la aceptación que de los  cargos hizo el inculpado (fl. 242, 244, 245, 247)   

              Al dosificar la sanción, afirmó  el  juez de primera instancia que ello se haría “conforme a los criterios que  para  fijar  la  pena  establece  el artículo 61 del Código Penal”. En estas  condiciones  y  como se imputó el delito de homicidio agravado en estado de ira  impuso  21  años  de  prisión,  de los que dedujo la tercera parte por haberse  acogido  el  procesado  al  trámite  de  la sentencia anticipada, para condenar  finalmente  a GABRIEL HÉCTOR ARANGO GÓMEZ   a   una   pena   privativa   de  la  libertad  de  14  años  de  prisión.   

                5.3.  Sentencia de segunda instancia.   

                  El  Tribunal  y  para  responder  la  apelación  interpuesta en este mismo sentido,  precisó que  si  bien  concurrían  circunstancias genéricas de atenuación y de agravación  punitiva,  entre  éstas las del numeral 3º del artículo 66 del C.P., también  lo  era  que  debían  considerarse  los  criterios  a  que hacía referencia el  artículo  61 ibídem, disposición cuyo contenido citó expresamente, acogiendo  integralmente  el criterio del a quo   al  aceptar el acta de cargos e imponer una pena que está dentro  de los límites legalmente establecidos.   

                   Si  bien  en  el  acta  equivalente  a la acusación (cargos formulados para sentencia anticipada) no se  hizo  mención  expresa  al  citado  artículo 66.3 del Código Penal, pero esto  resulta  intranscendente,  y  no  impide  su imputación en los fallos, ni torna  incongruente  la  decisión,  ya  que  como  se  dijo,  el  hecho  básico de la  agravante  quedó  consignado  al concretarse el contenido fáctico y probatorio  de  la  conducta  valorada  y  ello  resulta suficiente, acorde con lo que se ha  dejado expuesto.   

                      6.   Al  respetar  el  fallo impugnado el marco fáctico esencial fijado  en   la  acusación,  se  impone  como  infundada  la  afirmación  del impugnante en el sentido de que el ad  quem  desconoció la competencia limitada al resolver  la  alzada,  pues  la  decisión se contrajo a revisar el por qué en la primera  instancia  no  se partió del mínimo punitivo, como lo reclamaba el defensor en  el  recurso  de  apelación  interpuesto  contra  la  sentencia de primer grado,  encontrando  el juez colegiado entre tales razones que la providencia revisada y  el  acta  con  la  que  se cumplió el trámite previo a la sentencia anticipada  atribuyeron  fáctica  y  probatoriamente  la  agravante genérica del artículo  66.3 del C.P.   

                        7.  El  reparo  que  el  demandante  hace  a la sentencia de segunda  instancia    de    haber   desconocido   el   principio   de   la   reformatio     in     pejus    debió  dialécticamente  desarrollarlo exclusivamente en el campo de la interpretación  y  aplicación  de  la  ley  sustancial,  con  prescindencia de cualquier debate  probatorio,  circunscribiéndolo  así a la vía directa, por quebrantamiento de  los  artículos  31  de la Carta Política, 17 y 217 del Estatuto Procesal Penal  anterior, demostrando como presupuesto ineludible que el   

Tribunal  incrementó la sanción privativa  de   la   libertad   por   el   desconocimiento  de  las  citadas  disposiciones  sustanciales.   

                   El  hecho  de  haber  formulado  el  ataque  reclamando  nulidad de la actuación, equivocando de esta  manera  la  causal  de casación por la que ha debido formularse el reparo, así  como  la  circunstancia  de  haberse  confirmado por el Tribunal la sentencia de  primera  instancia,  sin  modificar  la pena impuesta y la imputación jurídica  hecha,  son bastantes y suficientes razones para desestimar el reproche con base  en el desconocimiento del artículo 31 de la C.N.   

              8. La  sentencia  de  primero  y  segundo  grado  han de tomarse en esta sede, como una  unidad  jurídica  inescindible,  en  la  medida  en que la de segunda instancia  confirmó  integralmente  el  fallo  del  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de  Bello  (Ant.)  Luego  las  precisiones  de las decisiones de instancia sobre los  hechos,  las  pruebas, la imputación jurídica, las circunstancias genéricas y  específicas  de  atenuación  y  agravación,  los aspectos relacionados con la  naturaleza,  gravedad del delito y personalidad del agente y la motivación para  la  dosificación  de  la  pena,  constituyen  un  solo  cuerpo  amparado con la  presunción de acierto y legalidad.   

          9. La actuación criticada no corresponde  a  un  error de garantía o de estructura de aquellos que dan lugar a la nulidad  de  la  actuación, por lo que no es útil a la justicia admitir el formalismo a  ultranza,  extraído  exclusivamente  de  la “perspectiva hermenéutica” del  casacionista,  fundada  más  en  el  interés que le asiste en el resultado del  proceso  que  en  la efectividad del derecho material o en la protección de las  garantías  debidas  a  las  personas  que  intervienen en el proceso penal, los  cuales  representan  los  más  altos  intereses  que  el legislador trazó a la  corporación   en   el   trámite   del  recurso  extraordinario  de  casación.   

                

10. Casación oficiosa.  

              La Procuraduría Delegada sugiere  a  la  Sala casar la sentencia y que se profiera la de sustitución en la que se  prescinda  de  la  agravante  genérica del numeral 3 del artículo 66 del C.P.,  para  “efectos  de  la dosificación punitiva”, la que entiende fue imputada  en  relación  con  el “modo de ejecución del hecho  que  demostró  una  mayor  insensibilidad  moral  en el delincuente”  y  que  no se mencionó en el acta de formulación de cargos y  que,   dado  que  dicha  circunstancia  es  de  carácter  subjetivo,  esto  es,  dependiente  de  un   criterio personal del juzgador, conforme a decisiones  anteriores  de  la  Corte  ((Sent.  De nov. 9/94, M.P. Dídimo Páez V.) se debe  invalidar,   pues   su   introducción   en  el  cuerpo  de  la  sentencia,  sin  corroboración  fáctica  en  el  proceso,  sorprende  al procesado  y a la  defensa  por  su  inclusión  súbita,  lo  que  no  sucede con las de carácter  objetivo   que   “devienen   inexorablemente   de   la   cotejación  con  los  hechos”.    

                

La  casación  oficiosa  sugerida  por  el  Procurador  Delegado, obliga a la Corte a consignar una explicación específica  sobre  la razón que le asiste a la Sala para negarse a acudir a dicha facultad,  dado lo infundado que resulta dicha postulación.   

               Las  razones  expuestas  en  el  capítulo  de  los  hechos  y  los  numerales 5 y 7 de los considerandos de esta  providencia  conducen  a  señalar que es infundada la aseveración hecha por el  Ministerio  Público,  en el sentido de que en el acta de formulación de cargos  para  sentencia   anticipada   no  se acusó al procesado por uno  de  los supuestos de hecho de que trata el numeral 3º del artículo 66 del C.P.  anterior.  El  punto  quedó  totalmente dilucidado por lo que a ellos se remite  ahora  la Sala, pues resultan válidos para concluir de manera opuesta a como lo  hace  el representante del Ministerio Público, esto es, que la agravante si fue  consignada  en  el  acta  a  que  se viene haciendo referencia, en los términos  explicados  en  los citados numerales.  De otra parte, la Sala ha reiterado  que  tanto  las causales objetivas como las subjetivas genéricas de agravación  deben  ser  valoradas  en las instancias, porque no hay diferencia trascendental  entre  una  y  otras.  Lo  importante  es  que la circunstancia se haya imputado  oportunamente.   

         La  Delegada  considera  que  del   ordinal  en  cuestión, la  referente  a  la  insensibilidad del autor del hecho es de carácter subjetivo y  que,  como  tal, debió contar con un precedente fáctico para que no saliera de  “la  manga”  de  la  segunda  instancia,  sorprendiendo  al sindicado y a su  defensor.  Empero,  es  claro  que  el  precitado  ordinal  alude  también a la  indefensión  de  la  víctima,  circunstancia  ésta  eminentemente  objetiva y  elocuente  tanto  en  los  hechos  como  en  los  precedentes  inmediatos  de la  sentencia  anticipada.  Con  esta circunstancia de agravación, no hubo sorpresa  ni “trampa” súbita para nadie.   

               Si  el  yerro se lo atribuye el  Delegado  exclusivamente  al  fallo de segunda instancia, tal situación resulta  intrascendente,   por  cuanto  que,  como  la misma Delegada lo destaca, el  Tribunal  no  modificó  la  pena  impuesta en el fallo proferido por el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de Bello (Ant.). Ha de sumarse a este argumento lo  expuesto  en  el  numeral  tercero de la parte motiva de esta decisión, en  cuanto  a  los  criterios  tenidos  en cuenta por los juzgadores para imponer la  pena de 21 años de prisión.   

               Al  referirse  la  Delegada  al  desconocimiento  del  artículo  31 de la C.N. que denuncia el recurrente, cargo  que  hace  precisamente  con  base  en haber sido imputado el artículo 66.3 del  C.P.  sin  haberlo  considerado   el  pliego de cargos ni  el fallo de  primera instancia, dijo en el concepto:   

“En  este  orden  de  ideas,  en  el caso  sub examine es claro que la  apelación  fue entablada exclusivamente por la defensa del sindicado, pero así  mismo  resulta  inaudita  la  propuesta  cuando  se  verifica que el superior en  momento  alguno  agravó  la  pena  impuesta,  todo  lo  contrario,  el Tribunal  confirmó  integralmente  la  providencia  revisada  por  vía  del  recurso  de  apelación,   corolario   de   ello,  es  apenas  lógico,  que  no  se  produjo  ‘reforma      en  perjuicio’, que con tanto  ahínco proclama el defensor.   

“Y   no   se   puede   aceptar  que  la  especificación  de  los  criterios  para fijar la pena por el Tribunal a fin de  dar  razón  al  a quo en el  monto  que tomó como punto de partida –  21  años-  y  con  el  objetivo  de  complementar la ausencia de  argumentos  por  el  mismo, se pueda estimar como reforma en perjuicio, toda vez  que,  aparte de que no fue incidente en la justipreciación punitiva (la pena se  mantuvo  incólume),  lo  que  hizo  fue  brindarle  mayor seguridad jurídica y  trasparencia  al  fallo  en  unidad; así las cosas, terminó siendo beneficioso  para  el  proceso  y  la  defensa, pues, como se hace ahora, se pudo expresar un  criterio  de  disconformidad sobre bases de conocimiento, lo que no hubiera sido  posible ante la falta de motivación absoluta”.   

         Extraña  a la Sala que se proponga la casación oficiosa cuando el  Procurador  Delegado  admite,  como  ha  quedado  reseñado,  que  el  fallo del  Tribunal  no  irrogó  perjuicio  alguno  en  materia  punitiva  al  imputar  la  agravante  genérica  que  entiende  no  se  consideró  en  las  decisiones que  culminaron  el  sumario y la causa en primera instancia. Al no existir perjuicio  el    yerro    resulta    intrascendente    y    por    ende   desestimable   en  casación.   

         En  las  circunstancias  anteriores  no  advierte  la Sala ninguna irregularidad trascendente que haya afectado  los  derechos  y  las  garantíais  del  procesado  y,  por  tanto,  no se casará la  sentencia.   

                        11.  Esta  decisión  queda en firme en la fecha de su firma y contra  ella   no  procede  recurso.Corresponde  al  juez  de  ejecución  de  penas  la  aplicabilidad  del  principio  de  favorabilidad, conforme al artículo 19 de la  ley  553  de  2000,  si  a  él  hubiere  lugar por la vigencia de la ley 599 de  2000.                  

                En  mérito,  la  Corte  Suprema  de  Justicia  en  Sala  de  Casación  Penal, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

             RESUELVE:   

                                  

NO   CASAR   la  sentencia   impugnada,   de  fecha,  origen  y  contenido  consignados  en  esta  providencia.   

              Cópiese, comuníquese, cúmplase  y devuélvase.   

ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN  

Salvamento de voto  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                  JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

         

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                    CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                        EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                      

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR                     NILSON   PINILLA   PINILLA                     

No hay firma  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *