12242nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     Nº  12242   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE  ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 198  

Bogotá, D. C., veintitrés (23) de noviembre  del año dos mil (2.000).   

VISTOS  

         

El 11 de agosto de 1995, un Juzgado Regional  de  Barranquilla  condenó  a  JAIR  ANTONIO MUÑETÓN  PULGARÍN  como autor de infracción al artículo 33 de  la   Ley  30  de  1986, agravada conforme con el contenido del artículo 38  ibídem,  en  razón  de  la cantidad de alcaloide, y lo absolvió del delito de  porte  de  armas.  Le  impuso como penas principales 9 años de prisión y multa  equivalente  a  10  salarios  mínimos  mensuales,  y  como accesoria 9 años de  interdicción del ejercicio de derechos y funciones públicas.   

          Con  motivo  de  la apelación interpuesta por la defensa y con base  en  la  consulta,  el  15  de  enero  de  1996 el Tribunal Nacional confirmó el  fallo.   

Contra esta decisión el procesado interpuso  recurso  de casación que fue sustentado por el defensor. Del fondo del mismo se  ocupa la Sala ahora.   

         

HECHOS  

En  horas de la mañana del 12 de febrero de  1993,  Miembros de la Unidad de Policía Antinarcóticos allanaron, previa orden  de  un  Fiscal  Regional  de  Ríohacha,  la residencia ubicada en la carrera 11  número  20-31  de  Maicao,  dentro  de  la  cual  hallaron  57 kilos de base de  cocaína,  elementos  para  su embalaje y algunas armas. Por tales hechos fueron  vinculados  a  la  investigación  ROBERTO  GIRALDO  VELÁSQUEZ  y  JAIR    ANTONIO    MUÑETÓN   PULGARÍN.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El   instructor  resolvió  la  situación  jurídica  de  los  indagados  con  medida  detentiva  y  el  4  de mayo de 1994  profirió  en  su  contra  resolución  acusatoria  como presuntos coautores del  delito   de  conservación  de  estupefacientes  (cocaína),  tipificado  en  el  artículo  33  de  la  ley  30 de 1986, agravado de acuerdo con el numeral 3 del  artículo   38   de   la   misma  obra.  En  el  mismo  calificatorio  precluyó  investigación por la violación al decreto 3664 de 1986.   

          Apelada  la  decisión,  el  24  de  noviembre  de 1994 la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal Nacional la confirmó pero modificándola en cuanto  el  enjuiciamiento  también procedía por el hecho punible de porte de armas de  uso  privativo  de las fuerzas militares (artículo 2 del Decreto 3664 de 1986).   

                El   juzgamiento  de  GIRALDO  VELÁSQUEZ  terminó  por la vía de la sentencia anticipada, en tanto que   continuó   contra   MUÑETÓN  PULGARÍN,  respecto  de  quien  se  produjeron las sentencias ya reseñadas.   

LA DEMANDA  

El actor acude a la causal primera contenida  en  el  artículo  220  del  C. de. P. P., transcribe la norma, aduce como cargo  único  el  “…contemplado  en  el inciso 2º. del numeral 1º. del artículo  220  del Código de Procedimiento Penal, que se denomina violación indirecta de  la ley sustancial”  y a renglón seguido escribe:   

“Acuso  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Nacional…por  violación  indirecta  de normas de derecho sustancial  contenidas  en los artículos 2 y 4 del C.P. y 2 del C. de. P. P. de conformidad  con  la  causal  primera  inciso segundo del artículo 220 del C. de. P. P., por  error  de  hecho  consistente en la tergiversación o distorsión del contenido,  alcance  y  sentido  de las pruebas haciéndolo de manera inexacta o incompleta,  logrando  producir efectos probatorio que no se derivan de su contacto lo que ha  incidido en la parte resolutoria del fallo”.    

Luego   fundamenta  la  petición  en  los  artículos  247  (prueba  para condenar), 254 (apreciación de las pruebas), 273  (criterios   para   la  apreciación  del  dictamen),  294  (criterios  para  la  apreciación  del testimonio) y 303 (apreciación de los indicios) del C. de. P.  P., y para dar su “Concepto de la violación” expresa:   

“Se ha tenido en cuenta la totalidad de las  pruebas  obrantes  en el plenario, tal como se advierte en la sentencia pero los  elementos  de  convicción  que  tuvo  en cuenta el Honorable Tribunal Nacional,  fueron  estimados  y  valorados  de manera errónea, lo que constituyó el medio  erróneo  para  cimentar  el  falso  juicio  de la existencia de la certeza, que  llevó  a  confirmar  la sentencia condenatoria de primera instancia que para el  caso  que  nos  ocupa,  constituyen un todo unitario, violando indirectamente la  ley sustancial”.   

Después  se  refiere  a  unas  palabras del  Tribunal,  se introduce en la “Carencia de culpabilidad del condenado” y con  el  propósito  de  demostrarla  se  refiere  a  unos  testimonios que no fueron  atendidos   “…por   los  organismos  que  les  ha  tocado  conocer  de  este  proceso…”  y  que  tampoco  merecieron  evaluación  por  parte del Tribunal  Nacional.  Añade  que  existen  pruebas  no  controvertidas  y por consiguiente  secretas.   

          Más   específicamente  alude  a  la  “confesión”  de  ROBERTO  GIRALDO  VELÁSQUEZ  y  a  su  indagatoria,  de  las  cuales  se  desprende  que  MUÑETÓN    no   tenía  conocimiento  de lo ocurrido, piezas que sin embargo no fueron apreciadas por el  Tribunal.  A la misma conclusión arriba tras recordar las declaraciones de unos  vecinos  del procesado, de acuerdo con las cuales es un hombre trabajador, serio  y  responsable,  y  las  de  ESPERANZA  OSSA  SALAZAR, MARIBEL POCATERRA y FELIX  EDUARDO,  quienes  estuvieron  con  JAIR ANTONIO durante los días 9, 10 y 11 de  febrero de 1993.   

          Por   último,   señala   que   la   vinculación  de  MUÑETÓN   obedeció   a  una  delación  anónima  no  demostrada  dentro  del  proceso,  y pide  casar la sentencia  impugnada  y  proferir  en  su  lugar una de carácter absolutorio, por no estar  plenamente demostrada la culpabilidad de su defendido.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Primero Delegado en lo Penal  sugiere  a  la  Corte  no  casar  la  sentencia,  apoyando  su  criterio  en los  siguientes argumentos:   

              La  censura presenta desaciertos  técnicos  que  hacen  que las pretensiones del actor no puedan ser acogidas: no  identifica   en   forma  clara  y  precisa  los  fundamentos  de  la  casual  de  impugnación  que  invoca,  ni  determina la manera como el presunto error   del  fallador  en  la  apreciación  de  las  pruebas  incidió  en la sentencia  desfavorable al procesado.   

              En  cuanto al error de hecho por  falso  juicio  de identidad en la apreciación de las pruebas el reproche carece  de  fundamentación,  pues  el  demandante  no  establece  cómo el sentenciador  tergiversó  el  contenido  de  los medios probatorios, como tampoco que hubiera  dado  a  los mismos un sentido que no tienen. Así mismo, no señala en concreto  los  medios  de  convicción sobre los cuales recae el error, pues el impugnante  se  limita   a  afirmar que no existe prueba en contra del procesado “que  demuestre  su  culpabilidad  dolosa”,  frente a la infracción por la que  se le condena.   

             Al   referirse  el  recurrente  a  las  indagatorias  de  los  procesados, más bien parece aducir un error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión y no por falso juicio de identidad,  censura  que  tampoco  demuestra.  Examinados los fallos de instancia se observa  que   las  injuradas  de  los  procesados  fueron  tenidas  en  cuenta  por  los  juzgadores.   

                 Termina  diciendo que el  recurrente  contrapone su personal criterio al análisis y valoración jurídica  que  de  los  medios  de convicción hizo el juzgador, lo que no es de recibo en  esta  sede,  porque en ella no se hace un nuevo debate sobre la prueba tenida en  cuenta en el fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

No  es posible casar la sentencia impugnada,  por las siguientes razones:   

1.  Cuando  el cargo se centra en violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  le corresponde al actor, entre otras cosas,  quitarle  fuerza  demostrativa  a toda la prueba que con suficiencia al grado de  certeza  haya sido atendida por el juzgador. El proponente, sin embargo, si bien  quiso  demeritar  algunos  testimonios, dejó de lado circunstancias importantes  que  fueron  expresamente  valoradas por el Tribunal, por ejemplo, la flagrancia  -los  estupefacientes  y demás elementos detectados  fueron hallados en la  residencia  de  MUÑETÓN, en  diferentes  lugares  de  la  misma-,   los testimonios de los agentes de la  policía  y  las  inadmisibles  narraciones  del  procesado,  calificadas por el  Ad-quem  como  fantasiosas.  Estos  tres temas, frente al expediente, bastarían  para sustentar debidamente una sentencia condenatoria.   

Súmese a la prueba acabada de relacionar, la  valorada  por  el  juzgador  de  1ª.  instancia,  quien  a  más  de  lo dicho,  explícitamente      extrajo      la     responsabilidad     de     MUÑETÓN  de  varios indicios, como   su  vieja  relación  con  GIRALDO,  la  cantidad  de  droga bien almacenada (57  kilos),   la  “infeliz  coartada”  que  elaboraran  GIRALDO  y  MUÑETÓN   para  querer  responsabilizar  exclusivamente  a  aquél,  y  la  inexistencia  de  OCTAVIO  ROJAS, persona que  mencionada  por  GIRALDO, jamás fue identificada e individualizada ni por éste  ni  por  su  defensor  quienes,  por  lo  demás, ni se preocuparon por buscar y  allegar prueba de su presencia ante GIRALDO.   

Si  del  expediente  se  desprende copiosa y  seria  prueba  que,  analizada  en detalle por las dos instancias, compromete en  grado        máximo        la       responsabilidad       de       MUÑETÓN,  y el casacionista ni se ocupó  de  ella, el cargo propuesto se desvanece pues que se limitó a cuestionar otras  pruebas,  realmente  no  esenciales  para  la  deducción  de  autoría  de  don  JAIR ANTONIO.   

2.   El  casacionista  tampoco  detuvo  su  análisis  para  explicar  a  la  Corte  de  qué manera y por qué habían sido  lesionados,   por   ejemplo,  los  artículos  4º.  del  C.  P.  -principio  de  antijuridicidad   material-   y   2º.   del   C.   de.   P.   P.   –principio    de    presunción    de  inocencia-.   Las normas son mencionadas pero se quedan allí, abandonadas,  huérfanas,  aisladas,  estado  que también otorga el casacionista al artículo  2º.  del  C. P. –principio  del  hecho  punible-  pues  no  le  afanó  comprobar a la Corte que el Tribunal  había      infringido      los      componentes      básicos      –tipicidad,     antijuridicidad    y  culpabilidad-        del        delito       imputado       a       MUÑETÓN y definido en el artículo 33 de  la Ley 30 de 1986.   

3.  Igualmente  es  desacertado enunciar sin  fundamento  alguno  un error de hecho por tergiversación del contenido, alcance  y  sentido  de  las  pruebas,  con  mayor  razón  si  no  se precisan nítida y  estrictamente  los  medios  persuasivos sobre los cuales recae el presunto error  invocado.  Y  el  desfase  se prolonga más si se tiene en cuenta que lanzado un  especulativo  error,  no  se desciende al asunto concreto para enseñar cómo se  ha producido ni cuál ha sido su influencia en el fallo proferido.   

4.   La   contradicción   enunciativa   y  argumentativa  también  es  lamentable en casación. Obsérvese: de acuerdo con  lo  consignado en la demanda, el actor reconoce que “se ha tenido en cuenta la  totalidad  de  las  pruebas  obrantes en el plenario”  y que tales medios  “fueron  estimados  y valorados de manera errónea”. A pesar de ello, cuando  se  refiere  a  la  versión  libre   y  a  la  injurada de ROBERTO GIRALDO  VELÁSQUEZ,  afirma  lo  contrario:  “Ninguna  de esas pruebas se ha tenido en  cuenta  por  los  organismos  que  les  ha  tocado  conocer  de este proceso”.   

          Tal  falta  de cuidado y de tino no sólo indica la fragilidad de la  demanda  sino la inadmisible falta de coherencia de su creador pues que respecto  de  un  mismo instrumento probatorio no es posible predicar, a la vez, error por  falso    juicio    de    identidad   –tergiversación,  dice-  y  error  por  falso  juicio  de existencia  –omisión  de  análisis,  afirma-.   

                               

          Pero  aún  dejando  en  el olvido lo anterior, lo cierto es que los  jueces  sí  valoraron  las  intervenciones  del señor GIRALDO, sólo que no le  creyeron  absolutamente  nada.  Es suficiente leer una parte de la sentencia del  Tribunal:   

“Aseverar   que   resulta   mendaz   la  exculpación   del   cosindicado   Roberto  Giraldo  Velázquez  no  es  ninguna  suposición,  ni  conjetura aventurada. No es razonable ni lógico aceptarle que  guardó  los  57  kilos  de  droga  en  casa  de  su amigo y a sus espaldas, tal  cantidad  no  podía  pasar  desapercibida  fácilmente para los moradores de la  residencia,  en  consecuencia,  no es de recibo tal disculpa,  como tampoco  lo  puede  ser  que  un  individuo a quien solo identifica como Octavio Rojas le  pagó  la  irrisoria  suma de diez mil pesos por el bodegaje de la sustancia”.   

5. Lo relacionado con los otros testigos, los  que  afirman  que MUÑETÓN no  se  hallaba  en  la  casa  para  los  días  del allanamiento y que es un hombre  trabajador  y serio, es francamente inocuo porque, como hasta la saciedad lo han  contestado  las  dos  instancias, no era necesaria su presencia en el lugar para  realizar   la   conducta   imputada,   es  decir,  el  almacenamiento  de  droga  estupefaciente.  La trascendencia de esas pruebas es, así, mínima, pues que no  disuelve ni un ápice la responsabilidad del procesado.   

                                

          6.  Por  último,  con  facilidad  se  establece  la pretensión del  defensor,  que  no  es  otra  que  mostrar a la Corte su singular punto de vista  sobre  los  hechos  -especialmente en torno a la culpabilidad- para que ésta lo  observe,  lea  la  sentencia, compare y escoja uno de los dos planteamientos. La  finalidad  del  demandante  resulta  írrita  por  varias  razones:  primera, en  casación  se  impone  demostrar  errores  y no brindar explicaciones subjetivas  carentes  de  soporte;  segunda,  la Corte no actúa jamás a título de tercera  instancia;  y,  tercera, porque la sentencia impugnada goza de la presunción de  acierto  y legalidad, presunción que solamente cede ante la prístina evidencia  de errores protuberantes e incidentes en el fallo.   

          Basta  lo  anterior  para  concluir en la integridad de la sentencia  impugnada.   

         

              En  mérito  de  lo expuesto, la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, Administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

             No casar la sentencia recurrida en  pro     de     don     JAIR    ANTONIO    MUÑETÓN  PULGARÍN.   

                                Cópiese y  devuélvase al Tribunal de origen.   

Cúmplase.  

                        EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                 

CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ ARGOTE               JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR                        

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              NILSON  PINILLA     PINILLA                                                          

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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