12238(28-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 12238  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 26  

          Bogotá, D.C., veintiocho de febrero de dos mil dos.   

VISTOS  

             

Revisa  la  Corte  en  sede  de casación la  sentencia  de  segundo  grado  del 13 de mayo de 1996, proferida por el Tribunal  Superior  de  Neiva,  por  medio  de  la  cual  confirmó integralmente el fallo  dictado  por  el  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Pitalito (Huila) el 20 de  febrero  del  mismo  año,  en  el que condenó a FABIO  ARTUNDUAGA  CUELLAR a la pena principal de 25 años de  prisión como autor responsable del delito de homicidio.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         

Los  sucesos  materia de juzgamiento en este  proceso  tuvieron  ocurrencia  en  horas de la noche del 19 de marzo de 1995, al  frente   de  la  casa  de  Miller  Salinas  ubicada  en  la  vereda  Pirulinda de la comprensión municipal de  Saladoblanco,   donde   fue   herido  con  arma  de  fuego  de  carga  múltiple  Aldemar  Parra  Córdoba,  a  consecuencia de lo cual falleció minutos después.   

Formalmente  abierta la instrucción el 3 de  abril  de  1995,  la  Fiscalía  22  Delegada  ante los Juzgados del Circuito de  Pitalito  escuchó  en  indagatoria  a FABIO ARTUNDUAGA  CUELLAR  y el 18 de los mismos resolvió su situación  jurídica  con  detención  preventiva  sin  beneficio  de excarcelación por el  delito  de  homicidio.  El  3  de  agosto  de  1995  se  profirió  en su contra  resolución de acusación por el mismo delito.   

          Una  vez  celebrada  la  vista pública, el 20 de febrero de 1996 el  Juez  de  conocimiento  condenó al procesado a la pena principal de 25 años de  prisión  por  el  delito  de  homicidio,  decisión que al ser impugnada por el  procesado  y  su  defensor,  revisó y confirmó en todas sus partes el Tribunal  Superior de Neiva el 13 de mayo del mismo año.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

         

          Con  la aspiración de que el fallo recurrido extraordinariamente se  revoque,   dos   cargos   formula   el   defensor   del  procesado  FABIO   ARTUNDUAGA   CUELLAR              contra  la  sentencia  de segunda instancia, el primero como principal por la vía indirecta  al  amparo de la causal primera, cuerpo segundo, por falso juicio de existencia;  el  segundo,  como  subsidiario y con fundamento en la misma causal, al pregonar  error de hecho por falso juicio de identidad.   

         

Cargo principal  

          Invoca  la  causal  primera del citado artículo 220, para acusar la  sentencia  de  ser  violatoria  de la ley sustancial, por infracción indirecta,  “ya  que  erró,  de  hecho,  en la apreciación del  acervo  probatorio;  básicamente  suponiendo  los indicios, bajo cuya exclusiva  base  erigió  el  fallo  de  condena”, generando con  ello  un falso juicio de existencia en relación “con  la prueba única de eventual cargo con alcance de reproche”.   

         

          Bajo   lo  que  titula  “consideraciones  previas”  empieza por señalar que los juzgadores de  instancia  tuvieron  como  fundamento único del fallo la prueba indiciaria ante  la  ausencia  de  prueba  directa que incrimine a FABIO  ARTUNDUAGA   CUELLAR   como  el  autor  de  la  muerte  de  Aldemar Parra Córdoba. A  continuación  se  refiere  a  la importancia que tiene el manejo adecuado de la  prueba  indiciaria dentro de la investigación penal, apoyándose en el concepto  de  un  destacado  tratadista  nacional  para  ilustrar  sobre  la  técnica  de  valoración de esta modalidad de prueba.   

          Ya  de  cara a la fundamentación del cargo, manifiesta que opta por  rechazar  los  presupuestos  de  hecho  de  la  sentencia  porque  considera que  ostensible  y  notoriamente  se erró en la estimación del contenido probatorio  del  proceso,  ya  que  al  no existir la prueba directa supuso la indirecta que  tampoco existe.   

          Recuerda   que   en  nuestra  normatividad  las  pruebas  no  están  sometidas  al  sistema  tarifado  sino  que se interpretan de conformidad con la  sana  crítica, de donde el juez es libre de dar “una  determinada  credibilidad  a  un  medio de convicción o quitársela”,  lo  cual no puede ser atacado o desconocido en casación, pero  ello no significa que cuando no exista la prueba, la pueda suponer.   

          Así,  agrega,  el  Tribunal  parte de eventuales hechos indicadores  como   el   de   la   riña  ocurrida  en  el  establecimiento  de  Leonidas  Artunduaga  suscitada a raíz de  los   reclamos   que   FABIO  ARTUNDUAGA  le    hiciera    a    Miller;  el  motivo  de  tales  reclamos;  la  amenaza  de que fue víctima  Miller  Salinas  por parte de  FABIO,   y   la   hora  de  ocurrencia  del  hecho,  para  concluir  “sin mayores  consideraciones  ni ninguna operación lógica e inductiva ni deductiva ni mucho  menos  expresión  alguna  sobre  el  necesario  nexo o conexión con el hecho a  probar”,  en la existencia de los indicios y deducir  las  exigencias  del  artículo  247 del Código de Procedimiento Penal entonces  vigente, para edificar una sentencia condenatoria.   

          El  Tribunal  se  limitó  a hacer mención de aisladas evidencias y  circunstancias    fácticas    que    de    ninguna   manera   y   mucho   menos  “necesariamente”  confluyen  hacia  el  hecho  desconocido “¿quién  mató  a  Parra  Córdoba?”,  de  donde  concluye que el fallador supuso la prueba indirecta sobre la que edificó  la condena.   

          Aun  cuando la que se ataca es la sentencia de segunda instancia, el  cargo  es extensible a la de primer grado, pues no obstante el esfuerzo del juez  por  agotar  en mejor forma su función, “su fallo se  tornó  en  copioso  acto de confrontación con vocero y defensor y en exagerada  respuesta  a  lo  alegado  por  estos  en la audiencia, valiéndose para ello de  extraídas  citas fragmentarias de otros medios probatorios que de por sí no le  ofrecían   convicción   ni  certeza,  para  edificar  con  ellos  hipotéticos  indicios,  lo  que  no  obstante rotular bajo acertada denominación doctrinaria  (“indicio  grave  de  móvil  o  motivo  para cometer el delito”; “indicio  grave  de  manifestaciones  o circunstancias sucedidas antes de la comisión del  delito”;   “indicio  grave  de  oportunidad  para  delinquir”,  etc.),  se  quedaron  sencillamente  en  eso:  en  mera  enunciación o nombre. Su atribuida  “gravedad”,  en  tanto igual quedó en la pura literaria denominación, más  no  se  dijo,  crítica  y analíticamente, de dónde fluía ni con qué valor o  crédito probatorio”.       

         

          Sometidos  los referidos indicios a la crítica individual y global,  se  advierte  que  en  todos  los  casos los aparentes hechos indicadores de que  parte  el  sentenciador,  además  de no soportar un valor probatorio suficiente  respecto  al hecho por conocer, tampoco consultan nexo causal alguno que pueda y  permita unirlos a tal investigado hecho.   

          En    relación   con   el   enunciado   indicio   de   “Móvil  para  cometer  el delito”, que  el  fallador  hace  consistir  en  la  enemistad  que desde tiempo atrás venía  presentándose  entre  el  procesado  y  Miller Salinas  Rojas   debido  a  la  quema  de  unos  cafetales  del  procesado  y  la  utilización  de  pastos  de  éste,  enemistad en la cual resulta involucrado el hoy occiso  por  su  amistad  con Salinas,  argumenta  el  censor  que  aunque procesalmente se encuentran acreditados tales  hechos,  no  está  demostrado  que  el deterioro de las relaciones entre ellos,  haya    revestido    los    caracteres    de   una   verdadera   “enemistad”   ,   y   mucho   menos  que  determinara  la  muerte de los contrincantes. Ninguno de los testimonios tenidos  en  cuenta  por  el  fallador refieren que tales hechos hayan sido de ocurrencia  cercana  o próxima y concomitante con el fallecimiento violento de Parra  Córdoba, como tampoco que el enojo  de    ARTUNDUAGA   hubiese  generado  determinantemente  motivo  para “asesinar a  nadie”.   

          En  cuanto al indicio de “Manifestaciones  o  Circunstancias  sucedidas  antes  de la comisión del delito”, sostiene  el  libelista que aunque las circunstancias de donde parte  el  juzgador  son  ciertas,  pues en la riña suscitada en el establecimiento de  Leonidas       y       en       la      cual      participaron      ARTUNDUAGA,  Salinas,  Parra  y  otros, el  procesado  manifestó a Salinas: “mire Miller a mi me  ha  dado lástima hacerlo matar o matarlo ya”, empero  estas   situaciones   ocurrieron   entre   ARTUNDUAGA  y    Salinas,  no  con  Parra,  quien  aunque  participó  en  la  reyerta, lo hizo en forma transitoria, mas no  como protagonista.   

          Agrega   que  en  este  indicio  el  juez  repite  la  elucubración  subjetiva,   según   la  cual  ARTUNDUAGA  optó  por  matar  a  Parra por      la      amistad      de      éste     con     Miller,  determinado  por  la  riña. Y en  cuanto   a   la   manifestación   hecha   por   el   procesado  a  Salinas   y   que   el   juez  toma  como  “amenaza      de     muerte”,     insiste  que  la  misma  no  se dirigió al hoy occiso y que si esta  circunstancia  se  convierte  en hecho indicador de que el autor de la muerte de  Aldemar  fue ARTUNDUAGA, y con  ese  sencillo tratamiento conduce al indicio, “en tal  caso  habrá  que  decirse  que  también  lo  es  en  contra  de la Policía de  Saladoblanco,  por  cuanto  también aparece en el proceso que Melquicidec Rojas  bajo    juramento    sostuvo   que   ‘Aldemar  se  les  soltó a la Policía y en eso un policía disparó  hacia  el piso (…) Aldemar salió renquiando y entonces la policía decía que  le  hicieran  el  otro y que lo mataran’”   

          Concluye    este    punto   señalando   que   tan   “aberrante  y  absurdo”  es  sostener que  existe indicio en uno como en otro evento.   

          Respecto  al tercer indicio esgrimido en la sentencia, esto es el de  la   “Oportunidad  para  delinquir”  ,   dice   que   el   argumento   del  fallador  es  incongruente  y  contradictorio,  pues sostiene que está probado que el acusado se encontraba en  su  casa de habitación en la vereda Pirulinda de Saladoblanco para la noche del  19  de  marzo  de  1995  a  eso  de las 9:30 y 10:00 p.m., de donde es imposible  inferir  que  al  mismo tiempo estaba en otro sitio, por cercano que sea, razón  por  la cual este indicio degenera en “mera ideación  o especulación”.   

          Por   último,   en   relación   con  el  indicio  derivado  de  la  “Capacidad    para    delinquir”    que  fluye  en  la  sentencia  de  la circunstancia de haber sido el  procesado  sentenciado  por lesiones personales, aduce el libelista que desde el  punto  de  vista  de  la  doctrina,  se  tiene como insuficiente para erigir una  predisposición  a  delinquir  una  única  sentencia,  pues  para  que ello sea  posible  se  requiere  que  lo  haya  sido,  en  términos generales, por varios  delitos.   

          De   otro   lado,   dejó   de   lado  el  fallador  “la  circunstancia  estadística  y especial, notoria y públicamente  conocida  en  nuestra  medio, como característica sui generis de los habitantes  de  los municipios del sur del Huila, campesinos todos, de haber enfrentado como  mínimo una condena por el delito de lesiones personales”.   

                Tales   factores   tornan  la  circunstancia  en  hecho  exageradamente contingente y por lo mismo imposible de  constituir indicio.   

          Finaliza  el cargo, señalando que el error endilgado a la sentencia  es  tan  ostensible  y notorio que la casación se impone procedente, por cuanto  además  en  el fondo el yerro implica indebida interpretación de los preceptos  contenidos  en los artículos 300 a 303 y 247 del Código de Procedimiento Penal  entonces vigente.   

          Cargo subsidiario   

          Se limita a la siguiente manifestación:   

“Con  fundamento  en  lo  planteado  en  precedencia  y  por  estimar  que  igual da lugar a pregonar error de hecho, por  falso  juicio  de  identidad  -ante  la  evidente  y  ostensible distorsión y/o  tergiversación  de  la  sentencia  atacada  en  la  estimación  del  contenido  probatorio-  ,  subsidiariamente  formulo  cargo de este carácter, en base a la  misma  primera  causal prevista en el artículo 220 del Código venido en cita y  de  conformidad  con  la  prerrogativa ofrecida en el inciso final del artículo  225 ibidem”.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

Cargo principal.  

El  Procurador  Segundo Delegado en lo Penal  empieza  por   citar  textualmente  lo pertinente de la decisión proferida  por  esta  Sala  el 27 de noviembre de 1996 con ponencia del Magistrado Fernando  Arboleda  Ripoll, en punto de las valoraciones indiciarias en sede de casación,  así  como  el  criterio  reiterado de esa Delegada, para anotar que en rigor de  técnica  no  es  posible  que  el  cargo aducido en este caso tenga prosperidad  alguna  como quiera que el censor no puntualiza la censura en uno de los niveles  de  construcción  del  indicio,  sino  que  se dedica a cuestionar indistinta y  entremezcladamente  las pruebas de los hechos indicadores, la inferencia lógica  y  el  valor  de  la  prueba  indirecta  respecto  a la conexión con el hecho a  probar, sin desarrollar ninguna de las críticas.   

          Considera  el  Procurador  que el error de hecho por falso juicio de  existencia  por  suposición  en materia de indicios, debe referirse a la prueba  que  soporta  el  hecho  indicador,  cuando  no tienen existencia material en el  proceso,  supuesto  que  no se evidencia en el caso a estudio, pues el censor al  referirse  a cada una de las valoraciones indiciarias, reconoce la existencia de  la  prueba  que  sustenta  el  hecho  indicador,  desplazando  el  reproche a la  inferencia lógica.   

          Lo  que  el  casacionista  pretendía  mostrar con las críticas que  hace  a los distintos indicios, es que entre hecho indicador y hecho indicado no  hay  ningún  hilo  conductor,  es  decir,  que  no  existe un vínculo entre lo  fenomenológico  y  la  conducta  humana  investigada,  pero  en el libelo no se  precisa de qué manera.   

          Así  las cosas, agrega, correspondía al censor plantear la censura  con  fundamento  en  un error de hecho por falso juicio de identidad, respecto a  la   prueba   indiciaria   en   punto  de  la  inferencia  lógica,  acreditando  puntualmente   que   el  fallador  atropelló  la  reflexión  y  el  raciocinio  transitando  por vías conjeturales o de irracionalidad, o de desconocimiento de  la  sana  crítica,  pero  identificando  cuál de las reglas o ejercicios de la  experiencia, la ciencia o la lógica pretermitió el juzgador.   

          También   se   puede   atacar  este  estadio  de  la  construcción  indiciaria,  cuando se evidencia que el juzgador hace imputaciones con criterios  de  responsabilidad objetiva en tanto que la imputación indiciaria debe apuntar  a  la  responsabilidad  penal.  Para  cuando  se presenta esta circunstancia, el  error  de hecho por falso juicio de identidad se debe demostrar evidenciando que  la   valoración   indiciaria   no   expresa   el   aspecto   subjetivo   de  la  conducta.   

          Como  ninguno de los lineamientos en materia de impugnación en sede  de  casación  de las valoraciones indiciarias siguió el libelista, sugiere que  se declare el fracaso del cargo.   

          Cargo subsidiario   

          Para  el  Procurador  no  requiere  mayor  esfuerzo  concluir que el  ataque  bajo este cargo se torna ineficaz por carecer de fundamentación, lo que  hace  que  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad que recae sobre las  sentencias quede incólume.   

          Cuando  se  propone  un cargo de manera subsidiaria, debe entenderse  que  se  refiere  a  un  aspecto  diferente y excluyente del que se trató en el  cargo  principal,  ya  que  su  estudio  se  reserva para el evento de que aquel  fracase,  así entonces no es viable desde ninguna perspectiva que el demandante  remita   a   las  argumentaciones  del  cargos  principal  para  estructurar  el  residual.   

          Concluye  sugiriendo  desestimar los cargos propuestos en la demanda  y en consecuencia no casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Cargo principal.   

          Bajo  este  cargo alega el casacionista que el fallador incurrió en  un  error  de hecho consistente en un falso juicio de existencia, al suponer los  indicios que sirvieron de sustento al fallo de condena.   

Sea lo primero recordar que el indicio es un  medio  de  prueba que permite el conocimiento indirecto de la realidad; como tal  presupone  la existencia de un hecho indicador que debe encontrarse demostrado a  través  de  cualquiera  de  los  medios  probatorios  autorizados  por  la  ley  procesal,  del cual es deducible la existencia de otro hecho mediante un proceso  de inferencia lógica.   

Por ello, como en reiteradas ocasiones lo ha  señalado  la  Sala,  la  técnica  requerida  para el ataque dirigido contra la  prueba  indiciaria reclama que, coherente con la estructura lógica de la misma,  la  censura  se oriente hacia cualquiera de los momentos de su construcción, es  decir,  a  los  elementos  de  convicción que soportan el hecho indicador, a la  operación  mental de inferencia del dato indicado o a la estimación individual  o  conjunta de su poder suasorio, por lo que ha menester de parte del recurrente  el  señalamiento  de cuál de estos pasos es el que se duele del error, de qué  especie  es,  pues eventualmente podrían ser de diversa naturaleza, y cómo por  su  incidencia  en  el fallo se obtuvo una decisión que debe ser remplazada por  otra  que  rinda  homenaje  a la legalidad, lo que en esencia constituye el tema  central  de  la  casación  (Cfr.  Casaciones  de  mayo 30/96, M.P. Dr. Fernando  Arboleda  Ripoll,  abril  17/97  y  febrero 26/98, M.P. Dr. Jorge Aníbal Gómez  Gallego, entre otras). En este último pronunciamiento, se expuso:   

“(…) importa recordar que cuando se trata  de  atacar  en  casación la prueba indirecta o circunstancial (…) la Corte de  manera  reiterada  ha señalado que, atendida la estructura lógica del indicio,  la  censura  puede  dirigirse  hacia  cualquiera de los distintos momentos de su  construcción,  ya  sea  en relación con la prueba sostén del hecho indicador,  ora  respecto de la operación mental de inferencia del dato indicado, o bien de  la  valoración  individual  o  articulada  de su poder persuasivo; sólo que es  preciso  concretar  en la demanda en cuál de esos momentos diversos se presenta  el  yerro  y  de qué tipo es éste, si de hecho, por falso juicio de existencia  -resultante  de  la  omisión  o suposición del elemento constitutivo del hecho  indicante  o indicador- o por falso juicio de identidad -debido a la distorsión  del  contenido  fáctico de la prueba que soporta aquella premisa del indicio, o  por  haberse  desconocido las reglas de la sana crítica en la estimación de la  misma  o de la inferencia que surge del raciocinio lógico-; o si el error es de  derecho,  por  falso  juicio  de  legalidad,  como resultaría por ejemplo de la  demostración  del  hecho  indicante  con  una  prueba  irregularmente aducida o  incorporada al proceso.”   

Es  claro  que  el  soporte  de la condena a  FABIO   ARTUNDUAGA  CUELLAR  está  constituido  exclusivamente por prueba circunstancial o indirecta, que el  sentenciador   dedujo   de   los   denominados  indicios  del  móvil  o  motivo  determinante  del  delito;  de las manifestaciones o circunstancias anteriores a  la  comisión  del delito; de la oportunidad para delinquir o de presencia en el  lugar de los hechos, y de capacidad para cometer el delito.   

Veamos,  entonces,  cómo  se  desarrolla la  censura  de  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia frente a estas  probanzas:   

Indicio  de móvil o motivo para cometer el  delito.  El  Juzgado  lo cimentó sobre los siguientes  hechos indicadores, que fueron avalados por el Tribunal.   

La  enemistad  que  desde  tiempo  atrás se  suscitó   entre  ARTUNDUAGA  CUELLAR   y  Miller  Salinas,  “a  raíz de las  quemas  de  unos  cafetales  del  procesado  y la utilización de unos pastos de  éste  mismo”,  en  la  cual resultó involucrado el  occiso  Aldemar Parra Córdoba  por  los  estrechos  lasos  de amistad que le unían al último y además porque  también  él  había  utilizado abusivamente para sus semovientes los pastos de  propiedad del procesado.   

Toma  en  cuenta  además  “que   coincidentemente  la  muerte  de  Parra  Córdoba  se  produce  precisamente  cuando  se  dirige,  la noche de autos a soltar los semovientes de  él  y  de  su  amigo  Miller Salinas, en el potrero ubicado frente a la casa de  éste último”.   

Fincado  en  estos  hechos,  el sentenciador  consideró  que al acusado “lo podía mover el ánimo  de  arremeter  contra  el  occiso  Parra  Córdoba,  dado los aconteceres de esa  noche”, deduciendo en su contra un indicio de móvil  o motivo para cometer el delito.   

El  casacionista  acepta la ocurrencia de la  quema  de  los  cafetales  y  el  abusivo  uso  de  los  pastos de propiedad del  procesado  por  parte  de  Salinas,  así  como  el  evidente  deterioro  de las  relaciones  de  amistad entre éstos -ARTUNDUAGA y Salinas- y la evidencia de la  buena  amistad  entre  Salinas  y  Parra  Córdoba. Sin embargo niega que exista  soporte   probatorio   a  la  “enemistad”   que   el  fallador  extiende  a  la  pareja  ARTUNDUAGA-Parra,  hipótesis  que  califica  como “absurda y no resiste  la más mínima crítica”.   

A  este  respecto, el censor no demuestra el  alegado  falso  juicio  de  existencia  en  este  medio  de convicción, pues su  afirmación  negando  soporte  probatorio  para  deducir  la  enemistad entre el  procesado  y  la víctima se queda en el mero enunciado, desconociendo que sobre  el  punto  el  juzgador  de primera instancia citó abundante prueba testimonial  según se deduce del siguiente aparte de la sentencia:   

“De estas dos circunstancias nos da cuenta  Salinas  Rojas  cuando  dice  que  se  lo  pasaban junto con Miller, se ayudaban  mutuamente   y   ‘hasta  cambiaban  jornales’ (fl.  129);  e  igualmente  es el mismo ARTUNDUAGA CUELLAR, quien deja de presente los  inconvenientes  con  Miller  Salinas  a raíz de la quema de unos cafetales y la  utilización  de sus pastos con unos caballos (fl. 49 y 275 vto.), dentro de los  cuales  se  encontraban algunos de los semovientes de propiedad del occiso Parra  Córdoba,  como  lo  refiere la deponente Ana Velvi Parra Córdoba, al decir que  una  semana  antes de los hechos, Miller Salinas metió las bestias de él y las  de  su  hermano (el occiso), a un potrero de FABIO sin permiso (fl. 59); además  de  lo  anterior, la enemistad nacida en el procesado ARTUNDUAGA CUELLAR por las  circunstancias  antes  referidas,  era  ampliamente  conocida,  pues  a  ella se  refieren  varios  de  los  testigos,  como  son  María Betty Guañarita Polania  (esposa  de Abelardo Artunduaga Cuellar) (fl. 112), Ester Pizo Bermeo (fl. 114),  Jeremías   Parra   Rodríguez   (fl.   122)   y   Aminar  Parra  Córdoba  (fl.  55).   

“De  otra  parte, nótese cómo las malas  relaciones  entre  los hermanos ARTUNDUAGA CUELLAR y Parra Córdoba, se ponen de  presente  el  día  de los hechos y casi simultáneamente a la ocurrencia de los  mismos  cuando  Aminar Parra Córdoba se encuentra en la carretera que conduce a  la  vereda  Pirulinda  y  junto  al tanque de agua, con ABELARDO ARTUNDUAGA y se  insultan   mutuamente,   dando  cuenta  de  estas  circunstancias  los  testigos  Melquicidec  Rojas  Rojas  (fl.  77)  y  José  Aderdaninson  Castro  Pizo  (fl.  75)”.   

Tampoco  afirma  el  casacionista  que en el  análisis  de  este  indicio  el sentenciador hubiera incurrido en un equivocado  raciocinio  al  momento  de hacer la inferencia lógica o en una tergiversación  del  hecho  indicado, y menos demuestra que hubiera quebrantado las reglas de la  lógica, la ciencia o la experiencia en la ponderación del mismo.   

El  indicio  de  manifestaciones  o  circunstancias  sucedidas  antes de la comisión del delito,  el   Juzgado  lo  dedujo  de  los  siguientes  hechos  indicantes:   

La riña sucedida la noche del 19 de marzo de  1995  -fecha de los hechos- en el parque del casco urbano de Saladoblanco, de la  cual  salieron  lesionados FABIO ARTUNDUAGA CUELLAR y Miller Salinas Rojas, y en  la   que   intervino   el   occiso   Aldemar   Parra  Córdoba,  “enfrentándose    directamente    con    el   procesado   ARTUNDUAGA  CUELLAR”   

Frente  a esta específica circunstancia, el  Tribunal reflexiona así:   

“Se parte entonces, de un hecho cierto: en  el  establecimiento de Leonidas Artunduaga -tío del procesado-, se suscitó una  riña  a raíz de los reclamos que FABIO ARTUNDUAGA le hizo a Miller, en la cual  también  participó  el  hoy  occiso  Aldemar  Parra  Córdoba, Hernan Medina y  otros,  contienda  de  grandes proporciones, hasta el punto que los tres citados  resultaron lesionados (…)   

“La  pelea  la  iniciaron Miller y FABIO,  pero   luego   participó   activamente  Aldemar,  Melquicidec  Rojas  los  vió  ‘luchando’  -fl-30 vto- , y al tomar partido el  hoy  occiso  liándose  a golpes con FABIO, lo situaba también como contenedor,  entonces  ya  los ánimos exaltados era indiferente que la nueva agresión fuera  dirigida  contra  cualquiera  de  ellos, en este último caso contra Aldemar que  fue   quien  salió  de  la  casa  a  ‘soltar    las    bestias’, resultando infortunadamente muerto”   

Con  relación  a  esta prueba indirecta, el  libelista  se  limita  a  discutir  que la riña sólo se dio entre ARTUNDUAGA y  Salinas,  “no con el posterior occiso Parra Córdoba,  quien  si  bien tomó alguna participación en la reyerta -que fue múltiple- lo  fue  en  forma  secundaria o transitoria, mas no como principal protagonista”,  pero, como ocurre con el anterior indicio, no concreta  error  alguno  pues  no  especifica  si  su  desacuerdo se basa en la deficiente  demostración  del  hecho  indicante  o  en  presuntos  errores en el raciocinio  lógico  que  llevaran  a una equivocada inferencia lógica o a una apreciación  distorsionada  del hecho indicado o a un examen del indicio de espaldas al resto  de  la  prueba  y  sin  sujeción a las reglas de la sana crítica, todo lo cual  impide  a  la  Corte  identificar  los  hipotéticos  yerros  del sentenciador y  verificar  su  necesaria  demostración, así como la incidencia trascendente en  el fallo condenatorio.   

Alrededor   de   este  mismo  indicio,  el  demandante  critica  que  el  juzgador  haya  tenido  como  hecho  indicador las  amenazas  de  muerte  que  lanzó  ARTUNDUAGA  a  Salinas,  pues estas no fueron  dirigidas  a  Parra  Córdoba.  Pero  la  verdad  es  que este episodio no tiene  incidencia  en  la  concreción del verdadero hecho indicante que lo es la riña  sucedida  la  noche de los hechos y en la cual participó la víctima aliándose  a  golpes  con  el  procesado.  El  hecho  es  citado  así  en la sentencia del  Tribunal:   

“Ahora,  bajo  juramento  Miller  Salinas  informó  la  amenaza de que fue víctima por parte de FABIO y demás agresiones  mutuas  a  raíz  del reclamo justo de este, pero que no debió pasar a más. No  es  relevante  ahora,  establecer cuál de los dos inició la agresión física,  de  todas  maneras  se  liaron  a  puños  e  intervino  también el hoy occiso,  solidarizándose  así  con  su  amigo,  se  va  con él hasta su casa y de ahí  parten para la de Miller”    

La  critica  que  hace  el  demandante  al  indicio  de oportunidad para delinquir o presencia en  el  lugar  de  los  hechos  se concreta en una aparente  contradicción  en  que habría incurrido el juzgador al señalar de un lado que  para  la  fecha  y  hora  de  los hechos -19 de marzo de 1995 entre 9:30 y 10:00  p.m.-  el  procesado  se encontraba en su casa de habitación, y de otro, que se  hallaba  en  el  lugar  del  homicidio.  Sin  embargo,  dicha  contradicción se  descarta  de  plano de una lectura integral de las reflexiones del Juzgado y del  Tribunal  alrededor del punto. En la sentencia de primera instancia se consignó  así:   

“(…)  está  probado  que  el  acusado  ARTUNDUAGA  CUELLAR  se  encontraba  en  su  casa  de  habitación  en la vereda  Pirulinda  de  Saladoblanco (H), para la noche del 19 de marzo de 1995, a eso de  las  9:30 o 10 p.m. (…). Así mismo se estableció con la inspección judicial  que  de  la  casa  del  procesado  ARTUNDUAGA  CUELLAR,  ubicada  en  la  vereda  Pirulinda,  a  la  casa  de  Miller Salinas Rojas, donde se encontraba el occiso  Parra  Córdoba la noche de autos, hay una distancia de sólo 400 metros, según  el  croquis (fl. 265), advirtiéndose que viajando del municipio de Salaboblanco  (H)  hacia  el  municipio  de  Pitalito  (H),  primero  se encuentra la casa del  procesado  ARTUNDUAGA  CUELLAR (fl. 265), circunstancia que agregada al hecho de  que  el  enjuiciado  ARTUNDUAGA  CUELLAR conoce perfectamente la topografía del  sector,  pues  reside  en  ella  de  tiempo  atrás, le permitió fácilmente su  desplazamiento  la  noche  de  autos;  debiéndose resaltar en este acápite que  tampoco  resulta  sólida  la  argumentación  de  ABELARDO ARTUNDUAGA CUELLAR y  José  Aderdaninson  Castro  Pizo, cuando tratan de justificar su permanencia en  la  carretera  aduciendo un desperfecto en la motocicleta (…), el perito dejó  constancia   que  se  encontraba  en  ‘perfectas       condiciones      de      funcionamiento’ (…)   

“Además de lo anterior, nótese como a la  altura  de  los  tanques,  donde  también  estaban ubicados ABELARDO ARTUNDUAGA  CUELLAR  y  José  Aderdaninson Castro Pizo para la noche de autos (fl. 265), el  croquis   señala,   sobre   la  margen  derecha  de  la  carretera  en  sentido  Saladoblanco-Pitalito  (H),  un camino o brecha, que conduce al cerco de alambre  (…),  desde  donde  le  fue  hecho  el disparo, por la espalda al occiso PARRA  CORDOBA  a  una  distancia  aproximada  de  3  metros,  que facilitó la acción  homicida”             

El  Tribunal aclara el meollo del asunto con  la siguiente afirmación:   

“Ahora, nadie mencionó la hora exacta de  la  ocurrencia  del hecho, se dice que fue entre 9:30 y 10 de la noche, la misma  hora  en que aluden los vecinos que FABIO llegó a acostarse y dada la distancia  existente  entre  la  casa  de Miller y la de este, tuvo tiempo de regresar a su  casa,    luego    de    cometer   el   delito…”   (fl.   14   cuaderno   del  Tribunal.)   

Finalmente,    está   el   indicio    de    la    capacidad    para   delinquir   que  el  Juzgador  de  primera  instancia  construye  a partir de la  circunstancia  acreditada  de  una  condena  anterior contra el procesado por el  delito  de  lesiones  personales, aspecto frente al cual aduce el demandante que  una  única  sentencia  es  “insuficiente para erigir  una   ‘predisposición  a  delinquir’” , porque de  acuerdo  con  doctrina  aceptada,  “para que ello sea  posible  se  requiere  que  lo  haya  sido,  en  términos generales, por varios  delitos”.   

Pero  su  discurso  se orienta únicamente a  cuestionar  el  medio  probatorio en forma global, sin destacar ningún error en  su  construcción  y  anteponiendo, eso sí, su particular interpretación de la  inferencia  pero  desconectada del resto del acervo probatorio, olvidando que la  apreciación  de este indicio por el Tribunal se hizo en conjunto con los demás  ampliamente analizados, cuando reflexiona así:   

“Como  antes se  consignó,   los   indicios   deben   interrelacionarse  para  poder  sacar  una  conclusión  probatoria  y unidos los tres anteriores, ampliamente analizados en  la  sentencia  revisada,  más  el  de  capacidad para delinquir, que en ningún  momento  se  ha  tenido como presunción de hecho, mucho menos de derecho, en la  sentencia  condenatoria  sino deducido ‘de   aquellos   comportamientos   o  actuaciones  del  acusado  que  demuestran     su     aptitud     para     perpetrar    el    delito’,  como  quiera que también vulneró  en   aquella   oportunidad   el   bien  jurídico  de  la  integridad  personal,  aprovechando  la  nocturnidad y con idéntica disculpa, no haberse enterado sino  hasta el día siguiente de lo acaecido”   

No puede olvidarse que la apreciación de los  indicios,  por  imperativo  legal,  debe  hacerse  en  conjunto,  de  cara  a su  gravedad,  a  la  concordancia  de los hechos indicadores y a la convergencia de  las  deducciones  (artículo  303  del decreto 2700 de 1991 y 287 del Código de  procedimiento  Penal  vigente), y no por el desasido método de cuarteamiento de  la  prueba  y  de  valoración  aislada  de  cada hecho indicante, como en forma  infructuosa lo hizo el censor en la demanda.   

          En  materia  de  casación, fundada en la violación indirecta de la  ley  sustancial,  por  errónea  apreciación  de la prueba indiciaria, también  rige  el  principio  lógico  de  la razón suficiente, según el cual la verdad  posible  del  demandante  sólo  se perfila si enuncia correctamente la realidad  objetiva  de  sus juicios; es decir, si identifica cuál es el tramo lógico del  indicio  al cual dirige sus críticas y la clase de error que le imputa, porque,  se  repite, resulta asaz diferente la censura en tratándose de vicios objetivos  en  la  estimación  de  la prueba directa soportadora del hecho indicador, o de  vacíos  protuberantes en la consideración de las reglas de la experiencia, los  principios  de la lógica o de la ciencia al momento de abordar la “inferencia  lógica”,  o  de  errores  de  la  misma  especie  en  el  examen  del mérito  individual  y  después  en conjunto de los indicios; claridad argumentativa que  soslayó el impugnante en su demanda de casación.   

El cargo no prospera.  

Cargo subsidiario  

Bajo este cargo, el demandante alega un error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad “ante la  evidente  y  ostensible  distorsión   y/o  tergiversación de la sentencia  atacada  en  la estimación del contenido probatorio”  y  se  remite  a  la  fundamentación  planteada  “en  precedencia”,  olvidando que en esta sede cada cargo  es  independiente  y  requiere  una  fundamentación  propia  a fin de poder ser  considerado.   

La total ausencia de fundamentación impide a  la  Corte  identificar  los  hipotéticos yerros del sentenciador y verificar su  necesaria  demostración,  así  como  la  incidencia  trascendente  en el fallo  condenatorio.   

Por ello, sin mas argumentaciones, se rechaza  el cargo.   

Si  bien  el  Juez  de  primera  instancia  provisionalmente  redosificó la pena para efectos de la libertad solicitada por  el  procesado,  como  no  prospera  la casación, en definitiva será el Juez de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  quien  considere  la  eventual  favorabilidad  por  el tratamiento punitivo más benigno del nuevo Código Penal  para  el  delito  de  homicidio,  de  acuerdo  con la previsión contenida en el  artículo  79,  numeral 7º del nuevo Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000).   

   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

R E S U E L V E  

No casar la sentencia recurrida.  

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

                  ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS           CARLOS  A.  GALVEZ  ARGOTE                

JORGE        ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO                 EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO               

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                  NILSON PINILLA  PINILLA                        

Teresa Ruíz Nuñez  

Secretaria  

   

    

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