12223(18-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 12223  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 44  

         Bogotá,   D.   C.,   dieciocho  (18)  de  abril  de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia del seis de febrero  de  1996,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Fredonia (Antioquia) declaró al  señor  Néstor  de  Jesús Bedoya Bedoya  penalmente  responsable  del  delito  de  homicidio, le impuso la  sanción  principal  de 25 años de prisión, las accesorias de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas y prohibición de ingerir bebidas alcohólicas  por  diez  y tres años, respectivamente, la obligación de pagar los perjuicios  causados y le negó la condena de ejecución condicional.   

         Recurrida   esa  decisión  por  el  acusado  y  su  defensor,  fue  confirmada  por el Tribunal Superior de Antioquia el 22 de abril del mismo año.  El  apoderado  interpuso  recurso  de  casación,  fue  concedido  y  la Sala se  pronuncia  de  fondo  sobre  el  mismo,  luego  de  obtenido concepto del Señor  Procurador Tercero Delegado en lo Penal.   

HECHOS  

         Desde  aproximadamente  las  seis de la tarde del cinco de abril de  1995,  Néstor  de  Jesús  Bedoya Bedoya  estuvo  ingiriendo licor en diversos establecimientos de Fredonia  (Antioquia)  y  a  eso  de  las  once  de  la noche ingresó a uno ubicado en el  parque;  de  un  momento  a otro salió a la calle y se puso a perseguir a otras  personas;  a  los  pocos  minutos,  JUAN  DAVID VANEGAS LEÓN ingresó al bar y,  detrás  de  él  lo  hizo  Néstor Bedoya.  Luego  de  ser  escuchada  la  expresión  “¿y  entonces  qué?”,  el  último  propinó al primero tres heridas con arma blanca, que le  causaron  la muerte, tras lo cual subió a un bus que conduce y dentro del mismo  fue capturado a la 1:30 de la mañana siguiente.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         Iniciada  la  correspondiente  investigación  (fl.  4), se oyó en  indagatoria   a   Néstor  de  Jesús  Bedoya  Bedoya  (fl. 8), a quien se resolvió su situación jurídica  (fl.  27)  y,  luego de clausurada (fl. 95 vuelto), el tres de agosto de 1995 se  lo  acusó  por  el  delito de homicidio (fl 101), decisión que, recurrida, fue  confirmada  por  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Antioquia el  19 de septiembre del mismo año (fl. 134).   

         El  Juez  Penal  del Circuito de Fredonia profirió la sentencia de  condena  ya  reseñada  (fl. 159), la que, apelada, dio lugar a la confirmatoria  del Tribunal Superior de Antioquia.   

LA DEMANDA  

         El  defensor  formula  un  cargo al amparo de la causal primera por  cuanto  la  sentencia  violó  de  manera  indirecta el artículo 33 del Código  Penal  de 1980 por error en la apreciación de la prueba testimonial y pericial,  al   darse  “plenitud  de  crédito”  a  la  última  y  “desestimarse  el  cúmulo”  de  la  primera, que de recibirse e interpretarse de manera adecuada  “hubieran  conducido inexorablemente a la absolución”, pues demostraron que  el  sindicado  fue afectado transitoriamente por el alcohol y perdió el control  de  sus  actos,  los que realizó sin conciencia ni voluntad, y como el dictamen  afirma  lo  contrario “es omnipotencia científica desmedida”, en tanto que,  por   admitirlo,   el   funcionario   incurrió   en   “yerro   de  reverencia  acrítica”.   

         En  esas  condiciones, solicita se case la sentencia y se reemplace  por una absolutoria.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

         El  Procurador  solicita no casar la sentencia porque la demanda no  demuestra  por  qué  se  apreció  en  forma  errada  la prueba, cuál el error  manifiesto  y su trascendencia, ni cómo se dejaron de apreciar los testimonios.  Por  lo demás, agrega, la prueba pericial es la más idónea para determinar el  estado  mental  del  sindicado, la cual en forma fundada explicó que la alegada  “laguna  mental”  no  incide  en  los  aspectos  cognoscitivo y volitivo del  sujeto  para  actuar  en un momento determinado, sin que los declarantes, por no  tener  conocimientos  científicos,  puedan  probar lo contrario, además de que  aquél  se  valoró  conforme  a  las  reglas  de  la  sana  crítica  y  no  se  desconocieron los testimonios.   

CONSIDERACIONES  

         1.  El  demandante  invoca  la  causal  primera, cuerpo segundo, al  acusar  a la sentencia de violar de manera indirecta el artículo 33 del Código  Penal  de  1980,  como  consecuencia  de  “error  en  la  apreciación  de  la  prueba”, tanto testimonial como pericial.   

         Cuando  se  acude  a esa censura, es carga del actor precisar si el  yerro  en  la valoración de los elementos probatorios es de hecho o de derecho,  y,  por  lo  primero,  especificar si obedeció a un falso juicio de existencia,  identidad  o raciocinio, en tanto que por lo segundo debe dilucidar si se dio un  falso  juicio  de legalidad o de convicción. Con nada de esto cumple el censor,  porque   de   manera   genérica   se  limita  a  decir  que  un  “cúmulo  de  testimonios”  no  se recibió ni interpretó adecuadamente, sin individualizar  cada uno de ellos ni los apartes desestimados.   

         2.  La  afirmación  de  que  a  un  dictamen  pericial  se  le dio  “plenitud   de   crédito”   hace   referencia  al  proceso  de  valoración  probatoria,  que  bien  puede  surgir  de  un  falso juicio de identidad o de un  errado  raciocinio,  sin  que  la  Sala, en virtud del principio de limitación,  pueda  dilucidar por cuál de ellos quiso optar el demandante, además de que no  demostró,  como  era su deber, con las citas textuales respectivas del concepto  médico  y  del  fallo,  que  el Tribunal distorsionara los alcances del estudio  científico,  o  que  vulnerara los principios de la sana crítica, como tampoco  reseñó,  ni  siquiera  insinuó,  las  reglas  de  la  lógica, máximas de la  experiencia y aportes de la ciencia que desconoció el juzgador.   

         3.  El  desarrollo del cargo, por otra parte, lo que hace es oponer  una  personal forma de apreciación del dictamen pericial a la realizada por los  fallos  de  instancia,  sin que el impugnante pruebe en qué consistió el yerro  judicial,  pues  una  demostración  en  tal  sentido  no puede ser su subjetiva  conclusión,  sin  soporte  alguno,  de  que  como  el perito no aseveró que el  sindicado  actuó  por  trastorno  mental  transitorio,  su  análisis  raya  en  “omnipotencia científica desmedida”.   

         4.  Respecto  del  “cúmulo  de  prueba  testimonial”  el actor  asevera  que  fue  “desestimada”  y  “no se recibió”, lo que traduce un  falso  juicio  de  existencia, que nace precisamente cuando la sentencia incurre  en   una  omisión  material  en  relación  con  el  medio  probatorio,  porque  existiendo  no  es  apreciado. Luego, a renglón seguido, el actor acota que las  declaraciones  no  fueron “interpretadas adecuadamente”, lo cual infringe el  principio  lógico de no contradicción, porque o bien se omitió la valoración  de  las  versiones  las versiones, o fueron atendidas pero de manera equivocada.  Por  lo  demás,  si  en  ello se pensaba, una percepción inadecuada debía ser  postulada  como  falso  juicio  de  identidad, o de raciocinio, tarea que no fue  cumplida,   pues  que  tampoco  se  habría  probado  en  qué  consistieron  la  distorsión  o  la  infracción  a  la  sana  crítica,  ni  se determinaron las  declaraciones objeto de queja.   

         5.  Además  de  las  evidentes falencias técnicas, tampoco asiste  razón  en  el  fondo  del  reproche,  porque  los  fallos  de primera y segunda  instancias,  que  en  el  punto  cuestionado  conforman unidad inescindible, sí  estimaron,  de manera conjunta y no aislada como afirma el defensor, el concepto  pericial  y  los  testimonios,  para  concluir  que  si  bien  el sindicado  padeció   de  “laguna  mental”,  ello  no  lo  colocaba  en  condición  de  inimputable,  con  lo que, de una parte, se desvirtúa el cargo referente a  que  los últimos no fueron apreciados, y, de otra, se observa que los análisis  judiciales,  en  contra  de lo que se argumenta, sí respetaron las reglas de la  sana  crítica,  como que en forma razonada analizaron los aspectos tratados por  las  pruebas  y  los motivos para concederles, o no, eficacia, para concluir que  el  hecho  no  se  cometió bajo los efectos de trastorno mental, inferencia que  fue  producto  del  estudio  judicial  y  no  de  un “acatamiento ciego” del  concepto médico.   

         Repárese   cómo  el  juez  de  primera  instancia  llegó  a  esa  conclusión  a  partir  del  proceder del sindicado, que “rememora en la fecha  del  hecho  los  establecimientos  de  cantina  donde  estuvo, los amigos que lo  acompañaron,   el   licor   aproximado   que  consumió”,  así  como  de  su  “comportamiento  posterior”,  que  consideró incompatible con el de quienes  “se  encuentran  en situación de inimputabilidad a causa del alcohol”, y la  elección   de  la  “zona  anatómica  vulnerada  y  la  reiteración  de  los  golpes”,  con  base  en  lo  cual  dedujo  que  “Este  comportamiento  no es  predicable  de  quien  al  momento  del hecho punible padece un trastorno mental  transitorio  que  impida  conocer  la naturaleza de su conducta o de comportarse  adecuadamente con dicha comprensión” (fl. 167).   

         Con   tales   premisas,   el  juzgador  consideró  acertado  “el  experticio  forense”,  que para ubicar al acusado dijo que “se encontraba al  momento  del  hecho  bajo  los  efectos de una embriaguez aguda y voluntaria, en  donde                  ‘eventualmente’,   como   reza   el   dictamen,   pudo   darse   la   ‘amnesia      lacunar’”,  esto es, que no se descartó la  “laguna  mental” pregonada por sindicado y testigos, sino que el funcionario  concluyó,  y  en  ello acogió el concepto médico, que ella no desvirtuaba que  en   el   momento   del   delito   existiera   capacidad   de   comprensión   y  determinación.   

         El  Tribunal  tampoco  descartó  la  prueba  testimonial.  Por  el  contrario,  apoyado  en  lo  por  ella  referido,  concluyó  que  la ingestión  alcohólica  “no  fue  muy  copiosa”  (fl. 198) y, a partir de allí estimó  “de  completo recibo la consideración hecha por el perito siquiatra”. Así,  no  hubo una actitud irreflexiva de acatar un concepto médico, ni fue el único  elemento  de  juicio analizado sobre el particular, máxime que más adelante el  Ad  quem  afirmó que analizadas “algunas manifestaciones o actuaciones” del  sindicado,  con  base en lo relatado por sus compañeros GERARDO VALENCIA, RAÚL  MEJÍA,  HERNÁN  ZAPATA,  JORGE  RAMÍREZ  y CARLOS SERNA se llegaba a la misma  deducción  (fl.  199), esto es, que las declaraciones que la defensa asevera no  se  valoraron,  fueron  uno  de  los  soportes  a  partir de los cuales el fallo  censurado   descartó   la  pretendida  inimputabilidad.  Y  a  esa  conclusión  igualmente  se  arribó con fundamento en “las condiciones tanto físicas como  mentales  que  Bedoya  Bedoya  exhibió  en  los  instantes  concomitantes, como  subsiguientes al homicidio” (fl. 200).   

         6.  Por  lo  demás,  establecer  el  estado de salud mental de una  persona    al   momento   del   hecho   requiere   “conocimientos   especiales  científicos”,  de donde surge que la prueba pericial es bien importante sobre  el  punto  lo  cual no significa que sea la única y exclusiva pues, como sucede  en  este  expediente,  el  juez  puede  soportar sus conclusiones en esa y otras  pruebas.   

         7.  Finalmente,  cabe decir que también yerra el demandante cuando  formula    su    pretensión    absolutoria   con   base   en   la   hipotética  inimputabilidad    pues   que  este  fenómeno  no  implica  necesariamente  inocencia  o  ausencia  de  responsabilidad.  Pedir,  entonces,  declaratoria de  inimputabilidad  y  por  ello,  sin  más, declaración de irresponsabilidad, es  contradictorio  pues  la  primera  lleva  ínsita la responsabilidad, así sea a  mero título de objetiva o anómala.   

         En  consecuencia,  como  concluye el Procurador Delegado, no asiste  razón al demandante, lo que lleva a no casar la sentencia.   

         En  consideración  a  que  el  fallo  no  se  casa,  el  juicio de  favorabilidad  que  pueda  presentarse  ante  la  entrada  en vigencia del nuevo  Código Penal corresponde al juez de ejecución de penas.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         No  casar  la  sentencia  impugnada por el defensor de Néstor       de       Jesús       Bedoya       Bedoya.   

         Devuélvase y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                     No hay firma   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

NILSON E. PINILLA PINILLA  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

         

    

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