12228(19-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 12228  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado acta No.102   

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     FERNANDO    E.    ARBOLEDA  RIPOLL   

Bogotá,  D.  C., diecinueve de julio del dos  mil uno.   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  contra  la sentencia de 28 de marzo de 1996, mediante la  cual  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  condenó  al  procesado   JORGE  OSWALDO  ROSERO  ERAZO  a  la pena principal de 36 meses de prisión y multa de doscientos  mil  pesos,  como  autor  responsable  del  delito  de  estafa,  agravada por la  cuantía.   

Hechos  y  actuación  procesal.   

En  el mes de agosto de 1992, en la ciudad de  Bogotá,  Jorge  Oswaldo  Rosero  Erazo,  vendedor  de  la  empresa  de  aceites  y  grasas Gravetal S. A., se  presentó  al  granero San Francisco de propiedad de Henry Oviedo Lozada, con el  fin  de  ofrecerle  sus servicios, y manifestarle que por intermedio suyo podía  obtener  descuentos  especiales  sobre  mercancías  que  la  empresa despachaba  facturadas  con  destino  a   mayoristas  de Abastos, y que eran devueltas,  generalmente  porque  los  clientes no podían hacer el pago en forma inmediata.  Que  como  en estos casos no se justificaba devolver la mercancía a la empresa,  podía  vendérsela,  al  mismo  precio  ofrecido  a  los mayoristas, sin mediar  facturas,  puesto  que  las  mismas  quedaban  a nombre de la persona que había  solicitado  el  pedido,  con  la  condición  de  que  el  pago  se  hiciera  en  efectivo.     

Un  mes después (septiembre de 1992), Rosero  Erazo  se  presentó  de  nuevo  al  negocio  de  propiedad de Oviedo Lozada, en  compañía    de    su    esposa    Lucía   Velasco  Ocampo,  para  ofrecerle  un  cargamento supuestamente  devuelto  por uno de los clientes de ABASTOS, con un descuento especial del tres  por  ciento  (3%).  Ante  las  ventajas del ofrecimiento, Oviedo Lozada decidió  hacer  la  negociación,  y desde entonces, hasta junio de 1993, realizó tres o  cuatro   compras  más,  en  similares  condiciones,  por  valor  aproximado  de  $16’000.000.oo.   

En  virtud  de  una  investigación  interna  realizada  por  la  empresa,  a  raíz  de  la  queja formulada por Carlos Julio  Rodríguez  Mesa,  vendedor  de  la  zona  a la cual correspondía el granero de  propiedad  del  señor  Oviedo  Lozada,  quien casualmente presenció una de las  entregas  realizadas  en  el  citado  negocio por Jorge  Oswaldo   Rosero   Erazo   (vendedor   de   la   zona  correspondiente  a  ABASTOS y la calle 18), logró establecerse que este último  simulaba  pedidos  de  clientes  que  gozaban  de descuentos especiales, y luego  procedía  a  vender  la  mercancía  al  señor Oviedo Lozada, en efectivo, sin  reembolsar  a  la  empresa los dineros correspondientes a dichas ventas, o buena  parte de ellos.       

     

Se determinó también que Rosero Erazo, para  evitar  ser  descubierto,   contrataba directamente el vehículo que debía  hacer  el  traslado  de  la  mercancía,  y  reenviaba  a  cartera  las facturas  elaboradas  a  nombre  de  las  personas  que supuestamente habían realizado el  pedido.  Los  dineros  que  dejaron de ingresar a la empresa por razón de estas  ventas  ascendieron  a  la  suma  de $11’908.800.oo,  y  debieron  ser  cancelados por el señor  Oviedo  Lozada,  ante  la  imposibilidad  de demostrar que había realizado los pagos en  efectivo a Rosero Erazo.   

En  el  mes  de  agosto de 1993, Henry Oviedo  Lozada  presentó  denuncia  penal contra Jorge Oswaldo  Rosero  Erazo  y Lucía Velasco Ocampo (esposa), por el  delito  de  estafa  (fls.1-3/1).  La  Fiscalía,  los  escuchó  en  indagatoria  (fls.19,  28,  172/1),  resolvió su situación jurídica (fls.65/1), y mediante  pronunciamiento  de  15  de  junio  de 1995 calificó el mérito del sumario con  acusación  en  contra de Rosero Erazo, por el delito de estafa, agravada por la  cuantía;  y  preclusión de la investigación en favor de Lucía Velasco Ocampo  (fls.220/1).  Esta decisión cursó ejecutoria el 12 de julio siguiente (fls.238  vuelto/1).   

Celebrada  la  audiencia pública, el Juzgado  Cuarenta  Penal  del  Circuito de Bogotá, mediante sentencia de 2 de febrero de  1996,  condenó  al  acusado  a  la  pena  principal  de  36 meses de prisión y  doscientos  mil  pesos  de  multa, y la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  término de la pena aflictiva, como autor responsable  del  delito de estafa, agravada por la cuantía, conforme a los cargos imputados  en  la  resolución  de  acusación,  y  le  negó el subrogado de la condena de  ejecución condicional (fls.286-310/1).   

Apelado  este  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  en  lo  que  respecta,  exclusivamente, con la decisión del Juez de  negar  el  otorgamiento del subrogado, el Tribunal Superior de Bogotá, mediante  el  suyo  de  28 de marzo de 1996, que ahora la defensa recurre en casación, lo  confirmó  integralmente (fls.17-24/2).   

La         demanda:   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, el demandante acusa la sentencia impugnada de violar  indirectamente  la ley sustancial, por falta de aplicación del artículo 68 del  Código  Penal, debido a errores en la apreciación de las pruebas que sirvieron  de  sustento  a  los  juzgadores  para realizar el juicio de valor en torno a la  necesidad     de     que     el     procesado    requiriese    de    tratamiento  penitenciario.   

Sostiene  que  el  subrogado de la condena de  ejecución  condicional solo puede ser negado por el aspecto subjetivo cuando la  personalidad  del  procesado,  y  la naturaleza y modalidades del hecho punible,  permitan  al Juez suponer, fundadamente, que requiere de tratamiento intramuros,  valoración   que   debe   hacerse   con  fundamento  en  pruebas  allegadas  al  proceso,   puesto que la inferencia en estos casos no es libre, arbitraria,  ni caprichosa.   

Advierte que en el caso sub judice el Juez no  dijo   cuáles   eran  las  pruebas  que  permitían  inferir  la  necesidad  de  tratamiento,  y  que  el  Tribunal, en cierta forma reconoce esta falencia, pero  “tampoco  acierta  en  este  punto  porque  comete  errores  evidentes  en  la  interpretación  de  unas  pruebas,  a  las cuales les concede un alcance que no  podía  darles,  o  les  niega  el  que  tenía  que  darles”. Del texto de su  decisión,  se  establece  que la necesidad de terapia la infiere el ad quem, en  últimas  de  un  solo  argumento:  Haberse  ganado la confianza de la víctima.   

Pues bien. Ocurre que sin este elemento no es  posible  el  delito de estafa, ya que es el soporte de la inducción en error, y  por   ende,  de  la  defraudación.  Por  tanto,  dentro  de  un  sano  criterio  penológico  y  de  política  criminal,  no  puede  ser  inferido  de  allí la  necesidad  de  tratamiento  penitenciario.  Es decir, que el error consistió en  tomar  un elemento propio del delito de estafa, como es la confianza, para darle  una  connotación  descalificadora  del  agente,  y  de  esta manera, negarle el  beneficio.  Y agrega: “La Corte Sala Penal, puede declarar que esta inferencia  carece  de soporte probatorio y que sólo por una interpretación errónea de la  confianza,  se  le dio a esta misma la calidad de prueba soporte para inferir la  necesidad  de tratamiento para mi representado. Como lo ha admitido la Corte, el  error  de  interpretación  lleva  en  últimas  a  un  error por suposición de  pruebas”.    

Bajo  el  subtítulo  de  “otra  prueba mal  interpretada”,  precisa  que el Tribunal, de otra parte, no le concedió valor  alguno  a  la ausencia de antecedentes penales, ni a los antecedentes personales  ni  de  familia.  El  error  de  apreciación,  en  este  caso, consistió en no  concederles  al  alcance  que  debió  dárseles,  es decir, que el procesado no  necesitaba tratamiento penitenciario.   

Acorde con lo expuesto, pide a la Corte casar  parcialmente  el  fallo  impugnado, para declarar que Rosero Erazo tiene derecho  al subrogado de la condena de ejecución condicional.   

Concepto  del Ministerio Público:   

El  Procurador  Primero  Delegado en lo Penal  afirma  que el reproche, en los términos en que ha sido planteado, no puede ser  de  recibo  en  casación,  por  presentar  falencias  técnicas insalvables. En  primer  lugar,  no  identifica  de  manera  clara  los  fundamentos de la causal  invocada,  ni la forma como el error en la apreciación de las pruebas, influyó  en  el  no reconocimiento del subrogado de la ejecución condicional de la pena.   

Dentro  del  marco  de  un  alegato propio de  instancia,  el  recurrente  se  limita  a  controvertir  la  valoración  que el  Tribunal  hizo  del  haz probatorio, anteponiendo apreciaciones subjetivas a las  suyas,  y  dando  al  traste  con  el razonamiento lógico que indica que en una  controversia  de  esta  naturaleza  prevalece  el  criterio  judicial, por estar  amparado  de  la  doble  presunción  de acierto y legalidad. Si pretendía, por  tanto,  encontrar  la vía adecuada de ataque, debió demostrar la existencia de  errores  de hecho o de derecho en la valoración racional de las pruebas, ya que  el  mero  desacuerdo  con la valoración realizada por el fallador, no es causal  de casación.   

Cuando  el  actor  menciona como error, haber  tomado  el  Tribunal  “un  elemento  propio  del  delito de estafa, como es la  confianza  sin  la  cual  no  hay  credibilidad  ni inducción en error” está  acudiendo  a  la  violación directa de la ley sustancial. Y cuando dice que los  falladores   no  le  concedieron  “ningún  valor”  a  la  prueba  sobre  la  “ausencia   de  antecedentes  penales”,  como  tampoco  a  los  antecedentes  personales  ni  de  familia,  pierde de vista que el Tribunal los valoró, y que  allí no se presentó error alguno por omisión probatoria.   

Del  examen  de  la  sentencia  del Tribunal,  aparece  nítidamente  que  fue  la  valoración  sobre  las  modalidades  de la  ilicitud,  las  que  lo  llevaron a negar el subrogado. Y como este es un juicio  racional,  no  puede ser removido en sede extraordinaria, máxime si se tiene en  cuenta  que  el  recurrente  no  prueba  la  existencia  de  error  alguno en la  apreciación  probatoria,  como  se  imponía  hacerlo. Por tanto, solicita a la  Corte, desestimar la censura.   

SE        CONSIDERA:   

Reiteradamente  la  Corte  ha  sostenido  que  cuando  se  plantea  en  casación violación indirecta de la ley sustancial por  errores  de  apreciación  probatoria,  es  deber  del  impugnante precisar, con  claridad,  la  clase  de  error  cometido:  si  de  hecho  por falsos juicios de  existencia,  falsos  juicios  de identidad, o falso raciocinio; o de derecho por  falsos juicios de legalidad, o falsos juicios de convicción.   

A  juzgar  por  los  términos de la demanda,  pareciera   que   el  casacionista  plantea  dos  clases  de  errores,  uno  por  suposición   de  prueba,  cuando  sostiene  que  la  inferencia  del  Tribunal,  consistente  en  que el procesado se ganó la confianza de la víctima, no puede  ser  tenida  en  cuenta  por  ser  elemento  estructurante  del delito, y porque  carece de soporte probatorio.  Y  otro por omisión, cuando afirma que no le concedió  ningún  valor  a  la ausencia de antecedentes penales, ni a los personales y de  familia.  Empero, nada dice sobre la configuración en  concreto  de  ellos,  ni  acerca  de  su trascendencia en la decisión objeto de  cuestionamiento.   

En  el  primer caso (error por suposición de  prueba),  la  alegación termina circunscribiéndose a una sola afirmación: que  la  defraudación  de  la confianza de la víctima no puede ser tenida en cuenta  para  negar  el  subrogado de la condena condicional, por ser componente típico  del  delito  de  estafa,  y  por ende elemento necesario para su configuración.  Este  planteamiento,  como  lo  sostiene  la  Delegada  en  su  concepto,  es de  contenido  jurídico,  no probatorio, y como tal debió ser propuesto dentro del  marco  de  la  violación  directa,  con indicación clara de las razones que le  servían  de  fundamento,  y  de  sus implicaciones en la decisión cuestionada,  nada de lo cual hace el casacionista.   

Al  margen  de  estas  falencias  de  orden  técnico,  se  tiene  que las afirmaciones del actor, en torno a que el Tribunal  negó  el  subrogado  por  el  solo  hecho  de  haber el procesado defraudado la  confianza  de  la víctima, no son ciertas. Analizado el contenido del fallo, se  establece  que  la decisión se sustentó en razones distintas: De una parte, en  la  forma  como  se  llevó  a  cabo  en el caso concreto la defraudación   (cuestión  que  resulta ser totalmente diferente de la planteada por el actor),  y  de  otra,  en  la  suma  de  dinero involucrada en la acción fraudulenta. En  relación con el punto, el Tribunal precisó:   

“Mírese la manera  como  ocurrieron  los  hechos,  como  en  todas  estas  conductas  contra  el  patrimonio  económico que implican el empleo de actos de  inteligencia  y  astucia, ir llevando a la víctima a un estado tal que entregue  toda  su  confianza, lo que debe tenerse en cuenta como elemento para denegar el  subrogado.  Pero  además,  revisada  la  actuación,  ha  de  advertirse que el  procesado  Rosero Erazo se ganó la confianza del comerciante HENRY OVIEDO, para  finalmente  defraudarlo,  en  una  cantidad  de dinero  importante,  lo  que  muestra  su  gran insensibilidad  social,   por  lo  cual  considera  la  Corporación,  necesita  el  tratamiento  penitenciario” (negrillas fuera de texto).   

El primer aspecto (manera como ocurrieron los  hechos),  guarda  relación  con  las  modalidades  del  ilícito,  y el segundo  (cuantía  de  la  defraudación)  con su gravedad, siendo ambos susceptibles de  ser  tenidos  en cuenta por el juzgador en la constatación que debe hacer de la  procedencia  del  subrogado,  de conformidad con lo dispuesto en el artículo 68  del  Código Penal. Por consiguiente, si el actor pretendía la infirmación del  fallo  en  punto  a  su  denegación, debió haber demostrado que el Tribunal se  equivocó  en  la  declaración  de  los  hechos  que sirvieron de sustento para  negarlo,   o   en  las  consecuencias  jurídica  que  derivó  de  ellos.    

En  relación  con el segundo reproche (error  por  omisión),  se  tiene  que  la alegación es ab initio contradictoria, pues  mientras  en la primera parte el actor afirma que el Tribunal “no le concedió  ningún  valor  a  la  ausencia  de  antecedentes penales, ni a los antecedentes  personales  ni  familiares”  del  procesado, a renglón seguido precisa que el  error  consistió  en  no haberle otorgado el “alcance que debió dársele”,  argumentación  con  la  cual  termina  reconociendo  que  fueron  apreciados, y  negando,  de  paso,  la  configuración  de un posible error por omisión.    

Aparte  de  esto,  el  planteamiento  carece  totalmente  de fundamentación, pues tampoco explica de qué manera debieron ser  valoradas  dichas  pruebas, ni qué incidencia tuvo en la decisión impugnada la  valoración  que  de ellas hizo el Tribunal, aspectos cuya concreción resultaba  necesaria  para  la adecuada estructuración del cargo, si se toma en cuenta que  la  existencia  de antecedentes penales es solo uno de los diferentes aspectos a  tener  en  cuenta en orden a determinar la procedencia o no del subrogado por el  aspecto  subjetivo,  y  que  así lo entendió el Tribunal al hacer la siguiente  precisión:  “En cuanto a la personalidad, naturaleza y modalidades del hecho,  ha  de  indicarse  que  en  el  proceso  si bien no aparece constancia acerca de  antecedentes  penales  o  policivos  que  tenga  el procesado, no por ello puede  afirmarse   que   no   amerita   tratamiento   penitenciario”   (fls.6  de  la  sentencia).   

Se desestima la censura.  

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  oído  el concepto del Procurador Primero  Delegado,  administrando  justicia en nombre de la república y por autoridad de  la ley,   

R E SU E L V E:  

NO CASAR la sentencia  impugnada.   

Devuélvase   al   tribunal   de   origen.  CUMPLASE.   

CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                JORGE CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                   CARLOS                              A.                              GALVEZ   ARGOTE                          

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                           EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

No hay firma                                                                                     No hay firma   

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                              NILSON PINILLA PINILLA   

                                                    Teresa Ruiz  Nuñez   

                                                         SECRETARIA     

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