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2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 12165  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 36  

          Santafé de Bogotá, D. C., nueve de marzo de dos mil.   

VISTOS  

          En  relación  con  la  sentencia  de segundo grado fechada el 28 de  marzo  de  1996,  dictada  por  el Tribunal Superior de Ibagué, se interpuso el  otrora  denominado  recurso  extraordinario  de  casación  por  el defensor del  procesado  GUILLERMO  DÍAZ  HERNÁNDEZ,  comoquiera que su defendido finalmente  fue  condenado  a la pena principal de treinta (30) meses de prisión y multa de  quinientos  pesos  ($  500.oo),  en  calidad  de  cómplice  de  los  delitos de  fraude  procesal  y  estafa,  éste en el grado de tentativa.   

          En  el  antes  indicado  sentido,  el  fallo  impugnado  revocó  la  absolución  que  había dispuesto la sentencia de primer grado, decisión ésta  en  la  que  simultáneamente  se condenó por los mismos hechos punibles a JUAN  ANÍBAL  GRANJA  ALVAREZ,  en  calidad de autor, y a CARMEN GRANJA ALVAREZ, JUAN  GRANJA  URRUTIA,  CECILIA  VARÓN,  ALFONSO  MANJARREZ y VÍCTOR MANUEL ORTIZ, a  título de cómplices.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  la ciudad de Ibagué, JUAN ANÍBAL GRANJA ALVAREZ y MARÍA DUFAY  GUALTERO  convivieron  maritalmente  de  hecho  entre  los años de 1961 y 1981,  relación  dentro  de  la cual procrearon tres (3) hijos.  El 23 de mayo de  1986,     la    señora    Gualteros    demandó  civilmente  a  su excompañero para lograr la declaración  de  la  existencia de una sociedad civil de facto, pretensión que fue negada en  primera  instancia  por  el  Juzgado Tercero Civil del Circuito de la mencionada  población;  mas,  como  en  segunda instancia el Tribunal revocó dicho fallo y  accedió  a  la solicitud de la demandante, según sentencia del 24 de noviembre  de  1987,  entonces  el demandado, en el mes de diciembre siguiente, procedió a  enajenar  simuladamente  dos  (2)  inmuebles  situados  en  la  zona urbana, que  estaban   a   su   nombre  y  lo  hizo  en  favor  de  su  hermana  Carmen  Granja  Alvarez,  bienes que ésta  transfirió,  dos  (2)  años después y con igual propósito elusivo, al señor  GUILLERMO  DÍAZ  HERNÁNDEZ,  una  vez  conocido  el  fracaso  de la demanda de  casación  interpuesta  por  el accionado de instancia, y los cuales al final se  hicieron registrar engañosamente a nombre del último adquirente.   

          Con  igual  ánimo  de  defraudar la sociedad de hecho declarada, el  demandado  fingió  obligaciones monetarias por distintas cantidades en favor de  su  compañera Cecilia Varón,  su  padre  Juan Granja Urrutia  y  sus  amigos  Alfonso  Manjarrez  y  Víctor  Manuel  Ortiz, efecto para el cual firmó como obligado varias  letras  de  cambio  que  los  supuestos  acreedores  hicieron  valer como pasivo  durante el proceso de liquidación.   

          A  los  hechos  descritos  se  refirió  la  denuncia  puesta por la  señora     María    Dufay    Gualtero,  el  23 de septiembre de 1992, con base en los cuales la Unidad de  Fiscalía   Previa   y   Permanente   de   Ibagué   ordenó   la   apertura  de  instrucción.   Posteriormente,  asumió  conocimiento la Unidad Primera de  Vida,  uno  de cuyos fiscales admitió la constitución de parte civil intentada  por la perjudicada, a través de apoderado (fs. 1, 5, 13 y 18).   

          Fueron   escuchados   en   indagatoria  los  imputados  Juan  Aníbal  Granja  Alvarez  (fs.  79),  Cecilia  Varón  (fs.  84),  Carmen  Granja  Alvarez  (fs.  86),  Alfonso  Manjarrez (fs.  88),    Guillermo   Díaz   Hernández   (fs.    90),    Víctor   Manuel   Ortiz  (fs.  98 y 104) y Juan Granja  Urrutia (fs. 102).   

          Al  momento  de  resolver la situación jurídica de los sindicados,  según  providencia  del  21  de  enero  de  1994,  el fiscal sexto de la Unidad  Primera  de  Vida  se abstuvo de dictar medida de aseguramiento en relación con  aquéllos,  por las hipótesis de fraude procesal y abuso de confianza, a la vez  que  precluyó  la investigación por los mismos delitos y ordenó que pasara el  expediente  a  la  Unidad  de  Patrimonio, con el fin de investigar otros hechos  punibles contra la propiedad y la fe pública (fs. 114).   

          Apelada  la  decisión  anterior por el apoderado de la parte civil,  la  Unidad  de  Fiscalía  ante  el Tribunal revocó la preclusión y ordenó la  detención   preventiva,   con  derecho  a  excarcelación,  de  los  siete  (7)  sindicados  antes  nombrados,  como  presuntos  responsables  de  los delitos de  fraude  procesal  y  tentativa  de  estafa,  el primero de ellos en calidad de autor y los restantes a título  de cómplices (fs. 140).   

          Cerrada  la investigación, el fiscal hizo la calificación sumarial  en  la  resolución  fechada  el  19  de diciembre de 1994, por medio de la cual  acusó  a  los  procesados Juan Aníbal Granja Alvarez,  Cecilia  Varón,  Carmen Granja Alvarez, Alfonso Manjarrez, Víctor Manuel Ortiz  y  Juan  Granja Gutiérrez, el primero como autor y los  demás  en  la  condición  de  cómplices  de un concurso de hechos punibles de  fraude  procesal  y estafa en  el   grado   de   tentativa.   En  la  misma  decisión,  se  precluyó  la  investigación  en  favor del procesado Guillermo Díaz  Hernández (fs. 377 y 435).   

          En  razón  del  recurso  de  apelación propuesto nuevamente por la  parte  civil,  la Unidad de Fiscalía ante el Tribunal, por medio de resolución  fechada  el  14 de marzo de 1995, revocó la preclusión y acusó a Díaz  Hernández  por  los  mismos hechos  punibles (fs. 476).   

          Asumido  el  conocimiento  del  juicio  por el Juzgado Once Penal de  Circuito  de  Ibagué, el despacho realizó la audiencia pública y dictó fallo  de  primer  grado el 24 de agosto de 1995, por cuyo medio condenó a seis (6) de  los   acusados   y   absolvió   a   Guillermo  Díaz  Hernández, en relación con los delitos atribuidos en  la  acusación.   Así,  a  Juan  Aníbal  Granja  Alvarez  le impuso la pena principal de treinta y seis  (36)  meses  de  prisión  y  multa  por  valor  de un mil pesos

   ($   1000.oo),   como  autor  de  los  injustos  deducidos;  y  a  Carmen  Granja  Alvarez,  Juan Granja Urrutia, Cecilia  Varón,  Alfonso  Manjarrez  y Víctor Manuel Ortiz, la  sanción  principal  de  treinta  (30)  meses de prisión y multa en cuantía de  quinientos   pesos   ($   500.oo),   como   cómplices  de  los  citados  hechos  punibles.    En  el  mismo  fallo,  se  determinó  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por período igual al indicado  en  la  principal,  en  relación  con  todos  los  condenados;  se  fijó en el  equivalente  a trescientos (300) gramos de oro la indemnización por concepto de  perjuicios   materiales;  se  les  concedió  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional  y se invalidaron las letras de cambio presentadas en el  proceso   de   liquidación   de   la   sociedad   de  hecho  (fs.  490,  592  y  613).   

          Ante  la  impugnación  que  hizo el apoderado de la parte civil, el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  proveyó  en  segunda instancia para revocar la  absolución  que  el fallo revisado le había deferido al procesado Guillermo  Díaz Hernández y, en lugar, lo  condenó  en los términos de la acusación, para imponerle la pena principal de  treinta  (30)  meses  de  prisión;  la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por igual tiempo; y la obligación de pagar los perjuicios  materiales  irrogados  en  cuantía de trescientos (300) gramos de oro.  En  la  misma  sentencia,  el  Tribunal  concedió al condenado el subrogado penal y  declaró  la  nulidad  de  las  escrituras  públicas 1242 y 1243 de la Notaría  Segunda  de  Ibagué,  por  medio  de las cuales se simuló la compraventa entre  Carmen    Granja    Alvarez    y   Guillermo   Díaz  Hernández, al igual que de las escrituras 5510 y 5511  de  la  misma  Notaría, que contenían la simulación de venta entre aquélla y  su  hermano  Juan  Aníbal  Granja Alvarez.   También  se  ordenó  comunicar la nueva situación de los  títulos  al  Registrador  de  Instrumentos  Públicos  (cuaderno  Tribunal, fs.  112).   

DEMANDA DE CASACIÓN  

          Con  fundamento  en la causal primera de casación, que se refiere a  la  violación de la ley sustancial por error en la apreciación de las pruebas,  el    defensor    del   procesado   Guillermo   Díaz  Hernández  presenta  un  cargo único en contra de la  sentencia impugnada.   

          Explica  el  demandante  que el fallo se ha basado en la denuncia de  la    señora   María   Dufay   Gualtero;   en  la  interpretación  y  relación  que  se  hizo  de  hechos  independientes  como  son  las  ventas  de Juan Aníbal  Granja    Alvarez    a   su   hermana   Carmen  Granja  Alvarez,  y  las que ésta  después     realizó     a     Guillermo     Díaz  Hernández;  en  la  interpretación  que  se otorga a  ciertos  términos  empleados  en  documentos  que  no provienen de Díaz  Hernández;  y en el hecho de haber  comprado  los  inmuebles por un precio más bajo del que comercialmente pudieran  tener en su momento.   

          Agrega  que  para  nada  contó  la  buena  fe  en  el  actuar de su  defendido,  traducida  en  su  alegación  del  desconocimiento de la situación  legal  en  la  que  se  hallaban  los  señores  Granja  Alvarez  y  Gualtero  y, por el contrario, se hizo una  serie  de  interpretaciones  erróneas  de  las pruebas y el fallo finalmente se  asentó en “sospechas o suposiciones”.   

          Estima  que  el  bajo  precio  de  adquisición de los inmuebles, no  puede  ser  tomado  como  prueba  del  conocimiento que su defendido tuviera del  origen  delictual  de  los  bienes,  pues  tampoco puede olvidarse que él es un  comerciante  en  el  ramo  de  la  finca  raíz, amén de que el valor irrisorio  podría    ser   objeto   de   una   acción   meramente   civil   por   lesión  enorme.   

          Por    otra    parte,   Guillermo   Díaz  Hernández   adquirió  los  bienes  sin  conocer  su  carácter  litigioso,  pues,  por  su  experiencia,  consultó  el  registro  de  instrumentos  públicos y no halló anotación alguna de gravamen, razón por la  cual procedió a negociarlos.   

          Expone  el  abogado  que  tampoco  se ha considerado cómo entre las  primeras  transacciones  y las que se refieren a su representado, transcurrieron  dos  (2)  años  y cuatro (4) meses, tiempo suficiente para que un experto en la  materia  pensara  que  no  era  irregular la situación jurídica de los bienes,  máxime  que  él tuvo la precaución de obtener los respectivos certificados de  libertad inmobiliaria.   

          Aduce,  igualmente,  que  se han interpretado erróneamente hechos o  pruebas  como  las  siguientes:   la escrituración seriada de los actos de  venta   de   Carmen   Granja   Alvarez   a  Guillermo  Díaz Hernández;  la  declaración  hecha en las escrituras de que se recibían los  inmuebles  a  entera  satisfacción,  cuando  ello  no  ocurrió  porque estaban  ocupados  por  la  denunciante  y  su  hijo;  la falta de soporte contable de la  transacción  en cabeza de Díaz Hernández,  a  sabiendas  de  que  era un reconocido comerciante de propiedad  raíz;  la  ausencia de alegación de que el precio insignificante obedeciera al  deseo  de eludir impuestos; y la supuesta participación consciente de aquél en  una  empresa  criminal  que  había arrancado desde la primera compraventa entre  los     hermanos     Granja     Alvarez.   

          En  contrapartida  a dichas interpretaciones erróneas de la prueba,  el  demandante ofrece como inferencias que la escrituración en serie era apenas  lógica,  pues  los  dos  inmuebles  se  estaban  negociando en el mismo momento  histórico,  entre  las  mismas partes y en la misma Notaría; que el dato de la  escritura  referido  a  que  se  recibe  el  inmueble a entera satisfacción, no  significa  que  él  se  halle  desocupado,  pues  es una tarea que concierne al  comprador;  y  que se omitió cualquier discusión sobre el precio consignado en  la   escritura,   sin   ser  exacto,  por  temor  a  la  sanción  de  Impuestos  Nacionales.   

          El  actor  argumenta,  finalmente,  que  la  violación  alegada  se  relaciona   directamente   con   los   artículos  246  y  248  del  Código  de  Procedimiento  Penal, y el 187 del Código de Procedimiento Civil, referidos, el  primero  a la necesidad de fundamentar el fallo en pruebas y no en suposiciones;  el  segundo  a la valoración de los indicios conforme con las normas de la sana  crítica;  y  el  tercero  a la obligación judicial de exponer razonadamente el  mérito que se le asigne a cada prueba.   

          En  consecuencia,  el  demandante  solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  acusada  y  en  su  lugar  “se  profiera  la  que  en  derecho debe  beneficiar a GUILLERMO DÍAZ HERNÁNDEZ…” (fs. 185).   

NO RECURRENTES  

          En  el  término  de  traslado  a los no  impugnantes,  ha  intervenido  la  Procuradora  101  en  lo  Judicial Penal para  referirse  en sentido negativo a las pretensiones del actor, pues, aparte de una  advertencia  genérica  sobre la falta de técnica que exhibe la demanda, estima  que  en  su  contenido el libelo se circunscribe a señalar que la sentencia del  Tribunal  desconoció  el  principio  de  la  buena  fe que acompañó al señor  Guillermo  Díaz  Hernández,  mediante el resalto de frases que saca de su contexto.   

          Observa  que  la  exposición  de  la  demanda  se  reduce a simples  enunciados,   tales   como   que   el   Tribunal  desconoció  que  Guillermo  Díaz Hernández era comerciante  en  finca  raíz,  pero  no  explica  la incidencia de tal desconocimiento en el  sentido  del  fallo;  que  el  tema  del precio irrisorio no puede ser objeto de  debate  en  sede  penal;  que  el lapso transcurrido entre una y otra venta pudo  hacer  suponer  al  Tribunal  la  ausencia  de compromiso de aquél en la cadena  delictiva  para defraudar el patrimonio de María Dufay  Gualtero, pero ignora que esta venta se hizo necesaria  para  Granja  Alvarez  cuando  sintió   que   la  efectuada  a  su  hermana  podría  poner  en  evidencia  la  simulación;  que  el  juzgador  interpretó  indebidamente  el  hecho de que el  procesado   no   recibió   el  inmueble  como  reza  en  la  escritura,  porque  precisamente  lo  ocupaban  la denunciante y su hijo, como si las constancias de  los  documentos  no  tuvieran  valor probatorio; que la compra la hizo el señor  Díaz Hernández como persona  natural,  no  en  nombre  de  la  persona jurídica que representaba, como si en  ambos    casos    la    compra    de    inmuebles    no    requiriera   soportes  contables.   

          Tanto  por  la  ausencia de técnica como por el contenido jurídico  del   memorial,   la   interviniente   sugiere   a  la  Corte  que  no  case  la  sentencia.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  

          El   Procurador   Primero   Delegado  en  lo  Penal  ha  conceptuado  desfavorablemente   a   una   pretensión  que  aprecia  inocua,  dado  que  son  ostensibles  las fallas técnicas, pues el actor ni siquiera identifica el error  en que hayan podido incurrir los sentenciadores.   

          No  basta  que  el  libelista  exteriorice  su  desacuerdo  con  las  apreciaciones  de  los juzgadores respecto de las pruebas, pues es necesario que  el  recurrente  demuestre  los  errores  de  hecho  o  de  derecho  en que hayan  incurrido  los  juzgadores  en  la  valoración  racional  de  las pruebas y sus  reglas.   

          El  Ministerio Público dice que el demandante parece referirse a un  error  de  hecho  cuando habla de la interpretación de la prueba, pero al final  de  su  alegato  dice  que  la  violación  se  relaciona  directamente  con los  artículos  246 y 248 del C. de P. P. y 187 del C. de P. C., lo cual sugiere una  transgresión  directa  la  ley procesal e indirecta de la ley sustancial.   Tampoco  demuestra  el  error de derecho mediante el cual se haya violado la ley  sustancial.   

          Recuerda  el  Procurador  que  la  demanda  de  casación  no  puede  confundirse   con  un  alegato  de  instancia,  pues,  según  lo  ha  dicho  la  jurisprudencia  en  repetidas ocasiones, la sola discrepancia de criterios en la  valoración de la prueba no es motivo de casación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          De  verdad  que la demanda no es el mejor ejemplo del buen uso de la  técnica  en  su presentación, sin embargo de lo cual la Sala la admitió en su  oportunidad,  debido  a  que  hacía  señalamientos nítidos de que el Tribunal  supuestamente  no  se  había  apegado  a  las  reglas de la sana crítica en la  valoración  de  la  prueba,  tras  invocar la causal primera de casación, como  interpretación  errónea  de  las  pruebas.   Ello  por cuanto la Corte ha  sostenido  que  si  se  llegare  a  establecer  que  el estimativo probatorio no  obedece  a  una  racionalidad  empírica,  sino al capricho del juzgador, sería  posible  intentar  la  casación por la vía del error de hecho por falso juicio  de     raciocinio,     así     el     demandante     ignore    la    precisión  terminológica.   

          Así,   verbigracia,   se   afirma  en  la  demanda  que  no  existe  demostración  en  la  sentencia  de que el procesado GUILLERMO DÍAZ HERNÁNDEZ  tenía   conocimiento   respecto   de   la  conducta  delictual  que  se  venía  desarrollando,  a  partir  de  las  primeras ventas ocurridas entre los hermanos  Granja  Alvarez  y en las que  aquél  no intervino, como para que se le pudiera tildar de “eslabón final de  la  cadena  de  defraudadores”.   En  efecto,  el fallo se fundamentó en  meras  “sospechas  o  suposiciones”, porque en el caso concreto para nada se  tuvo  en  cuenta  el  hecho  de que Juan Aníbal Granja  Alvarez   vendió   los   inmuebles   a   su  hermana  Carmen el 23 de diciembre de  1987,  y  ésta  a  su  vez los vende a Guillermo Díaz  Hernández  el 5 de abril de 1990, es decir, 2 años y  4  meses  después  de la primera operación, tiempo suficiente para no dudar de  la  regularidad  en  la  situación  jurídica  de los inmuebles, máxime que el  último  comprador  se  cuidó  de  consultarla  en  el registro de instrumentos  públicos.   

          Es  obvio  que  de  existir semejante vacío en la demostración del  dolo  en la participación delictiva del acusado, sería un intolerable error de  hecho  que  socava  las bases racionales de la sentencia.  Sin embargo, una  vez  hecha  la  constatación  en el contenido del fallo, claramente se advierte  que  el  demandante hizo, por un lado, el examen separado de los varios indicios  que  tuvo  en  cuenta  el  sentenciador,  con  el  fin de desprestigiarlos en su  aislamiento,  y  por  el  otro, no mostró toda la dimensión de las inferencias  que racionalmente exhibe la decisión.   

          Así,   en   relación   con   las   observaciones  expuestas,  dijo  razonablemente el Tribunal:   

“El  señor  DÍAZ  HERNÁNDEZ,  recorrido  comerciante  en finca raíz, cuyas actividades van registradas en contabilidades  y  kardex  (ahora  en  computador),  no  encaja comprando inmuebles y pagando en  efectivo,  ni olvidando lo que pagó porque con base en ello pedirá al revender  lo  comprado.   La  falta  de soporte contable o bancario del señor DÍIAZ  HERNÁNDEZ  a  las  dos  compras  mencionadas  nos hace inferir que realmente no  estaba  celebrando  contrato  SINO  AYUDANDO A SUS CLIENTES GRANJA ALVAREZ en su  posición judicial frente a MARÍA DUFAY GUALTERO.   

“El precio irrisorio de las compras indica,  igualmente,  que  no se celebró un contrato efectivo.  A este respecto, ni  siquiera  se  atreven a argumentar que es frecuente que el precio anotado en las  escrituras  es diferente al precio pagado para no cancelar todos los impuestos y  derechos  que demanda el contrato mismo y repercuten en el avaluó catastral con  base  al  (sic)  cual  se  paga  el  impuesto predial y las otras contribuciones  municipales.   Esto es lo frecuente pero lo callaron los infractores porque  si   no   podían   demostrar  siquiera  la  insignificante  suma  contenida  en  escrituras,  mucho  menos  la erogación apropiada conforme al normal desarrollo  comercial.   

“…  La  experticia que obra a folios 560  dice  que  para  1990  los  predios costaban $ 9.380.200 y en este año (1995) $  28.140.600,  luego  no  es  creíble  que  se  hubiera  pagado  algo más de dos  millones  de  pesos

  ($  2.000.000)  por semejante  predio,  o  predios  continuos,  luego se trata de una mentira, de una ficción,  DÍAZ  HERNÁNDEZ  no  compró sino que estaba prestándose a los GRANJA ALVAREZ  para  favorecerlos  en su situación judicial, o, de lo contrario, NO COMPRA CON  MARÍA DUFAY GUALTEROS dentro.   

“También,  si  DÍAZ  HERNÁNDEZ hubiera  tenido  la  real  intención de comprar no deja que en la misma escritura queden  argumentos  por  una LESIÓN ENORME EN SU CONTRA ya que la normativa es clara al  establecer  la  rescisión  de  la  compraventa  por esa situación que sufre el  vendedor  cuando  el  predio  que recibe es inferior a la mitad del precio justo  del inmueble vendido (arts. 1946, 1947 y ss. C. C.).   

“Para  no  dejar  dudas, la pasividad del  señor  DÍAZ  HERNÁNDEZ  frente  a  la señorita CARMEN GRANJA ALVAREZ ante el  problema  patrimonial  que  se  le  plantea (aparte del penal) ha guardado total  inactividad,  total  conformidad  que  sólo  indica  que eran armónicos en sus  pretensiones”  (cuaderno  Tribunal,  fs.  131, 132 y  133.  Las palabras resaltadas pertenecen al texto).   

         Por  otra  parte,  la distancia temporal entre unos y otros actos de  venta   de   los   inmuebles   (más   de  dos  años),  visto  superficialmente  significaría     que     el     procesado     Díaz  Hernández  adquirió  prudencialmente  después de un  tiempo  considerable;  pero  tal  verificación  en nada favorece su situación,  porque  dicho lapso se ha explicado en razón de la progresividad imprimida a la  defraudación  patrimonial,  pues  las  primeras  ventas  se  realizaron una vez  conocida  la  sentencia  del Tribunal que declaraba la existencia de la sociedad  de  hecho  y  ordenaba  su liquidación, mas, como aún quedaba la esperanza del  recurso  extraordinario  de  casación,  inmediatamente  se produjo la decisión  adversa  sobrevinieron  las  ventas  al  acusado, en los términos ficticios que  antes se resaltaron como fundamento de la sentencia atacada.   

         El  resto de proposiciones evaluativas que trae la demanda son meros  desacuerdos  sobre  el  valor  de  los hechos indicadores y la dimensión de las  inferencias  inductivas  que  hizo el Tribunal, pero jamás indicación exacta y  evidente  de  que el fallador se hubiese separado arbitrariamente de patrones de  valoración  empírica  y  racional  de  los  indicios  como  prueba.  Esta  postura   es   inadmisible   en  sede  de  casación,  porque,  por  una  parte,  directamente  significa desconocer sin fundamento el ejercicio de inmediación y  contradicción  cumplido respecto de las pruebas en las instancias, y, por otra,  consecuencia  de  la  anterior,  sería  desconocer  sin  motivo  suficiente  la  jurisdiccionalidad de las decisiones respectivas.   

         No   alcanzó   a  demostrar  el  demandante  porqué  los  indicios  destacados  por  el Tribunal tenían para él la mera calidad de “sospechas”  o  “suposiciones”.   El  discurso  de  ataque  se  agotó  en sucesivas  peticiones  de  principio,  una  suerte  de círculo vicioso, porque el actor se  empecinaba  en  calificar  de  real  la  negociación  que el Tribunal demostró  indiciariamente  que  era ficticia; porque quiso hacer ver que el precio escrito  en  el  documento  público no era irrisorio, como lo calificó el sentenciador,  sino  un buen valor logrado por la experiencia negocial del acusado; porque para  él  la  ausencia  de  soportes  contables  era  indicativo respecto de personas  jurídicas,  no  en  la condición de persona natural que actuó el procesado en  las  compraventas;  y  que  si  hubo  silencio sobre la justificación del menor  precio  consignado  en  las  escrituras, no fue porque sea falso que con ello se  pretendía  evitar  mayores  impuestos,  sino  en  razón  de  que  se temía la  sanción  estatal por dicho concepto y, además, ninguno de los funcionarios que  conocieron el dato formularon cuestiones al respecto.   

         Por   último,   claro   que   si   se   afina  el  rigor  técnico,  adicionalmente  advierte la Sala que el actor ni siquiera se cuidó de citar las  normas  sustanciales supuestamente violadas, como exigencia del uso de la causal  primera,  ni  hace  el  examen  adecuado  para  mostrar  el error garrafal en la  construcción  judicial  de  los indicios, bien por la vía de la prueba que les  sirvió de fuente, ora en razón de lo absurdo de las inferencias.   

         No prospera entonces la demanda.   

         Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

         No  casar  la sentencia de fecha, origen y contenido indicados en la  motivación.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

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TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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