11643(06-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 11643  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

                    SALA    DE    CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE:  

Dr. HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

APROBADO ACTA No. 058 (30.05.02)  

Bogotá, D.C.,  seis (6) de junio de dos  mil dos (2002).   

            Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  incoado  contra  la  sentencia   anticipada   dictada   el   1�  de  noviembre  de  1995  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito  Judicial  de  Bogotá, en la cual, por confirmación de la de primera instancia,  condenó   a   JEFFER   ORLANDO  GRANADOS  a  la  pena principal de veintiún años y tres meses de prisión,  en  calidad  de  autor  responsable del delito de homicidio simple en la persona  de   Segundo    Daniel   Ávila.   

         

          HECHOS   

          El  30  de  octubre de 1994, JEFFER ORLANDO  GRANADOS  por  haber  sido  severamente reprendido por  Segundo   Daniel   Ávila,  vigilante    del   establecimiento   “Tiendas  a  Mitad de Precio”,  ubicada  en el Barrio Lucero Bajo de esta ciudad,  por   hurtar  un  artículo  de  los que allí se expenden,  se retiró del lugar  para  regresar  poco  tiempo  después  armado  de una navaja, con la cual   hirió    repetidamente   a   dicho   vigilante,   aprovechando   su   descuido,  ocasionándole la muerte.   

          ACTUACIÓN  PROCESAL   

         

   

                 El  sindicado  fue  vinculado  mediante  indagatoria  a  la investigación y como medida de aseguramiento se le  impuso  detención  preventiva,  conforme  a los hechos referidos en el acápite  anterior,  imputándole  autoría  en  el  delito  de  homicidio  simple, en los  términos  de  la ley 40 de 1993. Se hizo referencia a que el inculpado regresó  al  establecimiento ocultando tras de sí la navaja hasta que estuvo cerca de la  víctima para propinarle las heridas que le ocasionaron la muerte.   

              La instrucción fue clausurada con  providencia  del  23  de  enero  de  1996,  la que se notificó personalmente al  procesado  y  al  Ministerio  Público  y  por  estado  el   30  del  mismo  mes.    

            Cuando  aún  corría  el  término  de  ejecutoria, el  2 de  febrero  de  1996, en escrito coadyuvado por su defensor, el procesado solicitó  audiencia  de  formulación  de  cargos para sentencia anticipada, pedimento que  fue denegado por el fiscal, con el argumento de que a la   

fecha  en que se elevó la pretensión ya se  había  proferido  resolución  de  cierre  de la investigación, continuando la  actuación  hasta  su  calificación  y envío de las diligencias al Juzgado del  conocimiento.   

          Como  la  defensa  solicitó  la  nulidad  de la actuación cumplida  desde  el  pronunciamiento  que  negó  el  trámite de sentencia anticipada, el  juzgado  le  concedió  la  razón  e invalidó lo actuado desde el cierre de la  investigación.  Esta providencia fue apelada por el Fiscal ante el Tribunal, el  cual  revocó  la  nulidad  decretada  por  el  juzgado, quedando así en pie la  calificación  impartida el  20 de febrero de 1995, en la que se imputó al  procesado  el delito de homicidio simple agravado por la circunstancia genérica  prevista en el numeral 4o. del artículo 66 del C. P.   

            En  este  estado del proceso el juzgado informó al acusado que se  pronunciaría  respecto  de  su anterior petición de sentencia anticipada   y,  en  efecto,  mediante providencia del 25 de julio de 1995 accedió a la  terminación   anticipada   del   proceso,   fijando  fecha  para  la  audiencia  correspondiente.   

          Se  celebró  entonces  la  diligencia prevista en el último inciso  del  artículo 37 del C. de P. P. anterior, en la cual como el procesado aceptó  la  imputación  de  la  resolución  acusatoria,  el  Juzgado  emitió fallo de  condena, reconociéndole la rebaja de una sexta parte en la pena.   

              Contra    la    sentencia    del   a  quo  apeló  la defensa, insistiendo en la nulidad que  el  mismo  Tribunal  había  denegado  y  objetando  el  no reconocimiento de la  atenuante  de  la  ira  consagrada  en  el  artículo 60 del C. P., así como la  aplicación de la Ley 40 de 1993 para la tasación de la pena.   

          Al   desatar   la  alzada,  el  Tribunal  acogió  el  criterio  del  a  quo y confirmó  su  sentencia,  contra  la  cual nuevamente protestó la defensa acudiendo esta vez,  al recurso extraordinario de casación.   

           LA  DEMANDA   

           Cargo  Primero.   

                Tomando  como fundamento  legal  la  causal  3a.  del  artículo  220  del C. de P. P. anterior, el censor  sostiene  que  el  fallo  del   Tribunal   fue   dictado en   juicio   viciado   de  nulidad por desconocimiento  de   las   garantías   del   debido   proceso   y  del  derecho de defensa.   

          Explica  que  la  solicitud  de  sentencia anticipada fue presentada  antes  de  que el auto de cierre de la investigación quedara ejecutoriado, pero  el  Tribunal,  acudiendo  a  un  equivocado  criterio doctrinario consideró que  bastaba  que  esa  providencia  hubiese  sido  dictada  para  que se enervara el  derecho  a  solicitar  la sentencia anticipada bajo el auspicio del artículo 37  del  C. de P. P.,  impidiéndose con esta determinación el derecho a   obtener  la  rebaja  de pena en la proporción de la tercera parte que prevé la  ley.  Considera  que la interpretación dada por el fallador al artículo 37 del  C.  de P. P. es puramente exegética y desconoce los efectos de la ejecutoria de  toda  providencia  judicial,  los  cuales  nacen a la legalidad solamente cuando  ésta opera.   

          Cargo  Segundo.   

                  La sentencia  es  violatoria,  en  forma  indirecta,  por  falta  de  aplicación  de los  artículos  60  y 325 del C. P. y correlativa aplicación indebida del artículo  323  del  mismo estatuto, debido a la transgresión de los artículos 248, 298 y  300  á   302  del C. de P. P. surgida del error de hecho, por falso juicio  de  existencia,  en  que  incurrió el Tribunal al examinar la prueba indiciaria  obrante  en el proceso, que demostraba que el homicidio atribuido al sentenciado  fue  preterintencional  y   cometido   en  estado  de ira originado en  grave  e  injusta  provocación  de  la  víctima,  tal como  lo  expresó  el  procesado  en  su  confesión, prueba en cuya evaluación  también  erró  de  hecho  el Tribunal al no apreciarla, para denegar la rebaja  punitiva a que tenía derecho.   

          Desarrollando  el  reparo  afirma  que  varios  hechos indicadores –  exactamente   seis,   que   relaciona  y  analiza  –  fueron  ignorados  por  el  sentenciador  en  su  apreciación probatoria, a causa de lo cual no estableció  los  hechos  indicados,  que  hubieran  permitido  inferir  la ocurrencia de las  circunstancias   modificadoras   y   favorecedoras  antes  anotadas.     

          Seguidamente,  en  el  aparte  ´B´  y bajo el título de “Error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia en la estimación de la confesión del  acusado”,  el  censor  discurre  afirmando que las manifestaciones hechas por su  procurado   en  la  injurada  no  fueron   tenidas   en   cuenta,  consignando  en la demanda un fragmento de la indagatoria, en la que refiere que  al  verse  “reventado” por la acción del celador cuando lo reprendió por haber  hurtado  en  el  almacén  y  una  vez  que  lo dejó libre, compró la navaja y  volvió  para  herirlo, relato éste del cual extrae el recurrente la ocurrencia  de  los  factores  de  la  ira  y  la figura del homicidio preterintencional que  reclama a favor del inculpado.   

           EL   MINISTERIO  PÚBLICO   

            El  señor  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal  acoge la  pretensión  casacional  del  primer  cargo  referida  a la nulidad y se muestra  adverso   a   la   del   segundo  cargo,  basada  en  la  causal  primera  del  artículo  220 del C. de P. P.  vigente a la época de los hechos.   

          Primer cargo.   

          Dice  el Delegado que una sana hermenéutica del artículo 37 del C.  de  P.  P.  anterior,  implica reconocer que el derecho a solicitar la sentencia  anticipada  que contempla esta norma se extiende hasta cuando la providencia que  dispone  el  cierre  investigativo quede ejecutoriada, porque de lo contrario se  desconocería  la  eficacia de ese acto procesal y el carácter de la ejecutoria  material de dicha providencia.   

                                             

          Por  abundar  en  razones,  recuerda la finalidad de la solicitud de  sentencia  anticipada  antes de ejecutoriada la clausura investigativa y alude a  la  acción  del   principio de celeridad procesal, según el cual, acogida  la  petición  el  Estado “evita su desgaste logístico” porque se pretermite la  calificación.   

             Compartiendo los planteamientos de  la  defensa  sobre  la  transgresión  de las garantías del debido proceso y la  defensa,  aboga  por  la  aceptación  de  la pretensión casacional para que se  anule  el  proceso  desde  la providencia mediante la cual la Fiscalía negó la  petición de sentencia anticipada.   

          Segundo cargo.   

              Advierte  en  primer  lugar, con  fundamento  en  el  numeral 4o. del artículo 37-B del C. de P. P.,  que el  censor  carece  de  interés  para  recurrir  en  casación  porque  los motivos  aducidos   difieren   de  los  que  autorizan  la  apelación  de  la  sentencia  anticipada,  pues  controvierten  la  responsabilidad  en  el  delito,  aceptada  libremente  por  el  procesado  en la audiencia que se realizó bajo el auspicio  del  artículo  37  del  C.  de  P.  P.  y  en la que para nada se mencionó las  circunstancias  de  la  ira y la preterintención a las que ahora se acude en la  objeción casacional.   

          En  apoyo  de su criterio acude a pronunciamientos jurisprudenciales  de  esta Sala que estima pertinentes, no obstante  lo cual, dando respuesta  a  los  diversos argumentos, encuentra que la demanda carece de la demostración  de  los  errores  por  falso  juicio  de  existencia  en  la apreciación de los  indicios,  pues  el  censor  optó  por  suministrar  reflexiones valorativas de  carácter  subjetivo,  carentes  de  mérito  para  destruir  la  presunción de  acierto y legalidad que ampara la sentencia.     

              En  relación  con  la prueba de  confesión,  la  argumentación  “no reporta la injerencia probatoria para mutar  la  acusación” de homicidio doloso a preterintencional, dada la gravedad de las  lesiones  propinadas  por  el procesado a la víctima. Además, no es cierto que  hubiera  habido  la  denunciada  “omisión  probatoria”,  pues  el fallador para  adoptar  su  decisión   se  ocupó  en  su  análisis  tanto de los hechos  indicadores, como de la versión suministrada por el procesado.   

                   CONSIDERACIONES    DE   LA  CORTE   

          Primer cargo.   

          Evidentemente  en  este  caso  se  han conculcado las garantías del  debido  proceso  y  del  derecho de defensa al denegarse la sentencia anticipada  solicitada  cuando  aún  no había cobrado firmeza la resolución del cierre de  investigación,  vale  decir, en el término autorizado por el primer inciso del  artículo  37  del  C. de P. P. y haberse continuado el trámite ordinario hasta  la  calificación  del mérito investigativo, para entonces sí, y por efecto de  la  revocación  de la nulidad que con acierto había decretado el juzgado desde  la  equivocada  decisión  de  la  Fiscalía,  verse  el juzgado de primer grado  avocado  a  acceder  a  la  solicitud, que entonces cobró entidad jurídica con  fundamento  en  el último inciso del precitado mandato legal, con derecho a una  reducción  punitiva  inferior  a  la que aspiraba el sentenciado con su primera  petición.   

                                             

          Ha  reconocido  la Corte en anterior pronunciamiento casacional, que  el  texto del primer inciso del artículo 37 del C. de P. P. requiere el auxilio  de  la  hermenéutica,  como  que  al identificar la delimitación máxima de la  oportunidad  para  solicitar la sentencia anticipada que surge con la ejecutoria  de  la  resolución con la que se define la situación jurídica y continúa con  la  expresión  “hasta  antes  de  que  se  cierre la  investigación”    da   paso   a   dos  posibles  alternativas:  basta  simplemente  que se haya dictado la resolución del cierre  investigativo    o    es    indispensable   que   esa   resolución   se   halle  ejecutoriada.   

          Esta  situación  de perplejidad condujo a pronunciamientos en uno y  otro    sentido,    con    los    naturales    efectos   en   la   dosificación  punitiva.   

         

          Es  así  como,  acudiendo  a  la  técnica  de  la  interpretación  sistemática  de  la  ley  prevista en el artículo 30 del C. C. en concordancia  con  el  artículo  28  del  mismo  ordenamiento, se puntualizó que conforme al  artículo  438  del  C.  de  P.  P.  el  cierre  de  la  investigación  ocurre,  jurídicamente  hablando,  con  la  ejecutoria  de la providencia respectiva, la  cual  opera  conforme  lo disponen los artículos 196 y 197 del C. de P. P. y da  vía  a  la  ejecución  del  mandato  judicial  o  sus efectos, de acuerdo a lo  previsto  en  el  artículo  334  del  C.  de  P.  C.  Lo  anterior sin dejar de  considerar  factores  tan  trascendentales en la interpretación de la ley, como  son  los  de  la razón teleológica, la eficiencia de la norma, ambos referidos  al  artículo  37  en  comentario,  auspiciados por imperativos de racionalidad,  seguridad jurídica y  eficacia  social de las normas.   

          Este  detenido  seguimiento  de  la  normatividad  legal pertinente,  permitió  a  la  Sala,  acudiendo  a  la  unidad  sistemática del ordenamiento  jurídico  en  orden  a  la  ejecutoria  y  efectos de las decisiones, expresar:   

            

“De la norma y  el  método  de  interpretación  antes  expuestos, se infiere que una exigencia  fundamental  en la interpretación jurídica, como paso previo a su aplicación,  es   la   de  la  preservación  de  la  unidad  o  carácter  sistemático  del  ordenamiento     jurídico.     Por    ello,    la    expresión    ‘antes   de   que   se   cierre   la  investigación’, no puede  entenderse  como  escuetamente  la dispone el artículo 37 del C. de P. P., sino  que  es necesario precisarla conforme con las definiciones y matizaciones que de  la  figura se hace bien sólo dentro de la ley de procedimiento penal ora dentro  del  resto  de reglas y principios del ordenamiento jurídico y, en especial, de  las     normas     constitucionales.”   

                 La   Corte   agregó   en  la  jurisprudencia en cita:   

         

“Se      concluye      parcialmente     que     ese     ‘antes’  escrutado  no  se agota con la mera  declaración  de  cierre  de  investigación,  sino  que  se  proyecta  hasta la  ejecutoria  de  la  respectiva  providencia.  Aunque  se  pensara,  en gracia de  discusión,  que  el  genuino  querer de los redactores de la ley se orientaba a  sellar  la  oportunidad  con el sólo proferimiento de la resolución, lo cierto  es  que  no  fue  eso  lo que expresaron claramente en el texto normativo, y por  ello  se  impone  esta  suerte de interpretación contextual o sistemática que,  frente  a  la  ambigüedad  de  la  letra  de  la  ley, es el único método que  suministra     seguridad     jurídica,  uno  de  los  valores  fundamentales  del  derecho -aunque no el  único-,  en  el sentido de que fijar como punto de llegada la ejecutoria de las  resoluciones  es algo que, no sólo por su sentido jurídico – sistemático sino  también   por   su   ambientación   en   la   práctica  judicial  para  otras  instituciones,  resulta  más  fácil  de  prever  a  los  destinatarios  de  la  norma.”   

          Ahora  bien,  el examen de la actuación surtida desde que se dictó  la  resolución  de cierre de investigación en este proceso confirma que cuando  se  presentó la solicitud de sentencia anticipada el mencionado pronunciamiento  de  la  fiscalía  se hallaba en término de ejecutoria, hecho éste que, acorde  con  las  precisiones  conceptuales antecedentes, imponía la celebración de la  audiencia  para  que  la fiscalía formulara contra el procesado los cargos, que  de  ser aceptados por éste, significaban un descuento de la tercera parte de la  pena que el juzgado le impondría.   

          Sin  embargo,   la  fiscalía,  arraigada  en  la  tesis de que  bastaba  que la resolución de cierre se hubiera dictado para que se perdiera la  posibilidad  de  aceptar  la  terminación  anticipada del proceso y con ella la  rebaja  punitiva  en la dicha proporción, rechazó el pedido y dio vía libre a  la  calificación  del  mérito  sumarial,  formulando  por la vía ordinaria la  acusación,  que  la  defensa  cuestionó  ante  el  juzgado  del  conocimiento,  solicitando  la  anulación  parcial  de  la  actuación,  petición que el  juzgado   atendió   invalidando   desde   la   resolución   de   cierre,   pronunciamiento  que  el  Tribunal,  al desatar la apelación interpuesta por la  Fiscalía,  revocó  y  con lo cual dejó vigente la resolución de acusación y  colocó  al  procesado  ante la posibilidad de una sentencia anticipada pero con  derecho a un descuento de pena inferior al pretendido.   

             De  esta  forma,  se  desconoció  el  debido  proceso,  pues  al  trasladarse  el  trámite  de la petición a la etapa del juicio, se impidió al  sentenciado  obtener  un  mayor favor punitivo equivalente a la tercera parte de  la pena, conforme al artículo 37 del C. de P. P.   

            La  Corte  no tiene reparo a las razones alegadas por el censor en  el  cargo  primero  de  la  demanda y por la Procuraduría Delegada, solicitando  casar  el  fallo impugnado, sólo que no se invalidará lo actuado desde la fase  instructiva,  esto  es,  a  partir  del  momento  en  que  la fiscalía negó la  petición   de  sentencia  anticipada,  dado  que  el  perjuicio  ocasionado  al  inculpado  y  el  restablecimiento  de  las  garantías  afectadas con semejante  proceder,  se  corrigen,  no retrotrayendo la actuación, sino complementando el  fallo  impugnado,  para  lo cual ha de hacerse la reducción punitiva autorizada  por   el   legislador   para  tales  eventos,  otorgándole  así  al  acto,  el  cumplimiento de la finalidad para el cual estaba destinado.   

               En oportunidad anterior, la Sala,  con   criterio   que  apoya  la  solución  que  se  adopta  en  esta  ocasión,  puntualizó:   

“En tal orden de  ideas,   si   la  solicitud  de  sentencia  anticipada  se  formula  durante  el  correspondiente   lapso   de   ejecutoria,  de  la  providencia  que  cerró  la  instrucción,  o  de  la  que  fijó  fecha para audiencia pública, o de la que  citó  para  sentencia,  esto  último  en  el  caso de la desaparecida justicia  regional  y,  en  consecuencia,  se  debe rebajar la pena, la solución tanto en  sede  de  apelación como de casación, no será la nulidad, sino la corrección  de  la  sentencia  para  ajustar la sanción, en la medida legalmente autorizada  según la respectiva oportunidad.”   

          El  cargo  prospera,  por lo que el fallo ha de casarse parcialmente  en los términos que pasan a exponerse:   

          El  Juzgado  21  Penal  del Circuito de Bogotá al dosificar la pena  por  el  delito de homicidio impuso a JEFFER ORLANDO GRANADOS 25 años y 6 meses  de  prisión,  monto  del que dedujo la sexta parte, esto es, 4 años y 3 meses.   

          En  virtud de lo expuesto en esta providencia, la rebaja de pena por  sentencia  anticipada  que  le  corresponde al inculpado es la del inciso quinto  del  artículo  3  de  la  ley  81  de 1993, equivalente a una tercera parte del  quantum   de   la   pena  determinada  en  la  sentencia con base en el tipo penal aplicable a la conducta  punible.   

          Esa  tercera  parte  corresponde  en  este  caso a una rebaja de 102  meses  de  prisión  y como en las instancias solamente se descontó por efectos  de  la terminación anticipada del proceso 51 meses (4 años y 3 meses), la Sala  en  esta  oportunidad  para  completar  la  tercera parte a que tiene derecho el  procesado  autorizara,  sobre el total de pena privativa de la libertad impuesta  (25  años  y  6  meses)  por  el  a  quo  y  ad quem, una  reducción  de  51  meses  de  prisión,  quedando  de  esta  forma  reparado el  perjuicio  que  recibió  el procesado, garantizados los fines del acto procesal  irregular,  así  como  los  propósitos  de la disposición legal que regula la  sentencia anticipada.    

          Segundo cargo.   

               

               El demandante propugna porque se  declare   que  el  Tribunal  estructuró  su  decisión  en  falsos  juicios  de  existencia,  los  cuales  lo  indujeron  a  no  reconocer  la  confesión, ni la  disminución  de  punibilidad  por  la ira prevista en el artículo 60 del C.P.,  como  tampoco  la  preterintención  como  modalidad  del  delito contra la vida  cometido   por   el   procesado,   previsto  en  el  artículo  325  del  C.P.P.  anterior.   

          La  aceptación  voluntaria  de  responsabilidad  en orden a obtener  sentencia  anticipada, se rige por el principio de no retractación, que implica  para  el  procesado  y  para  su  defensa técnica la renuncia a controvertir la  prueba  y  el  contenido  de  la  acusación.  Su  interés  en el evento de una  impugnación  se  vincula  con  la  dosificación  de  la  pena,  la  condena de  ejecución  condicional  y la extinción del dominio sobre bienes, restricciones  que  la  jurisprudencia  de  manera  unánime y pacífica ha hecho extensivas al  recurso  de  casación,  así  aquellas estén referidas en el artículo 37B del  C.P.P., al recurso de apelación.   

          Los  supuestos  que  aduce  el  recurrente  como  fundamento  de  su  pretensión  no  corresponden  a  ninguna  de  las situaciones que el legislador  previó  como  posibles para que el inculpado que acudió a sentencia anticipada  pudiera  impugnar la sentencia, pues la ira y la preterintencionalidad no fueron  objeto  de  la  imputación  aceptada  por  el  procesado  en  la  audiencia  de  formulación de cargos.   

          Por  tanto,  es  manifiesta  la  falta  de interés de la defensa en  relación  con  las  reclamaciones  que formula, argumentos con los cuales busca  materializar  una  retractación  de la responsabilidad voluntariamente aceptada  por    JEFFER    ORLANDO   GRANADOS   para   la   terminación   abreviada   del  proceso.   

          Los  fallos  de  instancia  no permiten predicar que al libelista le  asista  razón  en  cuanto  al  falso juicio de existencia que se le atribuye al  Tribunal  por  omitir  considerar  la confesión del procesado, pues el juzgador  apreció  la  versión  que  rindió  el  inculpado,  sólo que no le asignó el  alcance  pretendido  por  el  recurrente,  con lo cual la vía de ataque elegida  para  este  aspecto  resulta equivocada, pues debió el  censor acudir para  fundamentar  la  censura, al falso juicio de identidad o al error de raciocinio,  según el caso.   

         El cargo no prospera.   

            

         Esta  decisión queda en firme en la fecha de su firma y contra ella  no procede recurso.   

      

               Corresponde al juez de ejecución  de  penas la aplicabilidad del principio de favorabilidad, conforme al artículo  19  de  la ley 553 de 2000, si a él hubiere lugar por la vigencia de la ley 599  de 2000.   

                                                 En  mérito  de lo expuesto la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación  Penal,  administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la Ley,   

                                                      RESUELVE   

      

                                                 CASAR   parcialmente  y  conforme  al  primer cargo,  la   

sentencia    condenatoria    objeto   de  impugnación,  únicamente  en el sentido de rebajar al procesado JEFFER ORLANDO  GRANADOS    de   la  pena  impuesta  51  meses  de  prisión,  quedando  en  consecuencia  en  doscientos cuatro (204) meses de prisión la pena privativa de  la  libertad.  Las demás decisiones adoptadas por los fallos de instancia no se  modifican.   

                                                Cópiese, notifíquese y devuélvase.   

ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

         No hay firma   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS    A.    GÁLVEZ    ARGOTE                                                   

JORGE   ANÍBAL   GÓMEZ   GALLEGO                                     EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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