11629ago

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 11629  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

               Magistrado Ponente Dr.   

                                                                                EDGAR LOMBANA  TRUJILLO   

                                                                                     Aprobado    por    Acta   No.  131   

Santafé de Bogotá, D.C.,  dos (02) de  agosto de dos mil (2000).   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el defensor público de MARLENY CALDERON ARTUNDUAGA, contra la sentencia de  junio  2  de  1.995,  mediante  la  cual  el  Tribunal Nacional condenó a dicha  procesada  a 8 años de prisión por infracción al artículo 33 de la ley 30 de  1986.   

          ANTECEDENTES   

          1.-                       El 20 de abril de 1.993 la Sección de Policía  Judicial  e  Inteligencia  del  Departamento de Policía de Caldas, recibió una  llamada  telefónica  alertando que a la residencia de la carrera 11 N°. 57E-35  de  Manizales  arribaría  un  taxi  para  coordinar  la  entrega  de  una droga  procedente  del  Departamento  del  Cauca. Por esa razón se procedió a vigilar  dicha  residencia,  y  aproximadamente a las 9 y 30 de la mañana de ese día se  presentó  el  taxi  al  mencionado  inmueble y su conductor ingresó allí para  salir media hora después.   

          El   grupo   de  investigación  se  trasladó  entonces  al  peaje  “Tarapaca”  ubicado  entre Santa Rosa y Chinchiná, y hacia las 10 de la mañana  del  día  siguiente  (21),  reapareció  el  taxi  que transitaba con destino a  Manizales,  procediendo  a  registrarlo.  Ante  esas circunstancias el conductor  admitió  que llevaba droga camuflada en la puerta del vehículo y que la traía  del  municipio  de  El  Bordo  (Cauca) con destino a la señora “Alcira”, a cuya  residencia  -la  misma  que  el día 20 habían vigilado- los condujo, yendo los  investigadores ocultos en el taxi.   

          Llegados  al lugar Néstor de Jesús Toro Díaz, el conductor, hizo  sonar  la  bocina  y  de  la  casa  salió una señora que dijo llamarse Marleny  Calderón   Artunduaga,   quien  -según  afirmaron  los  agentes-  ofreció  al  comandante  del  operativo, teniente José Domingo Moncaleano Sánchez, la mitad  “de la mercancía” momentos antes incautada.   

          La  sustancia  incautada  fue  identificada  y pesada como cocaína  base, en cantidad de  11.512 gramos.   

          2.-   La   Fiscalía   Regional   Delegada   de   Manizales  abrió  investigación  (fl.  10) y escuchó en indagatoria a los  retenidos, cuyas  especificaciones así se resumen:   

          –  Toro  Díaz  dijo  (fl. 13) que un pasajero lo había contratado  para  viajar  a Popayán donde pernoctaron la noche del 20 de abril, procediendo  a  guardar el taxi en un garaje, sin colocarle las seguridades correspondientes;  pero  en la madrugada el pasajero le dijo que ya no viajaría y que en Manizales  le  acabaría  de pagar lo acordado como valor del pasaje. Añade que emprendió  el  regreso a Manizales siendo retenido en el sitio ya indicado, pero afirma que  no conoce ni la residencia ni a la persona de Marleny Calderón.   

          –  Marleny Calderón Artunduaga dijo (fls. 16 y 89) que al escuchar  la  bocina  del  carro  se  asomó, pero como no se trataba de alguien conocido,  siguió  en  sus quehaceres domésticos. Al poco rato envió a un hijo suyo a la  calle  a  comprar  carne, pero cuando abrió la puerta para salir, los policías  ingresaron  junto  con el conductor. Niega entonces totalmente su participación  en el hecho imputado.   

          –  Decidida  la  detención preventiva para los dos sindicados (fl.  38),  Toro  Díaz  solicitó “audiencia especial” y como consecuencia se rompió  la unidad procesal (fls. 74 y 149).   

          –  Luego de practicarse otras pruebas se cerró investigación y se  calificó  con  resolución  acusatoria  el  29  de  junio  de  1.994 (fl. 205),  reprochándose  a  Marleny Calderón Artunduaga la  infracción prevista en  el  artículo  33 de la ley 30 de 1.986, y disponiendo la averiguación separada  del cargo de cohecho.   

          La  acusada  apeló  pero  no  sustentó, por lo cual el recurso de  declaró desierto (fls.216 a 220).   

          3.-  El  Juzgado  Regional  citó en su oportunidad para sentencia,  profiriéndola  el  23  de enero de 1.995 (fl. 255), en el sentido de absolver a  la acusada.   

          Consultado  dicho  fallo, el Tribunal Nacional lo revocó por medio  del  que  es  objeto  ahora de impugnación extraordinaria, y en armonía con la  acusación condenó a la acusada a 8 años de prisión.   

         

          LA   DEMANDA   

                       “CAUSAL  UNICA”           

          Dice  el  censor  que  al  tenor del artículo 220-1 del Código de  Procedimiento  Penal  y  por  errores  de  hecho  se  violó  indirectamente  el  artículo  33 de la ley 30 de 1.986, por aplicación indebida, criticando que la  sentencia  se basa en el informe del teniente y de los agentes que sorprendieron  a  Néstor  de  Jesús Toro Díaz cuando llevaba dentro de un taxi 11.515 gramos  de  base  de  cocaína,  calificando  de “parcializada” la manera como el Cuerpo  Técnico  de Policía Judicial recibió las declaraciones que condujeron a tener  a la procesada Calderón Artunduaga como la dueña de dicha droga.   

          Añade  que  la sentencia incurre en falso juicio de existencia, al  dar  por  hecho  mediante  un  falso  juicio  de existencia que efectivamente la  información  anónima señalaba la residencia de la acusada como el sitio donde  se  contrató  el taxi para ir a traer la sustancia, demostración que jamás se  aportó  al  expediente,  “ora  en el casete o su transcripción, aunque como lo  señalara  el  agente  Valencia,  el  cabo Peña Avila era el jefe de la sala de  grabaciones”  (fls.  79 infra y 80). Agrega que se supone “con grado de certeza,  que  el  cabo  Peña  Avila  montó  vigilancia  con  el  agente  Valencia en la  residencia  de la procesada el día inmediatamente anterior a los hechos “viendo  allí  el taxi (fl. 80 cit.), testimonio del cabo Peña que “se demerita no solo  con  lo  antes  señalado,  sino  con  aquella  que  para nada tuvo en cuenta el  Tribunal,  el  dicho  del  taxista  respecto  a  que entre las 9:30 y once de la  mañana  de  ese  día  se  hallaba  tramitando  el  permiso  para desplazarse a  Popayán,  de lo cual existe constancias en el informativo folios 14 vto. y 116”  (fl. cit.).    

          Otra  situación  de  duda  acusa  cuando  según  el  teniente, la  información  recibida  señalaba al esposo de la dueña de casa como la persona  que  negociaba la sustancia, cuando resulta que la implicada es persona soltera,  y  el  padre  de  sus  hijos  reside en Pitalito, Departamento del Huila. Que el  taxista  dijo,  además,  que la sustancia se le llevaba a una señora ELCIRA, y  no a la procesada, quien responde al nombre de MARLENY.   

         Manifiesta   que   cuando   el   conductor   solicitó   sentencia  anticipada,  debió  delatar  a  los  verdaderos  responsables  de  los  hechos,  distintos  de  la  acusada,  pero que esas (fl. 81), piezas procesales no fueron  allegadas  a  este  expediente  “para  demostrar  la  no  responsabilidad  de la  sentenciada” (fl. 81).   

         Considera   que   el   sentenciador   no   tuvo   en   cuenta  las  contradicciones  en  que  incurrieron los agentes policiales, pues mientras unos  dicen  que sólo al subir los vidrios del taxi se percataron de la existencia de  la   droga,   los  demás  afirman  que  fue  el  taxista  quien  aceptó  haber  transportado  la  sustancia,  comprometiéndose  a  llevar a los agemtes ante el  dueño del alijo.   

         Estima  que  de estos testimonios se desprendía que “la implicada  era  ajena  al  asunto”  (fl. 81), ya que “cuando oyó el ruido de la bocina del  taxi”,  no  conoció al conductor, siguiendo en sus labores de hogar, y abriendo  la   puerta   de  la  residencia  no  para  darle  entrada  al  taxi  como  dice  “amañadamente”  el  Teniente Moncaleano, pues esa afirmación está contradicha  por los policiales Peña y Valencia.   

         En  estas  condiciones el Tribunal habría dejado de lado (fl. 82)  las  versiones de la implicada, del otro procesado y del agente Valencia, prueba  que  conduce  a  sostener la ascensión del teniente y de la imputada al segundo  piso del inmueble, donde dice el primero que ella “lo sobornó”.   

         Tampoco  consideró  el  Tribunal  “las mentiras y equivocaciones”  del  Teniente,  quien afirmó que igualmente había aprehendido en situación de  flagrancia  a  los  hermanos  de  la  procesada,  cuando ello no se dio, pues en  sentir  del  censor,  es  claro  que  el  oficial  en cuestión “se equivocó de  vivienda” (fl. 82 infra.).   

         Al  suponer  el  Tribunal la existencia de prueba, aseguró que el  taxista  había  señalado  a  la acusada como la dueña del alcaloide, pero esa  afirmación  no  tiene  respaldo  en  el  proceso, ni fundamento en ninguna otra  prueba  diferente  al  dicho sospechoso de algunos de los uniformados, ya que el  taxista  siempre negó tal situación. Tal vez en la sentencia anticipada y aún  para  buscar  la  rebaja  por  delación,  bien  pudo  señalar Toro Díaz a los  verdaderos  responsables,  pero  ello debió apreciarse por el Tribunal en favor  de la acusada (fl. 83).   

         Solicita,   pues,  casar  el  fallo,  y  absolver  a  la  acusada.   

         

                   CONCEPTO  DE LA PROCURADURIA   

                    

         El  señor  Procurador  Segundo  Delegado en lo Penal encuentra en  primer término:   

        “…  que  el  censor  ampara  su  crítica  en la causal primera,  motivo  segundo  de  casación,  cuando es la existencia de un error de hecho lo  que  propone;  pero  no  logra  adecuar la sustentación del cargo dentro de los  parámetros  lógico  –  argumentativos  que  gobiernan esta específica vía de  ataque,  en  tanto  que no discrimina el sentido de error de hecho del reproche,  si  lo  es  por  falsos  juicios  de existencia por omisión, por suposición, o  identidad” (fl. 8 concepto).   

         Sin  embargo,  al  decir  que  los  testimonio se dieron “en forma  parcializada”,   se  sale  del  error  de  hecho  anunciado,  de  modo  que  “la  inapropiada  mixtura (error de hecho – error de derecho) al interior de un mismo  cargo  lo  hace excluyente e ininteligible en la medida en que cuando la critica  se  ampara en el error de hecho, cual es lo que formula el demandante, no tolera  cuestionamientos  en  torno  de la validez jurídica de las pruebas, de modo que  discusiones  relativas  a  la  ‘inducción  del testigo’ para que responda tal o  cual  cosa,  no  son  otra cosa que cuestionamientos relacionados con la validez  jurídica   del   medio  de  convicción,  en  tanto  que  de  ser  ciertas  las  afirmaciones  del  censor,  la  ilegal  aducción  del testimonio se hace palmar  (falso juicio de legalidad)(fl. 9)”.   

         Como  cuando  la  prueba  se  practica por fuera de sus requisitos  legales,  se  cae en error de derecho por falso juicio de legalidad, concluye en  que  “la contradicción  generada de la sola mixtura excluyente de vías de  ataque,  hace advertir la improsperidad del cargo” (fl. 10), no obstante lo cual  añade  que  las  versiones de los agentes resultan legalmente aducidas, sin que  pruebe  el  censor que evidentemente fuesen ‘inducidas’ las respuestas dadas por  ellos”  (fl.  11),  declaraciones  a  las  cuales  el Tribunal razonadamente les  otorgó credibilidad.   

         En  cuanto a la “información anónima” (fl. cit.) a través de la  cual  se  montó  el  operativo policial, dice que a la misma “se le dio inicial  tratamiento  por  los  Agentes del orden como a cualquiera otra que a través de  los  medios  dispuestos  para  la conservación del orden se utilizan en procura  del  logro  de  tales  objetivos:  Se  procedió  a  verificar  la idoneidad del  informe,  a  desplegar los operativos necesarios y detener de principio (sic) al  conductor  del  taxi,  a  quien  se  incautó  el  alcaloide  materia  de ilegal  tráfico”, de donde concluye:   

        “Así  entonces,  resulta incierto el ‘falso juicio de existencia’  que  alega  el  libelista,  en  el  entendido  que el operativo de incautación,  efectivo  decomiso  de  la  sustancia,  las  pruebas  de  campo  con  resultados  positivos,  etc,  no  son  probanzas  de  ningún  modo supuestas, sino reales y  demostradas  en  el  expediente.  En  este  orden,  probanzas  tales como cintas  magnetofónicas  o  transcripciones  policiales  relativas a la recepción de la  queja   en   esa   institución   resultan   verdaderamente   intranscendentes”.   

         Y  sobre  la  duda  que  plantea  el  censor  con  relación  a la  responsabilidad  de  su  defendida,  anota que se trata simplemente del criterio  personal  de  aquél,  “con  alegaciones propias del discurso de instancia” (fl.  12),  al cual enfrenta la parte esencial del fallo atacado, en la cual se motiva  por  qué  el  proceso  arroja  certeza  sobre  la responsabilidad de la acusada  Marleny  Artunduaga  Calderón  (fl.  13),  por todo lo cual impetra no casar la  sentencia recurrida.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         1.-  El  casacionista  no  se  ciñe  a  la estrictez y precisión  inherentes  a  la  sustentación  del  recurso  extraordinario  interpuesto  contra  el fallo, ya que sin solución de continuidad aduce error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad  (al  afirmar  “la  parcialidad”  que  exhiben  los  testimonios  de  cargo)  y de hecho por falso juicio de existencia (“suposición  de  la  información  anónima”  germen  del  proceso y omisión de la prueba de  favor),   además   de  una  averiguación  incompleta  por  ignorarse  la   “sentencia   anticipada”   del  coprocesado  y otras pruebas  (-nulidad-),  manera  de  alegar en esta sede que torna difuso, contradictorio y  antitécnico  el  cargo,  pues  tan diferentes yerros  deben  plantearse  separadamente  y  a  cada  uno  de ellos debe corresponder el  análisis  probatorio  respectivo y el planteamiento  diverso  de  las  conclusiones  a  las  cuales  conducen,  propias  de distintas  causales de casación.   

         En  segundo  término  -y  ésta  quizás  sea  la falla mayor que  muestra  el libelo-, la Corte enfrenta una verdadera alegación de instancia, la  que  se  pone de manifiesto cuando el casacionista alude a “la credibilidad” que  se  debió  otorgar   a  los  dichos  exculpativos  de  los  procesados,  y  correlativamente  ningún  crédito o atendibilidad mediana a los testimonios de  cargo  rendidos  por los agentes y que por lo menos conducía a la DUDA. Mas, se  reitera,   en  momento alguno el censor demuestra que la referida prueba de  cargo  se  haya  distorsionado  sustancialmente o que la sostenida como olvidada  por   el   fallador,   tuviese   realmente   ese   carácter   y/o  incida   en   la   parte   resolutiva  de  la  sentencia  atacada.   

         Además,   debe   recordarse   al casacionista, que  debido   a   que   el   ordenamiento  procesal   penal   en   sus  artículos   254 y 294,  sustituyó  la tarifa legal de la prueba  por   el     sistema   de  persuasión   racional,   la  “credibilidad” no puede atacarse en casación,   

a menos que se demuestre que se quebrantaron  los  principios  de  la  sana  crítica,  evento  en  el cual la censura deberá  orientarse  por  la  vía  del error de hecho por falso raciocinio, labor que no  emprendió el libelista.   

         2.-  En  sentir de la Sala, es suficiente en orden a corroborar la  justicia  de  la  sentencia,  con  recordar que en sus declaraciones el teniente  José  Domingo  Moncaleano  Sánchez (fl. 34), el cabo Ernesto Peña Aviña (fl.  105),  y los agentes Orlando Jiménez Montoya (fl. 94), Carlos Alberto Cárdenas  Reyes   (fl.  104),  y  Fernando  Valencia  Ortiz  (fl.  115)  fueron  claros  y  contundentes  al  afirmar que el retenido Toro Díaz los condujo a la residencia  de  la  procesada  Calderón  Artunduaga,  la  misma  que el día inmediatamente  anterior  habían  vigilado,  constatando  el arribo del taxi dentro del cual al  día  siguiente  capturarían  a  Toro Díaz, pruebas reales,  legales y no  supuestas como sostiene la demanda.   

         También  coinciden los nombrados testigos al afirmar que ya en la  residencia  de  la  procesada,  vieron  cuando ésta subió al segundo piso como  lo  acepta  Marleny Calderón Artunduaga,   y  le  ofreció  al  teniente comandante del operativo la  mitad  de  la cocaína incautada, “para que no dijeran nada y dejaran eso así”,  ofrecimiento  que  aquélla inadmite, lo que plantea la discrepancia en el plano  de la credibilidad y no de la omisión del dicho de la acusada.   

         En  estas  condiciones  surge  que  de  no  haber  sido  cierta la  “información  telefónica  anónima”, el desenvolvimiento de los hechos habría  sido  distinto,  pues  en coherencia cabal con dicha  información  fue  que  ocurrió  la aprehensión de  Toro  Díaz  cuando  se  dirigía  a  la casa de la procesada para entregarle la  sustancia  narcótica,  lo  que  condujo  al  grupo  policial a la residencia de  Artunduaga Calderón, a   

quien  se  mencionaba  disfrazadamente como  “Alcira”: lo que es corriente y explicable en el medio delictivo.   

         Por  otra  parte,  las “contradicciones” a que se refiere el actor  ocurren     sobre     cosas    nimias   como  el tiempo que demoró la imputada en abrir la puerta  de  su  casa, el momento y la forma de descubrir en el taxi la droga, etc., como  tampoco   comporta   incidencia  alguna  el  que  se  ignore  quién  fue  la persona que hizo la llamada  telefónica  origen  del  proceso,  o  que se sepa qué dijo el cosindicado Toro  Díaz  al anticipar su sentencia, lo que de ninguna manera podía condicionar la  condena de Marleny Calderón.   

         Por  todo  lo  anterior, se hace evidente que la demanda carece de  éxito alguno, y el fallo censurado no se casará.   

         

         En   mérito   de   lo   expuesto,   la   Corte  Supre­ma  de Justicia en Sala de Casación  Penal,    de   acuerdo   con   el   Ministerio   Público,   adminis­trando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

           NO  CASAR  la sentencia recurrida.   

         

Cópiese,  comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO       E.       ARBOLDA  RIPOLL            JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE            JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES              CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                   NILSON E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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