11443(16-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 11443  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

          |Dr.            HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

Aprobado Acta No.053  

Bogotá, D.C., dieciséis (16) de mayo de dos  mil dos (2002).   

         Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación interpuesto contra la  sentencia  proferida  el  6  de  octubre  de  1995  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  mediante  la  cual, por confirmación de la de  primera  instancia,  se  condena  a  JAVIER  BELTRÁN  CONTRERAS  a  la  pena  principal de veinticinco (25)  años  de  prisión  y  a  la  accesoria  correspondiente,  en  calidad de autor  responsable  del  delito  de  homicidio  simple  en  la  persona de Víctor  Julio  Lara Longas.   

HECHOS   Y   ACTUACION  PROCESAL   

         En  las  primeras  horas de la madrugada del 17 de octubre de 1994,  frente  al  establecimiento  de expendio de bebidas embriagantes llamado ´Café  Aventino´,  ubicado en la calle 16 No. 6-34 de Bogotá, en donde hasta entonces  habían   estado    JAVIER   BELTRÁN   CONTRERAS        y        Víctor      Julio      Lara      Longas,  protagonizaron  una  reyerta  en  la que éste resultó muerto a  manos   del   primero,   a   causa  de  las  heridas  que  con  arma  blanca  le  propinó.   

         El  sindicado  fue  vinculado  procesalmente mediante indagatoria y  llamado  a  juicio  por  el  delito  de  homicidio simple, según resolución de  acusación  dictada  el   14  de febrero de 1995 (fls.125 y ss. cd. ppl.1).  Por  el  mismo  hecho  punible,  una  vez  tramitado  el  juicio,  el juzgado 50  Penal   del Circuito expidió sentencia  de condena en su contra (fls.  71  y  ss.  cd.  pl.  2),  que  al  ser  apelada  por  la defensa  y por el  Ministerio  Público, el Tribunal Superior del Distrito judicial la confirmó en  su   integridad.   Inconforme  la  defensa,  impugnó  extraordinariamente   el  pronunciamiento de segundo grado.   

LA   DEMANDA   

         Con  base  en las causales 3a. y 1a. del artículo 220 del C. de P.  P.    el   censor  fundamentó  la  demanda  con  base  en  los  siguientes  cargos:     

          Cargo  Primero.   

         La  sentencia  fue  dictada  en un juicio viciado de nulidad,   por   vulneración  del  derecho  de  defensa,  porque, aunque el procesado  designó  el  19  y  el  26  de  octubre  de 1994  dos abogados para que lo  asistieran,    el   primero  de  ellos  en  la  indagatoria,   ninguno  adelantó  gestión  en  su  favor,  haciendo  nugatoria  la  defensa   técnica,   profiriéndose   en   estas   condiciones  fallo  de  condena.    

         Explica  que  la inactividad de los citados profesionales propició  que  el  hermano  del  procesado  no hubiera podido declarar sobre la forma como  ocurrieron  los  hechos,  o que antes y más oportunamente lo hiciera la testigo  presencial María Cleotilde Tovar de Bazabe.   

         Además,  añade, a solicitud del Ministerio Público se decretaron  varios  testimonios,  pero  las  citaciones  fueron enviadas a una dirección en  Bogotá, cuando pertenecían a la ciudad de Cúcuta.   

         De   otro  lado,  los  funcionarios  judiciales  no  atendieron  el  principio   de  la  oficiosidad  en  la  investigación  y  omitieron  practicar  inspección   judicial   al   lugar   de   los  hechos   y  confrontar  las  aseveraciones  del  implicado  con  los  dichos  de  Marina,  Yaneth, Virgelina,  Orlando  o  Alirio,  mencionados  en  la injurada, personas localizables por ser  unas  empleadas  y  la  dueña  del  hotel  donde  él se hospedaba, y los otros  clientes asiduos del billar.   

         Estas  pruebas,  considera,  tenían  la  potencialidad de producir  certeza  judicial   de  que  el procesado actuó ante agresión injusta por  parte  del  hoy  obitado  y  en  la  imperiosa  necesidad de defender su vida, e  impedían  el  cuestionamiento  que  el  Tribunal  formuló  por  tardía  a  la  declaración  de   María  Cleotilde  Tovar  de Bazabe  y  por no  haber  concurrido  a declarar su hermano Rosalino. Consecuente con la objeción,  solicita  la  anulación  del  proceso  desde inclusive, el auto de cierre de la  investigación.   

          Cargo  Segundo.   

         La  sentencia  es  violatoria,  de manera indirecta,  de   la   ley   sustancial,  a  causa  del  error   de  hecho  por falso juicio de existencia en que incurrió el Tribunal,  al  dejar  de  lado las manifestaciones del procesado en su injurada y de la testigo  Tovar  de Bazabe,  pues así, concluyó que la muerte del occiso se produjo  en  desarrollo  de una riña entre él y el procesado,  siendo que  la  misma  se motivó por el ataque aleve que el hoy occiso profiriera en contra del  acusado,  cuando  éste  de manera desprevenida y sin ningún ánimo pendenciero  se disponía a retirarse a sus habitaciones, a descansar.   

         Tras  escenificar  la  forma  como en su opinión se desarrolló el  episodio    del   forcejeo   por   el   arma,   afirma   que   el   fallador  “dejó  de  apreciar  el  dicho  del acusado”  con  el  que  explica  lo  sucedido.  Transcribe fragmentos de la  apreciación  del  Tribunal  en  los  que  justamente  haciendo  referencia a la  versión  del  procesado,   desecha  la  justificante por él aducida, para  insistir  que  no  apreció  el dicho del inculpado, cuando éste sostuvo que el  occiso   ‘parecía  un  loco’,   que   pretendía   echarse   sobre  él y agarrarlo con sus manos,  por  lo que sintió la urgencia de quitárselo de encima.   

         Discurre  extensamente  sobre  el concepto doctrinario de legítima  defensa,  buscando  adecuarlo  a  los sucesos desarrollados en el caso concreto,  para  terminar  este  reparo  insistiendo en la procedencia de la justificante y  solicitando  que  la  Corte  profiera  sentencia  de  reemplazo para absolver al  procesado.      

          Cargo     Tercero    (Subsidiario).   

         La  sentencia  es  violatoria,  en  forma  directa,  por  falta  de  aplicación, del artículo 30 del C. P.   

         A  partir  del  fragmento  de  la  sentencia  en  que se desecha la  justificante  de  legítima defensa aducida por el procesado, el censor sostiene  que  su  patrocinado  obró  en circunstancias de exceso de legítima defensa, y  que  por  lo  tanto, era merecedor de menor punibilidad de la que se le aplicó,  conforme a lo previsto en el artículo 30 del C. P.   

         Para   acreditar   la   aplicación  al  caso  de  la  disposición  precitada,  luego   de  discurrir con su óptica acerca de los hechos,  reforzando  su  criterio  con  precisiones  teóricas  sobre el tema, señala el  monto  de  pena  que debió tasarse para su poderdante, solicitando, consecuente  con el planteamiento, la casación parcial de la sentencia.   

EL    MINISTERIO  PUBLICO   

        A  ninguno  de  los  reparos  de  la  demanda  hace  eco  el   Procurador   Segundo  en  lo  Penal,   en cuyo concepto, no solo todos  están  viciados  de inconsistencias de técnica casacional, sino que carecen de  razón  en  lo sustancial que proponen, de donde colige su ineficacia para fines  casacionales.   

        Respecto  de  la  nulidad denunciada en el cargo  primero por  quebrantamiento  del derecho de defensa,  observa que el discurso comprende  aspectos  de  distinto  origen  que  debieron  alegarse separadamente, porque la  falta  de  asistencia  calificada  es  distinta  de  la  no práctica de pruebas  tendientes  al  esclarecimiento  de los hechos, como diferente a estos yerros es  el  preconizado  descuido  de  la  fiscalía  en su actividad investigadora para  citar  a  unos  testigos  y la inobservancia del principio de oficiosidad, temas  todos  que  aunque  eventualmente  incidieran en el derecho de defensa, menester  era  tratarlos  metódicamente  en  orden  a  establecer  su trascendencia en el  derecho reclamado.   

        Encuentra  carente  de  solidez  la  afirmación de la ausencia de  defensa  técnica  por  inactividad de los abogados de la defensa, y desprovista  de  relación  de  causalidad  esta  situación con las demás a que atribuye el  censor  la  violación  fundamental  de  que habla, pues dice, de un lado, la no  práctica  de  las pruebas citadas por la defensa obedeció a la imprecisión de  los  datos esenciales que facilitaran la actividad investigativa, pese a lo cual  la  fiscalía  expidió  resoluciones  ordenando  su  recopilación;  y, de otra  parte,  en   la   etapa  del juicio el defensor público después  de  haber solicitado sin éxito la nulidad por esa razón, desplegó su gestión  para  que el Juzgado ordenara recaudar esas pruebas, pero este esfuerzo también  resultó  fallido  por los mismos motivos que durante la fase de investigación,  a  lo  cual  se  añade  la  falta  de  demostración de la trascendencia de las  pruebas  echadas  de  menos  por  el  actor  y  la  inoportuna  glosa  por la no  realización  de  una  inspección judicial jamás solicitada y cuya pertinencia  aún hoy no parece clara.   

        Al  replicar,  para  desecharlo  también,  al segundo cargo de la  demanda,  el  funcionario  considera  que  existe confusión conceptual sobre el  error  de  hecho  que  se aduce en la apreciación de la prueba, al equiparar el  falso  juicio  de existencia con la distorsión material de su contenido o de su  alcance,  que  corresponde  al  falso  juicio  de  identidad,  como  lo  hace el  casacionista   al  aludir a la indagatoria del procesado y al testimonio de  la señora Tovar de Bazabe.   

        De  igual  manera  se  opone  a  la  pretensión del tercer cargo,  porque,  basado  en  la  supuesta  violación  directa  de la ley sustancial, la  demostración  se  desarrolla   con  argumentos de la violación   indirecta,    al  incurrir  el  censor  en   un  juicio  controversial  fáctico,  desnaturalizando  así  la  acusación  e impidiendo el examen de las  inquietudes plasmadas en el libelo.   

    

CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

         Primer cargo. Nulidad.   

        El  cargo  que  se  examina,  denuncia  varias  situaciones que en  sentir  del  censor  incidieron  en  el  quebranto  del  derecho  de defensa del  procesado:   a)   Nombró  sucesivamente dos profesionales del derecho  como  apoderados  en  el  sumario,  sin que esa representación se hubiera hecho  efectiva,  porque  ninguna  gestión en su favor realizaron; b.) La Fiscalía no  recibió  los  testimonios  de  las  personas  citadas  por  el  procesado en su  indagatoria;  c)  Los  funcionarios  judiciales  no  hicieron  uso  del deber de  oficiosidad  en  su  labor  investigativa y por lo  mismo no dispusieron la  práctica  de una inspección judicial al lugar de los hechos, así como tampoco  confrontaron  el  dicho  del  procesado  con  el de las personas que citó en la  indagatoria.   

        Por  lo  tanto  la nulidad la  pregonó por violación al derecho  de  defensa  técnica  y  el  desconocimiento  del  principio  de investigación  integral,  en  concordancia con el principio de oficiosidad, irregularidades que  se  expusieron sin observar una argumentación independiente, como la situación  lo  demandaba, esto es, identificando el acto o actos  procesales  afectados,  ni  demostrar  que  la  omisión  acotada  era  exigible  jurídicamente  o que, dadas las circunstancias, ese comportamiento procesal fue  arbitrario.  Tampoco  señaló su incidencia  en el proceso o la sentencia,  con  efectos  en  las  garantías constitucionales y legales reconocidas a favor  del  procesado,  o  en  la  estructura  del  proceso.   

No  obstante  la  revisión del expediente  permita   establecer  que  los  profesionales  del  derecho  que  asistieron  al  procesado   antes  de  declararse  cerrada  la  investigación,  no  solicitaron  pruebas,  ni   intervinieron  en  las  que  se  practicaron,  como  tampoco  interpusieron  recursos,  ello  no implica que le asista razón al impugnante en  cuanto   al   yerro   atribuido   a   la   sentencia  recurrida,  pues  como  se  precisará,   existió  una  gestión  de   defensa desde el cierre de  investigación, por parte del defensor público designado.   

Las omisiones del defensor que dan lugar a  la  invalidación  del proceso por falta de defensa técnica, lo ha reiterado la  Sala,  no  pueden  identificarse con la ausencia de algunos actos procesales. La  nulidad  sobreviene  como  consecuencia  del incumplimiento irresponsable de los  deberes  por  parte  de  aquél,  premisa  que  no  es aplicable a la actuación  cumplida  por  los  profesionales  del  derecho  que  actuaron  en  la etapa del  sumario,  pues una evaluación integral de la gestión agotada en el proceso por  los   abogados  que  asistieron  a  Javier  Beltrán  Contreras,  según  quedó  establecido  con  el  registro  de la actividad que cumplieron, permite señalar  que  la  actitud  de  los  defensores  que  intervinieron  antes  del  cierre de  investigación   no   generaron   resultados   adversos   a  los  intereses  del  procesado.   

        El   minucioso  seguimiento en este preciso caso a   la    actividad    investigativa   de   la   Fiscalía,   del  juzgado  cognoscente,  a  la  del  Agente  del  Ministerio  Público,  del procesado, sus  defensores  y  los  órganos  de  prueba,  pone al descubierto  que en  términos  racionales  los  derechos  y  las  garantías del procesado no fueron  quebrantados,   como   lo   sostiene  con  criterio  equivocado el demandante.   

         Principio de investigación integral.   

Los cuestionamientos que hace el recurrente  al  ad  quem  de  haber  desconocido  el  principio  de investigación integral,  implicaban  abordar  la  identificación  de  las  citas  no verificadas, de las  pruebas  no  evacuadas,  la  conducta de los operadores de justicia al respecto,  señalar  racionalmente  su  contenido y pertinencia, haciendo la confrontación  con  la  totalidad  de la prueba recaudada, y precisar la trascendencia, en este  caso,  de  manera  específica determinar si la evidencia conducía a justificar  la  conducta,  como  lo  sugiere  el  censor,  o  por  lo menos a una situación  jurídica más benévola.   

Sin   ataque   válido  a  la  sentencia  recurrida,   no  corresponde  a  la  Corte  ni  defenderla  o  explicarla,   haciéndole  un   juego inútil a una demanda inane, menos aún si se tiene  en  cuenta  que  ella  está  ampara  por  la  doble  presunción de legalidad y  certeza.   

        Una  de  las  obligaciones  del  recurrente,  cuando  el ataque se  enmarca  en  la  violación  al  principio  de investigación integral, es la de  sugerir  en  términos  racionales  el  alcance probatorio de la prueba omitida,  sólo  así se puede hacer la relación de pertinencia  de la evidencia con  lo  que  se  pretende  demostrar,  y  por  ende  establecer  la incidencia en la  decisión  adoptada.  Este  requisito  no  fue  cumplido  por  el demandante con  ninguna   de  las  pruebas  echadas  de  menos,   lo  cual  implica  la  no  demostración del cargo expuesto en la demanda.   

          El  minucioso  seguimiento  en  este preciso caso a la actividad  investigativa  de   la   Fiscalía,   juzgado  cognoscente,  Agente  del  Ministerio  Público,  procesado,  defensores  y  órganos  de  prueba,  pone  al  descubierto  que los  derechos  y  las  garantías  del procesado no resultaron afectadas, bien porque  algunas  pruebas  fueron  practicadas  o  porque, conforme al registro procesal,  ninguna  incidencia  tenían  finalmente  en relación con la orientación de la  decisión que adoptaron los fallos de instancia.   

         Segundo cargo.   

        El  reproche  por  falso juicio de existencia que el recurrente le  atribuye  al  fallo  de  segunda  instancia  lo  vincula con la indagatoria y la  declaración   de   Cleotilde  Tovar  Bazabe  y  al  concretarlo  sólo  hace  referencia  a  algunas  expresiones contenidas en esas  pruebas.   

        El  reparo en este caso, lo es por omisión probatoria, situación  que  imponía al censor un análisis sobre la existencia de la prueba, el aporte  legal  de  la misma, su contenido y la posición del juzgador frente a la misma.  Sin  embargo  no  los asumió con objetividad en el desarrollo del cargo y otros  fueron  avocados  de  manera  incoherente,  al  confundir  el  falso  juicio  de  existencia con el falso juicio de identidad.   

   

Con el siguiente examen se establece que no  existió  estricto  sensu,  la  omisión  probatoria  argüida por el censor. En  efecto,  el Tribunal señaló que la excluyente de la antijuridicidad no procede  porque  los protagonistas se colocaron en situación mutua de acometimiento, con  intención  de  inferirse  daño,  conclusión  a  la que arribó acudiendo a la  descripción  de  las circunstancias de cómo se inició el conflicto que narró  María Cleotilde Bazabe. Dijo el ad quem al respecto:   

“Si admitimos que tuvieron ocurrencia al  calor  de  una  riña  porque  como lo expresa MARIA CLEOTILDE, luego que JAVIER  BELTRAN  salió  del  Café  Aventino, lo esperaba el hoy occiso manifestándole  ‘no  le  gusto  que le  hubiera   matado   a   su   sobrino  y  el  otro  contestó  como  voy  a  estar  contento’  (…)”   

En  otro  aparte,  el  juez  de  segunda  instancia  asumiendo  el  relato  de  los  hechos  expuesto  por  el procesado y  confrontándolo con el haz probatorio allegado, señaló:   

“Precisamente la situación que advierte  el  contexto  probatorio  es  la inoportunidad de la reacción de JAVIER BELTRAN  CONTRERAS,  en  la  medida  en que si logró desarmar a su agresor apoderándose  del  cuchillo  con  que  pretendía  lesionarlo  y  lo  tuvo a su merced una vez  dominó  la situación al poseer el control del arma, que era lo que colocaba en  peligro  su  vida,  desapareció la legitimidad de la defensa al quedar excluida  la inminencia del ataque (…)”.   

Referencias expresas como las anteriores y  relacionadas  con  las citadas pruebas se encuentran en la providencia impugnada  en  el  capítulo  que  destinó para examinar y denegar el reconocimiento de la  ira  (fls.  47  y  ss  Cd.  Trib.),  acápite  en  el  que  el juzgador le resta  credibilidad   a   la  información  suministrada  por  María  Cleotilde  y  el  procesado.   

El  fallo  de primera instancia igualmente  asumió  la  apreciación  del  testimonio  (fl. 72, 76, cd. 2) y la indagatoria  (fl.  74,78,  cd.  2), las que fueron prohijadas por el superior al confirmar el  fallo,  por  lo  que  el  demandante  no debió ignorar tales consideraciones al  formular  el  ataque  como  falso  juicio de existencia, al estar integradas las  sentencias por principio de unidad jurídica.   

        El  censor  incurre  en  un error con el cual desconoce las formas  propias  del  extraordinario recurso al que acudió, puesto que plantea el cargo  como  un  falso  juicio  de  existencia, cuando, por el desarrollo que le dio al  reproche,   debió   entonces   formularlo   como  falso  juicio  de  identidad,  incurriendo  en   evidente e insalvable contradicción, al tratar dos tipos  de  error  que son autónomos, y cuyas características  impiden que el uno  se  derive  o  fundamente con razones que son propias del otro. Proceder de esta  manera  conduce  a  invalidar  así su propia propuesta pues le impide a la Sala  resolver el fondo de la censura.   

Si  el sentenciador asigna el alcance a la  prueba  tomando  sólo  una  parte  del  contenido material, como lo denuncia el  recurrente,  la  evidencia  resulta distorsionada si con el texto omitido y dada  su  trascendencia  resulta  expresando  una  realidad  que  no contiene. En este  evento,  el  error  radica  en  la  contemplación  de  la prueba, atacable como  violación  indirecta de la ley sustancial por error de hecho, pero a través de  un falso juicio de identidad y no de existencia.   

                                          

La  Sala,  en jurisprudencia pacífica, ha  señalado  que  en  estos casos el ataque no puede hacerse a través de un falso  juicio   de   existencia.   Puntualizó  la  Corte1:   

                   

“De  acuerdo con la técnica casacional,  cuando  se  fracciona una prueba para analizarla, omitiendo parte de ella, no se  incurre          en          ‘preterición’  (falso juicio de existencia), sino que se distorsiona su sentido  material  (falso  juicio de identidad), toda vez que por esa circunstancia no es  posible otorgarle el sentido que realmente tiene”.   

En  consecuencia  el  reproche,  por  las  razones expuestas, no prospera.   

Tercer cargo.  

El impugnante denuncia la inaplicación del  artículo  30  del  C.P.,  pues  “aceptando  el  pensamiento  del tribunal”,  tendría que admitirse que el procesado obró en exceso de defensa.   

El  demandante  cita  los párrafos en los  cuales  el  Tribunal  concluye la inexistencia de la actualidad de la agresión,  la   ausencia   de   la   necesidad  de  defenderse  por  haberse  eliminado  la  “inminencia  del  ataque” y la consiguiente desaparición de la ‘legitimidad’  de la reacción. Seguidamente, al  entrar  a  establecer  el error, el censor discrepa de los hechos que a criterio  del  juzgador  fueron  probados,  aseverando:  “Lo  afirmado  por  el  ad  quem  sería  aceptable  si  efectivamente  se le hubiese  despojado  del  arma al agresor (se halló al pie del herido folios 61 y 64 Con.  1.)  y  el  mentado  hubiera  cesado  en  la  agresión, separándose, o saliera  corriendo,  momento  en el cual fuera perseguido y herido. Pero ello no ocurrió  (…)”.   

En este caso, el censor debió, con base en  los  hechos  que el sentenciador dio por demostrados, establecer la concurrencia  de  los  presupuestos  exigidos  por  el  30  del  C.P.  Inexplicablemente  esta  obligación  fue  abandonada  por el recurrente en el desarrollo y sustentación  del  cargo, sin razón atendible, pues se ocupó en principio de persistir en la  existencia  de  la  legitima  defensa y finalmente en deducir de la sentencia de  segunda  instancia  lo  que  no admitió expresamente y que su contenido tampoco  permite arribar a la conclusión a que llega el censor.   

El  Tribunal  lo único que admitió en la  sentencia  fue  un  “ánimo  alterado”  en el sindicado al momento de obrar,  estado  que  para  el  juzgador  no  asumió  las  condiciones  exigidas  por el  artículo  60  del C.P.. La deducción del recurrente en este caso para postular  la  violación  directa, en cuanto a la admisibilidad del exceso de la legítima  defensa   por   parte   del   ad  quem  es  una  argumentación  que  no corresponde al contenido objetivo  del  fallo  impugnado,  tanto  es  así que se vio precisado a discutir la forma  como  el  sentenciador asumió y dio por demostrados los hechos, como ha quedado  demostrado  con  el  aparte  de  la  demanda  que  se  transcribió  en párrafo  anterior.   

En la violación directa, unánimemente es  admitido,  que se deben aceptar los hechos y las pruebas tal y como las apreció  el  sentenciador.  Por lo tanto, a partir de este supuesto la argumentación del  demandante  en  este  caso  debió  estar orientada a demostrar que la decisión  atacada dejó de aplicar el artículo 30 del C.P.   

La fundamentación resulta incompatible con  el  deber  que  tenía  el  censor  de  derruir la base jurídica que sirvió de  fundamento  a  la sentencia para la prosperidad del ataque. Al haber desconocido  el  fundamento  probatorio  y  fáctico de la sentencia de segunda instancia, se  incurrió  en desacierto técnico que resulta insalvable para la Sala, en razón  del  principio  de  limitación,  para  entrar  a  resolver  de  fondo el asunto  planteado.   

El cargo no prospera.  

Corresponde al juez de ejecución de penas  la aplicabilidad del principio de favorabilidad, conforme a la   

Ley 600 de 2000.  

Esta  decisión queda en firme en la fecha  de su firma y contra ella no procede recurso.   

En mérito de lo expuesto la Corte Suprema  de  Justicia, en Sala de Casación Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR  la   sentencia   impugnada,   de  fecha,  origen  y  contenido   

consignados en esta providencia.  

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase  y  devuélvase.   

ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN  

  FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL         JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA   

         

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS          CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                    EDGAR     LOMBANA     TRUJILLO                                                                                                                      No hay  firma   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR             NILSON  PINILLA     PINILLA                             

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

1   Sent.   02  –        09       –  98,  Magistrado  CARLOS  E. MEJIA  ESCOBAR     

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