11203fe1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11203  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 017  

          Santafé de Bogotá, D. C., ocho de febrero de dos mil.   

VISTOS  

          La  Corte decidirá el recurso extraordinario de casación propuesto  en  contra  de  la  sentencia condenatoria de segunda instancia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  por medio de la cual se condena al procesado  OSCAR  WILLIAM  ARANGO GIRALDO, por el delito de hurto calificado-agravado, como  consecuencia  de la confirmación integral de la que había proferido el Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Itagüí (Antioquia).   

          El  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal ha emitido concepto  adverso a las pretensiones del impugnante.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  las  horas  de la mañana del 21 de septiembre del año de 1994,  el   conductor  William  Loaiza  Guevara  partió  de  la  ciudad  de  Medellín  al  mando del vehículo tipo  furgón,  de  placa  ICJ  803, cargado con 370 cajas de chocolate “Quesada”,  propiedad  de  la  empresa  de  Chocolate  Luker,  acompañado  por José   Gildardo   Posada  Pineda,  y  con  destino  a  la  ciudad  de Manizales.  Aproximadamente a las 6 y 15 minutos  del  día,  cuando  el  operador  del  carro  esperaba  el cambio de luces en el  semáforo  situado  a inmediaciones del Centro Internacional del Mueble sobre la  autopista  sur,  en  jurisdicción  del municipio metropolitano de Itagüí, dos  (2)  sujetos  lo  abordaron  por los estribos de ambos lados, lo intimidaron con  arma  de  fuego,  mientras  un  tercero,  también  armado,  se  acercó  en una  motocicleta,  y  así  lograron  hacer  descender  a  los dos ocupantes para que  finalmente    uno    de    los    individuos    tomara    la   conducción   del  automotor.   

          Otro  de los asaltantes amenazó a los dos despojados para llevarlos  en  un  taxi  hasta  un  sitio  despoblado en el barrio Aranjuez de la ciudad de  Medellín,  donde  los mantuvieron hasta las diez de la mañana, hora en la cual  los  liberados  acudieron  a  la  compañía  y se enteraron de que el vehículo  había  sido  recuperado  con  la  mayor  parte  de la mercancía en la plaza de  mercado  del  municipio  de Bello, pues desde las 7 de la mañana del mismo día  del  asalto  fue advertido por la policía cuando dos (2) menores lo descargaban  en  la bodega de propiedad de RODRIGO EDUARDO CORREA MAYA, operación de la cual  estaba  pendiente  el  individuo  OSCAR  WILLIAM ARANGO GIRALDO, quien le había  pedido prestado el local al primero.   

          En  el  acto fueron capturados los menores y el dueño de la bodega,  porque   el   individuo   Arango  Giraldo  huyó  al  notar  la  presencia  policial,  pero éste después se  presentó a la Fiscalía de Bello.   

          Iniciada  la  instrucción  por  la Unidad Seccional de Fiscalía de  Bello,  se recibió en indagatoria a RODRIGO EDUARDO CORREA MAYA y OSCAR WILLIAM  ARANGO   GIRALDO,   quienes   posteriormente  fueron  afectados  con  medida  de  aseguramiento   de   detención   preventiva,   el   primero   con   derecho   a  excarcelación,  por  el  delito  de encubrimiento como  receptación;  y el segundo, sin beneficio de libertad  provisional,   como   coautor   del  delito  de  hurto  calificado-agravado    (fs.    10,    19,   47v.   y  56).   

          En  providencia  del  25  de  noviembre de 1994, el fiscal dieciocho  Delegado  de  la  Unidad  de  Itagüí, que había asumido la investigación por  razón  del  territorio,  ordenó  la  excarcelación del procesado Arango    Giraldo,   en   vista   de   la  indemnización  de  perjuicios,  conforme  con lo dispuesto en el artículo 415,  numeral 7° del Código de Procedimiento Penal (fs. 120).   

          Cerrada  la Investigación, el mismo funcionario fiscal de la Unidad  de  Itagüí  calificó  el  mérito  sumarial  el  día  30  de  enero de 1995,  oportunidad  en  la  cual  acusó  al  procesado ARANGO GIRALDO por el delito de  hurto calificado-agravado, en  razón  de  la  violencia, la participación de más de dos personas en el hecho  delictivo  y  la  elevada  cuantía  del  mismo  (C.  P.,  arts.  350,  351-10 y  372-1).   En  relación  con  el  sindicado  CORREA  MAYA,  el  calificador  precluyó     la     instrucción     por     el    delito    de    encubrimiento    (fs.   141).    La  decisión  calificatoria alcanzó ejecutoria el 15 de febrero de 1995 (fs. 149v.  y 153).   

          Asumió  el  conocimiento  del  juicio  el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Itagüí, despacho que hizo la audiencia pública el 11 de mayo de  1995  y  dictó  sentencia  condenatoria  en  contra  del  acusado  Arango  Giraldo,  el 25 de mayo siguiente,  por  medio  de  la  cual  le  impuso  la  pena  principal  de nueve (9) meses de  prisión,  como  coautor  del  delito  de hurto calificado-agravado, después de  reconocerle   la  atenuante  por  indemnización  de  perjuicios  (art.  374  C.  P.).   Se  dispuso,  además,  la  sanción  accesoria  de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas,  por  un  tiempo  igual al antes indicado; el  resarcimiento  de  los perjuicios en cuantía de cuatrocientos treinta y dos mil  novecientos  veinte  pesos ($ 432.920.oo); y se negó el subrogado de la condena  de ejecución condicional (fs. 158 y 162).   

          En  razón de la apelación interpuesta por el defensor, el Tribunal  Superior  de  Medellín,  por medio de sentencia fechada el 24 de julio de 1995,  confirmó  el  fallo  de primera instancia, con la modificación de que el monto  de  los  perjuicios  por  pagar era de $ 315.682.60, no sin dejar de lamentar la  omisión  en  el  calificatorio  de  la agravante prevista en el numeral 6° del  artículo   351  del  Código  Penal,  al  igual  que  las  deficiencias  en  la  aplicación  de  los  artículos 372-1 y 374 del mismo estatuto, pues fue exiguo  el  aumento  por  la  primera  disposición  y la segunda se aplicó sin haberse  hecho la reparación completa del daño (fs. 192).   

          El  recurso  de casación fue propuesto y sustentado por el defensor  del procesado.   

DEMANDA DE CASACIÓN  

          El  actor  invoca la causal primera de casación, según lo previsto  en  el  artículo  220  del C. de P. P., medio que utiliza para señalar dos (2)  hechos  jurídicos fundamentales que merecen su reproche:  uno, la errónea  apreciación  probatoria  que llevó a ambas instancias a situar al procesado en  el  campo  de  la  coautoría,  en lugar de la complicidad; y otro, la negación  caprichosa del subrogado de la condena de ejecución condicional.   

          1.  En relación con la primera objeción asevera:   

          1.1   Contrario  a  lo  expuesto  por  el  juzgado  de  primera  instancia,  el  procesado  nunca  manifestó que él o el individuo “Carlos”  guardarían  chocolate  en  la bodega prestada, pues siempre se ha dedicado a la  venta  de jabones y artículos afines, además de que tampoco supo qué producto  almacenaría   el  mencionado  “Carlos”,  sujeto  de  real  existencia  cuya  identidad  no  se  probó  por  negligencia  del  Estado  y  no  por  culpa  del  acusado.   

          1.2          Ni         el        conductor        Loaiza   ni   su   ayudante  Posada  reconocieron  al  procesado  como  partícipe  del  asalto;  tampoco se ha demostrado vínculo alguno de aquél con  los  individuos  que  lo realizaron directamente y, no obstante que la sentencia  refiere  el  caso examinado como de piratería terrestre en el que al acusado le  correspondió  conseguir  la bodega dentro de la repartición de tareas, ello es  fruto   de   la  simple  especulación,  porque  ningún  indicio  grave  se  ha  estructurado  en  contra  del  procesado,  ni  siquiera  el de la capacidad para  delinquir,  pues  a  ello  se  opone  su  personalidad  y  la  lícita actividad  comercial a la que desplegaba.   

          1.3   La  inmediatez  entre el apoderamiento del vehículo y la  conducta  probada  del  procesado,  como simple elemento temporal indicativo que  resalta  el  Tribunal,  no  es  más que una apreciación probatoria equivocada,  porque  se dejaron de estimar y valorar las actividades del sindicado durante la  noche  anterior a lo acontecido y también en el curso de las primeras horas del  día de los hechos.   

          1.4    El  comportamiento  del  acusado,  a  lo  sumo,  podría  encuadrarse  dentro de la figura de la complicidad, por haber prestado una ayuda  posterior  al  apoderamiento,  en  la  medida  que  se  haya  demostrado  que su  colaboración  consistía  en adquirir la bodega.  Agrega que se ha violado  una  norma  sustancial  porque se condenó con fundamento en el artículo 23 del  Código   Penal,   y   no   con   apoyo   en   el   artículo   24   del   mismo  ordenamiento.   

          2.  En cuanto al segundo reparo dice:   

          2.1   Es  genérica  la  afirmación  de  que  por  “falta de  resortes  morales  de  los partícipes”, en relación con la empresa delictiva  mencionada    por   el   juzgador,   se   hacía   imperativo   el   tratamiento  penitenciario.   

          2.2    El   juzgador   no  tuvo  en  cuenta  circunstancias  de  atenuación  tales  como  la  buena conducta anterior del procesado; el procurar  voluntariamente,  después de cometido el hecho, disminuir sus consecuencias; el  resarcimiento  espontáneo  del  daño;  y  la  presentación voluntaria ante la  autoridad.   Estas manifestaciones permitían una valoración más adecuada  de  la  conducta y la personalidad del procesado, con el fin de hacerlo acreedor  al subrogado previsto en el artículo 68 del Código Penal.   

          2.3   Según  lo  ha reconocido la Corte en decisión del 25 de  agosto  de 1990, el subrogado también puede concederse en sede de casación, en  la  medida  que  se  haya violado la ley sustancial, derecho que en este caso es  viable   tanto   por  el  aspecto  objetivo  como  por  el  subjetivo,  pues  la  personalidad  del procesado brinda la convicción de que él no requiere terapia  carcelaria.   

          2.4    La  procedencia  del  sustituto  es  más  clamorosa  en  atención  a  la  cantidad  mínima  de sanción (9 meses), pues la crisis de la  pena   privativa   de  la  libertad  es  más  profunda  en  relación  con  las  consecuencias  físicas  de  corta  duración,  dado  que  entonces  no  habría  oportunidad  de  ejercer  una  cabal  función  resocializadora  ni  tampoco  de  prevención  especial.   Quedaría  entonces  el  procesado  expuesto  a un  obsoleto  criterio  de  mera  retribución,  pues  la  cárcel genera un dañino  contagio para volver delincuente a quien no lo es.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR DELEGADO  

          Sostiene  el  Procurador que, sólo para comenzar, la mal denominada  demanda  de  casación  no  reúne  las  exigencias  formales  para acceder a su  estudio  de  fondo,  pues  ni  siquiera  relaciona los sujetos procesales; en el  resumen  de  la  actuación procesal, se dedica a una apreciación eminentemente  subjetiva  del  proceso y plantea dos reproches confusos de manera simultánea y  escueta.   

          En  efecto,  en  relación  con el primer cargo, aunque menciona los  artículos  23  y  24  del  Código  Penal,  desconoce  lo  que  se entiende por  “proposición  jurídica  completa”,  toda vez que omite la cita integral de  la normatividad vulnerada.   

          Aunque   el   actor   menciona  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  no  por  ello  concreta el sentido de la violación de la  ley,  si  lo  es  por  vía directa o indirecta, y deja la censura huérfana del  necesario    desarrollo   técnico   para   buscar   la   prosperidad   de   los  reproches.   

          El  censor  ofrece  una  entremezcla  de  razones  que  confunden la  violación  directa  con  la  indirecta y, si bien con laxitud pudiera admitirse  que  se  refiere  a la segunda modalidad, lo cierto es que la objeción falla al  omitir  la  concreción del medio probatorio erróneamente valorado o apreciado,  así  como  la indicación de la trascendencia del yerro y su potencialidad para  desvirtuar  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  acompaña la  decisión que se ataca en sede extraordinaria.   

          El  escrito  de  demanda no supera la repetición de las alegaciones  de  instancia,  las  mismas  que  amañadamente  se  trataron  de acomodar a las  exigencias  del  artículo  220  del  C. P. P., pues basta leer la sentencia del  Tribunal  para  conocer  la  respuesta  a  las  inquietudes  sobre  coautoría y  negación  del  subrogado,  temas que fueron nuevamente propuestos en el recurso  extraordinario.   

          Sobre  los  medios probatorios que despiertan el reproche, solamente  se  refiere  a  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila de personas, mas no  señala  el  impugnante  de  qué  manera  se  apreció o evaluó erradamente la  probanza  y  además desconoce abiertamente el resto del acervo probatorio, pues  termina  por  anteponer  su personalísimo criterio a las consideraciones hechas  por el ad quem.   

          En   cuanto   al  reparo  relacionado  con  la  no  aplicación  del  subrogado,  el  actor  expresa  que no se consideraron varias circunstancias que  contribuían   a  valorar  la  conducta  y  la  personalidad  del  agente,  pero  igualmente  omite  relacionar  los medios probatorios erradamente sopesados y la  modalidad   de  error  cometido.   Es  decir,  no  se  sabe  si  faltó  la  apreciación  de una prueba, o se relacionó otra que materialmente no existe, o  hubo  tergiversación  del  contenido  fáctico  del medio probatorio o si se le  otorgó mérito a una prueba ilegal.   

          Frente  al cúmulo de confusiones y errores que envuelve la demanda,  el  Procurador  propugna  por  su  desestimación,  de  cara a los principios de  limitación, taxatividad y no contradicción.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          El  demandante  pretende señalar, a pesar de los defectos técnicos  de  su  petición,  que el procesado no debió ser condenado como coautor sino a  título  de cómplice del delito de hurto, y además era merecedor de la condena  de    ejecución    condicional,   subrogado   que   le   negó   la   sentencia  atacada.   

          Conviene    organizar    la   decisión   por   temas   y   reparos,  así:   

          1.   En  lo que se refiere al grado de participación delictiva  del  procesado (complicidad y no coautoría), el censor parte de una invocación  genérica  de  “error en la valoración de la prueba  allegada”  y  hace  cuatro  (4)  observaciones, cuya  respuesta es la siguiente:   

          1.1   Según  lo  expresa  el  impugnante,  el  sentenciador de  primer  grado  afirmó  que el procesado era revendedor de artículos de aseo y,  en   consecuencia,   su   actividad  comercial  era  extraña  a  los  productos  perecederos  y  alimentos.   Sin embargo, agrega el censor, el sindicado en  ningún  momento  explicó  que  el  préstamo de la bodega era para guardar las  cajas   de   chocolate,   porque   él  tampoco  sabía  a  qué  la  aplicaría  momentáneamente  el  sujeto “Carlos”, mas siempre ha dicho que el objeto de  su comercio eran los jabones y mercancías afines.   

          Para  entender  el  propósito  de  la  observación,  es  necesario  aclarar  que  el  sindicado  en  su  indagatoria  manifestó  que el día de los  hechos,  aproximadamente  a  las  7 de la mañana, le pidió prestadas al señor  Rodrigo  Eduardo  Correa Maya  las  llaves de la bodega de su propiedad, con el fin de guardar algunas cajas de  producto  “palmolive”,  mas  cuando  se  dirigía  a  su  casa para traer la  mercancía,  coincidencialmente  se  encontró con “don Carlos”, un conocido  vendedor  de  “colgate  venezolano”  que  en  varias oportunidades le había  suministrado  tal  producto,  quien  le  pidió el favor de prestarle una bodega  para  asegurar  unos  paquetes de su mercadería y a ello accedió al entregarle  las  llaves  del  local  perteneciente al señor Correa  Maya.   Agrega  que allí dejó a su proveedor en  la  tarea  de  almacenar  su mercancía, mientras él iba a su residencia por la  suya.   

         Sugiere  entonces el demandante que en el fallo de primera instancia  se  distorsionó la indagatoria, dado que el sindicado jamás había manifestado  que  pretendía  guardar  chocolate  en  la  bodega,  o  que “don Carlos” lo  haría.    Con   todo,  aún  sin  explorar  la  realidad  de  la  supuesta  tergiversación  del  medio probatorio, el señalamiento carece de un defecto de  argumentación  lógica,  pues el actor no ha demostrado que tal afirmación del  fallo  de  primer  grado de alguna manera haya quedado incorporada como sustento  de  la  sentencia  de segunda instancia, en vista de que, al fin y al cabo, esta  última   decisión   es   el  objeto  directo  del  recurso  extraordinario  de  casación.   

         Por  otra  parte,  si  es  que  en  realidad  hubo  distorsión  del  contenido  de  la  indagatoria, tampoco ha explicado el censor si el fallador le  otorgó  un  valor directo o subordinado a esa conclusión supuestamente espuria  en  la  estructuración  de la sentencia, ni menos cuál sería la incidencia en  el  sentido  de  la  misma,  si  se llegare a prescindir de dicha argumentación  hipotéticamente  falaz,  de  cara a la restante fundamentación axiológica del  fallo o a otros medios probatorios considerados en él.   

         1.2    Insinúa  el  impugnante  que  el  Tribunal  omitió  la  apreciación   de   la   diligencia   de  reconocimiento  en  fila  de  personas  protagonizada  por  el conductor y su ayudante, cuyo resultado fue negativo a la  pretensión  de  incriminar  al  procesado  (fs.  103),  pero  el  escrito en el  respectivo  acápite no expone de qué manera se sustentó entonces la sentencia  condenatoria,  a  pesar  de  la ausencia de dicha prueba de participación en el  momento  del  arrebatamiento,  así  fuera  para contradecir los juicios por ser  supuestamente absurdos.   

         1.3   Advierte  el  censor que tampoco existe ninguna prueba de  la  vinculación  del  procesado con los sujetos que realizaron materialmente el  apoderamiento  del  vehículo  y  la  mercancía,  pues es una mera conjetura la  afirmación  de  que  a  aquél  le haya correspondido como tarea específica la  consecución de la bodega para almacenar el producto del delito.   

         Parece  proponer el actor que el fallador se inventó un indicio que  no  tiene  eco  en  el  proceso,  pero no presenta una mínima explicación para  saber  si hubo distorsión o imaginación de la prueba base del hecho indicador,  o  si,  más  allá  de  la  fuente  probatoria  y por otro medio arbitrario, se  hubiera tergiversado la inferencia indiciaria.   

         Además,  el  censor  califica superficialmente de “conjetura” o  “especulación”  las  conclusiones del Tribunal, pero ningún esfuerzo serio  se  hace  para  mostrar el error en reflexiones tan contundentes y precisas como  las siguientes:   

“Pues  bien,  las  evidencias  procesales  permiten  concluir  que Oscar William Arango Giraldo fue la persona que a eso de  las  siete  de  la  mañana  del  21  de septiembre del año anterior logró que  Rodrigo  Eduardo  Correa  Maya le facilitara las llaves de su bodega en la plaza  de  mercado de Bello en donde se descargó la mercancía que a las seis y cuarto  o  seis  y media de esa misma mañana se hurtaran los asaltantes a la altura del  Centro  Internacional del Mueble.  Y el mismo a quien viera el agente Edgar  de  Jesús  Lopera  Villegas cerca al automotor en el momento del descargue y el  que  contactara  a  los  menores  encargados  de  esa  función,  al  decir  del  uniformado  Juan  Carlos  Londoño  Arias.   Finalmente  fue la persona que  desapareció  de  ese  lugar  tan pronto advirtió que la autoridad ya estaba al  tanto de la procedencia ilícita de la mercancía.   

Obviamente  que  el citado Oscar William ha  negado  cualquier  vinculación  con  el  hurto  al  pretender demostrar que tan  pronto  obtuvo  las  llaves  de la bodega, un individuo a quien sólo identifica  como  Carlos  le  solicitó  el  favor  de  que le permitiese guardar allí unas  cajas,  a  lo  cual  accedió  sin indagar si quiera de qué se trataba, pero su  explicación  carece  de consistencia lógica, máxime cuando la identificación  del  citado  personaje  no  se  pudo  obtener,  como  tampoco  datos ciertos que  procuraran  su identificación.  La suya no es más que la manida respuesta  que  en  estos  casos  aducen  los  sorprendidos con el producto de una ilicitud  patrimonial…”   

“…  Trasladando  esas  reflexiones  al  evento  que  concita  la  atención  de  la  Sala,  tiénese que de ningún modo  podría  decirse  que  la  tarea de Oscar William Arango Giraldo fue accesoria y  que  sólo  consistió  en  guardar el producto delictual.  No.  En el  proceso  existen las bases suficientes para afirmar que en el mejor de los casos  fue  co-titular  de  la  dirección  en  el  hecho criminoso y que por ende tuvo  dominio  del  hecho.   La  inmediatez existente entre el apoderamiento y la  conducta  por  él  desplegada,  el  que fuera encargado de adquirir el inmueble  donde  se  guardaría el producto alimenticio y de contratar a quienes deberían  descargarlo,  son  premisas  que  de  tal manera permiten afirmar” (fs. 195, 196 y 197).   

         1.4   Pretende el impugnante también desvalorar el hecho de la  inmediatividad  material y temporal resaltada por el Tribunal como indicio grave  de  coautoría  en  el  hurto,  supuesto  que nada se dijo sobre las actividades  cumplidas  por  el  procesado durante la noche anterior y las primeras horas del  día  antecedentes  a  la  ocurrencia  del despojo.  Sin embargo, aunque se  sugiere  allí  un  falso juicio de existencia, tampoco expone el actor qué fue  lo  realizado  por  el  acusado  en  ese  tiempo precedente al asalto, como para  otorgarle  a  dicha  conducta la fuerza dirimente de un hecho tan patético como  fue  su  contacto  material  inmediatamente  posterior  con  el  vehículo  y la  mercancía  hurtada,  máxime  que  hubo  tiempo hasta para dejar otra parte del  botín  (lo  que no fue recuperado) en lugar diferente a la plaza de mercado del  vecino municipio de Bello.   

         En  resumen, no existe demostración de que el Tribunal haya violado  el  artículo  23  del  Código  Penal,  que sería por aplicación indebida, ni  tampoco  el artículo 24 del mismo ordenamiento (por falta de aplicación), pues  permanecen   incólumes   las   argumentaciones   que   sobre   el  tema  de  la  responsabilidad  y  la  coautoría  hizo  el  Tribunal  en la sentencia atacada,  habida  cuenta  de  que  el  actor  no mostró errores de hecho o de derecho que  pudieran socavarlas.   

         2.   En  relación con el subrogado de la condena de ejecución  condicional,  el  demandante  hace  igualmente  cuatro  (4)  reparos  sobre cuyo  mérito en casación conviene afirmar lo siguiente:   

         2.1   El  impugnante  aduce importantes planteos desde el punto  de  vista  general  y  teórico:  que la naturaleza y modalidades del hecho  punible  no  son  los  únicos factores que cuentan para definir la concesión o  negación    del   sustituto;   que   para   tal   efecto   debieron   valorarse  preponderantemente  la buena conducta anterior del sindicado, la procuración de  atajar  los  efectos  dañinos del delito, la reparación voluntaria del daño y  la  presentación  espontánea ante las autoridades; y que en las penas de corta  duración,  como  la  del  caso, el tratamiento penitenciario es más nocivo que  benigno,  pues  el  tiempo  no  alcanza  para  que  la  sanción  despliegue  su  influencia  positiva  en  busca  de la resocialización y la rehabilitación del  condenado.   

         No  obstante,  la  argumentación  no es suficiente para saber si al  impugnante  le  duele  una  interpretación  errónea  y la consecuente falta de  aplicación  del  artículo 68 del Código Penal (que regula el subrogado), como  modalidades  de  la violación directa de la ley sustancial; o si hubo falencias  notorias  en  la  apreciación  de  pruebas  que  el  actor no menciona en parte  alguna;  y,  en  caso de admitir defectos visibles en la estimación probatoria,  tampoco  indica  la  individualidad  de  los  errores  cometidos  (de hecho o de  derecho),   como   expresiones   de   la   violación   indirecta   de   la  ley  sustancial.   

         2.2   Desde  luego  que  en  el  examen  de  la  procedencia  o  improcedencia  del  subrogado  deben  contar  la  buena  conducta  anterior  del  procesado,  las  actitudes  posteriores al hecho delictivo que tiendan a detener  sus  efectos  perjudiciales,  la  indemnización y la presentación voluntarias,  como  elementos  expresivos  de  una  personalidad positiva del acusado, pero de  igual  manera  deben examinarse juntamente con ésta la naturaleza y modalidades  del  hecho  punible,  como lo indica el artículo 68 del Código Penal.  Si  en  gracia  de  discusión  se  admite  que  todas  aquellas  manifestaciones de  personalidad  están  probadas en el proceso, el demandante debió indicar cuál  fue  el  tratamiento  que a ellas se dio en la sentencia acusada; si en realidad  fueron  menospreciadas  o  resultaron  opacadas por otras de mayor trascendencia  dentro    del    obligado    examen    integral    de   los   presupuestos   del  sustituto.   

         2.3   Se dice lo anterior porque, a pesar de los datos de favor  a  su  interés  que destaca el actor, lo que ofrece es una distinta valoración  de  la  información  procesal,  con inclinación a darle mayor preponderancia a  las  manifestaciones  de  personalidad del procesado hechas con posterioridad al  delito,  no  una demostración de los errores de hecho o de derecho cometidos en  la negación del subrogado.   

         Como  no  se  han  señalado  desfases ostensibles en la valoración  jurídica   y/o   probatoria  del  sustituto,  siguen  vigentes  las  siguientes  argumentaciones     del     ad     quem:   

“En  punto  al sustituto de la condena de  ejecución   condicional   también  se  estima  adecuada  la  decisión  de  la  a-quo.   Evidentemente que quienes conforman las bien organizadas bandas de  piratería  terrestre  que  azotan  la sociedad, que actúan a mano armada sobre  indefensos   conductores  y  que  al  menor  movimiento  de  resistencia  están  dispuestos  hasta  a  ocasionar la muertes a sus opositores, deben estar exentos  de  la  gracia  contemplada  en  el  artículo  68  del  Código Penal.  La  naturaleza  y  modalidades  del  hecho  punible  no son los únicos factores que  deben  analizarse  para  definir el punto, mas sí tiene especial importancia, y  la  decisión  de  otorgar  el sustituto demanda que el favorable pronóstico de  que  no  se  requiere  tratamiento  penitenciario  se basa en la apreciación de  todos  los elementos a que la norma alude” (fs. 197 y  198).   

         2.4   De  igual  manera,  la  petición final del demandante en  punto  al  reconocimiento  del subrogado es equívoca, dado que no basta afirmar  como  en  la  instancia  que  en  realidad  se  dan los presupuestos objetivos y  subjetivos  de  la  respectiva  norma, sino que en casación es preciso señalar  que  dicho  precepto  sustancial fue vulnerado por falta de aplicación, a pesar  de  que el Tribunal declaró probado el supuesto del mismo; o que no se hizo por  influencia  marcada  de  los  yerros  de  hecho  o  de  derecho  cometidos en la  apreciación de las pruebas.   

         No prospera la casación.   

         Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

         No  casar  la  sentencia  de  origen  y  contenido  indicados  en la  motivación.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.     

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