11130(03-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 11130  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 188  

          Bogotá, D.C., tres de diciembre de dos mil uno.   

VISTOS  

             

Revisa  la  Corte  en  sede  de casación la  sentencia  de  segundo  grado del 21 de junio de 1995, proferida por el Tribunal  Superior  de Barranquilla, por medio de la cual confirmó integralmente el fallo  dictado  por  el  Juzgado  Promiscuo  del Circuito de Sabanalarga el 24  de  febrero  del  mismo  año,  en  el  que condenó a JUAN  SANJUÁN  FANDIÑO  a la pena principal de 25 años de  prisión como autor responsable del delito de homicidio.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         

Los  sucesos  materia de juzgamiento en este  proceso  tuvieron  ocurrencia  en horas de la noche del 8 de mayo de 1994, en el  establecimiento  de  comercio denominado “Mi Ranchito” ubicado en la calle 9  No.  9-05  del  municipio  de  Manatí (Atlántico), donde se suscitó una riña  entre   Patrocinio   Fernández  Castro  y   JUAN   EVARISTO   SANJUÁN  FANDIÑO,  en  el curso de la cual el último propinó al primero  lesiones   con  arma  cortopunzante  a  consecuencia  de  las  cuales  falleció  posteriormente.  Como el agresor fue perseguido por algunas personas después de  cometer  el  hecho,  se  refugió  en las instalaciones de la Estación Rural de  Policía del lugar.   

Formalmente  abierta la instrucción el 9 de  mayo  de  1994,  la Unidad de Fiscalía de Sabanalarga escuchó en indagatoria a  JUAN  SANJUÁN FANDIÑO   y   resolvió  su  situación  jurídica  con   detención  preventiva  sin  beneficio  de  excarcelación  por el delito de homicidio. El 9 de septiembre de  1994  se  profirió  en su contra resolución de acusación por el mismo delito,  decisión  que  impugnada  fue  objeto de confirmación en providencia del 26 de  octubre del mismo año.   

          Una  vez  celebrada  la  vista pública, el 24 de febrero de 1995 el  Juez  de  conocimiento  condenó al procesado a la pena principal de 25 años de  prisión  por  el  delito  de  homicidio,  decisión que al ser impugnada por el  procesado  y  su  defensor,  revisó y confirmó en todas sus partes el Tribunal  Superior de Barranquilla el 21 de junio del mismo año.   

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

          Bajo  un único cargo al amparo de la causal primera cuerpo segundo,  el  censor acusa la sentencia de segunda instancia de ser violatoria de la norma  sustancial   en  forma  indirecta,  “al  ignorar  la  existencia  de  la  LEGITIMA  DEFENSA”.  El juzgador  incurrió  en  un  falso  juicio  de  identidad por errónea apreciación de las  pruebas.   

          De  cara  al  desarrollo  del  cargo  inicia  señalando  que  en el  trámite  del  proceso  se  “judicializan” dos testimonios contradictorios y excluyentes.   

          El  primero  exculpativo,  constituido  por  la  declaración  de la  esposa   de   la   víctima   Neyla  Esther  San  Juan  y  del  cual  cita  algunos  apartes,  es  claro  y de  “absoluta  credibilidad”  atendiendo  las  circunstancias  en  que la deponente percibió los hechos y las  condiciones personales y familiares de la misma con el hoy occiso.   

          No  obstante, las razones esgrimidas por el Tribunal para desconocer  su  valor  probatorio  –las  que     igualmente     trascribe-    no    tienen    respaldo    “empírico”   alguno   y  desconocen  la  presunción  de  veracidad que entraña la prueba testimonial. Esta declaración  como  prueba  de  descargo,  se incorporó atendiendo los parámetros de la ley,  esto  es  bajo  la  gravedad  del  juramento y previa amonestación acerca de la  importancia moral y legal del acto so pena de sanciones.   

          Para  el  impugnante,  no  es  válido  el razonamiento crítico del  Tribunal  para  desechar  el  testimonio  de  Neyla San  Juan,  “a  no  ser  que se  hubiese  retomado  la doctrina jurídico penal clásica, que señalaba sin (sic)  más  veraz  el testimonio de la mujer como fantástico y superficial; o que por  mujer  se  era  sensible y emocional, fácilmente propensa a la ira falseando la  verdad,  cuando la experiencia en el foro demuestra todo lo contrario, y si bien  es  menos  amplia  que  el  hombre  en  su dicho, siempre es más veráz, fiel y  exacta que el hombre”.   

En  consecuencia,  a  este  testimonio  debe  dársele  el  valor  probatorio  que  se  indica,  para  que  con base en él se  reconozca  que el procesado actuó en legítima defensa de su vida y se le exima  de responsabilidad.   

El   otro   testimonio,   de   cargo   y  responsabilidad,  rendido por José Francisco Fontalvo,  no debió en cambio dársele la credibilidad que se le  atribuye  porque está probado que no presenció los hechos y para el momento de  los  mismos  el  declarante se hallaba en estado de embriaguez y “quien  consume alcohol su memoria se le hace vacilante, disminuye su  capacidad   de  atención,  se  amegua  (sic)  la  agilidad  para  comprender  y  percibir”.  De otro lado, su amistad con la víctima  hace  probable  que  su  dicho  haya  estado  influenciado  por  sentimientos de  solidaridad,  vecindad  y  paisanaje,  de  donde  el  mismo no constituye prueba  suficiente  para  condenar  ni para desvirtuar lo alegado por el procesado en el  sentido de que actuó en legítima defensa.   

La  circunstancia  de  que  el  procesado se  encontrara  armado  se  justifica  por la cultura de violencia que se vive en el  país.  Así  mismo  el  que le haya propinado a la víctima dos puñaladas y no  una  “no  rompe  con  el  elemento estructural de la  proporcionalidad   entre   agresión   y   defensa”.  “La   pugnacidad   y   virulencia”   de   la  respuesta  a  una  agresión  injusta  no  se  puede  medir  racionalmente  porque en esos instantes el hombre obra emocionado y ello implica  la pérdida de la capacidad de compresión.   

Es   plausible  admitir  que  JUAN  SANJUAN  FANDIÑO fue agredido por el  hoy   occiso   Patrocinio   Fernández,  quien  debió estar celoso de quien compartía en el establecimiento  de  cantina con su esposa. Los celos, agrega, son “la  pasión  más  altamente  criminógena  (sic),  por  cuanto  en  su  proceso  se  entrelazan  con  el  dolor  y  desfogan con la ira” .  Dicha    circunstancia   hace   admisible   la   tesis   de   que   SANJUAN  FANDIÑO fue injustamente agredido  “por  quien  avasallado por la mórbida efigie de la  pasión celosa, veía en él el objeto de la traición”.   

Concluye señalando que en la sentencia no se  cumplió  con  el  principio  de  la  “necesidad  de  prueba” de que trata el artículo 246 del Código de  Procedimiento   Penal,   ni  existe  la  prueba  para  condenar,  y  finalmente,  “este instructivo arroja duda razonable y manifiesta  que debió resolverse a favor del procesado”   

En  consecuencia  solicita  que  se  case la  sentencia   para   que   en   su   lugar  se  dicte  el  fallo  que  en  derecho  corresponda.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PUBLICO   

          El   Procurador   Segundo   Delegado   en   lo   Penal   sugiere  la  desestimación  de  los  cargos  en  contra  de  la sentencia por las siguientes  razones:   

En   primer  lugar  se  advierte  que  los  fundamentos  esgrimidos  por  el  casacionista  en  pro del reconocimiento de la  legítima  defensa  han  sido  trajinados  a  lo largo del trámite del proceso,  circunstancia   que   si   bien  no  implica  la  descalificación  del  recurso  extraordinario,   en   el   presente  caso  el  efecto  si  es  nocivo  pues  la  argumentación  en la que se soporta la petición de la causal de justificación  está  basada  en  juicios  de  reproche eminentemente subjetivos, que no tienen  cabida en esta sede.   

Así,  agrega,  el  censor  convoca  a  una  revisión   de   planteamientos   típicos  de  instancia,  configurándose  una  desenfocada  invitación  a discernir sobre una peculiar apreciación probatoria  respecto  de  dos  medios  de  prueba  que  critica con una postura radicalmente  opuesta a la estimación que de ellos hizo el Tribunal.   

Pero además el casacionista incurre en otra  serie  de  desaciertos,  pues  no demostró la manera como pretende pudo haberse  afectado  la  ley sustancial con la sentencia y ni siquiera aclara el sentido de  la  violación,   que  en el evento de la transgresión indirecta de ésta,  puede  darse  por  un  error  en  la  selección  normativa,  bien  por falta de  aplicación  del precepto o por su indebida aplicación, sobre lo cual, insiste,  nada aporta la demanda.   

También   incurre  en  una  ostensible  contradicción,  con  lo  que  se considera es el aspecto central de su demanda,  esto  es  el  reconocimiento  de la legítima defensa, pues ninguna razón tiene  que  culmine  diciendo  que  “el instructivo arrojó  duda  razonable”  para endilgar la transgresión del  artículo  445  del  Código  de Procedimiento Penal, cuando paralelamente alega  una  causal de justificación que ni remotamente puede tener coexistencia con el  fenómeno  de  la  duda,  lo cual imponía hacer dichos planteamientos en cargos  separados    y    con    carácter    subsidiario,    tarea    que    omite   el  demandante.   

Sobre   la   presunta  violación  de  los  artículos    246    y    247    idem,   que  sólo  tangencialmente se citan en el libelo, se desconocen las  razones  para  su  invocación,  pues  tampoco  se  erigen acordes con el único  planteamiento desarrollado en la demanda.   

Es  igualmente  improcedente  entremezclar  distintos  falsos  juicios  en un mismo cargo, lo cual se extracta de la demanda  cuando   se   alude   a   que   en   el   fallo   se   le   dio  “convicción”  a  un  testimonio  que  no  rendía  credibilidad alguna, con lo que se confiere un cariz de falso juicio de  convicción  sobre  la prueba, cuando inicialmente se había enrutado la censura  hacía   un   falso   juicio   de   identidad,   errores   incompatibles  en  su  esencia.   

Llaman  la  atención  al Procurador algunos  aspectos  ventilados  por  el  casacionista  para  sustentar  su “íntima  posición probatoria”. En primer  lugar,  es  un  verdadero exabrupto la afirmación según la cual la experiencia  enseña  que  el  testimonio  rendido por la mujer es más veraz, fiel y exacto,  pues  ello  implica,  además  de  revivir  postulados  totalitaristas en franca  contraposición  con  el  desarrollo del derecho penal demo-liberal, un atentado  al principio de igualdad.   

Al  anterior ilógico argumento concatena el  censor  su  criterio  personal  para  contraponerlo  al del Tribunal, llegando a  conclusiones  especulativas,  como  decir, sin que esté plenamente probado, que  el  deponente  José  Francisco  Fontalvo estaba   totalmente   borracho  cuando  percibió  directamente  los  hechos,  aspecto sobre el cual ya había insistido previamente en instancias con  resultados  negativos, habiéndose explicado que esa tesis quedaba descartada en  consideración  a  que esa declaración arrojó una versión coherente y precisa  de la forma como ocurrieron los hechos.   

De  otra  parte,  se  advierte que analizada  imparcialmente  la  declaración  de  Nelia  Sanjuán,  único soporte de la pretensión del reconocimiento de  la  legítima  defensa,  de  su  contenido  no  emerge clara ni objetivamente la  concreción  de  dicha  causal  de  justificación, según se percibe de la cita  textual  que  de  la  parte  pertinente  transcribe,  de la cual extracta que la  deponente  relata  un  altercado  que degeneró en un enfrentamiento armado, con  elementos  cortopunzantes  de  la  misma  naturaleza esgrimidos por parte de los  contendores  en  igual  de  condiciones  y  con la misma disposición de parte y  parte.   

En detrimento de la aceptación de la causal  de   justificación   alegada,   cobra   vigencia  además  la  declaración  de  José  Fontalvo, debatida sin  éxito  e  infundadamente  por  el  casacionista,  que  niega puntualmente, como  testigo  presencial  de  la contienda, el ejercicio de una acción defensiva por  el   aquí   procesado,   colocándolo   en   cambio  en  el  plano  de  inicial  agresor.   

Concluye en que las falencias destacadas, que  no  lo  fueron en su totalidad, hacen manifiesta la inviabilidad de la solicitud  de   casación  del fallo recurrido. En consecuencia, se sugiere desestimar  el cargo y no casar la sentencia.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

Antes   de   entrar  a  verificar  si  los  planteamientos  jurídicos de la demanda tienen entidad para desvirtuar la doble  presunción  de  acierto y legalidad que acompaña a las sentencias de instancia  proferidas  contra  JUAN SANJUÁN FANDIÑO,  resulta  necesario  precisar  que el error de hecho por falso  juicio  de  identidad  difiere del error que proviene del desconocimiento de las  reglas  de la sana crítica en la valoración del mérito de las pruebas, que la  jurisprudencia  de  la  Corte  ha venido nominando como error de hecho por falso  raciocinio.   

Mientras  el  primero se configura cuando el  sentenciador  distorsiona el sentido objetivo del medio probatorio, ya porque lo  cercena,  ora porque lo adiciona, o bien porque lo tergiversa, con la secuela de  que  por  tal manejo se le hace producir efectos que no se desprenden de su real  contenido  o,  dicho  de  otra forma, se le hace decir lo que aquél no dice; el  segundo  surge  cuando  el  juez,  en  el  examen  de su contenido suasorio o de  aplicación  en general de razonamientos lógicos, se aparta de los  reglas  de  la  experiencia,  los  postulados  de  la  lógica,  o  los principios de la  ciencia.    

Su  demostración,  por  consiguiente,  debe  fundarse  en  consideraciones  distintas,  pues  en  tanto el error de hecho por  falso  juicio  de identidad impone contrastar el contenido material de la prueba  con  la  aprehensión  fáctica  que de ella recogen los fallos de instancia, en  orden  a  demostrar  su  falta  de  correspondencia, el error de hecho por falso  raciocinio  impone  evidenciar  que  el  análisis  realizado por los juzgadores  acerca  del  mérito  de la prueba contradice de manera manifiesta las reglas de  la sana crítica.     

         

          En  el  caso  a  estudio  plantea el casacionista que el fallador de  segunda  instancia incurrió en un error de hecho por falso juicio de identidad,  al  desconocer  de  un  lado  el valor probatorio de la declaración vertida por  Nelia  Esther  Sanjuán,  y  otorgárselo   en   cambio   al  testimonio  de  José  Francisco   Fontalvo,  cuyas  condiciones  personales  hacían  dudar de su veracidad, lo que llevó al desconocimiento de la causal de  justificación   de  la  legítima  defensa  que  imponía  la  absolución  del  procesado.   

          Para  fundamentar  el supuesto error, el demandante no demuestra sin  embargo  que  la  relación  de  las  mencionadas  pruebas, a la hora del examen  judicial  adolezca de supresiones o adiciones en su contenido material, sino que  recurrentemente  pretende  significar que en su valoración se desconocieron las  reglas  de  la  sana crítica, lo cual quiere decir que en el fondo se objeta el  fallo   en   esta   materia  porque  supuestamente  se  incurrió  en  un  falso  raciocinio.   

          Así,    en    relación   con   el   testimonio   de   Nelia   Esther   Sanjuán,   reclama  “absoluta  credibilidad”,  atendiendo  las circunstancias en que la deponente habría percibido los hechos;  su  condición  de  esposa  de  la  víctima;  la  observancia  estricta  de los  requisitos  procesales  para  su  incorporación  como prueba de descargo, y una  supuesta  regla  de  experiencia  según  la  cual  el testimonio de la mujer es  “más    veraz,    fiel    y    exacta” que el del hombre.    

         

          No  obstante,  el  Tribunal,  respaldando  los  juicios del fallo de  primera  instancia,  al  analizar  la  prueba  cuestionada  hace  las siguientes  reflexiones:   

“Es  evidente  que  NELIA  se resistía a  declarar  y  a pesar de habérsele citado varias veces como se dijo, no asistió  y cuando finalmente lo hizo, se presentó acompañada de su tía.   

         

         “No  es  pues  una  declaración que merezca nuestro crédito, ya  que muchos factores incidieron para que no dijera la verdad.   

         

         “En  primer  lugar  que ya no convivía con su marido y era obvio  que  ya las relaciones no eran buenas, a pesar del afán de FERNANDEZ por llegar  a  reconciliarse,  así  se  manifiesta cuando se presentó a buscar a sus hijos  donde  ella  residía;  se los envío a la esquina pero no salió y cuando en el  centro  de  diversión  PATROCINIO la invitó a bailar no quiso hacerlo con él,  no obstante que bailaba con otro.   

“En  cambio  las relaciones de NELIA y su  primo  JUAN  (el procesado) se hallaban en los mejores términos, hasta el punto  que  aceptó  la  invitación  para  salir  a  divertirse, contrario a lo que el  procesado dijo en la indagatoria…   

“Las    circunstancias   anotadas   y  posiblemente  la  presión  familiar,  influyeron  más  en ella que un vínculo  familiar  casi terminado, para distorsionar la verdad con el fin de favorecer al  procesado”.   

Más adelante agrega:  

“La  narración  que  de  los  hechos  hace  el procesado no encuentra respaldo ni siquiera en la  declaración  de  NELIA  SANJUAN,  su  prima, que como lo expresamos mostró una  clara parcialidad hacia su primo.   

“Ella  no  menciona que su marido hubiese  abandonado  el  sitio  donde  estaban  por  el  momento  en que discutían, para  regresar armado y acompañado de cinco amigos…”   

         Y  en  relación con el testimonio de José  Francisco   Fandiño,   cuya  credibilidad  en  cambio  cuestiona  el  casacionista  porque supuestamente “no  presenció  los  hechos,  y  al  momento  de  la ocurrencia de los mismos estaba  totalmente   embriagado”,  además  de  lo  cual  su  amistad  con  la  víctima  pudo  influenciar su atestación por sentimientos de  solidaridad, vecindad y paisanaje, reflexionó el Tribunal, así:   

“En  cuanto  a la embriaguez del testigo,  JOSE   FRANCISCO  FONTALVO,  alegada  por  la  defensa,  la  Sala  la  considera  infundada,  ya  que  si  bien  es  cierto que acompañó a la víctima desde las  primeras  horas de ese día en distintos sitios de diversión y admite que éste  se  embriagó,  sobre  su  estado  afirma  que había ingerido licor pero que no  estaba borracho.   

“La forma clara, coordinada y precisa como  recuerda  lo  acontecido, excluyen la posibilidad de que sus esferas volitivas y  afectivas                estuvieran               alteradas”      

         Los  juicios  de  valor  explícitos  y  motivados  que se acaban de  transcribir  permiten  demostrar  que  el  examen judicial de los testimonios de  Nelia Esther Sanjuán  y  José       Francisco       Fandiño   estuvo  precedido  de  un  análisis  racional  que al rompe  descarta  la  pretensión  del  demandante  encaminada  a la demostración de un  falso  raciocinio,  dejando  en  evidencia  su deseo de construir un paralelismo  valorativo  para  menospreciar  a  su  talante el análisis que la jurisdicción  presenta   como   fruto   de   la   contradicción  y  la  inmediación  en  las  instancias.   

          Pretender  retóricamente  una  mejor  evaluación  juiciosa  de  la  prueba,  que supuestamente se pone por encima de la que hizo el Tribunal, es una  disposición  impugnativa  inadmisible en casación, porque, de un lado, en esta  materia,  por  corresponder  a  una  infraestructura  racional,  los errores con  vocación  de prosperidad son solamente aquellos tan manifiestos que ignoren por  completo  las leyes lógicas o empíricas (de experiencia común o científica),  pues  lo  contrario  sería  propiciar  una  interminable  cadena competitiva de  razonamientos  -quizás  todos  loables-  entre  las  partes  y  las  instancias  judiciales,  actitud que se opone al carácter institucional del derecho (según  el  cual  se  acepta  no  sólo  la  existencia  de  órganos  que  estatalmente  administran  justicia sino también que alguno lo hace en última instancia) y a  su finalidad práctica de resolver conflictos.   

         

          Ahora,  con  base  en  reglas  de  la experiencia inexistentes, como  aquella  según  la  cual  el  testimonio  de  la mujer es más veraz que el del  hombre;  o  en  suposiciones  como  la  que  le atribuye al testigo José  Francisco  Fandiño  un  estado  de  embriaguez  tal  que  le  impidió  percibir  y  comprender el desarrollo de los  hechos,   no  pueden  levantarse  alternativas  plausibles  al  riguroso  examen  racional  de  la  prueba  que  hace  el  fallador,  pues  no  son las hipótesis  subjetivamente  lanzadas  por  el  recurrente  las  que  derrumban  lo que está  acreditado  debidamente  en  la sentencia; será necesario esgrimir alternativas  empíricamente  comprobadas,  cuyo  predominio sobre las primeras sea ostensible  porque demuestran fácilmente cuán equivocadas son.   

          Finalmente,  no puede pasar desapercibida para la Sala la ostensible  contradicción  en  que incurre el censor al culminar la demanda aludiendo a que  “el  instructivo  arrojó duda razonable”  para  endilgar  la transgresión del  artículo  445 del Código de Procedimiento Penal derogado (hoy artículo 7º de  la  ley  600  de  2000), cuando toda la argumentación que antecede se encaminó  exclusivamente  a demostrar una supuesta legítima defensa, pues debe recordarse  que   para   el  reconocimiento  de  la  justificante  como  casual  de  exclusión de la antijuricidad debe  aparecer  plenamente  demostrada en todos sus elementos conformantes  -existencia  de  la agresión, actualidad o inminencia, dirección  hacia      derecho     propio     o     ajeno,     necesidad     de     defensa,  proporcionalidad-, de donde no tiene cabida el reparo  probatorio que ponga en duda su existencia.   

          Resulta  forzoso  concluir  que  con  la  censura no se construye un  juicio  técnico,  con  la  inmediata  consecuencia  de  conservar  el  fallo la  incolumidad  por  sus  notas  de acierto y legalidad no desvirtuadas.   

En  cuanto  se  relaciona  con  la  eventual  aplicación  de  la  favorabilidad  por el tratamiento punitivo más benigno del  nuevo  Código Penal para el delito de homicidio, el Juez de Ejecución de Penas  y  Medidas  de  Seguridad,  decidirá lo pertinente de acuerdo con la previsión  contenida  en  el  artículo  79, numeral 7º del nuevo Código de Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000).   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por  autoridad de la Ley,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

No casar la sentencia recurrida.  

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese, devuélvase al Tribunal de origen y  cúmplase.   

                  CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS           CARLOS  A.  GALVEZ  ARGOTE                

JORGE        ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO                 EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO               

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                   NILSON            PINILLA  PINILLA                        

Teresa Ruíz Nuñez  

Secretaria  

    

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