11065mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 11065  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

         

MAGISTRADO PONENTE  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

Aprobado Acta No. 050  

                                       Santafé  de  Bogotá, D. C., treinta (30) de marzo del año dos mil  (2000).   

         

VISTOS  

          Procede  la Sala a resolver la casación interpuesta por el defensor  de  OSCAR  WALTER  MACIAS  MIRA  contra  la  sentencia proferida por el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Medellín el 16 de junio de 1995, mediante la  cual  confirmó  la del Juzgado 25 Penal del Circuito de la misma ciudad, del 25  de  abril de 1995, que lo condenó a la pena principal de 29 meses y 10 días de  prisión,   y   a   la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas   por el mismo lapso, como autor del concurso de  delitos de  hurto  calificado  y  agravado  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa  personal,  adicionándola  en el sentido de condenar al citado procesado al pago  de  los  daños  y  perjuicios  en  la suma de $9.740.000.00, más los intereses  legales.   

HECHOS  

         

          El  13  de  marzo  de  1995,   el  señor Sergio Cadavid Jurado  se   hizo  presente en la Caja Agraria del barrio la América de Medellín,  donde  realizó  un  retiro  en efectivo de  $12.000.000  de la cuenta  perteneciente  a  la firma “Gienco Ltda.”, según órdenes impartidas por la  administradora   de  dicha  Empresa,  donde labora como mensajero. Tomó un  taxi  para  regresar  a  su lugar de trabajo, y a la altura de la calle San Juan  con  Carrera  65, el vehículo en que se transportaba  fue interceptado por  dos  sujetos que se movilizaban en una motocicleta, quienes  lo intimidaron  con  un  arma  de  fuego,  lo  obligaron a que les entregara el dinero  que  acababa de retirar, y huyeron con el millonario botín.   

          Posteriormente  se  pudo  establecer  que OSCAR WALTER MACIAS MIRA ,  quien  trabajaba  para  la  época  de  los  hechos en la citada firma “Gienco  Ltda.”,  fue  la  persona  que  informó a los autores materiales del ilícito  sobre  las  circunstancias   en que el dinero sería retirado de la entidad  bancaria,  y  suministró  la  motocicleta  utilizada por aquellos para realizar  la  conducta delictiva.   

         

ACTUACION PROCESAL  

Con fundamento en la denuncia instaurada por  el  señor  Sergio  Cadavid  Jurado y en la declaración del asesor jurídico de  “Gienco  Ltda.”,  la  Fiscalía  35 Seccional de la Unidad 3a. de Patrimonio  Económico  de Medellín ordenó la apertura de investigación criminal el 15 de  marzo  de  1995.  Al día siguiente vinculó mediante indagatoria a OSCAR WALTER  MACIAS  MIRA,  y  le  resolvió la situación jurídica el 21 de marzo del mismo  año,  afectándolo  con  detención  preventiva, como responsable del delito de  hurto  calificado  y  agravado,  en  concurso con el de porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal.   

          En  firme  dicha  decisión,  el  procesado  MACIAS  MIRA  solicitó  sentencia  anticipada;  la  Fiscalía  accedió  a  dicha  petición,  y dispuso  escuchar  en  ampliación  de denuncia al empleado víctima del atraco, para que  suministrara  mayor información acerca del arma con que  fuera intimidado,  antes de la audiencia de formulación de cargos.   

          El  18  de  abril  de 1995 se realizó la “diligencia de sentencia  anticipada”,  en  la  cual el procesado aceptó los cargos que le formulara la  Fiscalía,  de  ser responsable de los delitos de hurto calificado y agravado en  concurso   con   el   de   porte   ilegal   de   armas   de   fuego  de  defensa  personal.   

         

          El   Juzgado   25   Penal  del  Circuito  de  Medellín  aprobó  el  “acuerdo”  referido  y  el  25  de  abril  de  1995   dictó  sentencia  condenatoria  de  conformidad  con  los cargos aceptados por MACIAS MIRA ante la  Fiscalía.  Le  impuso   29  meses  y  10  días  de  prisión,  como  pena  principal,   y   la   accesoria   de    interdicción    de    derechos    y   funciones   públicas   por   un   término  igual.   No  le  concedió  el subrogado previsto en el  artículo 68 del Código Penal.   

                     

          Inconforme  con dicha decisión, el defensor del procesado interpuso  recurso  de  apelación por considerar que éste sí tenía derecho a la condena  de  ejecución  condicional  en razón a la pena impuesta y al reintegro de  parte  del  dinero  que  su  representado  hiciera. Mediante sentencia del 16 de  junio  de  1999,   el  Tribunal  Superior  de  Medellín confirmó el fallo  impugnado, con la adición antes señalada.   

LA DEMANDA  

         

          Con  apoyo  en la causal 3a. de casación, el defensor del procesado  formula  un  cargo  único  contra  la  sentencia  de  segundo  grado, con estas  palabras:  “  La sentencia se profirió en un juicio  viciado  de nulidad por violación al debido proceso que de haberse dado hubiera  logrado  la  absolución  por  el  cargo  de Porte Ilegal de Arma”.   

          Para  sustentar  el  reproche  transcribe apartes de la sentencia de  primera  instancia, en la cual la Jueza manifiesta que, en lo referente al porte  ilegal  de  armas,   no  comparte  la  apreciación  de  la Fiscalía en el  sentido  de  que  dicho  delito  se  encuentra demostrado en todos sus aspectos,  puesto  que  no se decomisó el arma a efecto de establecer en forma técnica su  estado  de  funcionamiento,  ni se constató si el inculpado tenía o no permiso  de  autoridad  competente  para su porte. Agrega que no obstante lo anterior, el  Juez   dictó  sentencia  condenatoria por el delito referido, argumentando  que  “… la absolución no tiene cabida en esa forma  irregular,  por así decirlo,  de terminar el proceso, máxime cuando es el  procesado  el  que  se  ha  allanado  en  forma  consciente y voluntaria, previo  asesoramiento de su abogado defensor”.   

            Asegura  el  censor  que  como  en  el  C.  P.  está proscrita la  responsabilidad  objetiva,  si   una  conducta  no  es típica no puede ser  punible,  y  que la aceptación de responsabilidad a través de la diligencia de  sentencia  anticipada  no  autoriza  a  que  se  condene  por  un comportamiento  atípico.  Añade que “el artículo 3º. de la ley 81  de  1993  impone  al  juez   que se dicte sentencia conforme a los hechos y  circunstancias      aceptados,     ‘siempre   y   cuando   no   haya  habido  violación  de  garantías  fundamentales’,   y  la  tipicidad  es  una  garantía  fundamental  de no llegar a ser procesado y menos  condenado  por  una  conducta que no encaja en la que previamente ha descrito el  legislador.”       

          Luego  de  citar  algunos  apartes de la sentencia de segundo grado,  reitera  que  el  juez  profiere  el  fallo  si no se han violado las garantías  fundamentales  y  que  éstas  resultan  infringidas  cuando a pesar de no haber  tipicidad  y  antijuridicidad  se  termina  condenando a una persona, así en un  principio   ella  misma,   y  erróneamente  su  defensor,  acepten la  responsabilidad   por   dicho   hecho.   Termina   diciendo   que   “Si  faltan  las  garantías  fundamentales,  por encajar un hecho  típico     no     siéndolo,     el     fallo    deviene    nulo”.   

          Solicita  se  declare  la nulidad  del proceso en relación con  el  delito  de  porte  ilegal  de  armas  de fuego, y se decrete la libertad por  vencimiento de términos.   

                     

         

                            EL MINISTERIO PUBLICO   

         

          El  Procurador Tercero Delegado en lo Penal considera que de acuerdo  con  la  doctrina  de  la Corte sobre el interés de la defensa para impugnar la  sentencia  anticipada  en  sede de casación, debería desestimarse de inmediato  la  demanda  presentada, por cuanto que el cargo en ella formulado no se refiere  a  ninguno de los aspectos mencionados en el artículo 5º., numeral 4º., de la  ley  81  de  1993  (art.37B del C. de P. P.).  La pretensión del libelista  apunta  a  que  se declare la nulidad parcial de lo actuado, con sustento en una  violación  de la garantía del debido proceso, al haberse dictado sentencia por  una  conducta  cuya  tipicidad  no  aparece  demostrada.  Esta circunstancia, de  acuerdo  con  la  tesis de la Corte, implicaría una retractación de los cargos  aceptados por el procesado.    

          Luego  de  exponer  las  razones  por  las  cuales  disiente  de  la  posición  de  la Corte, en cuanto estima que la limitación contenida en la ley  81  de  1993  para  la interposición del recurso de apelación no puede hacerse  extensiva  a  la  sede extraordinaria de casación, admite que existe implícito  en  las figuras procesales de la sentencia anticipada y la audiencia especial el  principio  de  irretractabilidad  a  que  hace  mención  la  Corte. Agrega  que   “es  necesario considerar que en el campo  propio  de  la  casación, una discusión que se plantee por fuera de los cuatro  aspectos  contemplados  en  el  citado  artículo 5º., de la ley 81 de 1993, no  implica  necesariamente  la  retractación  del  imputado respecto de los cargos  formulados en su contra”.    

               

Prosigue.  Es  racional que la ley limite el  interés  para  apelar la sentencia cuando ésta ha sido dictada anticipadamente  a  petición  del  procesado, pero no que se restrinja igualmente la posibilidad  de  atacar  la  sentencia  por  vicios  relacionados  con  la  aplicación de la  ley   o  los  presupuestos  de validez del juzgamiento, porque “este  juicio  técnico – jurídico contra la sentencia, por mucho  que  materialmente  conduzca  a  consecuencias  semejantes  a  la retractación,  pretende  la  recta  aplicación del ordenamiento jurídico. Por ello, estima el  Representante  del  Ministerio  Público  que  es procedente analizar a fondo la  demanda de casación”.   

Señala  el  Procurador  que  el  instituto  procesal  de  la  sentencia  anticipada  exige, al igual que cualquier otro acto  procesal,  que  en  su  tramitación  se  respeten  las garantías fundamentales  consagradas  en  la  Constitución  Política.  Por  ello,  el  trámite  de  la  sentencia  anticipada,  aunque  se  encuentra  apoyado  en la aceptación que el  sindicado  hace  de  los  cargos  que  en  su contra se formulan y que por tanto  podría  entenderse  como  un  mecanismo  procesal  que parte de la asunción de  responsabilidad  penal  por  el  propio  inculpado, relevando de esta forma a la  judicatura   de su comprobación, no puede entenderse, sin embargo, como la  vía  expedita  para  conculcar las garantías mínimas de la administración de  justicia,  porque  con  una tal concepción se entronizarían la arbitrariedad y  la  ilegalidad  y  se sentarían las bases para el desconocimiento del estado de  derecho.    

Sigue.  Si  el fiscal – atendiendo criterios  personales  o  funcionales  –  decide  hacer  cargos  contra un procesado por un  delito  cuya prueba no obra en el expediente y el sujeto pasivo de la actuación  decide  aceptarlos  para  no  poner en peligro rebajas punitivas y consecuencias  procesales  favorables  (aún  con  la  anuencia  de  su defensor), bien podría  decirse  que  se  dan  los  presupuestos de la sentencia anticipada, pero no que  ella  sea  una decisión ajustada a la legalidad o conforme a los postulados que  rigen   el   ejercicio   de   la   actividad  jurisdiccional  en  un  estado  de  derecho.    

Agrega  el  Procurador que a la luz de estas  premisas,   le asiste la razón al demandante en sus alegaciones. Considera  que  en  el  caso  en estudio el delito de porte ilegal de armas, formulado como  cargo  concreto  por la Fiscalía y aceptado sin reticencias por el incriminado,  no   alcanzó   comprobación    dentro    del   expediente   y,   menos   aún, contó con pruebas que permitieran deducir a MACIAS  MIRA una efectiva responsabilidad penal por él.    

Por ello, estima que el  juez de primera  instancia  razonó  adecuadamente  pero  resolvió  en  contra  de  sus  propias  consideraciones.  No  encontró  el  a-quo  fundamentos  para  considerar que la  imputación  por  el  delito  de  porte ilegal de armas tenía cabida en la  solución  jurídico  –  procesal  del  caso  concreto  y, sin embargo, condenó  también   por   este   ilícito.   Con  este  procedimiento  violó  garantías  fundamentales  del  procesado,  pues le impuso una pena por hechos procesalmente  inexistentes,  contrariando  el  mandato  del  artículo  29 de la Constitución  Política,  que  consagra  el principio de la imputación por el hecho, como una  de las  garantías propias del debido proceso.   

Ya   para   terminar,   expresa  que  esta  irregularidad  sustancial  impone  la anulación de lo actuado, como lo solicita  el  libelista,  pero  su  reconocimiento  y  declaración   sólo puede ser  parcial,   por  cuanto  la  imputación  por  el  delito  contra  el  patrimonio  económico    y    su    juzgamiento   no   fueron   afectados   en   la   forma  referida.          

Solicita  a  la  Corporación  estimar  la  demanda,  casar  la  sentencia  y  declarar  la  nulidad  parcial  de lo actuado  respecto  del  delito  de  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal,  ordenando  la  remisión del expediente a la Fiscalía para que allí se reponga  lo ilegalmente actuado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.  La  Sala  se pronuncia respecto de la nulidad parcial pedida por  la  defensa,  esto  es,  lo  relacionado  exclusivamente  con el delito de porte  ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

          2.  Como lo ha dicho y reiterado la Corte, la aceptación voluntaria  de  responsabilidad  con  miras al proferimiento de sentencia anticipada se rige  por  el  principio de irretractabilidad, que implica para el procesado y para su  defensa  técnica  la  renuncia  a  controvertir  la prueba y el contenido de la  acusación,  excepto  cuando  se  recurre  sobre la dosificación de la pena, la  condena  de  ejecución  condicional  y  la extinción del dominio sobre bienes.   

          La  Corte también tiene claro que si bien el artículo 37B-4 del C.  de.  P.  P.  gramaticalmente  apunta  al  recurso de apelación, debido al mismo  interés,  a  la lógica y a la razón de ser de los recursos, las restricciones  previstas  para  la  alzada   tienen  que  ser atendidas para efectos de la  casación.   

          Resulta  claro,  entonces,  que  salvo las excepciones indicadas, en  todo  otro  caso  la defensa carece de  la posibilidad  de recurrir en  casación.   

          También  se  sabe  que cuando se invoca la violación de garantías  fundamentales  con  el anhelo de la casación, no es suficiente su planteamiento  para  soslayar  la exigencia del interés. Para disipar el pretexto de la simple  retractación,  es  menester  demostrar,  probar,  la  efectiva lesión de tales  garantías,  es  decir,  el  resquebrajamiento  de  los  derechos  con actitudes  maliciosas  o  sinceramente  negligentes  y  con  asalto  de la lealtad que debe  acompañar el trámite de todo proceso.   

         De  lo  anterior  resulta  que  si  el planteamiento de nulidad por  presunta   violación   de  garantías  fundamentales  obra  como  desvío  para  introducir  en  la  Justicia el retraimiento de un cargo libremente aceptado por  el  procesado o acordado con la Fiscalía, la ausencia de interés para recurrir  emerge  manifiesta.  Por ello la Sala ha resaltado que el interés para recurrir  una  sentencia  de  terminación anticipada del proceso  no puede derivarse  de  la causal invocada o simplemente del énfasis de la defensa alusivo a que se  ha  conculcado  una  garantía  fundamental.  Es  siempre  necesario,  afirma la  Corte,   escudriñar  la orientación o propósito perseguido con el cargo,  y  si se establece que el mismo no es más que la búsqueda de rectificación de  lo   aceptado   o   acordado,   la  ausencia  de  interés  se  erige  como  consecuencia  (  Cfr.,  por  ejemplo, casaciones del 11 de agosto de 1999, M. P.  Dr.   Carlos  Augusto   Gálvez  Argote,  y  del   26  de  octubre  de  1999,  M. P. Dr. Carlos Eduardo  Mejía Escobar ).    

            

         3.  Si bien la Jueza 25 Penal del Circuito de Medellín dijo que no  estaba  de  acuerdo  con  la  Fiscalía en cuanto la demostración del delito de  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal, a pesar de lo cual condenó  por  tal  ilícito,  en  el  asunto  que ocupa la atención de la Sala no fueron  desconocidas  las  garantías fundamentales del señor OSCAR WALTER MACIAS MIRA,  por las siguientes razones:   

         a)  Para  los días de los hechos, OSCAR WALTER era un hombre de 25  años,   bachiller,   estudiaba   inglés,  hacía  deportes  y  asistía  a  la  Universidad,  a más del servicio que prestaba en la Firma perjudicada.  Se  trataba,  entonces,  de  una  persona  preparada. En la indagatoria, entre otras  cosas,   se   le  preguntó  por  los  autores  del  hurto  y  del  porte       ilegal      de  armas  de fuego. Respondió que Jaime  y  dos  amigos  de  él  ( Fl. 21 ). En esta diligencia estuvo acompañado de un  profesional  del  derecho,  que  lo  atendió  de  oficio  porque el abogado que  habría   de   asistirlo   no   fue   encontrado   en   su   oficina   en   esos  momentos.   

         b)  En  la  misma diligencia de injurada se le interrogó por armas  de  fuego  y  contestó  que  Jaime  una vez le había mostrado una pistola y le  había  dicho  “…mirá  lo  que  conseguí  y  me  mostró la pistola…” (Fl. 21 ).   

        c)  La  doctora YAMILE DEL PILAR MONTOYA GIRALDO, Administradora de  la  Empresa  afectada  económicamente, rindió declaración y contó lo narrado  por  el  empleado atracado: le colocaron un revólver en el pecho, lo amenazaron  y  le  dijeron que lo matarían si no entregaba la plata (Fl. 29 ). Añadió que  OSCAR  y  Diego León le recalcaban mucho que la banda era muy peligrosa, que el  tal Jaime atracaba, robaba, mataban y mantenían armas (Fl. 30).   

        d)  Cuando  la Fiscalía resolvió la situación jurídica, imputó  a  OSCAR  WALTER,  también,  “…el delito de porte  ilegal  de armas de fuego, sancionado en el decreto 3664 de 1986, artículo 1o.,  constituido  en  legislación  permanente  por su homólogo 2266 de octubre 4 de  1991”   (Fl.   46).   Agregó   que   era  coautor  “…en  los  hechos, no correspondiéndole a él ir  personalmente  a  realizar  el  asalto,  sino  a  otros  miembros de la banda”  (Fl.  47  ).  OSCAR  fue notificado de la decisión y  apeló  de  ella  (Fl.  48),  auncuando  luego su defensor desistió del recurso  interpuesto (Fl. 49).   

        e)  A  Diego  León Macías Mira, hermano de OSCAR, se le preguntó  en  declaración qué había dicho el procesado sobre la participación de otras  personas  en  el  ilícito,  y respondió: “El no me  contó  sino que había hecho eso con Jaime” (Fl. 55  ).   

        f)   El  24  de  marzo  de  1995,  OSCAR  WALTER  pidió  sentencia  anticipada   y   desde   ese  momento  escribió,  en  el  mismo  memorial,  que  “Para  tal  efecto acepto los cargos propuestos por  la  Fiscalía”  (Fl.  65).  El  27  del  mismo mes,  renunció  al  recurso  que  había   interpuesto contra la resolución que  resolvió su situación jurídica (Fl. 67).   

        g)  La  Fiscalía  acogió  la  solicitud  y  dispuso oír a Sergio  Cadavid  Jurado  sobre  lo  relacionado  con  armas  (Fl.  68).  Este  dijo  que  evidentemente  le habían colocado un revólver sobre el hombro, aseguró que se  trataba  de  un  arma  de  fuego  y  añadió  que no sabía decir si era de uso  privativo y que había revólveres con salvoconducto (Fl. 71).   

        h)  El  18  de  abril  de  1995  fue  celebrada la “Diligencia de  audiencia  anticipada”, con intervención del imputado, su defensor, la Fiscal  y  la  Agente  del  Ministerio  Público (Fls. 80 a 84). En ella, en detalle, la  Fiscal  le  hizo  saber que la sentencia sería condenatoria; que se le imputaba  el  haberse  puesto  de  acuerdo con otros señores para quitarle el dinero a la  Empresa  “Gienco”;  que cuando el encargado de retirar el dinero de la Firma  fue  interceptado  por  “sus”  compañeros  -se  refiere  a OSCAR-, estos lo  amenazaron  con  un revólver obligándolo a entregar el circulante, y que se le  formulaban  los  siguientes cargos: “…PORTE ILEGAL  DE  ARMAS  DE  FUEGO  DE  DEFENSA  PERSONAL, contemplado en el artículo 1o. del  decreto  del  decreto 3664 de 1986, convertido en legislación permanente por su  homólogo  2266  de  1991…”.  Para  terminar,  la  Fiscalía  preguntó  a  OSCAR  WALTER  si  aceptaba  los  cargos, y respondió:  “Si  los  acepto…porque  inclusive  yo  ya había  confesado…”.  Después,  la  Fiscalía otorgó la  palabra  al  defensor  y  al  Ministerio  Público, y los dos contestaron que no  tenían  nada  que  manifestar y que no tenían objeciones, respectivamente (Fl.  84).   

        De  todo  lo  anterior  se  concluye  que  OSCAR WALTER MACIAS MIRA  sabía,  desde el principio de la investigación, que se le acreditaba el delito  de  porte  ilegal de armas de fuego, imputación que jamás reprochó, que nunca  puso  en  duda, al punto de que cuando una vez apeló renunció al recurso, y de  que  cuando  pidió  la  sentencia  anticipada  adelantó su aceptación. Tenía  entonces   plena   conciencia   de  aquello  por  lo  cual  se  le  investigaba.   

        4.  El  expediente  enseña que OSCAR WALTER se puso de acuerdo con  Jaime   y   probablemente   con   “Pizza”  para  cometer  el  ilícito,  con  distribución  del  trabajo. OSCAR dio la información previa, le proporcionó a  Jaime  el vehículo motocicleta que utilizarían en el asalto, recibió llamadas  y  visitas  de  éste,  obtuvo  la  parte  del  dinero que le correspondía y la  guardó.  Esto  que  se dice no es nuevo; ya OSCAR sabía desde el principio que  se  hablaba  de  una banda que usaba “armas de fuego”. Así se le dijo en la  medida  detentiva  y  así  se le repitió en la diligencia de audiencia. Tenía  claro,  entonces,  que  el  delito  se  cometería  con  armas de fuego portadas  ilegalmente.   

        5.  Es  evidente  que  en  el  expediente  no aparece el arma, como  tampoco  sus  señas,  su  propiedad,  su  procedencia  y  uso  legal  o ilegal.  Pero,   de  una  parte, toda la prueba conduce a ello; y, de la otra, OSCAR  WALTER,  con  su  actitud activa al intervenir en la preparación y realización  del  hecho con división del trabajo, y al aceptar consciente y rápidamente las  imputaciones,  corrobora  la  comisión  del  delito  unida al porte de armas de  fuego. No hay dudas sobre ello.   

        6.  Es  cierto  lo  anotado  por  la defensa en la demanda y por el  Ministerio  Público  en  su  concepto  en  cuanto  la  Jueza  no compartió las  apreciaciones  de  la  Fiscalía  en  torno  al  delito  de porte de armas. Pero  también  lo  es  que la Funcionaria “quiso aclarar”  que tal delito no  se     hallaba     demostrado    en    todos    sus  aspectos   y  que  declaró  la  responsabilidad  en  atención  a  que  era  el  propio  procesado  quien  se  allanaba  “…en  forma consciente y voluntaria, previo asesoramiento de su  abogado defensor” (Fl. 91).   

        7.  Como  último  argumento,  bien  válido  es el pensamiento del  Tribunal  de  Medellín  cuando  conoció  de  la  apelación  de  la sentencia:  “Por  lo  tanto,  si el acusado pidió la sentencia  anticipada  (en  cuyo  trámite se le otorgaron las garantías procedimentales y  constitucionales),  reconociendo  voluntariamente  los  cargos y culpabilidad en  los  mismos, ninguna razón legal le asiste a su defensor para recurrir el fallo  por  este  tópico,  pues  al tenor del numeral 4o. del art. 5o. de la ley 81 de  1993,  sólo  puede  impugnarlo  por  los  motivos  claramente  descritos en esa  norma…” (Fl. 117).   

        Siendo  nítida  la  carencia  de  interés  del  defensor de OSCAR  WALTER  MACIAS  MIRA,  pues  que  no  recurrió  con fundamento en alguna de las  eventualidades  a  que  se  refiere  la  ley  procesal,  se impone desestimar la  demanda.    

        En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

        Desestimar  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  señor  defensor del ciudadano OSCAR WALTER MACIAS MIRA.   

        Cópiese,     devuélvase     al     Tribunal     de    origen    y  cúmplase.   

         

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CORDOBA  POVEDA  No  hay  firma              

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                   JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO                             

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                    CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR                     

ALVARO  O.   PEREZ  PINZON                   NILSON  E.  PINILLA  PINILLA                             

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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