10901(29-10-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 10901  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 166  

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de octubre de  dos mil uno (2001).   

VISTOS  

             Resuelve la Corte sobre el recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de DUVÁN FERNANDO MEDINA GUZMÁN  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Ibagué el 30 de  marzo  de  1995, en la que condenó a éste por el delito de homicidio a la pena  principal  de  25 años de prisión, a la accesoria de interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  10  años y al pago de los perjuicios materiales y  morales causados con la infracción.   

HECHOS  

          A  las 11 de la noche del 29 de agosto de 1993, cuando se hallaba en  un  establecimiento  público ubicado en el sector de Buenos Aires, municipio de  Ibagué,  el  señor  EGIDIO  MEDINA GALEANO fue lesionado con armas blanca y de  fuego   por   el  agente  de  policía  DUVÁN  FERNANDO  MEDINA  GUZMÁN,  como  consecuencia   de   lo   cual  falleció  cuando  era  trasladado  a  un  centro  hospitalario.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  30  de agosto de 1993 la Fiscalía Primera Permanente de Ibagué  dictó  resolución  de  apertura  de instrucción y remitió el expediente a la  Unidad  Primera  de Vida, cuyo Fiscal Tercero Seccional avocó el conocimiento y  escuchó  en indagatoria a MEDINA GUZMÁN, quien permanecía privado de libertad  porque  después de ocasionar las lesiones a MEDINA GALEANO se presentó ante el  C.A.I. No. 1.   

          El  6  de  septiembre  de  1993,  la  fiscalía  decretó  medida de  aseguramiento   consistente   en   detención   preventiva   sin   beneficio  de  excarcelación contra el procesado, por el delito de homicidio.   

          Cerrada  la  investigación,  la  misma  fiscalía  3ª calificó su  mérito   con  resolución  de  acusación,  mediante  providencia  del  1°  de  diciembre de 1993.   

          El  Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de Ibagué adelantó la  etapa  del juicio y, una vez celebrada la audiencia pública, el 30 de noviembre  de  1994  dictó sentencia condenatoria contra MEDINA GUZMÁN, a quien le impuso  pena  de  25  años de prisión, interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso  y  el  pago de los perjuicios ocasionados, sentencia que,  revisada  en  virtud  del recurso de apelación interpuesto por el defensor, fue  confirmada  por  el Tribunal Superior con la modificación en cuanto al término  de  la  pena  accesoria  que  fijó  en  10 años; así mismo, ordenó compulsar  copias  para  que  se  investigara el delito de falso testimonio en que pudieron  incurrir algunos testigos.   

LA  DEMANDA   

Siguiendo  los  lineamientos  del  estatuto  procesal  vigente  para  la  época  de  los  hechos  y bajo cuyos supuestos fue  dictada la sentencia, el censor expuso:   

          Primer Cargo.   

                 Con  base  en  la causal  tercera  de  casación, acusa la sentencia porque se dictó en un juicio viciado  de  nulidad por violación de los artículos 29 de la Constitución Política, 1  y  11  del  Código  Penal  y  1,  120 y 444 del Código de Procedimiento Penal.   

          Manifiesta  que  si  el  Fiscal  3º Seccional fue quien expidió la  resolución  de  acusación,  era  él mismo quien debía intervenir en la etapa  del  juicio  según lo previsto en el artículo 444 del Código de Procedimiento  Penal  y  no podía ser desplazado sino mediante resolución proferida por quien  tuviera  la  facultad  legal para hacerlo. Así lo sostuvo la Corte en sentencia  del  27  de  septiembre  de  1994,  expediente 9052, con ponencia del magistrado  Guillermo Duque Ruiz.   

          En  este  proceso,  agrega,  el  fiscal  3º  fue reemplazado por la  fiscal  6ª  sin  que se expidiera previamente resolución o acto administrativo  que  así  lo  dispusiera, pues simplemente la coordinadora de la Unidad Primera  de  Vida  remitió al Juzgado 7º Penal del Circuito el oficio 5.212 de julio 19  de  1994  en  el  que  comunicaba el cambio de fiscal. Tampoco el juzgado dictó  providencia  alguna  reconociendo  o  aceptando  a  la  fiscal  6ª  como sujeto  procesal.   

          Lo  anterior,  concluye,  constituye  una  comprobada  y  manifiesta  irregularidad  sustancial que afecta el debido proceso y, por lo tanto, da lugar  a  que  se decrete la nulidad de lo actuado de conformidad con lo normado por el  numeral 3º del artículo 304 del estatuto adjetivo.   

Segundo Cargo.  

          Subsidiariamente,   y   con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  ataca la sentencia por violar de manera directa el artículo 299 del  Código  de  Procedimiento  Penal  en  concordancia  con los artículos 29 de la  Carta, 6 del Código Penal y 10 del Código de Procedimiento Penal.   

          Sostiene  que el señor MEDINA GUZMÁN confesó el hecho después de  presentarse   ante   las   autoridades  de  policía  y  entregar  el  arma.  En  consecuencia,  como  no existió flagrancia, se le debió reconocer la rebaja de  pena  consagrada  en  el  artículo  299  del  Código  instrumental,  norma  de  carácter sustancial que de esta forma resultó violada.   

          Tercer cargo.   

          Subsidiariamente  reprocha  la  sentencia  por  ser violatoria “de  manera  indirecta  y por falta de apreciación de algunas pruebas, del artículo  60 del Código Penal, por falta de aplicación”.   

          Dice  que  tanto  de  la  indagatoria  como  de las declaraciones de  Edgardo  José Castellanos Nieto, Hernando Antonio Rincón Hernández y Virginia  Galindo  Bonilla,  así  como  de  las  conclusiones  del  examen  psiquiátrico  practicado   al   procesado,   se  colige  que  MEDINA  GUZMÁN  actuó  en  las  circunstancias  del  artículo  60  del  Código  Penal, norma que no se tuvo en  cuenta    en    la    sentencia    por    desconocimiento    de    las   pruebas  mencionadas.   

           Peticiones.   

          Solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada, decretar la  nulidad  si  se  acoge  el  cargo principal o dictar sentencia sustitutiva si se  aceptan los cargos subsidiarios.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO   

          El  Procurador  Primero  Delegado en lo Penal solicita a la Corte no  casar la sentencia recurrida. Sobre los cargos formulados, expone:   

          Primer cargo.   

          El  censor distorsiona ostensiblemente el sentido de la sentencia en  que  sustenta  el  cargo, pues ella, dictada por la Corte el 26 de septiembre de  1994  con  ponencia  del  magistrado  Guillermo  Duque  Ruiz,  se  refiere  a la  interposición  de  un recurso de casación por parte de un fiscal delegado ante  tribunal,   quien   obviamente  carecía  de  la  calidad  de  sujeto  procesal.   

          Lo  que  en  realidad  interesa  no  es el nombre ni la nomenclatura  dentro  de  la  respectiva  unidad,  sino la calidad de fiscal delegado ante los  jueces  de  circuito que es la que faculta para intervenir. Cita providencia que  en  ese  sentido  dictó  la  Corte  con  ponencia del magistrado Gustavo Gómez  Velásquez  en  agosto  31  de  1994.  Por  estas  razones,  el  cargo  no  debe  prosperar.   

          Segundo cargo.   

          Se  formuló  defectuosamente,  porque  sólo  en  el  curso  de  su  demostración   indica   que  se  trata  de  violación  directa  por  falta  de  aplicación  del artículo 299 del estatuto procesal penal, además de remitirse  a  algunos  documentos, “lo que conlleva un análisis probatorio y, por tanto,  arrastra a la consideración de la violación indirecta”.   

          De  todas  formas,  no tiene cabida esta causal porque la confesión  de  Medina  Guzmán  fue  cualificada  con  la  justificación  de  la legítima  defensa,  lo  que  impide  reconocer  el  favor  que  se  reclama. Doctrinaria y  jurisprudencialmente  se  ha  dicho  que merece el beneficio quien colabora para  que  la  situación  se  clarifique, no quien confiesa mintiendo. Además, si la  confesión  fuera  el  único  factor  probatorio  en  este  caso,  tendría que  reconocerse  la  causal  de justificación del artículo 29-4 del Código Penal,  pero  precisamente por ser mentirosa e inexacta, no tuvo trascendencia alguna en  el proceso.   

          Tampoco  es  procedente reconocer la rebaja por confesión porque en  este  caso hubo flagrancia, pues fueron muchos los testigos que presenciaron los  hechos.   

          Tercer cargo.   

          Aunque  se  plantee  en  capítulo  aparte,  este cargo se encuentra  excluido  por  el  anterior  pues  en uno reprocha que no se hubiera aceptado la  confesión  en  lo  que  representa  y  en  el  otro la falta de apreciación de  algunas declaraciones.   

          La  argumentación  del  casacionista  no  permite deducir si lo que  alega     es     el     haber     ignorado    algunas    pruebas    –error  de  hecho  por  falso  juicio de  existencia-  o  haber  entendido  algo  distinto  a  lo  que  dicen –error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad-  o  apreciarlas  pero  no  darles  el  valor que tenían –error  de  derecho  por falso juicio de  convicción legal-, vacíos que no puede llenar la Corte.   

          Sin  embargo,  de  la  fundamentación  se deduce que la crítica se  dirige  contra  la  valoración probatoria que el fallador le dio a determinadas  constancias,  por  lo que desechó otras que contradecían lo establecido o eran  inconsistentes  o  inverosímiles.  Pero este error de derecho no puede alegarse  en  casación porque el sistema probatorio adoptado en Colombia es el de la sana  crítica.  Este debate, por lo tanto, se agota en las instancias y no trasciende  al ámbito del recurso extraordinario salvo excepcionales casos.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Primer cargo.   

          Esta  “irregularidad”,  que  conoció  el  propio defensor desde  cuando  se presentó, jamás fue reprochada por el letrado ni puesta en duda por  él  mismo.  Solo a última hora la quiere blandir para resquebrajar el proceso,  que  todos  los  sujetos  procesales,  en  franca  y leal lid, deben amparar. No  obstante  esa  conducta,  dígase:            

          a)  Al  folio  241 del cuaderno original obra el oficio No. 5.212 de  julio  19  de 1994, en el que la Coordinadora de la Unidad Primera de Vida de la  Fiscalía  Seccional  del Tolima le comunica al Juez Séptimo Penal del Circuito  de  Ibagué  que  debido  al traslado del fiscal que actuaba en este proceso, se  designó   a   la   fiscal   sexta   para   que  interviniera  en  la  audiencia  pública.   

            Dentro  de  la  estructura  jerárquica  que  rige en la Fiscalía  General  de  la  Nación, varios son los niveles administrativos que permiten el  ágil  y  eficaz  cumplimiento de las funciones que la Constitución y la ley le  han  asignado,  entre  las  que se encuentra la de actuar en la etapa del juicio  acusando  a  los  procesados  ante el juez competente. Uno de esos niveles está  integrado  por  los  jefes de unidades de fiscalía, quienes en ejercicio de las  funciones  administrativas  que  les  son  propias  deben  velar por la cumplida  intervención  en  el  juicio  de  los fiscales adscritos, de manera que en todo  caso   se  garantice  su  obligatoria  asistencia  e  intervención  durante  la  audiencia pública.   

          Cuando  un  fiscal  no  continúa haciendo parte de la unidad, v.gr.  por  haber sido trasladado, como ocurrió en el caso sub judice, es obvio que se  hace  necesaria  una  decisión  administrativa  del jefe de unidad designando a  otro  fiscal en su reemplazo, de manera que no se traumatice el normal curso del  proceso.  El  acto  que  contenga  la  decisión no tiene que estar revestido de  especiales  formalidades  o  ser  expedido  con  determinadas solemnidades, pues  basta  para  que  cumpla su efecto propio que contenga la expresión de voluntad  de quien tiene la facultad legal para hacerlo.   

          La  manifestación  que  en  el oficio 5.212 hace la coordinadora de  unidad  cumple  plenamente  ese  cometido, en cuanto señala que por el traslado  del  fiscal  que  venía  actuando como sujeto procesal la función acusadora la  continuará   desempeñando   otro   fiscal  de  la  misma  unidad  y  de  igual  categoría.   

          Para  la  validez  de  la  intervención del nuevo fiscal tampoco se  requiere  que  el juez lo reconozca expresamente. Basta que se trate de la misma  persona  a  la  que  se  refiere  la  decisión  administrativa  plasmada  en la  comunicación,  pues  la calidad de sujeto procesal ya había sido adquirida por  el  fiscal seccional al que reemplazó y se le transmite por el solo hecho de la  designación de que fue objeto.   

          b)  La  decisión de la Corte del 26 de septiembre de 1994, a la que  alude  el  impugnante para darle mayor vigor a su reproche, tiene que ver con un  tema  distinto  al  que  ahora  se  examina; se refiere a la incompetencia de un  fiscal  delegado  ante  tribunal  para  interponer  el recurso extraordinario de  casación  en  un asunto en el que carecía de la calidad de sujeto procesal. En  tal  caso,  dijo  la Sala, el fiscal seccional que intervino en la audiencia y a  quien   se  le  notificó  el  fallo  correspondiente  era  el  legitimado  para  interponer  el  recurso.  Y  agregó:  “…el referido Fiscal ante el Tribunal  habría  podido  interponer  la impugnación extraordinaria solamente si hubiera  recibido asignación especial para ello”.   

          En consecuencia, no prospera el reproche.   

          Segundo cargo.   

          a)  Cuando se alega la causal primera, cuerpo primero, del artículo  220  del  Código de Procedimiento Penal, vigente para la época de lo sucedido,  el  casacionista  debe aceptar los hechos y la valoración probatoria contenidos  en  el  fallo  que  ataca  y  demostrar que unos y otra, en la forma como fueron  asumidos  por el fallador, debían dar lugar a la aplicación de una específica  norma   que   regulaba   el   asunto   pero  que  en  realidad  no  se  tuvo  en  cuenta.   

          Bajo  esta  premisa,  una adecuada técnica de casación enseña que  si  el  reparo  toca  con  la  falta  de  reconocimiento  de  la confesión y su  consecuente  disminución  punitiva,  la  sentencia  de  segunda instancia sólo  podría  cuestionarse  desde  la  perspectiva de la violación directa de la ley  sustancial  si  en  ella  se  hubiera aceptado su existencia pero no se hubiesen  tenido  en cuenta sus efectos, pues en tal caso resultaría evidente la falta de  aplicación  del  artículo  299  del Código de Procedimiento Penal. Pero si la  falta  de  aplicación  de  la  norma  se  deriva  de  la inadecuada valoración  probatoria,  porque  no  se apreció alguna prueba o se le dio un alcance que no  correspondía,  la  censura  debe hacerse con fundamento en el cuerpo segundo de  la causal primera, por violación indirecta.   

          En  el presente caso el libelista aporta copia de dos documentos que  según  dice obran en el proceso disciplinario que por estos hechos adelantó la  Policía    Nacional,   para   demostrar   que   el   procesado   se   presentó  voluntariamente,  entregó  el  arma  y  confesó  el  hecho,  de  manera que la  sentencia  debió  reconocer  la  rebaja  de  pena en tanto la confesión “fue  eficaz,  acertiva  (sic),  voluntaria,  eficiente  para los fines supremos de la  administración de justicia” y no hubo flagrancia.   

          No  precisa,  sin  embargo, cuál fue la razón concreta que motivó  la  falta  de  aplicación del artículo 299 del Código de Procedimiento Penal,  aunque  de  la exposición se deduce que le reprocha al tribunal no haberle dado  a  la  confesión  el  alcance  requerido  para  que  operara  la  reducción de  pena.   

          Así,  resulta  evidente  el  error de técnica en que incurre pues,  como  lo  tiene  dicho  la  Sala,  “Si estimaba que no fue tenida en cuenta la  confesión  de  su  defendido,  debió  acudir  al  cuerpo  segundo de la causal  primera  de  casación,  esto  es, la violación indirecta de la ley sustancial,  arguyendo  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  al  ser el  desconocimiento  de  la  confesión  la  razón  que  llevó  al  juzgador  a la  infracción  de  la  ley  sustancial. Para que la no aplicación de la rebaja de  pena  por confesión se pueda atacar por violación directa, es necesario que en  la  sentencia  se  haya  reconocido  que  existió  confesión  desde la primera  versión,  que  las  circunstancias que rodearon la captura no son constitutivas  de  flagrancia,  y  que dicha confesión sea tenida en cuenta como fundamento de  la  decisión,  de  manera  que  el  error  del fallador se limite a la falta de  aplicación  del  artículo  299  del estatuto procesal” (Sentencia del 1° de  diciembre    de    1994,    radicación   No.   8678,   M.P.   Ricardo   Calvete  Rangel).   

          b)  No  obstante  lo  anterior,  suficiente  para  que  el  cargo no  prospere,  el  examen  de  fondo igualmente conduce a su rechazo por dos razones  fundamentales:   

          1.  Invariablemente  la  Sala  ha  sostenido  que  para que opere la  rebaja  de  pena  por  confesión  ésta  ha debido ser fundamento de la condena  “así  el  nuevo  texto  legal  (art. 299) no lo mencione expresamente, porque  sólo  de  esta  manera  es  entendible  y justa la rebaja de pena que en él se  consagra.  Interpretarlo  de  otra  forma, sería otorgar un beneficio gratuito,  sólo  porque  se  confesó  cuando  ello  no  era necesario, pues obraban otras  pruebas,  distintas  de  la  confesión,  que  permitían afirmar, sin dudas, la  responsabilidad  del  procesado”  (sentencia  del  8  de octubre de 1992, M.P.  Guillermo Duque Ruiz).   

          No  ocurrió  así  en  este  caso,  pues  la  confesión, antes que  fundamento   de   la   condena,   pretendió  ser  sustento  de  una  causal  de  justificación  invocada  por  el  procesado,  desvirtuada  gracias  a la prueba  testimonial  y  documental  recogida en el proceso, como lo destaca la sentencia  de  segunda  instancia  al  examinar los testimonios de Rosemberg Campos, María  del  Carmen  Bonilla,  David  Gualteros  y  Luz  Marina Moscoso y el informe del  C.A.I.  de  la  Policía sobre la presentación de Medina Guzmán y el estado en  que se encontraba.   

          2.  La  misma  circunstancia  de  aceptar la autoría del hecho pero  calificando  la  conducta,  con  lo  que  se  pretende  desde  luego exonerar de  responsabilidad,  excluye  la  concesión del beneficio porque, según reiterada  jurisprudencia   de  la  Sala,  éste  ha  sido  consagrado  por  el  legislador  para aquellas personas que facilitan con su asunción  de  responsabilidad  la acción de la justicia y aceleran la tramitación de los  procesos.   

          En consecuencia, no prospera el cargo.   

          Tercer cargo.   

          a)   El  demandante  ataca  la  sentencia  porque  viola  de  manera  indirecta  el  artículo  60 del Código Penal, que no fue aplicado por falta de  apreciación  de  algunas pruebas. Sin embargo al sustentar el cargo en lugar de  demostrar  el  error  manifiesto  en  que  había  incurrido  el  fallador  y su  repercusión  en  la  parte  resolutiva  de  la sentencia, así como la clase de  error  que  invoca, el censor se ocupó de expresar su particular valoración de  la  prueba como si se tratara de un estudio de instancia, lo que revela su pleno  alejamiento de la técnica de la casación.   

          b)  En  realidad, los jueces en las dos instancias sí valoraron las  pruebas  a  que  se refiere el libelista, pero le dieron un alcance diferente al  pretendido  por  éste.  Tan cierto es que fueran apreciadas, y ampliamente, que  el   Tribunal  ordenó  investigar  por  falso  testimonio  precisamente  a  los  declarantes  en que se apoya el demandante para cuestionar el fallo porque no se  le reconoció al procesado el estado de ira.   

c)  El  censor, ante todo, quiso simplemente  sentar su criterio sobre el tema.   

En reiteradas ocasiones la Sala ha expresado  que  el  error  originado en la apreciación judicial del mérito de las pruebas  “no  surge  de  la mera disparidad de criterios entre la valoración realizada  por  los  jueces  y  la  pretendida  por  los  sujetos  procesales,  sino  de la  comprobada  y grotesca contradicción entre aquella y las reglas que informan la  valoración  racional  de  la  prueba.  También ha dicho que si un contraste de  tales  características  no  se presenta, porque los juzgadores, en ejercicio de  esta  función,  han respetado los límites que prescriben las reglas de la sana  crítica,  será  su criterio, no el de las partes, el llamado a prevalecer, por  virtud  de la doble presunción de acierto y legalidad con que está amparada la  sentencia  de  segunda instancia”. (Auto del 22 de noviembre de 1999, radicado  14.014, M.P. Fernando Arboleda Ripoll).   

          Se concluye, entonces, que el cargo no prospera.   

                En mérito de lo expuesto,  la  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia  en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

No casar la sentencia recurrida.  

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                   JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA            

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                    CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                      

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                    ÉDGAR   LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                           NILSON  E.  PINILLA  PINILLA                    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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