10927(19-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 10927  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N°  176  

          Bogotá, D. C., diecinueve de noviembre de dos mil uno.   

VISTOS  

          Decide  la  Corte  el  recurso extraordinario de casación propuesto  por  el defensor del procesado FERNANDO BETANCOURTH CUCAITA, en relación con la  sentencia  de  segundo grado fechada el 7 de abril de 1995, por medio de la cual  el  Tribunal  Superior de Bogotá confirmó la condena impuesta al acusado, como  autor  del  delito  de  homicidio  cometido  en  la persona de WILLIAM CIFUENTES  RODRÍGUEZ.   

          Conceptuó  previamente  el  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación (E).   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Aproximadamente  a  la  medianoche  del 14 de mayo del año de 1993,  llegaron  varias personas a tocar la puerta del establecimiento público situado  en  la  carrera  1ª B N° 42-53 Sur, barrio San Martín de Loba de esta ciudad,  dedicado  al  juego de tejo y al expendio de bebidas embriagantes, con el ánimo  de  que  les  vendieran  licor, pero, desde el interior su dueño, JOSÉ BENITEZ  SUA,  les  contestó  que ya había cerrado el local.  Entre los visitantes  se  hallaba  WILLIAM  CIFUENTES RODRÍGUEZ, acompañado de CARLOS YAGUE PERDOMO,  el  primero  de  lo  cuales,  ante  la  respuesta negativa del tendero, decidió  romper  un  vidrio  de  la ventana, mas de inmediato salió del recinto FERNANDO  BETANCOURTH  CUCAITA,  quien  era  administrador  de un salón de billares en el  mismo  sector  y  se  hallaba  encerrado con el propietario del establecimiento,  para  accionar  un  arma  de  fuego  inicialmente  en  contra de YAGUE PERDOMO y  después  lo  hizo en dirección a CIFUENTES RODRÍGUEZ, quien entonces recibió  un  impacto  de  bala  en  la  región  occipital,  lado  derecho,  herida  como  consecuencia de la cual perdió la vida por laceración cerebral.   

          En  relación con estos episodios, se produjo la siguiente actividad  procesal:   

          1.   La  investigación  fue iniciada por la Fiscal 14 Delegada  de  la Unidad de Investigación Previa y Permanente de Bogotá, pero después la  asignaron  al  Fiscal  111,  funcionario  que  recibió  indagatoria al imputado  FERNANDO  BETANCOURTH  CUCAITA,  a  quien  posteriormente  afectó con medida de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva, como autor del delito de  homicidio (cuaderno original, fs. 1, 43 y 50).   

          2.   Proferida y sustanciada en forma la decisión de cierre de  investigación,  el  fiscal  instructor  calificó  el mérito sumarial el 13 de  septiembre  de 1993, por medio de resolución acusatoria en contra del sindicado  BETANCOURTH  CUCAITA,  como  autor  del hecho punible de homicidio, conforme con  las  previsiones  del artículo 323 del Código Penal de 1980, modificado por el  artículo  29  de  la  Ley 40 de 1993 (idem, fs. 163 y 180).   

          3.   Apelada  la  determinación  calificatoria por el defensor  del  acusado,  la  Unidad  de Fiscalía ante el Tribunal de Bogotá la confirmó  integralmente,  según  lo dispuesto en la resolución del 21 de octubre de 1993  (cuaderno 2ª instancia Fiscalía, f. 23).   

          4.   Para  impulsar  la  fase del juzgamiento del caso, el Juez  Veinticuatro  Penal del Circuito de Bogotá asumió el conocimiento y, por medio  de  auto  fechado  el  4  de  febrero de 1994, negó la nulidad propuesta por el  defensor  y  ordenó la práctica de algunas pruebas (cuaderno original, fs. 210  y 222).   

          5.   De  acuerdo  con  auto del 19 de abril de 1994, el juzgado  reconoció  como  parte  civil  al  señor LUIS FERNANDO CIFUENTES ACOSTA, en su  condición  de progenitor de la víctima del homicidio (cuaderno parte civil, f.  10).   

          6.   A  partir  del  21  de  abril  del  mismo año, el juez de  primera  instancia  realizó  la  audiencia  pública  en varias sesiones y, por  medio  de fallo fechado el 22 de noviembre de 1994, condenó al acusado FERNANDO  BETANCOURTH  CUCAITA a la pena principal de veinticinco (25) años de prisión e  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el término de diez (10)  años,  así  como  le impuso la obligación de resarcir los daños materiales y  morales  en  cuantía total de 1.500 gramos de oro (cuaderno principal, fs. 302,  344, 354, 371 y 409).   

          7.   Como  consecuencia  del  recurso de apelación interpuesto  por  el  procesado,  el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó integralmente el  fallo de primera instancia (cuaderno Tribunal, f. 11).   

CONTENIDO DE LA DEMANDA  

          1.   Después de una relación de los hechos y de la actuación  procesal,  el  actor  invoca  la  causal  primera  de casación, conforme con el  numeral  primero  del artículo 220 del anterior Código de Procedimiento Penal,  por   “VIOLACIÓN   DIRECTA”   de   la  ley  sustancial,  transgresión  que  supuestamente  consistió  en  no  haberle  dado  aplicación al numeral 3° del  artículo  64 del Código Penal de 1980, al artículo 60 del mismo estatuto y al  artículo  333 del ordenamiento procesal penal derogado, ya que resulta evidente  que  el  procesado  actuó  en  “estado  de emoción o pasión excusables o de  temor  intenso”;  o  que obró bajo el estado ira o intenso dolor, causado por  el  comportamiento grave e injusto de la víctima; y además ni el instructor ni  el  juez  de  conocimiento  investigaron  hechos  favorables a los intereses del  procesado,  que  de  haberlo hecho la pena hubiera quedado reducida a la tercera  parte  del  mínimo  consagrado  en  el  artículo  323  del  Código  Penal  de  1980.   

          2.   Para  sustentar  la impugnación, el demandante expone que  la  declaración  de  CARLOS  YAGUE  PERDOMO  sirvió  de fundamento tanto a las  decisiones  del  sumario como a los fallos de instancia, pero desafortunadamente  ni  el  fiscal  instructor, ni el agente del Ministerio Público, ni el defensor  de  la  época  ni posteriormente el juez de instancia, atinaron a interrogar al  testigo  sobre  hechos  tan  sustanciales  como  lo que decía WILLIAM CIFUENTES  RODRÍGUEZ  cuando  tocaba  la puerta del establecimiento; o las manifestaciones  que  el  mismo  hizo  al  momento de romper el vidrio con una botella; o cuáles  eran  las  razones  para  estar  ofendido  con  el  señor  FERNANDO BETANCOURTH  CUCAITA, conocido como “el paisa”.   

          En  vista  de que los anteriores interrogantes no tuvieron eco en el  proceso,  agrega el impugnante, será necesario acudir a la praxis judicial y al  diario  discurrir, con el fin de presumir que el finado no pudo haber llegado de  buenas  maneras a conversar con el procesado, sino que, por el contrario, debió  hacerlo  con  insultos,  máxime  que su resentimiento con él sin duda también  surgió  por  los  tratos  que  tuvieron en el salón de billares, elementos que  entonces  potenciaron  aún  más  el  estado  de  embriaguez  en que se hallaba  WILLIAM  CIFUENTES  RODRÍGUEZ  para  provocar  al  acusado BETANCOURTH CUCAITA,  quien  también  se  encontraba bajo los efectos del licor.  De modo que el  procesado  ingería  licor  con  otros  amigos  desde  las dos de la tarde en el  establecimiento  del  señor  BENITEZ SUA, lugar hasta el que llegó la víctima  para provocarlo injustamente.   

          3.   Con  base  en  citas de connotados doctrinantes, el censor  advierte  que  la  ira  y  el dolor son estados emotivos dentro de los cuales la  capacidad  de  entender  y  de  querer quedan profundamente alteradas, porque el  centro  existencial del remezón parece desplazarse hacia la periferia corporal,  razón  por  la  cual  la  legislación  colombiana,  entre  otras, reconoce una  diminuente  de  pena  a  quienes  actúan  en  esas  desquiciadoras condiciones,  máxime  que  como  se  sabe,  tal  estado  fue  generado por el grave e injusto  comportamiento de la víctima.   

          4.   Ahora  bien, la provocación del interfecto constituye una  realidad,  a  pesar  de  que  el testigo YANGUE PERDOMO y otros que acudieron al  proceso  callaron  en  forma  parcial  el desenvolvimiento de los hechos, ya que  aquél  solamente  dijo  lo  que  no  lo  comprometía  a  él  ni  a  CIFUENTES  RODRÍGUEZ.   

          5.   Por  otra  parte, con apoyo en jurisprudencia de la Corte,  señala  que no solamente existió el comportamiento grave e injusto de parte de  la  víctima,  sino  que  también  se  ha establecido el vínculo lógico entre  dicha causa y el estado emocional en que actuó el procesado.   

          6.   De  igual  manera,  continúa  el  impugnante, el estatuto  punitivo  colombiano  no  exige  que el comportamiento ajeno grave e injusto sea  contra  la  persona  que  reaccionó,  sino  que  también puede serlo contra un  tercero  vinculado por razones de familia o amistad o quizá en relación con un  desconocido.   

          Por  lo antes dicho, el actor demanda la casación parcial del fallo  impugnado,  con  el  fin  de que la Corte reconozca que el procesado BETANCOURTH  CUCAITA  obró en estado de ira o intenso dolor y, en consecuencia, fije la pena  en  cien  (100)  meses  de  prisión, según lo estatuido en el artículo 60 del  Código Penal del 1980.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

          Según  las  expresiones  del  Procurador  Delegado, la técnica del  recurso  extraordinario  de  casación  no  obedece  a  un  capricho  sino  a la  naturaleza  del  medio  de impugnación.  En razón de ello, lo primero que  advierte  es  una inconsistencia en el planteamiento de la violación directa de  la  ley  sustancial,  pues, si bien el actor enfila su voluntad claramente hacia  la  falta  de  aplicación de ciertas normas, dicha causal supone la aceptación  lata  de  los  hechos  y las pruebas tal como fueron apreciados por el fallador,  sin  embargo  de  lo  cual  aquél  cuestiona  que  los  funcionarios dejaron de  complementar   el   interrogatorio   en   la   declaración   de   CARLOS  YAGUE  PERDOMO.   

          No  obstante  que  el  demandante  se  queja de la parcialidad en el  testimonio  de  YAGUE  PERDOMO, de todas maneras concluye que, de acuerdo con la  praxis  judicial  y  el  diario  acontecer,  resulta  presumible que la conducta  desplegada  por  el acusado obedeció a la ejecución de un comportamiento grave  e  injusto  de  parte  de  la  víctima, quien embriagado y de manera belicosa e  insolente   llegó   al   sitio   donde   pacíficamente  ingería  licor  “el  paisa”.    Esta  aserción,  dice  el  Procurador, demuestra una vez  más  el  equívoco  del impugnante, quien andaba distante de la apreciación de  los hechos por parte del juzgador.   

          Ahora   bien,   la  negligencia  que  el  censor  le  imputa  a  los  funcionarios  para  haber  obtenido  mayor  información  del citado testimonio,  también  resulta  una afirmación sin fundamento, porque después de su primera  intervención,  el testigo varió diametralmente su versión y acuciosos siempre  estuvieron  los  funcionarios  judiciales  para  que los deponentes no ocultaran  pormenores de los hechos.   

          De  acuerdo  con  la  forma  como  el  juzgador apreció los hechos,  basado  en  el  primer  relato  de  YAGUE  PERDOMO,  el procesado no obró ni en  legítima  defensa  ni  mucho menos en estado de ira e intenso dolor, porque él  voluntariamente  quiso la confrontación y el hecho de que haya sido golpeado no  es  razón  suficiente  para  generar una agresión grave e injusta, máxime que  probatoriamente  tampoco  se  estableció quién, entre cuatro o seis agresores,  le  propinó el botellazo al acusado.  Es que ni siquiera el señor BENITEZ  SUA,  dueño  del  establecimiento,  fue quien abrió la puerta sino que lo hizo  directamente el inculpado y de una vez disparó.   

          Adicionalmente,   aparece   inexplicable   que  el  censor  pretenda  demandar  simultáneamente la violación de los artículos 60 y 64-3 del Código  Penal  de 1980, pues debió escoger otra vía y hacerlo mediante la formulación  de   cargos   separados,   como  lo  exige  el  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal de 1991.   

          En  vista  de  los errores de técnica que manifiesta la demanda, el  Procurador propone a la Corte que no case la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, prevista hoy en  el  numeral  1°  del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal (antes en  el  numeral  1° del artículo 220 del C. de P. P. de 1991), el demandante aduce  que  la  sentencia  atacada  incurrió  en  “VIOLACIÓN  DIRECTA”  de la ley  sustancial,  debido  a  la  falta de aplicación de los artículos 60 y 64-3 del  Código  Penal  de  1980,  por  un  lado,  y  del  artículo  333 del Código de  Procedimiento  Penal  de  1991,  por el otro.  Apuntala la explicación del  sentido  de  la  violación  en  el  hecho de que, siendo la declaración CARLOS  YAGUE  PERDOMO  el fundamento de las decisiones más importantes adoptadas en el  curso  del  proceso,  incluida  la  sentencia  de  segundo  grado,  no  hubo  un  interrogatorio  satisfactorio  al  testigo  que  permitiera  extraerle  datos de  relevancia  para  el reconocimiento de la atenuante punitiva del estado de ira e  intenso dolor.   

          La  Corte,  antes  de  cualquier  decisión,  hará  las  siguientes  consideraciones:   

          1.   Pues bien, como el planteamiento contiene un contrasentido  evidente,  revelador  del  desconocimiento  de  elementales  reglas  de técnica  casacional,  conviene  volver  a  precisar  didácticamente  que  los errores de  juicio  (in  iudicando)  que  conforman  la  causal  primera  de casación atañen al mérito de la decisión,  bien  sea  porque  se  yerre  en  la  sola aplicación del derecho (violación  directa) o porque parejamente,  como  medio  para  llegar a la violación de la ley sustancial, existan dislates  en  la  apreciación  de   las pruebas (violación  indirecta).   

          2.   En  razón  de  ello, si decididamente el actor acude a la  modalidad   de   la   violación  directa  de  la  ley  sustancial,  puede  suponerse  entonces que trabajará  con  los  mismos  ingredientes fácticos, elementos de convicción e inferencias  probatorias  del fallo atacado, pues sólo le preocupan los erróneos juicios de  relevancia  o  calificación jurídica hechos por el fallador.  De modo que  no   puede  ser  directa  la  vulneración  de  la  ley  sustancial, cuando se la hace depender enteramente de  unos  resultados  probatorios  esperados  por  el  actor  o de otra apreciación  informativa  del  mismo,  adrede distante de la que hizo el sentenciador, porque  en  este  último  caso  la  afrenta  al  derecho sustancial sería indirecta       o       mediatizada  por el ejercicio probatorio o  de determinación fáctica.   

          3.    En  el  sub-júdice,  el  demandante  se  refiere  a la insuficiencia de los contenidos  probatorios  de  la  declaración  de CARLOS YAGUE PERDOMO, debido a la falta de  actividad  probatoria  de  los funcionarios judiciales, y bastaría entonces una  tal  referencia  para distorsionar el pregonado sentido  directo  de la violación de la ley sustancial, porque  en  tal  evento  la  vulneración  depende  de  una  apreciación  en materia de  pruebas,   cualquiera  sea  su  entidad.   Ya  no  puede  ser  directa  una  transgresión  de  la norma sustancial, si primero debe pasar por el tamiz de la  apreciación  probatoria,  con  el  fin de establecer si ésta fue errónea para  poder determinar finalmente la vulneración del derecho.   

          4.   Ahora  bien,  tolerada una mera confusión terminológica,  en  el  sentido  de  que  el  actor no entiende cuando es directa o indirecta la  afrenta  a  la  disposición sustancial, de todas maneras quedaría pendiente la  singularización  de  los  errores  de  hecho  o  de  derecho  cometidos  en  la  apreciación  del  testimonio  de  CARLOS  YAGUE  PERDOMO,  porque  todo  cuanto  señaló  el  censor  fue  que  los  funcionarios  no  lo interrogaron sobre las  manifestaciones  que  hizo  la  víctima  al  momento  de llamar a la puerta del  establecimiento  de  propiedad  del señor JOSÉ BENITEZ SUA, o en el momento en  que  rompió  el vidrio de la ventana, pues sin duda debió expresarse de manera  agresiva,  altanera  y  provocativa en contra del procesado FERNANDO BETANCOURTH  CUCAITA,  quien  estaba  al  interior  del  local y con él tenía desavenencias  anteriores.   Es  decir,  no  ha podido el actor asegurar que el testimonio  central    fue    ignorado    (falso    juicio    de  existencia);  o  que  al  mismo  se  le cercenaron las  expresiones  relativas  al  comportamiento  grave  e  injusto  de la víctima en  relación  con  el  acusado,  porque,  por  el  contrario,  reconoce  que  no le  preguntaron    por    ellas    (falso    juicio   de  identidad).    Tampoco   ha   hecho  reparos  en  relación  con la formación o existencia de la prueba testimonial (error de derecho).   

          5.   Si  el  interrogatorio  al  testigo  central  hubiese sido  sesgado,  como lo sugiere la defensa, en el sentido de que sólo se le preguntó  por  lo gravoso para el procesado y no por lo favorable, la prueba singularmente  no  resultaría  ilegal  porque  dichas omisiones no tocan con sus requisitos de  existencia  o  validez  establecidos en la ley, sino que la actitud parcializada  del  funcionario  judicial  violaría  el  principio  de investigación integral  determinante  del  debido  proceso, conforme con el artículo 333 del Código de  Procedimiento  Penal  de  1991  o  el artículo 234 del actual estatuto procesal  penal,  lo  cual  significa  que  debía acudir a la causal tercera de casación  (nulidad) y no a la primera (violación de la ley sustancial).   

          6.   Por  otra  parte,  si  el  testigo no hizo manifestaciones  sobre   supuestas   agresiones   o   injurias  de  la  víctima  al  victimario,  precisamente  porque  ni  siquiera  se le interrogó en ese sentido, entonces el  demandante  no  explica  satisfactoriamente  cómo  hace  él  para concluir que  podía   presumirse   la  existencia  de  dichas  expresiones  afrentosas.   Paradójicamente,     en     este     caso     el     demandante    –y  no el fallo- incurriría en un falso  juicio  de  existencia por suposición de prueba sobre el comportamiento grave e  injusto de la víctima.   

          7.   Sin  embargo,  el impugnante aduce que no sólo el testigo  YAGUE  PERDOMO,  también  otros que comparecieron al proceso, con deliberación  faltaron  a la verdad o la callaron parcialmente, en relación con la forma como  se  desarrollaron los hechos en el teatro de los acontecimientos, hasta el punto  que  el  primero  sólo  exteriorizó  lo  que  no lo comprometía a él ni a la  víctima  WILLIAM  CIFUENTES  RODRÍGUEZ,  pero  si  ocultó  la  agresividad  y  provocación  de éste con el procesado BETANCOURTH CUCAITA.   Esta es  una  muestra  más  de  que  el  actor  siempre ha pretendido involucrarse en la  prueba  para  sustentar  el  cargo de violación de la ley sustancial, sólo que  ahora  incide directamente en su crítica, sin poner de presente lo que sobre el  particular  se haya dicho en el fallo atacado, como para ver de comprobar si era  posible  la  comisión  de  un error de hecho por falso  raciocinio.   

          8.   Todo  parece indicar que el impugnante trata de acomodarse  a  la  modalidad de la violación directa de la ley sustancial (su invocación),  cuando  sostiene  que,  según  la  interpretación del artículo 60 del Código  Penal  anterior  (artículo  57  actual),  el  comportamiento grave e injusto no  necesariamente  tiene  que  ser  contra  la persona que reacciona sino que puede  comprometer  a  un  tercero, familiar o aún al desconocido, de modo que en este  caso  la  titularidad  de  la  reacción  no  la  tenía solamente el dueño del  establecimiento  atacado adonde llegó la víctima, como lo sostiene el juzgador  de  segunda  instancia.   Mas, dentro del mismo párrafo, el actor vuelve a  discutir  los  hechos  como una muestra más de inconsistencia, porque aduce que  si  bien  la  agresión  objetivamente apenas alcanzaba al tendero JOSÉ BENITEZ  SUA,  “subjetivamente  lo  fue  contra la integridad  moral  y  física  de  FERNANDO  BETANCOURTH  CUCAITA,  prueba  de  ello  es  la  manifestación  del  testigo  CARLOS  YAGUE  PERDOMO”  (cuaderno Tribunal, f. 47).   

          9.   Adicionalmente,  a  pesar de que el recurso extraordinario  de  casación  recae  directamente sobre la sentencia de segundo grado (art. 205  C.  P.  P.),  el  actor  ni siquiera presenta de manera completa los juicios del  fallador  sobre  el  tema  de  la  ira  e  intenso  dolor,  cuyo  tenor  fue  el  siguiente:   

“Ciertamente  debe  tenerse en cuenta que  BETANCOURTH  CUCAITA  se hallaba en un establecimiento público, que había sido  cerrado  por  su  propietario.  Si el ahora occiso llegó hasta dicho lugar  con  el  ánimo  de buscar problemas, lo que se infiere de la rotura de vidrios,  es  lógico  suponer  que  en este caso la situación  afectaba  al  dueño  del  local  y  no  directamente  al  sindicado.   

“Ahora,  de acuerdo con el propietario de  la  tienda  JOSÉ  BENITEZ  SUA, él abrió la puerta de su establecimiento para  apersonarse  de  lo  que  estaba sucediendo.  ¿A  qué  tenía  que  salir el implicado hasta la calle, máxime cuando la víctima  le  estaba  buscando  problemas  a aquél, lo que intuía que BETANCOURTH estaba  más  seguro  adentro  que  afuera  del  local?.   Pero  lo  más  grave,  es que con conocimiento de la  presencia  y  muy  seguramente  de  la  razón por la cual WILLIAM CIFUENTES, en  estado  de  ebriedad,  llegó  a  la  tienda,  BETANCOURTH  CUCAITA  salga  a su  encuentro,  en  señal  clara  de  voluntaria  confrontación,  como  finalmente  sucedió.   

“En  las  anteriores  circunstancias, no  puede  hablarse  de  legítima defensa, mucho menos de  estado  de  ira  e intenso dolor, pues el sindicado quiso la confrontación y si  esta  fue  su  voluntad,  de  igual  manera debía atenerse a los resultados del  conflicto,  de  ahí que el hecho de resultar golpeado, no sea razón suficiente  y    exclusiva    para    generar    ‘agresión  grave e injusta’,  ni  aún  menos  para  ‘justificar’  el  haber  disparado  como  lo hizo.  Es más, el  probatorio   ni   siquiera  evidencia  quién  en  últimas  fue  el  autor  del  ‘botellazo’  recibido  por  BETANCOURTH CUCAITA,  pues  se  habla  de  cuatro  o  seis  ‘agresores’  presuntamente   armados,   hecho   que   tampoco   se   demostró” (cuaderno Tribunal, f. 21.  Se ha subrayado).   

         10.    Ahora   bien,   en   relación   con  las  disposiciones  sustanciales  violadas,  el  censor  cita  los  artículos 60 y 64-3 del Código  Penal  de  1980, además del artículo 333 del Código de Procedimiento Penal de  1991,  sin  embargo  de  lo cual finalmente no intentó ninguna demostración ni  hizo  exigencia  alguna  en  cuanto  a  las  dos últimas normas.  Por otra  parte,   el  artículo  333  invocado  no  contiene  ninguna  norma  sustancial,  entendida  ésta  como la que se refiere al hecho punible o a sus consecuencias,  pues  apenas apunta a la actividad de investigación integral que debe desplegar  el   Estado   en   la   determinación   del   delito  y  la  búsqueda  de  los  responsables.   Por  ello  mismo,  la  violación  de este último precepto  comporta  el  desconocimiento del debido proceso y entonces la falencia debería  denunciarse  como  vicio  de  nulidad  (causal 3ª) y no como error in iudicando (causal 1ª).   

         11.   Otro  aspecto  importante,  en  punto  a  la técnica del  recurso  extraordinario,  surge  de la constatación de una demanda simultánea,  dentro  de un mismo cargo, de violación de los artículos 60 y 64-3 del Código  Penal  de  1980,  cuando  ambos  preceptos  están fundados en la misma conducta  sustancial  de  un  actuar  en  estado  de  emoción descontrolada, sólo que el  primero,  sujeto  a  otros requisitos adicionales, atenúa de manera concreta la  pena,  mientras  que  el  segundo  corresponde a una atemperante genérica de la  punición.   Es  necesario  destacar,  adicionalmente,  que  la  diminuente  genérica  se  configura  legalmente  como de aplicación subsidiaria, en cuanto  “no  haya  sido  prevista  de  otra  manera”,  como encabeza el artículo 64  citado, razón de más para advertir que resulta equívoco y   

contradictorio    su    planteamiento  contemporáneo  con  la  figura del artículo 60, máxime que tanto el artículo  225  del anterior estatuto procesal penal como el artículo 212 del ordenamiento  vigente recomiendan su formulación separada.   

         Aunque  la  mencionada  atenuante  genérica quedó consagrada en el  artículo  55-3  del  nuevo  Código  Penal  (Ley  599 de 2000), y la reducción  concreta  en  el  artículo  57  del mismo estatuto, lo cierto es que las nuevas  disposiciones   ostentan  la  misma  regulación  del  ordenamiento  derogado  y  también se prevé la subsidiariedad.   

         En  conclusión,  debido  a notarias falencias de técnica, no puede  prosperar  la  demanda  de  casación  instaurada a favor del procesado FERNANDO  BETANCOURTH CUCAITA.   

         12.   Finalmente,  al margen debe anotarse que el nuevo Código  Penal  ofrece  una  situación  de  abierta  favorabilidad para el procesado, en  cuanto  el  artículo  103  prevé  una  pena de prisión entre 13 y 25 años de  prisión  para  el delito de homicidio, mientras que la misma conducta delictiva  estaba  conminada  con sanción de 25 a 40 años de prisión en el artículo 323  del  desaparecido  estatuto  penal.   Sin embargo, como en este caso no hay  lugar  a  la  casación y, por ende, se le tributará ejecutoria a la sentencia,  cualquier  decisión  sobre  la  favorabilidad  deberá  adoptarla  el  juez  de  ejecución  de  penas  y medidas de seguridad, conforme con la facultad prevista  en  el  numeral 7° del artículo 79 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de 2000).   

         Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

         No casar el fallo impugnado.   

         Contra esta sentencia no procede recurso alguno.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE      ENRIQUE      CÓRDOBA  POVEDA           

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                        

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                     EDGAR               LOMBANA  TRUJILLO              

ALVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                        NILSON                     PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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