9995 (12-12-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA     DE  CASACION/     SECRETO  PROFESIONAL/ RESPONSABILIDAD  PENAL   

1.-  Cuando  la  inconformidad  trate  sobre  diversos  temas,  deben  presentarse  en  cargos  separados con el fin de que el  desarrollo argumental de cada cual no entorpezca los demás.   

2.-  La Carta Política en su artículo  74  advierte  perentoriamente que “El secreto profesional es inviolable”, lo que  no da margen a ninguna clase de excepción por la vía legal.   

3.-La  responsabilidad penal es individual y  la  investigación  podrá  adelantarse aunque sólo se circunscriba a demostrar  su participación en los hechos delictuosos.   

Proceso No. 9995  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente Doctor  

Carlos Augusto Gálvez Argote  

Aprobado Acta No. 177 (Nov.30-95)           

Santa  Fe  de  Bogotá,  D.C.,  doce (12) de  diciembre de mil novecientos noventa y cinco (1995).   

VISTOS  

          El  Juzgado  Cincuenta  y Nueve (59) Penal del Circuito de Santa Fe  de  Bogotá,  mediante  fallo  de  veintitrés  (23)  de mayo de mil novecientos  noventa  y  cuatro  (1994)  condenó  a  Jaime Orlando  González  Niño a purgar la pena principal de treinta  y  un  (31) meses de prisión como autor determinador de los delitos de Falsedad  Material de Particular en Documento Público y Fraude Procesal.   

          De  igual  manera  lo condenó a la pena accesoria de interdicción  de  derechos  y funciones públicas por un tiempo igual al de la pena principal,  le  concedió  el subrogado de la condena de ejecución condicional y se abstuvo  de sancionarlo por los perjuicios causados con los punibles.   

          El  defensor  del  procesado interpuso recurso de apelación contra  este  proveído,  correspondiéndole  desatar  la  alzada  con una confirmación  integral  del  fallo a la Sala de Decisión del Tribunal Superior de Santa Fe de  Bogotá,  presidida  por  la  Magistrada Florángela Torres de Cardona, mediante  fallo  del  doce  (12)  de  julio  de  mil  novecientos noventa y cuatro (1994).   

          Contra  esta  sentencia el procesado y su defensor interpusieron el  recurso   extraordinario   de   casación   que  hoy  resuelve  la  Sala.   

HECHOS  

          El  Juez  Treinta y nueve (39) de Instrucción Criminal de Santa Fe  de  Bogotá  instruyó un proceso contra Jaime Orlando  González  Niño  por el delito de homicidio culposo,  según  hechos  ocurridos  cerca  de  la  medianoche  del  26  de  diciembre  de  1988.   

          En  ese expediente se estableció que, poco después, a las 2 horas  y   40   minutos  del  27  de  diciembre,  se  le  practicó  un  reconocimiento  médico-legal  al  entonces  imputado,  encontrándosele “aliento alcohólico,  leve   incoordinación  motora…signos  clínicos  de  embriaguez  aguda  grado  uno”.  No  obstante, con fecha también del 27 de diciembre, posteriormente se  allegó  al  proceso por desconocidos otro dictamen en el que los resultados son  opuestos  dado  que  allí  se  asegura  que González  Niño   “No  presenta  aliento alcohólico, no  incoordinación motora…no hay embriaguez.”.   

          Ante  la  evidente  contradicción  entre  las  dos experticias, el  instructor  solicitó  se  examinara  por  el  Laboratorio  de  Grafología  del  Instituto  de  Medicina Legal el segundo dictamen, comprobándose su apocrifidad  en  lo referente a la firma que corresponde a una imitación de la habitualmente  empleada  por  el  legítimo  signatario,  Dr.  Mario  Alberto Hernández Rubio.  Respecto al sello que la acompaña se comprobó su autenticidad.   

SINOPSIS PROCESAL  

          En  la resolución de acusación que dictó contra el procesado, el  Juez  Treinta  y  nueve  (39)  de  Instrucción  Criminal  contra  el  procesado  Jaime    Orlando   González   Niño   por  el  homicidio  culposo, ordenó compulsar copias con el fin de  investigar   por   separado   los   anteriores  hechos.,  correspondiéndole  su  conocimiento   al   Juez   Once   (11)   de   Instrucción   Criminal   de  esta  ciudad.   

          Con  base  en  las fotocopias de los dos dictámenes, del proveído  que  resolvió  la  situación  jurídica de González  Niño  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  del que le concedió la libertad provisional ante la duda suscitada  por  las  dos  experticias,  y  del  que calificó el sumario con resolución de  acusación   en   su   contra,  el  referido  funcionario  declaró  abierta  la  investigación penal (fl. 29).   

          Luego   de   vincularse   al   proceso,   mediante  indagatoria,  a  González  Niño, quien en  la  misma  nombró  como  su  defensor  al Dr. Néstor  Gustavo  Ochoa Serrano, éste aportó al proceso copia  auténtica   de  la  providencia  emanada  del  Juzgado  Segundo  (2o) Superior que absolvió a su prohijado  del referido delito contra la vida (fl. 57).   

          Resuelta  la  correspondiente  situación jurídica del incriminado  absteniéndose  el  instructor  de proferir medida de aseguramiento (fl. 74), se  escuchó  el  testimonio  de  la Dra. María Esperanza  Niño    Córdoba,   quien   practicó   el   examen  médico-legal  auténtico  (fl.  78)  y  se realizó una inspección judicial al  proceso que por homicidio culposo se le siguió al encartado.   

          Luego  se ordenó citar al defensor del procesado, Dr. Ochoa   Serrano,   para  escucharlo  en  declaración  bajo  juramento  sobre  los  hechos materia de investigación, sin  obtenerse  ningún  dato  adicional,  dejando  constancia  el  testigo  sobre el  impedimento  que  lo  cobija  para este tipo de intervención, de acuerdo con lo  dispuesto por el Decreto 196 de 1971. (fls. 91 y 93).   

          El  mérito  del  sumario  fue  calificado  por  el  Fiscal  Ciento  Cincuenta  y  Siete  de Santa Fe de Bogotá el veintiocho (28) de octubre de mil  novecientos   noventa  y  tres  (1993)  con  resolución  de  acusación  contra  González   Niño   como  presunto  autor  determinador  de  los  punibles  de  Falsedad  de Particular en  Documento  Público  en concurso con el de Fraude Procesal, imponiéndole medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  pero  concediéndole  la libertad  provisional  (fl.  105).  La  providencia  quedó ejecutoriada el quince (15) de  febrero  de  mil  novecientos  noventa  y tres (1993) luego de varias semanas de  tratar  infructuosamente  de realizar la notificación personal al procesado y a  su  defensor,  sin  resultados positivos, procediendo a hacerlo por estado. (Fl.  106 vto.)   

          La  etapa  de  la  causa le correspondió al Juez Cincuenta y nueve  (59)  Penal  del  Circuito de esta ciudad, quien luego de realizar la diligencia  de  audiencia pública, profirió el fallo de primera instancia en los términos  ya  expuestos.  El  defensor  del  procesado  apeló  el fallo inconforme con la  calidad  de  autor  determinador  que  se le endilgaba a su cliente. El Tribunal  examinó el punto y confirmó la sentencia.   

LA DEMANDA  

          Con      fundamento      en      las      causales     tercera       y       primera   de  casación,  el  recurrente  eleva  dos  reproches,  el  primero  como  principal y el segundo, con carácter  subsidiario.   

          PRIMER CARGO   

          Según  el  censor,  el  fallo  se  dictó en un proceso viciado de  nulidad,  al  tenor  de lo dispuesto por el artículo 304-2-3 en armonía con el  320-3  del  Código  de Procedimiento Penal. Basa su aserto en la vinculación a  las   diligencias,   como  testigo  de  cargo,  del  apoderado  de  González,  pues  considera  que  al  no  habérsele  enterado del derecho que tenía de no declarara contra su defendido,  se quebrantó el derecho a la defensa.   

          Cita  como  vulnerado  el art. 29 de la Carta política advirtiendo  que  “No  podía perder fortaleza la defensa cuando se sometió a juramento al  profesional  para  aportar  exposiciones  que  eran  materia  de  decisiones  de  fondo”.   

          A    su    juicio,    se    violó   el   artículo   1o del Código de Procedimiento Penal que  habla   del   debido   proceso,   el  artículo  143  ibídem  que  trata  sobre  incompatibilidades  de  la  defensa  y  el  284-2  que  versa  sobre  el secreto  profesional y su inviolabilidad.   

          De  igual  manera asegura que se vulneraron el derecho a la defensa  y  al  debido proceso al no hacerse en la sentencia de segunda instancia ningún  análisis  de  fondo  sobre  las razones que llevaron al Tribunal a confirmar la  condena  por Fraude procesal, mermándose la posibilidades de la defensa pues no  se  puede  atacar  o criticar algo que no existe. Se violaron, por consiguiente,  los arts. 29 de la Constitución, 247 y 170 del C. de P.P.   

          También   señala   que   se   violó  el  debido  proceso  al  no  investigarse  quién  fue  el  autor  material, quién presentó el documento al  juzgado,  quién facilitó la utilización de los sellos verdaderos y quién fue  la     persona     determinada     por    González  Niño.  Con  tan  pobre  investigación,  colige,  se  quebrantaron  los  arts.  29  de  la  Constitución  y  los  arts. 1o,    352    y    366   del   estatuto  procedimental.   

          Por  consiguiente,  solicita la declaratoria de la nulidad a partir  del  cierre de investigación, ya que mediante estas actuaciones nulas se llegó  a  la  aplicación  indebida  de  los  arts. 320 sobre Falsedad de Particular en  Documento  Público  y  182 sobre Fraude Procesal, ambos del Código Penal, así  como el art. 247 del C. de P.P.   

          SEGUNDO CARGO   

          En  subsidio,  acusa  el  fallo  de  segundo  grado  por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  sin mencionar la clase de error ni el falso  juicio  que  le dio origen. Considera que se dio por probada la determinación a  delinquir  sin  prueba  existente,  entendida como la que permita deducir cómo,  cuándo y porqué se produjo la determinación.   

          Es  decir,  explica,  se  dio  por  existente  un  hecho  indicador  inexistente   pues   aunque  se  dice  que  González  es determinador no se estableció “cómo lo fue”,  con   lo   cual   se  quebrantó  el  art.  246  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

          También  se  vulneró el 247 ibídem pues no se aportó legalmente  la  prueba, condenándose con una mera hipótesis. También los artículos 300 y  302  ídem,  ya  que el hecho indicador nunca se probó. Y aunque se habla de un  indicio  de conveniencia, esto no pasa de ser una afirmación sin prueba alguna,  de  suma  vaguedad,  a  la  que  no se le puede dar valor de indicio por expreso  mandato legal.   

          Todo  lo anterior llevó a que se violaran por aplicación indebida  los  arts.  182  y 220 del Código Penal, por lo que solicita casar la sentencia  dictando en su lugar una de carácter absolutorio.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR PRIMERO  

DELEGADO EN LO PENAL  

          PRIMER CARGO   

          Critica  la  mezcla  de  conceptos diversos pues aunque todos ellos  son  alegables dentro de la causal tercera,  peca  contra  la claridad y la técnica casacional su alegación  simultánea  pues  cada  cargo  es  autónomo  e  independiente  y debe tener la  capacidad por sí solo de quebrantar la sentencia impugnada.   

          Además,  recuerda  que  aparte  de  demostrar  la existencia de la  irregularidad,  se  tiene  la  obligación  de  probar de qué manera afecta los  derechos  sustanciales  de  las  partes,  lo  que  en  este  caso no cumplió el  casacionista.   

          Ahora,  en  lo  que se refiere a la primera censura, consistente en  haber  vinculado  al  proceso  como  testigo  al  abogado  defensor y no haberle  enterado   que   no   tenía   la  obligación  de  declarar  contra  su  propio  representado,  el  Delegado  advierte  que  es  evidente  la  irregularidad  del  procedimiento     aun     cuando    no    existe    norma    que    lo    impida  expresamente.   

          Empero  le  parece  que  esa  doble  condición  es  incompatible e  inconveniente  pues  la  administración  de  justicia corre el riesgo de que el  defensor  asuma  el  rol  de  fuente y medio de prueba, en favor o en contra del  procesado,  lo que genera un grave riesgo para la decisión judicial que haya de  tomarse.  Por  consiguiente, dado que el testigo es quien ha percibido hechos de  interés   procesal  ha  de  ser  preferido  este  aspecto  relevándolo  de  su  condición de defensor.   

          De  todas  maneras,  en su entender esto no genera un defecto en la  configuración  de  la defensa ya que le permite al apoderado aportar una prueba  en  beneficio de su cliente. Sería a lo sumo una irregularidad a nivel personal  que  podría  generar  una  falta  ética  pero  que  no impide en el proceso el  ejercicio de la defensa técnica.   

          De  otro  lado,  cree  el  Delegado  que  el  haber  sido llamado a  declarar  en  la  propia  causa  sólo  atañe  a  la vulneración de la reserva  profesional  del  abogado  pero  no  afecta  el proceso pues no suministró dato  alguno,  amén  de  que  el  profesional conocía el derecho a no declarar de lo  cual  dejó  constancia al finalizar la diligencia. A lo sumo podría decretarse  la  nulidad  de  la  declaración  ya  que a nadie le está permitido invocar su  propia torpeza como factor anulante del proceso.   

          En  lo  tocante  a  la  ausencia  de motivación respecto al fraude  procesal,  con fundamento en la unidad conceptual que existe entre los fallos de  primera  y  segunda  instancia, el representante del Ministerio Público examina  el   de   primer  grado,  encontrando  que  en  él  existe  una  motivación  y  fundamentación  suficiente  sobre  el  tema,  pues señala con propiedad que la  presentación  del  dictamen  falso  creó  una  dubitación  mayúscula  en  el  instructor  hasta  el  punto  de motivarlo a conceder la libertad provisional al  retenido.   

          Es  evidente, por tanto, que este fraude se hizo ante un juez de la  República  y produjo efectos contra legem.  Aunque  hubiera  sido deseable una motivación más profunda, el  Delegado   considera   que   fue   suficiente   para   sustentar   la  decisión  cuestionada.   

          Finalmente,  en lo que atañe al desconocimiento del debido proceso  por  no  haberse averiguado quién fue el autor material del ilícito, quién lo  llevó  al  juzgado, quién facilitó los sellos y quién fue el determinado por  González     Niño,  simplemente  resalta  que la responsabilidad penal es individual y que basta con  conocer    a   uno   de   los   partícipes   para   avanzar   con   éxito   el  proceso.   

          Con   base   en   estas   razones,   solicita  de  la  Sala desestimar el ataque.   

          SEGUNDO CARGO   

          Advierte  el Delegado que al tratar el casacionista de demostrar el  yerro  en  la  apreciación  de los indicios se adentra en el campo del error de  derecho  por  falso juicio de convicción pues pretende discutir la credibilidad  que  les  diera  el  juzgador.  Así, por ejemplo, el haber llamado indicio a la  conveniencia,  lo que juega es el aspecto crítico del sujeto que conoce y no un  yerro material sobre la prueba.   

          A  continuación  deja  ver  cómo  en  el desarrollo del ataque se  refiere  a  argumentos  que  le sirvieron de sustento para el primer ataque para  luego  aclarar  que en la apreciación del indicio es el juez, con su raciocinio  y  sana  lógica,  más que con reglas abstractas, quien debe pronunciarse sobre  la  mayor  o  menor  gravedad  de  la  prueba  circunstancial,  prevaleciendo su  criterio  sobre  el  del  recurrente  merced a la doble presunción de acierto y  legalidad que lo ampara.   

          El  indicio,  agrega,  es  el  del  beneficio  del  delito, al cual  respondió  el  juzgador que era evidente que el detenido había logrado acceder  a  su  libertad  al  crear  la  duda  consiguiente  en el instructor. Por tanto,  conforme  a las reglas de la experiencia, permitía inferir que él era el autor  por  la  vía  de  la  determinación.  “Como  el  dato  es  real en autos, su  significado  probatorio  pertenece  a  la  valoración  del dato indiciario, que  obviamente  no  puede  ser  discutido  en  casación  por  el  sistema  de libre  persuasión judicial que nos rige”.   

          Como  se  discute  el justiprecio de la prueba y no la inexistencia  del  hecho  indicador,  es  obvio que no tiene visos de prosperidad la objeción  planteada.   

          Por  todas  estas  razones,  el Delegado solicita que no se case la  sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          PRIMER CARGO   

          Sabido  es,  como  en  variadas  ocasiones  lo  ha  manifestado  la  Sala,  que  no  basta  con  señalar   las  nulidades  que  presente  el  proceso.  Aparte  de  demostrarlas  debidamente,   también   es   obligación   del  recurrente   enseñar  la  incidencia  que  tuvieron  en  el  fallo  impugnado,  es  decir,  el agravio que  infirieron      a      su      poderdante     violándole     sus     garantías  constitucionales.   

          De  igual  manera,  tal  y  como  lo  prescribe  la  ley, cuando la  inconformidad  trate sobre diversos temas, deben presentarse en cargos separados  con  el  fin  de  que  el  desarrollo  argumental de cada cual no entorpezca los  demás,    ganándose   en   claridad   y   precisión   y   evitando   posibles  contradicciones.   

          Tales  preceptivas  son  ignoradas  por  el casacionista. En cortos  párrafos  enuncia los motivos de inconformidad sin establecer su trascendencia.  Además,  uno  tras  otro,  formula  diversos  ataques en el mismo cargo, con un  desapego total a la técnica casacional.   

          Así,  trata  temas  tan disímiles como el de haberse vinculado al  defensor  como  testigo  de cargo, la falta de motivación respecto al delito de  fraude  procesal  y la violación al debido proceso por no haberse investigado y  descubierto a los demás partícipes del ilícito.   

          De   todas   maneras,  como  quiera  que  estos  problemas  guardan  identidad   conceptual   en   el  desarrollo  de  la  censura,  la  Sala   procederá  a  responderlos  por  separado.   

1.           El recurrente descalifica el proceso por  haberse  vinculado en la etapa instructiva como testigo de cargo al defensor del  indagado.  Es decir, tal testimonio se encuentra viciado de legalidad por el rol  que  ocupa  el testigo dentro del proceso, lo que indudablemente, de ser cierto,  constituiría  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de legalidad, pues el  problema giraría en torno a la aducción de la prueba.   

         Si  ello  es  así,  yerra  el  censor al presentar el ataque en el  ámbito    de    la    causal    tercera  de  casación, pues el debate planteado nada tiene que ver ni con  el  debido  proceso ni específicamente con el derecho a la defensa, sino con la  prueba    en   sí   que   fue   arrimada   al   proceso   contra   legem.   

         Lo  erróneo  de  la  vía escogida implica su temprano rechazo, no  obstante,   una  presentación  adecuada  tampoco  habría  sacado  avantes  los  intereses encomendados.   

         Es   cierto,   como  aparece  a  folio  52,  que  al  ser  indagado  González  Niño nombró al  Dr.  Néstor  Gustavo Ochoa Serrano   como  su defensor para que lo asistiera durante todo el proceso y  también  lo  es  que  el  instructor,  quien  ya  no  era  el Juez Once (11) de  Instrucción  Criminal  por  el  cambio  de  legislación  sino el Fiscal Ciento  Cincuenta  y  Siete  (157),  pese  a  esta  calidad  lo  citó para que rindiera  declaración bajo juramento (fl. 91).   

         No  podía  hacerlo.  Antes  de la Carta Política de 1991, el art.  53-5  del  Decreto  196 de 1971, permitía comunicar o utilizar los secretos que  le   hubiese   confiado  su  cliente,  con  su  autorización,  por  lo  que  su  intervención  como testigo no tenía ningún impedimento legal o ético, pese a  representar a uno de los sujetos procesales.   

         El  Decreto  0050 de 1987, en su art. 287, ratificó lo anterior al  señalar  que  no  están  obligados  a  declarar  sobre  aquello  que se les ha  confiado  las personas que por disposición legal deban guardar secreto, dejando  abierta  la  posibilidad  de  que  sí  podrían  hacerlo  por  propia voluntad,  contando  claro esta, en el caso de los apoderados judiciales, con el permiso de  su representado.   

         Sin  embargo,  la  Carta  Política de 1991 cambió radicalmente la  cuestión.  En  su  artículo  74  advierte  perentoriamente  que  “El secreto  profesional  es inviolable”, lo que no da margen a ninguna clase de excepción  por  la  vía  legal.  Por ello, al plantearse una en el art. 284 del Código de  Procedimiento  Penal  de  1992  (“salvo  que  se  trate  de circunstancias que  evitarían  la  consumación  de un delito futuro”), fue declarada inexequible  por la Corte Constitucional:   

         “Como  en  el  caso  del  derecho  a  la  vida, en el del secreto  profesional  la  Carta  no  dejó margen alguno para que el legislador señalara  bajo   qué  condiciones  puede  legítimamente  violarse  un  derecho  rotulado  “inviolable”.  Esa  calidad  de  inviolable que atribuye la Carta al secreto  profesional,  determina  que  no  sea  siquiera  optativo  para  el  profesional  vinculado  por  él,  revelarlo  o  abstenerse  de  hacerlo.  Está  obligado  a  guardarlo.” (Sentencia C-411 de sep.28/93).   

         Es  palmario,  por consiguiente, que el abogado no podía acudir al  proceso,  en  ningún caso y bajo ningún pretexto, en calidad de testigo con el  fin  de  proporcionar  datos  que  hubiera conocido como defensor del procesado.  Como  él  mismo lo dijera en su declaración, uno de los deberes del abogado es  guardar  el  secreto  profesional,  mandamiento que se encuentra prescrito en el  art.  47-5  del  Decreto  196  de  1971,  en  concordancia con el art. 284-2 del  Código  de  Procedimiento  Penal  que señala a los abogados, entre otros, como  personas  que  no  están  obligadas  a  declarar  sobre  aquello  que se les ha  confiado   o   a   ha   llegado   a   su   conocimiento   por   razón   de   su  profesión.   

         Pero,  aunque  manifiesta  la  ilegalidad  del testimonio, sus  efectos  probatorios  en  el  proceso son inanes. Recuérdese que el profesional  del  derecho  se limitó a decir que el poder le fue conferido con posterioridad  al  allegamiento del documento y que aunque observó la contradicción entre los  dos  dictámenes  consideró  que  lo  único  que podía hacerse era obtener la  aclaración del Instituto de Medicina Legal.   

         Como  se  ve,  estos  datos  que  proporcionó  fueron  al final de  cuentas  inocuos para la actuación. Nada se extrajo de ellos, ningún perjuicio  se  causó  al  procesado,  obteniéndose  únicamente  la constancia del propio  abogado  sobre  el  impedimento  que  le  asistía para declarar en contra de su  defendido.   

         Así  las  cosas,  aparte  de los vicios técnicos reseñados en un  comienzo,  que  de  por  sí  darían  al  traste con la  censura, no tiene  razón   de   ser   la   inconformidad   del   recurrente   y   así  habrá  de  declararse.   

2.          Al  segundo motivo de su disenso con el  fallo  también  le  caben  las  críticas por su falta de sustentación. Apenas  enuncia  que  se violó el derecho a la defensa en el fallo de segunda instancia  al  no  realizar  ningún análisis de fondo sobre el delito de fraude procesal.  Ninguna  otra  consideración  le  merece  esta  aparente  falencia, salvo la de  afirmar que no se puede atacar o criticar algo que no existe.   

         Aparte  de  que  debió  haber  manifestado la incidencia del yerro  (carencia  similar  a  la del anterior ataque), olvidó también el casacionista  que  los  fallos  de primera y segunda instancia guardan identidad conceptual en  todo    aquello    que    el    superior    no    haya    denegado   expresa   o  tácitamente.   

         Si  hubiera  tenido  en  cuenta  esta  preceptiva el censor habría  encontrado  en  el  fallo de primer grado la motivación que echa de menos en el  recurrido.  Como  bien lo advierte el Delegado, aunque no se puede tener como un  modelo  de  análisis  riguroso, el razonamiento del a  quo    satisface   los   requisitos   mínimos   de  motivación.   

         Como  premisa  presenta la falsedad del dictamen y la privación de  la  libertad  “por  más  de  un  mes”  del  procesado  con  base en el otro  reconocimiento  que  le  señalaba un grado agudo de embriaguez. De igual manera  llama  la  atención  sobre  la resolución de la situación jurídica en contra  del inculpado.   

         Con  base  en  lo  anterior  advierte que dado que se allegaron dos  dictámenes  con  resultados opuestos y que, a juicio de la defensa, no existía  la  prueba  suficiente  para  determinar  si en verdad el indagado presentaba al  momento  de  los  hechos algún grado de ebriedad, se ve obligado a otorgarle la  libertad  provisional en razón de la duda que en el momento que se desprende de  los documentos y que, necesariamente debía resolverse en su favor.   

         De  esta  manera, el Juez Cincuenta y nueve (59) Penal del Circuito  elaboró  su raciocinio en torno al Fraude procesal destacando el engaño de que  fue  objeto un juez de la República y las consecuencias favorables al detenido.  No  es  cierto,  por  consiguiente, que en los fallos no existiera sustentación  alguna sobre el particular.   

         De  otra  parte,  también  el  censor olvida que de acuerdo con lo  previsto  en  el  artículo  217, modificado por el artículo 34 de la Ley 81 de  1993,  vigente  para  la fecha en que se profirieron los fallos de instancia, al  superior   “la   apelación   le  permite  revisar  únicamente  los  aspectos  impugnados”.   

         Si  se  observa  la  sustentación  del  recurso,  el recurrente no  cuestionó  la  existencia  del  fraude procesal sino la calidad de determinador  que  se le endilgaba a su cliente en relación con los delitos investigados (fl.  153).   

         Sobre  este  tema el Tribunal se refirió extensamente, advirtiendo  de   entrada  que  “Solo  ataca  el  censor…la  valoración  relativa  a  la  atribución   al   procesado   de   los   hechos   investigados  en  calidad  de  determinador…”.   Como   consideró   suficientes  sus  razonamientos  y  no  encontró  ninguna  irregularidad  sustancial  (la  falta  de  motivación,  por  ejemplo)  que  lo  hubiera  llevado  a  declarar la respectiva nulidad del fallo  apelado, confirmó la sentencia.   

         No tiene razón de ser el ataque.   

3.          La  tercera  objeción de este cargo se  fundamenta  en  no  haberse  investigado  quién  fue  el autor material, quién  presentó  el  documento  al  juzgado,  quién  facilitó la utilización de los  sellos   verdaderos  y  quién  fue  la  persona  determinada  por  González.   

         Es  cierto  que  la  indagación  no profundizó con suficiencia en  todos  los  aspectos  de  la  investigación.  Con las fotocopias extraídas del  primer  proceso  como  base  para  iniciarla,  unidas a la del fallo absolutorio  proporcionado  por  la defensa y a las declaraciones de la médica que firmó el  dictamen  verdadero  y del abogado del procesado, se consideró que bastaba para  llenar las expectativas de la instrucción.   

         Se  habrían  podido  traer otros elementos de juicio y profundizar  igualmente  en  lo  referente a los demás posibles partícipes en el delito. No  obstante,    se    prefirió    centrar    las    pesquisas    en   González  Niño, olvidándose incluso de  ordenar  la  compulsación  de   copias  para  investigar  a  los  posibles  partícipes  de  los  delitos  investigados. Con ello permitió que el delito de  fraude  procesal  prescribiera,  quedando tan sólo la oportunidad de investigar  ahora    el    punible    de    falsedad,   para   lo   cual   la   sala         ordenará         lo  pertinente.   

         Sin  embargo,  esto  no  significa que la actuación seguida contra  González   Niño   sea  inválida.  La  responsabilidad  penal es individual y salvo que al procesado le  sean   desconocidas  sus  garantías  fundamentales,  la  investigación  podrá  adelantarse  aunque  sólo  se circunscriba a demostrar su participación en los  hechos delictuosos.   

         Por  ello  no  comporta  ningún  vicio generador de nulidad que se  hubiese  investigado  a  González  Niño  por haber sido el directo beneficiado con la falsedad y el fraude  procesal,  hecho  que  lo  constituía  en el natural sospechoso. Tampoco que al  descartarse  su  autoría  material,  por  imposibilidad  de hacerlo dado que se  encontraba    detenido,    se   le   hubiera   deducido   responsabilidad   como  determinador.   

         Mucho  menos,  que  al  no  haberse descubierto quién fue el autor  material  o  los  demás  posibles  partícipes,  no se le pueda deducir ninguna  responsabilidad. El fracaso del reproche es indudable.   

          SEGUNDO CARGO   

         

          La  formulación  no  es  clara.  Lo primero que se advierte es que  acusa  el  fallo  por haberse violado la ley “por medios indirectos”, lo que  ubica  la  censura  en  el  segundo motivo de la causal primera. Sin embargo, el  censor   no   explica  la  clase  de  error  ni  el  falso  juicio  que  le  dio  origen.   

          Como  ya  es  norma  del  escrito,  la parquedad también afecta el  presente  reproche. Aunque advierte que la cuestión es “muy sencilla” no lo  es  tanto  al  desarrollar  su argumentación. Asegura que se dio por probada la  calidad  de  determinador  que  se  le  endilgó  a  su  patrocinado  sin prueba  existente,  lo  que indicaría que el censor supuso la que lo llevó a deducirle  su responsabilidad.   

          Aquí  tenía  la  obligación  de  indicar a qué prueba se estaba  refiriendo  y  porqué considera que el fallador la tuvo en cuenta sin realmente  existir  en  el  proceso.  Los renglones siguientes, sin embargo, brindan algún  tipo  de  aclaración  pues  habla  de  haber  dado  por real un hecho indicador  ficticio,    lo   que   da   a   entender   que   se   refiere   a   la   prueba  indiciaria.   

          No  obstante,  esta  manifestación queda en el aire pues no aclara  cuál  fue el hecho indicador que se consideró como probado sin estarlo. Apenas  le  da  tal  calificativo  a  la  manera  como  el  procesado  se  convirtió en  determinador,  lo  que  no  es cierto pues en las instancias se tuvo como tal el  que  González fue el único  favorecido  con  los ilícitos pues gracias a ellos consiguió su libertad. Este  hecho se encuentra demostrado a cabalidad.   

          Ahora,  que  de  aquí  se  deduzca  que por esta razón le cabe la  calidad  de  determinador,  es  otro  problema  que  requiere  el  ataque  a  la  inferencia  lógica, demostrando que al contrario de lo afirmado por el fallador  el  hecho  indicador  da  lugar  a deducir múltiples posibilidades, quedando la  duda  consiguiente  que debe resolverse en favor del procesado. Infortunadamente  el  casacionista  equivocó  el razonamiento con las consecuencias negativas del  caso.   

          Pero  este  no  es  el  único desfase de la demanda. En el último  párrafo  habla  de que el indicio de conveniencia que elabora el juez no es tal  sino  una simple afirmación sin prueba alguna, reduciendo su inconformidad a un  simple  enfrentamiento  de  criterios  dado  que  en últimas lo que pretende es  descalificar  al  juez  por  darle  a  esta  evidencia  la  categoría de prueba  indirecta.   

          En  vez  de  esto,  debió  mostrar,  como era su obligación en el  marco  de la violación indirecta de la ley, que respecto al hecho indicador o a  la  inferencia  lógica  se  cometió  cualquiera de los dos yerros del referido  motivo,    y    que   por   tal   razón   la   prueba   indirecta   no   podía  estructurarse.   

          Como  bien  lo recalca el Ministerio Público, con esta afirmación  abstracta,  a  la  que  se  unen  explicaciones  como “posibilidad remota” o  “subindicio”,  no  hace  otra  cosa que colocar la censura en el terreno del  error  de  derecho  por  falso juicio de convicción, de imposible alegación en  esta  sede  desde  cuando  las reglas de la sana crítica reemplazaron la tarifa  legal.   

          Tampoco prospera este reproche.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Sala de  Casación  Penal de la Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.           No  casar  el  fallo impugnado.   

2.          Compulsar las  copias  de  lo  pertinente  a  fin  de  que  se  investigue  por las autoridades  competentes  a  los demás posibles partícipes en los ilícitos investigados en  este proceso.   

Cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

NILSON PINILLA PINILLA, FERNANDO E. ARBOLEDA  RIPOLL,  RICARDO  CALVETE  RANGEL,  JORGE  CORDOBA POVEDA, CARLOS AUGUSTO GALVEZ  ARGOTE,  CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR,DIDIMO  PAEZ  VELANDIA,  JUAN  MANUEL TORRES  FRESNEDA.   

Patricia   Salazar   Cuellar,SECRETARIA   

     

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