9887 (12-11-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    PECULADO  

4    El  yerro   del  Procurador  Delegado  está  además  alimentado  por  la  creencia  infundada  de  que  la secretaria no tenía posibilidad de disposición porque a  quien  correspondía  autorizar  su pago era exclusivamente al juez, con lo cual  confunde  dos  conceptos  que  son  diferentes,  a  saber:  a) la disponibilidad  jurídica  hace  relación  a que para la comisión del peculado no es necesario  que  el servidor público tenga directamente la tenencia material del bien, sino  que  basta  que  en  razón  de  sus  funciones  tenga  la  facultad de disponer  jurídicamente   del   mismo,  pues  empleando  ese  poder  puede  llegar  a  la  apropiación  en  provecho  suyo  o  de  un tercero; y, b) cuando el funcionario  tiene  o  interviene  en  la custodia material del bien, y a ella ha llegado por  razón  de  sus  funciones,  esa  relación lo ubica en situación de ejercer un  poder  de  disposición sobre el mismo por fuera de la vigilancia del titular de  un  poder  jurídico superior, de modo que si lo emplea para apropiarse del bien  incurre  en  el  delito  de peculado, sin que sea necesario que además posea la  disponibilidad jurídica.   

PROCESO No. 9887  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr. RICARDO CALVETE RANGEL   

                                                    Aprobado Acta No. 140   

Santa  Fe  de Bogotá D.C.,noviembre doce de  mil novecientos noventa y siete.   

          V I S T O S   

                                   

                                   El  Juzgado  Unico  Penal  del  Circuito  de  Ciénaga  (Magdalena), profirió sentencia condenatoria contra Ana  Himelda  Herrera  Ortíz,  Alfredo Alonso Angarita Rada, Nelson Elías Martínez  Ruíz  y  EDUARDO ENRIQUE CAMPO TORRES.  A la primera de las mencionadas le  impuso  8  años  de  prisión  como  responsable de los delitos de peculado por  apropiación,  abuso de funciones públicas y falsedad.  Al segundo 4 años  de prisión por el delito de peculado por apropiación en calidad   

de cómplice. Al tercero 12 meses de prisión  por  el  punible  de  peculado  culposo.  Al  último  -el  aquí recurrente- lo  condenó   

a la pena de dos (2) meses de prisión por el  delito de peculado por apropiación en calidad de cómplice.   

                                  Contra  la  sentencia de primer  grado  interpusuieron  recurso  de  apelación  el  representante del Ministerio  Público  y dos de los acusados, uno de ellos CAMPO TORRES. El Tribunal Superior  de  Santa  Martha  al resolver la impugnación reformó parcialmente el fallo, y  entre  otras  resoluciones  dispuso  absolver a la procesada Ana Himelda Herrera  Ortíz  de  falsedad  ideológica, condenándola por los delitos de peculado por  apropiación  y abuso de funciones públicas a una pena de 4 años de prisión e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo término, y multa  de  veinticinco  mil  pesos  ($25.000);  redujo  en  un año la pena impuesta al  procesado  Angarita  Rada,  y  absolvió a Martínez Ruíz de los cargos por los  cuales  se  le  profirió  resolución  de acusación. En lo demás le impartió  confirmación.   

                                    Impugnada  en  casación  la  sentencia  de segundo grado por los defensores de Alfredo Alonso Angarita Rada y  EDUARDO  ENRIQUE  CAMPO  TORRES,  se rechazó la demanda presentada a nombre del  primero,  y  se  declaró ajustada a derecho la presentada a nombre del segundo,  sobre la cual se pronunciará la Sala.   

          I.  HECHOS   

                                  El  Tribunal  en  la  sentencia  recurrida se refirió a ellos en los siguientes términos:   

            

“Del  relato  judicial  se tiene que para el  año  de  1988  Ana  Himelda  herrera  Ortiz se desempeñaba como secretaria del  entonces  juzgado  Once  de  Instrucción  Criminal radicado en Ciénega; en esa  calidad  y  haciéndose  pasar  como  juez encargada de dicho despacho judicial,  tramitó  para  su pago los títulos de depósitos judiciales Nros. 975838  de  fecha  23  de  diciembre de 1987 por la suma de $50.000  pesos  a  nombre  de  Wilmer  José  Bermudez  Oñate;  977042  de  junio  26 de 1987 por valor de $41.020 por caución impuesta a Olbis  Rafael  Daniel’s  Brugés;  711238  de  fecha  17 de marzo de 1986 por $33.622 a  nombre  de  Alfonso Ortiz Henríquez; 975833 de diciembre 22 de 1987 a nombre de  Dalbis José Gómez Loperena por la suma de   

$50.000;  1347 de fecha 4 de octubre de 1989  por   caución   impuesta  a  Heriberto  Gutiérrez  Mantilla  por  la  suma  de  $130.237.20;  551  de  fecha  julio 13 de 1989 a favor de Luis Rafael Fortul por  valor  de  $65.118.60;  3117  de  diciembre  1o. de 1989 por caución impuesta a  Orlando  Alberto  Insignaris  Palma  por la suma de #130.237; 234 de abril 27 de  1989  por  caución  impuesta  a  Macedonio  Rojas  Chamucero  por  la  suma  de  $65.218.60; 2044 de fecha noviembre 10 de 1989 por caución   

impuesta  a Jenny Restrepo Rodríguez por la  suma  de  $65.518.60; 3132 por caución impuesta a Marisela Valencia por la suma  de  $32.559.30  de  fecha 1o. de diciembre de 1989; 985812 por caución impuesta  de  dos  salarios  mínimos para recobrar su libertad a Hermes de jesús Flórez  Vega por la suma de $41.020.   

                                  De  acuerdo con las constancias  procesales,  la  secretaria  Ana Himelda Herrera Ortiz fue encargada del Juzgado  por  vacaciones concedida a su titular mediante Acuerdo Nro. 54 de diciembre 1o.  de  1988 a partir del 7 al 31 de diciembre del citado año, tomando posesión de  dicho  cargo  el  día  7  de  diciembre  de  1988,  tal  como  se aprecia en la  xeroscopia   del   acta   de   posesión   visible  al  folio  86  del  cuaderno  principal.   

                                  Fuera de esta fecha a la citada  secretaria  no  se  le volvió a encargar del despacho en mención. Sin embargo,  suplantando  al  titular  ordenó  el  pago  de  los  citados títulos a Alfredo  Alfonso  Angarita Rada y a Eduardo Enrique Campo Torres. Y para lo cual al dorso  de  los  títulos  correspondientes dictaba el auto de rigor ordenando su pago y  firmando  como  juez  encargada tal como se aprecia a los folios 79, 80, 81, 82,  83,  84,  88,  89,  90,  91,  92,  93,  94,  95  y 96 del cuaderno original Nro.  1.   

                                 Como era indispensable la firma  del  secretario  para  darle más apariencia de realidad a sus actuaciones, hizo  pasar  como  tal  a  Humberto Quintana Velásquez, Beatriz Eugenia Rodríguez de  Vergara,  Rolando  Franco  Fuentes  y a América Isabel Avila Bolaños, personas  éstas  que al enterarse de lo ocurrido fueron enfáticas en negar haber firmado  el  endoso  de los citados títulos de depósito judicial. (Fls. 12, 13, 23, 34,  179, 200, y 204).”   

        II.  ACTUACION PROCESAL   

                               La investigación fue adelantada  en  su  mayor  parte por el Juzgado Primero de Instrucción Criminal radicado en  Cienaga,  pero  luego  pasó  al Juzgado Séptimo, despacho que mediante auto de  enero  21 de 1991 calificó el mérito del sumario con resolución de acusación  contra  EDUARDO  ENRIQUE CAMPO TORRES, como cómplice de los delitos de peculado  por  apropiación  y  falsedad en documento público, de los cuales atribuyó su  autoría a Ana Himelda Herrera Ortíz.    

                                Contra  el auto en mención el  defensor  del  procesado  CAMPO  TORRES  interpuso  recurso  de reposición y en  subsidio  el  de  apelación;  el defensor de Alfredo Angarita únicamente el de  reposición.   

                                Luego de declararse impedido el  Juez   Instructor,   el   Juzgado   Once  de  Instrucción  Criminal  avocó  el  conocimiento,  y  en  providencia  de abril 9 de 1991, resolvió “NO REPONER” el  auto  calificatorio  y  conceder  el recurso de apelación, ordenando remitir el  cuaderno  original al Tribunal de Santa Marta.  Notificado el auto anterior  al  defensor  de  EDUARDO CAMPO TORRES el 10 de abril de 1991, en la misma fecha  presentó  un  memorial  en el que desistió del recurso de APELACION” (Fls. 454  462).   

                                En auto de abril 12 de 1991 se  admitió   el   desistimiento  del  recurso  de  apelación  y  se  ordenó  que  ejecutoriado  el auto que resolvió el recurso de reposición interpuesto contra  la  providencia  calificatoria,  se  remitiera  el  proceso al Juzgado Unico del  Circuito de Ciénaga. Dicha ejecutoria se produjo el 17 de abril.   

                                Durante la etapa del juicio, el  Juzgado  Unico  Penal  del  Circuito  de  Cienaga,  por auto de julio 9 de 1991,  declaró  la  nulidad  del  numeral  tercero  de  la  parte  resolutiva del auto  calificatorio,  solicitada  por  el  defensor  de  Angarita  Rada, quien puso de  presente  que a su defendido se le había acusado erróneamente por el delito de  homicidio.   Como  consecuencia  de  ello se remitió el proceso al Juzgado  instructor  (11) para que procediera a subsanar el yerro advertido, en cuanto al  Título y Capítulo en que se había   

encuadrado  el  comportamiento  no  solo de  Angarita  Rada,  sino  también  de EDUARDO CAMPO TORRES, contra quien se había  incurrido en similar yerro. (fls.518 y 519).   

                                El  apoderado de Angarita Rada  interpuso  recurso  de  reposición  y  en  subsidio  de  apelación  contra  la  declaratoria  parcial  de  nulidad,  abogando  por  la invalidación total de la  acusación.   El  Juzgado  del  Circuito  decidió  no  decretar la nulidad  impetrada,  y  en  su  lugar revocó el auto impugnado y concedió el recurso de  apelación (auto de julio 29 de 1991, fls. 525 y s.s.).   

                               El Tribunal Superior al resolver  el  recurso  de  apelación  advirtió que como quiera que el auto de julio 9 de  1991  había  sido revocado por el Juzgado del Circuito, se abstenía de revisar  la  providencia  materia  de  impugnación  por  inexistente,  pero  que ante la  insistencia  del  defensor  en  que  se  declarara  la  nulidad  se ocuparía de  analizar  los  argumentos,  luego de lo cual la negó. En la parte considerativa  del  interlocutorio  expuso  los  motivos  de inconveniencia y perjuicio para el  proceso  si  se  accedía  a declarar la nulidad pedida, dado que de conformidad  con  lo  establecido  en  el art. 501 del Decreto 050 de 1987, modificado por el  artículo  32  del  Decreto  1861  de  1989,  el funcionario sentenciador tenía  amplias  facultades para modificar la calificación provisional sin sujeción al   

sometimiento a nuevas diligencias, y dentro  o fuera del título inicialmente consignado.   

                               En acatamiento a lo resuelto por  el  Tribunal,  el  Juzgado  Unico  del  Circuito,  mediante auto del 28 de enero   

de  1992 dispuso “variar la calificación”,  al  considerar  que  el  juzgado  instructor  incurrió  en un lapsu calami, que  podía  ser  subsanado  de  conformidad  con lo regulado en el artículo 501 del  Código  de  Procedimiento  entonces  vigente,  y  agregó:  “ello es procedente  habida  consideración  que todos los elementos estructurantes del hecho punible  imputado  en  el  auto calificatorio no corresponden a los hechos controvertidos  en  el  sumario  y  es  que  de manera clara es inequívoco estos mismos apuntan  hacia  los  delitos  señalados  en  el  Título  sexto  en el Libro Segundo del  Código  Penal, Capítulo Tercero denominado en forma genérica delito contra la  fé  publica  y  al  Título  Tercero  Capítulo  Primero  denominado  en  forma  genérica   delito  contra  la  Administración  Pública  señalándose  a  los  doctores  EDUARDO  CAMPO  TORRES  y  ALFONSO ANGARITA RADA como cómplices de la  señora  ANA  HIMELDA  HERRERA.   Siguiendo  este orden de ideas, variar la  calificación  provisional  del  auto calendado enero 21 del año inmediatamente  anterior  por  los  comportamientos  antes  reseñados: -Dése cumplimiento a lo  numerado  en el artículo 501 del Código de Procedimiento Penal…”. Notificado  el  auto  anterior, el secretario del juzgado puso a disposición de los sujetos  procesales  por  el  término de tres (3) días el proceso, para que solicitaran  las pruebas que consideraran necesarias (fl.550).   

                                Adelantada la etapa de la causa  y  llevada  a  cabo  la diligencia de audiencia pública, el Juzgado Unico Penal  del  Circuito  profirió fallo condenatorio contra EDUARDO ENRIQUE CAMPO TORRES,  entre  otros,  en  los  términos  y  condiciones  que  se han dejado expuestos,  decisión  que al ser apelada por el Representante del Ministerio Público y dos  de  los  defensores,  resultó  modificada  por el Tribunal de Santa Marta en la  forma ya reseñada.   

        III.  LA DEMANDA   

                                1o.  Causal  Primera-Violación  directa de  la                        ley sustancial.    

                                Para el libelista la sentencia  atacada  violó  directamente  la  norma sustancial tipificante del peculado por  apropiación  (art.  133  C.P.),  por  considerar que la conducta de Ana Himelda  Herrera  Ortíz  se subsume en el mencionado tipo penal, y consecuencialmente la  de  su  defendido  también,  pero  en  calidad  de cómplice.      

                                En  la demostración del cargo  admite  que ANA HIMELDA tenia la calidad de empleada oficial, como quiera que se  desempeñaba  como secretaria del Juzgado Once de Instrucción Criminal radicado  en  Cienaga;  también  reconoce  que  los  bienes  objeto  del  reato  eran  de  particulares  o  del  Estado,  pero  cuya  administración correspondía a éste  último  a  través  de sus funcionarios; y no discute porque considera un hecho  cierto,  que  hubo  una  apropiación indebida de esos depósitos judiciales por  parte de la funcionaria acusada.   

                Pero  lo que no considera cierto es que la procesada Ana Himelda Herrera hubiese  tenido  entre  las  funciones  de  secretaria  del  juzgado  la de administrar o  custodiar  depósitos judiciales, pues así se desprende del contenido y alcance  del  artículo  14  del Decreto 1265 de 1970, disposición que por manera alguna  contempla  como función propia de los secretarios la que se ha querido atribuir  a la procesada en relación con los títulos apropiados.    

                                Como a juicio del censor está  plenamente  demostrado  que la procesada no realizó la conducta de apropiación  en  jercicio  de  sus funciones de secretaria del despacho judicial aludido, por  lo tanto no puede ser sujeto activo del punible de peculado.   

                                En apoyo de sus planteamientos  cita   un  doctrinante  que  considera  que  la  función  del  empleado  es  de   

orden normativo exclusivamente, criterio que  se  basa en lo consignado en acta No. 13 de la Comisión Redactora por el doctor  FEDERICO ESTRADA VELEZ.   

                                Finalmente afirma, que teniendo  en  cuenta  que  la  procesada  Herrera Ortíz tuvo que abrogarse la función de  Juez  Once de Instrucción Criminal para apropiarse de los títulos de depósito  judicial,  incurriendo  con ello en “abuso de función pública” de que trata el  art.   162  del  Código  Penal,  la  condena  por  este  punible  excluye  toda  posibilidad  de  existencia  del  delito de Peculado por apropiación imputado a  Ana Himelda como autora, y a su defendido como cómplice.   

                                       2o.      Causal  Segunda    

                               Para el censor, “La sentencia es  incongruente  con  los  cargos  formulados  en la Resolución de Acusación, por  cuanto en aquella se condenó a EDUARDO ENRIQUE CAMPO TORRES,   

por el delito de Peculado por Apropiación,  en  calidad  de  cómplice,… y en cambio en la Resolución de Acusación se le   

formularon  cargos  por  los  delitos  de  Homicidio y Falsedad en documento…”   

                               No obstante que se interpusieron  recursos   de  reposición,  apelación  e  “incidente”  de  nulidad  contra  la  resolución de acusación y se decidieron los mismos, en   

últimas   el   calificatorio   “quedó  ejecutoriado  sin  ninguna  modificación,  revocación  parcial, aclaración ni  nulidades”.   

                                Reconoce que el Tribunal en su  pronunciamiento  expresó  que  era  “viable  y  completamente legal SUBSANAR el  error  cometido  en  la  resolución  de  acusación  respecto de la adecuación  típica  sin  necesidad  de  decretar  la  nulidad,  habida  cuenta  de  que  el  correctivo  puede  adoptarse  durante  la  etapa  del juzgamiento y antes de que  concluya  la  diligencia de audiencia pública.  Dentro de este período el  funcionario  judicial puede remediar los defectos que ha advertido siguiendo las  orientaciones  del citado art. 32 del Dec. 1861 de 1989…” . Sin embargo, dicha  Corporación  se abstuvo de revisar la providencia objeto de apelación (julio 9  de  1991),  por  inexistente,  en razón a que la misma había sido revocada por  auto  de  julio  29  de  1991.   A  su  vez,  negó la petición de nulidad  invocada por el defensor de CAMPO TORRES.   

                                Advierte que si bien el Juzgado  del  Circuito en acatamiento a lo dispuesto por el Tribunal dictó un auto en el  que  varió  la calificación, “lo único  cierto es que la calificación o  corrección  del  tipo  penal  irregularmente  invocados  en  la  resolución de  acusación,  no  se  llevó  a  cabo ya que no basta simplemente con que hubiera  dicho  en  la  parte  motiva  de  la  providencia  del  28  de enero de 1992 que  procedía  la  corrección,  sino  que este pronunciamiento era obligado hacerlo  con  sujeción  a  lo  reglado en el artículo 501 del C. de P. P., como bien lo  anotó  el  funcionario,  esto,  en  forma  tal  que  … precise claramente las  variaciones que introduce a la resolución de acusación…”   

                                En apoyo de sus argumentaciones  cita  Jurisprudencia  de  la  Corte  relacionada  con  la  violación del debido  proceso  y  el derecho a la defensa, de 10 de septiembre de 1995 y 25 de octubre  de 1989.   

                                Cita  como normas violadas los  artículos  1, 2, y 29 de la C.N., en armonía con los artículos 218 y s.s. del  C. de P. P.   

                                Finalmente solicita: 1o.)   Demostrado  que  no  existió  el delito de peculado por apropiación imputado a  CAMPO  TORRES  en calidad de cómplice, por cuanto la procesada HERRERA ORTIZ no  actuó  en  ejercicio  de  sus  funciones,  por  razón  de  su  oficio, se debe  “absolver”.  2o.)   Demostrado  que  la decisión recurrida es incongruente  con  los  cargos  formulados a su defendido, “se debe invalidar la sentencia…y  absolver”.   

        IV.  CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO   

                                El Procurador Primero Delegado  en   lo   penal   solicita  a  la  Corte  que  “case  parcialmente” la sentencia impugnada respecto de las  condenas  impuestas  a los procesados Ana Himelda Herrera Ortíz, Alfredo Alonso  Angarita   Rada   y   EDUARDO  CAMPO  TORRES  por  el  delito  de  Peculado  por  apropiación,  y  en  su  lugar  se les absuelva dejando en firme el fallo en lo  demás.   

                                Refiriéndose a la censura por  violación    directa   de   la   ley   sustancial,   plantea   los   siguientes  argumentos:   

                De  acuerdo  con  el artículo 133 del Código Penal, para la configuración del  peculado  es  necesariuo  que exista una relación funcional entre el empleado y  los  bienes  que  se  apropia, única razón por la cual esa conducta constituye  una  transgresión  a  la  administración  pública.  La  tutela penal no surge  solamente  por  la  condición  de  servidor público del agente, aspecto que no  sería  suficiente para diferenciar el apoderamiento del que realiza un ladrón,  sino  porque  los  contenidos  materiales de administración pública y empleado  oficial  implican  un  deber  más  alto  de cuidado de los bienes que se le han  confiado al servidor público para la función.   

                 El  deber  especial  surge  de  la  propia Constitución que en el artículo 122  precisa  que  “no  habrá  empleo  que  no  tenga  funciones detalladas en ley o  reglamento”,  que  junto con lo dispuesto en el artículo 124, permite deslindar  frente  a  la  responsabilidad de los particulares la órbita en la cual se debe  mover  la ley para determinar la responsabilidad en los delitos de sujeto activo  cualificado,  la  cual  la  constituyen la condición de servidor público y las  funciones detalladas en la ley o reglamento.   

                                  “Si   se  acata  la  fuente  constitucional  del  derecho  penal,  se dirá que es necesario pensar en que la  autorización  para  constituír  tipos  penales  que  se refieran a la función  pública  deben  ceñirse  a  esos tres elementos:  investidura de servidor  público,  función publica como actividad que le corresponda (por tanto que sea  suya), y la normatividad  -ley  o reglamento- que le adscriba esa tarea al servidor público.  En ese  ámbito,  y  únicamente  en él, puede la ley ‘determinar la responsabilidad de  los  servidores  públicos’ como dice en su primera parte el artículo 124 de la  C.  Pol.,  visto  que  ‘la  manera de hacerla efectiva sólo excepcionalmente la  define  la  constitución como se ve de los ejemplos de los artículos 90 ibidem  inciso  dos  (  en  la  acción  de  repetición  del  Estado contra el servidor  público  por  daños  antijurídicos)  y el 91 de la misma ordenación inciso 2  (en la orden militar superior)”.   

                                   “…las   expresiones   de  apropiarse  de  bienes  que  se  administran  o  custodian  en  la órbita de la   

administración  pública  no  significa un  simple  apoderamiento   o  sustraer  los  bienes  por  un  simple  empleado  oficial,  que entra en contacto con ellos, sino un quebrantamiento del ejercicio  correcto  del  poder de disposición que la ley le ha otorgado sobre los mismos.  Ni  siquiera  es necesario que los tome para sí, sino que bastaría que permita  una  aplicación  patrimonial  desviada  de  los reglamentos o leyes para que se  estructure  la  afectación  de la administración pública, y la ilicitud de su  acción  en  el orden penal como administrador o custodio.  Es por ello que  la  jurisprudencia  ha  reiterado la necesidad de la relación de disponibilidad  de  los  bienes,  que no es un poder de facto visto que en la administración no  debe  haberlo  por  lo comentado de la Constitución nacional, que emana siempre  de  una  regla  legal  (ley,  reglamento, orden administrativa) pero nunca de la  fuerza  física,  o  el  contacto material precario que no constituye tenencia o  custodia  funcional,  ni  menos  si  debe  acudirse  -como  en  este  caso- a la  usurpación  de  la  función  para  ejercer  la  disposición  jurídica de los  títulos del juzgado”.   

                                “De  manera que en este evento  surgen  tres  aspectos  que  impiden  la  adecuación típica en el peculado: 1.  La   disponibilidad  jurídica mediata estaba en el juez titular y no en la  secretaria,  al  punto  que  ésta  debió ilícitamente usurpar la posición de  juez  para  decidir  el  destino  de  los  títulos, 2. La secretaria sí estaba  encargada  de vigilar los papeles del juzgado, entre ellos los títulos, pero no  tenía   

ningún  poder  de  disposición  de  esos  documentos-valores.   Ni  siquiera  entregándoselos  materialmente  podía  disponer  de  ellos  en  aspecto  reglado  de la manera que ya se vió en que se  requiere  de  una  providencia  judicial  y  un  oficio del propio titular de la  función,  para  que  salgan  de  la  esfera de depósito judicial y pase a otra  diversa,  y 3. La disponibilidad material, reglada obviamente, pertenece a quien  está  autorizado  en  el sistema de la administración pública para finalmente  disponer  de  los  bienes  físicos según los mandatos legales ( en el caso: el  cajero  del  banco en donde se halla el depósito judicial, que debe entregar el  dinero a quien legalmente lo reclame)”.   

                               “La disponibilidad de los bienes  es  material  y  jurídica,  pero  en  ambos casos se deriva de una permisión o  autorización  jurídica de ejercer el acto de la disposición patrimonial, como  sucede  con el ordenador del gasto, y el pagador de la tesorería.  Pero es  obvio  que el pagador que tiene el poder material sobre los bienes, está en una  relación  reglada  con  los bienes que paga, lo que no ocurre con la secretaria  del  juzgado  que  tiene un mero contacto personal con los títulos, pero no por  cuenta  del  verdadero  custodio  de  ellos:  el juez, que es el único que  puede realizar estos actos de disposición de ellos”.   

                Luego  de insistir en la diferencia que existe entre el apoderamiento de un bien  como  acción  física de tomarlo, lo cual puede ocurrir por sujeto calificado o  no,   y   la   incorrección   de  quien  tiene  sobre  el  mismo  el  deber  de  administración o custodia, concluye:   

                                “En el presente caso, según la  explicación  de  la  juez  titular  del  despacho  los  títulos  de depósitos  judiciales  se  encontraban a cargo de la secretaria Ana Himelda Herrera Ortíz,  ‘quien  tenía  bajo  su  custodia  y  responsabilidad  el manejo interno de los  títulos  de depósito judiciales…’, pero como es claro, dice la Delegada, esa  tenencia  física  no  implica  la  facultad  de  disponer jurídicamente de los  títulos  judiciales,  pues  por razones legales la transferencia y disposición  del  valor  de  ellos  solo  es  atribución  del juez, que tiene que dictar una  providencia,  en  que  ordena esos actos, y además endosarlo en el cuerpo mismo  del  título.   Por  manera  que no puede, por imposibilidad jurídica, una  secretaria  ordenar  la  entrega de los títulos, lo que indica por lo contrario  que  la  facultad de disponer funcionalmente del título es exclusiva del juez y  no  de  la  secretaria.   Así  lo  prescriben los artículos 5o. y 4o. del  Decreto  1798  de  1963  sobre la materia: ‘…Los depósitos no podrán moverse  sino  en  virtud  de  providencia  dictada  en el expediente respectivo…’ y el  mismo texto   

refiriéndose a funcionarios y entidades que  manejen  esa  clase de depósitos agrega “…no podrán aceptar los giros que se  hagan en forma distinta.”   

                                “El  pago  de  los mencionados  títulos  de  depósitos  judiciales  a  supuestos  beneficiarios,  dos abogados  Alfredo  Alonso  Angarita  Rada  y  a Eduardo Enrique  Campo  Torres  quienes  efectuaron  el  cobro de los  mismos  (13 en total y por un valor de $861.209.20), y en el caso del último de  los   nombrados  un  título  por  valor  de  $50.000.00,  sin  que  mediara  la  correspondiente  potestad jurídica en la prenombrada funcionaria, obviamente no  puede  dar  lugar a la complicidad en un peculado pues si no existe lo principal  no  cabrá  conceptualmente  lo  accesorio,  razón  por  la  cual la incorrecta  adecuación  típica  para la autora principal genera a la vez una incorrección  de tipo en relación con la cómplice”.   

                                “…En el presente caso se dio  una  aplicación  indebida  del  tipo  de  peculado  por  apropiación,  como se  argumentó  en  los  párrafos anteriores, lo cual trasciende a la invalidación  de  la  sentencia  demandada  para  comprometer  la  calificación  dada  en  la  resolución de acusación.”   

                                 “Así  las  cosas,  el  cargo  formulado por el casacionista resulta acertado”.   

                                  Causal  Segunda.  Considera  el  Procurador  que  el  cargo  no  está  llamado  a  prosperar,  porque  para  la  época  en  que  se  hizo el cambio de adecuación  típica,  enero  28 de 1991, ello estaba ordenado y permitido en la ley procesal  ya  que  se encontraba vigente el art. 32 del D. 1861 de 1989, modificatorio del  art. 501 del C.P.P. derogado.   

                               En el caso que nos ocupa el Juez  del  conocimiento  acogiendo  lo expresado en el auto del Tribunal que resolvió  sobre  la  apelación, varió la calificación, por ello no resulta de recibo el  argumento   del   casacionista   sobre   la   imposibilidad   de   defensa   del  acusado.   

                                Resulta incuestionable que los  cargos formulados en el calificatorio son congruentes con los   

considerados  en la sentencia impugnada, ya  que  la  modificación  típica  introducida  en  la  audiencia  de  juzgamiento  conforma  e  integra  la calificación del sumario y respecto de ella debe verse  la coherencia.   

                                En este caso no se cometió el  yerro  endilgado,  toda  vez  que OCAMPO TORRES fue condenado como cómplice del  delito  de  peculado  por  apropiación,  uno de los punibles por los cuales fue  enjuiciado.     

                                    CONSIDERACIONES   DE   LA  SALA:   

                                 

                                PRIMER CARGO: es por violación  directa  del  artículo  133  del  Código  penal,  por aplicación indebida, en  cuanto  el  recurrente  estima que uno de los elementos estructurales del delito  de  peculado  no  está  acreditado,  concretamente  el  que se refiere a que la  apropiación  debe  recaer sobre bienes que el funcionario administre o custodie  en razón de sus funciones.   

                                El censor admite que ANA IMELDA  HERRERA  ORTIZ  tenía  la  calidad  de  empleada  oficial; que ella se apropió  indebidamente  de  unos títulos de depósito judicial; y que la administración  de  los bienes apropiados correspondía al estado a través de sus funcionarios.  Lo  que no acepta como cierto es que su defendida tuviera entre sus funciones la  de  administrar o custodiar depósitos judiciales, tesis en la cual lo acompaña  el  ministerio  Público,  pues  dicha  actividad  no  está  relacionada  en el  artículo  14  del Decreto 1665 de 1970, norma que pese a las modificaciones que  ha sufrido, en esa parte se mantiene vigente.   

                                Así las cosas, lo primero que  se  advierte  es  que  la causal fue mal seleccionada, pues si la argumentación  reconoce  que hubo indebida apropiación de los dineros consignados a título de  depósitos  judiciales,  es  obvio que no se trata de un caso de atipicidad sino  de  otro  delito,  evento  en el cual se ha debido invocar la causal tercera por  tratarse  de  un  error  en  la  denominación jurídica. Además, el impugnante  estaba  en  la  obligación de precisar cuál era entonces la norma aplicable, y  en  ese orden de ideas no podía concluir la alegación solicitando absolución,  pues ello entraña una insalvable contradicción.   

                                 En  igual  error  incurre  el  Ministerio  Público, quien solicita que se le conceda razón al demandante y se  absuelva   tanto  a  CAMPO  TORRES  como  a  los  demás  procesados,  posición  francamente  absurda, porque termina dejando en la impunidad el apoderamiento de  los  títulos  de  depósito judicial y su valor, como si la consecuencia de que  la  secretaria  no  tuviera  la  custodia  de dichos títulos fuera que entonces  podía apropiarse de ellos sin incurrir en ningún ilícito.   

                               Al margen de lo anterior, y dado  que  si realmente se hubiera presentado la indebida calificación aducida por el  libelista  la  Sala  podría  decretar  la  nulidad oficiosamente, es procedente  abordar el tema de fondo, a lo cual pasamos a continuación así:   

                                a) Está debidamente acreditado  que  la  señora  ANA  HIMELDA  HERRERA  desempeñaba el cargo de secretaria del  Juzgado  Once  de  Instrucción Criminal de Ciénega, y que dentro de las tareas  asignadas  tenía el manejo del “Libro de Control de los depósitos Judiciales”,  así  como  la  de  participar  en  la  custodia  de  los “Títulos de Depósito  judicial”,   los   cuales  recibía  en  la  secretaría  para  efectos  de  las  anotaciones correspondientes, y procedía a guardarlos.   

                               La relación de la implicada con  los  títulos  no  estaba  constituida por un simple contacto material, sino que  dentro  de  las  funciones  que  le  correspondía desempeñar en atención a la  naturaleza  de  su cargo estaba la de custodiar y llevar el control de ellos, de  manera  que  no es cierto que porque el artículo 14 del Decreto 1265 de 1970 no  dice  que  al secretario le corresponde custodiar “títulos judiciales” se puede  concluír  que  no  tiene  ningún deber con respecto a ellos  pues tampoco  dice  que  debe  custodiar  su  máquina  de escribir, ni el escritorio, pero es  obvio  que  él  está obligado a responder por todos los elementos de trabajo y  bienes  que recibe en la secretaría y que forman parte de los asuntos que allí  se  conocen. El numeral 6o. del artículo en mención le atribuye la función de  “Custodiar  y  mantener  en  orden  el  archivo de su oficina”, lo cual está en  armonía  con  el  literal  i  del  artículo  55  del  Decreto 052 de 1.987 que  establece  como  deber  de  los  funcionarios  y  empleados  “Responder  por  la  conservación  de  los elementos, útiles, materiales, equipos, muebles y demás  bienes  confiados  a  su  guarda  o  administración  y  rendir  cuentas  de  su  utilización”.     

                                El  asunto es tan claro que el  Ministerio  Público, pese a estar de acuerdo con el demandante, reconoce que la  secretaria  “si estaba encargada de vigilar los papeles del juzgado, entre ellos  los  títulos”,  pero  se  equivoca  cuando  a manera de ejemplo entiende que la  situación  de  la  acusada es la misma de la encargada de la limpieza que en la  mañana  toma  para  sí  el dinero que el tesorero ha dejado en el cajón de su  escritorio,  pues  es evidente que la función de ésta última no tiene ninguna  relación  con  la  administración  o  custodia de dicho dinero, simplemente se  aprovecha  de  la  posibilidad de ingresar a esa oficina para apropiarse de él,  mientras  que la actividad de la primera sí comprende esa tarea de custodia. En  el  mismo  error incurre en el ejemplo del empleado oficial que subrepticiamente  sustrae  la  llave  del  vehículo que no está a su cargo funcionalmente.    

                                  En  este  orden  de ideas es  indiscutible  que  la  procesada  se  apropió de unos títulos cuya custodia le  había  sido  confiada  por  razón  de  sus funciones, y no se puede caer en el  sofisma  de  distracción de creer que como para hacerlos efectivos se requería  la  firma del juez, eso significa que la custodia estaba exclusivamente en manos  de él, pues esa conclusión contraría lo probado.   

                               El yerro del Procurador Delegado  está  además  alimentado  por  la  creencia  infundada de que la secretaria no  tenía  posibilidad  de  disposición  porque a quien correspondía autorizar su  pago  era  exclusivamente  al  juez,  con lo cual confunde dos conceptos que son  diferentes,  a  saber:  a) la disponibilidad jurídica hace relación a que para  la  comisión  del  peculado  no  es  necesario  que  el servidor público tenga  directamente  la tenencia material del bien, sino que basta que en razón de sus  funciones   tenga  la  facultad  de  disponer  jurídicamente  del  mismo,  pues  empleando  ese  poder  puede  llegar  a la apropiación en provecho suyo o de un  tercero;  y, b) cuando el funcionario tiene o interviene en la custodia material  del  bien,  y  a  ella  ha llegado por razón de sus funciones, esa relación lo  ubica  en  situación  de  ejercer  un  poder de disposición sobre el mismo por  fuera  de  la vigilancia del titular de un poder jurídico superior, de modo que  si  lo emplea para apropiarse del bien incurre en el delito de peculado, sin que  sea necesario que además posea la disponibilidad jurídica.    

                                 Por  último,  es  importante  recordar  que el reproche que amerita la conducta de la secretaria enjuiciada no  es  el  mismo  que cabría hacerle a un ladrón que se apropiara de los títulos  mediante  violencia  o aprovechando un descuido, pues en la conducta de ella hay  primordialmente  una  traición  a  la  confianza  que  le fue depositada por la  administración  pública  para  que interviniera en la  custodia de dichos  elementos.        

                            Con fundamento en lo anotado, la  Sala  estima que no existe el error en la denominación jurídica alegado por el  demandante              y              coadyuvado             por             la  Delegada.                                                                                            SEGUNDO  CARGO: se imputa  a  la  sentencia  no  estar  en  consonancia  con  los  cargos  formulados en la  resolución  de  acusación,  en atención a que la condena fue por el delito de  peculado  por  apropiación  en  calidad de cómplice, y el llamamiento a juicio  fue por homicidio y falsedad en documento.   

                                La  falla  que  da  lugar a la  formulación  de  este  reproche tiene su origen en que en el numeral tercero de  la  parte  resolutiva  de  la  providencia  acusatoria,  por  un evidente lapsus  cálami,  se  anotó  que  los  delitos  por  los cuales se convocaba a juicio a  EDUARDO  ENRIQUE  CAMPO  y  Alfredo  Alfonso  Angarita, eran los previstos en el  Libro  2o., Título 13,(lo  correcto  era  Título  3o.), capítulo 1o., y Libro 2o., Título 6o., Capítulo  3o., como cómplices.   

                                Como puede verse en el texto de  la  resolución,  el  error no generaba ninguna confusión, pues la parte motiva  era  muy  clara  en  cuanto  a  que  el  delito  imputado era el de peculado por  apropiación,  de  manera  que  aún  sin hacer ninguna corrección posterior la  inexactitud  respecto  al  número  del  título  dentro  del  cual se encuentra  tipificado  ese punible no constituía irregularidad trascendente, de suerte que  con  plena  razón  el  titular del Juzgado Unico Penal del Circuito de Ciénaga  revocó  la  nulidad  parcial  que  por  ese motivo había decretado el Juez que  estuvo encargado por unos días del despacho.   

                                Por una equivocada insinuación  del  Tribunal,  no  obstante  que la situación ya era suficientemente clara, el  Juez  del  Circuito  resolvió aplicar el mecanismo entonces vigente para variar  la  calificación,  y  en decisión de enero 28 de 1992 precisó que los delitos  por  los  cuales  se  enjuiciaba a los procesados eran los previstos en el libro  2o.,   Título   6o.,  Capítulo  Tercero,  denominado  “Delitos  contra  la  Fe  Pública”,  y  el  Título  3o.,  Capítulo  Primero, llamado “Delitos contra la  Administración  Pública”. En la parte resolutiva concretó el cambio diciendo:  “Variar   la  calificación  del  auto  por  los  aspectos  señalados  en  este  proveído”.   

                               Con esa modificación no quedaba  la  más  mínima  posibilidad  de  decir que la falla atribuida a la acusación  persistía,  sin  embargo  el impugnante en ostensible demostración de falta de  seriedad  aduce en la demanda que la irregularidad no se subsanó porque el juez  no  repitió  en  la  parte  resolutiva  lo  que  dijo en la motiva, con lo cual  entiende  que  no se cumplió con la obligación de precisar las variaciones que  introdujo  en  la resolución de acusación, posición francamente absurda y sin  ningún  respaldo  procesal,  como  quiera  que  el auto es perfectamente claro.  Prueba  de  esto  es  lo  que el mismo defensor expuso en la audiencia, en donde  demostró  que  sabía sin margen de duda que el cargo era por peculado y no por  homicidio,  de  ahí  que  su  alegación  se refiriera al primer delito y no al  segundo.   

                                De  otra  parte,  es  oportuno  destacar  que  el  reproche en estudio fue concebido de una manera tan ilógica,  que  el  censor  no  tuvo  en  cuenta  que cuando se invoca la causal segunda de  casación  la  petición es que se case la sentencia y se dicte una de reemplazo  que  sea congruente con la resolución de acusación, de manera que en este caso  tendría  que  haber  pedido  que condenaran a su cliente por homicidio, para lo  cual  no tendría interés, pero como su desconocimiento de las reglas que rigen  el  recurso es también evidente, la petición que formula es que se absuelva al  procesado, pretensión ajena por completo a la causal invocada.   

                             

                 En  síntesis,  EDUARDO ENRIQUE CAMPO fue condenado por el cargo de cómplice de  peculado  por  apropiación  por  el cual fue llamado a juicio, de manera que la  sentencia  está  en  armonía con la resolución de acusación, en consecuencia  la censura propuesta será desestimada.   

                                En  mérito de lo expuesto, la  Corte  Suprema  de  justicia -Sala de Casación Penal- administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

        RESUELVE:   

                                  No   casar   la   sentencia  recurrida.   

                                    Cópiese,   Cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE           FERNANDO  E. ARBOLEDA RIPOLL   

         NO FIRMO   

RICARDO    CALVETE   RANGEL                             JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO          CARLOS E.  MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                               MARIO     MANTILLA  NOUGUES   

JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA           PATRICIA  SALAZAR CUELLAR   

                                    Secretaria   

   

    

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