12910 (05-08-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    APELACION-Procedibilidad     de     la  casación   

La  Corte  ha  precisado  que para acceder al  recurso  extraordinario  de  casación  es necesario que la parte que lo intenta  haya  apelado  la sentencia de primera instancia, entre otras razones, porque la  ilegalidad  de  ésta  no  puede  alegarse con criterio supletorio, es decir por  fuera  de  la  oportunidad que el procedimiento le otorga para hacerlo, y porque  el silencio es actitud que refleja conformidad con la misma.   

También   ha   dicho   que   pretender  la  impugnación  extraordinaria  sin  haber  agotado este paso antecedente, implica  desconocer  el carácter gradual y preclusivo del procedimiento, que le impone a  los  sujetos  procesales  la  obligación de ejercer oportunamente sus derechos,  entre  ellos  el  de impugnación, dentro de los términos y estadios procesales  establecidos.   

Solo  cuando  la  situación  de  la parte ha  sido   modificada desfavorablemente en la sentencia de segunda instancia, o  el  fallo  de  primer  grado  es  consultable,  es procedente, de acuerdo con la  doctrina  de  esta  Sala,  intentar  el  recurso  de casación por quien guardó  silencio  frente  a  la  decisión del a quo. En el primer caso, porque la nueva  situación  lo  legitimaría  para impugnarla; y, en el segundo, porque mientras  no  se  produzca  la  decisión del ad quem, la parte no está en condiciones de  conocer  el  verdadero sentido del fallo, ante la facultad que el superior tiene  de  decidir sin limitación alguna sobre la providencia objeto de consulta (Cfr.  Autos  de  agosto 9 de 1995, Mag. Pte. Dr. Dídimo Páez Velandia; y, septiembre  5 de 1996, Mag. Pte. Dr. Fernando E. Arboleda Ripoll).   

Lo  dicho  en  torno  a  la improcedencia del  recurso  de  casación cuando el sujeto procesal que lo pretende no ha impugnado  la  sentencia  de  primer  grado,  ha  de entenderse referido a los casos en los  cuales  el sujeto, teniendo la posibilidad de hacerlo, ha dejado de ejercer este  derecho,  mas  no  cuando  esta garantía le ha sido de alguna manera vulnerada,  pues  mal  podría  condicionarse  la  procedencia del recurso extraordinario al  cumplimiento  previo  de  una  exigencia  a  la  cual  la  parte  no  ha  tenido  posibilidad  de  acceder,  como  ocurriría,  por ejemplo, cuando el silencio ha  obedecido  a  la ausencia absoluta de defensa técnica, o estuvo determinado por  una indebida notificación de la sentencia.    

                                             

En  estos  eventos,  no  cabría  discutir la  procedencia  del  recurso  casación,  pero  el impugnante deberá acreditar, al  interponerlo,  el  interés que le asiste para ello, dando a conocer los motivos  que  le  impidieron  expresar  en  tiempo  su  inconformidad con la sentencia de  primera  instancia, y que serían violatorios del derecho de defensa o el debido  proceso.   

Consecuentemente,  no  podrá proponer cargos  distintos  del  relacionado  con  el  quebrantamiento  del derecho a impugnar el  fallo,  ni  siquiera  en  calidad  de  subsidiarios,  puesto  que  si  el reparo  prospera,  deberá  decretarse  la  nulidad  a  partir  del  momento  en  que se  presentó  el  vicio;  y,  si  es  desestimado,  será  porque  la violación no  existió,  debiéndose  concluir,  entonces,  que  la  parte recurrente dejó de  impugnar  el  fallo  de primer grado no por falta de garantías procesales, sino  porque  esa  fue  su  voluntad,  razón  de  suyo suficiente para que los demás  cargos no puedan ser examinados.   

Proceso No. 12910  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.92   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe de Bogotá, D. C., cinco de agosto  de mil novecientos noventa y siete.   

                   Se pronuncia  la  Corte  sobre  la  admisibilidad de la demanda de casación presentada por el  defensor     del     procesado     Marck    Damian  Fialhio.   

                                             Antecedentes.-   

                      El 29 de  junio  de 1995, ingresó a la clínica Shaio de Santa Fe de Bogotá el ciudadano  estadounidense  Marck  Damian  Fialhio,  con cuadro de depresión respiratoria y  alteraciones  en  el estado de conciencia, en coma superficial. El día 30, ante  la  evidencia  de  cuerpos  extraños  en  la  cavidad  abdominal,  se practicó  laparatomía  mediana  supra e infraumbilical, hallándose setenta y cuatro (74)  cápsulas  cilíndricas  en  material  plástico, contentivas de 436.7 gramos de  heroína.  Días  después, el paciente expulsó por vía anal dos (2) cápsulas  más  de  la  misma sustancia, con un peso de 11.7 gramos (fls.4, 6, 13, 56, 67,  166, 171).   

                    Iniciada la  investigación  por  estos  hechos,  la  Fiscalía  Regional vinculó al proceso  mediante  indagatoria a Marck Damian Fialhio y resolvió su situación jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva, por el delito de tráfico  de  estupefacientes,  según  la descripción típica del artículo 33 de la ley  30  de  1986 (fls.60, 140 y 145-1). Por el mismo ilícito, profirió luego en su  contra resolución de acusación (fls.4 y ss. del cuaderno No.3).   

                   A instancias  del  procesado  y  su  defensora, se cumplió en la etapa del juicio el trámite  previsto  en el artículo 37 del estatuto procesal (modificado por el art.3º de  la  ley  81  de  1993),  y  se  dictó sentencia anticipada, mediante la cual el  Juzgado  de  conocimiento lo condenó a  la pena principal de 47 meses y 15  días  de  prisión  y  multa  de  11.66 salarios mínimos mensuales, como autor  responsable  del  delito  que  tipifica  el  artículo  33  de la ley 30 de 1986  (fls.34, 48, 49, 108 y 110-3).   

                    Contra este  fallo,  interpusieron  recurso  de  apelación el fiscal acusador y el procesado  Marck  Damian Fialhio, pero en relación con este último fue declarado desierto  por falta de sustentación (fls.123, 126, 138, 153 ibidem).   

                          Esta  decisión  fue  impugnada  por  el  nuevo defensor de confianza del procesado en  reposición  y subsidiariamente en apelación, a efectos de que se la revocara y  en  su  lugar  se  concediera  el  recurso,  bajo  la  consideración  de que su  defendido  no  estaba  en  condiciones de sustentar el recurso por desconocer el  idioma,  y que las abogadas que venían defendiéndolo “raponearon” a su cliente  y  se  “volaron”  con  los  honorarios,  dejándolo  abandonado  (fls.145, 156 y  161).   

                    Por auto de  29  de  mayo  de 1996, el Juzgado de conocimiento resolvió desfavorablemente el  recurso  de reposición y negó el de apelación por improcedente, al tiempo que  ordenó  el  envió  del  proceso al superior para que decidiera la impugnación  promovida  por  el  Fiscal,  quien   propugnaba  por  la  inclusión  de la  agravante  prevista en el artículo 38.2 de la ley 30 de 1986 y la exclusión de  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas (fls.123 y  186).   

                      Mediante  sentencia  de  agosto  28 de 1996, que ahora la defensa recurre en casación, el  Tribunal  Nacional  confirmó  la  de  primera  instancia,  modificándola en el  sentido  de  fijar  en  $1´189.335.oo  la pena pecuniaria impuesta al procesado  (fls.15 y 30 cd. del Tribunal).   

                     La demanda  contiene  dos  cargos  contra  el  fallo  impugnado. Uno, al amparo de la causal  tercera  de  casación,  por  ausencia  de  defensa  técnica,  derivada  de  la  inactividad  en  el proceso de las abogadas (principal y suplente) encargadas de  su  ejercicio;  el  otro, con fundamento en la primera, por indebida aplicación  del  inciso primero del artículo 33 de la ley 30 de 1986 y falta de aplicación  del  inciso  segundo ejusdem, que prevé una pena más benigna (fls. 41 y ss cd.  del Tribunal).   

                           SE  CONSIDERA:   

                    La Corte ha  precisado  que  para acceder al recurso extraordinario de casación es necesario  que  la  parte  que  lo  intenta haya apelado la sentencia de primera instancia,  entre  otras  razones,  porque  la  ilegalidad  de  ésta  no puede alegarse con  criterio  supletorio,  es decir por fuera de la oportunidad que el procedimiento  le  otorga para hacerlo, y porque el silencio es actitud que refleja conformidad  con la misma.   

                    También ha  dicho  que  pretender la impugnación extraordinaria sin haber agotado este paso  antecedente,   implica   desconocer   el  carácter  gradual  y  preclusivo  del  procedimiento,  que le impone a los sujetos procesales la obligación de ejercer  oportunamente  sus  derechos,  entre  ellos  el  de  impugnación, dentro de los  términos y estadios procesales establecidos.   

                       Solo  cuando  la  situación de la parte ha sido  modificada desfavorablemente en  la  sentencia  de  segunda instancia, o el fallo de primer grado es consultable,  es  procedente,  de acuerdo con la doctrina de esta Sala, intentar el recurso de  casación  por  quien  guardó  silencio  frente a la decisión del a quo. En el  primer  caso,  porque la nueva situación lo legitimaría para impugnarla; y, en  el  segundo,  porque  mientras no se produzca la decisión del ad quem, la parte  no  está  en  condiciones  de  conocer  el verdadero sentido del fallo, ante la  facultad  que  el  superior  tiene  de  decidir  sin limitación alguna sobre la  providencia  objeto  de  consulta (Cfr. Autos de agosto 9 de 1995, Mag. Pte. Dr.  Dídimo  Páez  Velandia;  y,  septiembre  5  de 1996, Mag. Pte. Dr. Fernando E.  Arboleda Ripoll).   

                    Lo dicho  en  torno  a la improcedencia del recurso de casación cuando el sujeto procesal  que  lo  pretende no ha impugnado la sentencia de primer grado, ha de entenderse  referido  a  los  casos  en  los  cuales  el  sujeto, teniendo la posibilidad de  hacerlo,  ha  dejado de ejercer este derecho, mas no cuando esta garantía le ha  sido  de  alguna manera vulnerada, pues mal podría condicionarse la procedencia  del  recurso extraordinario al cumplimiento previo de una exigencia a la cual la  parte  no ha tenido posibilidad de acceder, como ocurriría, por ejemplo, cuando  el  silencio  ha  obedecido a la ausencia absoluta de defensa técnica, o estuvo  determinado       por       una      indebida      notificación      de      la  sentencia.                                                                                         

                    En estos  eventos,  no  cabría  discutir  la  procedencia  del recurso casación, pero el  impugnante  deberá  acreditar,  al interponerlo, el interés que le asiste para  ello,  dando  a  conocer  los  motivos  que  le impidieron expresar en tiempo su  inconformidad  con  la sentencia de primera instancia, y que serían violatorios  del derecho de defensa o el debido proceso.   

                                           Consecuentemente,   no   podrá   proponer  cargos  distintos  del  relacionado  con el quebrantamiento del derecho a impugnar el fallo, ni siquiera  en   calidad  de  subsidiarios,  puesto  que  si  el  reparo  prospera,  deberá  decretarse  la  nulidad a partir del momento en que se presentó el vicio; y, si  es  desestimado,  será  porque la violación no existió, debiéndose concluir,  entonces,  que la parte recurrente dejó de impugnar el fallo de primer grado no  por  falta  de garantías procesales, sino porque esa fue su voluntad, razón de  suyo   suficiente   para  que  los  demás  cargos  no  puedan  ser  examinados.   

                  En el caso  sub  judice,  el  reproche  principal  se  funda  en la consideración de que el  procesado  careció  de  defensa  técnica durante todo el proceso, proposición  que  se  enmarcaría  formalmente  dentro de las hipótesis en las cuales sería  procedente  el recurso extraordinario, a pesar de no haber sido apelado el fallo  de  primera  instancia.  Sin  embargo,  del estudio de la actuación procesal se  advierte  que  muchas  de  las  afirmaciones  que  el  recurrente  hace sobre la  inactividad  de la defensa, no  corresponden a la verdad fáctico ritual, y  que  si  bien  es  cierto  sus actuaciones no fueron cuantitativamente pródigas  como  lo  hubiera  querido  el  ahora  apoderado,  ello  en manera alguna revela  abandono de su cliente.   

                         Al  respecto,  dígase  que  la  profesional  encargada  de la defensa del procesado  Marck  Damian  Fialhio  intervino  en los distintos segmentos de su indagatoria,  inicialmente  de  oficio y luego como abogada de confianza (fls.23, 60 y 140 del  cuaderno  No.1);  en el acto de notificación de la medida de aseguramiento para  exigir  la designación de un intérprete (fls.151 vto. y 167 ibidem); solicitó  reposición  del  auto  de  clausura  de  la  investigación  para  acogerse  al  instituto  de  la  sentencia  anticipada  (fls.190-1);  asistió a la diligencia  realizada   para   reconocimiento   de   beneficios   por  colaboración  eficaz  (fls.282-1);  presentó  alegato precalificatorio (fls.4, 15 y 20-3); insistió,  una  vez  iniciado  el  juicio,  en la sentencia anticipada (fls.34, 47, 48 y 49  -3);  formuló  solicitudes orientadas a obtener la libertad de su defendido por  enfermedad  grave  (fls.35,  46  y  49-3);  y,  concurrió  a  la  diligencia de  formulación  y  aceptación  de  cargos (fls.108 ibidem); actuaciones todas que  contradicen  la  afirmación  del  recurrente  en el sentido de que el procesado  habría estado huérfano de asistencia técnica.   

                   La simple  disparidad  de  criterios  sobre  la forma como debió orientarse la defensa del  acusado,  de  suyo  no  es  fundamento  válido  para  proponer la nulidad de la  actuación  procesal  por efectación del derecho de defensa, pues la existencia  o  inexistencia  de la violación no puede hacerse depender de juicios meramente  especulativos,  sino  que  debe  contar  con  respaldo  objetivo  en el proceso.   

                         No  existiendo,  entonces,  motivo  atendible  que  permita  suponer siquiera que la  falta  de  impugnación  de  la  sentencia  de primer grado haya obedecido a una  actitud  de  indiferencia  sistemática  y perniciosa de la defensa técnica, se  impone  declarar  la  improcedencia  del recurso extraordinario, por ausencia de  interés  de  la  parte  actora,  no  sin antes precisar que la inviabilidad del  recurso  de casación por este motivo, surge tanto de la no apelación del fallo  de  primera  instancia,  como  de  su no sustentación, que fue lo acontecido en  caso sub judice.   

                  En mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,   

                   R E S U E  L V E:   

                    DECRETAR  LA  NULIDAD  del  auto  mediante el cual el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  admitió el recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  Marck  Damian  Fialhio. En su lugar, se declara improcedente.   

                                           Notifíquese    y    devuélvase    al    Tribunal    de   origen.  CUMPLASE.   

                                      CARLOS    A.    GALVEZ  ARGOTE                                      

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

JORGE           CORDOBA  POVEDA            JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                            DIDIMO   PAEZ   VELANDIA   

                         

NILSON    PINILLA   PINILLA              JUAN  MANUEL TORRES FRESNEDA   

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                                 SECRETARIA       

                                                         

   

    

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