9751 (11-03-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    CONDENA DE EJECUCION CONDICIONAL  

Aun cuando concurra  en favor de (…) el  aspecto  objetivo  de  la  pena  no  mayor de tres años de prisión ( art. 68-1  C.P.),  no se dan los atributos subjetivados reclamados por el numeral 2° de la  misma  norma  para  merecer  el beneficio, sobre cuyo ámbito de aplicación, la  Sala ha sostenido y reiterado lo siguiente:   

“Finalmente,   dentro   de  este  marco  de  lucubraciones  generales,  no conviene admitir que como el sistema penitenciario  puede  presentar  objeciones  múltiples,  la  consecuencia  obligada  es  la de  regalar  la  condena condicional, pues a este paso también debería llegarse al  extremo  de  no  imponer las sanciones previstas por la ley, para evitar, de una  vez,  todos los males que se le cargan a esta clase de penas cumplidas de manera  deficiente.  Y éste no es un plausible modo de pensar, así se pueda participar  de  algunas  de  estas críticas, pues lo menos que podría decirse en respuesta  de  tan  nocivo criterio sería el que la imperatividad de cumplir con todos los  dictados   de  un  determinado  dispositivo  legal  se  logra  no  evadiendo  su  aplicación  sino  precisamente  imponiendo  su  vigencia.  La  manera  como las  regulaciones  de  nuestros  ordenamientos  penales llegarán a tener una entidad  real   del  tenor  de  lo  imaginado  teóricamente  por  el  legislador,  será  convenciendo  a  los  procesados  y  a  las autoridades que tienen que ver en la  satisfacción  de  la  pena,  de que la rama jurisdiccional será rigurosa en la  atención  que  se  debe  a  la  ley,  prefiriendo  no su total omisión sino su  cumplimiento  en el grado  más ostensible. Esta es, indudablemente, una de  las  reglas  automáticas  del  equilibrio  social,  que  bien  puede reiterarse  anotando  que  hay lugar a la benignidad cuando el delito tiene una magnitud que  el  cuerpo social logra resistir sin comprometer su existencia, pero que empieza  a  desaparecer  y  a  volverse extraña cuando se va formando la idea válida de  que  sólo la severa aplicación de la ley, en su integridad, logra desestimular  al  delincuente.  “(Sentencia  de casación, mayo 10/88. M.P. Dr. Gustavo Gómez  Velásquez).   

PROCESO                                    : 9751   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                                    Dr.  NILSON  PINILLA  PINILLA      

                                                    Aprobado Acta No. 23   

Santafé de Bogotá, D.C., marzo once (11) de  mil novecientos noventa y siete (1997).   

          V I S T O S   

El  Tribunal  Superior  de Buga, condenó en  primera  instancia  a  JOSE ARLEY VARELA RINCON, a la pena de catorce (14) meses  de  prisión  e  interdicción en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  término,  negándole  el  subrogado de la condena de ejecución  condicional,  como  responsable  del delito de prevaricato por acción consumado  en  ejercicio de la posición de Fiscal Seccional de Roldanillo (V.), encargado,  ubicable   bajo   el  fuero  previsto  en  el  artículo  70.2  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Revoca el beneficio de la libertad caucionada  que  se  había  otorgado  y  ordena  la  devolución de la caución prestada en  garantía  del  mismo,  condicionando  la  efectividad  de estas decisiones a la  ejecutoria de la sentencia.   

Contra  la  providencia  del  Tribunal,  el  procesado   y   su   defensor   interpusieron   y   sustentaron  el  recurso  de  apelación.   

                                I.- H E C H O S   

El  entonces  Juzgado  Trece de Instrucción  Criminal  con  sede  en  Roldanillo  (V.) inició investigación sumaria por los  punibles  de  peculado  y  falsedad documental, presumiblemente realizados en la  alteración  del  registro  de  nacimiento  y la elaboración de certificados de  tiempo  de  servicios,  entre  éllos en la municipalidad de Bolívar (V.), y su  utilización  para  que  la  Secretaría  de  Servicios  Administrativos  de  la  Gobernación  del  Departamento  del  Valle  del  Cauca, le reconociera a RAMIRO  ANDRADE  MESSA  la  pensión  de jubilación, según Resolución número 6128 de  diciembre  3 de 1990 (fs. 23 y Ss. cdno. ppal.) y le pagara las correspondientes  mesadas  que  recibió  hasta  el  momento  de  la  denuncia formulada por OSCAR  VANEGAS NOREÑA (mayo 13 de 1992).   

Por  tránsito  constitucional  y  legal, la  investigación  pasó  a  conocimiento  de  la  Unidad  de Fiscalía con sede en  Roldanillo,  despacho  a  cargo  del doctor  HERNAN ESPINOSA GARCIA quien a  partir  del  14  de  septiembre  de  1992  y  hasta el 8 de octubre disfrutó de  vacaciones;  según Resolución 0130-92 (sept. 10) de la Dirección Seccional de  Fiscalías   de   Buga,   las  funciones  le  fueron  asignadas  al  Secretario,  señor   JOSE ARLEY VARELA RINCON (f.90), quien el 24 de septiembre de 1992  escuchó  en  indagatoria  a   RAMIRO  ANDRADE  MESSA  y  al  definirle  la  situación  jurídica  el  5  de  octubre del mismo año, declaró “PRECLUIDA LA  INVESTIGACION  y  en consecuencia SE DECRETA CESACION DE PROCEDIMIENTO”, por “no  haberse constituido hecho punible alguno” (f. 73 ib.).   

                     

                          II.-  ACTUACION PROCESAL   

Iniciada  investigación  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Buga  (f.  84 ib.), fue escuchado en  indagatoria  el  inculpado JOSE ARLEY VARELA RINCON (fs. 98 y Ss.) y definida su  situación  jurídica,  con medida de aseguramiento de detención preventiva con  beneficio  de  excarcelación  (fs. 114 y Ss.). Cerrada la instrucción (f.175),  fue  calificada  el  4  de  marzo  de  1994 con resolución de acusación contra  Varela  Rincón,  por  el delito de prevaricato (fs. 187 y Ss.), providencia que  no fue recurrida.   

Agotados los trámites del juicio y celebrada  la  audiencia  pública (fs. 296 y Ss.), la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Buga, con fecha 2 de agosto de 1994, declaró  a  JOSE  ARLEY  VARELA RINCON responsable del punible de prevaricato por acción  (art.  149  del  D.  100/80,  norma  vigente al tiempo de los hechos y que sigue  siendo  la aplicable por favorabilidad) y lo condenó a las ya mencionadas penas  de  14  meses  de  prisión,  y  de  interdicción en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  negándole  el  subrogado  de  la  condena  de ejecución  condicional.   

                                    III.-    LA   SENTENCIA  IMPUGNADA   

La  Sala  de decisión del Tribunal de Buga,  tras  el  correspondiente análisis del acopio probatorio, concluye afirmando la  conjunción  de los presupuestos reclamados por el artículo 247 del C. de P. P.  para el pronunciamiento de fallo condenatorio.   

La  adecuación de la conducta en el tipo de  prevaricato  por  acción, la deriva de haber pronunciado el Fiscal encargado la  resolución  interlocutoria  de  fecha  5  de octubre de 1992 (fs. 69 y Ss.), en  manifiesta  contradicción  con la ley y frente a los distintos medios de prueba  allegados  contra  RAMIRO ANDRADE MESSA, que no solamente se oponían a la orden  de  terminación de la instrucción sumaria por vías del decreto de preclusión  de  la  acción  penal  (art. 36 C. de P. P.), sino que además tenían el vigor  probatorio  suficiente  para afectar al encartado con medida de aseguramiento de  detención preventiva.   

Enfatiza  el  Tribunal  que  desde  la misma  denuncia  y en varios testimonios aparecía acreditado, desde antes de  ser  oido  en  indagatoria  RAMIRO ANDRADE MESSA, que éste no se había desempeñado  como  empleado  del  municipio  de  Bolívar  (f.  364)  y  que  en inspecciones  judiciales  fueron constatadas “enmendadura… con indicios de que antes… haya  existido  otra  fecha  de  nacimiento”  y  la  anómala omisión del número del  presunto   decreto   por   el   cual   se   hubiese   efectuado   una   supuesta  designación.   

Medios  de  convicción que aunados a que el  acusado  cursaba  estudios  de  derecho y a la experiencia, “que sobrepasaba los  veinte  años”,  adquirida  por  el  procesado  en posiciones como Secretario de  Juzgado  y  Técnico  Judicial  de  la Unidad de Fiscalía y algunos encargos de  Juez  de  Instrucción  Criminal  y  Fiscal  Delegado de Roldanillo, concurren a  desnaturalizar  el  supuesto  error por desconocimiento de la ley, afirmado como  excusa en la injurada y subsecuentes alegaciones.   

Observa  el  a  quo  que,   si bien “el  artículo  36  del  Código de Procedimiento Penal, permite en cualquier momento  de  la investigación, precluirla y cesar la actuación”, éllo está sometido a  unos  requisitos  “claros  y  contundentes”,  los  cuales  enumera, cuestionando  certeramente,  por  ejemplo:  “Cómo  decir,  entonces, que el sindicado ANDRADE  MESSA,  no  había hecho uso de tales documentos y que, por consiguiente, él no  había  cometido  ningún  delito,   en un momento tan prematuro, cuando la  investigación  estaba en sus inicios y con pruebas tan claras y precisas que en  ese momento ya reposaban en el expediente?” (f. 370).   

Abunda en consideraciones para desvirtuar la  pretendida  ausencia  de  dolo  argüida por la defensa, incluyendo referencia a  derroteros expuestos por esta corporación.   

Además, la Sala del Tribunal hace mención a  otras  decisiones  cuestionables  de VARELA RINCON, por una de las cuales ordena  compulsar  copias  para  que  se  investigue  su  “posible  conducta  irregular”  (f.382).   

Al  efectuar  la dosimetría penal, el a quo  estima  que “en la resolución de acusación, no se dedujeron  al procesado  circunstancias  de  agravación  punitiva”  y  su  conducta anterior había sido  buena,  pero  “se  trata  de  un  hecho  que  reviste gravedad, por lo dañino y  perjudicial  para  la  recta administración de justicia… y porque los ojos de  la  comunidad  están  puestos en las ejecutorias de ese nuevo ente que se llama  Fiscalía  General  de la Nación… no se podrá partir de la pena máxima”, no  obstante   lo   cual  se  ubica  en  sólo  catorce  meses,  negándole  sí  la  ejecución   condicional  y revocando la libertad provisional que se había  otorgado.   

Se abstiene, finalmente, de “condenar al pago  de    indemnización    alguna    por    concepto    de    daños    morales   y  materiales”.   

                       IV.-  ALEGACIONES DE LOS RECURRENTES:   

Procesado y defensor esfuerzan el análisis  probatorio  a  demostrar la ausencia de culpabilidad dolosa, basados en la carga  de  trabajo  existente  en  la  Fiscalía  Delegada de Roldanillo, que tildan de  excesiva  y  en  las  condiciones  académicas  de  VARELA  RINCON,  en quien no  concurría  la  capacitación suficiente, como que sólo cursaba segundo año de  derecho,   no   estando  así  facultado  para  examinar  los  distintos  medios  probatorios  y  mucho menos para otorgarles el valor pertinente, para ajustar la  decisión a lo que en derecho correspondía.   

En  ello  y  la buena conducta anterior del  procesado,  basada  en  la  ausencia  de antecedentes de todo orden y en el buen  servicio   a   la   administración  de  justicia  durante  27  años,  como  en  antecedentes  jurisprudenciales  de la Corte, algunos insertos en el escrito del  defensor,  se apuntala el predicado de ausencia de dolo como causa excluyente de  culpabilidad,  para solicitar la revocatoria de la sentencia recurrida, que debe  trocarse por la absolución.   

Propone   la   defensa  como  alternativa  subsidiaria,  la  revocatoria  de  la  negación  del subrogado de la condena de  ejecución  condicional,  señalando  que  no  existe  necesidad  de tratamiento  penitenciario,  en  virtud  de  que  contra  el  sentenciado solamente concurren  circunstancias  atenuantes  “como la buena conducta anterior”, y que aceptar los  argumentos  tomados  en  consideración por el Tribunal “conllevarían el que en  esta  clase  de  punibles no es posible el otorgamiento de ese subrogado, lo que  tendría que ser legislado…”  (f. 414).   

                                  V.-  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

JOSE  ARLEY VARELA RINCON, Secretario de la  Unidad  de  Fiscalía delegada en la localidad de Roldanillo, en el Departamento  del  Valle  del Cauca, como encargado asumió y desarrolló provisionalmente las  funciones  de Fiscal, en ausencia temporal del titular del despacho, derivada de  la  concesión  de  vacaciones  entre  el  14 de septiembre y el 8 de octubre de  1992,  según  resolución  número  0130-92  de fecha 10 de septiembre de dicho  año,  expedida por la Dirección Seccional de Fiscalías de Buga (f. 90), cargo  del  cual tomó posesión ante el Alcalde Municipal de ese lugar el inicial día  14 (f. 87).   

En  ejercicio  de tales funciones de Fiscal  Seccional,  asumió el conocimiento del proceso adelantado contra RAMIRO ANDRADE  MESSA,  para vincularlo mediante indagatoria y definirle la situación jurídica  en  resolución  de fecha 5 de octubre de 1992 (fs. 69 y Ss.), absteniéndose de  proferirle medida de aseguramiento para en su defecto declarar:   

         “…Por   no  haberse  constituido  hecho  punible  alguno,  y  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  Art.  36 del C. de P. Penal, SE DECLARA  PRECLUIDA   LA   INVESTIGACION   y   en  consecuencia  SE  DECRETA  CESACION  DE  PROCEDIMIENTO   

         en favor del citado señor ANDRADE MESSA.”   

Resulta  entonces  evidente,  según prueba  básicamente  documental  corroborada  con la propia indagatoria (fs. 98 y Ss.),  que  José  Arley  Varela Rincón venía desempeñándose como servidor público  en  la  administración  de  justicia,  habiéndosele  confiado  un encargo como  Fiscal  Seccional y en desempeño de esa labor oficial profirió una resolución  de  preclusión  sobre  una  investigación  sometida a su competencia. Así, es  palmar  el  ejercicio  de la actividad pública y el nexo de causalidad entre la  función   y  el  pronunciamiento  de  la  resolución  judicial  reputada  como  manifiestamente contraria a la ley.   

Al aparecer sin cuestionamiento lo anterior,  los   puntos   basilares  del  análisis  han  de  concretarse  en  torno  a  la  inculpabilidad  invocada  por  los  recurrentes  en  sustento  de  la respectiva  impugnación,  basados  en  argumentos  referidos  al  reproche  de una supuesta  declaratoria  de  responsabilidad  puramente  objetiva,  como  se ejemplifica en  el  siguiente aparte del memorial del señor defensor:   

        ”  En  conclusión  la  defensa considera que  en el presente  proceso  la  Fiscalía  y  la  Honorable  Sala de Decisión se limitaron  a  demostrar  que  la  decisión  tomada  por  JOSE ARLEY VARELA RINCON, cuando por  error  del Director de Fiscalías, se le asignaron funciones de Fiscal sin tener  los  conocimientos necesarios, era contraria a la ley y una vez que consideraron  que  ese  objetivo  había  sido  obtenido,  ello les bastó para con los mismos  argumentos  que  probaban este hecho inferir que se había obrado con dolo, pero  lejos  están  de  haberlo  demostrado,  cuando  por el contrario con sus muchos  años  de  haber  laborado  en el poder judicial, VARELA RINCON ha demostrado no  ser  persona proclive al delito, sino tratarse de un ser humano que ha trabajado  con  dedicación,  honradez  y lealtad y que si cometió un error lo hizo con el  convencimiento  que  obraba  conforme   a  sus  precarios  conocimientos de  derecho…” (f.414).   

En  realidad,  la manifiesta ilegalidad del  pronunciamiento   no  resulta  en  últimas  rebatida  por  la defensa, que  arguye  más bien, de una parte, que la decisión fue el producto de la excesiva  carga  laboral que José Arley afirma haber tenido que afrontar en su desempeño  a  cargo  de  la Unidad de Fiscalía de Roldanillo y de otra, que fue expresión  de  su  inexperiencia,  versión  de  descargo  que  él mismo desvanece, cuando  expresa  haber ocupado los cargos de oficial mayor, sustanciador y secretario de  Juzgados  Penales  Municipales,  de  Circuito  e  Instrucción  Criminal  y  por  encargo,  los  de  Juez  y  Fiscal  Seccional (fs. 98 y Ss), durante 27 años de  servicios a la rama jurisdiccional.   

En  verdad,  todo  el discurso encaminado a  sustentar  la  abstención  de  pronunciamiento de medida de aseguramiento   contra  Andrade  Messa,  como  sujeto  implicado  en los hechos punibles por los  cuales  se  investigaba  (falseldad documental, fraude procesal y peculado) y la  inusitada  anticipación  a  decretar  la  preclusión  de  la acción penal por  “inexistencia  de  delito”,  apuntalada  en la falsa motivación, reclamaban del  funcionario   racionalidad  basada  en  conocimientos  jurídicos  de  idoneidad  superior,  que el obvio reconocimiento de los presupuestos esenciales reclamados  por  los  artículos  388  y  389  del  estatuto  procedimental  penal,  para el  pronunciamiento de una medida de aseguramiento.   

No  es  extraño,  por  otro  lado,  que la  defensa  no  persevere  en  tratar  de desvirtuar la manifiesta ilegalidad de la  resolución  preclusiva, ante el conjunto de pruebas de incontrastable contenido  incriminatorio  en  torno  a  los  comportamientos  punibles  imputados a RAMIRO  ANDRADE MESSA (fs. 1 a 74 cdno. ppal.).   

A  ninguna  conclusión  distinta  que a la  medida  preventiva  contra  ANDRADE  MESSA  podía  arribar  la Fiscalía en ese  momento,  fueren  cuales fueren las consideraciones tomadas sobre la base de los  medios  documentales  y  testimoniales debidamente arrimados al expediente, cuya  consistencia  rebasaba en mucho, el “indicio grave de responsabilidad” reclamado  por el citado artículo 388.   

OSCAR  VANEGAS  NOREÑA  en  la  denuncia y  ampliaciones  (fs.  1  a 4 vto. y 27), EFRAIN MARMOLEJO (f.8), MARIANA ZAPATA DE  BENITEZ  (f.39),  LUIS  ALFREDO  MORENO  (f.40),  CARLOS ARTURO DAVALOS AGUILERA  (f.41),  ARGEMIRO  VELEZ  RODRIGUEZ  (f.53),  son  contestes  en  afirmar en sus  testimonios,  con  el  conocimiento  de  causa  propio de quienes sí estaban en  posiciones  coincidentes  en  tiempo y lugar para advertirlo, que RAMIRO ANDRADE  MESSA  no  desempeñó  la  función  de  oficial  escribiente  del Municipio de  Bolívar  (V.)  para  la  época  informada,  razón de más para inferir que el  certificado  expedido  con  fecha  8  de  agosto  de  1990  por el señor RAMIRO  MONDRAGON  MARULANDA  (f.  15),  Alcalde  entonces  de  Bolívar  informando que  Andrade  Messa  “prestó  sus  servicios  al  municipio  de  Bolívar Valle como  OFICIAL  ESCRIBIENTE,  en  el  tiempo  comprendido del 7 (siete) de abril de mil  novecientos  cincuenta  y  cuatro  (1954)  al  quince (15), de septiembre de mil  novecientos setenta y tres (1.973)” es íntegralmente falso.   

MYRIAM  ARBOLEDA  ZAPATA,  Secretaria  de  Gobierno  Municipal,  quien bajo juramento ante la Fiscalía de Roldanillo el 10  de  septiembre  de  1992,  afirmó que “esa constancia fué sacada en base a las  actas  de  posesión  que reposan en el archivo…” (f.50), queriendo significar  la  autenticidad  del  documento  tachado  de  espurio,  no  resiste frente a la  contudencia  probatoria  determinante  de  su  propia vinculación procesal como  copartícipe  de  falsedad   por  creación  del acta de posesión sobre la  cual  se  indujo  a  certificar los “Diez y Nueve (19) Años + Cinco (5) Meses +  Ocho  (8)  días.” (f. 15) y en ampliación de indagatoria trasladada (fs. 168 y  Ss.) aclara:   

         “…Lo  primero   que  yo  quiero  decir  es que la firma que  aparece  en  la  copia  de  acta  de posesión expedida al señor RAMIRO ANDRADE  MESSA,  esa copia no fué elaborada por mi ni tampoco la firma  que aparece  es  mía,  en  ningún  momento  a mi me pidieron copia de acta de posesión del  señor   RAMIRO   ANDRADE   MESSA,   esa  firma  no  la  hice  yo.  En  la  indagatoria  anterior  dije  que la había hecho porque el  señor  alcalde  RAMIRO ANDRADE MESSA me pidió el favor de que dijera que yo la  había  firmado,  que  yo  no  iba  a  tener  ningún  problema  y yo lo hice en  solidaridad  con  él  porque   él  era  mi jefe y el puesto que yo estaba  desempeñando  dependía  directamente  de  él  porque  yo  en  ese momento era  empleada municipal…”   

Para mayor claridad, debe tenerse en cuenta  lo  expresado  el  24  de  septiembre  de 1992 por el propio ANDRADE MESSA en su  indagatoria (f. 65):   

         “…  como  cargos  que  he  desempeñado,  están  los de Oficial  Escribiente  de  la  alcaldía  de Bolívar (V), he sido Concejal, Diputado a la  Asamblea  Departamental  y  últimamente  Alcalde  de  Bolívar (V). Ultimamente  devengo  como  sueldo,  el  de la jubilación de la asamblea ya que renuncié al  sueldo de la alcaldía…”   

Continuando con el análisis probatorio, se  aprecia  que  el  laboratorista  técnico  en  grafología y documentoscopia que  examinó  el acta de posesión, concluyó:   

         “3.  Las firmas que como de ALFONSO CLAROS y JOSE ALBERTO HENAO V.  obran  en  el  acta  de  posesión  vista  al  dorso del folio 91 ibídem, de la  Alcaldía  Municipal  de  Bolívar (Valle), años 1953 a 1954, no se identifican  frente  a  las  respectivas muestras patrones, siendo la primera producto de una  IMITACION  SERVIL  y  la segunda una IMITACION INDIRECTA, por el mismo calco…”  (f.81).   

Igual   demostración  incriminatoria  se  infiere  de  los  resultados  de  la  inspección  judicial  practicada  por  el  Juez   Sexto  de  Instrucción Criminal en la parroquia de Bolívar (V.) al  libro  de  bautismos  “número 19 del 6 de agosto  de 1.938, al 8 de agosto  de  1.947.”,  quien  a  folio  126, número de orden 373, de fecha enero de  1942, encontró:   

         “El  registro  o  Partida de Bautismo correspondiente a RAMIRO, un  niño  nacido el 13 de noviembre del año treinta y ocho, renglón en el cual se  observa  enmendadura  con  perforación  del folio, con indicios de que antes de  las  palabras “treinta y ocho” haya existido otra fecha de nacimiento, en lo que  respecta al año…” (f.43).   

Alteración  observada  por  el  perito  de  Medicina Legal (fs.76 y Ss.):   

         “1.  La partida de bautismo del señor RAMIRO ANDRADE, página 126  del  libro  respectivo  de  la  Parroquia  de Santa Ana del Pescador de Bolívar  (Valle),   fue  alterada  por  el  sistema  de  borrado  mecánico  (alteración  supresiva)   en   el   lugar   donde   hoy   se   lee   el   texto:  ‘treinta  y  ocho’…”.   

Copia  tomada  del  mencionado  documento  alterado,  fué  allegada  junto con la partida donde consta la anotación en el  folio   15399241   “del   registro   civil   de   nacimientos,   año  de  1990”  (f.17).   

Con  tales  demostraciones, también era de  necesaria  aclaración  en  la  indagatoria de Ramiro Andrade Messa su verdadera  edad.  Sin  embargo, José Arley Varela no profundizó sobre el punto, aunque el  indagado  le dijo “tengo 54 años de edad, los cumplo  en noviembre o como 55…”.   

Con  todo lo anterior, cómo pudo el Fiscal  Varela  Rincón  “ABSTENERSE  DE  PROFERIR  MEDIDA DE ASEGURAMIENTO DE DETENCION  PREVENTIVA”   (f.   73)  y,  todavía  más  grave,  anticipar  la  inconcebible  preclusión?.   

Forzoso   resulta   concluir   que   este  quebrantamiento de la ley es colosalmente ostensible.   

Corresponde  entonces examinar si se debió  tal  quebrantamiento  a  un simple error, según es afirmado por la defensa como  forma  de  negación  del  dolo. Esta posibilidad se aleja teniendo en cuenta la  amplia  trayectoria  de  José  Arley  Varela Rincón, estructurada en la praxis  judicial  de  27  años,  reforzada  por  estudios  jurídicos  cursados  en  la  Facultad   de   Derecho  de  la  Universidad Central del Valle (“en la  actualidad  curso  el  tercer  año  de  derecho…”,  f. 98), que le permitían  ajustar sus decisiones al ordenamiento jurídico.   

Pero  aún  en  el remoto evento de que el  Fiscal  encargado  no  hubiese  estado en capacidad intelectual de comprender el  mérito  de  la ingente prueba de cargo que tenía ante sí,  que le debía  llevar  a  proferir  la medida de aseguramiento (“…en el expediente no ví tal  cosa…”,  f.405), cómo es que extendió la decisión a algo tan transcendente,  que  no  era  necesario  decidir  en  ese  momento  ni aparece que se le hubiera  solicitado  formalmente  y  que,  si tan impreparado se sentía, lo elemental es  que hubiese esperado el regreso del titular?   

Impacta, además, que la constancia de pasar  a  archivo  el  proceso  como consecuencia de la ilegal preclusión, lleve fecha  octubre  9  de 1992, que es el mismo día en que se reintegraba a sus labores el  Fiscal  titular,  y  ostente  la firma del propio José Arley Varela Rincón, ya  como Secretario (f. 73 v.).   

Por éllo, asiste toda razón al fallador de  primera instancia cuando expresa (fs. 378 y 379):   

         “…  no  es  posible  predicar  que  JOSE  ARLEY  VARELA  RINCON,  incurrió  en  un simple yerro, producto de su ignorancia, porque ni el texto ni  el  espíritu  de  los  artículos  388  y  36…  daban  para  interpretaciones  equivocadas,  a las claras se observaba que existía mérito más que suficiente  para  proferir  una  medida  de  aseguramiento y jamás podía irse más allá y  precluir  la  investigación en la forma abrupta y sorpresiva como se hizo en el  caso  de  autos  porque  proceder  así,  aún  para  un  lego  en  la  materia,  constituía  una  decisión  totalmente  ajena  a la legalidad; una decisión de  esta   naturaleza,   demuestra   incuestionablemente   que  el  procesado  obró  dolosamente…”.   

Se   comprueba  entonces  que  el  Fiscal  Seccional   encargado   de   Roldanillo,   de   manera   voluntaria,   libre   y  consciente    quebrantó   la  ley,  con  claros  y  definidos  propósitos  dirigidos  a  dejar  en la impunidad las conductas realizadas por RAMIRO ANDRADE  MESSA,  en  cuyo  favor  dispuso  la  preclusión  de la investigación sumaria,  acción  que  quedó  subsumida  en  el  tipo  penal por el cual se le profirió  resolución  de  acusación,  prevaricato  por acción, previsto en el artículo  149 del estatuto represivo.   

Reitérese,   en   esta   sucesión   de  consideraciones,  que la sentencia recurrida está fundamentada, en cuanto es de  condena,  sobre  bases  probatorias  sólidas, por lo cual será confirmada, sin  que   la  cuantificación  punitiva  pueda  aumentarse  para  hacerla  concordar  realmente  con  la  gravedad  y  modalidades  del  hecho  punible,  como pregona  acertadamente  el  Tribunal  para  luego  quedarse inexplicablemente corto en la  punición,   en razón de estar limitada la facultad de la Corte por ser el  procesado y su defensor los únicos recurrentes (art. 31 C.N.).   

Lo  que,  en  este mismo orden de ideas, no  admite  cuestionamiento  alguno  es  la negación del subrogado de la condena de  ejecución  condicional, cuya concesión reclama el señor abogado defensor como  petición  subsidiaria,  como  quiera  que son muy válidas las motivaciones del  Tribunal  sobre  las  causas  que  se  oponen  a su otorgamiento, basadas en “la  naturaleza  y  modalidades  del  hecho  punible…  Es  que,  decisiones  de tal  naturaleza,  hacen perder la confianza del ciudadano común en la justicia, a la  que  ven  endeble,  tortuosa,  errática y poco menos que alejada de la realidad  que  nos  rodea  en  estos  momentos críticos… que atraviesa el país…” (f.  381).   

Aun cuando concurra  en favor de Varela  Rincón  el  aspecto  objetivo  de  la pena no mayor de tres años de prisión (  art.  68-1 C.P.), no se dan los atributos subjetivados reclamados por el numeral  2°  de  la  misma  norma  para  merecer  el  beneficio,  sobre  cuyo ámbito de  aplicación, la Sala ha sostenido y reiterado lo siguiente:   

         “Finalmente,  dentro  de este marco de lucubraciones generales, no  conviene  admitir  que  como el sistema penitenciario puede presentar objeciones  múltiples,  la  consecuencia  obligada es la de regalar la condena condicional,  pues  a  este  paso  también  debería  llegarse  al  extremo de no imponer las  sanciones  previstas por la ley, para evitar, de una vez, todos los males que se  le  cargan  a  esta clase de penas cumplidas de manera deficiente. Y éste no es  un  plausible  modo  de  pensar,  así  se  pueda participar de algunas de estas  críticas,  pues  lo  menos  que  podría  decirse  en  respuesta  de tan nocivo  criterio  sería el que la imperatividad de cumplir con todos los dictados de un  determinado  dispositivo  legal  se  logra  no  evadiendo  su  aplicación  sino  precisamente  imponiendo  su  vigencia.  La  manera  como  las  regulaciones  de  nuestros  ordenamientos  penales llegarán a tener una entidad real del tenor de  lo   imaginado  teóricamente  por  el  legislador,  será  convenciendo  a  los  procesados  y  a  las  autoridades  que tienen que ver en la satisfacción de la  pena,  de  que la rama jurisdiccional será rigurosa en la atención que se debe  a  la  ley,  prefiriendo  no  su  total  omisión  sino  su  cumplimiento  en el  grado   más  ostensible.  Esta  es,  indudablemente,  una  de  las  reglas  automáticas  del  equilibrio social, que bien puede reiterarse anotando que hay  lugar  a  la benignidad cuando el delito tiene una magnitud que el cuerpo social  logra  resistir  sin comprometer su existencia, pero que empieza a desaparecer y  a  volverse  extraña  cuando  se  va  formando  la idea válida de que sólo la  severa   aplicación  de  la  ley,  en  su  integridad,  logra  desestimular  al  delincuente.  “(Sentencia  de  casación,  mayo  10/88.  M.P. Dr. Gustavo Gómez  Velásquez).   

Tampoco  tiene  reparo  esta Corte sobre el  resto  de  la decisión del Tribunal, como su abstención de condenar al pago de  perjuicios  morales  y  materiales  y la revocatoria de la excarcelación de que  ha   venido  gozando JOSE ARLEY VARELA RINCON, con sus consecuencias, entre  éllas  que  el Tribunal expida las órdenes de captura inmediatamente reciba el  expediente.   

Por todo lo anteriormente expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala de  Casación Penal, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

                                                 R E S U E L V E:   

CONFIRMAR en su  integridad  la  sentencia de origen, fecha y contenido puntualizados en la parte  motiva  de  esta  providencia, que había sido objeto de apelación, mediante la  cual  fue  condenado  JOSE  ARLEY VARELA RINCON por el delito de prevaricato por  acción así mismo especificado.   

COPIESE,   NOTIFIQUESE  Y  DEVUELVASE  AL  TRIBUNAL DE ORIGEN. CUMPLASE.   

        FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL   

RICARDO    CALVETE   RANGEL                                  JORGE    CORDOBA  POVEDA         

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE    JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                    DIDIMO             PAEZ  VELANDIA           

NILSON           PINILLA  PINILLA            JUAN     MANUEL     TORRES  FRESNEDA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

     

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