9746 (11-03-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    APELACION/ CASACION  

Pensar  que  de  todas  maneras  el perjuicio  irrogado  en  el  fallo  de primer grado se proyecta en el de segunda instancia,  como  para  justificar  de  esa  manera  la recurrencia a la casación sin haber  acudido  primero  en  apelación, sería ignorar, en primer lugar, el ámbito de  competencia  del  decisor en este grado de revisión y, sobre todo, comportaría  el  desconocimiento  de  que  el  proceso  es  un  enfoque gradual, secuencial y  altamente  integrado  del  desarrollo  de las cuestiones allí debatidas; sería  soslayar   que  el  proceso  es  un  desenvolvimiento  ordenado,  sujeto  a  una  estructura  normativa  preexistente,  cuya  disciplina  consiste precisamente en  dotar  a  cada  acto  de  sentido  en  función  de la totalidad, que avanza del  principio  hacia  su  finalización,  y  que  por  ello no puede arbitrariamente  regresarse  a  estadios  ya  superados  por  la acción o por la omisión de las  partes, salvo la nulidad.   

Queda  por decir que la legislación procesal  penal  vernácula,  por contrario modo a como hace restricciones en el decisorio  de  la  apelación,  introdujo  dos  casos  de  efecto  extensivo  en el recurso  extraordinario  de  casación, que es lo ocurrido cuando el medio impugnativo se  extiende  a  los  delitos  conexos,  aunque  la  pena  señalada para éstos sea  inferior  a los seis (6) años de prisión (efecto extensivo de la impugnación,  art.  218,  inciso  2°),  o  cuando  prevé  que  la  decisión  del recurso se  extenderá  a  los  no  recurrentes  (efecto  extensivo  de  la  sentencia, art.  243).   Desde  luego  que  estas  aplicaciones  extensivas  sólo funcionan  cuando se ha propuesto en debida forma la casación.   

Nota:  En el mismo sentido autos de agosto 09  de  1995  M.P.  Dr.  Dídimo  Páez  Velandia  y  septiembre 05 de 1996 M.P. Dr.  Fernando Arboleda Ripoll.   

PROCESO                                                              :  9746   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 23  

Santafé  de  Bogotá,  D.  C., once (11) de  marzo de mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS:  

         

         En  relación  con  el  fallo de segunda instancia fechado el 23 de  febrero  de  1994,  obra del Tribunal Superior de Cali, interpusieron recurso de  casación  el procesado ALEXANDER CASTAÑO MONTOYA y el defensor del sentenciado  DONALD  ZAPATA  SARRIA, recurso que concedió la Corporación de grado por medio  de   auto   del   5   de   abril   siguiente   (cuaderno  original  N°  2,  fs.  1084).   

         Como  quiera  que  el  procesado Castaño  Montoya no hizo uso del término legal para presentar  demanda  de casación, el tribunal declaró desierto el recurso en relación con  él  y  ordenó  continuar  el  trámite incoado por el defensor de Zapata   Sarria,  quien  sí  presentó  oportunamente  el  escrito  requerido,  según  se  advierte en el auto del 2 de  junio  de 1994 (cuaderno N° 2, fs. 1097 y 1107 a 1111).  La Procuradora 60  en  lo  Judicial  diligentemente  respondió por escrito el traslado para alegar  que se le defirió por el tribunal de instancia (fs. 1113 a 1116).   

         Conviene  recordar  que  este proceso se refiere a hechos acaecidos  el  día  7 de septiembre de 1992, aproximadamente a las 3:00 horas de la tarde,  cuando  no  menos  de  siete  individuos  asaltaron  las  intalaciones del Banco  Popular,  sucursal  La  Merced,  de  la  ciudad  de  Cali,  y  se apoderaron del  revólver     del     vigilante     Fabio     Ipia  Santacruz  y  de  dos  millones  novecientos  sesenta  y  seis  mil cuatrocientos  cuarenta  pesos  con  sesenta  y seis centavos ($2.966.440.66) pertenecientes al  banco;    también    al    usuario   Fabio   Osorio  Osorio  le  quitaron  un  maletín, que contenía dos  millones  de  pesos  ($  2.000.000.oo),  y  dos  (2)  relojes que portaba en esa  ocasión.   De  igual manera, los asaltantes le arrebataron algunas joyas a  varias empleadas de la institución bancaria.   

         Por  medio  de  decisorio  fechado el 4 de marzo de 1993, se dictó  resolución  acusatoria  en  contra  de  FERNEY  ECHEVERRY CASTRO, DONALD ZAPATA  SARRIA,  RAFAEL  GARCÍA DUQUE, ALEXANDER CASTAÑO MONTOYA, JULIO CÉSAR GUARÍN  y  HÉCTOR  FABIO  ARBELÁEZ  LONDOÑO,  por  un  concurso  de  delitos de hurto  calificado-agravado  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de defensa personal,  decisión  que quedó ejecutoriada el 15 de marzo siguiente, fecha en la cual se  aceptó  el  desistimiento  del  recurso  de  apelación  que  antes  se  había  interpuesto (cuaderno original N° 1, fs. 666 a 708 y 725).   

         También  se  tenía  noticia  de la participación en estos hechos  del  individuo  CARLOS  ARTURO  PUERTA  PARRA,  quien  fue  procesado por cuerda  separada,  habida  cuenta  de  su  vinculación  tardía,  pero  igualmente  fue  afectado  con  resolución  acusatoria  fechada el 16 de junio de 1993 (cuaderno  acumulado, fs. 216 a 238).   

         El  entonces  magistrado  sustanciador de este asunto, por medio de  auto  fechado  el 14 de septiembre de 1994, declaró que la demanda de casación  reunía  las  exigencias  formales  previstas en el artículo 225 del Código de  Procedimiento  Penal,  razón  por la cual la admitió y ordenó correr traslado  al  Procurador  Delegado  en  lo  Penal para que emitiera el respectivo concepto  previo  a  la  decisión  de  la  Sala  (Cuaderno de actuación de la Corte, fs.  3).   El  concepto  requerido le correspondió al señor Procurador Primero  Delegado  en lo Penal y se halla incorporado en el fascículo de la Sala (fs. 12  a 18).   

         Pues  bien, ahora todo parece dispuesto para que la Corte adopte el  fallo  de  mérito,  pero,  después de un reexamen formal del proceso, se halla  que  el recurso de casación ni siquiera debió concederse por el tribunal, dado  que  el  impugnante carecía de interés jurídico para recurrir, acorde con las  reflexiones que siguen.   

         

LA SALA CONSIDERA:  

         1.   El  Juzgado Tercero Penal del Circuito de Cali, según lo  dispuesto  en  la sentencia datada el 29 de noviembre de 1993, le impuso la pena  principal  de sesenta (60) meses de prisión a todos los procesados convocados a  juicio,  a  quienes  previamente  declaró penalmente responsables, a título de  coautores,  de  un  concurso  de  hechos punibles de hurto calificado-agravado y  porte  ilegal  de  arma  de fuego de defensa personal (cuaderno N° 1, fs. 992 a  1022).   

         2.   Enterados  personalmente  del fallo de primera instancia,  los  siete  (7)  procesados  y uno de los defensores interpusieron el recurso de  apelación,  mas  la  sustentación  de  la  alzada solamente la presentaron los  procesados   Alexander  Castaño  Montoya  y  Rafael  García  Duque,  quienes  lo hicieron por medio de su  defensor,     y     Héctor     Fabio    Arbeláez  Londoño,   quien  actuó  personal  y  directamente  (Cuaderno N° 1, fs. 1022, 1023, 1026 y 1028 a 1043).   

         3.   El  fallo  de segunda instancia consignó una aclaración  de  orden  procesal  en el texto de sus motivaciones, en el sentido de que sólo  tres  de  los  procesados  habían intentado la sustentación del recurso, hecho  que  le significaba a la Corporación que sólo a ellos se limitaba la revisión  por  vía  de  apelación, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 34 de  la  Ley  81  de 1993, premisa que le sirvió de sustento para adoptar el numeral  tercero  de  la  parte  resolutiva de la sentencia, en el sentido de “DECLARAR  DESIERTO  EL  RECURSO,  respecto  a  los procesados DONALD ZAPATA SARRIA, FERNEY  ECHEVERRY  CASTRO,  JULIO CÉSAR GUARÍN Y CARLOS ARTURO PUERTA” (Cuaderno N°  1, fs. 1059 y 1072).   

         4.   Respecto  del  alcance  de  la  revisión  o  el  ámbito  funcional  del  juez  de  segunda  instancia,  bien  por  la vía del recurso de  apelación  ora por conducto del grado jurisdiccional de la consulta, ya resulta  tradicional  la  distinción  de  los denominados modo  libre  o  amplio  y modo en  relación  o  limitado.   El primero habilita al  ad  quem  para  un  examen  total  de  la  causa  o  de  la  providencia  en  vilo,  mientras que el segundo  circunscribe  el conocimiento del superior funcional a la cuestión sometida por  las partes o a un aspecto determinado del proceso.   

         Pues   bien,   esta   conceptualización   doctrinaria   tiene  una  definición  legal  en  nuestro  sistema  jurídico,  porque,  de acuerdo con el  artículo  217  del  Código de Procedimiento Penal, modificado por el artículo  34  de  la  Ley  81  de  1993, rigen ambas maneras de conocimiento por parte del  ad  quem, en la medida que  “la  consulta permite al superior decidir sin limitación sobre la providencia  o  la  parte  pertinente  de  ella”;  mientras que “la apelación le permite  revisar  únicamente  los aspectos impugnados”.  Adicionalmente, si de la  apelación  de la sentencia condenatoria se trata, la misma disposición prohibe  la  reformatio in pejus, en  el  sentido  de  que  “no  se  podrá en caso alguno agravar la pena impuesta,  salvo  que el fiscal o el agente del Ministerio Público o la parte civil cuando  tuviere interés para ello, la hubiere recurrido”.   

         

         Así  pues,  excepto  que  por  una  razón  vinculante no se pueda  decidir  sobre  un  procesado  sin  tocar  la  situación de los demás o no sea  posible  examinar  el tema propuesto sin incidir sobre otro que le está íntima  e  inescindiblemente  vinculado,  la providencia de segunda instancia, fruto del  recurso  de  apelación,  tiene  un ámbito funcional restringido, de tal manera  que  el  ad  quem no puede  tocar  asuntos  que  no fueron puestos a su consideración por los recurrentes o  por  los  demás  sujetos procesales.  Es esta una manifestación clamorosa  del matíz del proceso de partes en el recurso de apelación.   

         5.   Dentro  de  esta  misma  línea  regulativa  se  halla la  exigencia  de  sustentación  del  recurso  de  apelación, pues sólo si se conocen claramente los motivos de  agravio  del  apelante,  se podrá saber cuál es, en principio, el objeto de la  decisión del recurso.   

         6.    De  modo  que  si  bien  la  doctrina  pregona  que  las  sentencias  de  primera y de segunda instancia pueden conformar una unidad en su  motivación,  siempre  se  ha  clarificado en el sentido de que tal integración  ocurre    obviamente    cuando    la    de    segunda    es   una   sentencia    de   confirmación   y   no   de   reforma.    Con   todo,   en  la  nueva  regulación  procesal  penal  colombiana  cabe otra matización, porque, en virtud de la limitación funcional  impuesta  al  juez  de apelación, es más requirente ahora el  presupuesto  de  la  individualidad  de los fallos de primero y segundo grado, y, a la altura  de  un  mayor  grado  de  compromiso,  el  revisor  debe  desarrollar  su propio  iter lógico para ocuparse,  en la medida de lo posible, sólo de los asuntos impugnados.   

         

         7.   Así  entonces,  en virtud de esta necesaria distinción,  cabe  recordar  que  el recurso extraordinario de casación está dispuesto para  las  sentencias  proferidas  por  los  tribunales,  en  segunda  instancia, siempre que se proceda por delito  que  tenga  señalada pena privativa de la libertad cuyo máximo sea o exceda de  seis  (6)  años  (art. 218 C. P. P.).  Como quiera que el fallo de segundo  grado  tiene  ahora  su  propio  ámbito  de  validez material y personal, en el  sentido  de  la  materia  restringida  de  la  cual  se  pueden  ocupar (con las  salvedades  enunciadas),  carecería  de  interés  jurídico para recurrirlo en  casación  aquél  sujeto procesal cuya situación definida en primera instancia  no   haya  sido  ni  siquiera  examinada  por  el  Ad  quem,  precisamente por no ser apelante, o si en todo  caso  no  ha  sido  desmejorada  esa  condición  jurídica como consecuencia de  aplicación del principio de razón vinculante.   

         8.        Así      ocurrió      en      el      subjudice,  pues  el  fallo  de  segunda  instancia,   tanto  en  sus  premisas  como  en  la  resolución,  advierte  que  legalmente  no  se  podía  referir  a  la  situación  de los procesados que no  sustentaron   el   recurso   de   apelación,  entre  ellos,  el  recurrente  en  casación.   Además,  a  pesar  de  la  falta de incoación del recurso de  apelación   en   debida   forma,   la  sentencia  ex  officio,   si   excepcionalmente   así  se  hubiera  permitido,  tampoco  afectó  negativamente  la  posición  definida  en primera  instancia   para  los  no  apelantes.   Ello  significa  que  el  procesado  Donald   Zapata   Sarria  carecía  de interés jurídico para recurrir en casación, pues, desde el punto  de  vista  legal,  este  ingrediente  sólo  concurre  en  quien  ve  gravada su  situación  (perjuicio) con la sentencia atacada, que, si no se olvida, lo es la  de segunda instancia y no la de primera.   

         

         8.1   Ahora  bien,  valdría  la argumentación de que en todo  caso  el  procesado  seguía  siendo  sujeto  procesal  hasta la definición del  proceso,  y,  si éste no había culminado con el agotamiento de todas sus fases  y  recursos,  entonces si existía legitimación en la  causa  para  recurrir;  pero  la  reflexión  resulta  cierta  en  principio y en abstracto, mas quedaría por examinar el interés  jurídico  que  es  un  factor  concreto  del modo de proceder, y que no está vinculado a la mera condición de  parte  sino que avanza hacia una relación de perjuicio entre el impugnante y la  providencia  atacada  (C.  P.  P.,  arts.  196 y 222).            

         8.2   Pensar  que de todas maneras el perjuicio irrogado en el  fallo  de  primer  grado  se  proyecta  en  el  de  segunda instancia, como para  justificar  de  esa  manera  la  recurrencia  a  la  casación sin haber acudido  primero   en  apelación,  sería  ignorar,  en  primer  lugar,  el  ámbito  de  competencia  del  decisor en este grado de revisión y, sobre todo, comportaría  el  desconocimiento  de  que  el  proceso  es  un  enfoque gradual, secuencial y  altamente  integrado  del  desarrollo  de las cuestiones allí debatidas; sería  soslayar   que  el  proceso  es  un  desenvolvimiento  ordenado,  sujeto  a  una  estructura  normativa  preexistente,  cuya  disciplina  consiste precisamente en  dotar  a  cada  acto  de  sentido  en  función  de la totalidad, que avanza del  principio  hacia  su  finalización,  y  que  por  ello no puede arbitrariamente  regresarse  a  estadios  ya  superados  por  la acción o por la omisión de las  partes, salvo la nulidad.   

         9.   Queda  por  decir  que  la  legislación  procesal  penal  vernácula,  por  contrario modo a como hace restricciones en el decisorio de la  apelación,   introdujo   dos   casos   de   efecto   extensivo  en  el  recurso  extraordinario  de  casación, que es lo ocurrido cuando el medio impugnativo se  extiende  a  los  delitos  conexos,  auque  la  pena  señalada  para éstos sea  inferior  a los seis (6) años de prisión (efecto extensivo de la impugnación,  art.  218,  inciso  2°),  o  cuando  prevé  que  la  decisión  del recurso se  extenderá  a  los  no  recurrentes  (efecto  extensivo  de  la  sentencia, art.  243).   Desde  luego  que  estas  aplicaciones  extensivas  sólo funcionan  cuando se ha propuesto en debida forma la casación.   

         10.   El  tema  que  nos ocupa ya había sido examinado por la  Sala  en el auto fechado el 9 de agosto de 1995, proveído que, con ponencia del  magistrado    Dídimo   Páez   Velandia, precisó lo siguiente:   

“De  lo  anterior se infiere lógicamente  que  el  fallo  de  segunda  instancia no tiene, en principio, poder dispositivo  sobre  la  situación jurídica de los no recurrentes salvo, por ejemplo, que se  imponga  la  anulación  de  toda  la  actuación  o que se les deba aplicar por  extensión,  pues  su  competencia solamente alcanza a quienes, a través de ese  instrumento,   muestran   su  inconformidad  con  lo  decidido  por  la  primera  instancia,  mas  no a los que, con su silencio, demuestran su aprobación con lo  resuelto.   La  interposición  del  recurso  es  señal evidente de que se  pretende  acceder  a  otra  instancia en busca de la justicia que el inferior le  negó;  su no interposición, demuestra que no hay interés en que se revise por  el superior lo decidido, pues se considera justo”.   

“…  Si  esto es así, como en efecto lo  es,  síguese  que,  en el caso del condenado JESÚS ALBERTO GUTIERREZ JULIOS no  hay  legitimación  para interponer el recurso extraordinario de casación, como  lo  entendió  con  acierto el Tribunal Superior de San José de Cúcuta, habida  cuenta  de  que  no  agotó las dos instancias al omitirse la interposición del  recurso  de apelación contra la sentencia de primera instancia, lo cual si bien  facultativamente   podía   hacerse,   dado   que   es   un   derecho   del  que  discrecionalmente  se  puede hacer uso, para acudirse a la casación constituía  ‘conditio   sine   que  non’  que  revisara  el  superior la sentencia del Juez de primera instancia”.   

Y  en  el auto del 5 de septiembre de 1996,  cuya  ponencia correspondió al magistrado Fernando E.  Arboleda  Ripoll,  la  Sala  reiteró  su posición y  motivó en los siguientes términos:   

“De  aceptarse la procedencia del recurso  de  casación  contra  sentencias que, por no haber sido objeto de la alzada por  parte  del  presunto  afectado,  no  fueron  revisadas  en  segunda instancia ni  comportan  pronunciamiento  alguno  sobre  su particular situación -amén de la  limitación  a  la  competencia  del  superior  y  de la prohibición de reforma  peyorativa,  traídas  por  el artículo 217 del Código de Procedimiento Penal,  modificado  por el artículo 34 de la Ley 81 de 1993-, el Estado y concretamente  la  administración  de  justicia,  desconocería  el  principio de seguridad   jurídica,  que  predica  la  inamovilidad  de  las  decisiones  de  mérito,  no  pudiendo  ser  revocadas  o  modificadas  sino a instancias del ataque que en el momento oportuno y a través  de los recursos le formulen las partes.   

“Además,  si  la teleología central del  nuevo  esquema  procesal penal colombiano -mixto con tendencia acusatoria- es la  garantía  de  los  derechos fundamentales de las partes que en él intervienen,  los  sujetos  procesales deben desempeñar un dinámico papel en correspondencia  a  esa  finalidad  rectora propia de un proceso penal “entre partes”, que se  surte  gradual  y  sistemáticamente a medida que se agotan las instancias, pues  al  avanzar  el  proceso,  por  la  logicidad del sistema, éste se cierra en la  cúspide.   

“Ese  dinamismo  de las partes responde a  los   principios  de  lealtad  procesal  y      de     preclusión  de  los  momentos  procesales,  y  se  exterioriza  a través del  ejercicio  oportuno  de  sus derechos, con la unívoca controversia a medida que  se  van  profiriendo  las  decisiones  judiciales, de tal manera que se trabe el  contradictorio    y    se    legitime    el    carácter   dialéctico   de   la  actuación”.   

         11.   Como  es  presupuesto  procesal de todos los recursos no  sólo  la  legitimación  para recurrir, que se tiene por el hecho de ser parte,  sino  también el interés jurídico para impugnar (concreción de un gravamen o  perjuicio),  tiénese  que  en este caso se ha pretermitido el debido proceso al  conceder  la  casación  y  darle  trámite  a  la  misma  sin  ese  antecedente  necesario.   Y  es  que,  en  tratándose  de  un  recurso  extraordinario,  taxativo  y  limitado  en principio a las causales propuestas por el impugnante,  como  es  el  de  casación,  también  esa  legitimación  y  ese  interés del  impugnante  se  constituyen  en  la medida de la competencia de la Corte, de tal  manera   que   abrir   esta   singular   sede,   sin  cumplir  tal  minimum   de   acto  de  parte,  sería  tornarla  enteramente  oficiosa,  es decir, equivaldría a convertir en regla lo  que  es  una  excepción  que  sólo  opera cuando el recurrente ya ha pedido en  debida forma.   

         Si  ello  es  así,  los autos del 5 de abril y 2 de junio de 1994,  por  medio  de  los  cuales el Tribunal Superior de Cali concedió el recurso de  casación,  están  afectados  de  nulidad  por  violación  al  debido proceso,  concretamente  por  transgresión  al  principio lógico antecedente-consecuente  (cuaderno  N°  2,  fs.  1084).   De  igual  manera, se advierte viciado de  nulidad  el  auto  del  14  de  septiembre siguiente, obra de esta Sala, pues se  carecía  de  competencia para dictarlo, dado que no era procedente la casación  por  falta de un presupuestso procesal (cuaderno de la Corte, fs. 3).  Así  se  declarará  en  este  proveído  y  cobrará  ejecutoria el fallo de segunda  instancia.   

         No  obsta a este propósito que sea la providencia de admisión del  recurso,  dictada por esta misma Sala, la que haya de quedar también tocada por  la  nulidad,  pues,  aparte  de que es imperativo rector del procedimiento penal  reconocer  el  error  y  corregirlo  (art. 13 C. P. P.), la jurisprudencia de la  Sala   de   Casación   Civil   enseña   tinosamente  sobre  el  particular  lo  siguiente:   

“El   auto  admisorio  del  recurso  de  casación,  no  obstante  su  ejecutoria,  no  veda  a la Sala la posibilidad de  revisarlo  posteriormente,  ora de oficio o ya a petición de parte, puesto que,  como  lo pregona con acierto la doctrina del derecho procesal, lo interlocutorio  no  ata  a  lo  definitivo.   Por  lo  consiguiente, si la Sala ha admitido  ilegalmente  tal  recurso, puede posteriormente apartarse de su propia decisión  y   abstenerse   de   proferir   sentencia   de  mérito  para  rechazarlo,  por  improcedente.   

“En varias ocasiones ha dicho la Corte, en  efecto,      que      cuando      ‘erradamente  declara  admisible  el  recurso  de casación, el auto  correspondiente  no  la obliga a tomar decisión alguna de fondo al estudiar los  reparos  hechos  a  la sentencia del Tribunal y darse cuenta cabal de la índole  del  pleito.   Ciertamente,  si al entrar en el examen detenido del recurso  propuesto  advierte  que le ha dado cabida sin fundamento legal, mal procedería  atribuyéndole  al auto admisorio capacidad para comprometerla en el nuevo error  de  asumir  una  competencia  de  que  carece.  Porque el auto en cuestión  nunca  tiene  fuerza  de  sentencia,  no  cohibe  a  la  Corte  para declarar en  providencia  posterior improcedente el recurso” (G. J., tomos LXX, 2; XC, 330;  CXXXVIII, 83 y CLI, 38).   

         Las   decisiones sobre libertad provisional por pena cumplida,  por  referirse  a  tan  fundamental derecho, no podrán verse interesadas por la  nulidad,  precisamente  porque  la misma norma rectora del artículo 13 supedita  la  enmienda  de  los actos anómalos al respeto de los derechos y garantías de  los  sujetos  procesales.  Por lo demás, todos los cómputos de redención  de  pena  por  trabajo  y/o  estudio,  los ha hecho la Sala anticipadamente para  efectos  de  la  libertad provisional, pero cualquier decisión definitiva sobre  el   particular   concierne  al  juez  de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad.   

         Si  la  Sala  carece  de competencia para cualquier pronunciamiento  derivado  de  la  interposición  del  recurso de casación, ha de advertirse al  juez  de  ejecución  que  pende  una  decisión  sobre  la anunciada muerte del  procesado  Carlos  Arturo  Puerta  Parra (cuaderno de la Corte, folios 84 a 89).   

         En  mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

         Con  la  aclaración  introducida  en  la motivación, decretar  la  nulidad  de lo actuado a partir de los autos fechados  el  5  de  abril y el 2 de junio de 1994, por medio de  los  cuales  el  Tribunal  Superior  de  Cali  declaró  desierto  el recurso de  casación  interpuesto  por  el  procesado  ALEXANDER CASTAÑO MONTOYA y ordenó  continuar  el  trámite  del  mismo  en relación con el procesado DONALD ZAPATA  SARRIA,    tal    como   había   sido   ordenado   en   el   primero   de   los  proveídos.   

         Declárase  ejecutoriada  la sentencia de segunda instancia dictada  por el mismo tribunal.   

         Cópiese, notifíquese y devuélvase.   

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE    CÓRDOBA    POVEDA                          JORGE ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                            DÍDIMO PÁEZ  VELANDIA   

NILSON    PINILLA    PINILLA                                                 JUAN    MANUEL   TORRES  FRESNEDA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.  

     

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