9573 (17-04-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    DEMANDA DE CASACION/ INDICIO  

Si  el  hecho  indicador  ingresa al torrente  probatorio  inexorablemente a través de otro medio de convicción (el artículo  302  del  C.  de P. P. dice que el hecho indicante debe estar probado), sin duda  la  prueba  indiciaria  puede  atacarse  por  fallas  en  esa primera fase de su  conformación,  pues  ante la evidencia de que el fontanar del dato indicante es  prueba  materialmente  cuestionable,  por  falso  juicio  de  legalidad, o falso  juicio  de  existencia  o  de  identidad,  “ya no interesa advertir la índole y  características  del  desarrollo  de  la  inferencia  lógica  (sana crítica o  persuasión  racional),  porque con bases tan viciadas la consecuente reflexión  no  podrá  representar  nada bueno y, por tanto, ésta tendrá que correr igual  suerte  de  desprestigio  e  improcedencia,  resultando  efectivas  las censuras  montadas  sobre esas realidades, sin necesidad de incursionar en el campo de las  deducciones,  inferencias  o resultados” (Cfr. sentencia de casación de febrero  13  de 1995, M. P. Carlos E. Mejía Escobar).   

La  valoración integral del indicio exige al  juez  la  contemplación  de todas las hipótesis confirmantes e invalidantes de  la  deducción,  porque  sólo cuando la balanza se inclina seriamente hacia las  primeras  y descarta las segundas, puede afirmarse la gravedad de una prueba que  por  naturaleza  es  contingente.  Rechazar la otra posibilidad lógica que  puede  ofrecer  un hecho indicador, sin cerciorarse de que ella en realidad haya  sido  objeto  de  examen y desestimada expresa o tácitamente por el juez, sólo  porque  éste  ya  tiene  sus  propias  conclusiones  sin  atención a un juicio  lógico  integral,  sería  alentar  un  exceso  de  omnipotencia  contrario  al  razonable  acto  de  soberanía  judicial  en  la  evaluación de la prueba, que  consiste  precisamente  en  el  ejercicio  de una discrecionalidad reglada en la  valoración  probatoria.   Un  reparo  de esa índole perfectamente podría  caber  dentro  de  los  caracteres  del  falso  juicio de identidad por omisión  relevante en el examen lógico-crítico de la prueba indiciaria.   

En  materia  de  casación  fundada  en  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, en virtud de errónea apreciación  de  la  prueba  indiciaria,  también  rige  el  principio  lógico de la razón  suficiente,  según el cual la verdad posible del demandante sólo se perfila si  enuncia  correctamente  la  realidad  objetiva  de  sus  juicios;  es  decir, si  identifica  cuál es el tramo lógico del indicio al cual dirige sus críticas y  la   clase   de   error   que   le  imputa,  porque,  se  repite,  resulta  asaz  diferente   la censura en tratándose de vicios objetivos en la estimación  de   la   prueba   directa   soportadora  del  hecho  indicador,  o  de  vacíos  protuberantes  en  materia  de  experiencia,  lógica  o  ciencia  al momento de  abordar  la  “inferencia  lógica”,  o  de  falencias  en  el examen del mérito  individual y después conjunto de los indicios.   

Sólo  en  virtud de este mínimo de claridad  argumentativa   podría  la  Corte  explorar  si  existe  conformidad  entre  el  pensamiento  demandante y el objeto de sus críticas, leal y cabalmente descrito  (verdad),  con el fín de mantener o derrumbar una sentencia de instancia que de  todas    maneras   está   signada   por   la   presunción   de   legalidad   y  acierto.   

PROCESO                                                              :  9573   

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 38  

Santafé  de  Bogotá,  D. C., diecisiete de  abril de mil novecientos noventa y siete.   

VISTOS:  

          Se   decide  en  esta  oportunidad  el  recurso  extraordinario  de  casación  que  interpuso  y  sustentó  el defensor del procesado FIDEL ORJUELA  MELO,  en  contra  del  fallo  de  segunda  instancia  proferido por el Tribunal  Superior  de  Cundinamarca, fechado el 8 de marzo de 1994, por medio del cual se  condenó  al sentenciado a la pena principal de cincuenta y cuatro (54) meses de  prisión  y  multa  por valor de trescientos mil pesos ($ 300.000.oo), a título  de  coautor responsable de un concurso de hecho punibles de “falsedad material  de  empleado  oficial  en  documento público”  y “estafa” (arts. 26,  218 y 356 C. P.).   

HECHOS:  

         Para  el  mes de enero del año de 1989, los señores EDGAR ROSENDO  RAMÍREZ  (ya  fallecido)  y  FIDEL  ORJUELA  MELO  fungían  respectivamente de  director  y  secretario  de la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero del  municipio  de  Vergara,  departamento  de  Cundinamarca,  época  en  la cual se  acercó   a   la  oficina  bancaria  el  individuo  NELSON  BAENA  ROJAS,  quien  presuntamente  había  adquirido  una  finca  en la vereda “El Tigre” de esa  comprensión  territorial,  se le abrió una cuenta corriente que inició con un  depósito  de  cien  mil  pesos  ($  100.000.oo)  en  efectivo,  y,  en la misma  ocasión,  dejó  en consignación dos cheques al cobro por valor de ochocientos  mil  ($  800.000.oo) y seiscientos mil pesos ($ 600.000.oo) cada uno, girados en  favor  del  mismo  cuentacorrentista y contra el banco del Comercio -oficina San  Martín-  de  esta  capital,  títulos-valores  en  relación  con los cuales se  diligenció  la carta-remesa número 3830570 dirigida a la Central de Remesas de  la  Caja  Agraria  en Santafé de Bogotá, con el fín de que allí se realizara  el  respectivo  canje  y  se  autorizaran  los  pagos.   Posteriormente  se  recibió  el telegrama de conformidad número 005-217, supuestamente enviado por  la  Central  para  autorizar  la transacción.  Una vez abonado el valor de  los  instrumentos negociables a la reciente cuenta del señor Baena Rojas, éste  procedió  a cobrar por ventanilla la suma de un millón doscientos mil pesos ($  1.200.000.oo),  por  medio  de cheque librado en su beneficio y contra la cuenta  corriente abierta en la Caja Agraria.   

         Igual  procedimiento  de  canje se cumplió con un cheque por valor  de  dos  millones  seiscientos  mil  pesos  ($ 2.600.000.oo), consignado para el  cobro  el  15  de  enero  siguiente, caso en el cual se expidió la carta-remesa  número  3830581  y  se  recibió  el  telegrama de conformidad número 047-125,  valor   que   así   autorizado   también   se   le   imputó   a   su   cuenta  corriente.   

         Posteriormente,  el  titular  de  la  cuenta  corriente  cobra  por  ventanilla  dos  cheques más, uno por valor de cien mil pesos ($ 100.000.oo), y  otro   por   la   suma   de   setecientos   setenta   y   tres   mil   pesos  ($  773.000.oo).           

         Pues  bien,  a partir de la denuncia instaurada por el señor JAIRO  EMIRO  HERNÁNDEZ  ARIZA, director encargado de la agencia de la Caja Agraria en  la  localidad  de Vergara, por vacaciones concedidas a su titular, se determinó  que  tanto  las  cartas-remesa  como  los telegramas de conformidad habían sido  falsificados,  dado  que  el  señor  Baena  Rojas  no  contaba  con  los fondos  necesarios  en  la  cuenta  del Banco del Comercio.  También se detectaron  tachas  y  enmendaduras  en el libro de entrega de correspondencia, precisamente  en  las  relaciones que tienen que ver con el envío de la segunda carta-remesa.   

         El  día  26  de enero siguiente, también se pretendió cobrar por  canje  que  solicitó  el Banco del Comercio un cheque girado por Baena Rojas en  contra  de  la cuenta corriente de la Caja Agraria, por valor de dos millones de  pesos  ($  2.000.000.oo),  efecto  para  el  cual ya la agencia del municipio de  Vergara  había  dispuesto  un  giro  interno  a  la  Central  de Remesas, pero,  descubierto   el   fraude  antes  señalado,  telefónicamente  se  impidió  el  pago.   

         Como     quiera     que    el    modus  operandi  revelaba  la participación de empleados de  la  entidad  bancaria  en  la fraudulenta apropiación de sus bienes, el juzgado  primero  de  instrucción  criminal,  radicado en Facatativá, que investigó la  conducta  del ciudadano Nelson Baena Rojas,  en  la  decisión  calificatoria  del  sumario ordenó compulsar  copias  para  averiguar  el  presunto comportamiento delictivo del director y el  secretario de la Caja Agraria (fs. 200 a 220).   

         

ACTUACIÓN PROCESAL:  

         El  mismo  Juzgado  Primero  de  Instrucción  Criminal  abordó la  investigación  separada,  vinculó  por  medio  de  indagatoria a los imputados  Edgar    Rosendo    Ramírez    y   Fidel   Orjuela  Melo,   a quienes se les resolvió la situación  jurídica  por  medio  de providencia fechada el 11 de septiembre de 1991, en el  sentido   de  ordenar  la  detención  preventiva  del  segundo,  como  presunto  responsable  de  un concurso de hechos punibles de falsedad material de empleado  oficial  en  documento  público  y  estafa,  y de abstenerse de decretar medida  restrictiva  en  relación  con  el  primero  (fs.  2,  24  a 32, 35 a 42 y 71 a  84).   

         Desde  los  comienzos  de  la  instrucción,  la  Caja  Agraria  se  constituyó  parte  civil  dentro  del  proceso, por medio de apoderado especial  (fs. 20 y 21).    

         De  acuerdo  con  auto  fechado el 3 de febrero de 1992, el juzgado  instructor  declaró  extinguida  la  acción  penal  por  muerte  del procesado  Edgar  Rosendo  Ramírez y,  consecuentemente,  ordenó  la cesación de procedimiento en su favor (fs. 379 a  385).   

         

         Formalmente   clausurada   la   investigación,   el   juzgado   de  instrucción  calificó  el  mérito  del  sumario  y  profirió  resolución de  acusación  en  contra  del  procesado  Fidel Orjuela  Melo,  en  relación con los mismos delitos deducidos  al   momento   de   resolver   la   situación   jurídica  (fs.  393  y  406  a  411).   

         Cumplido  el  rito fundamental de la audiencia pública, el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Facatativá  dictó  la  sentencia de primera  instancia,  que  está fechada el 1° de diciembre de 1993, por medio de la cual  se  condenó  al acusado a la pena principal de cincuenta y cuatro (54) meses de  prisión  y  multa por valor de trescientos mil pesos ($ 300.000.oo), como autor  responsable  de  los  delitos  de  falsedad  material  de  empleado  oficial  en  documento  público y estafa; se le impuso la obligación de resarcir los daños  ocasionados   en   cuantía   de   dos   millones  de  pesos  ($  2.000.000.oo),  incrementados  por  la corrección monetaria a partir del mes de febrero de 1989  (los   materiales),   y  por  valor  de  cuatrocientos  (400)  gramos-oro  o  su  equivalente  en  moneda  nacional  (los  morales);  se  negó  al  condenado  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución condicional y se ordenó reactivar la  orden de captura.   

         El  fallo  de  segunda  instancia  confirmó  el  de primera en los  puntos   que  fueron  objeto  de  inconformidad  por  la  vía  del  recurso  de  apelación  (fs. 24 a 37, cuaderno 2a. instancia).   

LA DEMANDA DE CASACIÓN:  

         El  recurrente  toma  como fundamento de su inconformidad la causal  primera  de  casación,  en  el  sentido  de  que  “la  sentencia  acusada  es  violatoria  por  vía  indirecta de la ley sustancial, en virtud de ostensible y  manifiesto  error  de hecho en el análisis de las pruebas aportadas al proceso,  lo   que   determinó   la   aplicación   indebida   de   normas   de   derecho  sustancial”.   Tales  yerros  los  muestra  en  dos  acápites:   el  primero,  tiene  relación  con  el  grupo de pruebas principales de cargo; y el  segundo,  se  refiere  a  una  prueba  fundamental  no  tenida en cuenta por las  instancias.   

         Como  preámbulo  de  sus  críticas,  el  impugnante aduce que las  sentencias  de grado han afirmado la autoría de Fidel  Orjuela  Melo  en  la falsificación de las remesas y  conformidades,  “sin  soporte  probatorio  alguno”,  porque  ninguna  prueba  directa  o indirecta así lo demuestra, y a continuación transcribe los apartes  más  relevantes  de los fallos sobre el particular, en el entendido de que debe  brindarse  una  visión de conjunto de ambos grados de jurisdicción.  Este  aserto pretende demostrarlo del siguiente modo:   

         Incide   en   el  grupo  de  la  prueba  testimonial  de  cargos  y  expresa:   

         1.   Del testimonio del señor Jairo  Emiro  Hernández  Ariza,  director  encargado  de la  oficina  de  Vergara,  que  aparece  a  folios  100 del expediente, jamás puede  inferirse  responsabilidad  penal  en  contra de Fidel  Orjuela  Melo.  Admite de esta exposición que la  carta-remesa  número  3830570  haya sido preparada por la empleada Luz  Marina  Rodríguez  Cañón,  quien  después   la   pasó   para  firma  y  revisión  del  secretario  Orjuela  Melo,  pero  bien  pudo ocurrir  que,  con posterioridad a la intervención de éste, alguien haya falsificado el  documento.   Como  se sabe por el contenido del mismo testimonio, que en lo  pertinente  invoca  las  manifestaciones  de  la  Rodríguez,  el  documento  en  cuestión  apareció  reelaborado  en  un  tipo  de  máquina  distinta a la que  utilizó  la  mecanógrafa  de  oficio, entonces el recurrente manifiesta que en  este  sentido  no ha habido imputación de la empleada al secretario y, además,  no  se sometió a confrontación técnica el escrito con el mecanografiado de la  máquina que usaba el procesado.   

         2.   Transcribe  en  extensión  el  testimonio de la empleada  Luz    Marina    Rodríguez    Cañón,  inserto  de  folios  56  a 59, y dice que de él se concluye que  Fidel   Orjuela  Melo  le  comentó  a  la testigo que se había encontrado en el bus intermunicipal con el  señor  Nelson Baena Rojas,  quien  le  confió que había adquirido una finca en la vereda El Tigre y que se  proponía  comprar  ganado  para  el  levante  en  esa  heredad;  que  la cuenta  corriente  a  favor  de  Baena  Rojas  la había ordenado el director; que éste  reconoció  haber  cometido errores en el otorgamiento de algunos créditos; que  el  director  también  fue  negligente al omitir las averiguaciones pertinentes  sobre  el desfase en las claves del telegrama de conformidad, a sabiendas de que  la  contadora  le  sugirió  que lo averiguara; y, finalmente, que era imposible  concebir  la  falsificación  de  los  telegramas por parte del secretario, pues  éste  no  tenía  acceso a la papelería ni a los sellos de Telecom.  Todo  esto  puede  extraerse  del  analizado  testimonio,  dice  el  censor,  menos la  responsabilidad     en     contra     de    Orjuela  Melo.   

         Ahora   bien,   que  el  tipo  de  máquina  usado  en  las  cartas  adulteradas  tenía  correspondencia  con el del aparato asignado al secretario,  era  un  concepto  técnico  que no podía emitir la testigo y, ante la ausencia  del  respectivo  dictamen,  pende  la  duda  de que otra persona o empleado haya  podido   realizar   las   “correcciones   o   enmendaduras”   sobre   dichos  documentos.   Tal  conclusión  tampoco  la  podía  aventurar el juzgador,  pues,  no  obstante que anunció la necesaria fundamentación de la sentencia en  las  pruebas  legalmente producidas en el proceso, de esa manera no cumplió con  tal principio.   

         Alega,  también  en  relación  con  este testimonio, que no está  demostrado  en  el  proceso que “Nelson Baena fue presentado al Director de la  Caja  por Fidel Orjuela…”, pues eso solamente lo pretexta el gerente Rosendo  Ramírez,  dado  que  Fidel  no  le aseguró a la testigo Rodríguez Cañón que  Baena  Rojas  “había  comprado una finca en una vereda cercana…”, como si  fuera  un  hecho  que  le  constara  al  secretario,  sino que así se lo había  comentado  el presunto adquirente del inmueble, asunto diametralmente opuesto al  entendido por el juzgador.   

         3.   Con igual procedimiento traslada en profusión al escrito  de  demanda  el  testimonio  de  la  contadora Azucena  Bustos  Ávila, que aparece de folios 51 a 55, de cuyo  contenido  dice  que no puede colegirse responsabilidad penal del señor Orjuela  Melo,  pues aquella dama no fue testigo del hecho principal de la apertura de la  cuenta  corriente  en  favor del señor Baena Rojas, dado que ella se encontraba  de vacaciones.   

         Además,  tampoco se han analizado hechos percibidos por la testigo  y  que favorecen a su prohijado, tales como que el cuentahabiente Baena Rojas se  hallaba   bastante  nervioso  el  día  que  cobraba  un  cheque  por  valor  de  setecientos  mil pesos, y, en virtud de ello, el accionante se pregunta: ¿cuál  la  razón  para evidenciar tal estado si en realidad el secretario Orjuela Melo  le  hubiera  estado ayudando?.  Agrega que la testigo enteró de ese estado  de  ánimo  del usuario tanto al secretario como al director de la Caja Agraria,  y    que    fue    precisamente   éste   el   que   autorizó   el   pago   del  título-valor.   

         Al  igual  que  con  la  testigo anterior, propone la duda sobre el  conocimiento  que  de Baena Rojas hubiera tenido el secretario, pues la pregunta  y la respuesta sobre el particular son equívocas.   

         De  modo  que, visto el análisis precedente, el opugnador concluye  que  “se  tergiversó  la  prueba  recaudada  porque  se  le  dió  un  efecto  probatorio que no se deriva de su contexto”.   

         Culmina   así   sus   reparos   sobre  la  prueba  testimonial  de  cargo.    Y   en   relación  con  la  prueba  documental,  es  decir,  las  cartas-remesa,  los  telegramas  de  conformidad  y el libro de correspondencia,  aduce  que  en  manera alguna se infiere de dichos textos la autoría de Orjuela  Melo,  y  se  pregunta si acaso no es posible que otra persona haya realizado la  adulteración,  después  de  que  los  escritos  hayan  sido  revisados  por el  secretario,   pues   no   se  descarta  que  el  mismo  mensajero  y  archivador  Victor  Vargas  Nivia haya  hecho  las  enmendaduras  en  el  libro  de despacho de correspondencia, como lo  infiere  el recurrente del testimonio que también copia en lo pertinente.   Y  por  una  razón adicional, dice el demandante, porque a dicha documentación  tenían acceso todos los empleados de la Caja Agraria.   

         En  un  segundo  momento  del  ataque  a la sentencia, el libelista  arguye  que  no  se  tuvo  en cuenta el dictamen pericial producido por Medicina  Legal,  en  relación con la muestra grafológica tomada a su defendido (fs. 189  a  191), omisión que le confirma el aserto de su predecesor en la defensa en el  sentido  de  que  en  este  caso  se  ha invertido el principio consagrado en el  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pues todas las dudas se  absolvieron en contra del acusado.    

         Se    desconocieron    además   -dice   el   recurrente-   algunas  circunstancias  que  eran  propicias  a  la responsabilidad del director en este  asunto,  tales  como  el  hecho de ser natural del municipio de Vergara, haberse  desempeñado  como  profesor  de  bachillerato  durante  20  años  en  la misma  población  y  contar  con la colaboración de personal diestro, responsabilidad  que  no  puede  eludirse con la mera aseveración de que en su favor se declaró  extinguida  la  acción  penal,  porque la causa de tal extinción fue la muerte  del  coprocesado  y no un pronunciamiento de fondo sobre su inocencia.  Mas  los  falladores de instancia, por el contrario, capitalizaron la inexperiencia y  la   negligencia   del  director  como  fundamento  de  la  responsabilidad  del  secretario.   

         Una   decisión  de  responsabilidad  en  contra  de  su  protegido  procesal,  que  esquiva  los juicios sobre las obligaciones del finado director,  sólo  porque  en  su favor ya se extinguió la acción penal, “… es como si  debiera  entenderse  que  a  FIDEL  ORJUELA  MELO  se  le  condena  porque  debe  condenarse  a  alguien,  no importa que sea inocente, porque a BAENA (sic) ya no  se encuentra, y no hay más a quién juzgar…” (fs. 70).   

         En   el   capítulo  de  las  normas  violadas  y  el  concepto  de  violación,  el  demandante dice que se desconoció el artículo 294 del Código  de  Procedimiento  Penal,  en  cuanto impone al juzgador el deber de apreciar la  prueba   testimonial   de   acuerdo   con   las  reglas  de  la  sana  crítica,  especialmente,  en  atención  a  factores  tales  como la naturaleza del objeto  percibido,  las circunstancias espacio-temporales y modales en que se percibió,  aspectos  éstos  que  no fueron obedecidos por el juzgador porque, por ejemplo,  la  testigo AZUCENA BUSTOS ÁVILA evidenció vaguedad en asunto tan crucial como  el  posible  conocimiento  anterior  entre  el  secretario  Orjuela  Melo  y  el  individuo  Baena  Rojas,  y  éllo  no  concitó la atención de los falladores;  además  por  el sentido que se le dio al texto del testimonio de la señora LUZ  MARINA   RODRÍGUEZ   CAÑÓN.   También  se  vulneró  el  artículo  254  idem,  dado  que  no se le  asignó  “razonadamente”  el  mérito  probatorio  atribuible  a cada uno de  dichos  testimonios.   De  igual  manera  se  quebrantó  el  artículo 273  ibidem, supuesto que no se  “apreció”   el   referido   dictamen  grafotécnico.   Finalmente,  se  violaron  los artículos 247 y 445 ejusdem,  ya  que  a  partir  de premisas falsas se derivaron conclusiones  erróneas,  para  afirmar una insostenible certeza de responsabilidad, “cuando  el  proceso  está inundado de dudas que deben resolverse a favor del acusado”  (fs. 71).   

         Las  mencionadas  violaciones,  concluye  el demandante, condujeron  además  a  la  aplicación indebida de los artículos 218, 356, 23, 26, 27, 28,  372, 106 y 107 del Código Penal.   

         

         Pide  el  libelista, en consecuencia, que se case la sentencia y se  profiera la correspondiente absolución en favor de su defendido.   

EL CRITERIO DE LA PROCURADURÍA:  

         El  Procurador  Primero Delegado en lo Penal le solicita a la Corte  “NO  CASAR  la  sentencia  impugnada”, y motiva su petición en el siguiente  sentido:   

         Si  lo  que pretende el casacionista es atacar la prueba indiciaria  que  sirvió  de  sustento a la sentencia condenatoria, por la vía del error de  hecho,  sus  alegaciones no desvirtúan la existencia y contenido de cada uno de  los  hechos  indicadores  que  llevaron  al  fallador  a inferir lógicamente la  responsabilidad  del acusado.  En efecto, de acuerdo con la providencia del  4  de  septiembre de 1991, producida por esta Sala, y que el Ministerio Público  cita,  la  prueba  indiciaria  si  es impugnable por la vía del error de hecho,  siempre  y  cuando  se  ataque la “inferencia lógica” en que consiste dicha  clase  de prueba, no el medio de prueba que le sirve de fuente al indicio.   Es  claro  que  si  el  juzgador  equivoca  ostensiblemente  las  reglas  de  la  experiencia,  en las cuales debe basarse todo indicio, indudablemente incurre en  falso juicio de identidad como modalidad del yerro de hecho.   

         En  el primer capítulo, que se caracteriza por la indefinición de  la  clase  de error, lo que el impugnante hace es criticar el valor otorgado por  el  juzgador  a  la denuncia formulada por Jairo Emiro  Hernández  Ariza y a los testimonios de las empleadas  Azucena   Bustos   Ávila   y   Marina   Rodríguez  Cañón, con fundamento en los cuales se construyeron  los  indicios  incriminatorios  en  contra  del  procesado, actitud que no es de  recibo  en  casación,  dado que la valoración de las pruebas por la vía de la  sana  crítica  es  función  que soberanamente corresponde al juez.  Si el  defensor  discrepa  de  los  juicios  críticos  del  juez,  no por ello cabe el  señalamiento   de  un  error  demandable,  supuesto  que  se  impone  la  doble  presunción de acierto y legalidad de las sentencias.   

         Decir   que   de  determinado  testimonio  jamás  puede  colegirse  responsabilidad  penal  en  contra de su defendido, porque pudo ocurrir que otra  persona  falsificó  los papeles después de haber sido firmados y revisados por  él,  sería  apostarle  a  la  invalidación  de la sentencia con fundamento en  hipótesis  que teje el recurrente (“lo que pudo ocurrir”), pues bastaríale  a  tal  fín al censor plantear “otra posibilidad lógica”, sin demostrar el  error  de  la  inferencia del juzgador.  Es por ello que para el Ministerio  Público,  si  bien  las  censuras  se aproximan a las conclusiones lógicas del  sentenciador,  no dejan de ser crítica probatoria genérica, porque se trata de  alternativas  que  no  tuvieron  cabida  dentro  del conocimiento del juez en su  función autónoma de valorador de la prueba.   

         Constituyen  también  inaceptables  juicios críticos alternativos  de  la  prueba,  agrega  el Delegado, las referencias del impugnante al hecho de  “que  la  declarante estaba de vacaciones para demeritar el contenido, o la de  que  el  Director autoriza la apertura de cuentas cuando el Secretario también,  además  éste  era  el experto ante el novato Director, también lo es el decir  que  los  nervios  de  BAENA  no  son  indicio  del  delito  si se supone que el  secretario  (ORJUELA)  lo  ayudaba.  En esto último además de curioso, es  indudable  que  el  razonamiento  del  recurrente  es  muy  forzado:  en la  mayoría  de delincuentes existe una carga emocional que no puede disimularse”  (fs. 15 y 16, cuaderno de casación).   

         En  lo  que  atañe  al presunto error de hecho por falso juicio de  existencia,  en  viritud  de  la  supuesta  falta de consideración del dictamen  grafológico,  el  Ministerio Público señala que este cargo se sustenta en una  afirmación  inverídica,  pues  así  lo  enseña el aparte de la sentencia que  trae  a colación, según el cual “la prueba de grafología no lo señala como  el  autor  de  las  falsificaciones”.   Esa  aseveración  del recurrente  sería,  por  lo  menos,  un  “absurdo en lo técnico si se pretende que se le  otorgue poder exculpante contra las demás (pruebas)”.   

        Y  en  cuanto  al  principio del in dubio  pro  reo,  el  Procurador  Delegado dice que se está  frente a un reproche apenas enunciado sin fundamentación alguna.   

        Destácase,  finalmente, la intervención del apoderado de la parte  civil  y  del  señor  Procurador 22 en lo Judicial Penal, quienes motivadamente  solicitan a la Corte que no case la sentencia atacada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

        1.   El Procurador Delegado, con fundamento en la sentencia de  casación  aprobada el 4 de septiembre de 1991, cuya ponencia estuvo a cargo del  magistrado    Guillermo    Duque   Ruiz,  parece  sugerir  que el ataque a la prueba indiciaria en sede de  casación  sólo  es  procedente si se centra en la “inferencia lógica” que  refleja  la  consistencia  de  esa clase de medio probatorio, no en la prueba en  sí  que constituye la fuente del indicio.  Sin embargo, si se entiende que  el  objeto de reflexión en la citada parte del aludido fallo era la distorsión  en  la  “inferencia lógica”, como presupuesto del error por falso juicio de  identidad,  lo  que la Corte ha reiterado es que, atendida la estructura lógica  de  la prueba indiciaria, la censura puede orientarse ordenadamente a cualquiera  de  los  momentos  de  su construcción, esto es, a la materialidad de la prueba  del  hecho  indicador  (primer  paso  lógico),  o  a  la  operación  mental de  inferencia  del  dato  indicado  (segundo  paso) o a la valoración individual o  articulada  de su poder suasorio, solo que ha menester hacer la diferenciación,  “puesto  que  los  errores, en cada una de estas hipótesis, son de naturaleza  distinta”   (Cfr.   sentencia  de  casación  de  julio  31  de  1996,  M.  P.  Fernando     E.     Arboleda    Ripoll).   

        Y  es  que  si  el  hecho  indicador ingresa al torrente probatorio  inexorablemente  a través de otro medio de convicción (el artículo 302 del C.  de  P.  P.  dice  que el hecho indicante debe estar probado), sin duda la prueba  indiciaria  puede  atacarse  por fallas en esa primera fase de su conformación,  pues  ante  la  evidencia  de  que  el  fontanar  del  dato  indicante es prueba  materialmente  cuestionable,  por  falso  juicio de legalidad, o falso juicio de  existencia   o   de   identidad,   “ya  no  interesa  advertir  la  índole  y  características  del  desarrollo  de  la  inferencia  lógica  (sana crítica o  persuasión  racional),  porque con bases tan viciadas la consecuente reflexión  no  podrá  representar  nada bueno y, por tanto, ésta tendrá que correr igual  suerte  de  desprestigio  e  improcedencia,  resultando  efectivas  las censuras  montadas  sobre esas realidades, sin necesidad de incursionar en el campo de las  deducciones,  inferencias  o  resultados”  (Cfr.  sentencia  de  casación  de  febrero   13   de   1995,  M.  P.  Carlos  E.  Mejía  Escobar).   

        2.   Resulta  viable entonces que el recurrente acuse el fallo  -como  en  realidad  lo  hizo- con fundamento en una supuesta tergiversación de  los  testimonios  que  sirven  de  sustento  a  los  hechos  indicadores, porque  presuntamente  el  fallador  les  hizo  “producir  efectos  probatorios que no  derivan  de  su  contexto”, pues tal imputación se refiere al falso juicio de  identidad.  Pero examinemos sus planteamientos:   

         

        2.1    Reseña   algunos  datos  de  la  denuncia  del  señor  Jairo     Emiro    Hernández    Ariza,  director  encargado de la agencia del municipio de Vergara, para  concluir  que  de  dicho  testimonio  “jamás  puede inferirse responsabilidad  penal  en  contra  de FIDEL ORJUELA MELO, porque pudo ocurrir que, él revisó y  firmó,  pero posteriormente alguien cometió la falsificación, pues no dice el  testigo,  que  LUZ  MARINA  RODRÍGUEZ  le hubiera formulado cargos, ni ésta lo  hace  directamente  cuando  rinde  testimonio”.  De modo que, en lugar de  ocuparse  de  demostrar  que  el  fallador  distorsionó  la  declaración en su  presentación  fáctica  o sentido gramatical, es decir, que haya puesto en boca  del  denunciante  afirmaciones  que  no  se hicieron por éste ni aparecen en la  respectiva  acta, que es la consistencia del anunciado error por falso juicio de  identidad  en  la  prueba  de fundamento, el censor se desvía hacia la presunta  precariedad  de  la  inferencia  lógica  hecha por el juzgador (falso juicio de  valoración),  con lo cual confunde el objeto de su ataque y la censura se torna  imprecisa y contradictoria.   

        Cuando  el  demandante  postula  que, después de la revisión y la  firma  de  las  cartas  por  el  secretario,  bien  pudo otra persona o empleado  introducir  la  falsificación,  no se trata en sí de un absurdo ataque montado  sobre  hipótesis  (“lo  que  pudo  ocurrir”)  que  no tuvieron cabida en el  conocimiento   del   juez   en  su  función  valorativa,  como  lo  sugiere  la  Procuraduría,  porque,  si  lo que se plantea por el censor es otra posibilidad  lógica  que  no había sido contemplada por el fallador, entonces se perfila es  una  tarea  de  control  de  la  seriedad y gravedad del indicio, con el fín de  descartar  los  motivos infirmantes y la hipótesis del azar, lo cual no resulta  desatinado  sino  procedente.   En  realidad,  la  valoración integral del  indicio  exige  al juez la contemplación de todas las hipótesis confirmantes e  invalidantes  de  la  deducción,  porque  sólo  cuando  la  balanza se inclina  seriamente  hacia  las  primeras  y  descarta  las  segundas, puede afirmarse la  gravedad  de  una  prueba  que  por naturaleza es contingente.  Rechazar la  otra  posibilidad  lógica que puede ofrecer un hecho indicador, sin cerciorarse  de  que  ella  en  realidad  haya  sido objeto de examen y desestimada expresa o  tácitamente  por  el juez, sólo porque éste ya tiene sus propias conclusiones  sin  atención  a  un  juicio  lógico  integral,  sería  alentar  un exceso de  omnipotencia   contrario   al  razonable  acto  de  soberanía  judicial  en  la  evaluación  de  la  prueba,  que  consiste  precisamente en el ejercicio de una  discrecionalidad  reglada  en  la valoración probatoria.  Un reparo de esa  índole  perfectamente  podría  caber dentro de los caracteres del falso juicio  de  identidad  por omisión relevante en el examen lógico-crítico de la prueba  indiciaria.   

        Con  todo, en el caso de la denuncia cuestionada por el demandante,  no  es  tal  el  camino elegido por él (el de la diversidad o equivocidad en la  inferencia  lógica)  sino  que  perfunctoriamente  hizo  una  reflexión de tal  naturaleza  en el lugar de la censura a la prueba testimonial fundante del hecho  indicador.   

        2.2   En  relación  con el testimonio de la dama Luz  Marina  Rodríguez Cañón, también  se  echa  de  menos  la  fundamentación  del error de hecho por falso juicio de  identidad,  porque  aquí  el  censor  reincide  en  la confusión, dice que las  conclusiones  que  se  pueden  extraer  de él pueden ser varias, y las reseña,  menos  que  Orjuela  Melo  sea  responsable penalmente.  El falso juicio de  identidad  en  la  prueba directa es objetivo, basta una comparación externa de  contenidos,  sin necesidad de acudir al esfuerzo dialéctico de las conclusiones  o  de la determinación de su sentido o alcance.  He ahí la contradicción  insalvable  de  la  impugnación, pues la Corte no puede precisar si en realidad  el  juzgador infló o recortó artificiosamente las expresiones testimoniales, o  si  el  factor  de  incomodidad  del  impugnante  es  por el mérito otorgado al  testimonio o por los datos colegidos de sus reales manifestaciones.   

        Porque  una  cosa  es  alegar  que la testigo Rodríguez Cañón no  dijo  que el tipo de máquina inserto en las cartas adulteradas correspondía al  instrumento  que  usaba  el  secretario Orjuela Melo, caso en el cual la censura  denotaría  un  verdadero  yerro  de  hecho por falso juicio de existencia, pero  otra  bien  diferente  es decir que ella no podía hacer tal afirmación, porque  no  es  experta  en  la  materia  y además que ese es un campo propicio para un  experticio  técnico  que  se  echa  de  menos, aseveraciones estas últimas que  convienen  con  los  conocidos errores sobre el grado de convicción y no con la  materialidad  de  las  pruebas.   Como  en  realidad  la  testigo  hizo  la  aseveración  de  la  armonía  entre  el  mecanografiado  de  las cartas-remesa  mistificadas  y  el  tipo  de  letra  plasmado  por la máquina que utilizaba el  secretario,  mal  podría  argüirse  un  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad,  basado  en  una  defectuosa estimación fáctica del testimonio (fs.  171vto.).   

        2.3   Al  abordar  el  testimonio de la contadora Azucena  Bustos  Ávila, el casacionista  tampoco  demuestra  que  el juez haya trastornado su tenor literal fáctico o su  prístino  sentido,  sino  que  se  ocupa  de  señalamientos  tales como que el  estafador  Baena  Rojas  se  notaba  bastante  nervioso  al momento de cobrar un  cheque  por  valor aproximado de setecientos mil pesos, lo cual le indica que no  contaba  con la pregonada ayuda del secretario, pues, de lo contrario, no podía  revelar  tal  estado  de  ánimo.   Es  decir,  ya en el desarrollo de esta  crítica  en  particular,  el  censor  se  aleja de la pretensión de mostrar la  tergiversación  del  sentido  del  testimonio  y  pasa  a  sugerir que en dicha  versión  anida  un  contraindicio  y  que  de  la  misma no se infiere pueba de  responsabilidad  en  contra del procesado.  Esta actitud pone de relieve el  deseo   del   impugnante  de  oponer  como  bondadosa  su  personal  perspectiva  probatoria  frente  a  la  del  juzgador,  sin  cumplir  la  premisa de señalar  claramente  los  yerros  de  ésta, forma de censura que siempre ha repudiado la  Corte  porque refleja una petición de principio y una inversión de la lógica,  pues  en  sede  de casación no se pretende directamente demostrar la verdad del  fallo   de   instancia  cuestionado,  sino,  por  el  contrario,  desvirtuar  la  presunción  de  acierto  del mismo, por medio de una demanda que exhiba razones  claras y precisas de los cargos formulados.   

         

        3.   Más  desatinado  aún resulta el reparo en relación con  la  presunta  prueba grafotécnica, que supuestamente favorecía al procesado, y  que  al  ser desconocida por el fallador se violó el principio del in  dubio  pro reo, pues dizque todas las  dudas  se  absolvieron  en  contra del acusado.   Lo primero es que la  respuesta  del  laboratorio  de  grafología de la Dirección de Medicina Legal,  que  se  duele  de  la  insuficiencia del material indubitado para la respectiva  confrontación  grafotécnica, no constituye prueba de ningún hecho, porque con  tal   precariedad   no  es  posible  emitir  ningún  pronunciamiento  sobre  la  participación  o no participación del acusado en los grafiados dubitados, como  claramente  lo  reconoció  el  experto  (fs.  190).   Es  decir, y esto se  sostiene  en segundo lugar, como en tal escrito no se sugiere ni se afirma ni se  niega  la  intervención  delictiva  del procesado, no podía funcionar el mismo  como  prueba  de  cargo ni de descargo, razón por la cual el tribunal honesta y  nítidamente  expresó  en  su sentencia “… que Orjuela Melo no es condenado  mediante   prueba   directa,   no   hay  testigos  presenciales  de  los  hechos  y  la  prueba  de  grafología  no lo señala como el  autor  de  las  falsificaciones, ello hizo que la Sala  acudiera  al  igual  que  el  a-quo  a  la prueba indirecta, recuérdese que los  indicios  son un medio de prueba sustentado en otros (Art. 248 C. P. P.)” (fs.  36,  cuaderno 2a. instancia.   Se ha subrayado).  Por último, en  relación  con la supuesta prueba de grafología, si ella se hubiera desconocido  a  pesar  de su vigencia en el proceso, el deber del demandante era presentar de  manera  clara  y  precisa el cargo por error de hecho fundado en un falso juicio  de  existencia,  que  sería la crítica procedente en esa clase de desfases, no  la  de  una  transgresión  directa  del  precepto  regulador  del  in  dubio pro reo, como parece entenderlo  el censor.   

         

        4.   De  modo  que  se  comparte  el  señalamiento  de que la  sentencia  condenatoria  dictada  en  contra  de Fidel  Orjuela  Melo está soportada exclusivamente en prueba  indiciaria,  concretamente lo relacionado con la autoría de las falsificaciones  que  propiciaron  la  salida  fraudulenta  de  dineros  de  propiedad de la Caja  Agraria,  pero,  sólo  para estrujar la suspicacia del demandante en torno a la  razonable  eficacia  otorgada  a la misma y, de contera, advertir adicionalmente  la  intrascendencia  y vanalidad de la censura antitécnicamente presentada, con  absoluta   fidelidad  a  las  decisiones  de  instancia,  la  argumentación  de  sustento  puede resumirse de la siguiente manera:   

        4.1   El impostor Nelson Baena Rojas  fue  presentado al director de la Caja Agraria por el  secretario  Orjuela  Melo,  relación  que  no  sólo revela el desaparecido Edgar  Rosendo   Ramírez  en  su  injurada,  sino  que  es  corroborada    por    los    testimonios    de    la    contadora   Azucena   Bustos   Ávila   y   de   la  mecanógrafa      Luz      Marina      Rodríguez  Cañón.   

        4.2   En  el  procedimiento  cumplido para defraudar a la Caja  Agraria  se  refleja la necesidad de conocimientos y poder de disposición en la  tramitación   de   operaciones   de   cuenta   corriente,  de  tal  manera  que  inexorablemente   se   infiere  la  participación  de  algún  empleado  de  la  institución   en   dicha   defraudación.   La  oportunidad  física  para  delinquir   de   tal   manera   se   sitúa   en   el   secretario  Fidel  Orjuela  Melo, quien, entre otras  funciones,  se  ocupaba  de  revisar  la  integridad  de  los documentos para la  apertura  de  cuentas;  supervisar  el  normal  desenvolvimiento  contable de la  entidad;  examinar la correcta elaboración de las cartas de remesa, firmarlas y  procurar   su  rápido  despacho;  exigir  las  conformidades  de  las  remesas;  supervigilar  el libro de correos; y organizar, dirigir y controlar a los demás  empleados  de  la  oficina.   Se  agrega también la experiencia de más de  doce años que tenía el acusado en estos menesteres.   

        Frente  al  rigor de estas obligaciones funcionales, el Tribunal se  pregunta  si  el  procesado fue francamente descuidado en el cumplimiento de las  mismas  o  tomó parte activa en los ilícitos, interrogante que responde con la  segunda  opción, pues nada diferente le enseña el hecho de que se hayan pasado  tantas   anomalías   juntas  en  la  activación  de  la  cuenta  corriente  de  Nelson   Baena   Rojas,  precisamente  por un funcionario de tanta experiencia y que tenía acostumbrados  a  los  demás empleados a no tolerarles ni siquiera tachas o enmendaduras en el  libro  manual  de  correos; también contribuye a la convicción del Tribunal la  inusual  aceleración  en  la  llegada  de  los  telegramas de conformidad de la  remesa  (3  días en vez de los 10 ó 12 que se acostumbraban), con el control o  clave   del   director  equivocado,  al  igual  que  la  evidencia  de  que  las  cartas-remesas  presuntamente  devueltas  a  satisfacción  por  la Central a la  oficina  de Vergara presentaban firmas, protector, sellos y controles distintos,  y  que  el  libro de correos apareció con tachones y enmendaduras, factores tan  extraños  y fáciles de detectar por un secretario experimentado hasta entonces  diligente,  quien  nada  reparó a tiempo sobre el particular y, en cambio, a la  hora  de  nona,  cuando  ya  había  desaparecido  el  timador con quien actuaba  coordinadamente  y  con  definido  propósito  de disuadir la investigación, se  dirigió  a  la  oficina  de  seguridad  bancaria  de  la  Caja  Agraria en esta  capital.   

        4.3   Era  la  regla en las consignaciones de cheques al cobro  que  las  comisiones  por  tal servicio se pagaran en el acto por el interesado,  mas  en el caso de Baena Rojas, quien adujo en la primera operación de ese jaez  que  no tenía dinero, el secretario irregularmente autorizó que se le debitara  ese  valor  de  una  cuenta  corriente  que  apenas se abría.  Es esta una  manifestación  de  ayuda  anterior  al  delito  que  se  refuerza  por la torpe  justificación  del  acusado,  quien neciamente quiso situar como responsable de  la   autorización   anómala  al  director,  cuando  la  empleada  Luz  Marina  Rodríguez  Cañón declara  bajo juramento que fue él quien consintió tal entuerto funcional.   

        4.4      De     acuerdo    con    el    testimonio    de    la  secretaria-mecanógrafa    Luz   Marina   Rodríguez  Cañón,  a ella le correspondió elaborar las cartas  de  envío  de  los  tres  cheques  para  canje,  por  valor  de $ 800.000.oo, $  600.000.oo  y  $  2.600.000.oo, las cuales le pasó al secretario para su firma,  pero  curiosamente  los  documentos que después aparecieron diligenciadas en la  oficina  (con  los caracteres de firmas, sellos, protector y controles distintos  a  los  que allí se conocían), habían sido reeleborados en su texto original,  aunque   estaban  autorizados  por  la  firma  responsable  del  señor  Orjuela  Melo.   

        4.5   En las dos oportunidades en que se advirtió error en el  control  de  los  mensajes de conformidad presuntamente remitidos por la Central  de  Remesas  de Santafé de Bogotá, el mismo siempre recayó sobre la clave del  director,  no  así  en  la del secretario que invariablemente coincidió, hecho  bastante  elocuente en relación con la identidad del verdadero falsificador, si  se   tiene  en  cuenta  que  el  distintivo  del  control  sólo  lo  conoce  su  titular.   Pero  también  vigoriza esta deducción lógica, que obviamente  compromete  al  señor  Orjuela  Melo,  el  hecho  de  que los dos marconigramas  diligenciados   para   pedir   la   rectificación   de  los  controles  errados  -distinguidos  con  los  números 026 y 029-, que tenían sellos de Telecom pero  nunca  fueron  enviados  por conducto de esa oficina, de todas maneras aparezcan  respaldados por la firma del secretario.   

        4.6   Como  quiera  que  a la contadora encargada Luz  Marina  Rodríguez, pendiente de tal  función  por  vacaciones  de  la  titular, no le cuadraba el balance del mes de  enero  de  1989,  acudió  al  secretario y éste le recomendó que asentara los  datos  de acuerdo con un telegrama de conformidad (espurio), cuando lo corriente  era  que  se  hiciera con base en el original de la carta-remesa devuelto por la  Central.   He  ahí un marcado interés de encubrir las irregularidades que  venían ocurriendo.   

        5.   En  fin, si en gracia de discusión se tolerara un ataque  tan  irregular  y  desenfocado  a una prueba indiciaria seria y responsablemente  construida  por las instancias, por medio de procedimientos deductivos de fácil  entendimiento  y  asentados en prueba directamente vehicular que da cuenta de la  existencia   de   los   hechos  indicantes,  tampoco  podía  olvidarse  que  la  apreciación  de  los  indicios, por imperativo legal, debe hacerse en conjunto,  de  cara a su gravedad, a la concordancia de los indicadores y a la convergencia  de  las  deducciones,  no  por  el  sistemático  método de cuarteamiento de la  prueba  y  de  valoración  aislada de cada hecho indicante que infructuosamente  ensayó el censor en la demanda (art. 303 C. P. P.).   

        En  materia  de  casación fundada en la violación indirecta de la  ley  sustancial,  en  virtud  de  errónea apreciación de la prueba indiciaria,  también  rige  el  principio lógico de la razón suficiente, según el cual la  verdad  posible  del  demandante  sólo  se  perfila si enuncia correctamente la  realidad  objetiva  de  sus  juicios;  es decir, si identifica cuál es el tramo  lógico  del  indicio  al  cual  dirige sus críticas y la clase de error que le  imputa,   porque,   se  repite,  resulta  asaz  diferente   la  censura  en  tratándose  de  vicios  objetivos  en  la  estimación  de  la  prueba  directa  soportadora  del  hecho  indicador,  o  de  vacíos  protuberantes en materia de  experiencia,   lógica   o  ciencia  al  momento  de  abordar  la  “inferencia  lógica”,  o  de  falencias  en  el  examen  del mérito individual y después  conjunto de los indicios.   

        Sólo  en  virtud de este mínimo de claridad argumentativa podría  la  Corte  explorar  si  existe conformidad entre el pensamiento demandante y el  objeto  de  sus  críticas,  leal y cabalmente descrito (verdad), con el fín de  mantener  o  derrumbar  una  sentencia  de  instancia que de todas maneras está  signada  por  la  presunción  de  legalidad  y acierto.  Esto supuesto, al  compartir  la  mayoría de las reflexiones de la Procuraduría Delegada y de los  demás    intervinientes    en    el   proceso,   no   se   casará   el   fallo  cuestionado.   

        Por  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  Ley,   

RESUELVE:  

No  casar  la  sentencia     de    fecha,    origen    y    naturaleza    indicados    en    la  motivación.   

Cópiese,       cúmplase      y  devuélvase.   

CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE    CÓRDOBA    POVEDA                          JORGE ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                            DÍDIMO PÁEZ  VELANDIA   

NILSON    PINILLA    PINILLA                                                 JUAN    MANUEL   TORRES  FRESNEDA   

No firmo  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

                                                                   Secretaria.   

     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *