9516 (03-04-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    FALSEDAD    EN    DOCUMENTO    PRIVADO/  DOCUMENTO-Copia   

El artículo 274 del Código de Procedimiento  Penal  dispone  que los documentos deben aducirse al proceso en original o copia  auténtica,   no  siendo  posible  tener  como  medios  de  prueba  con  aptitud  probatoria    elementos    que    no    cumplan    uno   cualquiera   de   estos  presupuestos.          

Se  entiende  que la copia de un documento es  auténtica  cuando  existe  certeza de que coincide con el original, convicción  que  legalmente se adquiere en los siguientes casos: cuando es autorizada por el  funcionario  donde  se  encuentra  el  documento genuino o copia autenticada del  mismo;  cuando  una  tal  condición  es  certificada  por  Notario;  cuando  es  compulsada  o  cotejada en inspección Judicial; y, cuando la parte contra quien  se  aduce  en  el  proceso  penal  no rechaza su contenido antes de la audiencia  pública  (arts.1º,  Numeral 117 del Decreto 2282/89 y 274 y 277 del Código de  Procedimiento Penal).   

Se  equivoca el Tribunal al considerar que la  copia  informal  del  documento en cuestión adquiere eficacia probatoria porque  su  contenido es ratificado por otros medios aportados al proceso, pues no es su  veracidad  sino la conformidad con el original, lo que determina su validez como  elemento  de  prueba.  La  autenticidad  de  la copia es una exigencia de forma,  necesaria   para   que   el  documento  pueda  ser  considerado  como  medio  de  convicción,  y,  por  ende, para que el juzgador pueda abordar el estudio de su  contenido, en orden a determinar su mérito.   

La  conducta  falsaria puede adoptar diversas  modalidades,  siendo una de ellas la llamada falsificación por contrafacción o  imitación,   caracterizada  porque  los  signos  falsificados  siguen  los  del  documento  auténtico  en  procura  de  su  absoluta  conformidad,  de  su total  identidad,  pues  se  persigue  que  la  especie espuria pueda incursionar en el  tráfico   jurídico   como   si   fuera  genuina.        

Esto explica la razón por la cual no siempre  resulta  posible  descubrir  prima  facie  una  falsificación,  y  por  qué no  necesariamente  cuando  una  entidad  bancaria  devuelve  un  cheque  por causal  distinta  a  no  corresponder la firma con la registrada, está certificando que  la puesta en el título sea legítima.   

PROCESO                                    : 9516   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Aprobado acta No.32   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa Fe de Bogotá, D. C., tres de abril de  mil novecientos noventa y siete.   

                    Resuelve la  Corte  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  15  de  febrero  de  1994,  mediante  la  cual el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Santa  Rosa  de  Viterbo  condenó  a  la  procesada  SONIA  MARIA  PRECIADO SANDOVAL a la pena  principal  de  un  año  de  prisión  por  el  delito  de falsedad en documento  privado.   

                      Hechos y  actuación procesal.   

                   En el mes de  abril  de  1990,  Sonia  María  Preciado Sandoval, Asistente Social del Juzgado  Promiscuo  de  Familia  de Sogamoso, sustrajo del escritorio de la Juez, doctora  Gloria  Acosta  de  Arévalo, el cheque en blanco No.3262934, perteneciente a su  cuenta  personal del Banco de Colombia de esa ciudad, para luego girarlo, por la  suma  de  $35.000.oo,  al  señor  Luis  Eduardo  Siachoque Hernández, quien lo  endosó a la señora Yolanda Chaparro de Gaitán.   

                   En el mes de  julio,  la  señora  Chaparro de Gaitán se presentó al Juzgado preguntando por  Sonia  María,  pero  como  no  la  halló,  entró  en conversación con María  Gricelda  Alarcón  Guevara,  notificadora  del  Juzgado,  a  quien comunicó el  motivo  de  su  visita,  precisando que el cheque tenía la firma de la Juez. La  empleada,  después  de revisarlo y de informarle que la titular del despacho se  encontraba  en vacaciones, le aconsejó que lo presentara al banco para su pago,  en  donde  fue  devuelto por fondos insuficientes.        

                      De  este  incidente  fue  oportunamente  informada  la  doctora Gloria Acosta de Arévalo,  quien,  extrañada,  revisó su escritorio, advirtiendo que de sus chequeras del  Banco  de  Colombia  Sucursal  Sogamoso  y Banco Ganadero Sucursal Yopal habían  sido sustraídos varios cheques, entre ellos el No.3262934.   

                     

                         Sonia  María,  al  verse  descubierta,  acudió donde la doctora Gilma Yolanda Barriga  Martínez,  defensora  de  familia,  para que la ayudara, y luego donde la Juez,  ante  quienes reconoció haber sustraído, firmado y llenado el referido cheque.  Antes  de efectuar estas visitas, obtuvo de manos de la endosataria el título y  procedió a destruirlo.    

                      Por estos  hechos,  la  doctora  Gloria  Acosta  de  Arévalo  formuló  la correspondiente  denuncia,  acompañando  fotocopia  informal  de  la  declaración  rendida ante  Notario  por  la  señora  Yolanda  Chaparro  de  Gaitán, quien sostiene que el  cheque  lo  recibió  del  señor  Eduardo Siachoque, en abril de 1990, para ser  cobrado  el  25  de  ese  mes,  pero como transcurrieron cerca de tres meses sin  lograr  que  Sonia María cumpliera su compromiso de recogerlo, resolvió, en el  mes  de  julio, presentarlo al banco, donde fue impagado por falta de fondos. No  lo  hizo antes, porque ésta le pidió que no lo consignara, argumentando que el  cheque  pertenecía  a  la Juez. En los días siguientes a su devolución, Sonia  María  se  presentó a su casa a reclamar el título, llevando el dinero. Tiene  entendido  que  éste  no era el único cheque que tenía en su poder, porque en  alguna  ocasión  le  mostró  dos  más, en blanco, firmados por la titular del  Despacho (fls.2).   

                     El Juzgado  24  de  Instrucción  Criminal  de  Sogamoso abrió investigación y vinculó al  proceso  a  Sonia  María  Preciado  Sandoval,  quien  explicó, inicialmente en  versión  preliminar  y  luego  en  indagatoria,  que  utilizó el cheque con el  consentimiento  de  la  doctora  Gloria  Acosta,  quien se lo prestó firmado en  blanco,  limitándose  ella  a  llenarlo  por  la suma de $35.000.oo, pues no se  sabía  cuánto  dinero podía prestarle el señor Luis Eduardo Siachoque. No es  cierto,  por tanto, que haya sustraído el cheque, ni menos falsificado la firma  de  la  titular  de la cuenta, como se dice en la denuncia. Tampoco, que hubiera  reconocido  estos  hechos  ante  la Juez o ante la doctora Gilma Yolanda Barriga  Martínez,  a quien ciertamente visitó, pero con la idea de enterarse de lo que  su  jefe  pensaba  hacer,  puesto  que se encontraba bastante contrariada por la  devolución  del  cheque y había amenazado con denunciarla penalmente. Dice que  destruyó  el  título  porque  le  daba pena devolverlo después de lo ocurrido  (fls.17, 46 y 65).   

                          Para  demostrar  la  veracidad  de su aserto en relación con el préstamo del cheque,  la  indagada  adjunta  al proceso una nota suscrita por la denunciante, en donde  textualmente  se  lee:  “Sonia,  dentro  del escritorio le dejo el cheque que me  pidió,  no  se  le olvide pasar los autos interlocutorios y las sentencias para  el  Tribunal, los estuve revisando y están muy mal. Toca que Gricelda firme por  don  Marco.  Si  pasa  algo  llámeme  a  Bogotá.  FDO.  GLORIA  A. DE AREVALO”  (fls.19).  Otras  dos  notas dándole instrucciones, y una autorización para el  retiro  de un cheque, suscritas por la Juez, obran a folios 70 a 72 del cuaderno  principal.   

                    Interrogada  la  denunciante  sobre  la autenticidad del documento transcrito, manifestó que  la  firma era la suya pero no el contenido, explicando que para la época en que  los  cheques se perdieron, también desaparecieron unas hojas firmadas en blanco  que  había  dejado  en el escritorio para elaborar una nómina, y que por estos  hechos  formuló  la  correspondiente  denuncia. Insiste en que el cheque no fue  prestado  ni  firmado  por  ella,  y agrega que las órdenes a sus empleados las  hace a mano, ya que no acostumbra escribir en máquina (fls.52).   

                      Mediante  comunicación  de  21  de  julio de 1991, el Banco de Colombia Sucursal Sogamoso  informó  al  Juzgado  instructor  que  el cheque No.3262934, perteneciente a la  cuenta  corriente  de  la doctora Gloria Acosta de Arévalo, fue presentado para  su   pago  el  17  de  julio  de  1990,  y  devuelto  por  fondos  insuficientes  (fls.26).   

                   Luis Eduardo  Siachoque  Hernández,  en  declaración  juramentada, asegura haber recibido el  cheque  de  manos  de  Sonia María por la suma de $35.000.oo, sin reparar en el  girador,  pues  creyó  que  era  personal,  y  habérselo  entregado después a  Yolanda   de  Gaitán,  desentendiéndose  por  completo  del  mismo  (fls.16  y  ss).   

                         Gilma  Yolanda  Barriga Martínez, se refiere a la charla sostenida con la procesada en  los  días  en los cuales se conocieron los hechos. Sostiene que Sonia María la  buscó  para  comentarle  que  meses  atrás  había tomado del escritorio de la  doctora  Gloria  su  chequera y girado un cheque con el compromiso de recogerlo,  pero  como  no  pudo  hacerlo,  la acreedora lo pasó al banco, y que la Juez se  había  enterado  de  lo  sucedido.  Reconoció haber falsificado la firma de la  titular  de  la  cuenta  corriente y le pidió que intercediera ante ésta, pues  era  consciente  que había cometido un delito. Ella le sugirió que hablara con  la  doctora  Gloria y le contara lo ocurrido, teniendo en cuenta lo delicado del  asunto (fls.9 y ss).   

                      También  declaró  en  el  proceso  María  Gricelda  Alarcón  Guevara, notificadora del  Juzgado,  quien  relató que durante el tiempo que la Juez estuvo en vacaciones,  la  señora  Yolanda  Chaparro  de  Gaitán visitaba insistentemente el Despacho  preguntando  por  Sonia María. Un día que ésta no se encontraba, interrogó a  la  señora  Yolanda por el motivo de sus visitas, enterándose de que se debía  a  un  cheque  que  le  adeudaba. Al ver el título, se dio cuenta que tenía la  firma  de  la  doctora  Gloria. Dice que después de conocerse lo del cheque, la  Juez  revisó  su  escritorio y constató que hacían falta otros cheques y unas  hojas  firmadas  en blanco que estaban destinadas para elaborar nóminas (fls.62  y  ss).  En  declaración  rendida  en  la Procuraduría Provincial de Sogamoso,  dentro  del proceso disciplinario seguido contra la procesada, la citada testigo  insistió  en  que  el  cheque lo tuvo en sus manos y que “estaba firmado con la  firma de la doctora Gloria Acosta de Arévalo” (fls.33 y ss).   

                   Al resolver  la  situación jurídica de la indagada, el Juzgado de instrucción profirió en  su  contra  medida  de  aseguramiento  de  caución prendaria por los delitos de  hurto   y falsedad en documento privado, decisión que la Fiscalía Primera  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de Santa Rosa de Viterbo confirmó, pero  únicamente  por  el  punible contra la fe pública (fls.73-1 y 7-2). Cerrada la  investigación,  se la calificó con resolución acusatoria por este delito, con  fecha 22 de junio de 1993 (fls. 101 y ss).   

                    Mediante  sentencia  de  15  de  octubre  del  año ultimamente citado, el Juzgado Tercero  Penal  del Circuito de Sogamoso, en armonía con la acusación, condenó a Sonia  María  Preciado  Sandoval  a  la pena principal de un (1) año de prisión y la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  término,  como  autora responsable del delito de falsedad en documento privado,  y le concedió la condena de ejecución condicional (fls.128-1).   

                     Apelado  este  fallo por el defensor de la acusada, el Tribunal Superior de Santa Rosa de  Viterbo,  mediante  el  suyo de 15 de febrero de 1994, lo confirmó en todas sus  partes,  adicionándolo  en  el  sentido  de  condenar  a  Sonia María Preciado  Sandoval  al  pago  de  50  gramos  oro  por  concepto  de  perjuicios morales y  ordenando  expedir copias para investigar el posible delito de falsedad material  sobre hoja en blanco (fls.2 cuaderno No.4).   

                         La  demanda.-   

                        Con  fundamento  en la causal primera de casación, cuerpo segundo, el actor acusa la  sentencia  impugnada  de  violar  indirectamente  los artículos 221 del Código  Penal  y  445  del  estatuto  procesal,  por  aplicación  indebida  y  falta de  aplicación,  respectivamente,  debido a errores cometidos en la apreciación de  los  testimonios  de  Yolanda  Chaparro  de  Gaitán  y María Gricelda Alarcón  Guevara,  y  la  certificación del banco de Colombia de junio 21 de 1991, así:   

                         a)  Declaración  ante  Notario  de  Yolanda Chaparro de  Gaitán.  En  relación con esta prueba se incurrió  en  error de derecho por falso juicio de legalidad, pues fue allegada al proceso  con  desconocimiento  de  las  normas que regulan su incorporación, como quiera  que  se  trata  de  una  fotocopia sin autenticar, no ratificada en el curso del  proceso,  ni  aceptada  por  su  defendida.  Como  normas  violadas, señala los  artículos 246, 255 y 274 del Código de Procedimiento Penal.   

                         b)  Declaración    de    María   Gricelda   Alarcón  Guevara.  Respecto  de  este  medio  de  prueba  se  incurrió  en  error  de  hecho  por  tergiversación  de su contenido fáctico.  Mientras  la  testigo  sostiene  que  la  firma puesta en el cheque era la de la  doctora  Gloria,  en  la  sentencia se dice que “Gricelda tomó el cheque y pudo  observar     una    firma    SEMEJANTE a la usada por su Jefe”.   

                         La  afirmación  de  la  deponente  en  cuanto  que  el cheque estaba firmado por la  denunciante,  confirma  la  explicación de su protegida en el sentido de que la  firma  no fue falsificada, sino que se trató de un préstamo. Y este testimonio  tiene  especial valor, pues como citadora del Juzgado debía conocer muy bien la  firma de su Jefe.   

                         c)  Certificación  del  Banco  de  Colombia.  Esta  prueba  fue  ignorada por los juzgadores, incurriendo, de  este  modo,  en  un  error de hecho por falso juicio de existencia. A través de  este  documento,  se  hace  constar  que  el  cheque  fue  devuelto  por  fondos  insuficientes,  en  modo  alguno  porque  la  firma  no  correspondiera a la del  girador,  que  es  otra  y  prevalente  causal  de  devolución  según lo tiene  establecido  la  doctrina.  Si  esta  prueba  no  hubiera  sido  ignorada,  y el  testimonio  de  María Gricelda Alarcón Guevara tergiversado, los juzgadores de  instancia  habrían  concluido  que  la  firma puesta en el título valor no era  falsa,     o     reconocido     por    lo    menos    un    estado    de    duda  razonable.        

                    Sostiene  que  el  problema  debatido radica en saber si el multicitado cheque fue firmado  por  la  denunciante, o si la acusada falsificó la firma, aspecto sobre el cual  no  existe  prueba  directa, puesto que al haber sido destruido el documento, no  fue posible practicar pericia grafológica.   

Por  eso se acudió a la prueba indiciaria,  con   fundamento   en   la   cual   se   llegó   a  la  conclusión  impugnada,  constituyéndose  en elementos de prueba indicantes del hecho de la falsedad los  atrás  relacionados,  y  los  testimonios  de  las  doctoras  Gloria  Acosta de  Arévalo  y  Gilma  Yolanda  Barriga  Martínez, ante quienes la acusada habría  reconocido  que  sustrajo  el  cheque  y  que  imitó  la firma, pero tan escasa  prueba,  de  carácter  indiciario,  no  podría  servir  de  fundamento  a  una  sentencia  de  condena,  pues  significaría  que  la  confesión extrajudicial,  rendida  sin  ningún  requisito,  tiene  igual  valor  que la judicial, lo cual  sería un exabrupto.   

                    Pide, en  consecuencia,  casar  la  sentencia  impugnada  y, en su lugar, absolver a Sonia  María  Preciado  Sandoval  del  delito de falsedad en documento privado, por el  cual fue condenada (fls.36 y ss-4).   

                    Concepto  del Ministerio Público.-   

                     1)  Al  referirse  a  la  declaración extraproceso de Yolanda Chaparro de Gaitán, cuya  validez  el  casacionista  cuestiona  por  haber sido allegada al proceso sin el  lleno  de  los  requisitos  legales,  el Procurador Primero Delegado en lo Penal  sostiene  que  su  apreciación no se hizo en forma aislada, como lo presenta el  demandante,  sino  en  conjunto  con  otros  medios de incriminación, según se  deduce de las siguientes conclusiones del fallo del Tribunal:   

                       “Con  relación  al  testimonio  rendido extraprocesalmente por la señora de Gaitán,  se  observa  que  es  copia  carente  de  autenticación  y  es  sabido  que los  documentos  de  este  género  deben aportarse al proceso en original o en copia  debidamente  autenticada  ante  Juez  o Notario, para darles el valor probatorio  que   les   corresponde.  Sin  embargo,  aunque  esta  convalidación  legal  se  inobservó  en  el  escrito,  la  declaración aparece corroborada por los otros  medios  de información relacionados en anterior acápite, evento, por el que la  Sala  considera  viable  otorgarle  alguna  validez,  como  elemento tendiente a  demostrar la materialidad del reato”   

                  Agrega que  este  medio  de  prueba  no  fue  además  el  único  en  el  cual se apoyó la  sentencia.  Paralelamente  se  tuvieron  en  cuenta  indicios  graves,  como  el  derivado  de  la  confesión  extraprocesal  ante  las doctoras Gloria Acosta de  Arévalo  y  Yolanda Barriga Martínez, el de oportunidad para delinquir y el de  mala justificación en su actuar.   

                         2)  Respecto  del  error  de  hecho por falso juicio de identidad, proveniente de la  distorsión  del  contenido  del testimonio de María Gricelda Alarcón Guevara,  afirma  que  si  bien  es  cierto  el  Tribunal, al utilizar la expresión “pudo  observar  una  firma semejante a la usada por su jefe”,  dio a entender que  la  firma  se  parecía, cuando en verdad la testigo manifestó que era la de la  Juez,  dicho  yerro  no tiene la entidad suficiente para desquiciar la sentencia  impugnada,  dado  que  existen  otros  elementos  de prueba que dan cuenta de la  falsificación.   

                    Además,  si  uno de los requisitos de idoneidad de lo falso es imitar la verdad, no puede  de   la  expresión   utilizada  deducirse  a  fortiori  que  la  firma  es  auténtica.   

                     3)  En  cuanto  al  error  de  hecho por haberse ignorado la certificación del Banco de  Colombia,  señala  que  este desacierto no existe, porque los juzgadores sí la  tuvieron  en  cuenta;  lo que ocurre es que le dieron un alcance distinto al que  el  recurrente  alega. Hace suyas las consideraciones de la sentencia de primera  instancia,  en  el  sentido  de  que la procesada estampó la firma de tal forma  que,  en  el  tráfico  jurídico,  donde  jugaba su eficacia por voluntad de la  falsaria, pudo evidentemente pasar como un documento genuino.   

                    Concluye  diciendo  que,  bajo las circunstancias anotadas, los cargos propuestos resultan  inadmisibles.   Por   tanto,   solicita   a  la  Corte  no  casar  la  sentencia  impugnada.     

                                                                      

                         SE  CONSIDERA:   

                  Ineficacia  probatoria  del testimonio rendido por           Yolanda  Chaparro  de  Gaitán  en  la  Notaría Primera de Sogamoso.   

                     Como se  dejó  visto,  esta  prueba fue aportada al proceso en fotocopia informal por la  doctora  Gloria  Acosta de Arévalo al formular la correspondiente denuncia, sin  que  en  el curso de la investigación hubiera sido ratificada por la deponente,  o su contenido aceptado por la procesada.   

                         El  artículo  274  del  Código  de  Procedimiento Penal dispone que los documentos  deben  aducirse  al  proceso  en  original o copia auténtica, no siendo posible  tener  como medios de prueba con aptitud probatoria elementos que no cumplan uno  cualquiera   de   estos  presupuestos.          

                         Se  entiende  que  la  copia  de un documento es auténtica cuando existe certeza de  que  coincide  con  el  original,  convicción que legalmente se adquiere en los  siguientes  casos: cuando es autorizada por el funcionario donde se encuentra el  documento  genuino  o  copia autenticada del mismo; cuando una tal condición es  certificada  por  Notario;  cuando  es  compulsada  o  cotejada  en  inspección  Judicial;  y,  cuando  la  parte  contra  quien  se aduce en el proceso penal no  rechaza  su  contenido antes de la audiencia pública (arts.1º, Numeral 117 del  Decreto 2282/89 y 274 y 277 del Código de Procedimiento Penal).   

                  Ninguna de  estas  formas  de  autenticación  concurre  respecto  de  la fotocopia del acta  contentiva   del  testimonio  de  Yolanda  Chaparro  de  Gaitán  ante  Notario,  situación  de  suyo suficiente para concluir que no podía ser tenida en cuenta  como  medio  de prueba con aptitud demostrativa, sin violar los artículos 274 y  246 del estatuto procesal.   

                   Por ello,  no  deja  de tener razón el casacionista cuando sostiene que en la apreciación  de  esta  prueba  se  incurrió  por  el  Juzgador en error de derecho por falso  juicio  de  legalidad,  pues,  no  obstante haber sido aducida al proceso sin el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales, el Tribunal terminó convalidándola  para  hacerle producir efectos probatorios, como se infiere del contenido de los  siguientes apartes de la sentencia:   

                     “Ahora,  con  relación  al  testimonio  rendido  extraprocesalmente  por  la  señora DE  GAITAN,  se  observa  que es copia carente de autenticación y es sabido que los  documentos  de  este  género, deben aportarse al proceso en original o en copia  debidamente  autenticada  ante  Juez  o Notario, para darles el valor probatorio  que   les   corresponde.  Sin  embargo,  aunque  esta  convalidación  legal  se  inobservó  en  el  escrito,  la  declaración aparece corroborada por los otros  medios  de información relacionados en anterior acápite, evento, por el que la  Sala  considera  viable  otorgarle  alguna  validez,  como  elemento tendiente a  demostrar    la    materialidad    del   reato”   (fls.13   del   cuaderno   del  Tribunal).   

                                           Posteriormente,   al   referirse   a   la  responsabilidad  de  la  procesada, precisó:   

                   “También  ratifica  algunas  de  dichas circunstancias, la señora YOLANDA DE GAITAN, pues  afirma  que  EDUARDO  SIACHOQUE  le  entregó  el cheque girado por $35.000.oo y  suscrito  supuestamente por la doctora, para ser cobrado el 23 de abril de 1990;  así  mismo,  dice  que  la  propia  sindicada  le comentó haberlo tomado de un  talonario  perteneciente  a su Jefe e igualmente SONIA le mostró dos cheques en  blanco  en  los  que  aparecía  firma  similar  a  la  de  la  doctora” (fls.15  ibidem).   

                         Se  equivoca  el  Tribunal  al  considerar  que  la  copia informal del documento en  cuestión  adquiere  eficacia  probatoria  porque su contenido es ratificado por  otros  medios  aportados al proceso, pues no es su veracidad sino la conformidad  con  el  original,  lo  que  determina  su  validez  como elemento de prueba. La  autenticidad  de  la  copia  es  una  exigencia  de forma, necesaria para que el  documento  pueda  ser  considerado  como medio de convicción, y, por ende, para  que  el juzgador pueda abordar el estudio de su contenido, en orden a determinar  su mérito.   

                    De allí  que  no  pueda menos que reconocerse el desacierto de la sentencia impugnada, al  haber  acogido  y  otorgado  valor  probatorio a la fotocopia no autenticada del  testimonio  rendido  ante  Notario  por  la señora Yolanda Chaparro de Gaitán.  Pero  no  por haberse demostrado la existencia del yerro, puede afirmarse que el  cargo  está  llamado  a prosperar. Para que tenga esta virtualidad, se requiere  que  el  error  sea  trascendente,  es  decir  que  haya sido determinante de la  conclusiones  del  fallo,  de suerte que, sin su concurso, la decisión no pueda  mantenerse.   

                       Este  requerimiento,  no se cumple en el caso sub judice. La declaración ante Notario  de  Yolanda  Chaparro  de  Gaitán,  no  fue  el  único medio de prueba que los  juzgadores   de  instancia  tuvieron  en  cuenta  para  deducir  el  indicio  de  “confesión   extraprocesal”  o  manifestaciones  posteriores.  Recuérdese  que  también  ante  las  doctoras  Gloria Acosta de Arévalo y Gilma Yolanda Barriga  Martínez,  la  acusada  aceptó  haber  sustraído  el título y falsificado la  firma,  y que sus testimonios fueron legal, regular y oportunamente allegados al  proceso.  Luego,  si  se  prescinde,  como  correspondería,  de la declaración  cuestionada,  las  conclusiones  del  fallo  sobre la existencia de este indicio  serían sustancialmente las mismas.   

                   El error,  entonces,  a  pesar  de existir, no tiene la trascedencia que el casacionista le  atribuye,  pues  no  fue  determinante  de la decisión impugnada. Por tanto, se  desestimará  el reparo, no sin dejar de precisar que la referencia que el actor  hace  a  la  norma procesal que disciplina la incorporación al proceso penal de  la  prueba  trasladada  (art.255),  para afirmar también su violación, resulta  equivocada,  si  se  tiene  en  cuenta  que el testimonio de Yolanda Chaparro de  Gaitán  no  fue  practicado  dentro de actuación judicial o administrativa, ni  provino de ellas.   

                    

                                           Tergiversación  del  contenido  material del testimonio de María  Gricelda Alarcón Guevara.   

                   Cierto es  que  las  afirmaciones que el Tribunal pone en boca de la testigo sobre la firma  puesta  en  el  cheque  y  su  conformidad con la de la doctora Gloria Acosta de  Arévalo,  no  corresponden  estrictamente  a  su  contenido material, y en esto  tiene   razón  el  recurrente,  pero  el  alcance  que  pretende  darle  a  las  expresiones  utilizadas  por  la  declarante, en orden a obtener la infirmación  del fallo, resulta inaceptable.   

                     En  su  declaración  ante  el funcionario instructor, María Gricelda Alarcón Guevara,  al  referirse al cheque que la señora Yolanda Chaparro de Gaitán le mostró en  una  de  sus  visitas al Juzgado, expresó: “Ella me permitió el cheque y yo lo  tuve  en mis manos y era un cheque donde aparecía la  firma     de    la    doctora    Gloria    Acosta”  (fls.62).   

                    

                    Y, en su  versión  dentro  del  proceso  disciplinario seguido contra la procesada por la  Procuraduría  Provincial  de  Sogamoso, precisó: “Yo le dije que me dejara ver  el  cheque,  lo  tuve  en  mis manos era un cheque del Banco de Colombia de esta  ciudad  por la suma de $35.000.oo, estaba firmado con  la  firma  de la doctora Gloria Acosta de Arévalo…  Yo  observé  el  cheque, lo tuve en mis manos y era por valor de $35.000.oo, el  número  del cheque no lo vi, estaba un poco ilegible y no se entendía a quién  estaba  girado,  pero  sí estaba con la firma de la  doctora” (fls.34 y 35).   

                         El  Tribunal,  por  su  parte,  al  referirse  a su dicho, expresó: “Sobre el mismo  aspecto  fue  llamada  a  testificar  María Gricelda Alarcón Guevara, quien en  declaraciones  rendidas  tanto  en la Procuraduría provincial de Sogamoso, como  ante  el despacho instructor, manifestó que ella se enteró sobre el asunto del  cheque,  porque  en  el  mes  de  julio  de 1990, Yolanda Chaparro de Gaitán le  preguntó  si  estaba SONIA PRECIADO e igualmente informó que se habían citado  a  esa  hora  para  arreglar  lo  concerniente  al  pago  de un título valor…  entonces,  GRICELDA  tomó el cheque y pudo observar  una  firma  semejante  a  la usada por su Jefe” (fls.  16-4. Negrillas fuera de texto).    

                         La  disconformidad  entre el dicho de la testigo y las afirmaciones del tribunal, es  evidente,  pues  María  Gricelda  en  ningún  momento  manifestó que la firma  puesta  en el cheque fuera parecida o semejante, sino que pertenecía a la Juez.  De  allí,  que no quede duda sobre la existencia de la imprecisión denunciada,  ni  la  naturaleza  del  yerro,  correctamente planteado como de hecho por falso  juicio de identidad.   

                     Pero de  las  expresiones  empleadas por la testigo no cabe inferir, como equivocadamente  lo  hace  el  censor,  la  inexistencia  del  delito  por  ausencia de actividad  falsaria;  cuando  la  declarante  sostiene que el título tenía la firma de la  doctora  Gloria,  se está refiriendo a la usada por ella en sus actos públicos  y  privados,  en  modo  alguno está diciendo que pertenezca a su puño y letra,  como  al  parecer  lo  entiende el actor. Mal podría aceptarse que la deponente  alude  a  la  autoría  de  la  firma, cuando se sabe que no fue testigo de este  hecho.   

                         La  existencia  de  la  falsificación  la dedujo el Tribunal de la circunstancia de  encontrarse  la  firma  de  Gloria  Acosta  de  Arévalo,  titular de la cuenta,  haciendo  parte  del  documento,  aspecto  que  nadie  ha  puesto  en duda en el  proceso;  de la afirmación suya de no haber estampado dicha firma en el cheque;  y,  de  las manifestaciones extraproceso de la acusada, en el sentido de haberlo  hecho,  elementos  de  convicción  que  no  sufren mengua alguna por razón del  desacierto denunciado.   

                  Totalmente  insubstancial,  entonces,  resulta este segundo reparo, pues la imprecisión del  Tribunal,  si bien en estricto rigor literal existió, no trascendió al sentido  de  la  expresión,  el  cual  se  mantuvo incólume, habiendo sido apreciado en  forma correcta.   

                      Haber  ignorado   el   juzgador  la  existencia  de  la  certificación  del  Banco  de  Colombia.   

                   Ante todo  debe  decirse  que  este error, en los términos planteados por el casacionista,  no  se produjo, pues dicho elemento de prueba, como acertadamente lo sostiene la  Delegada,  sí fue tenido en cuenta por los juzgadores de instancia, solo que en  sentido  distinto  al  que  ahora  reclama  el recurrente, de donde el yerro, de  haberse  presentado,  sería  de  identidad,  no  de  existencia  como  ha  sido  propuesto.   

                  En efecto.  La   discrepancia   surge   en  torno  de  la  interpretación  que  amerita  la  comunicación  de  la  entidad  bancaria,  cuando  sostiene  que  el  cheque fue  impagado  por  fondos  insuficientes.  Mientras  el  impugnante asegura que este  motivo  de  devolución  presupone  la  identidad de la firma del girador con la  registrada  en el banco, y por ende la inexistencia de su falsificación, puesto  que  de  lo  contrario  la  causal  de  no  pago habría sido distinta, para los  juzgadores  una  tal  circunstancia  solo  demuestra la idoneidad de la conducta  ilícita.  Veamos  lo  anotado  a este respecto en el fallo de primer grado: “De  otra  parte,  si  GRICELDA  que  vio  el cheque, y en el banco tampoco repararon  sobre  la  firma de la giradora, ello sencillamente nos está demostrando que la  IMITACION de la misma fue perfecta” (fls.140-1).   

                  Lo anotado  por  el recurrente es cierto en cuanto aduce que el girado, al impagar el cheque  por  fondos  insuficientes,  implícitamente  está  aceptando  que la firma que  aparecía  en  el  título  coincidía con la registrada en sus archivos, puesto  que  de  lo  contrario,  habría certificado falta de identidad entre ellas, por  ser  causal  prevalente,  aunque  debe  precisarse  que lo normal, cuando varios  motivos  de  devolución  concurren,  es  que  la  entidad  informe  sobre todos  ellos.    

                     Pero no  por  esto  puede concluirse que la firma sea auténtica. La expresa o implícita  certificación  de  la entidad bancaria sobre la coincidencia de la firma puesta  en  el  cheque  con  la  legítima, no afirma su genuinidad, como no la niega el  hecho  de  haber  sido  impagado  porque  sus rasgos no corresponden. Con alguna  frecuencia  sucede  que  los  bancos  devuelven  a sus clientes cheques por este  último  motivo,  no obstante provenir la firma del puño y letra del titular de  la cuenta, o que los cancele, a pesar de ser la firma ilegítima.   

                      Basta  recordar,  para desestimar las conclusiones del censor, que la conducta falsaria  puede   adoptar   diversas   modalidades,   siendo   una  de  ellas  la  llamada  falsificación  por contrafacción o imitación, caracterizada porque los signos  falsificados  siguen  los  del  documento  auténtico  en procura de su absoluta  conformidad,  de  su  total  identidad,  pues se persigue que la especie espuria  pueda    incursionar    en    el    tráfico    jurídico    como    si    fuera  genuina.        

                       Esto  explica  la  razón por la cual no siempre resulta posible descubrir prima facie  una  falsificación,  y  por  qué no necesariamente cuando una entidad bancaria  devuelve  un  cheque  por  causal  distinta  a  no  corresponder la firma con la  registrada,  está  certificando  que  la  puesta  en  el título sea legítima.   

                         En  resumen,  ningún  cuestionamiento  puede hacerse a la forma como los juzgadores  apreciaron  el  contenido  de  la certificación bancaria, ni a las conclusiones  del  fallo  en  este sentido, que el de primer grado sintetiza en los siguientes  términos:  “…lo  importante fue que la firma del cheque imitada por SONIA, la  estampó  de  tal  manera  que en el tráfico jurídico, que era donde jugaba la  eficacia  por  voluntad  de  la  falsaria,  pudo  evidentemente  pasar  como  un  documento genuino” (fls.139-1).   

                       Este  reparo,   por   tanto,  no  solamente  adolece  de  falencias  técnicas  en  su  formulación, sino que carece de todo fundamento.   

                    El cargo  no prospera.   

                   Considera  la  Sala  oportuno  advertir  que  cuando la sentencia es atacada por errores de  apreciación  probatoria,  se impone para el casacionista la obligación no solo  de  identificarlos  y demostrarlos, sino de precisar su trascendencia, tarea que  por  implicar  un  nuevo  y  concreto  análisis  probatorio  de  cara  al error  planteado,  no  puede  en  estricto rigor técnico jurídico entenderse cumplida  cuando,   como   en  el  presente  caso,  el  impugnante  se  limita  a  plasmar  apreciaciones  generales  sobre  la insuficiencia de la prueba para mantener las  conclusiones del fallo.     

                  En mérito  de  lo expuesto, LA CORTE SUPREMA, SALA DE CASACION PENAL, oído el concepto del  Procurador  Primero  Delegado, administrando justicia en nombre de la república  y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E:   

                         NO  CASAR la sentencia impugnada.   

                  Cópiese y  devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

                                                       CARLOS A.  GALVEZ  ARGOTE                                

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

JORGE           CORDOBA  POVEDA            JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

No firmo  

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                            DIDIMO   PAEZ   VELANDIA   

                         

NILSON    PINILLA   PINILLA                              JUAN   MANUEL   TORRES  FRESNEDA   

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                       SECRETARIA       

                                                                                                                                                  

     

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