9485 (29-05-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA  DE CASACION/ VIOLACION DIRECTA DE LA  LEY/    VIOLACION    INDIRECTA    DE    LA    LEY/    NULIDAD/   RESOLUCION   DE  ACUSACION   

Cierto  es que la causal primera de casación  en  materia penal se funda en errores de mérito o in iudicando, y la tercera en  vicios  de  actividad  o  in  procedendo,  y que es la naturaleza del yerro, por  tanto,  lo que determina en cada caso la causal aducible, pero no siempre que se  está  en  presencia de errores de juicio la causal a plantear será la primera,  pues  puede suceder que la prosperidad de la censura trascienda la validez de la  sentencia  misma,  como  ocurriría en el presente caso si se llegara a declarar  que se presenta una modalidad concursal.   

Igual  acontece,  para  traer  a colación un  ejemplo,  cuando  se alega por el recurrente error en la denominación jurídica  del  hecho  punible,  cuya  naturaleza de vicio in iudicando nadie discute, pero  que  debido a los efectos rescisorios que proyecta sobre la actuación procesal,  debe plantearse dentro del ámbito de la causal tercera.   

En estos casos, ha dicho la Corte, la demanda  es  de fundamentación mixta, puesto que la censura debe formularse al amparo de  esta  causal,  pero  desarrollarse  conforme  a  la  técnica  que  gobierna  la  primera.   

Preciso  es  señalar  que  en  los  casos de  sentencia  anticipada,  la  función  calificadora  no se traslada al Juez, como  parece  entenderlo  equivocadamente  el  recurrente. Esta sigue siendo exclusiva  del  fiscal,  quien debe, en ejercicio de ella, al igual que en toda resolución  de  acusación,  concretar  los  hechos  y  ubicarlos  en  el  derecho,  con  el  señalamiento  de  las disposiciones de la ley penal que fueron infringidas, las  circunstancias  específicas  de  agravación  o  atenuación  concurrentes, las  genéricas  no  objetivas, y los grados y formas de participación en el hecho y  de   culpabilidad,  a efecto que el procesado pueda conocerlos y decidir si  acepta o rechaza los cargos que así le son imputados.   

Esta concreción fáctico jurídica determina  los  límites  del juzgamiento y por tanto de la sentencia, sea o no anticipada,  no  pudiendo  el  Juez,  sin  sacrificar  la consonancia del fallo e incurrir en  irregularidad  susceptible  de  ser  atacada  al  amparo de la causal segunda de  casación,  incluir  nuevas  conductas  delictivas,  o  adicionar circunstancias  específicas  de  agravación punitiva, o genéricas no objetivas, ni desconocer  las  de  atenuación  deducidas,  ni  modificar desfavorablemente el grado o las  formas  de  participación  y  de  culpabilidad,  como  cuando se condena por un  delito  consumado  a quien ha sido acusado por uno tentado, o como autor a quien  lo  fue  en  calidad   de  cómplice,  o por un delito doloso a quien se le  imputó uno preterintencional o culposo.   

Todos  los  cargos, ha dicho esta Sala, deben  quedar  incluidos  en  la  resolución  acusatoria,  para que el procesado tenga  certeza  de  la  imputación que le es formulada y pueda enderezar su defensa en  relación  con  ella,  debiéndose  circunscribir  el juicio a su comprobación,  degradación  o  desvirtuación, no siendo posible introducir modificaciones que  impliquen  la  concreción  de  nuevos  reparos  (Cas. agosto 2/95 Mag. Pte. Dr.  Ricardo Calvete Rangel).   

Este  derrotero  debe, por igual, presidir el  proferimiento  de  la  sentencia anticipada, no solo por las razones consignadas  en  el  mencionado  fallo,  sino  porque  una  decisión al margen de los cargos  admitidos  por  el  acusado  tornaría ilegítima la terminación anticipada del  proceso,  que,  como  se  sabe,  debe  fundarse  en  acuerdos  previos, o por la  concurrencia  de  varios  sujetos  procesales  a  la producción del acto, no en  posturas  unilaterales,  y  porque la limitación consagrada en el artículo 37B  del  estatuto  procesal,  modificado  por el artículo 5º de la ley 81 de 1993,  numeral  4º, le cerraría al condenado toda posibilidad de controversia, con la  consecuente afectación del derecho de defensa.   

RAD. 9485  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Aprobado acta No.53 mayo 20/97   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr.FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe  de  Bogotá D. C., veintinueve de  mayo de mil novecientos noventa y siete.   

                      Decide la  Sala  el  recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  28  de  enero  de  1994,  mediante  la  cual el Tribunal Superior de Bucaramanga  condenó  al  procesado  HENRY CALA SUELTA  a  la  pena  principal  de  30 meses y 20 días de prisión, como  autor responsable del delito de hurto calificado y agravado.   

                      Hechos y  actuación procesal.-   

                      El 29 de  octubre  de  1993,  en  la  vía  que  comunica  las  ciudades  de Bucaramanga y  Barrancabermeja,  aproximadamente  a las once (11) de la noche, tres sujetos que  viajaban   en  un  bus  afiliado  a  la  empresa  COPETRAN,  despojaron  de  sus  pertenencias  a  los  pasajeros,  utilizando  armas de fuego y cortopunzantes, y  ocultando sus rostros con pasamontañas.   

                       En  las  primeras  horas  de  la  mañana  del  día  siguiente,  unidades  del ejército  nacional,  alertadas  por  las  víctimas  del insuceso, capturaron a Henry Cala  Suelta  y  Harley  Marcelino  Olaya  Vargas, en cuyo poder hallaron un revólver  hechizo de un cartucho y elementos varios producto del delito.   

         

                   La Fiscalía  30  de  la Unidad Especializada con sede en la ciudad de Barrancabermeja inició  la  investigación  por estos hechos, vinculó mediante indagatoria a Henry Cala  Suelta  y  ordenó  expedir  copias  de la actuación con destino a los Juzgados  Promiscuos  de Familia para que por separado se investigara la conducta de Olaya  Vargas, quien resultó ser menor de 18 años (fls.14, 19 y 20-1).   

                    Definida su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva por  el  delito  de  hurto calificado y agravado, y precluida la investigación en su  favor  por  porte  ilegal de armas, el procesado Cala Suelta solicitó sentencia  anticipada  conforme  a  lo  previsto   en  el  artículo  37  del estatuto  procesal  (modificado  por  el  3º  de  la  ley  81  de 1993), para cuyo efecto  admitió  los cargos por el citado delito contra el patrimonio económico,   calificado  por  la  violencia  (art.350.1  C.  P.) y agravado por concurrir las  circunstancias  señaladas en los numerales 4º (persona disfrazada), 6º (sobre  vehículo  automotor),  9º  (de  noche)  y  10º  (por dos o más personas) del  artículo  351 ejusdem, y la establecida por razón de la cuantía en el numeral  1º  del  artículo  372  del  mismo  estatuto (fls.73 y ss.).                                              

                    Remitido el  proceso  al Juez competente para el proferimiento de la sentencia respectiva, el  Segundo  Penal del Circuito de Barrancabermeja, condenó a Cala Suelta a la pena  principal  de 24 meses y 22 días de prisión, en calidad de coautor responsable  del  delito  imputado  en la diligencia de formulación y aceptación de cargos,  pero  en  concurso  material homogéneo sucesivo, conforme a las previsiones del  artículo  26  del  Código  Penal. Al dosificar la pena, partió de 28 meses de  prisión,  los  cuales  aumentó  en 8 meses por concurrir las circunstancias de  agravación  de  los numerales 4º (utilizando disfraces), 9º (de noche) y 10º  (por  dos  o  más  personas)  del artículo 351 del Código Penal, y en 8 meses  más  por  la  cuantía (art.372.1), para un total de 44 meses, sobre los cuales  dijo  aplicar  un  descuento de 1/3 parte por virtud de la sentencia anticipada.  Por  razón del concurso, el fallador dejó de aplicar el incremento respectivo,  con  base en que no fue objeto de imputación en la diligencia de aceptación de  cargos.  Paralelamente,  impuso al acusado la pena accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas por un período igual a la aflictiva, le negó  el  subrogado  de la condena de ejecución condicional, y se abstuvo de proferir  condena por perjuicios (fls.80 y ss).   

                     Inconforme  con  esta  decisión, por considerar que no le podía deducir responsabilidad al  procesado   por  una  modalidad  concursal  no  aceptada  en  la  diligencia  de  formulación  de cargos, ni desechar la agravante prevista en el numeral 6º del  artículo  351  del  Código  Penal  (sobre  vehículo  automotor  o  sus partes  importantes  u objetos que se lleven en ellos), expresamente admitida, el Fiscal  del   proceso   interpuso   recurso  de  apelación.  El  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  modificó  el  fallo ajustando la sentencia al pliego de cargos, no  por  las  razones  anotadas  por  el  impugnante,  sino  porque concluyó que se  trataba  de una sola conducta delictiva, y que la referida agravante del numeral  6º  había  sido correctamente imputada. Al dosificar nuevamente la pena, fijó  un  total  de 46 meses de prisión, de los cuales descontó la tercera parte por  sentencia  anticipada,  quedando  en  30  meses  y  20  días la privativa de la  libertad.  Aclaró  que  el a quo, al aplicar esta diminuente, hizo un descuento  mayor  del  que  matemáticamente correspondía, y dispuso condenar al procesado  al pago de perjuicios (fls.3 ss del cuaderno No. 2).   

                    Contra este  pronunciamiento,  interpuso recurso de casación el Procurador Judicial 54 en lo  Penal.   

                           La  demanda.-   

                          Con  fundamento  en  la  causal  primera  de casación, cuerpo primero, el demandante  acusa  la  sentencia  impugnada  de  violar  directamente la ley sustancial, por  falta  de  aplicación  del  artículo  26  del  Código  Penal, que consagra el  concurso de hechos punibles.   

                   Sostiene que  la  infracción consiste en haberse unificado en la sentencia delitos autónomos  de  hurto,  que  poseen  su propia individualidad fáctica y dañina, en un solo  hecho   punible,   mediante  el  artificio  mágico  unificante  de  la  acción  finalista,    “a    donde   traslada   la   sentencia   el   contenido   de   la  culpabilidad”.   

                      Inicia el  desarrollo  del cargo afirmando que en nuestra legislación ya no se consagra la  figura  del  delito continuado, que es una forma clara de concurso homogéneo de  hechos  punibles  ficticiamente  considerado  por  el  legislador  como  un solo  ilícito,  razón  por  la  cual  hay  que  estar  a la figura de los concursos,  conforme se establece en el citado artículo 26.   

                                           Seguidamente  sienta  la  premisa de que el hecho punible no surge  de  la  mera  acción finalista, como lo sostiene la sentencia recurrida, puesto  que  a  tenor  del artículo 2º ejusdem, para que una conducta sea punible debe  ser  típica,  antijurídica  y culpable. Alrededor de los conceptos de acción,  de  unidad  de  acción, finalidad, plan de autor, bien jurídico entendido como  realidad  social,  entre  otros, con los cuales trabaja el ad quem, no existe un  concepto  unificado.  La  opinión  de los autores es tan contradictoria como el  número  de  ellos.  El acto, es la acción misma, y en ésta “no importa lo que  hubiese  pensado  u  organizado  el autor en su plan delincuencial, lo que tiene  trascendencia  jurídica  frente  al derecho, es lo que toma cuerpo cierto en la  realidad”,  y el llamado ‘plan de autor’ o finalidad, será tema de análisis en  la  culpabilidad si el  hecho es antijurídico, y no en la acción, como se  hace  en la sentencia y lo hace ‘la teoría de la acción finalista’, no seguida  por  la  legislación  nacional  ni  por  la  doctrina  de  los  autores  que la  rechazaron en su gran mayoría.   

                  El Código  Penal  Colombiano,  se  estructura  sobre  el concepto de “culpabilidad”, lo que  quiere  decir  que  al  autor  se  le reprocha y sanciona equitativamente por la  cantidad  y  variedad  del daño que tomó cuerpo cierto en la realidad material  de la vida, que es de donde extrae el derecho sus valoraciones.   

                         A  continuación   se   refiere  al  concepto  de  bien  jurídico   protegido   como  realidad  social  para  señalar  que  “es  inentendible  o  entendible  como algo abstracto que engloba  genéricamente  a  toda  la  sociedad humana porque no pertenece a los animales,  pero  en su operancia o concretización en la realidad se efectiviza su vigencia  en  cabeza  de  cada uno de los titulares vivos, que son los que sienten y a los  que  les  duele el hurto de sus bienes patrimoniales y no a la ‘sociedad’ que es  una    abstracción    jurídica”   (fls.38-2).                                                               

                  Transcribe  doctrina  acerca  del  valor  jurídico  de  los denominados derechos sociales y  económicos,  y  sostiene que la protección de los derechos fundamentales en la  nueva  Carta  Política,  verbigracia el patrimonio económico, no es colectiva,  como  se  da  a  entender  en  la  sentencia, sino individual, porque el sistema  político  que  rige es el de la propiedad privada, no el socialista o colectivo  que  permita  hablar  en sentido social. El concepto de propiedad privada “asume  en  el  mundo  moderno capitalista un valor similar al de la vida y determinante  de  su  subsistencia, sin la cual le es imposible vivir a su titular individual,  al   que   el   derecho   penal   está   en   la   obligación   de   proteger”  (fls.41).   

                  Finalmente  alude  a  la  estructura  objetiva  del  tipo  penal que describe el hurto, para  indicar  que  está  conformada  por  el apoderamiento de una cosa mueble ajena,  venciendo  los  controles  y  mecanismos  de protección del propietario, “quien  sufre  el  consiguiente empobrecimiento de los bienes fundamentales, como los de  la  propiedad  y  la  vida,  que  corren  grave  peligro en estos asaltos a mano  armada”  (fls.42).  Insiste  en que las figuras del delito continuado, la unidad  de  designio  y  la  unidad  de  acción, fueron ficciones legales, ideadas para  evitar  acusaciones concursales y así poder sustraer al procesado de la pena de  muerte,  pero que esto ha sido superado en las democracias modernas, en donde el  derecho  penal es más culpabilista y retribucionista, que preventivo, protector  y resocializador (fls.42).   

                  Afirma que  en  el  asalto  a  un  bus,  a  un  motel,  o a un edificio de apartamentos o de  oficinas,  la  actividad  o mecanismos de fuerza que los delincuentes despliegan  para  despojar  individualmente  de sus propiedades a cada una de las víctimas,  “constituyen      hechos     punibles  individuales  y autónomos en toda la estructuración material”,  lo  cual  se  evidencia en el hecho de no ser el proceso delincuencial unificado  en  una  acción unitaria, “como cuando se lanza el anzuelo o la atarraya y caen  varios   peces,  pues  en  estos  operativos  criminales,  las  actividades  del  apoderamiento  no  coinciden y exigen diferentes modalidades, unas más intensas  que  otras,  pues  corresponden  a  las  diferentes  reacciones  que  asuman las  víctimas” (fls.43).   

                  Agrega que  la  actividad  delincuencial  de  ir  enfrentando  uno a uno los pasajeros, para  despojarlos  de los anillos, las pulseras, los relojes, las cadenas y el dinero,  es  una  acción  individualizada e independiente que se cumple y consuma cuando  “se  le mete la mano al bolsillo” a cada uno de los afectados, “que no tienen el  bolsillo  común  o  comunidad  de  bienes jurídicos protegidos por el derecho,  cuando  abordan una unidad de transporte colectivo, ni el crimen tiene el poder,  eso  si  es  absurdo, de hacer esa arbitraria fusión o comunidad de bienes para  favorecer  al  delincuente  con  esa  ficción  o  suposición  de  la realidad,  inadmisible  en  el derecho moderno, que es la síntesis de la realidad material  normativizada y no de suposiciones mentales” (fls.43).   

                                           Consecuente   con  sus  planteamientos,  pide  a  la  corte  casar  parcialmente  la  sentencia  impugnada,  para  condenar  al  procesado a la pena  principal  de  64  meses de prisión, como autor responsable del delito de hurto  calificado  y agravado, en concurso material homogéneo de hechos punibles. Dice  que  de  acuerdo  con el artículo 67 del Código Penal, habría que partir para  la  dosificación  de  la  pena  de  4  años  de  prisión,  los  que deben ser  aumentados  en  15  meses por concurrir las circunstancias de agravación de los  numerales  4º,  9º  y  10º  ejusdem,  mas  otros  15  meses  por  la cuantía  (art.372.1  C. P.), y en 18 meses más por razón del concurso, para un total de  8   años,   a   los   cuales   se  le  aplicaría  la  rebaja  de  una  tercera  parte.       

                                                

                    Concepto  del Ministerio Público.-   

                         El  Procurador  Primero  Delegado en lo Penal considera que la demanda está llamada  a  prosperar,  por  cuanto en el caso materia de estudio no se dio una unidad de  acción  como  lo  concibe  el  Tribunal,  sino  un concurso material homogéneo  sucesivo de hurtos calificados y agravados.   

                    Advierte  que   en   vigencia  del  Código  Penal  de  1936,  doctrina  y  jurisprudencia  interpretaron   las  normas  reguladoras  del  concurso  y  del  llamado  delito  continuado,   con   el   criterio   de   unidad  de  hecho,   el   cual   fue   reemplazado  por  el  de  unidad  de  acción  al  entrar  en  vigencia  el  actual estatuto, según se infiere del contenido de su  artículo  26,  en  donde  aparece consagrado el criterio diferencial “de que el  hecho     es    un  comportamiento  humano  de  carácter óntico, pero desvalorado a través de los  juicios   de   antijuridicidad   y   culpabilidad,  en  tanto  que  acción    se    reserva   para   el  comportamiento  óntico  del  ser  humano,  sin  valoración alguna”. Hacia este  criterio  apuntan también el artículo 2º y las disposiciones del Título III,  que      se      refieren      diferencialmente      a      la      acción     y    al    hecho punible.   

                    Dice que  la  unidad  de  acción,  para  que  pueda ser considerada como “un objeto único de valoración jurídico  penal”,  debe  mirarse no en forma abstracta, sino frente a supuestos concretos,  “en  una univocidad no solo de finalidad de la intención del sujeto sino de una  unitaria  materialidad  de la conducta, como desde antes del nuevo Código Penal  de  1980  lo  enseñó la jurisprudencia de la H. Corte, cuando afirmó: La sola  unidad  de  la  acción con prescindencia del fin y de la intención del agente,  no  es  pues suficiente para sustentar la teoría del concurso (sept.2 de 1971)”  -fls.101 cd. Corte-.   

                    Para que  la  unidad de fin conduzca  a  una  sola  acción,  es  necesario  que  exista  lo que se ha dado por llamar  unidad  de  sentido para la prohibición,  teniendo  en cuenta que  el tipo penal abarca una dualidad  de    elementos    de    doble    carácter:    Lo  concreto-objetivo   y   por  tanto  particular;  y,  lo  abstracto  valorativo  de  carácter  general.   El  criterio  de los bienes jurídicos en sentido  social    no    basta    para   señalar   el   alcance   de   la   unidad  de  acción,  puesto  que esto  pretermite  el  problema fundamental “de que la protección social de los bienes  jurídicos  pasa  a  través  de la protección individual del derecho subjetivo  que  ello  crea  para  cada uno de los integrantes de la agrupación social, que  obviamente  hace  surgir  un  interés  subjetivo  de dicha protección general”  (fls.102).   

                     Es por  esto  que  las generalizaciones del tipo respecto del objeto de la acción y del  sujeto  pasivo,  se  vinculan  al interés jurídico protegido, en concreto a un  sujeto  pasivo,  y  cada  lesión a ese interés subjetivo indicará una acción  penal.  Luego  “no  basta  la  unidad  de  lesión al bien jurídico socialmente  considerado,  sino  que  será  indispensable  contar  con  la unidad de lesión  al   interés   jurídico   particular   que  como  derecho  subjetivo  ha  surgido  de  la  protección  genérica  del  derecho. De no ser así, la unidad de  acción  devendrá  en  una  única  lesión  de  la  objetividad  abstracta  del  bien  jurídico,  que  por  su carácter general no  cumple  la  función  de  protección  adecuadamente,  en  cuanto  desatiende el  interés   jurídico   particular”  (fls.102).  Esta  noción,  agrega,  permite  solucionar  problemas de casuística, como el del homicida que pone una bomba en  el  cinematógrafo,  en  donde  sin  bien hay una sola acción óntica, una sola  finalidad   del   autor  y  una  sola  lesión  al  bien  jurídico  socialmente  considerado,   será  incontrovertible  que  hay  varias  lesiones  al  interés  jurídico   de   la  vida  de  cada  una  de  las  personas  que  fallece.    

                         Se  entiende,  por  tanto,  que  hay unidad de acción, cuando los dos elementos del  hecho  punible,  la  materialidad  de  lo actuado y la voluntad final del autor,  muestran  la  coherencia  propia de lo unitario e indivisible, no cuando a pesar  de  existir  unidad  de  fin,  se  presentan pluralidad de acciones y de objetos  materiales,  pues  cada  acción  separada ónticamente, o cada objeto material,  “guardan  íntima  relación  con  el interés particular del sujeto pasivo, que  perdura  mientras  la protección general al bien jurídico exista, y que por lo  tanto  no  se  agota  en los estrechos límites de cada acción o de cada objeto  material  de  ella.  De manera que si el interés subjetivo surge y permanece en  cada  sujeto  pasivo  (derecho  subjetivo)  en  tanto exista la regla general de  protección  que  le da origen, será evidente que cada acto de lesión única a  ese interés dará lugar a un hecho punible” (fls.103).   

                  Apoyado en  estas  premisas  concluye  que  en el caso de autos se presentaron varios hechos  punibles,  como  que hubo pluralidad de lesiones y diversos intereses jurídicos  (los   de   cada   sujeto  pasivo).  Finalmente  advierte  que  el  plan   de  autor  no  hace  parte  del  delito,  pudiendo  abarcar eventualmente varias conductas punibles, y que siendo  más  amplia  que  la finalidad del actor, rebasa la posibilidad de equiparar la  finalidad  de  cada  acción  con  un  programa  o designio para realizar varias  ofensas  a distintos intereses jurídicos, como aconteció en el caso estudiado,  donde  los  delincuentes  debían  tomar  frente  a  cada  pasajero del bus “una  resolución   criminal   de   afectar  el  específico  interés  jurídico  del  patrimonio  particular  (no  existe un patrimonio general) despojándolos de sus  bienes” (fls.103).   

                      Pide,  pues,  que  se  case  parcialmente  la  sentencia  impugnada  para  condenar  al  procesado  como  autor  responsable del delito de hurto calificado y agravado en  concurso  de  hechos  punibles,  y  se  hagan  los  ajustes  punitivos del caso.   

                         SE  CONSIDERA:   

                     En  el  presente  caso, el recurrente plantea como causal de casación la primera, sobre  la  base  de  que  el  sentenciador dejó de aplicar el artículo 26 del Código  penal  que  establece  el  concurso  de  hechos punibles, para solicitar, siendo  consecuente  con  su  planteamiento  y  la  causal aducida, que la Corte case la  sentencia  impugnada  y dicte fallo de sustitución por el delito por el cual se  formularon  los  cargos,  pero  en  concurso  homogéneo sucesivo, integrado por  tantos  hurtos  como personas fueron desposesionadas de sus bienes en la acción  delictiva.   

                  La primera  observación  que  debe  hacerse  a  la  pretensión  del demandante, es que, de  aceptarse  su  tesis  sobre el concurso, la competencia para conocer del asunto,  por  razón  de  la cuantía, estaría dada por el valor de lo arrebatado a cada  pasajero  del  bus,  no  por  la suma de todo lo apropiado, pues si cada acto de  apoderamiento  constituye  un  hecho  punible  autónomo,  forzosamente cada uno  tendrá  su  propio  objeto  material,  y  la  cuantía, como factor objetivo de  competencia, se establecerá por el valor del mismo.   

                               La  demostración  de  los  hechos,  tal  como  aparece  declarada  en  el fallo, indica que en ninguno de los casos hasta ahora  conocidos,  el  valor  de  lo  apropiado llegó a superar los cincuenta salarios  mínimos  mensuales,  circunstancia  que  haría  radicar  la  competencia  para  conocer  de  los  distintos  ilícitos,  por  razón  de  la  cuantía,  en  los  funcionarios  judiciales  del  orden  Municipal,  no  del  Circuito,  según  lo  establecido  en  los  artículos 73 (modificado por el artículo 11 de la ley 81  de 1993) y 127 del Código de Procedimiento Penal.   

                     Siendo  ello  así,  la  Corte  no podría entrar a dictar fallo de sustitución como lo  pide  el impugnante y como jurídicamente correspondería hacerlo, habida cuenta  que  la  causal  de  casación aducida ha sido la primera, sino que tendría que  decretar  la  nulidad  del  proceso  a  partir  de la formulación del pliego de  cargos,  por incompetencia de los funcionarios que adelantaron la instrucción y  el juzgamiento.   

                      Tales  efectos,  indican  que  el  reproche  debió  plantearse  al amparo de la causal  tercera  de  casación,  no obstante que el error invocado es conceptualmente in  iudicando,  solución  que  habría  de  proponerse,  se repite, por los efectos  anulatorios que comportaría la prosperidad de la censura.   

                   Cierto es  que  la  causal  primera  de  casación  en materia penal se funda en errores de  mérito  o  in iudicando, y la tercera en vicios de actividad o in procedendo, y  que  es  la  naturaleza  del  yerro, por tanto, lo que determina en cada caso la  causal  aducible, pero no siempre que se está en presencia de errores de juicio  la  causal a plantear será la primera, pues puede suceder que la prosperidad de  la  censura  trascienda  la validez de la sentencia misma, como ocurriría en el  presente  caso si se llegara a declarar que se presenta una modalidad concursal.   

                      Igual  acontece,  para  traer a colación un ejemplo, cuando se alega por el recurrente  error  en la denominación jurídica del hecho punible, cuya naturaleza de vicio  in  iudicando  nadie  discute,  pero  que  debido  a los efectos rescisorios que  proyecta  sobre la actuación procesal, debe plantearse dentro del ámbito de la  causal tercera.   

                    En estos  casos,  ha dicho la Corte, la demanda es de fundamentación mixta, puesto que la  censura  debe formularse al amparo de esta causal, pero desarrollarse conforme a  la técnica que gobierna la primera.   

    

                         La  situación  planteada,  debió  ser  advertida  por  por  el  actor,  quien,  en  desarrollo  del compromiso asumido de demostrar el error invocado y señalar sus  consecuencias,  estaba  en  la  obligación  de  complementar la censura en este  sentido,  indicando  la  solución  al  problema,  que no podía ser otra que la  nulidad  de  la  actuación  a  partir del acta de formulación y aceptación de  cargos,   por   incompetencia   de   los   funcionarios   que   conocieron   del  proceso.         

                       Otra  inconsistencia  de  orden  técnico,  no  menos  relevante,  que de igual manera  contribuye  a  evidenciar  que  el  tratamiento  del  error achacado al fallo ha  debido  ser  en  el  marco  de  la  causal  tercera, surge de la pretensión del  demandante  porque  la Corte entre a dictar sentencia de condena por un concurso  de  hechos punibles, cuando él no fue deducido por el Fiscal, ni consentido por  el  procesado en la diligencia de formulación de cargos, puesto que al hacerlo,  se  terminaría  profiriendo un fallo al margen de la acusación, dando lugar al  surgimiento  de  una  nueva  causal  de  casación  (la  segunda), y concluyendo  anticipadamente  un  proceso  por  cargos  respecto  de los cuales no ha mediado  aceptación  del  procesado,  siendo  ésta  de  la  esencia  del  procedimiento  abreviado a que se dio aplicación.   

                  Preciso es  señalar  que  en los casos de sentencia anticipada, la función calificadora no  se  traslada al Juez, como parece entenderlo equivocadamente el recurrente. Esta  sigue  siendo  exclusiva  del fiscal, quien debe, en ejercicio de ella, al igual  que  en  toda  resolución de acusación, concretar los hechos y ubicarlos en el  derecho,  con  el  señalamiento de las disposiciones de la ley penal que fueron  infringidas,  las  circunstancias  específicas  de  agravación  o  atenuación  concurrentes,   las   genéricas   no  objetivas,  y  los  grados  y  formas  de  participación  en  el  hecho y de  culpabilidad, a efecto que el procesado  pueda  conocerlos  y  decidir  si  acepta  o  rechaza los cargos que así le son  imputados.   

                       Esta  concreción  fáctico  jurídica  determina  los  límites del juzgamiento y por  tanto  de la sentencia, sea o no anticipada, no pudiendo el Juez, sin sacrificar  la  consonancia del fallo e incurrir en irregularidad susceptible de ser atacada  al   amparo  de  la  causal  segunda  de  casación,  incluir  nuevas  conductas  delictivas,  o  adicionar circunstancias específicas de agravación punitiva, o  genéricas  no  objetivas,  ni  desconocer  las  de  atenuación  deducidas,  ni  modificar  desfavorablemente  el  grado  o  las  formas  de  participación y de  culpabilidad,  como  cuando  se  condena por un delito consumado a quien ha sido  acusado  por  uno  tentado,  o  como  autor  a  quien lo fue en calidad  de  cómplice,  o por un delito doloso a quien se le imputó uno preterintencional o  culposo.   

                   Todos los  cargos,   ha   dicho  esta  Sala,  deben  quedar  incluidos  en  la  resolución  acusatoria,  para  que  el  procesado  tenga certeza de la imputación que le es  formulada  y  pueda  enderezar  su  defensa  en  relación con ella, debiéndose  circunscribir  el  juicio  a su comprobación, degradación o desvirtuación, no  siendo  posible introducir modificaciones que impliquen la concreción de nuevos  reparos (Cas. agosto 2/95 Mag. Pte. Dr. Ricardo Calvete Rangel).   

                    Este  derrotero   debe,   por   igual,  presidir  el  proferimiento  de  la  sentencia  anticipada,  no  solo  por  las razones consignadas en el mencionado fallo, sino  porque  una decisión al margen de los cargos admitidos por el acusado tornaría  ilegítima  la  terminación  anticipada  del  proceso,  que, como se sabe, debe  fundarse   en  acuerdos  previos,  o  por  la  concurrencia  de  varios  sujetos  procesales  a  la producción del acto, no en posturas unilaterales, y porque la  limitación  consagrada  en  el  artículo 37B del estatuto procesal, modificado  por  el  artículo  5º  de  la  ley  81  de  1993, numeral 4º, le cerraría al  condenado  toda  posibilidad de controversia, con la consecuente afectación del  derecho de defensa.   

                   Es lo que  sucedería  en  el  presente  caso  si la Corte accediera a lo solicitado por el  demandante,  en  el  sentido  de  proferir  sentencia  de condena por un número  plural  de  delitos  con  aplicación  del  incremento  de  pena  previsto en el  artículo  26  del  Código  Penal,  desbordando los marcos de la acusación, en  donde  al  procesado,  como se dejó visto, se le imputó un solo hecho punible.   

                  Aun cuando  lo  hasta  aquí  anotado  sería suficiente para desestimar la demanda, debe la  Sala  precisar  que  las conclusiones del ad quem en torno a la existencia de un  delito  único,  se  fundamentan  en  criterios  doctrinales  que  hoy día, con  algunos  condicionamientos  y  señalamientos  adicionales,  han  venido  siendo  aplicados  por  la propia Corte para resolver, en el mismo sentido, casos en los  cuales  el  tipo  penal  admite pluralidad de sujetos pasivos y la acción   del  sujeto agente ha estado encaminada hacia la obtención de un fin único. En  Sentencia  de  Casación  de 3 de diciembre de 1996, con ponencia del Magistrado  doctor   Carlos   Augusto   Galvez  Argote,  se  dijo,  por  ejemplo,  sobre  el  particular:                                                                            

                  “Trátase,  por  tanto, en casos como este, de una acción única  con  pluralidad  de  actos  ejecutivos,  que de suyo  excluye  la  posibilidad  del  delito  continuado, que por definición exige una  pluralidad  de  conductas.  Lo que sucede es que al recaer cada uno de los actos  ejecutivos  que  la  conforman  en  diversas  personas, esto no significa que se  trate  de  acciones  independientes  con  relievancia  jurídico penal, sino que  estos  son  actos  ejecutivos de la conducta integralmente considerada, que como  única,  tipifica  una sola acción delictiva con pluralidad de sujetos pasivos,  pues  no  en  pocas  ocasiones exige la puesta en marcha de una multiplicidad de  actos   dependientes   de   los   medios   utilizados,   que   naturalística  y  jurídicamente  se  tornan  en necesarios para que la acción final defraudadora  pueda consumarse.   

                    “Y, esto  porque  el  considerar  cada inducción en error como una acción autónoma y no  como  un  acto  integrante  de  la  acción  final propuesta por el defraudador,  implica  desconocer  que la pluralidad de medios ideados y puestos en ejecución  tienen  como  objetivo no el de estafar a una sola persona, sino a la pluralidad  anticipadamente  prevista  y  mutar  esta  voluntad  para anteponerle una simple  causalidad  material,  agotada en la obtención de cada una de las cantidades de  dinero  integradoras de la suma total que se pretende obtener por el estafador y  para  lo  cual  ha  puesto  en  marcha  los  medios  que ha creido idóneos para  lograrlo,  es  nada  menos  que  crear por parte del juzgador su propia conducta  desconociendo  la  que realizó el autor del delito, con la impunidad que un tal  proceder  generaría  en  la  práctica  cuando  se  trate  de cuantías menores  tipificables como contravenciones.   

                        “No  obstante,  este  reconocimiento  de  la voluntad como contenido de la acción no  puede  conducir  al equívoco de desconocer la valoración normativa que implica  la  prohibición  típica, como que ésta constituye su límite para los efectos  de  la  unidad de acción; debiéndose tener en cuenta, igualmente, el contenido  y  sentido del tipo para establecer hasta dónde permite que vaya esa voluntad y  a  partir  de  qué momento se inicia otra acción originaria de una imputación  concursal,  esto  es, deben examinarse tanto la finalidad concreta propuesta por  el  autor,  como  el  tipo penal correspondiente dentro del ámbito social en el  cual es aplicado.   

                    “No se  trata,  así,  de  buscar  una  solución  recurriendo  a un híbrido conceptual  temporizador  de  inconsistencias  teóricas,  sino  de  poner  en  su  punto el  reconocimiento  del  fundamento  de  la  acción  con  la prohibición normativa  objeto  de  reproche,  que  impone recuperar todo el contenido material del tipo  llevándolo  hacia  la  relievancia  jurídico  penal  que  centrada  en el bien  jurídico objeto de tutela, suministra su real sentido y alcance”.   

                    El cargo  no prospera.   

                  En mérito  de  lo  expuesto  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL, oído el  concepto  del  Procurador  Primero Delegado, administrando justicia en nombre de  la República y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E.   

         

                         NO  CASAR la sentencia impugnada.   

                                           Devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

                                      CARLOS    A.    GALVEZ  ARGOTE                                      

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

JORGE           CORDOBA  POVEDA            JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                            DIDIMO   PAEZ   VELANDIA             

                                                                                   NO FIRMO   

                         

NILSON    PINILLA   PINILLA                              JUAN   MANUEL   TORRES  FRESNEDA   

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                             SECRETARIA       

     

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