12816 (04-09-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA   DE   CASACION/  FALSO  JUICIO  DE  CONVICCION   

La  Sala  debe  reiterar  que  no  es posible  demandar  en  casación  el  valor  positivo  o  negativo  que los falladores le  otorgaron  a los elementos de juicio, toda vez que bien es sabido que en nuestro  sistema  procesal,  como  regla  general, no opera el método de la tarifa legal  como  sustento  de  la  apreciación  de  la  prueba,  sino el de la persuasión  racional,  sana  crítica,  en el que el fallador tiene libertad para valorarla,  solo limitada por la lógica, la experiencia y la racionalidad.   

Es  esa libertad el factor que impide deducir  y,  por  ende,  demostrar  una  violación  de la ley basada en la disparidad de  pareceres   en   cuanto  al  mérito  asignado  a  los  medios  de  convicción,  prevaleciendo  el criterio del sentenciador, por venir la sentencia amparada por  la doble presunción de acierto y legalidad.   

Proceso No. 12816  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CORDOBA POVEDA  

Aprobado acta N° 104  

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  cuatro (4) de  septiembre de mil novecientos noventa y siete (1997).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de casación presentada por el Procurador  322   Judicial   I  en  lo  Penal  de  la  ciudad  de  Cali.   

A N T E C E D E N T E S  

1.-   El  Tribunal  Superior  de  Cali  sintetizó los hechos así:   

         “Ellos  ocurrieron  el  día  17  de  julio  de 1994, en la esquina  Villagorgona,  Jurisdicción del Municipio de Candelaria, cuando a eso de la una  y  veinte  de  la  tarde,  colisionaron los vehículos campero de placas KFF-779  conducido  por el señor FABIO ALEJANDRO GUAPACHE BURBANO, con la motocicleta de  placas  AFU-40 en donde se movilizaba FRANKLIN DOMINGO BERMUDEZ, quien falleció  minutos después del accidente.”    

2.- El Juzgado Séptimo Penal del Circuito de  Cali,  mediante  sentencia  del  9  de mayo de 1996, condenó al procesado Fabio  Alejandro  Guapache Burbano a la pena principal de dos años de prisión y a las  accesorias de rigor, por el delito de homicidio culposo.   

Inconforme  con  la  anterior  decisión, el  defensor  del  procesado  interpuso  el  recurso  de  apelación, el cual al ser  desatado  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de la misma ciudad, el  2  de  septiembre  de  1996,  la  revocó  en  todas  sus partes y, en su lugar,  absolvió  al  señor  Fabio Alejandro Guapache Burbano, fallo contra el cual el  Procurador  Judicial  I Delegado en lo Penal interpuso recurso extraordinario de  casación.   

         LA  DEMANDA  DE  CASACION   

El Procurador Judicial I Delegado en lo Penal  presenta  un  único  cargo  en contra de la sentencia de segunda instancia, por  cuanto  consideró  que  el juzgador violó indirectamente la ley sustancial por  falsos juicios de convicción.   

Como  normas transgredidas cita el artículo  21 del Código Penal y el 247 del Código de Procedimiento Penal.   

Considera  que  la afirmación del Tribunal,  según   la   cual   por   imprudencia   del  motociclista  se  ocasionaron  los  acontecimientos  fácticos,  no  es  de  recibo, pues el procesado transitaba en  contravía  por  la calzada, lo que sin duda no genera que se le “pueda condonar  su culpa”.   

Es  un  hecho  cierto,  dice,  que  los  dos  protagonistas  del  insuceso  violaron las normas de tránsito. El procesado por  venir  en  contravía y la víctima por no hacer el pare que le era obligatorio,  “por  su  interdependencia  se  consideraban  como  causa unitaria del resultado  dañoso,     entendiéndose     que     existe    RESPONSABILIDAD    en    ambos  conductores”.   

Causa  extrañeza, dice, que se afirme en la  sentencia  que  la  declarante  Flor Alba Jaramillo no fue testigo presencial de  los  hechos,  cuando bien se sabe que ésta era la acompañante del procesado en  ese  día, por lo que la coartada esgrimida por el procesado en la diligencia de  indagatoria queda sin piso.   

Asevera  que la valoración realizada por el  fallador sobre el testimonio de   

María Vélez no se ajusta a las reglas de la  sana  crítica,  pues  de  él  se  dedujeron  circunstancias  que riñen con la  realidad procesal.   

Reconoce  como  cierta  la  afirmación  del  sentenciador  que  el vehículo en que se movilizaba el procesado no arrolló al  motociclista,  pero  ello  se  debió  a  “la  aparición imprevista del campero  transitando  en  contravía,  no  le  fue  posible esquivarlo, produciéndose la  colisión.”   

Advierte  que  no se puede pasar por alto la  declaración  de  José Ulises Mosquera Granja, quien relata una serie de hechos  que interesan al proceso.   

Luego de transcribir y criticar un aparte de  la  sentencia  recurrida,  dice  que  se  encuentra en el plenario acreditada la  responsabilidad del procesado.   

Por lo anterior solicita a la Corte casar la  sentencia  recurrida, condenado al procesado, tal como se había dispuesto en la  sentencia de primera instancia.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Una  vez  más  debe reiterar la Sala que la  sede  de  casación  no  es  una  tercera  instancia,  donde el recurrente pueda  enfrentar  su  propio  y  personal  criterio  con  las  razones  expuestas en la  decisión  atacada,  y que se debe observar la lógica y el rigor que exige este  medio de impugnación.   

Por  ello,  la demanda de casación no es un  alegato  libre,  sino  que  está  sujeta  a los parámetros que la ley procesal  contempla.   

En  este  caso,  si  bien  es  cierto que el  libelista  indicó  la  causal por medio de la cual pretende la infirmación del  fallo,  también  lo  es  que  no  citó  el  sentido  de  la violación, ya que  simplemente   se   limitó   a   sostener   que  el  fallador  había  vulnerado  indirectamente   la   ley   sustancial,   yerro  cometido,  según  su  personal  perspectiva,  por  falsos  juicios  de convicción, enunciado éste que sin duda  encaja en el error de derecho.   

Además  de  lo  anterior, la censura quedó  huérfana  de  argumentación, ya que el actor no señaló ni demostró el yerro  presuntamente  cometido.  Dicha labor la hizo consistir en anteponer su personal  criterio  a  las conclusiones a que llegó el fallador una vez valoró el caudal  probatorio  y  del cual dedujo la irresponsabilidad del procesado en torno a los  hechos imputados.   

Sobre este aspecto, la Sala debe reiterar que  no  es  posible  demandar  en  casación  el  valor  positivo o negativo que los  falladores  le  otorgaron a los elementos de juicio, toda vez que bien es sabido  que  en  nuestro sistema procesal, como regla general, no opera el método de la  tarifa  legal  como  sustento  de  la  apreciación  de la prueba, sino el de la  persuasión  racional,  sana crítica, en el que el fallador tiene libertad para  valorarla,  solo  limitada  por  la  lógica,  la experiencia y la racionalidad.   

Es esa libertad el factor que impide deducir  y,  por  ende,  demostrar  una  violación  de la ley basada en la disparidad de  pareceres   en   cuanto  al  mérito  asignado  a  los  medios  de  convicción,  prevaleciendo  el criterio del sentenciador, por venir la sentencia amparada por  la doble presunción de acierto y legalidad.   

Vistas  así las cosas, la inconformidad del  recurrente  radica en la credibilidad que el fallador le otorgó a los medios de  convicción,  la que no es posible cuestionar a través de la casación, a menos  que  se  desconozcan  las reglas de la sana critica, evento en el cual el ataque  debe   invocarse   por   la   vía  de  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad.   

En fin, en razón a que la demanda no reúne  los  requisitos  legales  para  su admisibilidad, su rechazo se impone. (art.226  del C. de P.P.).   

Por   lo   expuesto,   la   CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

RECHAZAR IN LIMINE  la  demanda  de casación presentada por el Procurador  322  Judicial  I  en  lo  Penal.  En consecuencia, se  declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso (art. 197 del C. de P.P.).   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE            FERNANDO  E.    ARBOLEDA    RIPOLL                  

RICARDO    CALVETE   RANGEL                                        JORGE    E.    CORDOBA    POVEDA                        

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                             CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        MARIO A. MANTILLA NOUGUÉS   

         No firmo   

JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA                              PATRICIA     SALAZAR  CUELLAR   

                                                                                   Secretaria   

   

    

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