11768 (18-02-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    CASACION/  INCONGRUENCIA  DE  LA  SENTENCIA/  NULIDAD   

Cuando  el  Juez,  al  dictar  sentencia,  se  equivoca   en  la  calificación  jurídica  de  los  hechos  precitados  en  la  acusación,  porque  adecúa  la  conducta  investigada  dentro de un tipo penal  distinto  del  que la describe, la causal aducible en casación dependerá de la  naturaleza  del  yerro.  Si  compromete  el  nomen  iuris,  entendido por tal la  denominación  genérica  bajo la cual se agrupan distintos tipos penales dentro  de  un  mismo  Capítulo  de  la  Parte  Especial  del  Código Penal, la causal  alegable  será  la  tercera.  Pero  si  el  nomen  iuris se mantiene dentro del  género, la causal que debe invocarse será la primera.    

Cada  causal  de  casación, como se sabe, se  inspira  en  unos  determinados motivos, está sometida a una precisas técnicas  en  su  demostración y tiene adscritas sus propias consecuencias jurídicas. Si  la  causal  planteada es la primera o la segunda, la Corte, debe dictar fallo de  sustitución,  pero  si  es  la  tercera, y el vicio trasciende la sentencia, la  solución  será  indefectiblemente  la nulidad de la actuación en todo o parte  (art.229 C. de P. P.).   

Una  de  las razones por las cuales la errada  calificación  jurídica  del  hecho  por  fuera  del  nomen iuris debe atacarse  dentro  del ámbito de la causal tercera de casación, y no de la primera, está  directamente  vinculada  con la consecuencia legalmente prevista para cada caso,  pues  si  el  casacionista  escoge  esta última, y la censura prospera, la Sala  estaría  obligada  a dictar fallo de sustitución, lo cual implicaría entrar a  condenar  por  un  delito  distinto  del  imputado en la resolución acusatoria,  incurriendo  de  esta  manera  en un nuevo error judicial, denunciable dentro de  los  marcos  de  la  causal  segunda, por disconformidad de la sentencia con los  cargos formulados en la resolución de acusación.   

Sobre  la  forma  como  su demostración debe  asumirse,   la   Corte  ha  dicho  que  es  obligación  hacerlo  siguiendo  los  lineamientos  técnicos  de  la causal primera, con indicación de las normas de  derecho   sustancial  que  el  juzgador  aplicó  indebidamente  y  de  las  que  correlativamente  dejó de aplicar, las razones jurídicas de este desacierto y,  si  la indebida calificación se originó en errores de apreciación probatoria,  el  señalamiento de cada uno de ellos, si de existencia, identidad, legalidad o  convicción,  y  de  su  trascendencia  o incidencia en la parte dispositiva del  fallo.   

PROCESO                                    : 11768   

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Aprobado Acta No.16   

                                                    Magistrado Ponente:   

                                                    Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe  de  Bogotá,  D. C., dieciocho de  febrero de mil novecientos noventa y siete.   

                   Se pronuncia  la  Sala sobre la admisibilidad formal de la demanda de casación presentada por  el  defensor  del  procesado  Héctor Hernán Delgado  Palacio.   

                                             Antecedentes.-   

                      El  3 de  enero  de  1995,  en  el  perímetro  urbano del Municipio de Santa Rosa de Osos  (Antioquia),  Héctor Hernán Delgado Palacio atacó sorpresivamente con arma de  fuego  a  Rodrigo  Angel  Alvarez  Pérez,  causándole  una  herida a nivel del  décimo  espacio  intercostal, línea medio-escapular, que ameritó inicialmente  una incapacidad de 40 días.   

                      Por estos  hechos,  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Santa Rosa de Osos, mediante  sentencia  de  26  de  septiembre  de  1995,  condenó a Héctor Hernán Delgado  Palacio  a  la pena principal de 21 años de prisión, como autor responsable de  los  delitos  de  homicidio  en el grado de tentativa y porte ilegal de armas de  fuego de defensa personal (fls.162 y ss-1).   

                   Apelado este  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de Antioquia,  mediante  el suyo de 24 de noviembre de 1995, que ahora recurre en casación, lo  confirmó integralmente (fls.204 y ss).   

                           La  demanda.-   

                          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, apartado segundo, el actor acusa  la   sentencia  impugnada  de  violar  indirectamente  la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida de los artículos 29 y 30 de la ley 40 de 1993, y 22, 26 y  324 del Código Penal.   

                    Al enunciar  los  motivos  de la acusación, sostiene que el juzgador incurrió en errores de  hecho  y  derecho  al valorar el acervo probatorio, puesto que dejó de apreciar  pruebas  legalmente  recogidas, realizó juicios falsos y apreció erróneamente  otras.  “Es  así  como  le  dio  valor  exclusivo  a la deponencia del ofendido  Rodrigo  Alvarez  Pérez,  y  a  otras  expresiones  gaseosas  que afloran en el  proceso  provenientes  de  testigos  de  oídas, que no concretaron lo que dicen  haber  escuchado,  y  descartó de plano, la aseveración directa del hermano de  la  víctima,  Germán  Darío Alvarez, que de manera fluida y radical expresa a  folios  9  del  cuaderno  principal,  que  su  consanguíneo  jamás había sido  amenazado  por  parte  de Héctor Hernán o su familia” (fls.234). Dice que esta  afirmación  no  fue tenida en cuenta por el Tribunal, debiendo haberlo sido, ya  que el declarante tenía que saberlo.     

                       Incurre  también  el  fallador de instancia en contradicción al analizar lo manifestado  por  Héctor  Hernán en su indagatoria y lo dicho por el ofendido Rodrigo Angel  en  su  declaración,  puesto  que admite afirmaciones de ambos sobre incidentes  pasados,  pero termina dándole valor total a este último, lo cual riñe con la  valoración  que debe hacerse de la prueba, toda vez que “se le cree al uno o se  le  cree al otro, porque de no ser así y no habiendo otra prueba más que apoye  lo del uno u otro, se tendrá que desechar este indicio” (fl.234).   

                      Ocurre lo  mismo  cuando el fallador acepta lo manifestado por el ofendido en el sentido de  haber  acudido  a la Inspección de Policía de Santa Rosa de Osos con el fin de  iniciar  proceso  policivo  por las amenazas de que era objeto, habiendo logrado  la  conminación,  pues  esta  prueba,  a  pesar de haber sido solicitada por la  fiscalía  en  su  oportunidad,  no  fue  aportada,  y aún así se le tuvo como  indicio  en  su  contra, lo cual riñe con lo preceptuado en los artículos 247,  255 y 274 del estatuto procesal.   

                     Puesto que  estos   yerros   sirvieron   para   concluir  que  Héctor  Hernán,  de  manera  inequívoca,  tenía  ánimo de venganza e insistía en ella, debe afirmarse que  el fallador se equivocó en la apreciación de los hechos.   

                            A  continuación  sostiene  que  la  idoneidad  del  arma  para  la producción del  resultado,  no es objeto de censura, “como si lo es la zona anatómica vulnerada  y la repetición de golpes” (fls.235).    

                   En relación  con  la  zona anatómica interesada, el Tribunal concluyó que era esencialmente  vital,  cuando  se sabe que en orden de prioridad está la cabeza como el centro  de  la  vida  de  todo  ser humano. Es más, si los disparos se hicieron a corta  distancia  (6  metros),  y  cuando  la  víctima caminaba desprevenidamente, “no  sería  entendible  que  hacia  allí  no  dirigiera  el  arma,  amén de que el  dictamen  médico legal no califica si el proyectil que impactó en la humanidad  de  Rodrigo Alvarez, era de naturaleza mortal o simplemente mortal o tenía otro  calificativo”  (fls.235). Esto quiere decir que a su juicio no se fundamentó en  esta  prueba  y  que por tanto no se observó lo preceptuado en el artículo 262  ejusdem.   

                      Qué  no  decir  de la repetición de golpes. En la diligencia de allanamiento a la morada  de  Héctor  Hernán  Delgado, se halló junto a él el arma con 5 cartuchos y 2  vainillas,  lo  que  quiere  decir  que  2  fueron los disparos realizados. Esto  indica  que  pudiendo hacerlo, no agotó la carga, porque no existía propósito  homicida.  “Es aquí donde debe observarse la diferencia entre la repetición de  golpes  y  la  repetición  del accionar de un arma y más tratándose de fuego,  pues  la  repetición  de  golpes  es manifestación de un propósito, lo que la  repetición  del  accionar  puede  provenir  de  una  acción  instintiva que al  parecer fue lo que sucedió” (fls.236).   

                    Concluye  diciendo  que,  de  haberse apreciado y valorado dichas pruebas con observación  de  los  artículos  247  y  254,  se habría llegado a la conclusión de que el  hecho  no  llenaba  las  exigencias para deducir tentativa de homicidio, pues si  aparentemente  existía  en el procesado un motivo (muerte de su hermano Arsenio  Delgado),  los hechos reseñados no estaban acreditados. Esto indujo al fallador  a dejar de aplicar el artículo 331 del Código Penal.   

                        Con  fundamento   en   estas   argumentaciones,   pide   que  se  case  la  sentencia  recurrida.   

                         SE  CONSIDERA:   

                   Cuando el  Juez,  al  dictar  sentencia,  se  equivoca en la calificación jurídica de los  hechos  precitados  en  la  acusación,  porque  adecúa la conducta investigada  dentro  de  un  tipo  penal  distinto del que la describe, la causal aducible en  casación  dependerá  de la naturaleza del yerro. Si compromete el nomen iuris,  entendido  por  tal la denominación genérica bajo la cual se agrupan distintos  tipos  penales  dentro  de  un  mismo Capítulo de la Parte Especial del Código  Penal,  la  causal alegable será la tercera. Pero si el nomen iuris se mantiene  dentro  del  género,  la  causal  que  debe  invocarse  será la primera.    

                       Cada  causal  de  casación,  como  se  sabe, se inspira en unos determinados motivos,  está  sometida  a  una precisas técnicas en su demostración y tiene adscritas  sus  propias consecuencias jurídicas. Si la causal planteada es la primera o la  segunda,  la  Corte, debe dictar fallo de sustitución, pero si es la tercera, y  el  vicio  trasciende  la  sentencia,  la  solución  será indefectiblemente la  nulidad de la actuación en todo o parte (art.229 C. de P. P.).   

                  Una de las  razones  por  las  cuales  la errada calificación jurídica del hecho por fuera  del  nomen  iuris  debe  atacarse  dentro  del  ámbito  de la causal tercera de  casación,  y no de la primera, está directamente vinculada con la consecuencia  legalmente  prevista  para  cada  caso,  pues  si  el  casacionista  escoge esta  última,  y  la  censura  prospera,  la Sala estaría obligada a dictar fallo de  sustitución,  lo  cual implicaría entrar a condenar por un delito distinto del  imputado  en  la  resolución acusatoria, incurriendo de esta manera en un nuevo  error  judicial,  denunciable  dentro  de  los  marcos de la causal segunda, por  disconformidad  de  la  sentencia con los cargos formulados en la resolución de  acusación.   

                    Sobre la  forma  como su demostración debe asumirse, la Corte ha dicho que es obligación  hacerlo   siguiendo  los  lineamientos  técnicos  de  la  causal  primera,  con  indicación  de  las  normas  de  derecho  sustancial  que  el  juzgador aplicó  indebidamente  y  de  las  que  correlativamente  dejó  de aplicar, las razones  jurídicas  de  este  desacierto  y, si la indebida calificación se originó en  errores  de  apreciación  probatoria, el señalamiento de cada uno de ellos, si  de  existencia,  identidad,  legalidad  o  convicción,  y de su trascendencia o  incidencia en la parte dispositiva del fallo.   

                  En el caso  que  es  objeto  de  estudio,  el  actor,  aún  cuando expresamente no lo dice,  plantea  incorrecta  calificación  jurídica  de  los hechos, pues sostiene que  existió  aplicación  indebida de los artículos 323 y 324 del Código (29 y 30  de  la  ley  40  de  1993),  que  describen  el  homicidio  agravado, y falta de  aplicación  del  artículo  331  del  Código  Penal, que trata de las lesiones  personales.   

                    Frente a  la  calificación  demandada  por  el  censor,  el  ataque,  por  los motivos ya  expuestos,  debió  intentarse  por  la  vía  de  la causal tercera, no por los  cauces  de  la  primera, puesto que la Corte no podría entrar a dictar fallo de  sustitución  por  el delito de lesiones personales, estando llamado a juicio el  procesado  por  el de homicidio, sin incurrir en el motivo de casación previsto  en la causal segunda.   

                  Además de  esta  equivocación  en la selección de la causal, el cargo adolece de absoluta  falta  de  sustentación  técnica,  pues los errores de apreciación probatoria  que,  en  criterio  del  censor,  determinaron  la indebida calificación de los  hechos  en  cuanto  al  homicidio  en la modalidad de tentativa, se quedan en el  mero  enunciado,  traduciéndose  el  escrito  tan  solo  en  una expresión del  criterio  personal  del  casacionista  sobre  la  forma  como  debieron  haberse  apreciado  algunas  pruebas  testimoniales e indiciarias que el juzgador valoró  de  manera  distinta,  sin  entrar a denunciar realmente errores de apreciación  probatoria,  que, como se sabe, se presentan cuando el juzgador deja de apreciar  una  prueba  que  obra en el proceso, o supone una que no existe, o pone a decir  lo  que  el  medio  objetivamente  no dice, o se aparta en su valoración de las  reglas  de  la  sana  crítica,  o  de  las  normas que preestablecen su valor o  eficacia  probatorias, o desconoce las que regulan su incorporación al proceso.   

                   Como a la  Corte,  en  virtud del principio de limitación que preside el recurso, no le es  permitido  entrar a suplir los vacíos del libelo ni corregir sus desaciertos, y  los  que  la  demanda  presenta,  por  ser  de  carácter  sustancial, la tornan  inestudiable,  se impone su inadmisión, conforme a lo dispuesto en el artículo  226 del estatuto procesal.   

                  Puesto que  esta  decisión,  según  los  artículos 197 y 226 del estatuto procesal, causa  ejecutoria  con  la  firma del órgano que la produce, se ordenará la inmediata  devolución  del  proceso  al  Tribunal  de  origen,  previa comunicación a los  sujetos procesales.   

                  En mérito  de   lo   expuesto,   LA   CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA  DE  CASACION  PENAL,   

                   R E S U E  L V E:   

                                           INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado Héctor  Hernán  Delgado  Palacio.  Por  tanto,  se  declara  DESIERTO      el  recurso.   

                                           Comuníquese    y    devuélvase    al    Tribunal    de   origen.  CUMPLASE.   

                                      CARLOS    A.    GALVEZ  ARGOTE                                      

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

JORGE           CORDOBA  POVEDA            JORGE ANIBAL  GOMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR             DIDIMO  PAEZ VELANDIA   

                         

NILSON    PINILLA   PINILLA              JUAN  MANUEL TORRES FRESNEDA   

Patricia Salazar Cuéllar  

SECRETARIA       

                                                     

     

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