9100 (20-09-95)

1995

Asistente Jurídico Inteligente

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    DEMANDA     DE  CASACION/  PERJUICIOS/  CONFESION   

1.-Si  el  demandante  expresamente  aduce  violación  directa de determinadas normas sustanciales por inaplicación de las  mismas  en  la sentencia, es lógico colegir que se acogió implícitamente a la  causal primera y no a otra diferente.   

2.-Es factible incrementar o variar el monto  de  los  perjuicios  decretados  en  la  primera  instancia, aún tratándose de  condenado   como  apelante  único,  sin  que  por  ello  resulte  vulnerada  la  prohibición  contenida en el artículo 31 de la ley fundamental, pues lo que el  canon  prohibe  es  hacer más gravosa u onerosa la pena impuesta al condenado y  no  el  quantum de los perjuicios causados al perjudicado con la infracción o a  sus herederos.   

3.-La  confesión privilegiada del artículo  299,  a  mas  de  reunir  las  exigencias  propias  de este específico medio de  convicción,  debe  haberse  producido  durante  la  primera  versión  judicial  rendida  por  el  procesado,  que no concurra ninguna situación de flagrancia y  que  se  haya  constituído  en  el  fundamento  esencial  de  la  sentencia  de  condena.   

Proceso No. 9100  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                    Magistrado Ponente   

                                       NILSON  PINILLA PINILLA   

                                                    Aprobado Acta No. 137   

Santafé  de  Bogotá  D.C.,  veinte (20) de  septiembre de mil novecientos noventa y cinco (1995).   

          V I S T O S:   

Decidirá la Corte el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  JOAQUIN SEPULVEDA  FLOREZ,  contra  la  sentencia  de  3  de septiembre de l993 mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Cali  confirmó,  con  modificaciones, la dictada por el  Juzgado  Veintidós  Penal del Circuito de la misma ciudad, que lo condenó a la  pena  principal de l6 años, 6 meses de prisión y multa de cinco mil pesos, por  hallarlo   responsable   de   los  delitos  de  homicidio  agravado  y  lesiones  personales, en concurso de hechos punibles.   

          H E C H O S   

La  madrugada  del  24  de  marzo  de  l99l  departían  animadamente  en el interior de la casa de habitación de la carrera  l3A  #53-5l, barrio “Villa Colombia” de la ciudad de Cali, el matrimonio formado  por  Jairo  Segura  Escarraga  y  Mariela  Silva,  la  señora Teresa Peláez de  Sepúlveda  y  transitoriamente  su  esposo  Joaquín  Sepúlveda  Flórez  y el  vigilante Rubén Alvarez.   

De improviso, Sepúlveda arremetió a golpes  contra  Teresa, provocando la intervención de Mariela con ánimo conciliatorio,  actitud  ante  la cual aquél desenfundó un revolver que portaba, disparándolo  contra  los  dueños  de  casa  (Jairo  y  Mariela)  y contra Teresa, su esposa,  ocasionándole  a  ésta la muerte y heridas de consideración a Mariela Silva y  menos  graves  a  su  esposo  Jairo  Segura;  huyendo del lugar para presentarse  cuatro   meses   después   ante   la   autoridad   judicial  que  conocía  del  caso.   

         ACTUACION PROCESAL   

Oído  en  indagatoria el sindicado Joaquín  Sepúlveda  Flórez  en  la  que  dijo  no  recordar  lo sucedido por efecto del  alcohol  ingerido  horas  antes,  aunque  reconoció  que  portaba  un revólver  amparado  con  salvoconducto,  se ordenó someterlo a examen psiquiátrico a fin  de  establecer  si al momento de ejecutar los hechos presentaba algún trastorno  mental   que  le  hubiese  impedido  comprender  la  ilicitud  de  sus  actos  o  determinarse   de   acuerdo  con  esa  comprensión,  siendo  examinado  por  un  psiquiatra  forense  del  Instituto  de  Medicina  Legal de Cali, con resultados  negativos (fs.233 y ss. del expediente).   

El  l8  de  noviembre  de  l99l  el Juzgado  Treinta  y  Cinco  de  Instrucción  Criminal  de  Cali calificó el mérito del  sumario,  con  resolución de acusación en contra del procesado por los delitos  de  homicidio  agravado  en  su  esposa  Teresa Peláez y lesiones personales en  Mariela   Silva  de  Segura,  que  le  significaron  deformidad  física  y  una  perturbación   funcional   de  carácter  permanente,  en  concurso  de  hechos  punibles;  enjuiciamiento  consentido  por la defensa.            

Ya el funcionario instructor había ordenado  la  compulsa  de  copias  para investigar por separado las lesiones sufridas por  Jairo  Segura  Escárraga,  por tratarse de una contravención de competencia de  las autoridades de policía.   

A  solicitud  de  la  defensa  se ordenó la  prueba  sicológica  del test  de  Rorschach  con  el fin de  establecer  los  efectos  que  pudo  ocasionar  en el sindicado la ingestión de  bebidas  alcohólicas,  la  que  fue  realizada  por  el  sicólogo  forense del  Instituto  de  Medicina  Legal  de  Santafé  de  Bogotá  concluyendo que en el  examinado   Joaquín  Sepúlveda  Flórez  “no  se  encuentra  la  presencia  de  trastorno  mental,  ni  de  trastorno mental orgánico o deficiencia intelectual  que  le  haga  responder  patologicamente  a la ingesta de alcohol” (f.465 y ss.  ibidem).   

Rituado  el  juicio  y  celebrada  audiencia  pública,  el  Juzgado  Veintidós  Penal  del  Circuito  de  Cali finiquitó la  instancia  condenando  al  acusado  a  la pena principal de l6 años, 6 meses de  prisión  y  cinco  mil pesos de multa; a las sanciones accesorias de rigor y al  pago  en  concreto de los perjuicios morales causados a Mariela Silva de Segura;  fallo  apelado  por  el procesado y confirmado por el Tribunal Superior de Cali,  mediante  el  que  es  objeto  del  recurso  de  casación,  con  las siguientes  adiciones:  condenarlo  a pagar a favor de José Noel Pelaéz Arcila (hermano de  la  occisa  que  corrió  con los gastos de inhumación) la suma de $2l5.995 y a  pagar  a  favor de cada una de sus hijas Patricia, Claudia, Yolanda y Luz Angela  Sepúlveda  Pelaez  el  equivalente  a  l50 gramos oro, por concepto de daños y  perjuicios.   

         DEMANDA DE CASACION   

Sin precisar la causal de casación a la cual  pudo  haberse  acogido  el  demandante,  formula  tres  cargos  a  la  sentencia  impugnada, a saber:   

Primero:-  Violación  directa  de los artículos 3l y 33, inciso segundo del Código Penal  porque  estando  probado  mediante  declaraciones  rendidas durante la audiencia  pública  por  Ramón  Hernández,  Carlos  Gutiérrez  y  Rodrigo Tobón que el  sindicado  Joaquin  Sepúlveda  Flórez estuvo dedicado desde tempranas horas de  la  tarde  del  23  de  marzo de l99l a la ingestión de bebidas embriagantes en  diferentes  sitios  y  con  distintas  personas,  aunado  al  cambio  brusco  de  temperatura  al  salir  del  calor  de una fiesta al frío del sereno, lo que le  produjo  un “enlagunamiento neuronal”; sin embargo, los juzgadores desconociendo  esa  realidad  procesal  hicieron  una  valoración subjetiva de los dictámenes  forenses  para  descartar  la existencia de un trastorno mental en el procesado,  máxime  que el médico psiquiatra que lo trató, doctor Ernesto Arango García,  declaró  que había sido victima de un estado de alicoramiento que desencadenó  una celotipia.   

Agrega  que  la evaluación unilateral de la  prueba  por  parte  del  fallador  llevó  a  un concepto subjetivo que viola el  principio  de  inimputabilidad  consagrado en los artículos 3l y 33 del Código  Penal,  por  lo  que  solicita  casar  la  sentencia  y  proferir  el  fallo que  corresponda.   

Segundo       :       -Violación  del  artículo  3l  de  la  Constitución Nacional que  prohíbe  al  superior  agravar la pena impuesta cuando el condenado es apelante  único.   

Afirma el recurrente que el Tribunal Superior  en  forma  ultra  petita, es decir, sin que ninguna de las partes lo requiriera,  agravó  la pena impuesta a su representado al adicionar la sentencia de primera  instancia  en  el  sentido  de  condenarlo  a  pagar  en  concreto  los daños y  perjuicios  reconocidos  al  hermano  de  la  occisa  y las hijas del sindicado;  mecanismo  este (ultra petita) prohibido incluso por la normatividad civil y que  no  se compadece con el principio constitucional que prohíbe agravar la pena al  condenado,  asimilando  de  tal modo al concepto de pena la obligación  de  resarcir los perjuicios causados con la infracción.   

Pide en consecuencia, de manera subsidiaria,  casar    la    sentencia    recurrida    y    corregir    la    extralimitación  cometida.   

Tercero:  -Violación  “a  los  derechos  de descuentos de penas” toda vez que habiéndose  presentado  voluntariamente  el  procesado a la justicia con el fin de colaborar  con  ella  y  habiendo confesado el hecho, como admite la parte civil, empero no  le  fue  deducida  la pena en “una sexta parte por la presentación voluntaria y  una  tercera  parte  por la confesión, de conformidad con el art. 296 a 299 del  Código de Procedimiento Penal” (sic).   

En  éste cargo presentado como subsidiario  del  primero,  se  solicita  casar  la  sentencia  a  fin  de  que  se hagan las  pertinentes rebajas de pena.   

        CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO   

El señor Procurador Segundo Delegado en lo  Penal,  se  opone  ab  initio  a  las  pretensiones  del libelista, por no haber  indicado  la  causal  de  casación  a  la  cual  se  acogía  para formular los  reproches  a  la  sentencia  y  porque  éstos  se  fundamentan en apreciaciones  puramente personales.   

Respecto  al  primer cargo replica diciendo  que  no se puede alegar violación directa de los artículos 3l y 33 del Código  Penal  sobre  la  base  de  cuestionar  las  pruebas  o  los hechos que dió por  establecidos  el fallador (imputabilidad del procesado por ausencia de trastorno  mental),  convirtiéndose  en  el fondo en un replanteamiento de situaciones que  fueron objeto de amplio debate y decisión durante las instancias.   

En cuanto al segundo cargo deja entender que  la  prohibición  de  agravar  la  pena  al  condenado no se hace extensiva a la  obligación  de  indemnizar  los perjuicios causados con el delito, por tratarse  de  dos  conceptos  jurídicos  diferentes,  como  emerge  de jurisprudencia que  transcribe en lo sustancial.   

Y  en  lo que hace al último cargo, afirma  que  para  tener derecho a la rebaja de pena prevista en el artículo 299 del C.  de  P.P., se requiere que la confesión haya sido el fundamento de la sentencia,  lo  que  no  acontece  en  el  presente  caso, pues la atribución de autoría y  responsabilidad  en  los  actos  punibles deviene de otros medios de persuasión  diversos a la versión del sindicado.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

Primer    Cargo    .-    Si   el   demandante  expresamente  aduce  violación  directa  de  determinadas   normas  sustanciales  por  inaplicación  de  las  mismas  en  la  sentencia,  es  lógico  colegir  que  se  acogió  implícitamente  a la causal  primera de casación y no a otra diferente.   

Pero,  si para demostrar el quebranto de la  ley  por la vía directa, lejos de respetar los hechos que dió por establecidos  el  Tribunal  Superior  encausó  su alegación a desconocerlos, anteponiendo su  personal  criterio  al  del  sentenciador,  reviviendo  de  tal  modo  un debate  probatorio  ya superado que ocupó la atención de los juzgadores a lo largo del  proceso,  es  evidente que incurrió en grave desacierto que da al traste con la  censura.   

El tema mas debatido durante las instancias  fue  el  relacionado  con  la  supuesta  inimputabilidad predicada del procesado  Sepulveda  Florez  por  la ingestión de abundante cantidad de licor la noche de  autos,  la  que  a  juicio  de  la  defensa  le  ocasionó  un  trastorno mental  transitorio  que  le impidió comprender la ilicitud de sus actos o determinarse  de  acuerdo  con  esa  comprensión;  pero  que  en  criterio  tanto del médico  psiquiatra  como  del  sicólogo  forense  que  lo  examinaron,  no  alteró sus  facultades  mentales  al  grado  de  enervar  su  capacidad de comprensión y de  autodeterminación.   

Mediante  prueba  técnica y científica de  concluyente   valor  persuasivo,  proveniente  de  peritos  idóneos,  llegó  a  demostrarse  dentro  del  proceso,que  la ingestión de bebidas embriagantes por  parte  del  procesado  no  alcanzó  a  oscurecer  su  conciencia  al extremo de  impedirle  darse  cuenta  de la antijuridicidad de su comportamiento -pues huyó  del  escenario del crimen llevando consigo el arma letal, para presentarse meses  después  -,  por  lo que resulta francamente inconcebible desconocer esa verdad  procesal,  acudiendo  a  una  equivocada  vía  impugnatoria  y  valiéndose  de  tardíos  testimonios que solo pueden dar fé de las libaciones a que se dedicó  el  sindicado,  o  apoyándose  en  apreciaciones  o  conjeturas  del impugnante  opuestas   a   los   objetivos,   razonados   y   lógicos   planteamientos  del  Tribunal.   

El trastorno mental transitorio como fuente  de  inimputabilidad  y  su indiscutible incidencia sobre la esfera intelectiva y  volitiva  del  sujeto  agente, deben aparecer debidamente comprobados, lo que no  acontece  en  el caso presente, por lo cual este cargo formulado a la sentencia,  a    mas   de   antitécnico,   es   absolutamente   infundado,   debiendo   ser  rechazado.   

No prospera la impugnación.  

Segundo     Cargo:     -Este  cargo,  planteado como subsidiario del anterior, se sustenta  en  el  equívoco de considerar como “pena” la condena al pago de los perjuicios  causados  con  el  delito,  cuando  no  se trata de una sanción punitiva por el  hecho  cometido,  con  los  atributos  que le asigna el artículo l2 del Código  Penal,  sino  de  la  obligación civil de responder por el resarcimiento de los  perjuicios  irrogados,  como  lo  ha  entendido la jurisprudencia de la Corte en  providencia citada por la Procuraduría Delegada, que dice:   

                   “Tampoco  el  incremento  decretado  en  la  segunda instancia respecto del cuantum de los  perjuicios  morales  materia  de resarcimiento permite inferir la violación que  del  canon  3l  de  la Carta Política pretende la censura. No huelga sobre este  aspecto  recordar,  como ya con reiteración lo ha venido sosteniendo esta Sala,  que  si  el precepto superior invocado veda con exclusividad el incremento de la  pena,mal  puede  extenderse por simple interpretación su alcance al ámbito del  restablecimiento  del  derecho, pues una y otra decisión tienen naturaleza bien  distinta  como consecuencia del poder punitivo del Estado a cumplir objetivos de  retribución,  protección  y  resocialización directamente orientados hacia el  delincuente,   en   tanto  que  con  el  resarcimiento  del  daño  se  pretende  restablecer  el  equilibrio quebrantado con el hecho punible, apuntando hacia el  reconocimiento  y satisfacción de los derechos del ofendido o perjudicado, cuya  tutela  ha  encomendado la ley a las autoridades” (Sent.ll de noviembre de l992.  M. P. doctor Juan Manuel Torres Fresneda ).   

De  manera  que  es factible incrementar o  variar  el  monto  de  los  perjuicios  decretados en la primera instancia, aún  tratándose  de  condenado  como  apelante  único,  sin  que  por  ello resulte  vulnerada  la  prohibición  contenida en el artículo 3l de la ley fundamental,  pues  lo que el canon prohibe es hacer mas gravosa u onerosa la pena impuesta al  condenado  y  no  el  quantum  de  los perjuicios causados al perjudicado con la  infracción  o  a  sus  herederos.  Así lo ha seguido determinando esta Sala en  otras   providencias   (v.gr.   junio   25/93,  M.P.  dr.  Edgar  Saavedra  R.).   

Debe tenerse en cuenta , sin embargo, que a  la  fecha  de la sentencia objeto de la casación (septiembre 3 de 1993) aún no  había  entrado  en  vigencia la ley 81 de 1993 (noviembre 2), cuyo artículo 34  reformó  el  217  del  C.  de  P.P.,  y  estableció  que la apelación permite  revisar  únicamente los aspectos impugnados.   

Dicho  artículo  217  en  su  redacción  original,  recuérdese,  no  establecía  limitaciones  para  el  juez  ad  quem  respecto  de  los aspectos impugnados y por ende su competencia para revisar era  plena  o  completa, con la única excepción de lo dispuesto por el artículo 31  de la Constitución.   

No prospera el cargo formulado.  

Tercer      Cargo     :-Pese  a  que  el  impugnante  no  acierta  a  ubicar el supuesto  quebranto  de  la ley sustancial dentro de ninguna de las causales de casación,  ni  a precisar la clase de rebaja de pena que reclama, debe entenderse que alude  a  la  violación  del artículo 299 del C. de P.P., por no habersele reconocido  al  sindicado  le  rebaja  de la sexta parte de la pena por confesión y no a la  rebaja  hasta  de  la  tercera parte por acogerse a alguna forma de terminación  anticipada del proceso, puesto que dicho fenómeno no se produjo.   

Si  por  confesión  debe  entenderse  la  manifestación  del  procesado  en  la cual admite haber participado en el hecho  punible  como  autor o participe del mismo, es palmar que en el presente caso no  existe  confesión porque el sindicado Joaquín Sepúlveda Flórez al momento de  rendir  indagatoria  dijo  no  recordar  lo sucedido por encontrarse embriagado;  aspecto que de suyo deja sin piso el reparo a la sentencia.   

No debe perderse de vista que la confesión  privilegiada  del  articulo  299, a mas de reunir las exigencias propias de este  específico  medio  de  convicción,  debe  haberse producido durante la primera  versión  judicial  rendida por el procesado, que no concurra ninguna situación  de  flagrancia  y  que  se  haya  constituido  en  el  fundamento esencial de la  sentencia  de  condena  por  tratarse  de  una  prueba  de  cargo  en contra del  sindicado  y  no  de  un  medio  demostrativo  de  circunstancia  excluyente  de  culpabilidad  o  de justificación del hecho punible. Así fluye del claro texto  de  la  norma  citada  y  de las reiteradas determinaciones de la Corte sobre el  particular.   

Como  quiera  que  la escueta respuesta del  sindicado  sobre  no recordar lo acontecido en el caso examinado, por su forma y  contenido  no  constituye  confesión,  la  disminución  de  la  pena por dicho  concepto se torna inotorgable.   

Debe agregarse que la tardía presentación  del  procesado tampoco contribuyó al esclarecimiento de la verdad, toda vez que  su  responsabilidad  en  los  hechos  aparece  demostrada  con  abundante prueba  testimonial, pericial e indiciaria, de diversa fuente.   

Tampoco     se     abre    paso    la  impugnación.   

        D E C I S I O N   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia en Sala de Casación Penal, de acuerdo con el Procurador Delegado y  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,   

        R E S U E L V E   

NO  CASAR  la  sentencia condenatoria objeto de impugnación.   

Cópiese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

NILSON PINILLA PINILLA, FERNANDO E. ARBOLEDA  RIPOLL,  RICARDO  CALVETE  RANGEL,CARLOS  E. MEJIA ESCOBAR,DIDIMO PAEZ VELANDIA,  EDGAR   SAAVEDRA   ROJAS,JUAN  MANUEL  TORRES  FRESNEDA,JORGE  ENRIQUE  VALENCIA  M.   

Carlos  Alberto  Gordillo  L.,SECRETARIO   

     

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