6746 (20-05-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    PREVARICATO/ CULPABILIDAD  

El delito de prevaricato consiste, en su forma  activa,  en  el  hecho  de  que un servidor público (sujeto activo cualificado)  profiera  resolución  ostensiblemente  contraria a la ley, o en otras palabras,  manifiestamente  opuesta a la solución jurídica que el funcionario está en la  obligación legal de aplicar frente al caso específico.   

En  torno  a  la culpabilidad en el delito de  prevaricato,   el   actuar   doloso  requiere  entendimiento  de  la  manifiesta  ilegalidad  de  la resolución proferida, conciencia de que con tal proveído se  vulnera  sin derecho el bien jurídico de la recta y equilibrada definición del  conflicto  que  estaba  sometido  al  conocimiento  del servidor público, quien  podía  y  debía  dictar  un  pronunciamiento ceñido a la ley y a la justicia.   

La  ley  no  exige  para  que se configure la  responsabilidad   en   el  tipo  penal consagrado por el artículo 149  del  Código Penal, que se pruebe que un móvil específico se perseguía con el  proveído  manifiestamente contrario a la ley; basta, como acaba de decirse, que  se  haya  proferido  con  conocimiento  de  su  ilicitud.  Puede ocurrir que esa  finalidad  se  establezca  y  pase  a  ser  elemento  útil  para  comprobar  la  existencia  del  dolo,   sin que con ello quiera significarse que cuando no  se  acredite, como frecuentemente ocurre, haya de concluirse que no hubo dolo en  la actuación.   

No se requiere entonces, en lo que toca con la  demostración  del  dolo  en  el  prevaricato,  de ingredientes adicionales, por  ejemplo  “simpatía” o “animadversión” hacia una de las partes, como lo exigía  el  Código  Penal  de 1936. Sólo es fundamental que se tenga conciencia de que  el  pronunciamiento  se  aparta  ostensiblemente del derecho, sin que importe el  motivo   específico   que   el   servidor  público  tenga  para  actuar  así.   

RAD. 6746  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                                 Magistrado Ponente   

                                                                 Dr. NILSON PINILLA PINILLA   

                                                                 Aprobado            Acta           No.           47           (mayo  8/97)                   

Santafé de Bogotá, D.C., mayo veinte (20)  de mil novecientos noventa y siete (1997).   

V I S T O S    

Procede  la  Corte a dictar sentencia en el  proceso  seguido  contra los doctores DANIEL SINISTERRA DOMINGUEZ y MIGUEL ANGEL  TORRES  CALERO,  ex  Magistrados  del  Tribunal  Superior  de  Cali, Sala Penal,  quienes  fueron  convocados  a  juicio por el delito de prevaricato por acción.   

   

I. HECHOS Y ACTUACION PROCESAL.  

1.   El  entonces  Juzgado  2�  Superior  de  Cali  adelantó proceso  contra  los  médicos  GUSTAVO  BERGONZOLI  PELAEZ  y ANCIZAR BEJARANO RIAÑO, a  quienes  se  imputó  los delitos de falsedad en documentos públicos y peculado  por     apropiación,     por    cuanto    el    primero      en     su      condición     de    Secretario  de Salud del  Departamento  del  Valle  del Cauca suscribió 4 resoluciones, 4 constancias y 2  órdenes   de  pago,  documentos  que  le  permitieron  al  segundo  cobrar  una  asignación  mensual  de  $58.028 desde marzo hasta julio de 1983, para un total  de  $290.435,  como  “Coordinador  Técnico  de la Unidad Regional de Salud de  Zarzal”,  nombramiento éste que había sido revocado por medio de resolución  número  25  del  24  de  enero de 1983 y que surtió efectos a partir del 28 de  febrero  de  dicho  año,  toda vez que el doctor BEJARANO RIAÑO desatendió su  horario  de  trabajo  por  estar adelantando un Magister en Salud Pública en la  Universidad del Valle, de tiempo completo.   

Dicho asunto fue calificado por primera vez  mediante  providencia  de  marzo  30 de 1985, dictada por el doctor MIGUEL ANGEL  TORRES  CALERO  como Juez 2�  Superior  de  Cali,  en  el  sentido de sobreseer temporalmente a los implicados  (fs. 253 y Ss. cdno. 1).    

Al   conocer   en   virtud   del   grado  jurisdiccional  de  consulta  el  auto de fecha febrero 5 de 1986, por medio del  cual  el Juzgado 2� Superior  de  Cali  sobreseyó  temporalmente  por  segunda  ocasión,  a  los  implicados  BERGONZOLI  PELAEZ  y  BEJARANO  RIAÑO, la Sala de Decisión Penal del Tribunal  Superior  de  aquella  ciudad,  integrada  por  los  Magistrados doctores DANIEL  SINISTERRA  DOMINGUEZ,  MIGUEL  ANGEL  TORRES  CALERO y ROBERTO TRIVIÑO PAZ, el  primero  como  ponente,  mediante providencia de 28 de febrero de 1987 (fs. 22 y  Ss.      cdno.     1),     revocó        el       auto  consultado,       para      en     su   lugar  “LLAMAR  A  RESPONDER  EN  JUICIO  CRIMINAL” a los sindicados como presuntos  autores  de los delitos de falsedad ideológica en documento público y peculado  por apropiación.   

En  sentencia de fecha 12 de agosto de 1987  (fs.  118  y  Ss.  cdno.  1),  los  doctores BERGONZOLI PELAEZ y BEJARANO RIAÑO  fueron  absueltos  de los hechos punibles atribuidos, pues no obstante reconocer  la  tipicidad  y  antijuridicidad  de  su  comportamiento, el Juez 2� Superior apartándose del criterio del  Ministerio  Público que pidió fallo de condena, acogió la tesis de la defensa  que  pregonó  la  causal  de  inculpabilidad prevista por el artículo 40.4 del  Código Penal.   

Recurrido  el  fallo  anterior, el Tribunal  Superior  de  Cali,  Sala de Decisión  Penal integrada por los Magistrados  aquí  procesados, en providencia de agosto 24 de 1988 (fs. 1 y Ss. cdno. 1), lo  confirmó,  pero  no  por  los  motivos  expuestos  por  el  a  quo  (causal  de  inculpabilidad),  sino  por  fallas probatorias en torno a que no se determinó,  en  primer  lugar,  si  la  Seccional de Salud del Valle del Cauca patrocinó el  curso  de  pos-grado  adelantado  por  el  doctor  Bejarano  Riaño  y bajo qué  modalidades;  como segundo aspecto, porque no se aclaró si el presunto contrato  celebrado  entre  la administración de Salud del Valle del Cauca con el médico  Bejarano  Riaño  sobrepasó  en su cuantía y término el límite fijado por la  ley,  situación  que,  según  el Tribunal, ha podido dilucidarse, entre otras,  mediante inspección judicial (f. 19 cdno. 1).   

Al    conocer del recurso de  casación  que  contra  el  fallo  anterior  interpuso la Fiscal 4a del Tribunal  Superior  de  Cali, la Corte en sentencia de 26 de octubre de 1989 (fs. 38 y Ss.  cdno.  1),  casó  la  providencia  impugnada y decretó su anulación. Señaló  esta  corporación  que “existe incongruencia lógica entre la parte motiva de  la  sentencia,   y  la parte resolutiva de la misma, a tal punto que sería  de  suponer  que el Magistrado Ponente la redactó sin conocer el proceso, si no  hubiera  sido  él mismo quien elaboró la ponencia en que se revocó el auto de  segundo  sobreseimiento  temporal”,  pues  en  lugar  de tratar los delitos de  falsedad  y  peculado  imputados  a  los  implicados y sus circunstancias, “se  ocupa,  por  el  contrario,  de  dilucidar  dos  problemas muy distintos …, el  primero  …  se  refiere  a  un tema colateral que podría haber incidido en la  cuantía  de  la  pena  en caso de que se hubiera establecido la responsabilidad  penal  de  los  procesados,  como  sería  el de saber si los dineros apropiados  estaban  destinados  a patrocinar el curso de pos-grado adelantado por el doctor  Bejarano;  y  el  segundo  que  se  refiere  más  a  la posible comisión de un  ilícito  relacionado  con  la  celebración indebida de contratos, y no con los  que    fueron    motivo    de   la   sentencia   que   por   apelación   estaba  conociendo.”   

Dispuso  entonces  la  Corte  compulsar las  copias  pertinentes,  “para  que se determine si al expedir la providencia que  se  estudia,  hubo  conducta  ilícita  por  parte  de  los  Magistrados  que la  suscribieron”.   

Es      de     recordar      que     aquel     asunto    terminó   con  sentencia  condenatoria de fecha 10 de agosto de 1990 (f. 1  cdno.  anexos),  fallo  que esta corporación no casó al resolver  recurso  de  casación  interpuesto  por  el  procesado  GUSTAVO BERGONZOLI PELAEZ (sept.  18/91, M.P. Dr. Guillermo Duque Ruiz, fs.171 y Ss. cdno. 1).   

2. Según se aprecia en las correspondientes  indagatorias,  los  procesados  pueden  ser  individualizados  de  la  siguiente  manera:   

2.1.   El   doctor    DANIEL  SINISTERRA  DOMINGUEZ  nació en  Buga  (V.)  el  6  de  septiembre de 1947, hijo de Carlos Guillermo Sinisterra y  Matilde  Domínguez.  Separado y luego en unión libre; residía  al tiempo  de    la    indagatoria    en    Cali,    en    la    calle   10   N� 5-13 apartamento 506. Abogado egresado  de   la  Universidad  Santiago  de  Cali,  profesor  universitario,  desempeñó  funciones  judiciales  durante  17  años, la última como Magistrado de la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cali. Refirió ser portador de la cédula de  ciudadanía  N� 6.186.800 de  Buga.   

El  doctor MIGUEL  ANGEL  TORRES  CALERO  nació  en  Bolivar  (V.);  al  momento  de la indagatoria (febrero 10/93) tenía 61 años de edad y residía en  Cali  en  la  carrera  60 N�  4-49.  Hijo  de Sabulón E. Torres y Rosa María Calero de Torres; estado civil,  separado.  Abogado  egresado  de  la  Universidad  Javeriana. También de amplia  trayectoria  en la Rama Judicial del Poder Público, Magistrado de la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  de  Cali  al  tiempo de los hechos y de la indagatoria.  Refirió   ser   portador   de   la   cédula   de   ciudadanía   N� 2´411.972 de Cali.   

3.  Por  auto  de  octubre  30  de 1991, se  ordenó la práctica de pruebas en diligencias preliminares.   

Con la entrada en vigencia del nuevo Código  de  Procedimiento  Penal,  la  actuación  fue remitida a los Fiscales Delegados  ante la Corte Suprema de Justicia, por competencia.   

El   15   de  enero  de  1993  se  abrió  investigación,  siendo escuchados en indagatoria los doctores DANIEL SINISTERRA  DOMINGUEZ  y MIGUEL ANGEL TORRES CALERO, a quienes mediante resolución de fecha  12  de  abril  de  1993,  fue  resuelta  su  situación  jurídica con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  con  derecho  a  excarcelación, como  probables  responsables  del  delito  de  prevaricato por acción. En esta misma  providencia  se  declaró  extinguida  la  acción  penal  respecto  del  tercer  Magistrado,  doctor  ROBERTO  TRIVIÑO  PAZ,  por  muerte (fs. 323 Ss. cdno. 2).   

Cerrada  la investigación, en proveído de  10  de  febrero de 1994, la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de Justicia  formuló  resolución  de  acusación  contra  los  doctores  DANIEL  SINISTERRA  DOMINGUEZ   y   MIGUEL   ANGEL  TORRES  CALERO,  “como  autores  probablemente  responsables del delito … de prevaricato.”   

De  las  consideraciones de la Fiscalía en  torno a la culpabilidad, cabe extractar los siguientes apartes:   

         “Que  existe una manifiesta desconección entre la sentencia y el  proceso  es  tan  evidente  que  ese  fue  el motivo expresado por la Corte para  compulsar  las  copias  que  dieron  origen  a esta investigación, así como es  ostensible  que  su  motivación  poca  relación  tiene con la resolución. Tal  constatación  se  erige así en el indicio de responsabilidad, porque del hecho  probado  se  infiere  intención  manipuladora de la prueba que se expresa en la  mención  y  apreciación  de  aquellas  piezas  no relacionadas con los hechos,  acompañada  de  la omisión de mencionar las contundentes pruebas de cargo para  rebatirlas  o  cuando  menos  explicar  por  qué  si  permitieron  afirmar  tan  categóricamente  la  responsabilidad indudable, ahora esas mismas pruebas ya no  eran suficientes.   

         …Por  otra parte, existe un indicio adicional del dolo predicable  tanto  del  Magistrado  ponente  como  del Dr. TORRES, quien integró la Sala de  Decisión.  En  efecto,  fue  este  último  quien  en  calidad de Juez Superior  profirió  el  primer  sobreseimiento  temporal  …,  providencia  en  la  cual  quedaron  expresadas,  respecto  de  la  culpabilidad  de  los  delitos  que  se  imputaban  a los médicos BERGONZOLI y BEJARANO, exactamente las mismas dudas en  que  se  fundamentó la sentencia de segunda instancia. Sin embargo después, ya  en  la  calidad de Magistrado y sobre ponencia del Dr. SINISTERRA aquellas dudas  las  tuvieron  los  mismos  funcionarios  por  superadas enteramente y de manera  categórica,  al  extremo  de permitir las afirmaciones contenidas en el auto de  llamamiento  a  juicio,  providencia  mediante  la  cual  se  revoca  el segundo  sobreseimiento  temporal.  Significa entonces lo anterior que en la subjetividad  de   los  Magistrados,  especialmente  en  la  del  Dr.  TORRES,  las  falencias  probatorias  y  la  incertidumbre  acerca  de  la culpabilidad que en la primera  ocasión  él  había  expresado,  en la segunda ya no existían porque de haber  persistido  o  el  Dr.  TORRES  insistido  en  ellas, no hubiere sido posible la  revocatoria  del  segundo  sobreseimiento temporal y sobre todo en los términos  en  que  tal  revocatoria  se produjo, demostrativos de que las dudas ya habían  sido  despejadas  hasta obtener certeza. El súbito cambio de criterio contenido  en  la  sentencia  de segunda instancia, simplemente para repetir prácticamente  las  mismas  dudas  que  según  los mismos funcionarios, con lujo de detalles y  profundidad  en  el  análisis  ya habían sido completamente dilucidadas, no se  explica  racionalmente  sino  como  expresión  de  conciencia  e  intención de  vulnerar la ley.”  (fs. 17 y 18 cdno. 2).   

                                                   

En  la  etapa del juicio no se practicaron  pruebas.   

4.  AUDIENCIA  PUBLICA.   

4.1.          Intervención   del   Fiscal  General  de  la  Nación.   

Tanto en intervención oral como en resumen  escrito,  pide  que la Corte profiera sentencia condenatoria contra los doctores  DANIEL  SINISTERRA  DOMIGUEZ  y  MIGUEL  ANGEL  TORRES  CALERO,  como  coautores  responsables del delito de prevaricato por acción.   

Para  sustentar  la  petición  anterior,  sostiene  el  Fiscal  que los Magistrados investigados, al proferir la sentencia  de  segunda  instancia  en  el  asunto  seguido  contra  los médicos Bergonzoli  Peláez  y  Bejarano  Riaño,  lo  hicieron con manifiesto desconocimiento de la  realidad  procesal  que  tenían  presente  y  que no aplicaron, pues terminaron  absolviendo   a  dichos  implicados  por  conductas  que  no  fueron  objeto  de  investigación  y  de juzgamiento, análisis desviado  que  “no tuvo  en  cuenta  ni  las  conductas objeto de juzgamiento ni las pruebas abundantes e  incontrovertibles  de  la  responsabilidad  penal  que  ha debido declarar en la  parte  resolutiva, condenando a los procesados, para en su lugar absolverlos con  base    en    una    inexistente    ‘duda      probatoria’.” (f. 109 cdno. 3).   

Al     ocuparse          de          la     culpabilidad,    señala  el  Fiscal  que los Magistrados investigados  obraron  con  pleno  conocimiento  de  la ilicitud de su conducta y con voluntad  libremente  dirigida al desconocimiento de la ley, toda vez que son funcionarios  experimentados  en  las  lides  del  derecho penal, circunstancia que no permite  aceptar  que  incurrieron  en  error.  Por  el contrario, fueron los autores del  llamamiento  a  juicio  proferido  contra  los  médicos  Bergonzoli y Bejarano,  oportunidad  en  la que hicieron afirmaciones categóricas sobre los delitos por  éllos  cometidos  y  sobre  su  culpabilidad, sin que en la etapa del juicio se  produjera  variación  probatoria,  de  allí  que los funcionarios investigados  “se   inventan   la  inexistente  duda  probatoria”  para  absolver,  cuando  conocían   ampliamente   el   proceso   y   las   pruebas  que  sustentaron  la  acusación.   

4.2.          Intervención    del    Procurador    Segundo   Delegado   en   lo  Penal.   

Después  de  un pormenorizado recuento de  los  hechos  que dieron lugr al proceso seguido contra los médicos Bergonzoli y  Bejarano,  al  igual  que de las providencias que allí se dictaron, destaca que  el  doctor Torres Calero también participó en dicho asunto como funcionario de  primera   instancia   y  señala  que  los  ex  Magistrados  juzgados  ignoraron  dolosamente  el  material  probatorio existente, de manera que incurrieron en el  delito de prevaricato.   

Como  sustento de la conclusión anterior,  señaló  el  Ministerio  Público  que  los  implicados fueron quienes dictaron  llamamiento  a    juicio  contra  los  médicos  Bergonzoli  Peláez y  Bejarano  Riaño,  por los delitos de falsedad ideológica en documento público  y  su  uso,  en concurso con peculado por apropiación, en providencia que luego  de  acertado  análisis probatorio y por su proyección jurídica, descartó las  explicaciones  vertidas  por  los  implicados,  al  punto  de  establecer que no  existió  contrato  que  vinculara a Bejarano Riaño con la Secretaría de Salud  del  Valle  y  que  un eventual acuerdo no podía ser verbal. Al doctor Bejarano  Riaño  se  le dejó de pagar por motivos diversos a los de terminación legal y  normal  del  pretendido  contrato de trabajo, de manera que en tales condiciones  no  se  podía  confundir  la  suma aproximada a los $300.000 que cobró, con el  valor  que  exigía  el Decreto 222 de 1983 para que pudiera realizarse en forma  verbal.   

Enfatiza que las imputaciones hechas en la  providencia  que  calificó el mérito de aquél sumario, no fueron desvirtuadas  por  las pruebas practicadas en la etapa del juicio, pues éstas hacen relación  a  varias  declaraciones,  en  su  mayoría  de  los  abogados  de  la División  Jurídica  de  la  Secretaría  de  Salud  que  dijo  el  doctor  Bergonzoli  lo  asesoraron,  quienes dirigieron sus versiones a demostrar que el contrato con el  doctor  Bejarano  había  sido  verbal.  Pese  a  lo  anterior,  los Magistrados  acusados  al  dictar  sentencia  absolutoria  se  apartaron  de  los delitos que  habían  sido materia de acusación (falsedad en documentos públicos y peculado  por  apropiación), para adentrarse en temas que, como dijo la Corte al casar el  fallo  y  decretar su anulación, ninguna relación guardaban con la providencia  calificatoria.  Esto es, absolvieron con una motivación que nada tenía que ver  con la decisión que tomaron.   

Esto  porque frente a la falsificación de  documentos  y la apropiación de dineros públicos, ninguna trascendencia tenía  demostrar  si  la  Secretaría  de Salud del Valle le pagó o no los estudios de  pos-grado  al  doctor  Bejarano,  o  cómo  fue  la vinculación de éste con la  Universidad  del  Valle,  de manera que los documentos   que encontró  ausentes  el  Tribunal  al  proferir el fallo no guardan relación con los temas  base de acusación.   

4.3.          Intervención   de  la  defensora  del  doctor  Daniel  Sinisterra  Domínguez.   

Comienza sus argumentos  indicando que  de  acuerdo  con la diligencia de indagatoria rendida por su representado, en su  condición  de  Magistrado  Ponente en el Tribunal Superior de Cali, Sala Penal,  confirmó  la  sentencia absolutoria que había dictado el Juzgado 2�  Superior,  “basado  en  que  las  pruebas  no  conducían  a  la  certeza de la responsabilidad de quienes estaban  siendo  juzgados,  al  encontrar  dentro del acervo probatorio documentos que no  cumplían  el  requisito de la autenticidad como lo establecía el artículo 248  del  Decreto  050  de  1987  en  concordancia  con  los artículos 251 y Ss. del  Código  de Procedimiento Civil”, y si estas disposiciones fueron aplicadas al  caso  sometido  a  su  consideración, “falló en derecho al dar aplicación a  los artículos antes citados” (f. 95 cdno. 3).   

Asevera  que  si  bien en este caso están  demostradas  la  tipicidad  y  la  antijuridicidad del delito de prevaricato, el  tercer  elemento del hecho punitivo, esto es, la   culpabilidad,   falla   en   su  configuración,  al  no  aparecer  demostrado que los  funcionarios  acusados  obraron con la intención de quebrantar la ley al dictar  la providencia de fecha 24 de agosto de 1988.   

Pudo  acontecer,  dice  la  defensora  del  doctor  Sinisterra  Domínguez, que su asistido “creyendo que estaba aplicando  la  norma  correcta,  la  aplicó por error de manera incorrecta, lo que lo hace  subsumirse  en el llamado error de tipo” (f. 139 cdno. 3), pero como el delito  de  prevaricato  solamente  admite   modalidad  dolosa,  debe exonerarse de  responsabilidad por el hecho punible atribuido.   

Reitera que el dolo debe probarse;  en  este  caso,  el  material  probatorio  no  indica  la  incorrección moral de su  representado  al dictar la sentencia, de manera que se hace “benefactor de una  de  las  causales  de  inculpabilidad  contempladas  en el numeral 4�   del   artículo   40  de  nuestra  legislación penal” (f. 142 ib.).   

4.4.          Intervención   del   defensor  del  doctor  Miguel  Angel  Torres  Calero.   

Tanto  en su intervención oral  como  en  el  resumen  escrito aportado, al pedir absolución para su representado, en  los  primeros  apartes,  se refiere a los cargos contenidos en la resolución de  acusación,  para  anotar con vista en la providencia cuestionada,  que los  Magistrados  del  Tribunal  de  Cali hicieron amplio análisis tanto formal como  material  sobre  las  razones  que  los  llevaron  a proferir  absolución,  acometiendo  en  comienzo  estudio  sobre  la  validez  de  la prueba documental  aportada  para  establecer  que  no cumplía con los requisitos previstos por la  ley,  en  tanto  no  fue  allegada  en  original o copia auténtica o reconocida  mediante  inspección  judicial,  de  manera  que  al  señalar los funcionarios  acusados  “la  no  existencia de documento público auténtico que indique que  el  Servicio  de  Salud  del  Valle,  estuviese  patrocinando  por alguna de las  modalidades  consagradas  en  la  ley,  el  pago de los estudios de pos-grado en  salud  pública”  (f.  152  cdno.  3),  eran esos los hechos juzgados, pues se  estaba hablando de falsedad y peculado.   

También    estimaron   que   algunas  aseveraciones  del médico Bergonzoli no fueron comprobadas mediante las pruebas  pertinentes,  de  manera  que  la  sentencia  de  fecha 24 de agosto de 1988 sí  reúne  todos los requisitos previstos por el artículo 186 del anterior Código  de  Procedimiento  Penal, luego no existe la incongruencia entre la parte motiva  y  la resolutiva que dedujo la Corte al ordenar la expedición de copias; al fin  y  al  cabo,  se absolvió por duda en aspectos probatorios, así no se esté de  acuerdo  con dicho análisis o éste hubiera resultado incompleto, de manera que  no  puede  deducirse  reproche  por  prevaricato,  conclusión a la que también  llegó  el  Magistrado Jorge Enrique Valencia Martínez al sustentar los motivos  por  los  cuales  se  declaró  impedido  en  su  momento  para  conocer de este  asunto.   

Al   ocuparse   de la  personalidad  del doctor Torres Calero, dice que se trata de persona que dedicó  mucho  tiempo,  casi  toda  su  vida,  a  la judicatura, sin reproche alguno, no  siendo  merecedor  de  calificativos de “criminal”,  “delincuente”,  “antisocial”,  “desvíado”,  que  es  lo  que se está haciendo desde el  momento  en  que se ordenaron las copias para investigación y ahora en el curso  del proceso.   

En  torno  a  los  delitos  de falsedad y  peculado  atribuidos  a los médicos Bergonzoli y Bejarano Riaño, señala que a  lo  largo  del  proceso  se plantearon diversas formas de pensamiento en torno a  los   hechos,   al   punto  que  en  primera  instancia  fueron  proferidos  dos  sobreseimientos  temporales  y  una  sentencia  absolutoria  donde se reconoció  causal  de  inculpabilidad (error de tipo), al igual que en asunto disciplinario  el  médico  Bergonzoli  fue  exonerado  de  responsabilidad, luego no hay plena  coincidencia  en  el  plano  probatorio  sobre la ostensible contrariedad con la  ley,    de    la    sentencia    absolutoria   dictada   por   los   Magistrados  acusados.   

Por  último  anota  el  defensor  que el  doctor  Torres  Calero  carecía  de  motivos,  de  razones, de fundamentos o de  propósitos  para  querer torcer o maltratar el derecho. Y si no existe conducta  inmotivada,  como  lo  reconoce la Fiscalía en la providencia calificatoria, se  pregunta  si  podrá reprocharse el comportamiento de un buen hombre, como lo es  su  defendido,  al  igual  que  sugiere si no será que el delito de prevaricato  reitera    “tácitamente    los   viejos   ‘sentimientos’   de   simpatía   y  animadversión,    con   un  verbo  rector  fuertemente  matizado,  con  el  ‘manifiestamente’.” (f. 172 cdno. 3).   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE    

1�  Se  imputa  a los ex Magistrados del  Tribunal  Superior  de  Cali, Sala Penal, doctores DANIEL SINISTERRA DOMINGUEZ y  MIGUEL  ANGEL  TORRES  CALERO,  haber  proferido  una  decisión manifiestamente  contraria  a  la ley, dentro de un proceso que se adelantaba contra los médicos  GUSTAVO  BERGONZOLI  PELAEZ  y  ANCIZAR  BEJARANO  RIAÑO,  por  los  delitos de  falsedad  en  documento  público  y  peculado,  cuando  tuvieron oportunidad de  revisar  por  vía  de  apelación  el  fallo que en primera instancia dictó el  Juzgado  2�  Superior de  aquella ciudad.   

Es de insistir, como ya quedó dicho, que  la  acción  penal  fue  extinguida  en  relación  con  el tercer integrante de  aquella   Sala,  doctor  ROBERTO TRIVIÑO PAZ, como consecuencia de haberse  demostrado su deceso.   

2�   La  resolución de acusación proferida en este caso, hace  alusión  al  prevaricato  por  acción descrito en el artículo 149 del Código  Penal,  sancionable  con  pena  de  prisión  “de  uno (1) a cinco (5) años e  interdicción  de derechos y funciones públicas hasta por el mismo término”,  disposición  aplicable  frente a los hechos  controvertidos, consumados el  24  de  agosto  de  1988,  en  atención  a  que  en  virtud  del  principio  de  favorabilidad  no los afecta el incremento punitivo introducido por el artículo  28 de la Ley 190 de 1995.   

El  delito de prevaricato consiste, en su  forma   activa,  en  el  hecho  de  que  un  servidor  público  (sujeto  activo  cualificado)  profiera  resolución  ostensiblemente  contraria  a  la ley, o en  otras  palabras,  manifiestamente  opuesta  a  la  solución  jurídica  que  el  funcionario   está   en   la  obligación  legal  de  aplicar  frente  al  caso  específico.   

En  cuanto  a  lo  primero, la actuación  abunda  en   prueba  documental  que  demuestra  que  para  la fecha de los  hechos,  los  doctores  DANIEL SINISTERRA DOMINGUEZ y MIGUEL ANGEL TORRES CALERO  se  desempeñaban  como  Magistrados  del  Tribunal Superior de Cali, Sala Penal  (fs. 58 y ss. cdno. 1).   

Para  establecer   si  al  dictar la  sentencia   absolutoria  de  fecha  24  de  agosto  de  1988,  lo  hicieron  con  desconocimiento   de  las  preceptivas  legales,  ha  de  atenderse,  en  primer  término,  las  razones  de  hecho  y  de  derecho  que tuvieron los Magistrados  acusados  cuando  al  conocer en virtud de apelación del segundo sobreseimiento  temporal  proferido en favor de los médicos GUSTAVO BERGONZOLI PELAEZ y ANCIZAR  BEJARANO  RIAÑO,  lo  revocaron,  para en su lugar abrir causa penal contra los  mismos,  a  efectos de que respondieran en juicio por el concurso de los delitos  de   falsedad   ideológica  en  documento  público,  su  uso  y  peculado  por  apropiación.   

En  la providencia calificatoria se dejó  sentado  de manera inequívoca que el doctor BERGONZOLI PELAEZ, en su condición  de  Jefe  Seccional del Servicio de Salud del Valle, produjo cuatro resoluciones  con  sus  correspondientes  constancias  y  cuentas  de  cobro,  reconociendo  y  autorizando  pagar  a favor del doctor ANCIZAR BEJARANO RIAÑO,  la suma de  $58.087   mensuales   por   el   tiempo   comprendido   entre  el  1�  de  marzo y el 30 de julio de 1983,  por  concepto  de  servicios prestados en el cargo de “Coordinador Técnico de  la  Unidad  Regional  de  Salud  de  Zarzal”,  dineros  que éste cobró en la  Pagaduría;  documentos  que  fueron  así  elaborados  con el fin de “evitar la  glosa  de  auditoría”,  según  expresó el doctor Bergonzoli en su indagatoria  (fs.  101  a  103  cdno. 1 original). Se destacó, de igual manera, que Bejarano  Riaño  fue  desvinculado del mencionado cargo el 28 de febrero de dicho año de  1983,  de manera que lo consignado en los documentos que permitieron el cobro de  dineros  del  erario  público  contrariaba  la  verdad  que  estaban llamados a  demostrar.   

Enfatizaron  los Magistrados acusados que  entre         la         Seccional           de     Salud      del      Valle     y  el  médico         Bejarano         Riaño            no    existió            ninguna          clase     de     vinculación     desde el     punto    de   vista   legal,   luego  de  revocarse  el  nombramiento   del      cargo     que     desempeñó    en    el     Hospital  de  Zarzal,  toda  vez que no se  firmó  contrato, ni se creó  cargo con funciones específicas, y que aún  aceptando        que     la       investigación    que       éste       realizó      en    sus    estudios  de  pos-grado  constituía  la   prestación  de  “servicios    ocasionales”,      ello     en    manera    alguna,   sin    contrariar    las   disposiciones   sobre   contratación  administrativa,  podía     asimilarse  al  cargo  de Coordinador  Técnico de la Unidad Regional   de   Salud  de  Zarzal,   que    ya no desempeñaba, al  contrario  de  lo  que  se  indicó  en  los  documentos redargüidos de falsos.   

Se indicó también que la investigación  realizada  por  el  doctor  Bejarano  Riaño  fue presentada en el año de 1984,  luego,  por obvias razones, no pudo haberse entregado para justificar el pago de  salarios  por el tiempo comprendido entre marzo y julio de 1983, sumas que   dejaron  de  cobrarse  a  partir  del  mes  de  agosto,  no  por agotamiento del  presupuesto  como  pretendió justificarlo su beneficiario, sino porque para ese  momento  el  doctor  JAIME  HERNANDEZ VASQUEZ, Director de la Unidad Regional de  Salud  de  Zarzal, advirtió las irregularidades en los documentos expedidos por  el Jefe del Servicio de Salud del Valle.   

Este  análisis,  comprensivo también de  las  explicaciones  vertidas por los procesados, las cuales fueron desvirtuadas,  llevó    a    la    Sala   conformada   por   los   funcionarios   acusados   a  precisar:   

       “Es  indiscutible,  por  la  forma  como  fueron  consumados los  hechos  punibles,  que  entre  el Dr. GUSTAVO BERGONZOLI PELAEZ y el Dr. ANCIZAR  BEJARANO  RIAÑO,  obraron en absoluta complicidad, mediando un acuerdo previo y  sobre  la  base  de una preparación ponderada o minuciosa de los ilícitos. Por  tal  motivo, tanto el Dr. GUSTAVO BERGONZOLI PELAEZ como el Dr. ANCIZAR BEJARANO  RIAÑO,  deberán responder en juicio criminal por las conductas relacionadas en  el  párrafo anterior, porque el Dr. GUSTAVO BERGONZOLI PELAEZ, en su condición  de  funcionario  público, elaboró los documentos públicos apócrifos para que  sirvieran  como  medio  de prueba al Dr. ANCIZAR BEJARANO RIAÑO para el pago de  las  asignaciones  en  ellos  contenidas, y esa   documentación   fué  usada  por ambos cuando se le imprimió el trámite interno en pagaduría,  a  efectos  de obtener, como así ocurrió un beneficio económico en detrimento  de las arcas del Estado.” (f. 36 cdno. 1).   

Estas  disquisiciones también llevaron a  negar  la libertad provisional y ordenar la captura de los implicados Bergonzoli  Peláez   y  Bejarano  Riaño,  “Ante  la  gravedad  de  los  hechos  punibles  atribuidos en este proveído” (f. 37 ib.).   

Al   inclinarse   por   la   sentencia  absolutoria,   los   Magistrados   acusados   hacen  referencia  a  que  existen  “dudas”  probatorias,  en  la  medida  que  algunos  documentos aportados en  fotocopia  no fueron autenticados. Y que tal falla en el proceso de aducción de  esta  clase  de  medios de comprobación no permite dilucidar, de un lado, si el  Servicio  Seccional  de Salud del Valle le costeó los estudios de pos-grado que  el  doctor  ANCIZAR BEJARANO RIAÑO adelantó en la Universidad del Valle, y, de  otra  parte, bajo qué condiciones se realizó dicho auxilio y si fue verificado  seguimiento  a la investigación adelantada. Expresó la Sala cuestionada que si  bien  el  médico Bejarano Riaño no estaba inhabilitado para celebrar contratos  con  la  administración  central  de  Salud  del Valle, pues la desvinculación  ocurrió  cuando  prestaba  sus  servicios  en el Hospital de Zarzal, quedaba en  “duda  dentro  del proceso, si el contrato … iba a continuar indefinidamente  a  partir,  inclusive, de agosto de 1983, sobrepasando en su cuantía y término  el  límite  señalado en la ley, caso en el cual se habría violado el Estatuto  de Contratación” (f. 19 cdno. 1).   

Estos temas fueron traídos como sustento  de  la  absolución,  puntos  que ninguna trascendencia tenían en relación con  las  categóricas   valoraciones    sobre   tipicidad y  compromiso   penal   que   los   mismos   Magistrados   realizaron  en  el  auto  calificatorio,  en  torno  al  concurso de los delitos de falsedad en documentos  públicos  y  peculado atribuidos a los médicos Bergonzoli y Bejarano, y que en  esta  oportunidad despreciaron, desconociendo tanto el aspecto jurídico como el  probatorio  expresado  en  aquella oportunidad, sin que se quiera significar que  la  resolución de acusación conduce fatalmente a un fallo de condena, pues las  exigencias  son  diversas  y  bien  puede  variar  por los resultados del acopio  durante la causa.   

Pero este cambio probatorio no ocurrió en  el  asunto  sometido  al  examen  de los Magistrados acusados, toda vez que para  avalar  la  absolución hicieron referencia a hechos diferentes de aquéllos por  los  cuales  se  formuló   llamamiento  a juicio. En efecto, sin que pueda  olvidarse  el  formalismo en la aducción de medios de prueba documental traidos  en  copia al proceso, ninguna incidencia tenían aquéllos que el Tribunal adujo  faltos  de  autenticación,  en  orden  a  demostrar si el doctor  Bejarano  Riaño  fue  beneficiado  por  el  Servicio  Seccional  de  Salud del Valle para  adelantar  estudios  de  pos-grado,  pues  si  se  hubiese  demostrado  que a la  Universidad  del  Valle  se realizaron pagos indebidos, tales conductas pudieran  tener  repercusiones  en  otros  delitos,  pero  no en los que fueron materia de  acusación.   

Igual   sucede   con  la  existencia  o  inexistencia  de  un  “contrato  de  prestación de servicios”, que el mismo  Tribunal  había estimado  inexistente, y que de asumirse     como     hipótesis,  al  sobrepasar  la  cuantía  y el término  señalado  por  la  ley  para  poder  acordar de manera verbal constituiría una  violación  al  estatuto de contratación, pero dejaba indemnes las imputaciones  hechas  en  cuanto  los  médicos  Bergonzoli y Bejarano falsificaron documentos  públicos,  que  fueron  utilizados para obtener dineros públicos por servicios  que no fueron  prestados.   

Queda  claro  entonces  que  la sentencia  absolutoria  dictada  por  la  Sala  que  conformaron  los  doctores  Sinisterra  Domínguez  y  Torres Calero, al desatender los aspectos cardinales atinentes al  juicio  de  adecuación  típica  y  a  la responsabilidad penal, y disimular la  situación  mediante el tratamiento de puntos ajenos al núcleo central  de  la  acusación,  incurrieron  en  una resolución manifiestamente contraria a la  ley, que remite al delito de prevaricato.   

La  evidencia  de esta situación motivó  que  esta  corporación se pronunciara de la siguiente manera, en su providencia  de  fecha  26  de  octubre de 1989, M.P. doctor Jaime Giraldo Angel, mediante la  cual  se  casó  y  declaró  la  nulidad  de la sentencia de agosto 24 de 1988,  materia de este proceso penal:   

       “En  el  caso  en estudio no aparece el análisis de los elementos  que  constituyen  los  delitos  de falsedad y peculado, que son las infracciones  objeto  de  decisión,  y por  esta razón, tampoco aparece el análisis de  las   pruebas   encaminadas    a      determinar    la     existencia   o   no  de  estas  conductas    delictuosas,    y    en    caso  afirmativo, la de  sus  autores  o  partícipes.  Faltando  estos  elementos de juicio es necesario  concluir   que   la   parte   resolutiva   de  la  providencia  carece  de  toda  motivación…” (f. 49 cdno. 1).   

Al  soslayar  de  esta  manera  el motivo  central   del   pronunciamiento,   los   Magistrados   integrantes  de  la  Sala  evidenciaron   su  proceder  antijurídico,  propiciatorio  de  una  absolución  ostensiblemente  opuesta  a lo que dictaban las pruebas recopiladas, que en todo  caso  debieron  ser  objeto  de  una  valoración  directa  y no evasiva, por la  probabilidad  de que condujeran a una sentencia diferente, como posteriomente se  determinó.   

Por   esa  actuación  de  dicha  Sala,  resultaron  vulnerados  el  artículo  247  del  Código  de Procedimiento Penal  entonces   vigente   y   las   disposiciones   sustantivas  definitorias  de  la  participación  y de los delitos de falsedad ideológica en documento público y  peculado por apropiación.   

Conductas como la realizada por los otrora  Magistrados  enjuiciados  vulneran  el  bien  jurídico  de  la  administración  pública,  al punto de atentar contra el interés que tiene el Estado en que las  determinaciones  de  sus servidores se ajusten a la legalidad y constituyan fiel  instrumento  para  resolver,  de  acuerdo  con  la  ley,  el  suceso  que se les  plantea.   

Al dictar la sentencia controvertida, los  procesados,     contrariamente     a     su     deber    jurídico      de    actuar   conforme   a   derecho,    conculcaron  sin  justificación alguna aquel bien, cuya tutela les fue confiada  en razón del cargo que ocupaban.   

3�  En  torno  a  la  culpabilidad  en  el delito de prevaricato, el  actuar   doloso  requiere  entendimiento  de  la  manifiesta  ilegalidad  de  la  resolución  proferida,  conciencia  de  que  con  tal  proveído se vulnera sin  derecho  el  bien  jurídico de la recta y equilibrada definición del conflicto  que  estaba  sometido  al  conocimiento  del  servidor  público, quien podía y  debía dictar un pronunciamiento ceñido a la ley y a la justicia.   

Los defensores de los antaño Magistrados,  apoyan  la  aseveración  de  la  ausencia  de  dolo  en  afirmaciones  como las  siguientes:  no  está  demostrado  que  al  dictar la sentencia cuestionada los  implicados  quisieron  quebrantar  la  ley;  pudo  ocurrir  que  al  aplicar las  disposiciones  relativas  a  la aducción de pruebas documentales incurrieron en  error;  el  proveído sí reune los requisitos previstos en la ley; se absolvió  por  duda  en  aspectos  probatorios  y,  así  no se esté de acuerdo con dicho  análisis      o     éste     hubiera    resultado      incompleto,      no      puede  deducirse  reproche  por  prevaricato;  no  hay  prueba  de las motivaciones que  hubieran podido tener para torcer el derecho.    

La  respuesta  a  estos  planteamientos  conlleva,  como  primer  punto,  que  la  ley  no exige para que se configure la  responsabilidad   en   el  tipo  penal consagrado por el artículo 149  del  Código Penal, que se pruebe que un móvil específico se perseguía con el  proveído manifiestamente contrario a la ley;   

basta, como acaba de decirse, que se haya  proferido  con  conocimiento  de su ilicitud. Puede ocurrir que esa finalidad se  establezca  y  pase  a  ser  elemento  útil  para  comprobar  la existencia del  dolo,   sin  que  con  ello  quiera significarse que cuando no se acredite,  como  frecuentemente  ocurre,  haya  de  concluirse  que  no  hubo  dolo  en  la  actuación.   

No  se  requiere entonces, en lo que toca  con  la  demostración  del dolo en el prevaricato, de ingredientes adicionales,  por  ejemplo  “simpatía” o “animadvesión” hacia una de las partes, como lo  exigía  el  Código Penal de 1936. Sólo es fundamental que se tenga conciencia  de  que  el  pronunciamiento  se  aparta  ostensiblemente  del  derecho, sin que  importe  el  motivo específico que el servidor público tenga para actuar así.   

En relación con los otros argumentos, es  claro  que la acusación por prevaricato no versa sobre  desconocimiento de  requisitos  de  la  sentencia  cuestionada,  ni  sobre  aspectos  relativos a la  interpretación    de    normas    o    de    pruebas    en    la    que    pudo  apoyarse.            La           manifiesta   ilegalidad   del fallo absolutorio que benefició a los médicos Bergonzoli  y  Bejarano, obedece a que se simuló una motivación con aspectos irrelevantes,  con  la  consecuente  desatención  consciente de la prueba suficiente e idónea  que imponía condenar a dichos implicados.   

En otras palabras, el fallo absolutorio no  tuvo  motivación  valedera  y  desconoció,  intencionalmente  por  quienes  lo  profirieron,    el    material   probatorio, resultando  claro  que,  a  conciencia  de  su  ilicitud,  los  procesados  profirieron  una  decisión contraria a derecho.   

La   amplia  trayectoria  y  formación  jurídica  de  los  otrora  Magistrados;  el  hecho  de que hubieran sido éllos  mismos  quienes  redactaron y suscribieron la providencia que revocó el segundo  sobreseimiento  temporal,  para  en  su  lugar  llamar  a  juicio;  la  realidad  probatoria  que  apreciaron  entonces  y  que  no fue modificada en la etapa del  juicio;  la  información  adicional  que  el  doctor  Torres  Calero tenía del  asunto,  por  haberlo  ventilado  como  juez  de primera instancia, son sin duda  elementos  adicionales  serios  y  graves de comprobación del conocimiento y la  voluntad,  que  permiten  inferir  que no fue por negligencia, o por carencia de  ilustración  o de idoneidad, sino que obraron con dolo y merecen, por tanto, el  juicio  de  reprochabilidad  por  haber  actuado  intencionalmente,  estando muy  lejano de la realidad el reconocimiento del error invocado.   

Es   que,   se   insiste,  no  existió  valoración  de  normas  o  de  pruebas en punto a las imputaciones hechas a los  médicos  Bergonzoli  y  Bejarano  por  los delitos de falsedad y peculado, sino  que,    desconociendo    la    realidad    contenida    en    el   proceso,   se  sustentó   

la  absolución  con  intrascendencias,  frente a la solidez por éllos mismos expresada en la acusación.   

Se reunen entonces los requisitos que para  condenar  exije  la  ley,  particularmente  en  el  artículo 247 del Código de  Procedimiento Penal.   

4�  En  punto  a  los  criterios  previstos  en  el artículo 61 del  Código  Penal  para  fijar  la pena, resulta evidente que los ex Magistrados no  tienen  antecedentes  penales y que su conducta anterior siempre fue buena. Pese  a  lo  anterior,  la  gravedad  que  implica el investigado quebranto a la recta  administración   de  justicia  y  la  circunstancia  genérica  de  agravación  contenida  en  el  numeral  11  del  artículo  66  del  mismo  estatuto, por la  ilustración  de  los  acusados  y  su elevada posición laboral, impiden que la  pena  aplicable  sea  la  mínima  de  un  año de prisión; por tanto, ésta se  fijará  en veinte (20) meses, término que será igual para la interdicción de  derechos y funciones públicas.   

5�  Al  reunirse  los  requisitos  exigidos  por el artículo 68 del  Código  Penal,  se  otorgará  a  los  implicados el subrogado de la condena de  ejecución  condicional  en  cuanto  a  la pena privativa de la libertad, con un  período  de  prueba  de  dos  años  y  con  el  compromiso  de cumplir con las  obligaciones   establecidas   en  el  artículo  69  ibidem,  cuyo  cumplimiento  garantizarán  en la correspondiente diligencia de compromiso y bajo la caución  prendaria  que  prestaron  para  disfrutar  de la excarcelación concedida en la  resolución   que  definió  su  situación  jurídica  (fs.  338  y  339  cdno.  2).   

La   pena   de    interdicción  de  derechos y funciones públicas se hará efectiva, a partir de  la ejecutoria de esta sentencia.   

6�  Al    no     aparecer     demostrado    que     con    su  conducta los  procesados  hayan  ocasionado  específicos perjuicios, no se proferirá condena  en cuanto a este aspecto.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACION PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la ley,   

       R E S U E L V E   

1o.  CONDENAR  a  quienes  fueron Magistrados del Tribunal Superior  de  Cali,  Sala  Penal,  doctores  DANIEL SINISTERRA  DOMINGUEZ  y  MIGUEL  ANGEL  TORRES  CALERO,  de las  condiciones  civiles  y  personales  mencionadas  en  la  parte  motiva  de esta  providencia,   a   la  pena  principal  de  veinte  (20)  meses  de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término, como  coautores  del  delito  de  prevaricato  por acción por el cual se dictó en su  contra resolución acusatoria.   

2o.  CONCEDER  a   los   procesados  en  mención  la  condena  de  ejecución  condicional  en  cuanto  a  la pena privativa de la libertad, por un  período  de  prueba  de  dos  (2)  años,  con el compromiso de cumplir con las  obligaciones   y   bajo   la   caución   señaladas    en    la      parte     motiva     de     esta  sentencia.   

3o. ABSTENERSE  de    proferir   condena   a   indemnización   de  perjuicios.   

4o.          EXPEDIR     las    copias     ordenadas  en  el  artículo  501  del  C.  de  P.  P.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

         

         

       FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL   

RICARDO          CALVETE  RANGEL               JORGE          E.          CORDOBA  POVEDA          

LUIS  ARNOLDO  ZARAZO  OVIEDO  JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO     

         Conjuez   

CARLOS        E.        MEJIA  ESCOBAR                  DIDIMO          PAEZ  VELANDIA          

                                                                NO FIRMO   

NILSON          PINILLA  PINILLA           JUAN   MANUEL   TORRES  FRESNEDA   

       PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

       Secretaria   

     

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