16297b1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16297  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 191  

          Santafé  de  Bogotá,  D.C, treinta de noviembre de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          Resuelve  la  Sala  el  conflicto suscitado entre el Juzgado Primero  Penal  del Circuito Especializado de Antioquia y el Juzgado Veintiocho Penal del  Circuito  de  la  ciudad  de  Medellín,  a  propósito de la determinación del  funcionario  habilitado  para  ejecutar  la  sentencia condenatoria proferida en  contra  de  los  procesados CELSO FARNET ARROYO MENA y JORGE SALAZAR SÁNCHEZ, a  quienes  se  impuso  la pena principal de noventa y seis (96) meses de prisión,  como  responsables  de la violación del artículo 33 inciso 1° de la Ley 30 de  1986  (antes  de  la modificación introducida por el artículo 17 de la Ley 365  de 1997), en relación con el artículo 38-3 del mismo estatuto.   

ANTECEDENTES  

          Como  las  autoridades  militares habían sido alertadas del posible  transporte  de  un cargamento de droga ilícita, el día 2 de noviembre de 1995,  aproximadamente  a  las  2:45  horas  de  la  madrugada, unidades adscritas a la  Armada  Nacional,  acantonadas  en  la  Estación  de  Guardacostas  del  puerto  antioqueño  de  Turbo, abordaron una chalupa en el puesto de control denominado  “Punta  de  las  Vacas”, con el fin de someterla a registro, actividad en la  cual  descubrieron  ochenta  (80)  paquetes y noventa y cinco (95) cápsulas que  contenían  apreciable  cantidad  de cocaína, camuflados en los compartimientos  de la pequeña embarcación.   

La  sustancia decomisada arrojó un peso neto  de  9.769  gramos  y, en el acto, fueron capturados los tripulantes Celso  Farnet  Arroyo  Mena  y Jorge Salazar Sánchez.   

          Uno  de  los  desaparecidos  Juzgados  Regionales  de  la  ciudad de  Medellín,   dictó   la  referida  sentencia  condenatoria,  fechada  el  7  de  septiembre  de  1997, fallo que después fue confirmado por el Tribunal Nacional  y  en  el  cual quedó claro que la pena prevista en el inciso 1° del artículo  33  de  la  Ley  30  de  1986,  debía agravarse conforme con el numeral 3° del  artículo  38  del  mismo  estatuto,  en  razón  de que la cantidad de cocaína  decomisada superaba la cantidad de cinco (5) kilos.   

          Desde  entonces los condenados se hallan recluidos y descuentan pena  en  la  cárcel del circuito de Turbo, dado que la sentencia quedó ejecutoriada  el  25  de  febrero  de  1998  y  la ejecución fue asumida por el mismo juzgado  regional que la profirió (fs. 384 y 386).   

          Sin  que  exista  constancia  alguna sobre la manera como el proceso  salió  de los Juzgados Regionales, lo cierto es que el 13 de agosto de 1999, el  expediente  aparece asignado al Juez Veintiocho Penal del Circuito de Medellín,  seguro  ante  la  realidad de la extinción de la justicia regional, pero, en la  misma  fecha,  dicho  funcionario  lo  envió  por  competencia a la Secretaría  Común  de  los  Juzgados  Penales de Circuito Especializados, dado que la droga  incautada excedía de cinco (5) kilos (fs. 393).   

Por  medio de auto fechado el 21 de agosto de  1999,  la Juez Primero Penal de Circuito Especializado de Antioquia discrepa del  criterio  del  funcionario  remitente  y,  a  partir  de la premisa de que en el  circuito  de  Turbo  no  existe  juzgado  de  ejecución  de  penas y medidas de  seguridad,  adujo  que  no era suya la obligación legal de seguir conociendo de  un  proceso  finiquitado,  ya  que  el Consejo Superior de la Judicatura reguló  dicha  situación  en  el Acuerdo N° 508 de 1999, modificado por el Acuerdo N°  519  del  mismo  año, cuyo artículo 1°, en su parágrafo, determina que “En  el  evento  en  que  no  existan  juzgados  de  ejecución de penas y medidas de  seguridad  en los lugares referidos en el artículo anterior (sic), los procesos  serán  asumidos  por  el  juez  penal  del  circuito  con  sede  o  competencia  territorial  en  el lugar donde se dictó la sentencia, previo reparto efectuado  por la oficina judicial…”.   

Por  otra  parte,  si bien la ley 504 de  1999  fijó  competencia  a  los  Jueces Penales de Circuito Especializados para  conocer  de varios de los delitos antes atribuidos a la desaparecida la justicia  regional,  no  hizo  lo  mismo  el  legislador en relación con la facultad para  ejecutar  la  pena en los procesos cuya sentencia ya estaba ejecutoriada, razón  por  la  cual  dicho  conocimiento corresponde a los Jueces Penales del Circuito  ordinarios,  en  vista  de la competencia residual prevista en el literal c) del  artículo 72 del Código de Procedimiento Penal.   

          Como  consecuencia  de  dicho  razonamiento,  la  Juez  de  Circuito  Especializado  ordenó  devolver  el  expediente  al juzgado remitente y, de una  vez, le propuso colisión negativa de competencias.   

          En  su  oportunidad,  el  Juez  Veintiocho  Penal  del  Circuito  de  Medellín,  por  medio  de auto fechado el 26 de agosto, sostiene que “si bien  es  cierto  que  el  acuerdo  519  de junio 3 de 1999 confiere competencia a los  Juzgados  Penales  del  Circuito  en los procesos ya terminados por los extintos  Jueces  Regionales,  fácil  es  entender,  que  lo  pretendido por el Honorable  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  en  el precitado acuerdo es meramente con  relación  a  aquellos  procesos  en  los  que los Juzgados Penales del Circuito  Especializados  perdían  competencia, por no estar consagrados en el art. 5, de  la  ley  504  del  25  de  junio  de  este año, siendo aplicable en ese caso el  literal c, del art. 72 del c.p.p.”   

          Estima  entonces  el juez requerido que la competencia para ejecutar  la  sentencia  proferida  en  este  proceso  corresponde  al  Juzgado  Penal del  Circuito  Especializado  de  Antioquia,  en  razón  de  la  cantidad  de  droga  incautada  (Ley  504  de  1999, art. 5, numeral 9), motivo por el cual remite el  expediente   a   esta   Corporación   para   que   se   dirima   el   conflicto  planteado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Aunque  la  discusión  propuesta  no  puede  situarse estrictamente  dentro   de  los  términos  de  una  “colisión  de  competencias”, figura legalmente reservada a la fase  del  juzgamiento  del  proceso,  la  verdad  es  que el conocimiento de la Corte  Suprema     de     Justicia    se    fija    para    resolver    “conflictos  de  competencia”, expresión  más   amplia   que  la  anterior  y  que  permite  extender  la  valoración  a  controversias  que  se  presenten entre los distintos funcionarios judiciales en  otras  etapas  de  la  actividad jurisdiccional, tales como la instrucción o la  ejecución de la sentencia (C. P. P., arts. 68-5 y 97).   

          Ahora  bien, de conformidad con el inciso 3° del artículo 35 de la  Ley  504  de  1999, la expresión “juez regional” prevista en el numeral 5°  del  artículo  68  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  se sustituye por la  locución  “juez  penal  de  circuito  especializado”,  razón  por  la cual  corresponde   a  la  Sala  de  Casación  Penal  dirimir  los  “conflictos  de  competencia”   que  se  susciten  “en  asuntos  de  la  jurisdicción  penal  ordinaria”  entre un juzgado penal del circuito especializado y cualquier juez  penal de la República.   

          En  el caso examinado, no cabe la menor duda de que el delito por el  cual  fueron  condenados  los procesados ARROYO y SALAZAR (artículos 33, inciso  1°  y 38-3 de la ley 30 de 1986), antes era de competencia de los desaparecidos  jueces  regionales,  pero  ahora  corresponde  a los jueces penales del circuito  especializados,  por virtud de lo dispuesto en el artículo 5°, numeral 9 de la  ley 504 del 25 de junio de 1999.   

          Se  ha invocado por la Juez de Circuito Especializada la aplicación  de  los  Acuerdos  508  y  519  de  1999,  por  medio  de  los  cuales  la  Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura estableció reglas para el  reparto  de  los  procesos  provenientes  de  los  juzgados regionales entre los  juzgados de ejecución de penas y medidas de seguridad.   

          Sin  embargo,  como  no  se ha reparado en el contexto histórico de  adopción  de  tales  Acuerdos ni en la finalidad pretendida con los mismos, era  fácil  caer  en  un error de relevancia al pretender forzar su aplicación para  un  asunto  o  conflicto  que  no  estaba  previsto  en  esa  fórmula  legal de  solución.   

          En  efecto,  antes de que se expidiera por el Congreso la Ley 504 de  1999  (junio  25),  que  rige desde el 1° de julio del mismo año (art. 53), la  Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la Judicatura comenzó un proceso  de  desmonte  de  la  justicia  especial  regional  y,  conforme con la facultad  prevista  en el numeral 5 del artículo 85 de la Ley 270 de 1996 (Estatutaria de  la   Administración  de  Justicia),  dispuso  la  transformación  de  juzgados  regionales  en  juzgados  de  ejecución  de  penas  y medidas de seguridad y en  juzgados  penales  del circuito en todo el territorio nacional, fruto de lo cual  es  el  Acuerdo  N°  453 de 1999 (marzo 2), siempre con la idea fija de que los  asuntos   de  competencia  de  aquella  justicia  especial  deberían  pasar  al  conocimiento  de los jueces penales del circuito o a los jueces de ejecución de  penas y medidas de seguridad, según el estado del proceso.   

          En  este  orden  de  ideas,  el  paso siguiente era el de regular el  reparto  de  los  procesos  provenientes  de  los  juzgados regionales, sólo en  materia  de  ejecución de sentencias ejecutoriadas, pues en lo demás era obvio  para  el  Consejo  Superior  que  los procesos indefectiblemente pasarían a los  juzgados  penales  del  circuito,  de  acuerdo  con  las  reglas  de competencia  objetiva  y  territorial  previstas  en el Código de Procedimiento Penal.   Así  entonces, se dictaron los Acuerdos N° 508 (11 de mayo) y 519 (junio 3) de  1999,  en  cuya  letra  y  espíritu obviamente no se previó la solución de un  eventual  conflicto  con los jueces penales de circuito  especializados,    los    cuales    fueron   creados  posteriormente por la ley 504 (junio 25).   

          Desde  luego  que  en  los  Acuerdos  508  y 519 sólo se previó la  desaparición  de  los jueces regionales, pues en su contexto y finalidad no era  fácil  advertir  que  la  mayor  parte de sus funciones serían continuadas por  otra  de  categoría  de jueces creados temporalmente dentro de la jurisdicción  ordinaria  (jueces  penales de circuito especializados).  De modo que, como  el  Consejo  Superior sólo pensaba en la desaparición de los jueces regionales  y  el traslado automático de los asuntos de su competencia a los jueces penales  de  circuito  (categoría  ya existente), y no en nuevos funcionarios sustitutos  de  la  función  en  otras  condiciones,  de manera coherente con su propósito  determinó,  finalmente,  en  parágrafo  del  artículo 1° del Acuerdo 519 que  “En  el  evento en que no existan juzgados de ejecución de penas y medidas de  seguridad  en los lugares referidos en el artículo anterior (sic), los procesos  serán  asumidos  por  el  juez  penal  del  circuito  con  sede  o  competencia  territorial  en  el lugar donde se dictó la sentencia, previo reparto efectuado  por  la  Oficina  Judicial,  a  partir del día primero (1) de julio del año en  curso”.   

          Como  en  materia  de  interpretación  de  la  ley debe buscarse lo  racional  y  evitar  el  absurdo,  bien  podría  decirse  que el mandato de los  Acuerdos  508  y 519 podría actualizarse con el contenido de la Ley 504, con el  fin  de  declarar  que la expresión “juez penal del circuito” utilizada por  ellos   debe   entenderse   bien   para   el  “especializado”  ora  para  el  “ordinario”.   Sin embargo, como dichos ordenamientos sólo trataban de  paliar   una   situación  de  tránsito  en  la  extinción  de  los  “jueces  regionales”,   era  razonable  disponer  que  en  aquellos  lugares  donde  no  existiera  juez  de  ejecución  tal  función  la  cumpliera  el  juez penal de  circuito  “con  sede  o competencia territorial en el lugar donde se dictó la  sentencia…”.   

          Mas,  como  en  virtud  de los mandatos de la ley 504, se trataba de  enfrentar  no  sólo  la  desaparición  de  los jueces regionales sino de darle  viabilidad  a  una  competencia  que  legalmente  debe  continuar  en  una nueva  categoría  de jueces, ya no resulta razonable sino desatinado que un juez penal  del  circuito  completamente  extraño  ejecute  una  sentencia  que  no dictó,  máxime  que  se  cuenta con la posibilidad de otro juzgado especializado que no  sólo  sigue  con  las facultades del extinguido, sino que en la mayoría de los  casos  se  ha  integrado con el mismo personal que fue incorporado (artículo 40  transitorio).   

          Así  las cosas, el problema planteado no es el mismo que se previó  para   expedir  los  Acuerdos  508  y  519,  esto  es,  el  de  unas  sentencias  ejecutoriadas  que  podrían quedar expósitas por  prever la desaparición  radical  de  la justicia regional, pues ahora, con la vigencia de la ley 504, se  ha  trasladado  el  conocimiento  de  esos  hechos delictivos de acentuado daño  individual    y    social   a   los   creados   jueces   penales   de   circuito  especializados.   

          Mas,  no  es necesario acudir a interpretaciones de los Acuerdos 508  y  519  de  1999, que de pronto pueden resultar enmendadoras de su texto, con el  fin  de  hacerles  decir  lo  que  entonces  no  podían  ni  querían  expresar  (“jueces  penales  de  circuito especializados”), pues la solución del caso  la  ofrece  satisfactoriamente  el  artículo  15  transitorio  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  así  como  el  artículo 1° del Acuerdo N° 54 de 1994,  dictado  por  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior de la Judicatura,  normas  según  las  cuales, en el lugar donde aún no exista juez de ejecución  de  penas  y  medidas de seguridad, tales funciones serán cumplidas por el juez  que dictó el fallo de primera instancia.   

          Ahora  bien,  aunque  con un sentido más genérico, igual solución  se  advierte  en  el  artículo  4°  del  Acuerdo  N°  531 de 1999 (junio 30),  conforme  con  el  cual  “De  los  procesos  a  cargo de los Jueces Regionales  seguirán  conociendo  los  nuevos jueces penales de circuito especializados, de  acuerdo  con  el  factor  territorial  de  competencia,  excepto aquellos que en  virtud   de  la  Ley  504  de  1999,  correspondan  a  los  jueces  penales  del  circuito”.   

          Como  la  norma  citada  no  distingue entre procesos en curso y los  terminados  con  sentencia  ejecutoriada,  es  obvio  que  los jueces penales de  circuito  especializados,  en  aquellos lugares donde no ejerza territorialmente  un  juez  de ejecución, también deberán conocer de los expedientes en los que  penda  el cumplimiento cabal del fallo en firme dictado por el juez regional que  le antecedió en la función.   

          Colofón  de  lo  anterior,  si la sentencia condenatoria de primera  instancia  fue  proferida  por  un  juez  regional de la ciudad de Medellín, en  relación  con  hechos  ocurridos  en el municipio de Turbo, lugar en el cual se  hallan    recluidos    los    procesados   Arroyo   y  Salazar  y  donde además no tiene competencia un juez  de  ejecución  de  penas  y  medidas de seguridad, deberá ejecutar el fallo el  funcionario  de  primer  grado,  con  arreglo a las previsiones del artículo 15  transitorio del C.P.P.    

Sin  embargo,  como  el  juez  regional  que  proveyó  en  primera  instancia fue sucedido en sus funciones por el juez penal  de  circuito  especializado  de  Antioquia, conforme con las disposiciones de la  ley  504  de  1999  y  los  Acuerdos  N°  527  y 530 del mismo año,  cuya  competencia  se  ejerce  sobre los municipios que conforman el Distrito Judicial  de  dicho  departamento,  la  competencia  para  ejecutar  el fallo en cuestión  corresponde  al  Juzgado  Primero  Penal de Circuito Especializado de Antioquia,  despacho al que ya le había sido repartido el expediente.   

          Es   necesario  aclarar  que  la  Sala  Administrativa  del  Consejo  Superior  de  la  Judicatura,  por  medio de Acuerdo N° 548 de 1999 (julio 22),  organizó  en  el  Distrito  Judicial  de  Antioquia,  entre  otros, el Circuito  Penitenciario  y  Carcelario  de  Turbo,  con  sede  en  el  mismo  municipio  y  competencia  además  en la población de Frontino.  Sin embargo, como aún  no  han sido provistos los respectivos juzgados de ejecución de penas y medidas  de  seguridad,  la  solución  del conflicto es igual, porque pende del texto de  los  artículos  15  transitorio  del  Código  de Procedimiento Penal y 1° del  Acuerdo    N°    54    de    1994,    según    lo   expresado   en   párrafos  anteriores.   

         

En  mérito  a  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          1.             Declarar  que la  competencia   para  conocer  de  la  ejecución  de  la  sentencia  condenatoria  proferida  por  un Juez Regional de Medellín, el día 17 de septiembre de 1997,  en  contra  de  CELSO FARNET ARROYO MENA y JORGE SALAZAR SÁNCHEZ, por el delito  consistente  en  violar  el artículo 33 de la ley 30 de 1986, agravado conforme  con  el  numeral  3°  del  artículo  38  del  mismo  estatuto,  radica  en  la  JUEZ  PRIMERO  PENAL  DEL  CIRCUITO  ESPECIALIZADO  DE  ANTIOQUIA.   

          2.             Enviar  copia de  esta    decisión    al    Juzgado    Veintiocho    Penal    del   Circuito   de  Medellín.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase.  

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                          EDGAR      LOMBANA     TRUJILLO           

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS    E    MEJÍA    ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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