15326b

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Magistrado ponente:   

                                                    Dr. DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                                    Aprobado  Acta  No.  024   

Santafé  de Bogotá D.C., veintitrés (23)  de febrero de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

El  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  consulta  y solicita de la  Sala  “concepto” sobre  la   viabilidad  del  traslado  de  Hong  Kong  a  Colombia  de  los  ciudadanos  EDGAR CONDE BOTERO  RUIZ  y PEDRO NEL ROJAS  PALACIOS,  quienes  se hallan actualmente privados de  su   libertad   en   la   Prisión   Stanley,  purgando  pena  por  tráfico  de  estupefacientes,  ello  de  poder  aceptarse  la  sentencia proferida contra los  citados connacionales.   

Advierte  el  Subsecretario  de Comunidades  Colombianas  en  el  Exterior  y Asuntos Consulares del citado Ministerio doctor  Roberto  Castro Diazgranados, la ausencia de instrumento jurídico internacional  que  vincule a Colombia con la República Popular China, no obstante lo cual, el  Consulado  de  nuestro  país  en  Hong  Kong,  con  base en autorización de la  doctora  María Emma Mejía quien en su momento se desempeñaba como Ministra de  Relaciones  Exteriores,  dio  inicio  a “..las negociaciones del procedimiento  Ad-Hoc,  el  cual  no  es  un  Tratado  sino un procedimiento único y exclusivo  ideado  en  Hong  Kong,  en razón de su traspaso a China y a que este país, no  quiere  mantener  prisioneros  extranjeros  que fueron juzgados bajo el Gobierno  Inglés” (fl. 2)   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE :  

Debe  la  Corte  una  vez  más reiterar su  criterio  expuesto  en  providencia  del  25  de  septiembre de 1997 (Magistrado  ponente  doctor  CARLOS E. MEJIA ESCOBAR), según el cual  “Son elementos  normativos  integrantes  del  proceso de ejecución de sentencias extranjeras en  Colombia,  los  artículos  9,  29,  35,  224  y  226  (corresponden  a la Carta  Política),  en cuanto consagran, en su orden, los fundamentos de las relaciones  exteriores  del país; el derecho fundamental del debido proceso; la obligación  de  investigar  y  juzgar  nacionales  por  delitos  cometidos en el extranjero,  considerados  como  tales  en la legislación nacional;  la aprobación del  Congreso  como  requisito  para  la  validez  de los tratados; y las bases de la  internacionalización   de   relaciones   políticas,  económicas,  sociales  y  ecológicas”.   

“En  los  artículos  9°,  224  y 226 el  documento  constitucional  colombiano  advierte que sus relaciones exteriores se  fundamentan   entre   otros   en  el  ‘reconocimiento   de   los   principios  del  derecho  internacional  aceptados  por  Colombia’,  dentro  de los cuales, en el artículo 226 consagra expresamente los de equidad,  reciprocidad  y  conveniencia  nacional,  mientras  que  en  el  224 se exige la  aprobación    por    parte    del    Congreso    Nacional   de   los   tratados  internacionales”.   

“En el artículo 29 se consagra el debido  proceso.    Frente  al  mismo  debe  señalarse  que  el  exequatur  es  un  procedimiento  administrativo  y  judicial: Lo primero por cuanto su trámite se  invoca  y  tramita, en principio, ante el Ministerio de Relaciones Exteriores; y  lo  segundo, porque la providencia que dicta la Corte es una decisión judicial,  y  por  tanto  su naturaleza es obligatoria y preclusiva, tanto para el gobierno  nacional  como para el súbdito nacional o extranjero que cumplirá la pena así  autorizada”.   

“……El procedimiento a través del cual  el  Estado  colombiano  permite  la  ejecución  en  su territorio de sentencias  penales  dictadas  por  autoridades  extranjeras ha sido desarrollado con fuerza  legal   en  los  artículos  533  y  siguientes  del  Código  de  Procedimiento  Penal”.    

“Esta institución, denominada exequatur,  expresión  latina que literalmente traduce “cúmplase – que se ejecute”, ha  sido  igualmente  definido  por la Corte Constitucional, en las sentencias C-264  de  1995 y C-541 de 1992, que decidieron la exequibilidad de los artículos 533,  534,   y   537   del   Código   de   Procedimiento   Penal,  como  ‘ (…) la autorización que emite, la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia  con miras a la  aplicación  o              ejecución  de una sentencia extranjera,  todo  dentro de la filosofía que impone la Cooperación de los diversos países  en  la  lucha contra el delito, y de la vigencia del derecho interno en favor de  todas  las  personas,  principalmente en lo que hace a la inderogabilidad de los  Derechos                Constitucionales               Fundamentales’.”.   

“Dentro  de  tal filosofía, ese Tribunal  Constitucional    señaló    que    ‘La  ejecución  de  la  sentencia  extranjera  en  Colombia  y  su  relación  evidente  con los  extranjeros  o  con  nacionales  colombianos  por  adopción  o  con  nacionales  colombianos  por  nacimiento privados de la libertad o capturados en el exterior  y  que  resulten  condenados,  supone  un  especial trámite garantizador de los  derechos  fundamentales  y  de  la noción de Debido Proceso Penal que vincula a  los   más   altos   órganos   e  instituciones  de  los  poderes  ejecutivo  y  jurisdiccional  denominado  exequatur.   Esto  implica  la  posibilidad del  cumplimiento  de  la  pena en Colombia y el traslado de los condenados a nuestro  país,  inclusive  por  razones  humanitarias  y  de política de intercambio de  presos.  Se  observa  que  el artículo 536 del mismo Código advierte que en la  ejecución   de   las   sentencias   extranjeras   se  aplicarán  los  tratados  internacionales     correspondientes’ ”.   

“El  reconocimiento  expreso  que hace la  Corte  sobre  el  afianzamiento  constitucional de la figura del exequatur en el  Texto  Fundamental,  no  significa la estirpe constitucional de tal figura, sino  su  correspondencia  con  el Ordenamiento Superior, pues su esencia jurídica es  la   de   ser  un  procedimiento  de  nivel  legal,  creado  en  el  Código  de  Procedimiento  Penal  sin  que  de su contenido pueda derivarse incompatibilidad  alguna con la Carta”.   

“Dentro  de  esta perspectiva, el mandato  legal  colombiano  respecto  del  exequatur  establece  prima  facie como fuente  principal  de  su  existencia  el  tratado  internacional  celebrado  y aprobado  conforme  a  la  Constitución (reciprocidad diplomática).  Puede ocurrir,  sin  embargo,  que  en  su  ausencia  pueda  intentarse su trámite, pero en tal  evento  habrá  de acudirse a la recepción del ofrecimiento de reciprocidad por  parte  del  Estado  requirente  (artículo  534-5  del  Código de Procedimiento  Penal),  que  admitida  en  su  sistema jurídico permitiría, como principio de  derecho  internacional  recogido  en la Constitución, el trámite del exequatur  regido,  ya  no  por  las  disposiciones  de  un tratado sino por las reglas del  Código  de Procedimiento Penal (artículo 535 – reciprocidad legislativa -)”.   

“Definido  el  exequatur,  clarificada su  naturaleza   jurídica   y  determinadas  sus  fuentes  normativas,  corresponde  analizar  el trámite que de él ha de cumplirse, en el Ministerio de Relaciones  Exteriores,    como    agencia    gubernamental    encargada    dentro   de   la  organización    del   Estado   Colombiano  del  trámite  de  los  asuntos  internacionales  cuya dirección corresponde al Presidente de la República, por  lo que el Ministerio actúa en tal campo como agente suyo”.   

“La  tramitación  de un procedimiento de  exequatur  conjuga el ejercicio de la soberanía estatal en su doble dimensión,  interna  y externa, a través de sus más altos órganos.  El Ministerio de  Relaciones   Exteriores   por  la  Rama  Ejecutiva,  única  autorizada  por  la  Constitución  para  el  ejercicio  de  ella  hacía  el exterior como sujeto de  derecho   internacional  capaz  de  obligar  a  Colombia  habida  cuenta  de  su  condición  de  Estado  soberano;  y  la  Corte Suprema de Justicia, por la Rama  Judicial,  única ésta que al interior del país puede ejercer el poder estatal  de  administrar  justicia para imponer sanciones o permitir la ejecución de las  que  imponen los poderes extranjeros, salvo el aludido evento de los denominados  traslados de presos desde el exterior”.   

“Es  la  naturaleza de la institución la  que  define el ámbito de confluencia de poderes que conforme a lo dispuesto por  el  inciso  final  del  artículo  113  de  la Constitución Política, teniendo  funciones   separadas,  el  Gobierno  Nacional  y  la  Rama  Judicial  colaboran  armónicamente  para  la realización de los fines del Estado.  Así mismo,  de  manera  anticipada  y  por  vía general ha participado el Congreso Nacional  aprobando  los  tratados  mediante  ley,  o  creando  o  modificando  las normas  jurídicas  que  permitan  y  regulen  en  la  ley  procesal  el  trámite y las  condiciones para el exequatur”.      

“La  Rama  Ejecutiva  en  ejercicio de la  función  de  dirección de las relaciones internacionales, dentro de cuyo marco  se  halla  la  cooperación  internacional,  ejerce  en  el  caso  concreto  del  exequatur  la  soberanía  de  Colombia  frente  a otros Estados, adelantando un  trámite  previo  de  tal  figura,  en  desarrollo del cual debe en primer lugar  verificar  formalmente que  la  documentación  allegada  reúna  los  requisitos legales establecidos en el  artículo  534  del  Código de Procedimiento Penal, o en el tratado si fuere el  caso, en cuanto su proyección externa”.   

“Así, habrá de examinar que la petición  de  las  autoridades  extranjeras  sea  formal  (Artículo  533),  que haya sido  presentada  por  la  vía diplomática (ibídem), que contenga copia íntegra de  la  sentencia y constancia de su firmeza y ejecutoria, que provenga de autoridad  legítima,  y  si  se  rige  por tratado.  Si en cambio, por no regirse por  tratado,  se  ha ofrecido reciprocidad en casos análogos, cuáles los términos  en  que  la  misma  está prevista en el sistema jurídico del Estado requirente  (artículo 534)”.   

“Revisada   por   el   Ministerio   la  documentación  conforme a lo expuesto, decide la Rama Ejecutiva en cumplimiento  de  sus  compromisos  válidamente  adquiridos  en   los órdenes interno y  externo  dar  o  no trámite de la petición del Estado extranjero ante la Corte  Suprema  de  Justicia, o aún solicitar de aquél la información complementaria  que pueda precisarse”.   

“La Corte reconoce a la Rama Ejecutiva, en  materia  de  exequatur,  facultades que han de ser ejercidas dentro de criterios  de  razonabilidad.  Por  eso  el  Gobierno  Nacional  al  celebrar tratados debe  analizar,  especialmente  desde  el  punto de vista de la conveniencia nacional,  que  por  mandato  del  artículo  226  de  la  Constitución  es elemento de la  internacionalización  de  las  relaciones, si resulta o no afortunada, para los  fines  del  Estado,  la  ejecución  de cualquier sentencia extranjera o solo de  algunas,  pues no pueden dejarse de considerar eventos en que la permanencia del  condenado  en el país pueda resultar, para el momento, por las características  de  su  crimen,  por  sus  antecedentes  personales,  por  la  complejidad de la  organización  criminal  a  la que pertenezca o por su poderío personal, nociva  para  el  país  o  de  manejo  altamente dificultoso para el sistema carcelario  nacional”.   

“Similar clase de juicio, que es de orden  fundamentalmente  político,  ha  de  hacer  el Congreso cuando decide aprobar o  improbar  un  tratado  sobre  la  materia, o cuando opta por establecer mediante  leyes  los  eventos  en  los  que  procede  la  figura,  sus  contenidos  y  sus  exigencias”.   

“Finalizado el trámite administrativo en  la  Rama Ejecutiva, se enviará la actuación a la Sala de Casación Penal de la  Corte   Suprema  de  Justicia,  certificando  detalladamente  cada  uno  de  los  requisitos  que  conforme  a  lo  expuesto  le  corresponde  verificar,  con sus  respectivos soportes documentales, según sea el caso”.   

“…Remitida en los términos expuestos la  documentación  de  un exequatur por el Ministerio de Relaciones Exteriores a la  Corte,  la Corporación asume la competencia plena para decidir sí la sentencia  extranjera  es  ejecutable  de  acuerdo  con  los  tratados internacionales o de  acuerdo  con las disposiciones de los artículos 533 y siguientes del Código de  Procedimiento Penal. (artículo 535 in fine)”.   

“Para ello tendrá la facultad oficiosa de  acreditar  los requisitos cuya verificación haga falta, principalmente aquellos  que  se  proyecten  en el ámbito interno del ejercicio del poder público, y de  valorarlos.    Tal   el  caso  de  aquellos  que  tengan  que  ver  con  la  acreditación  de  la  calidad de nacional colombiano (cuando ello sea preciso),  la  existencia  o  inexistencia de actuación procesal en curso y/o sentencia de  Juez  nacional  y  su  ejecutoria,  la identidad de hechos, la naturaleza de las  penas  impuestas  y  su  correspondencia con las previstas en el Capítulo 1 del  Título  IV  del Código Penal y de manera muy particular que la sentencia no se  oponga  a  la Constitución Nacional y las leyes colombianas, es decir, al orden  público interno”.   

“La decisión de la Corte se adopta, como  atrás  se  anunció,  en  ejercicio  de  la  soberanía  estatal de administrar  justicia,  potestad  que de conformidad con el artículo 116 de la Constitución  Política  solo  ejercen  las  autoridades allí consagradas y su providencia es  por  ello  un fallo judicial, no un concepto como en el caso de la extradición,  y  goza  por tanto de todas las características de tales: se dicta en nombre de  la  República  y  por  autoridad  de  la  Ley  y  su naturaleza es obligatoria,  definitiva y preclusiva”.       

“Obligatoria,  porque  la Corte emite una  orden  respecto  de la ejecución y, siendo positiva, adopta el fallo extranjero  en  el  orden  jurídico  interno  para  hacerlo  ejecutable:  por eso remite la  actuación  a  los Jueces de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad a fin de  que  ejerzan su función como si de un fallo nacional se tratare, de donde surge  la  natural  conclusión de que la Rama Ejecutiva no vuelve a tener conocimiento  del  exequatur  como  no  sea  para prestar la colaboración necesaria a la Rama  Judicial  para el internamiento carcelario del reo, su traslado o cualquier otro  efecto, si a ello hubiere lugar”.   

“Preclusiva y Definitiva,  porque la  decisión  de  la  Corte pone fin al exequatur y finiquita cualquier oportunidad  de  discusión,  tanto respecto del fallo que ordena ejecutar, como del trámite  propiamente  dicho.   La  Corte,  debe  recalcarse,  no examina la justicia  intrínseca  de  la  decisión,  sino  que  ésta  haya  sido  producida  en los  términos  previstos  en  los  tratados  o  en la ley colombiana, con respeto al  debido  proceso  y  los  derechos fundamentales y que como ya se expresó, no se  oponga al orden público interno de su sistema jurídico”.    

En  el  caso  concreto, del análisis de la  documentación  remitida  por  la  República  Popular China mediante la nota SF  (34)  IN  SEC 2/8/7 Pt.4 que figura de folio 3 al 5 y suscribe la Secretaría de  Gobierno  de Hong Kong (traducción oficial No. 067 R.), permite concluir que el  Gobierno  de  esa  nación  no  pretende  el  trámite  de  un exequatur, en los  términos  del  Código  de Procedimiento Penal colombiano, como equivocadamente  lo  entendió  el  Sub-secretario  de  Comunidades  Colombianas en el Exterior y  Asuntos  Consulares  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  al  remitir la  actuación a la Corte.   

Dicho documento se remite a las solicitudes  de  los  sentenciados  para  que  sean  trasladados  a  Colombia (, indicando el  procedimiento  a  seguir en caso de ser aceptadas las peticiones de los reclusos  EDGAR   CONDE   BOTERO   RUIZ   y  PEDRO  NEL  ROJAS  PALACIOS),  “Sujeto  al  recibo   de  los  pormenores  antes  indicados,  proponemos  que  los  trámites  necesarios  para  el traslado sean estipulados a través del canje de cartas con  base en los proyectos o borradores del Anexo C”.   

“El  canje  de  cartas  solo  podrá  ser  completado  después  de que su gobierno haya autorizado formalmente el traslado  y  que  la  persona  sentenciada  también  haya expresado su consentimiento, al  igual  que  su  compromiso en cuanto al reembolso de todos los gastos con motivo  de su traslado a satisfacción del HKSARG”.   

“Antes  de  que  HKSARG  continúe con el  trámite  de  la  solicitud de la persona sentenciada será necesario obtener la  confirmación de que su gobierno acepta los arreglos propuestos”.   

“Al  recibo  de  la  aceptación  de  su  Gobierno  de  los  trámites antes mencionados, HKSARG  expedirá  un  solicitud formal para el traslado de la  persona   sentenciada.   A   la  vez,  HKSARG  seguirá  los  procedimientos  de  notificación  con CPG en virtud de la Ley TPS. Una vez los trámites necesarios  hayan  sido  completados,  usted  será  notificado  posteriormente para  obtener  la  autorización  final  de su Gobierno  para  proceder  al  traslado”.(Negrillas  y  subrayas  fuera de  texto).   

Es   claro   entonces   que  si  la  nota  diplomática     no    contiene    una    solicitud  formal  de  la  República  Popular  China, en manera  alguna,  ante  la  ausencia  de  tratado  internacional  con  Colombia  sobre el  traslado   de   detenidos   para  el  cumplimiento  de  sentencia  dictadas  por  autoridades  extranjeras, el Gobierno de nuestro país debe previamente, como se  le   solicita  en  la  referida  nota,  dar  respuestas  sobre  las  condiciones  impuestas,  pues  a la Corte le correspondería en su momento y una vez hecha la  solicitud  formal,  decidir  exclusivamente  sobre  la  viabilidad  de  la  ejecución  en  Colombia  de  las  sentencias  proferidas  contra EDGAR CONDE BOTERO RUIZ  y   PEDRO  NEL  ROJAS  PALACIOS  y  de  ser  positiva  procederse  a  su  traslado a nuestro país, a efectos de cumplir el resto de la  condena que les fuera impuesta por los jueces en Hong Kong.   

Lo  anterior, porque según lo establece el  artículo    533   del   Código   de   Procedimiento   Penal,   “Las  sentencias  penales  proferidas por  autoridades  de  otros  países  contra  extranjeros  o  nacionales  colombianos  podrán    ejecutarse    en    Colombia  a  petición  formal     de    las    respectivas    autoridades  extranjeras,  formulada  por la vía diplomática”.  Mientras  no  exista esa solicitud formal, no habrá lugar al pronunciamiento de  la Corte.   

Sin   embargo,   debe   puntualizarse  al  Ministerio   de  Relaciones  Exteriores,  que  para  que  dichos  fallos  puedan  ejecutarse    en   nuestro   país,   la   solicitud  debe cumplir los requisitos previstos en el artículo  534  ibídem, entre otros, “…..3. Que se encuentre  en   firme   de   conformidad   con  la  ley  del  país  de  origen  y  se  presente  según  lo  previsto en los convenios y tratados  internacionales”.   

“….5. Que a falta de tratados públicos,  el  Estado  requirente  ofrezca reciprocidad en casos  análogos”.   (Negrillas   y   subrayas  fuera  de  texto).   

En  el  citado documento, el Gobierno de la  República  Popular  China  manifiesta  que  “En el  largo  plazo  estaremos  en  condiciones de celebrar un acuerdo bilateral con su  Gobierno  que  permitiría  el  traslado de todas las personas sentenciadas (con  derecho  a  ser  trasladadas bajo las disposiciones de la Ley sobre TPS). En tal  caso  no estaremos en posición de continuar celebrando acuerdos de la modalidad  contemplada aquí” (fl. 5).   

Conclúyese   que  la  falta  de  tratado  internacional  o  al  menos  de  convenios  bilaterales y la omisión en el caso  concreto  del  ofrecimiento  de  reciprocidad,  son  elementos  suficientes para  determinar  la inexistencia de una petición de exequatur por parte del Gobierno  de  la  República  Popular  China  y  por  lo tanto, debe la Sala abstenerse de  emitir  decisión  y  regresar  la  documentación  al  Ministerio de Relaciones  Exteriores,  no sin antes recabar que las normas a que se ha hecho referencia en  el  cuerpo  de  esta providencia, son de obligatoria observancia pues regulan lo  relativo  a  la  posibilidad  de  ejecutar  fallos  condenatorios  dictados  por  autoridades  extranjeras, es decir que son requisitos de procedibilidad para que  la  Corte  pueda  decidir si  las  sentencias  proferidas por el Juez Delegado Wesley. Wong de fechas 1° y 24  de  noviembre  de 1993, mediante las cuales condenó a  EDGAR   CONDE  BOTERO  RUIZ  y  PEDRO  NEL  ROJAS  PALACIOS,   respectivamente,  modificadas  con  los pronunciamientos en segunda  instancia  del  Tribunal  de  Apelaciones  de fechas 16 de junio de 1994 y 24 de  julio  de  1997, se hallan debidamente ejecutoriadas, pues solo así podrán ser  ejecutadas  en  Colombia  por  los  Jueces  de  Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad,  una vez los reos sean puestos a disposición del Gobierno Colombia y  ubicados   por   el   Instituto   Nacional  Penitenciario  y  Carcelario  en  el  establecimiento de reclusión respectivo.   

Se  sabe  únicamente  que  el  Tribunal de  Apelaciones  impuso  a  PEDRO  NEL  ROJAS  catorce (14) años de prisión por el  cargo  primero  de  “Tráfico de Drogas Peligrosas”, es decir, duplicando la  sanción  impuesta  por el Juez del conocimiento, sin conocerse las razones para  ello,  pena  que  además  se  incrementa en cuatro (4) meses de prisión que le  fuera  impuesta  por  el  cargo  segundo  por “Uso y posesión de documento de  Viaje Falso” (fl. 7).   

Similar circunstancia ocurre con EDGAR CONDE  BOTERO  RUIZ,  a quien se le impuso una pena de veintiún (21) años de prisión  por  el cargo primero de “Tráfico de Drogas Peligrosas” y dos (2) meses por  el  cargo  segundo de “Uso y posesión de documento de Viaje Falso”, para un  total  de  veintiún  (21) años y dos (2) meses de prisión, sanción que fuera  reducida  a  veintiún  (21)  años  de  prisión  (fl. 14), sin indicarse si la  rebaja  obedece a una revocatoria del fallo condenatorio por el cargo segundo, o  con relación al tráfico de estupefacientes.   

No  puede  perderse de vista que para poder  decidir  la  Corte  si las  aludidas  sentencias  extranjeras  pueden  o  no  ser ejecutadas en Colombia, es  requisito  que  se  cuente  con  el  texto íntegro de ellas, dado que solo así  podrá     verificarse    que    “No    se    imponga    penas    distintas  ni  superiores a las previstas  en  el  Capítulo  I,  del  Título  IV  del  Código  Penal” (numeral 1° del  artículo  534  del  C. de P. P.), es decir, si además de la pena de prisión a  que  se  hizo  referencia,  los  fallos  contienes otras sanciones, así sean de  carácter  accesorio,  pues de no corresponder a las consagradas en nuestro  estatuto   punitivo,   expresamente   referidas  a  las  conductas  juzgadas  en  particular,  el  compromiso  del  Estado  Colombiano  estaría  limitado en esos  precisos  aspectos,  con  mayor razón si a la Corte se le impone la obligación  de  confrontar  los  fallos  con las disposiciones Constitucionales y legales de  nuestro  país  para  determinar  la posibilidad de su ejecución  (numeral  2° ibídem).   

Será  indispensable,  entonces,  que  el  Ministerio  de  Relaciones Exteriores tome atenta nota para subsanar los vacíos  reseñados  y  luego  sí,  en  el  evento  de  recibir  solicitud  formal de la  República  Popular  China,  darle  curso  si en verdad los condenados tienen la  condición  de  ciudadanos  colombianos,  pues  tal  circunstancia  tampoco  fue  acreditada  por el Ministerio de Relaciones Exteriores, salvo la mención que de  ellos  se  hace  en  el documento (autorización) de la doctora MARIA EMMA MEJIA  VELEZ  de  fecha  17 de febrero de 1998 cuando se desempeñaba como Ministra del  Ramo (fl. 18).   

Por  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA PENAL,   

R E S U E L V E :  

1°          ABSTENERSE      de      decidir   sobre  la  viabilidad  de  la  ejecución  en  Colombia  de  las  sentencias  condenatorias  proferidas por las  autoridades  judiciales  de  la  República  Popular  China, contra EDGAR  CONDE  BOTERO   RUIZ   y PEDRO NEL ROJAS PALACIOS,  por   las   razones   consignadas   en   la   parte  motiva.   

2°  Vuelvan las diligencias al Ministerio  de Relaciones Exteriores y cúmplase.   

JORGE A. GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                RICARDO     CALVETE  RANGEL                                          

JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA                                        CARLOS            A.           GALVEZ  ARGOTE                  

                 

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                         CARLOS                           E.                           MEJIA  ESCOBAR                    

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA                                     NILSON PINILLA  PINILLA                                                   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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