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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 14622  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 143 (22-09-99)  

          Santafé  de  Bogotá,  D.  C.,  veinticuatro  de  septiembre de mil  novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

          Se  ha  interpuesto  por  la  defensa  del  procesado HÉCTOR DARÍO  QUINTERO  PÉREZ,  el  recurso  extraordinario  de  casación  discrecional,  en  relación  con  la  sentencia  de  segunda instancia del Juzgado Cuarenta y Tres  Penal  del  Circuito  de Santafé de Bogotá, adoptada el 8 de mayo de 1998, por  medio  de  la cual se confirmó el sentido condenatorio del fallo dictado por el  Juzgado  Ochenta  y  Cuatro  Penal  Municipal  de la misma ciudad, en razón del  delito     de     lesiones    personales.   

          Como  oportunamente se ha radicado una sustentación del recurso, la  Corte proveerá sobre su admisibilidad.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

          De  acuerdo  con  la  información  procesada por las instancias, el  día  6  de  agosto  de  1994,  aproximadamente a las 6:00 horas de la tarde, el  señor  HÉCTOR  DARÍO  QUINTERO  PÉREZ  le  descerrajó  tres (3) disparos al  ciudadano  JUAN  CARLOS CAMACHO CHAVEZ, cuando se hallaban a inmediaciones de la  calle  187  con  autopista norte de esta ciudad, episodio en la cual el agredido  recibió  una  lesión en el tercio distal del muslo izquierdo, por cuya acción  el  herido  sufrió  una  incapacidad definitiva de treinta y cinco (35) días y  como     secuela    adicional    una    deformidad    física    de    carácter  permanente.   

          Impulsada  la  investigación,  el  fiscal  262  local  (encargado),  según  el contenido de la resolución fechada el 16 de diciembre de 1996,   dispuso  el  emplazamiento  del imputado, en vista de que no había sido posible  su  comparecencia,  “ni  por medio de citaciones hechas directamente a él, ni  por  orden  de captura librada en su contra…” (fs. 174).  Seguidamente,  el  instructor  declaró  persona ausente al emplazado y le designó un defensor  de oficio (fs. 179).   

          El  13 de febrero de 1997, el mismo despacho, entonces a cargo de su  titular,   definió   la   situación   jurídica   del  vinculado  Héctor   Darío  Quintero  Pérez  y,  en  providencia  fechada el 23 de abril del mismo año, lo acusó formalmente por el  delito  de  lesiones  personales, conforme con las previsiones de los artículos  332   y   333   del   Código   Penal,  en  sus  segundos  incisos  (fs.  186  y  205).   

          El  fallo  de  primer grado está fechado el 2 de febrero de 1998 y,  conforme  con  sus determinaciones, el acusado fue condenado a la pena principal  de  dos (2) años de prisión y multa por valor de cuatro mil ($ 4.000.oo) pesos  (fs. 264).   

          El  Juzgado  de  Circuito  confirmó  el  sentido  de  la  sentencia  revisada  por vía de apelación, aunque la modificó para conceder al procesado  el   subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional  (cuaderno  de  2ª  instancia, fs. 93).   

SUSTENTACIÓN      DEL      RECURSO  EXTRAORDINARIO   

          La defensora expone dos argumentos:   

          1.   Aduce  que  se  ha  violado  la  garantía fundamental del  derecho  de  defensa  del  procesado,  dado  que  fue  irregular su vinculación  mediante  la  declaratoria  de  persona  ausente,  pues, si el instructor tenía  información  de  que  el  imputado  era  servidor de la Fiscalía General de la  Nación,  en  el  cargo  de  fiscal  seccional,  aparece  irregular  que no haya  ejercitado   de  manera  ágil  y  eficaz  los  actos  tendientes  a  lograr  su  indagatoria,  máxime  que  el  exfuncionario  estuvo  durante  dos (2) años al  servicio  de la misma entidad que lo investigaba, después de realizado el hecho  supuestamente delictivo que dio origen a la actuación procesal.   

          De  esta  manera,  la desidia del funcionario instructor impidió la  vinculación  personal  y  directa  del  imputado al proceso, lo cual generó su  ignorancia  de la existencia de éste y, por ende, el menoscabo del derecho a la  defensa,  previsto  como  fundamental  en  el  artículo  29 de la Constitución  Política.   

          2.   La  segunda irregularidad se refiere a que, el texto antes  citado  de  la  Carta  Fundamental,  también  consagra  la garantía del debido  proceso,  desarrollada  por el artículo 1° del Código de Procedimiento Penal,  pero  en  este  proceso  se  ha  lastimado  tal protección, en la medida que la  Fiscalía  procedió  a  calificar  el mérito de la investigación, sin haberla  cerrado  válidamente,  pues  la  respectiva  resolución no fue suscrita por el  funcionario competente (fs. 200).   

            Agrega  que  el  proceso  penal  es  una  concatenación  de actos  procesales,   en   la  cual  metódicamente  unos  se  convierten  en  requisito  sine  qua non para la validez  y  eficacia  de  los que le siguen, de modo que el acto precedente no sólo debe  existir  sino que también ha de ser válido y eficaz, conforme con el principio  de    ejecutoria    material    de   las   actuaciones   judiciales.    Una  disfuncionalidad  de  este  jaez,  se  ha  erigido  en  causal de nulidad por el  artículo   304  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  siempre  y  cuando  la  irregularidad  se  pueda  calificar de sustancial y afecte la estructura y bases  fundamentales del debido proceso.   

          Observa,  finalmente,  que  la  anomalía  señalada es de imposible  convalidación,  debido  a  que  socava  de  manera  ostensible  y  absoluta  la  estructura formal del proceso.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          De  acuerdo  con  el  inciso  3°  del  artículo 218 del Código de  Procedimiento  Penal,  le  corresponde  a  la Sala de Casación Penal, de manera  discrecional  y excepcional, conceder o negar los recursos de casación en casos  distintos  a  los señalados en el inciso primero de la misma disposición; esto  es,  cuando la sentencia de segundo grado no haya sido proferida por un tribunal  sino  por un juzgado de circuito; o en el evento de que, a pesar de dictarse por  dicha corporación, la sanción no alcanza los seis (6) años.   

          En  cuanto  a  la  legitimación  en  la causa y la oportunidad para  acudir  excepcionalmente,  el Estatuto Procesal Penal y la interpretación de la  Corte  han  señalado  que  pueden  hacerlo  el  Procurador,  su  delegado  o el  defensor,  dentro de los quince (15) días siguientes a la última notificación  de  la  sentencia  de  segundo  grado, período que igualmente debe aprovecharse  para la respectiva sustentación.   

          El  precepto  primeramente  también  le  otorga facultad a la Corte  para  examinar  en  cada  caso,  una  vez constatado el requisito objetivo antes  dicho,  si  es necesario el recurso para el desarrollo de la jurisprudencia o la  garantía de los derechos fundamentales.   

          Pues  bien,  en este caso ha recurrido la defensora del procesado y,  además,  se  impugna  un  fallo  de segunda instancia dictado por un Juzgado de  Circuito.    Hasta   allí   se  advierte  el  cumplimiento  de  exigencias  objetivas.   

          Ahora  bien, la doctrina jurisprudencial igualmente ha exigido, como  requisito  de  procedibilidad,  que  el  recurrente haga una exposición sumaria  sobre  uno o ambos objetivos de la casación discrecional, pues ello se concilia  con  el  carácter  de recurso que ostenta la institución, con más veras si es  extraordinario,   y  repudia  cualquier  actuación  inicial  de  oficio  de  la  jurisdicción.   

          Así  entonces,  se  ha planteado, en primer lugar, que fue anómala  la   vinculación   del   procesado  por  el  procedimiento  sustitutivo  de  la  declaración  de  persona  ausente,  cuando  el requerido se podía haber con el  despliegue  de  medios  ágiles  y eficaces del instructor, pues durante los dos  (2)  años  subsiguientes  a la ocurrencia del hecho investigado, aquél fungió  como fiscal seccional de Cundinamarca.   

          Sin  embargo,  como  para  desechar  el procedimiento alternativo de  vinculación  procesal  no  basta  establecer que el fiscal sabía o fácilmente  podía  conocer  el  lugar  donde se encontraba el imputado, sino que es preciso  determinar  que  el  funcionario  no lo buscó diligentemente o lo hizo en sitio  equivocado,  pues  de  pronto  puede  ocurrir  que  no hubo desidia oficial sino  desatención, menosprecio o contumacia del requerido.   

          La  impugnante  ha  omitido  la prueba sumaria de que el imputado no  fue  citado  debidamente  por  la  Fiscalía,  o  que ésta no expidió orden de  captura;  es  decir,  el  escrito no muestra un argumento serio en el sentido de  que  se  ahorraron esfuerzos significativos para hacerlo comparecer (art. 356 C.  P. P.).   

          La  argumentación de este aspecto es abstracta y no desciende a los  reales  obstáculos  enfrentados por la parte para ejercer la defensa, en razón  de  supuesta  precipitud  o  arbitrariedad  en  la declaración de rebeldía del  imputado.   

          En  relación  con  el segundo defecto señalado por la actora, vale  la  pena  destacar  que  en  realidad  el  debido  proferimiento  y  la correcta  sustanciación  del  cierre  de  investigación se ha tenido como un presupuesto  procesal  de  la  calificación  sumarial,  de  tal  manera  que  la invalidez o  ineficacia  del  primer  acto procesal impide proveer sobre el segundo (art. 438  C.  P.  P.).   Así  mismo, un defecto sustancial en esta materia afecta la  estructura  procesal  y,  eventualmente,  puede  dar  lugar  a  la nulidad de la  actuación procesal (art. 304-2 C. P. P.).   

          La  falta  de firma en cualquier actuación procesal contraviene sus  requisitos  formales  (art. 157 C. P. P), y es indudablemente una irregularidad,  pero   para   hacerla   valer  como  causal  de  nulidad  es  preciso  descartar  verosímilmente  la acción de cualquiera de los mecanismos neutralizantes de la  invalidez que prevé el artículo 308 del mismo ordenamiento.   

          En  efecto,  y  para  el caso concreto, a pesar de la falta de firma  del  fiscal en la resolución de cierre de investigación, bien pudo ocurrir que  otros  sucesos  concomitantes  y  válidos  dieran  fe de la existencia del acto  procesal;  o  que  los sujetos procesales, sin perjuicio del derecho de defensa,  lo  hayan  aceptado  por  medio de la notificación y la ausencia de una repulsa  expresa  al  defecto;  o  que  la  decisión,  a  pesar de la informalidad, haya  cumplido  los  objetivos para los cuales se previó legalmente, tales como abrir  el    período    de    alegación    precalificatoria    y    posibilitar    su  ejercicio.   

          Como  carga  del recurso extraordinario y excepcional, el impugnante  debe   exponer   verosímilmente  que  la  falta  de  firma  de  la  resolución  trascendió   en  la  forma  antes  indicada;  pero,  en  esta  oportunidad,  la  impugnación  carece  de  la más mínima referencia a supuestas dificultades de  los  sujetos procesales cifradas en dicha omisión, razón por la cual no existe  sustentación idónea del motivo de agravio.   

          Como  la  fundamentación  no  es  suficiente,  la  Sala  negará la  concesión del recurso impetrado.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          No  conceder  el  recurso  extraordinario de casación discrecional,  intentado   por   la   defensora   del   procesado   HÉCTOR   DARÍO   QUINTERO  PÉREZ.   

          Cópiese, notifíquese y devuélvase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CÓRDOBA     POVEDA                       

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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