14617d

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 14617  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Aprobado acta No.40   

                                                                  Magistrado Ponente:   

                                                                  Dr.FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe  de Bogotá, D. C., veintitrés de  marzo de mil novecientos noventa y nueve.   

                    Resuelve la  Corte  el recurso extraordinario de casación interpuesto contra la sentencia de  5  de  mayo  de  1997,  mediante  la  cual  el  Tribunal Nacional condenó a los  procesados  RAUL MARIN MARIN  a  20  años  de  prisión  como coautor responsable de los delitos de homicidio  agravado,  hurto calificado agravado, concierto para delinquir y porte ilegal de  armas  de  fuego  de  uso  privativo  de  las  fuerzas  militares;  FERMIN  TRUJILLO  GORDILLO a 17 años de  prisión  como  coautor  responsable  de  los delitos de homicidio simple, hurto  calificado  agravado,  concierto para delinquir y porte ilegal de armas de fuego  de  uso  privativo  de  las  fuerzas militares; NILSON  MORA  MOLINA y JAIRO ORLANDO RAMOS RODRIGUEZ a 15 y 13  años  de  prisión, respectivamente, como coautores responsables de los delitos  de  homicidio  simple,  hurto calificado agravado y concierto para delinquir; y,  RAMIRO REYES, a 11 años de  prisión  como  coautor  responsable  de los delitos de homicidio simple y hurto  calificado  agravado.  En  la  misma decisión, absolvió del delito de daño en  bien  ajeno a todos los procesados; por el porte ilegal de armas de fuego de uso  privativo  de  las  fuerzas  militares  a  NILSON MORA  MOLINA,  JAIRO ORLANDO RAMOS RODRIGUEZ y RAMIRO REYES;  y, a este último, de concierto para delinquir.   

                      Hechos y  actuación procesal.   

                   La noche del  domingo  11  de  agosto de 1991, Raúl Marín Marín, Fermín Trujillo Gordillo,  Félix  Octavio  Trujillo  Gordillo  (hermano  del  anterior),  y José Hermides  Valderrama  (sobrino  de los últimos), ingresaron provistos de armas de fuego y  con  el  rostro cubierto al motel “Rey de Corazones”, ubicado a tres kilómetros  del  perímetro  urbano  de  Granada  (Meta), con el propósito de apoderarse de  bienes  de  los  clientes  y del establecimiento, para cuyo efecto procedieron a  inmovilizar   al   personal  de  la  administración,  y  luego  a  visitar  las  habitaciones que se encontraban ocupadas (tres en total).   

                      En  este  recorrido  se  presentó  un  incidente con el Mayor del Ejército Nacional  Guillermo  Rodríguez  García,  quien se hallaba en compañía de María Dennis  Aristizábal  Hidalgo,  resultando  muerto de dos disparos que le propinaron los  visitantes,  al  pretender  utilizar en su contra un fusil R-15 que tenía en su  poder.   

                          Los  asaltantes  se apoderaron de joyas, dineros, y enseres, así como del fusil R-15  y  dos pistolas, una de propiedad del occiso marca Browinng, y otra de dotación  oficial  marca Petro Baretta, y del vehículo de placas SJ-0257, perteneciente a  otro de los clientes, en el cual huyeron (fls.20 y 362-2).   

                      Esa misma  noche,  los elementos hurtados fueron dejados en la casa de Raúl Marín Marín,  y  el vehículo incendiado en las fueras del pueblo, habiéndose acordado que en  el  transcurso  del  día  se reunirían de nuevo para  proceder al reparto  del botín.   

                     El martes,  en  las  horas  de  la  noche,  en la cercana localidad de San Martín (Meta), a  donde  Raúl  Marín  Marín  se  había  traslado con no aclarados propósitos,  unidades  de  la  policía  nacional  lo requirieron con el fin de establecer su  identidad,  luego  de  haber  sido  informados  de su estado de embriaguez, y de  hallarse  en  posesión  de  un  arma  de fuego. Como sus explicaciones sobre la  tenencia  del  arma  no  fueran  satisfactorias, se solicitó información a las  autoridades  de  Granada,  encontrando  que la pistola que portaba, marca Pietro  Baretta,  correspondía  a  la  de  dotación  oficial  del  Mayor del Ejército  asesinado  el  domingo anterior (fls.17-2).                                                                 

                           De  inmediato,  las  autoridades  procedieron  a registrar la casa de habitación de  Marín  Marín  en  el  Municipio  de  Granada,  donde  fueron  hallados la casi  totalidad  de  los  elementos  hurtados,  y  capturado  Félix  Octavio Trujillo  Gordillo,  en  cuyo  poder  fue  encontrada  la  otra pistola perteneciente a la  víctima (fls. 46, 78-1).   

                   En una serie  de  operativos  subsiguientes, las autoridades efectuaron varias capturas, entre  las  que  se cuentan las de Nilson Mora Molina y Jairo Orlando Ramos Rodríguez,  Investigadores  del  Cuerpo  Técnico  de Policía Judicial de Granada, y Ramiro  Reyes,  celador   del  motel  “Rey  de  Corazones”,  a quienes Raúl Marín  Marín  sindicó  desde  su  captura  de  tener  conocimiento del hecho, y haber  contribuido para su eficaz realización.   

                     De acuerdo  con  la versión de este procesado, el día domingo, en las horas de la mañana,  los   investigadores  de  policía  judicial  estuvieron  en  su  casa,  con  el  propósito   de   concretar  lo  del  asalto,  de  cuya  ejecución  ya  tenían  conocimiento,   acordando   que  facilitarían  una  pistola,  la  cual  le  fue  efectivamente  entregada  en  las  horas  de la noche. El lunes, en las primeras  horas  de la mañana, Nilson lo visitó para decirle que “la habíamos embarrado  y  que  nos perdiéramos unos días porque estaba muy delicada la situación”. A  las  11:30  de  la  mañana se entrevistó con los dos, cerca de las oficinas de  Policía  Judicial,  y en las horas de la noche visitaron su casa, con el fin de  recibir  su  parte,  un  total de cien mil pesos producto de la repartición del  dinero  efectivo,  mientras  se  procedía  a  la venta de los demás elementos.  Sostiene  que  Nilson,  además  de  haber  participado  en  este hecho, ideó y  prestó  las  armas  para  un  asalto  meses  antes  a  la  señora Mariela, una  prestamista,  a  quien le hurtaron la suma de setecientos mil pesos, ilícito en  cuya  ejecución habían intervenido también Fermín Trujillo y José Hermides.  Por  iniciativa  suya, se estaba planeando igualmente un asalto a los dineros de  la  Caja  Agraria  que  eran  trasladados  los  días  jueves  a  los bancos del  lugar.        

                    En cuanto a  la  participación  del celador Ramiro Reyes en los hechos, sostiene que la idea  del  atraco  al  motel  nació de un familiar suyo que se hallaba detenido en la  cárcel  de  Granada,  quien  le  sugirió  a  José Hermides que lo contactara.  Realizado  el contacto, Ramiro se reunió la noche del sábado con él, Fermín,  José  Hermides,  Félix  Octavio  y  el  agente  de  la  judicial “MONO”, en la  heladería  “Tres  Esquinas”,  habiendo  sido  acordado  con  el  celador que el  trabajo  lo realizarían la noche siguiente. Llegada la hora convenida, 11:30 de  la  noche,  se  presentaron al motel,  pero en vista de que solo había dos  clientes,  decidieron  esperar  un rato por insinuación de Ramiro, hasta cuando  se  presentó  una tercera pareja. Al ingresar, el celador les indicó el camino  apropiado,  y les hizo entrega de la llave maestra, con la cual entraron a todas  las  piezas. Después, al dejar el establecimiento, procedieron a amarrarlo, tal  como  había  sido  convenido.  Sostiene  que  el  autor  de los disparos fue su  compañero  Félix  Octavio Trujillo Gordillo (fls.56, 83, 212-1, 295-2, 440-3 y  6-4).        

                      Félix  Octavio,  quien  al  igual  que  el  anterior,  aceptó haber participado en los  hechos,  coincide  con  lo sostenido por Marín Marín en cuanto a la forma como  se  planeó  el atentado y la directa participación del celador Ramiro Reyes en  los  mismos.  Respecto  de  la  intervención  de  los investigadores del Cuerpo  Técnico  de Policía Judicial en los hechos, afirma no tener conocimiento, pero  Raúl  le  comentó  que  el  botín  había  que  repartirlo entre siete u ocho  personas,  incluido  el  señor de la cárcel y el celador del motel. El martes,  en  las  horas  de  la  tarde,  recibió de manos de Raúl la suma de veinte mil  pesos,  y  una  de  las  pistolas  pertenecientes  al  Mayor  del  Ejército. En  relación  con  los  disparos,  afirma que cuando la víctima disputaba el fusil  con  Raúl,  escuchó  un tiro, al parecer realizado por éste, y después a él  se  le  “salió” otro, del revólver que llevaba (fls.62, 226-1, 291-2 y 28-3A).   

                  Además de  Raúl  Marín  Marín  y  Félix  Octavio  Trujillo  Gordillo, al proceso fueron  vinculados  mediante  declaración  indagatoria  Nilson  Mora  Molina  (fls.104,  238-1,  18-3A),  Jairo  Orlando  Ramos  Rodríguez  (fls.119, 245-1, y 15-3A), y  Ramiro  Reyes  (fls.140, 234-1, y 12-3A), quienes se mostraron totalmente ajenos  a  los hechos investigados; Guillermo Espinosa Herrera, quien acreditó no haber  tenido   vinculación  alguna  con  ellos  (fls.380-1);  y,  a  través  de  declaración  de  persona  ausente, Fermín Trujillo Gordillo (fls.252-2, 1, 52,  55-3).   

                  Cerrada la  investigación  por  auto  de  septiembre  6  de  1993 (fls.405-3), la Fiscalía  Regional,  mediante  decisión  de  22  de  diciembre siguiente la calificó con  resolución  acusatoria respecto de Raúl Marín Marín, Félix Octavio Trujillo  Gordillo,  Fermín  Trujillo  Gordillo, Ramiro Reyes, Nilson Mora Molina y Jairo  Orlando  Ramos  Rodríguez,  por  los  delitos de homicidio agravado (muerte del  Mayor  del  Ejército  Guillermo  Rodríguez  García, hurto calificado agravado  (apoderamiento  de  bienes),  daño  en  bien  ajeno  (incendio  del automotor),  lesiones  personales  (daños  en la salud causados a Saturnino Marentes, uno de  los  clientes),  concierto  para  delinquir, y porte ilegal de armas de fuego de  uso  privativo  de  las  fuerzas  militares,  conforme  a  lo  previsto  en  los  artículos  186,  332.1, 323, 324.2.7, 349, 350, 351. 2. 3.6.9.10, 370 y 372 del  Código  Penal,  y  2º  del  Decreto  3664/86,  incorporado  a  la legislación  permanente  por el Decreto 2266 de 1991. En la misma providencia, el funcionario  declaró  la nulidad parcial del cierre de la investigación en relación con el  procesado  Guillermo  Espinosa Herrera, y dispuso expedir copias para investigar  la  conducta  de  José  Hermides  Valderrama y Manuel Antonio Lara (fls.557-3).  Apelado  este  pronunciamiento, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal, mediante  resolución  de  24  de  marzo  de  1994,  lo  confirmó  en  todas  sus  partes  (fls.88-7).   

                     En  el  período  de  la causa, el procesado Félix Octavio Trujillo Gordillo se acogió  al  instituto de la sentencia anticipada, habiendo sido condenado conforme a los  cargos  imputados  en  la  resolución  acusatoria.  En la misma providencia, el  juzgador  dispuso  expedir  copias  del proceso con destino a las autoridades de  policía,  para  que por se investigaran por separado las lesiones personales de  que  se  hizo  víctima  al  señor Saturnino Marentes (fls.112-4 y 40-6).    

                  Rituado el  juicio,  el  Juzgado  de  conocimiento,  mediante  sentencia de 21 de octubre de  1995,  condenó a los procesados Raúl Marín Marín, Fermín Trujillo Gordillo,  Ramiro  Reyes,  Nilson  Mora  Molina y Jairo Orlando Ramos Rodríguez, a la pena  principal  de  30  años  de  prisión  y multa de diez mil pesos cada uno, y la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por 10 años, como  coautores  responsables  de  los delitos de homicidio agravado, hurto calificado  agravado,  daño  en bien ajeno, porte ilegal de armas de fuego de uso privativo  de las fuerzas militares y concierto para delinquir (fls.15-5).   

                    Revisado  este  fallo  por  el  Tribunal  Nacional,  en  virtud  del recurso de apelación  propuesto  por  varios  de  los sujetos procesales, y el grado jurisdiccional de  consulta,  lo  modificó  en los términos indicados en la primera parte de esta  providencia,  mediante  la  suya  de  5  de  mayo de 1997, que ahora recurren en  casación  los  procesados  Jairo  Orlando  Ramos  Rodríguez,  Fermín Trujillo  Gordillo y Nilson Mora Molina (fls.36-6).   

                        Las  demandas.   

                         1.  A   nombre   del   procesado  Jairo  Orlando  Ramos                                                      Rodríguez.   

                        Con  fundamento  en  la  causal  primera de casación apartado segundo, la demandante  plantea  violación indirecta de la ley sustancial, por errónea apreciación de  la  versión  de  Raúl  Marín  Marín, a quien la sentencia le otorgó mérito  superior    de    plena    prueba,   revistiendo   la   categoría   de   simple  indicio.   

                    Sostiene  que  al procesado Ramos Rodríguez se le vinculó con fundamento en el relato de  Marín  Marín,  quien  no lo identificó por su nombre, sino simplemente con el  remoquete  de  “EL  MONO  Y  EL  COMPAÑERO  DE  NILSON”.  Esta  imputación  se  constituyó  luego  en  plena  prueba,  habiendo sido argumento contundente para  proferir en su contra decisión de condena.   

                    El juez,  tomó  por  cierto  el hecho testimoniado sobre la autoría intelectual de Ramos  Rodríguez,  imaginó en adelante todo un iter criminis, y elevó a plena prueba  un  indicio, no obstante que Marín Marín no lo identificó de manera infalible  e inequívoca.   

                         El  indicio,  es  un  hecho  del cual se infiere otro, pero ese hecho indicador debe  estar  plenamente probado en el proceso, para que pueda ser tenido como elemento  de  convicción.  Y ese hecho testimoniado, que es el fundamento de la sentencia  acusada,  no  está  demostrado,  y  por  ello  no puede ser calificado de plena  prueba para dictar fallo de condena.   

                         El  juzgador  admitió  como  cierto  el  hecho  del incremento del patrimonio de su  representado   con   el   producto   del   delito,   cuando  tal  evento  no  ha  sido    establecido  en  la  investigación. Al fallador se le faculta  para  valorar  los hechos, no para aplicar la arbitrariedad como principio de la  sana crítica.   

                  Apoyada en  estas  consideraciones,  solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  recurrida  (fls.215-6).   

                         2.  Demanda  a  nombre  del  procesado  Fermín Trujillo                                                      Gordillo.   

                       Tres  cargos,  uno al amparo de la causal primera, y dos con fundamento en la tercera,  presenta la censora contra la sentencia impugnada.   

                     Causal  primera:   

                  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  debido  a errores de hecho por suposición y  distorsión  de  algunos  medios  de  prueba,  que  llevaron  a los juzgadores a  aplicar  indebidamente el artículo 23 del Código Penal, y dejar de aplicar los  artículos 2º, 247, 254 y 445 del estatuto procesal.   

                     Asegura  que  en  el  expediente  no  existe  prueba  que permita afirmar la presencia de  Fermín  Trujillo  Gordillo  en  el  aposento  del  Mayor del Ejército mientras  estuvo  con  vida,  ni  por tanto su condición de coautor en el homicidio, y en  cambio  sí,  de  haber  permanecido  en  la portería del establecimiento, y de  haber  sido  Raúl Marín Marín y Félix Octavio Trujillo Gordillo, los únicos  que ingresaron a su habitación.   

                     Afirma  compartir  el  criterio  según  el cual, el dolo, en todas sus formas, directo,  indirecto,  eventual,  de  lesión,  de  peligro,  de  ímpetu  o de propósito,  inicial  o  concomitante, se desvanece en el caso del procesado Fermín Trujillo  Gordillo, frente al homicidio y la coautoría impropia.   

                         La  previsión  de  un  resultado  antijurídico, que debe preceder la acción en el  llamado   dolo   eventual,   es  factor  que  no  concurre  en  el  caso  de  la  participación  de  este  procesado,  en  cuanto no ha logrado probarse. “Por la  mente  del  supuesto  actor,  nunca pasó la necesidad de prevenir un homicidio,  simplemente no estaba entre sus intenciones”.   

                  Transcribe  doctrina  sobre lo que en dogmática jurídico penal debe ser entendido por dolo  eventual,  dolo  en  la  coparticipación y dolo en la complicidad, para afirmar  que   Fermín  Trujillo  Gordillo  compartía  el  “animus  concurrendi”  en  el  propósito  del hurto, mas no en el propósito homicida, y que la complicidad en  el  hecho  del autor desaparece cuando el contribuidor entiende participar en un  delito diverso del que efectivamente consuma.   

                     Afirma,  siguiendo  los  conceptos  doctrinales que le sirven de fundamento, que de todas  maneras  cuando  el  delito  en  el  cual se está participando, da lugar a otro  ilícito,  como  ocurrió  en  el presente caso, se acepta la existencia de dolo  eventual,  pero  a  título  de cómplice, no en el grado de coautoría, como lo  vienen  presumiendo los juzgadores de instancia, contra principios generales que  enseñan que debe probarse.   

                  Con el fin  de  destacar  “la  vaguedad,  imprecisión  e  inconsistencias” de la prueba que  sirvió  de  sustento  al  fallo,  alude  al  contenido  de  los testimonios del  personal  administrativo  del  motel  y  de  quienes  fueron víctimas del hecho  delictivo,  así  como  a  las  versiones  de Félix Octavio Trujillo Gordillo y  Raúl  Marín  Marín,  pero  sin  referirlas  a  la  situación jurídica de su  representado.   

                    Concluye  diciendo  que  con excepción del dicho de este último, no existe en el proceso  ninguna  evidencia  que  permita  tener  por cierta la participación de Fermín  Trujillo  Gordillo  en el atraco a la señora Mariela, o en los planes de asalto  a  los  dineros  del  banco,  afirmaciones  que,  como  se  sabe, llevaron a los  juzgadores  a  imputarle  el delito de concierto para delinquir, en el entendido  que el grupo se desempeñaba con organigrama de banda.   

                      Hubo,  pues,  errores  de  hecho  por  distorsión  de  la  prueba en unos casos, y por  suposición  en  otros,  que festinaron la decisión de condena por el delito de  homicidio  en  el  grado  de  coautoría  impropia,  y que de no haber existido,  habrían  determinado  la  absolución,  o  su  condena  por homicidio simple en  calidad de cómplice.   

                   Cita como  normas  violadas,  por  aplicación  indebida,  los  artículos  23,  323,  349,  350.6.9, 372 y 186   

del Código Penal, y 2º del Decreto 3664 de  1986,   acogido   como   legislación   permanente   por   el  Decreto  2266  de  1991.   

                     Causal  tercera:   

                      Cargo  primero:  La  sentencia  impugnada  se  dictó en un  juicio  viciado  de nulidad por falta de jurisdicción y competencia, puesto que  la  investigación  estableció  que  los disparos contra el Mayor del Ejército  fueron  realizados  por  Raúl Marín Marín y Félix Octavio Trujillo Gordillo,  siendo  dicho  delito,  de  competencia  indiscutida  de  los Jueces Penales del  Circuito,  por  virtud  de  lo  establecido  en  el  artículo 72 del Código de  Procedimiento  Penal, adicionado por el artículo 10 de la ley 81 de 1993, y por  tratarse del hecho punible de mayor entidad entre los cometidos.   

                    Después  de  la  consumación  del delito de homicidio, sobrevino el apoderamiento de las  armas  que poseía la víctima por parte de Raúl Marín Marín y Félix Octavio  Trujillo,  entre ellas un fusil R-15, de dotación militar, incurriendo ellos, a  partir de ese momento, en violación del Decreto 3664 de 1986.   

                    En estas  condiciones,  el  delito  de  mayor  entidad  y que además se cometió primero,  arrastra  la  competencia  hacia  su  jurisdicción,  haciéndose  evidente  una  violación  de las normas de competencia, y presentándose una nulidad según lo  previsto  en  el  artículo  304,  numeral  1º del estatuto procesal penal, con  afectación al debido proceso y al derecho de defensa.   

                      Cargo  segundo:  Violación  del  derecho de defensa por no  haber  el  Tribunal apreciado los únicos argumentos presentados por su defensor  de  oficio  en el juicio, al resolver sobre el grado jurisdiccional de consulta,  referidos  a  la  incompetencia  de  los juzgados regionales para conocer de los  hechos,  la  vaguedad de los cargos imputados en la resolución acusatoria, y el  no  establecimiento de la identidad del procesado; y, por violación del derecho  de  defensa  técnica durante toda la fase del juicio, pues el abogado encargado  de  su  asistencia solo vino a posesionarse a finales de 1996, para facilitar el  proferimiento  de  la  sentencia. Pide, en consecuencia, declarar la nulidad del  proceso desde la clausura del ciclo investigativo (fls.246-6).   

     

    

                         3.  Demanda   a   nombre   del  procesado  Nilson  Mora                                                      Molina.   

                        Dos  cargos,  uno  con  fundamento  en  la  causal tercera de casación, y otro en la  primera, presenta el demandante contra la sentencia impugnada.   

                     Causal  tercera:   

                     Haberse  incurrido  en  irregularidades  sustanciales  que  afectan  el  debido proceso y  tornan  írrita  la  actuación,  a tenor de lo establecido en el artículo  304.2 del Código de Procedimiento Penal.   

                    Sostiene  que  mediante  resolución  de septiembre 6 de 1993, el fiscal dispuso el cierre  de  la  investigación  y  ordenó,  a  instancia  de  Raúl  Marín  Marín, la  ampliación  de  su  indagatoria,  habiendo  sido dicha decisión notificada por  anotación en estado el 27 de octubre siguiente.   

                    El 29 de  septiembre,  el  defensor  de  los  imputados Nilson Mora Molina y Jairo Orlando  Ramos,  interpuso  recurso de reposición contra el citado proveído, en procura  de  obtener  su  revocatoria, arguyendo como motivo fundamental la imposibilidad  de  ordenar  y  practicar  pruebas  con  posterioridad  a  la  declaración  del  cierre.   

                     El 4 de  octubre,  antes  de  haberse  dispuesto  en  debida  forma  su notificación, el  fiscal,  mediante  auto de trámite, declaró la improcedencia del recurso, y el  2  de  diciembre  siguiente, se pronunció de nuevo advirtiendo a la Secretaría  que  había  entrado en vigencia la ley 81 de 1993, que modificaba los trámites  relativos al cierre de la investigación.   

                     De este  recuento  fáctico  procesal,  surgen tres aspectos procesales relevantes. 1. La  palmaria  y  objetiva  transgresión  de  la ley procedimental aplicable para la  época  en  que  se produjo la clausura de la investigación, pues acorde con lo  establecido  en  el artículo 5º de las normas transitorias del Decreto 2700 de  1991,  la  ritualidad  de los procesos adelantados por la jurisdicción de orden  público,  al  integrarse  a  la  justicia  ordinaria,  debía  someterse  a sus  especiales  disposiciones.  Y,  de  acuerdo  con  esta  nueva  normatividad,  se  imponía  el  trámite  de  la  impugnación. 2. Se vio frustrada la posibilidad  legítima  que  asistía  a la defensa técnica de impugnar la citada decisión.  3.  Entrañó  la  vulneración  de  principios  sustanciales,  informadores del  proceso  penal,  como el de preclusión en la oportunidad probatoria, publicidad  y controversia de las pruebas.   

                        Las  mencionadas  irregularidades  constituyen  violaciones  a la estructura esencial  del  proceso y conllevan un agravio para los derechos y garantías sustanciales.  El  proceso  penal,  como  secuencia  o  dinámica  coherente  de  la  actividad  represora  del  Estado,  está reglado por expresas y claras disposiciones, cuya  inobservancia  merecen  ser  sancionadas  con  su  nulitación,  máxime  cuando  impiden  el  ejercicio  de  derechos  que  singularizan  el debido proceso en un  estado social de derecho.   

                  Apoyado en  estas  consideraciones  solicita  a  la  Corte  decretar la nulidad del proceso,  incluida   la   calificación,   para   que   se   de  trámite  al  recurso  de  reposición.   

                                                    

                     Causal  primera:   

                  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  errores de hecho por falsos juicios de  identidad  en la apreciación de los testimonios de Raúl Marín Marín y Félix  Octavio  Trujillo  Gordillo,  que  llevaron  a  la  aplicación  indebida de los  artículos  23,  36  y 323 del Código Penal, y 247 de procedimiento, y falta de  aplicación    de   los   artículos   24   del   Código   Penal   y   254   de  Procedimiento.   

                    Después  de  aclarar  que  el  reproche  estará  circunscrito  a  la imputación por los  delitos  de  homicidio  y  hurto  calificado  agravado, atribuidos a Nilson Mora  Molina  a  título  de  coautoría  impropia,  y  de  transcribir apartes de las  conclusiones  de  la sentencia impugnada sobre su compromiso penal, así como de  las  versiones  de  Raúl  Marín Marín y Feliz Octavio Trujillo Gordillo, hace  las siguientes precisiones:   

                  -Razón le  asiste  al  ad  quem  cuando  en  su  discurso  jurídico  alude a la coautoría  impropia  como  forma  de participación criminal. No se discute que quienes con  unidad  de  designio  criminoso  y  haciendo  parte  de  una  empresa  criminal,  consciente  y  voluntariamente  se  distribuyen  y  dividen  su  trabajo para la  causación  o  producción  de  un  resultado  típico,  obedeciendo  a  un plan  criminal,  responden  en  calidad  de  autores,  no  obstante que con su insular  acción  jurídica  y  naturalísticamente  considerada,  no  se  satisfagan las  exigencias descriptivas del injusto típico.   

                    -Tampoco  desconoce   la   defensa   que   hoy   por   hoy  constituye  pacífica  postura  jurisprudencial,  la  aceptación del dolo eventual como forma de culpabilidad y  elemento    subjetivo    de    la    imputación    en   casos   de   coautoría  impropia.   

                   -El yerro  que  demanda  la sentencia, consiste en atribuir a la situación factual probada  con  los  dichos  de  los  coimplicados  Raúl  Marín  Marín  y Félix Octavio  Trujillo  Gordillo, una condición, presupuesto de una norma sustancial, que, al  menos respecto de Nilson Mora Molina, no la contiene.   

                                           -Aceptándose,  como  lo hace el Tribunal, que el aporte de Nilson  consistió  en  el  préstamo del arma y su silencio, y que tal ayuda surge solo  en  el estadio de consecución de los instrumentos requeridos para la ejecución  del  delito  de  hurto,  “tan  limitado  como  innecesario  aporte,  de  por sí  cuestiona la forma de participación endilgada”.   

                   -Si bien,  en  tratándose  de  una  situación  clara  de  coautoría,  la  magnitud de la  contribución  fáctica  pierde  relevancia,  en  el asunto materia de análisis  adquiere   especial  connotación,  dado  que  es  el  propio  Tribunal  el  que  circunscribe  la  actuación  de Nilson a la entrega del arma, ubicándolo en la  fase de la consecución de los medios en el iter criminis.   

                  -Cuando se  actúa  a  título  de coautor, no es lo que objetivamente se aporta al hecho lo  que  determina  tal  condición,  sino  que  es menester acreditar la dirección  subjetiva  en  el  accionar  del agente concurrente, en el sentido de considerar  como  propia  la  comisión  del injusto típico, con tal protagonismo psíquico  volitivo  que  lo hacen autor de todos los actos consecuencialmente acaecidos en  procura del fin propuesto.   

                   -De allí  que  la  división  de  trabajos, o roles, o funciones de los intervinientes, no  constituyen,  bajo la forma de participación imputada equívocamente, eslabones  aislados  en  el  decurso concausal y finalístico de la empresa delictual; sino  aportes  a la misma, que por insignificantes que parezcan, se encuentran fatal e  inescindiblemente  ligados  con  la  capacidad  de  control  y  de  dominio  del  hecho.   

                  -Frente al  contenido  real y material de la prueba allegada al proceso, tergiversada por el  fallador,  emerge  inapropiada la imputación de participación para Nilson Mora  Molina.  El  dominio  de  la  “acción”,  resulta  ajeno  a éste, en cuanto los  testigos  de  cargo  ubican  la  ideación  del  delito en una persona distinta,  detenida  en  la  cárcel  de  Granada,  y  al  aludir  a  su  planeación en la  heladería,  no  mencionan  a  Nilson como concurrente. Por el contrario, Marín  supeditó su participación al préstamo del arma.   

                      -Este  aporte  a  título de colaboración a un hecho ajeno, no tiene la transcendencia  otorgada  en  la  sentencia recurrida, pues no puede ser cotitular de la acción  quien  apenas  es  requerido  para  el  suministro  de  una  de las tantas armas  utilizadas.   Luego,   aceptado   que  la  complicidad  se  contrae  al  aporte,  colaboración  o  ayuda  dolosa en cualquiera de los estadios del iter criminis,  de  quien  favorece  un  hecho  ajeno  mediando  promesa  anterior, tal forma de  participación sería la imputable en el hurto agravado.   

                         En  seguida,  y  en  punto  a la condena por el delito de homicidio, sostiene que el  dolo  eventual  persiste  cuando  se  trata de atribuir forma de culpabilidad al  partícipe  en  la  modalidad  de  cómplice,  pero para que una tal imputación  responda  a  esta  forma  de culpabilidad, es menester probar que la producción  del  delito  medio fue contemplada por el partícipe como posible, y aceptó. No  basta,  una  aplicación  presuntiva  del  dolo  eventual,  puesto  que iría en  contravía del principio penalístico de presunción de inocencia.   

                         El  Tribunal  infiere  la  modalidad  de dolo eventual en orden a la imputación del  homicidio,  de  la  consideración según la cual, se previó la fatalidad, y no  les  importó, en cuanto eran conocedores de la utilización de armas, de manera  que  podían  resultar  personas  abatidas.  No  obstante, en sentido contrario,  milita  prueba  que  permite  llegar  a  conclusión adversa, pues Marín Marín  comenta  que  al  recibir  el  arma  de  Nilson,  fue  advertido  sobre  su uso,  limitándolo a la acción intimidatoria.   

                     En este  orden  de  ideas,  la  jurisprudencia  consultada  por  el  juzgador no tendría  aplicación,  puesto  que  no  se  trató de una actitud indiferente frente a un  resultado  previsible,  sino por el contrario, de una clara y expresa oposición  a  su  producción,  como  diáfanamente  se  desprende de la versión de Marín  Marín, parcialmente omitida en el fallo.   

                   Pide a la  Corte,  en consecuencia, casar la decisión impugnada, y en su lugar, condenar a  Nilson  Mora  Molina por el delito de hurto calificado agravado, pero en calidad  de cómplice, y absolverlo del de homicidio (fls.275-6).    

                    Concepto  del Ministerio Público.   

                         El  Procurador  Primero  Delegado  en  lo  Penal  es del criterio que ninguno de los  cargos  presentados contra la sentencia impugnada está llamado a prosperar, por  las razones que a continuación se sintetizan:   

                         1.  Demanda en favor de Jairo Orlando Ramos                              Rodríguez.   

                    El cargo  que  contiene,  consistente  en  haberle  asignado  la  sentencia valor de plena  prueba  al  testimonio  de  Raúl  Marín  Marín,  carece  de  los lineamientos  técnicos  necesarios  para su análisis, puesto que toda inconformidad respecto  de  la  valoración  de  la prueba frente a las reglas de la sana crítica, debe  estar  encaminada a la demostración de un yerro en tal sentido, y la censura no  aporta ningún argumento que lo acredite.   

                     Tampoco  hay  acierto en el ataque en cuanto al carácter indiciario que la recurrente le  asigna  a la referida prueba testimonial, y no es verdad que Jairo Orlando Ramos  Rodríguez  no haya sido identificado.                                     

                         2.  Demanda  en  favor  del  procesado  Fermín Trujillo                                                      Gordillo.   

                      Cargo  primero:  No  le  asiste  razón  a la impugnante al  acusar   el   fallo   por  errores  de  hecho  en  la  apreciación  probatoria,  determinantes  de  una  condena  como  autor  del delito de homicidio, cuando lo  correcto hubiera sido en calidad de cómplice.   

                   Desde una  perspectiva  técnico  formal,  el  cargo  carece  de  la  claridad y precisión  requerida  en  sede  de  casación, pues aduce que los juzgadores incurrieron en  distorsión,   omisión  y  suposición  de  pruebas,  sin  entrar  a  demostrar  realmente su afirmación.   

                         La  demandante  se  refiere  al  testimonio  de  María Dennis Aristizábal Hidalgo,  compañera  del  Mayor  Guillermo  Rodríguez, para precisar que su muerte no se  produjo  en  un  forcejeo  por  la  posesión  del  fusil,  como se afirma en la  sentencia,  pero,  cierto  o  no, una tal situación no infirma la coautoría de  los procesados en el homicidio del oficial.   

                        Que  Fermín  Trujillo  no haya disparado el arma, es circunstancia que no lo exonera  de  responsabilidad.  Como  lo  sostienen  los  falladores,  en  este caso todos  concurrieron  con  voluntad  de  realización  del  hurto,  y se repartieron sus  acciones  encaminadas  a  cristalizar este objetivo, habiendo sido Fermín quien  inmovilizó y vigiló a las empleadas de la recepción.   

                         La  orientación  de  la voluntad hacia la obtención de un objetivo específico, no  es  lo  único  que  marca  la  culpabilidad,  pues  en  este  tipo de consensos  criminosos  se  acepta  la  posible  comisión  de  otros  ilícitos no queridos  directamente,  pero  probablemente  vinculados  con  el  fin perseguido, lo cual  explica  el  dolo  eventual,  si  a  pesar  de ello, los infractores afrontan el  resultado,  y  estas  situaciones  fueron  previstas en el presente caso por los  intervinientes  en  el  asalto, desde el momento mismo en que resuelven utilizar  armas de fuego en su ejecución.   

                      Cargo  segundo:   Tampoco   resulta  admisible  el  ataque  atinente  a que la sentencia se dictó en un juicio viciado de nulidad por falta  de  competencia, pues el artículo 89 del Código de Procedimiento Penal, inciso  segundo,  la radica en cabeza de los jueces regionales cuando uno de los delitos  conexos es de su conocimiento.   

                    Respecto  de  la  supuesta  formulación  anfibológica  de  los  cargos  contenidos en la  resolución  acusatoria,  además de infundada, es evidente su absoluta falta de  fundamentación,  y  en  cuanto  a  la  indeterminación  de  la  identidad  del  procesado,   el   ataque  deviene  insustancial,  puesto  que  todos  sus  datos  personales aparecen en el proceso.   

                  En punto a  la  presunta  violación  del derecho de defensa de este procesado, por no haber  estado  asistido  de  un abogado en la etapa probatoria del juicio, se tiene que  ante  la no comparecencia de su inicial defensor, fue designado el doctor Jesús  Díez  Velásquez. Después, el doctor Carlos Castañeda, y finalmente el doctor  Rodríguez  Chocontá,  quien presentó los alegatos de conclusión respectivos.   

                  Además de  esto,  para demandar la nulidad del proceso por ausencia de defensa técnica, no  basta  la  afirmación  en  el  sentido  de  que  debido  a  ello dejaron de ser  practicadas  pruebas,  sino  que es necesario precisar cuáles en concreto no lo  fueron,  haciendo  al menos una aproximación de su posible poder “suasorio” que  permita suponer una visión distinta de la realidad procesal.   

                    

                         3.  Demanda   en   favor   del  procesado  Nilson  Mora                                                      Molina.       

                                                         

                      Cargo  primero:  El  impugnante  pierde  de  vista  que  de  acuerdo  con  la  ley  153  de  1887, artículo 40, las leyes concernientes a la  sustanciación  y  ritualidad  de  los  juicios  prevalecen sobre las anteriores  desde  el  momento en que deben empezar a regir, pero los términos que hubieren  empezado  a correr, y las actuaciones y diligencias que ya estuvieren iniciadas,  se regirán por la ley vigente al tiempo de su iniciación.   

                  Por tanto,  al  estar  corriendo  el término de ejecutoria de la resolución de clausura de  la  instrucción,  su  regulación  se ceñía a las condiciones previstas en la  legislación  vigente  en  el  momento  que  empezó  a  correr  el  término de  ejecutoria,  esto es el Decreto 099 de 1991, que en su artículo 39, inciso 2º,  disponía   que   el   auto   de   cierre   no   era   susceptible   de  recurso  alguno.   

                     Tampoco  constituye  una informalidad relevante la ordenación de práctica de pruebas en  el  mismo  proveído,  pues aún cuando estructura un desacierto, la ampliación  de  indagatoria  de  Marín  Marín  no  aportó elemento alguno que sirviera de  apoyo a las determinaciones tomadas en el fallo.   

                      Cargo  segundo:  Carece de razón el casacionista al acusar  la  sentencia  por  un  presunto  error  de hecho por falso juicio de identidad,  derivado  de  la  tergiversación  de  los  testimonios de Raúl Marín Marín y  Félix   Octavio   Trujillo,   fundamento   de   la   condena   de  Nilson  Mora  Molina.   

                    Notorios  resultan,  además,  sus  desaciertos  en el desarrollo del cargo, puesto que no  demuestra  distorsión  de  su  contenido fáctico, sino que se limita a afirmar  que  de  ellos  no  se  infiere el dominio de la acción atribuido a Nilson Mora  Molina,  con  lo cual se traslada al campo de la valoración de la prueba, donde  tampoco  acierta en la demostración de sus supuestos fácticos, desembocando en  una controversia de carácter valorativo con el juzgador.   

                  Más aún,  en  su fundamentación el recurrente hace una afirmación que no es cierta, como  sostener  que  Nilson  Mora  Molina no fue mencionado entre quienes planearon el  asalto,  con  el claro propósito de hacer ver que su aporte solo fue prestar el  arma,   puesto   que   del   testimonio   de   Marín   Marín   se  infiere  lo  contrario.   

                   Al margen  de  la  insolvencia  técnica  del  escrito  impugnatorio,  el demandante carece  también  de  razón  al  controvertir  la coautoría que le ha sido atribuida a  Mora  Molina.  Este  dispositivo,  como  bien  es  sabido,  implica  acuerdo  de  voluntades  desde el punto de vista subjetivo, y reparto de tareas e importancia  de los aportes, desde el punto de vista objetivo.   

                   El domino  del  hecho,  lo  ejercen  funcionalmente  todos  los intervinientes mediante una  realización  mancomunada  y  recíproca. Los coautores, por acuerdo, dominan en  parte  y  en  todo,  funcional e instrumentalmente, la realización del injusto,  siempre  que  el hecho de cada uno constituya contribución de importancia. Para  Jescheck,  en  sentido  objetivo,  la aportación de cada autor debe encerrar un  determinado  grado  de  importancia  funcional,  de modo que la colaboración de  cada  uno  se  presente  como  una  pieza esencial para la realización del plan  general.   

                   El aporte  de  Nilson  Mora no fue referido a un hecho ajeno como lo sostiene el libelista,  pues  la  prueba  demuestra  su protagonismo en el plan general. Si bien la idea  del   asalto  al  motel  no  fue  suya,  su  contribución  resulta  decisiva  e  importante,  pues  intervino  con su propia dinámica en el grupo que planeó el  ilícito,  y aportó el arma de fuego, sin la cual Raúl Marín Marín se había  negado a cooperar.   

                         La  advertencia  de  Nilson  a  Marín  Marín  de que no usara el arma en contra de  personas,  no  lo  releva de su compromiso penal por el uso que finalmente se le  dio,  pues  la  proporcionó  para  que  con  ella  se  realizara un asalto a un  establecimiento,  sin  saberse  qué  personas  se  hallaban  dentro,  y en cuyo  desarrollo  era  apenas  previsible  que se presentara resistencia, eventualidad  compartida  por  él  consciente  y  voluntariamente,  que  lo  compromete en el  homicidio  en  grado  de  coautor.  Si esto no fuere suficiente, no se pierda de  vista  que se trataba de una organización criminal, como que motivó la condena  por  el  delito de concierto para delinquir, aspecto que fortalece la idea de la  coautoría.   

                  Apoyado en  estas    argumentaciones,    pide   a   la   Corte   no   casar   la   sentencia  recurrida.   

                    

                         SE  CONSIDERA:   

                   Siguiendo  el  orden  lógico  que  impone  el  principio  de  prioridad de las causales en  casación,  la  Sala  analizará  primero  los cargos planteados al amparo de la  tercera,  para  después aprehender el estudio de los propuestos con apoyo en la  primera,    agrupando    los    reproches    que   son   comunes   a   las   dos  demandas.   

                                           Nulidades.   

                         1.  Incompetencia.   

                       Esta  censura  carece  de  fundamento.  El  artículo  89  del  Código del Código de  Procedimiento  Penal,  modificado por el 13 de la ley 81 de 1993, al precisar la  competencia  por  razón  de  la  conexidad y el factor subjetivo, establece que  cuando  se  trate  de  conexidad  entre  hechos punibles de competencia del juez  regional  y  cualquier  otro funcionario judicial, corresponderá el juzgamiento  al  juez  regional, regulación que además coincide con el texto original de la  norma.   

                  Como puede  verse,  el  mandato de la disposición normativa es perentorio, no siendo dable,  por  consiguiente,  pretender  desconocer  su contenido introduciendo exigencias  distintas  de  las que ella establece, como serían el orden de comisión de los  delitos,  o  la  mayor  o  menor  entidad de los mismos. Para que la competencia  quede  radicada  en la justicia regional, basta que uno de los delitos cometidos  sea  de  su  conocimiento,  y  entre ellos exista conexidad, es decir que estén  sustancialmente   relacionados   por   vínculos   de   carácter   ideológico,  consecuencial       u       ocasional,       o       de      cualquier      otra  índole.        

                  En el caso  sub  judice,  a  la totalidad de los procesados se les imputó en la resolución  acusatoria  el  delito de porte ilegal de armas de fuego de uso privativo de las  fuerzas  militares,  cuyo  juzgamiento,  a tenor de lo dispuesto en el artículo  71.4  ejusdem, modificado por los artículos 9º de la ley 81 de 1993 y 13 de la  ley 365 de 1997, corresponde a los jueces regionales.   

                      Nadie  discute,  por otra parte, la existencia de una relación sustancial de carácter  ocasional   de   este  delito  con  el  inicialmente  propuesto,  en  cuanto  su  realización  se  llevó  a  cabo  aprovechando  la  comisión  de  otro,  ni la  vinculación  de  carácter  cronológico,  que  se  presenta cuando en el mismo  contexto de actuación se realizan varios hechos punibles.   

                   El cargo,  en consecuencia, no está llamado a prosperar.   

                         2.  Haber   sido   negado  el  recurso  de  reposición                                                      interpuesto  por  el  defensor  del  procesado Nilson                        Mora  Molina  contra  el  auto  mediante   el   cual   se                            declaró  cerrada  la  investigación.   

                    Por auto  de   6   de  septiembre  de  1993,  la  fiscalía  dispuso  la  clausura  de  la  investigación,  ordenando,  en  la  misma  providencia,  la  ampliación  de la  indagatoria  de  Raúl  Marín  Marín,  y  “la  vista”  del  expediente  por el  procesado  Félix  Octavio  Trujillo Gordillo. El siguiente, es el texto de este  proveído:   

                        “1.  Declárase  cerrada la investigación, por la secretaría córrase los traslados  de rigor.   

                        “2.  Fíjase  como  fecha  para  la ampliación de indagatoria de Raúl Marín Marín  para  el  día  9  a  las  10 a. m., por la secretaría se librará la boleta de  remisión  por ante el señor Director de la cárcel de reclusión donde se haya  (sic)   el   procesado,   la   cual   se   hará  con  las  debidas  medidas  de  seguridad.   

                        “3.  Fíjase  como  fecha  para la vista del expediente solicitada por Félix Octavio  Trujillo  Gordillo  para el día 9 de septiembre a las 2. p. m. la cual se hará  con  las  debidas  medidas  de  seguridad  de  no  ser  así  no  se autoriza el  traslado.   

                   “4. Dése  cumplimiento  urgente  por  la  Secretaría a la providencia de fecha julio 9 de  1993. NOTIFIQUESE Y CUMPLASE” (fls.405-3).   

                     Contra  esta  decisión  el  defensor  de  Nilson  Mora Molina y Jairo Ramos Rodríguez,  mediante  escrito  de  29  de  septiembre, interpuso recurso de reposición, por  considerar  que  una  vez  declarada  la  clausura  del  ciclo investigativo, no  procedía    la   ordenación   de   pruebas.   Sus   argumentos,   fueron   los  siguientes:    

                     “…por  medio  de  este  escrito  interpongo  recurso  de  reposición  en  contra de la  resolución  de  sustanciación  de fecha 6 de septiembre del año en curso, por  medio de la cual se declara cerrada la investigación.   

                    “Obedece  mi  inconformidad  al hecho de que posteriormente a la determinación del cierre  de   la   fase  instructiva,  se  ha  venido  ordenando  la  práctica  de  unas  diligencias, como las siguientes (…).   

                   “Así las  cosas,  mal  puede  ordenarse  la  práctica  de diligencias después de haberse  clausurado  el ciclo investigativo. Las anteriores breves razones son las que me  llevan  a  solicitar  la  reposición  de  la  resolución  de sustanciación de  septiembre 6 del año en curso” (fls.447-3).   

                    Por auto  de  4  de  octubre  siguiente,  la  fiscalía se abstuvo de reponer la decisión  impugnada,  apoyada  en  tres  argumentos: 1) que la solicitud de ampliación de  indagatoria  de  Marín  Marín  había  sido  solicitada  antes  de  haber sido  declarado  el  cierre de la investigación. 2) que las demás pruebas decretadas  en  nada  afectaban la situación de los procesados; y, 3) que de acuerdo con el  Decreto  099  de  1991,  adoptado  como  legislación permanente por el 2271 del  mismo  año,  el  auto  de  cierre  de  la  investigación no era susceptible de  recurso alguno (fls.450-3).   

                        Las  consideraciones  en  torno a la aplicación en el presente caso del artículo 39  del  Decreto  99  de  1991,  que  establecía  la  inimpugnabilidad del auto que  ordenaba  el cierre de la investigación, son desde luego equivocadas, y en esto  le  asiste  razón al demandante. Cierto es que este artículo fue incorporado a  la  legislación  permanente por el artículo 4º del Decreto 2271 de 1991, pero  no  es menos verdad que para el 6 de septiembre de 1993, fecha en que se produjo  el  cierre,  ya  se  encontraba vigente el nuevo Código de Procedimiento Penal,  que  admite  el  recurso  de  reposición   en  contra  de  esta  clase  de  pronunciamientos  (arts.199  y  438,  modificado  por  el  56  de  la  ley 81 de  1993).   

                                           Obsérvese,  sin  embargo,  que  el  escrito a través del cual el  defensor  solicita  la  reposición  del  auto de 6 de septiembre de 1993, no es  propiamente  una  impugnación  contra  la  decisión  de  declarar  cerrada  la  investigación,  contenida  en  el  numeral  primero  del  referido  auto,  sino  respecto  de  las  otras  determinaciones,  referidas a la práctica de pruebas,  cuya naturaleza, como es sabido, repele su impugnabilidad.   

                    En estas  condiciones,  mal  puede afirmarse que el defensor haya recurrido en reposición  la  orden  de  declarar clausurado del ciclo investigativo, o que el funcionario  instructor  haya  negado  arbitrariamente  una tal impugnación, pues como se ha  dejado  visto,  la  inconformidad del aparente recurrente estaba solo referida a  las  decisiones contenidas en los numerales 2º y 3º del auto, que ordenaban la  práctica de unas pruebas.   

                  No discute  la  Sala,  desde  luego, la inconducencia de esta ordenación, pero un ataque en  casación  por  virtud  de esta irregularidad solo sería posible por la vía de  la  causal primera, cuerpo segundo, por errores de derecho por falsos juicios de  legalidad,  derivados  de  una  inoportuna incorporación de las pruebas, que el  recurrente en manera alguna plantea.   

                    El cargo  no prospera.   

                         3.  Violación  del  derecho  de  defensa  del procesado                                Fermín  Trujillo Gordillo.   

                    

                     1.  En  sentir  de  la  casacionista,  el  citado procesado careció de defensa técnica  durante  toda la etapa del juicio, toda vez que dentro de este período procesal  no  hizo  presencia  su defensor, ni se practicaron pruebas en orden a demostrar  su participación en los hechos.   

                                           Reiteradamente  ha  sido sostenido por la Corte  que no es la  inactividad  del  defensor,  sino  el  abandono  de  la  gestión que le ha sido  encomendada,  lo  que  puede  llegar  a  determinar  violación  al derecho a la  defensa  técnica  con   repercusiones  en  la  eficacia  de  la actuación  procesal,  toda  vez  que  el  abogado defensor, en el ejercicio de su gestión,  puede  abstenerse  de  impugnar  providencias,  o  dejar  de  ejercer una activa  controversia  conceptual  o  probatoria, sin que ello signifique desatención de  la función de asistencia que le ha sido confiada.     

                   Luego, la  afirmación  en  el  sentido  de  que  el  procesado  careció de defensa porque  durante  el  período de la causa no aparece elemento de prueba alguno orientado  a  demostrar  su inocencia, no constituye argumento suficiente para sustentar la  pretensión  de  nulidad del proceso por violación del derecho de defensa. Para  esto  es  necesario  acreditar  que  la  ausencia de actos positivos de gestión  obedeció  a  motivaciones distintas de una racional estrategia defensiva, tarea  que           ni          siquiera          intenta          cumplir          la  impugnante.          

                   Examinada  la  actuación  procesal,  se  advierte, por lo demás, que el procesado Fermín  Trujillo   Gordillo,  quien  fue  vinculado  mediante  declaración  de  persona  ausente,  estuvo  inicialmente representado en el juicio por el doctor Jesús S.  Díez  Velásquez, quien tomó posesión del cargo antes de la calificación del  sumario  (fls. 388, 394 y 399-3), y que durante el juzgamiento, los funcionarios  judiciales  estuvieron  pendientes de asegurar su derecho a la defensa técnica,  como  surge  de  las  designaciones  que debieron hacerse después de haber sido  citadas  las  partes  para  sentencia,  con  el  fin de garantizar su asistencia  profesional  (fls.381,  427,  438,  445,  457-4  y 3, 5, 7-5).      

                  Se impone,  por tanto, la desestimación de la censura.   

                     2.  Un  segundo  reproche,  lo  deriva  la  demandante  de  la circunstancia de no haber  examinado   el  Tribunal  Nacional,  al  conocer  del  grado  jurisdiccional  de  consulta,  las  alegaciones de fondo presentadas por el defensor antes del fallo  de  primer  grado,  referidas  a la incompetencia de la justicia regional, el no  establecimiento  de la identidad del procesado, y la vaguedad e imprecisión del  pliego de cargos.   

                       Esta  censura,  también  debe  ser  desestimado,  pues  en  virtud  del  principio de  inescindibilidad  de  los  fallos de primera y segunda instancia, debe entederse  que  cuando  el  superior  no  examina  en concreto un determinado aspecto de la  sentencia  de  primer  grado  sujeta  al grado jurisdiccional de consulta, ni lo  modifica,  es  porque  lo comparte, y el juzgador de primer grado hizo un amplio  resumen  de  las  alegaciones  del defensor, y se refirió a ellas, cuando no de  manera  expresa,  en  forma  implícita.  De  allí  que la situación puesta de  relieve por la libelista, devenga insustancial.    

                     Por lo  demás,  no  es  cierto que el procesado no haya sido plenamente identificado en  el  proceso.  Desde un comienzo la investigación estableció que se trataba del  hermano  de  Félix Octavio Trujillo Gordillo, hijo de Francisco y María Aminta  (fallecidos),  nacido  el  12  de diciembre de 1960, de profesión ebanista, con  cédula  de  ciudadanía  No.19´433.106,  cuya  copia se aportó al informativo  (fls.356-2).   

                     Y,  en  cuanto   dice   relación   con   la   supuesta   indeterminación  y  carácter  anfibológico  de  los  cargos  formulados  en  la  resolución  acusatoria,  el  reproche,  como acertadamente lo sostiene el Procurador Delegado en su concepto,  no  deja  de ser una crítica desprovista de todo sustento, que como tal, releva  a la Corte de cualquier consideración.   

                         Se  desestimará la censura.   

                     Causal  primera.   

                         1.  Haberle  sido  otorgada  a  la  versión  de  Marín                                Marín  valor  de  plena prueba, constituyendo apenas                             un  indicio  de  responsabilidad  en contra de  Jairo                           Orlando  Ramos Rodríguez.   

                   En primer  lugar  debe  decirse  que  cuando  se  plantea  violación  indirecta  de la ley  sustancial,  por  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica en la  determinación  del  mérito  de  las  pruebas,  se impone para el demandante la  obligación  de  señalar  de  qué  manera el juzgador violó tales postulados,  labor que en el presente caso la libelista incumple.   

                        Una  segunda  admonición  tiene  que ver con la naturaleza del error planteado, pues  si  el  vicio  se  hace  consistir en que los juzgadores derivaron del dicho del  testigo  la  identificación plena de Jairo Orlando, no siendo ello cierto, como  quiera  que  en  su versión solo había hecho alusión al “MONO o COMPAÑERO DE  NILSON”,  el  yerro sería de contemplación material, no de valoración como se  plantea en la demanda.   

                   Con todo,  no  es  cierto  que  la prueba arrimada al proceso admita reservas sobre la real  participación  de  Ramos  Rodríguez  en  los hechos. En la primera versión de  Marín  Marín  ante  la Unidad de Indagación Preliminar del Cuerpo Técnico de  Policía  Judicial,  a  la  cual  pertenecía  Ramos  Rodríguez, el funcionario  encargado  de  recibirla  dejó  constancia  expresa  en  el  sentido  de que el  declarante,   cuando  aludía  al  “MONO”,  estaba  haciendo  referencia al  investigador  de  policía judicial JAIRO RAMOS RODRIGUEZ (fl.57-1), existiendo,  por  tanto,  total  correspondencia  entre  la  persona a la cual se refería el  testigo y el hoy procesado.    

                   Aparte de  esto,  el declarante identifica a quienes le facilitaron la pistola como agentes  de  policía  judicial, y la investigación estableció que Nilson Mora Molina y  Jairo  Orlando  Ramos Rodríguez eran los únicos investigadores para esa época  (fls.239-1  y  128-2).  Por  último se tiene que la descripción física que el  declarante   aporta   del   agente   “MONO”,   coincide   cabalmente   con   las  características    morfológicas    de    Ramos    Rodríguez   (fls.83,   119,  245-1).   

                        Por  adolecer,  entonces,  de  deficiencias técnicas insalvables, y resultar además  infundado, se impone también la desestimación de este reparo.   

                         2.  Aplicación  indebida  del  artículo 23 del Código                                Penal y  falta  de aplicación del artículo 24                                  ajusdem.                                                           

               

                       Como  acertadamente  lo  expone  el  Procurador  Delegado  en  su concepto, los cargos  planteados  contra  la  sentencia impugnada por los defensores de los procesados  Fermín  Trujillo  Gordillo  y  Nilson  Mora  Molina, orientados a desvirtuar la  imputación  que  soportan  como  coautores de los delitos de hurto y homicidio,  adolecen    de    insalvables    inconsistencias   de   carácter   técnico   y  fundamentación, que los hacen inexaminables.   

                  La demanda  presentada  en  nombre  del procesado Trujillo Gordillo, plantea, en este punto,  la  existencia  de errores de hecho por tergiversación y suposición de prueba,  pero  por  parte  alguna  precisa  en qué consistieron tales desaciertos, sobre  cuál   prueba   en  concreto  recayeron,  o  qué  incidencia  tuvieron  en  la  determinación objeto de la impugnación.   

                  Dentro del  marco  de una secuencia argumentativa inexplicable, la demandante adicionalmente  sostiene  que  en  el  proceso  no  existe  prueba alguna que permita afirmar la  presencia  de  su  representado  en  el aposento del Mayor Rodríguez García al  momento  de  su  muerte,  y  en  cambio  sí,  prueba de haber permanecido en la  recepción,  planteamiento  que resulta absolutamente inane si se toma en cuenta  que  los  falladores  de  instancia  jamás  hicieron esta afirmación, habiendo  reconocido,  por  el  contrario,  que  solo  Raúl Marín Marín y Feliz Octavio  Trujillo Gordillo entraron a la habitación de la víctima.   

                  Situación  similar  se  presenta  en relación con la demanda a nombre del procesado Nilson  Mora  Molina,  pues el actor, como lo sostiene la Delegada, no entra a demostrar  los  errores  de  hecho  que  invoca,  consistentes  en  la  distorsión  de los  testimonios  de Raúl Marín Marín y Félix Octavio Trujillo Gordillo, sino que  se  limita  a  sostener  que  de  su  contenido  no  se infiere el dominio de la  “acción”  que  la sentencia le atribuye a su representado, con lo cual el cargo  deja  de estar referido a la contemplación material de la prueba, para ubicarse  en el campo de las valoraciones.   

                   El único  planteamiento   que   guarda  correspondencia  con  el  error  propuesto,  está  relacionado  con la advertencia que le hiciera Nilson Mora Molina a Raúl Marín  Marín  al momento de entregarle el arma, de la cual informa este último, en el  sentido  que  tuviera  cuidado  con ella, y “no fuera a matar a nadie”, omitida,  según  lo  sostiene  el  actor, por los juzgadores de instancia, y que de haber  sido  tenida en cuenta, habría permitido reconocer su inocencia en el delito de  homicidio,   pero   esta   propuesta   de   ataque,   se   queda  en  el  simple  enunciado.    

                    

                         De  cualquier  forma,  la  tesis  de  los  impugnantes  respecto de la condición de  cómplices  de  sus  representados  en  los  delitos  a  los  cuales se ha hecho  mención,  resulta  insostenible.  La  Corte,  en  doctrina  que  los juzgadores  transcriben,  y  que  los demandantes no discuten, ha sido clara en sostener que  cuando  varias personas  conciertan libre y voluntariamente la realización  de  un  resultado  típico,  con  distribución  de  funciones,  todos tienen la  calidad  de  coautores,  así  su conducta vista en forma aislada no permita una  directa  subsunción  en  el  tipo,  porque  todos  están unidos en el criminal  designio,  en  una  empresa criminal, y actúan con conocimiento y voluntad para  la  producción  del resultado comúnmente querido, o por lo menos aceptado como  probable.                                              

                                                                                                 

                  En el caso  que  se  estudia,  claramente  aparece  establecido  que los procesados actuaban  dentro  de  una  empresa  criminal,  con  división de trabajo, donde ninguno en  particular,  sino  todos,  tenían el dominio funcional del hecho. La decisión,  que  no  la  ideación  que  es  distinto, a todos correspondía en conjunto, en  cuanto  se  reunieron  y  resolvieron  ejecutar  el  delito contra el patrimonio  económico,  con  tareas  específicas  dentro  del  iter críminis: Nilson Mora  Molina  y  Jairo  Orlando Ramos Rodríguez, investigadores de policía judicial,  prestaban  una  de  las armas (una pistola calibre 22 mm); Ramiro Reyes, celador  del  motel,  permitía  la  entrada  al  establecimiento  y  facilitaba la llave  maestra;  y,  Raúl  Marín  Marín,  Fermín  Trujillo  Gordillo, Feliz Octavio  Trujillo   Gordillo   y   José   Hermides  Valderrama,  ejecutaban  la  acción  típica.   

                   Cierto es  que  Nilson  Mora  Molina  y  Jairo Orlando Ramos Rodríguez no estuvieron en el  lugar  de  los  hechos,  y que el primero no asistió a la reunión la noche del  sábado,  pero  ello  no  modifica  su condición de coautores, en cuanto que en  virtud  de la asignación funcional, la contribución fáctica puede presentarse  en   cualquiera   de   los  estadios  del  iter  criminis  o  desarrollo,  y  la  circunstancia  de  no  haber concurrido el primero de ellos al citado encuentro,  no  necesariamente significa que no estuviera comprometido con el plan criminal.  La  verdad es que su compañero estuvo presente, y que el día siguiente, ambos,  sostuvieron  dos  reuniones con Raúl Marín Marín, la primera para “planear de  nuevo  el  atraco”,  y  la  segunda  para  hacer entrega del arma, de suerte que  ninguna  duda  puede  quedar  sobre su voluntaria decisión de intervenir en una  empresa delictiva común.   

                     El otro  aspecto  objeto  de controversia tiene que ver con la condición de coautores de  Nilson  Mora  Molina y Fermín Trujillo Gordillo en el delito de homicidio, pues  se  asegura,  en el primer caso, que este hecho punible no le es imputable, y en  el  segundo,  que  solo  puede  serlo  a  título  de  cómplice,  con el común  argumento  de  que  el  resultado  no  era previsible, y en tales condiciones no  podría afirmarse la existencia de dolo eventual.   

                       Este  razonamiento  también  es equivocado. Cuando los miembros de una banda criminal  resuelven  utilizar  armas  para  la realización de sus propósitos delictivos,  están  admitiendo la posibilidad de su uso. Su entrega o decisión de llevarlas  consigo,  es  consecuencia  de esa previsión, y si aceptan una tal posibilidad,  es  apenas  obvio  que  deban  responder  de  los  delitos  contra  la vida y la  integridad  personal que de su uso se deriven, y que deban hacerlo en calidad de  coautores,  pues  habiéndose  representado  anticipadamente  como  probable  el  resultado,  nada  hicieron  en procura de evitarlo, en nítida manifestación de  voluntad hacia su producción.   

                         La  eventualidad  del  uso  de  las  armas  en el caso analizado resultaba ser mucho  mayor  si  se  da  en  considerar  la  entidad  de  la  acción  delictiva  y el  desconocimiento  de  las  personas a enfrentar, así como su número, lo cual no  era  ajeno  a los autores del ilícito. De allí la insistencia de Marín Marín  de estar bien armados, con no otro propósito de evitar sorpresas.   

                                           Paradójicamente,  quienes  facilitaron  las  armas  (Nilson  Mora  Molina  y  Fermín Trujillo Gordilo), son quienes hoy alegan irresponsabilidad o  responsabilidad  atenuada en el homicidio, un delito susceptible de ser previsto  dentro  del  marco  de  una  acción delictiva de la naturaleza de la planeada y  llevada a cabo por los procesados.   

                         La  advertencia  de  Nilson  Mora Molina a Raúl Marín Marín, en el sentido de que  “no  fueran  a  matar a nadie”, solo confirma lo que viene siendo afirmado en el  sentido  de  que Mora Molina, como los demás, era consciente de los riesgos que  se  corrían  en  la ejecución del injusto típico, y que aceptaba el homicidio  como   probable,   pues  no  de  otra  manera  podría  ser  explicada  una  tal  prevención.   

                   El cargo,  por consiguiente, será desestimado.     

                               

                  En mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL, oído el  concepto  del  Procurador  Primero Delegado, administrando justicia en nombre de  la república y por autoridad de la ley,   

                   R E S U E  L V E:   

                         NO  CASAR la sentencia impugnada.   

                                           Devuélvase al tribunal de origen. CUMPLASE.   

                                               JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO                           

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL      RICARDO   CALVETE  RANGEL                         

JORGE           CORDOBA  POVEDA             CARLOS   A.  GALVEZ ARGOTE          

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO             CARLOS      E.     MEJIA  ESCOBAR                                

DIDIMO            PAEZ  VELANDIA            NILSON  PINILLA  PINILLA   

                         

                                       Patricia     Salazar  Cuéllar   

                                                 SECRETARIA       

      

                                                          

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