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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 14596  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                             Aprobado Acta Nro: 143 (septiembre 22/99)   

          Santafé  de Bogotá D.C., viernes veinticuatro de septiembre de mil  novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

            Conforme  con lo establecido en los artículos 234 y 235 del C. de  P.  Penal,  se  pronuncia  la  Sala  acerca  de  la  admisión  de la demanda de  revisión  instaurada  por  el  Procurador Judicial 197 Delegado en lo Penal, en  representación   del   penado  RAMÓN  ELÍAS  OROZCO  CARDONA,  contra  quien  el  Juzgado Primero Penal del  Circuito  de Bello, Antioquia, profirió condena de 27 años, 6 meses y 20 días  de  prisión  en  febrero 7 de 1996, término que igualmente le impuso a título  de  pena  accesoria  consistente  en interdicción en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  al  declararlo  penalmente  responsable  del  concurso de  hechos  punibles  de  homicidio  con circunstancias de agravación, tentativa de  hurto  calificado  y  agravado  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego de defensa  personal,  fallo  que  integralmente  avaló  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial de Medellín por el suyo de mayo 10 del mismo año.   

HECHOS  

          Fueron  historiados  por  el fallador en la segunda instancia, de la  siguiente manera:   

          “Tres  jóvenes se subieron al vehículo  automotor  de  servicio  público,  tipo bus de placas N° TIC400, conducido por  Filiberto   Castaño   Botero   desde   la  localidad  antioqueña  de  Cedeño.  Concretamente  el  abordaje se produjo en territorio municipal de Copacabana, en  el  tramo  de  Comfama y el Parque de Aguas, a la una y media de la tarde del 11  de  octubre  de  1995.  De repente uno de los aparecidos apuntó con un changón  hechizo  al cuerpo del conductor y dio orden a los escasos pasajeros de entregar  el  dinero  y  las  pertenencias  a  los  otros dos asaltantes ya situados en la  última  banca,  desde  la  cual  sonó  un  disparo  de  revólver  dirigido al  antisocial  poseedor  del  changón.  Cuando  el  usuario  Antonio María Moreno  Taborda  intentó  ponerse  de  pies,  de una vez recibió mortal navajazo en el  pecho  propinado  por el coejecutor Ramón Elías Orozco Cardona. En esas el del  changón,  huyendo  soltó  el arma la cual tomó para sí el ayudante del carro  Héctor   Danilo   Giraldo   González,   quien  logró  controlar  la  terrible  situación,  impidiendo  la  huida  de  los  demás  partícipes o sea de Orozco  Cardona  y el menor de edad Felipe Jaramillo Alarcón. De inmediato, en el mismo  bus,  se  dirigieron  al  hospital  Santa Margarita, sitio del levantamiento del  cadáver,   no  sin  antes  dejar  a  los  delincuentes  a  disposición  de  la  policía.”   

          Vinculado   a   la  investigación  OROZCO  CARDONA,  durante su trámite impetró la terminación  anticipada  del  proceso solicitando para el efecto la aplicación del artículo  37  del  C.  de P. Penal, cuya acta de formulación de cargos elaboró la Unidad  Seccional  de  Fiscalía  de Copacabana y, aceptados éstos por el procesado, en  armonía  con  esa  expresa  declaración  de  voluntad el Juzgado 1° Penal del  Circuito  de  Bello  fulminó  la  instancia con la condena de la que ya se hizo  mérito  en el introito, la cual confirmó en su integridad el Tribunal Superior  de  Medellín al conocer de la impugnación que contra la misma se propuso, como  igualmente allí se dejó dicho.   

LA DEMANDA DE REVISIÓN  

          El  Procurador  Judicial  Delegado en lo Penal que ofició de agente  del  Ministerio  Público en la primera instancia, invocando el inciso final del  artículo    142   del   Código   de   Procedimiento   Civil,   “por  expresa remisión del artículo 21 del Código de Procedimiento  Penal;  esto  es, Nulidad de la Sentencia”, aduce dos  (2)  motivos  de  revisión  con los cuales pretende remover el fallo de condena  del  que  con  antelación se hizo mención, no empece admitir en su escrito que  la  nulidad  originada  en la sentencia “no es causal  de  revisión conforme al art. 232 C.P.P.”  Esta  es su argumentación:   

         

1.-   Aunque  sin  especificar  a cuál  sentencia  se  refiere,  de  la  reseña  que  el accionante hace sobre la misma  -página  7,  primer  párrafo-  la  Sala colige se trata de la proferida por el  juzgador  de  la primera instancia, funcionario este que al analizar los cargos,  su  aceptación,  la  prueba  y su mérito, asevera el libelista, expresó en el  fallo:   

          “A  pesar  que no fue sometido al cotejo  de  balística,  sin  lugar  a dudas podemos concluir, según las circunstancias  del  desarrollo  de  los  mismos hechos, que es un arma apta para el disparo, en  buenas  condiciones  de  funcionamiento  y que sus características la catalogan  como   de  defensa  personal  y  para  su  porte  nadie  mostró  el  respectivo  salvoconducto.”   

          Una   tal   conclusión   podría   tenerse   como   “jurídicamente    aceptable”,   si   el  ciudadano  que  pereció  durante  la  ejecución  de  las conductas sometidas a  juzgamiento  hubiese  perdido  la  vida a causa de lesionamientos producidos con  arma   de   fuego,   pero  el  homicidio  en  cuestión  se  consumó  con  arma  cortopunzante   -navaja-,   amén  de  que  “OROZCO  CARDONA  nunca utilizó el arma supuestamente de fuego  para  la  fecha  de  la sentencia.” Sólo después de  que  la  sentencia  había  alcanzado  ejecutoria,  se  conoció el concepto del  experto  acerca  de  la  idoneidad  del  arma  decomisada  a raíz de los hechos  investigados,  por  lo  cual  el  pronunciamiento  judicial  acusado vulnera los  artículos  29  y 228 Superior, como también los artículos 1°, 246, 247 y 249  del Código de Procedimiento Penal, asegura el demandante.   

         

2.-  En  “abierto  desconocimiento”  de lo dispuesto en el artículo 44  del  C.  de  P.  Penal  respecto del tope máximo que se puede imponer como pena  accesoria  de  interdicción  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas  -10  años-,  el  fallador  dedujo  condena por el mismo término de la sanción  privativa  de  la  libertad, es decir, 27 años, 6 meses y 20 días de prisión.  “Esta descomunal diferencia entre la pena impuesta y  la  autorizada  por  la ley, sólo puede ser corregida mediante la anulación de  la  sentencia, una vez superada la frontera de la ejecutoria, Arts. 211 C.P.P. y  309  C.P.C.  en  armonía  don  el  art.  21 C.P.P.”,  sostiene el libelista.   

Y,  seguidamente  agrega  que  la  garantía  fundamental  del  debido  proceso  fue  desconocida  tanto por el fallador de la  primera  instancia como por el de la segunda, habida cuenta que, a su juicio, se  profirió  sentencia  “sin  la presencia”  de  la  prueba  del  hecho  punible  y  la  responsabilidad del  procesado.  La  aceptación de los cargos por el acusado no exime a la Fiscalía  de  la  obligación  de  aportarlas,  y  bajo  tal  circunstancia el juzgador se  hallaba    “impedido    para    fallar”,  pues,  el  arma  de  fuego  “no la  portaba  el  procesado  condenado” y sin la prueba de  balística  sobre  el arma decomisada previamente a la emisión de la sentencia,  “no  existía  certeza  de  la  existencia del hecho  punible” conforme con lo normado en el artículo 247  del Código de Procedimiento Penal.    

En consecuencia, el dispositivo del artículo  142  del  Código  de Procedimiento Civil debe integrarse a los artículos 232 y  ss.  del Código de Procedimiento Penal, “y recuperar  el     ordenamiento     jurídico,    derechos    fundamentales,    el    debido  proceso.”, concluye.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Total  desconocimiento  del  objeto  y  naturaleza  jurídica  de la  acción  de  revisión,  es  lo  que descubre la argumentación que el libelista  esgrime  para  pretender  el derrumbamiento de una sentencia en firme, instituto  aquel  que  permite remover la injusticia que se deriva de un fallo condenatorio  que  hizo  tránsito  a  cosa  juzgada,  por  no  coincidir la verdad formal que  pregona  la  res iudicata con  la  que  se  origina  en lo realmente acontecido, erigiéndose ésta como verdad  histórica de los hechos.   

          En   efecto,   con   el   argumento   sofístico  del  principio  de  integración  contenido  en  el artículo 21 del Código de Procedimiento Penal,  aspira  el  impugnante se de aplicación a la normatividad que en tratándose de  la  acción  de  revisión,  contempla  nuestra ley procesal civil en materia de  nulidades,  como  si  éstas  carecieran  de su propia regulación en asunto penal; olvida el censor que dicho  postulado  procede  en  “aquellas materias que no se  hallen  expresamente  reguladas en este código (…), siempre que no se opongan  a   la   naturaleza   del   procedimiento   penal”.   

          Es  cierto  que  en  materia  civil  las  nulidades originadas en la  sentencia  pueden  alegarse  durante la actuación posterior a su emisión (Art.  142  del  C.  de P. Civil), de ahí que una tal irregularidad se erija en causal  de  revisión  conforme con lo estipulado en el Art. 380-8ª  ibídem   -“la  nulidad originada en la sentencia que puso fin  al  proceso  y  que  no era susceptible de recurso”-.  Empero  en  materia penal no existe este tipo de regulación, pues, amén de que  el       legislador       realizó       una      enumeración      taxativa  de  los  motivos  que pueden dar  lugar  a  impetrar la acción de revisión, para nada se refirió en ellas a las  nulidades  que  tienen como fuente el proceso penal, las cuales tienen su propia  sede  de  alegación  en  las  instancias  ordinarias y en la extraordinaria del  recurso de casación (Arts. 305 a 307 y 220-3 del C. de P. P.).   

          Ahora  bien,  si conforme con lo previsto en el artículo 232 del C.  de  P.  Penal  la acción de revisión tiene como objetivo fundamental demostrar  que  el condenado es inocente del hecho por el cual se le juzgó, de acuerdo con  lo  regulado  en la causal 3ª, o que no fue la persona que pudo haber ejecutado  la  conducta punible en los casos de las causales 1ª, 4ª  y 5ª, o que la  acción  penal  no podía iniciarse o proseguirse por ausencia de los requisitos  de  procedibilidad  de  la misma, según lo establece la causal 2ª, fundamentos  estos  que  brillan  por  su  ausencia  en el libelo impugnatorio, los elementos  probatorios  que  se aduzcan para demostrar una cualquiera de las circunstancias  reseñadas  con  antelación, deben ser diversos de los tenidos como sustento de  las  sentencias  de  primero  y  segundo grados, los cuales, además, mal pueden  propender  por intentar un nuevo examen de ese plexo, puesto que en revisión no  es  admisible  discurrir sobre problemas atinentes con la aplicación de la ley,  las  irregularidades o vicios in procedendo,  errores en la apreciación y estimación probatorias, la cuantía  y  naturaleza  de  la  pena  impuesta,  temas todos ellos materia del recurso de  casación.  Menos  se puede, como aquí lo pretende el demandante, debatir sobre  uno  de  los  cargos  objeto  de  imputación,  máxime si se trata de sentencia  anticipada  para  cuya  impugnación  existen  inclusive  restricciones de orden  legal (Art. 37B- 4 del C. de P. Penal).   

                                Se  insiste,  la  naturaleza  y  alcances  de  la acción de  revisión  se encuentran claramente delimitados en las disposiciones legales que  la  reglamentan  en  nuestro ordenamiento jurídico-penal, y por consiguiente si  su  objeto  es  permitir  la  demostración  de que ha sido  condenada como  responsable  de  un  delito  una  persona  que  no  lo cometió ni contribuyó a  cometerlo,  o  bien  porque  en  el  evento  contemplado en la causal 6ª exista  pronunciamiento  judicial  mediante el cual la Corte haya variado favorablemente  el  criterio  jurídico  que sirvió como sustento de la sentencia condenatoria,  temas  extraños  a  esas específicas circunstancias como los que plantea en su  escrito  el  libelista  -debates  sobre  nulidades,  formulación del cargo y su  adecuación  típica,  y la determinación de la cuantía y naturaleza de una de  las  sanciones impuesta-, tornan inidónea la demanda de revisión instaurada en  razón  del  presente  asunto,  por  carecer  en  lo absoluto la pretensión del  impugnante  de  respaldo  legal  y  de  sindéresis  jurídica,  conforme con lo  reglado  en el artículo 234-3 del C. de P. P., en armonía con el artículo 232  ibídem.   

          Consecuentemente  con  lo  que  viene de exponerse y en razón de lo  previsto  en  el  artículo  235 del C. de P. Penal, por no reunir la demanda ni  siquiera  en  mínima  parte las exigencias que impone la ley para su admisión,  se dispondrá de plano su rechazo.   

          En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

         RECHAZAR   in   límine  la  demanda  de  revisión  presentada por el señor Procurador Judicial 197 Delegado en lo Penal  en   representación  del  sentenciado  RAMÓN  ELÍAS  OROZCO   CARDONA,   conforme   con  las  motivaciones  plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

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