14581b1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14581  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 191  

          Santafé  de Bogotá, D. C., treinta de noviembre de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          Examina  la Corte los requisitos formales de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor del procesado EDISON JAVIER CASTAÑEDA GALEANO, en  relación  con la sentencia de segundo grado dictada por el Tribunal Superior de  Cundinamarca,  el  6 de febrero de 1998, por medio de la cual condena al acusado  a  la  pena  principal  de  veinticinco  (25)  años de prisión, como autor del  delito de homicidio.   

          Se  procederá  de  conformidad  con  los  artículos  220 y 225 del  Código de Procedimiento Penal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

          Conforme  con  las  declaraciones  del  fallo  impugnado, los hechos  acaecieron  en  el  municipio de Funza (Cundinamarca), el 16 de febrero de 1996,  aproximadamente  a  las  diez  de la noche, cuando a inmediaciones de la iglesia  principal  del  pueblo,  el ciudadano GERMÁN IVÁN BELLO PEÑALOZA recibió una  cuchillada  en  el  segundo espacio intercostal derecho, la cual comprometió el  pericardio  y  la  aorta para producirle un trauma vascular y hemotórax masivo,  que  fue la causa de su posterior muerte en el centro médico “Éxito” de la  misma población.   

          La  agresión se atribuyó a EDISON JAVIER CASTAÑEDA GALEANO, quien  fue   legalmente   vinculado   al   proceso   por   medio  de  indagatoria  (fs.  64).   

          La  Fiscal 01 Delegada  de la Unidad de Chía (Cundinamarca), a  través  de  la  resolución del 24 de septiembre de 1996, dispuso la detención  preventiva      del      sindicado      Castañeda  Galeano,  sin derecho a excarcelación, como autor del  delito de homicidio simple (fs. 69).    

          Al  momento  de  calificar  el  mérito  de  la instrucción, según  decisión  adoptada  el 8 de enero de 1997, la funcionaria acusó formalmente al  procesado,  como  responsable de la infracción antes señalada (fs. 168).   En  razón  del  recurso  de apelación interpuesto por la defensa, la Unidad de  Fiscalía  ante  el Tribunal de Santafé de Bogotá hizo la revisión de segunda  instancia   y  confirmó  la  acusación,  tal  como  quedó  consignado  en  la  resolución  del 28 de febrero del mismo año (cuaderno 2ª instancia fiscalía,  fs. 5).   

          Tras  asumir  el  conocimiento  de  la fase del juzgamiento, el Juez  Promiscuo  del  Circuito de Funza dictó sentencia el 20 de octubre de 1997, por  medio  de  la  cual  absuelve  al procesado del cargo endilgado en la acusación  (fs. 325).   

          Sin  embargo,  el  fiscal delegado que ya fungía de sujeto procesal  propuso  y  sustentó  el  recurso  de  apelación en contra del fallo de primer  grado,   lo  cual  dio  lugar  a  la  intervención  del  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  corporación  que  revocó  la  absolución y dictó la sentencia  condenatoria  que  ha  sido  objeto  del  recurso  extraordinario  de  casación  (cuaderno Tribunal, fs. 16).   

CONTENIDO DE LA DEMANDA  

          El   recurrente  invoca  la  causal  primera  de  casación,  en  la  modalidad  de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  debido a que por  apreciación  errónea  de  la prueba se ha desconocido la garantía fundamental  del   in   dubio  pro  reo,  prevista en el artículo 445 del Código de Procedimiento Penal.   

          Explica  que el Tribunal Superior de Cundinamarca, en una actitud de  hecho,  menospreció  el  principio  del  in dubio pro  reo, que fue el pilar de la sentencia de primer grado,  sin  ofrecer  ninguna motivación sobre el porqué no compartía el criterio del  juzgador de primera instancia.   

          El  actor  advierte  que  el  fallo  condenatorio del Tribunal se ha  basado  en  la versión única del testigo ocular Fredy  Alberto   Suárez   Peñaloza,  quien  adujo  que  era  pariente  de  la  víctima, y además se hace el infructuoso intento de reforzar  dicho  testimonio  con el que rindieron María Bernarda  Jiménez  Rodríguez, Ingrid Johana Rodríguez Jiménez  y Marco Aníbal García.   

          El   error   de  apreciación  de  la  prueba  consiste  en  que  el  sentenciador   le   dio   credibilidad   a   los   testimonios  de  María   Bernarda  Jiménez  Rodríguez  e  Ingrid    Johana   Rodríguez   Jiménez,  sin importarle que éstas reconocen que son declarantes de oídas  y  que,  precisamente  por  boca del procesado, se enteraron de que éste había  sido  el  agresor,  quien además durante un período de seis (6) meses preparó  la  farsa  para  involucrar  a Edison Javier Castañeda  Galeano,  movido  por  la  malquerencia generada en un  disgusto  anterior con el último, razón por la cual aquellas testimoniantes no  podían calificarse de espontáneas.   

          Por  otra  parte,  no  puede  ser  fiable  el  testimonio  único de  Suárez  Peñaloza,  en  la  medida  que sólo a última hora, gracias al interrogatorio judicial, reconoció  su  enemistad  anterior  con  el  procesado; además, el testigo suministró una  dirección  residencial  equivocada,  dato  que  impidió  su  concurso para ser  interrogado  en  la  audiencia pública; también presentaba un segundo grado de  embriaguez  al momento de la observación de los hechos; y siempre acudió a las  diligencias  judiciales  como indocumentado.  De este modo, no es razonable  que  el  Tribunal haya esgrimido, como justificación de la ausencia del testigo  en  la  audiencia, que no existe constancia de que el requerido haya recibido la  orden de comparendo.   

          De    igual    manera,   el   juzgador   incurre   en   “suposición  de  prueba”,  porque  se  refiere  a  una  primera  versión  del testigo Suárez  Peñaloza  ante los investigadores del Cuerpo Técnico  de  Investigación de la Fiscalía, declaración que realmente no existió, dado  que  lo  ocurrido  fue una referencia del informe policial a las manifestaciones  del  testimoniante,  pues así lo reconoció uno de los pesquisidores en el acto  de  audiencia pública.  Dicho argumento de la declaración inicial, agrega  el  impugnante,  sirvió al juzgador para refutar la alegación defensiva de que  había    sido    tardía    la    vinculación   del   procesado   Castañeda Galeano.   

          Dice  el  demandante  que  el  sentenciador  incurre  también en un  “FALSO    JUICIO    DE    VALORACIÓN    DE    LA  PRUEBA”,  porque  adjudica  al testigo MARCO ANÍBAL  GARCÍA   aseveraciones   que   éste  no  hizo,  orientadas  a  comprometer  la  responsabilidad   de   Castañeda  Galeano,  cuando  la  verdad  es  que  dicho  deponente,  por el contrario,  desmiente  lo  dicho  por  la  señora  María Bernarda  Jiménez    Rodríguez   y   su   hija   Ingrid         Johana         Rodríguez        Jiménez.   

          Concluye  el  censor  que  la  sentencia  del  Tribunal  Superior de  Cundinamarca     incurrió    en    “errores    de  derecho”, cuando valoró erróneamente las pruebas y  les  dio  un  alcance  que  no tenían; y en errores de  hecho    porque    desconoció    el    in  dubio  pro reo, mediante la suposición  de  medios  de  convicción  que no se allegaron al plenario, así como también  cometió  un  falso  juicio de valoración respecto de la prueba que favorecía al procesado.   

          Indica  que  el  Tribunal aplicó indebidamente el artículo 323 del  Código  Penal  y dejó de aplicar el artículo 445 del Código de Procedimiento  Penal,     en     concordancia     con    el    artículo    2°    idem.   En consecuencia, solicita que  la  Corte  case la sentencia impugnada y, en lugar, que deje vigente la expedida  por el Juzgado Promiscuo del Circuito de Funza.   

          Sugiere,  finalmente,  que si la demanda no alcanza a satisfacer las  exigencias  formales,  la  Corte  case  oficiosamente el fallo para reconocer la  violación  de  la  garantía  fundamental del in dubio  pro  reo, conforme con el artículo 228 del Código de  Procedimiento  Penal,  con  el fin de que haga prevalecer lo sustancial sobre lo  formal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  ausencia  de  técnica  se  advierte  desde  que  el  demandante  comienza  a  reseñar  la  actuación  procesal  y  la  prueba, no con el ánimo  objetivo  y  claro  de  informar  a  la Corte, sino para presentar de una vez su  propia  perspectiva  de  valoración  probatoria,  obviamente contraria a la que  estableció    el    fallo    cuestionado    (cuaderno    del    Tribunal,   fs.  53-59).   

          Desde  luego  que  también  la  Corte  está  comprometida  con  la  realización  del  principio de prevalencia del derecho  sustancial,  conforme  con  el  artículo  228  de  la  Constitución  Política,  pero  la  amplitud  en  la  estimación  de los actos  procesales  de parte no puede conducir hasta el desconocimiento del debido    proceso,   que   también   es  regla  imprescindible  en un  Estado  social de Derecho, acorde con el artículo 29 de la Carta Fundamental, y  consiste   en   un   modelo   o   diseño  básico  que  debe  estar  exento  de  irregularidades  que  impidan  la  realización  del fin y el cumplimiento de su  función.   El  debido  proceso,  en  el caso del recurso extraordinario de  casación,  enseña  que  dicho  medio está dispuesto para revisar la legalidad  del  fallo  de  instancia, el cual está ungido con la presunción de verdad que  asiste  a  una  decisión  pasada  por  el  tamiz  del  debate  en dos grados de  jurisdicción,  razón  por  la  cual  la  Corte  no  podría examinar de oficio  cualquier  proceso,  sin  que  haya  una demanda cumplida en cuanto a sus formas  básicas,  pues  la  informalidad  no  puede  conducir  hasta  el  punto  de  la  desnaturalización   del   carácter   eminentemente   rogado   del  instrumento  impugnativo extraordinario.   

          Claro  que  la Corte sí puede hacer provisiones oficiosas, respecto  de  nulidades  y  garantías fundamentales, pero ellas presuponen una demanda en  forma  que alcance a demostrar las falencias en esas precisas materias, o cuando  menos presentarlas verosímilmente (art. 228 C. P. P.).   

          Pues  bien,  el  demandante  sugiere  que  el  Tribunal  tenía a su  disposición  serios  datos para restarle credibilidad al testimonio fundamental  del     ciudadano     Fredy     Alberto     Suárez  Peñaloza.   En efecto, señala que el testigo se  hallaba  ebrio al momento de los hechos; que hasta cierto tramo de la actuación  procesal  ocultó  su  discordancia  antecedente  con  el procesado Castañeda   Galeano;  que  equivocó  la  actividad  del juzgado de primera instancia sobre su dirección residencial y no  acudió  a  la  audiencia  pública  para  ser contrainterrogado; y que nunca se  identificó procesalmente con el respectivo documento oficial.   

          Como  se  ve,  el  actor  propone a la Corte que evalúe de nuevo el  testimonio  acusador  de  Suárez Peñaloza,   a   la   luz  de  ciertos  datos  que  presuntamente  ignoró  o  menospreció  el  Tribunal.   Sin  embargo,  el  recurrente se contenta con  decir  que  el  ad  quem  le  reconoció  mérito  a  una  prueba  que no era fiable, pues apenas cita algunas  manifestaciones   aisladas   del  juzgador  al  respecto,  pero  el  escrito  de  sustentación  no  informa  si  éste hizo un análisis individual y conjunto de  las    pruebas,    de    contenido    racional,    y    cuáles    fueron    las  conclusiones.   

          Ahora  bien,  el  demandante  hace  una  enunciación de motivos que  supuestamente  pueden afectar la sinceridad de un testigo, pero no ha demostrado  la  real incidencia de tales elementos en el caso concreto, sobre todo de cara a  una  evaluación  integral con las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que  el declarante percibió los hechos (art. 294 C. P. P.).   

          También   censura   el   actor   que   la  sentencia  haya  tildado  erróneamente    de   “espontáneos”   los   testimonios   de   María  Bernarda  Jiménez  Rodríguez y su  hija  Ingrid  Johana  Rodríguez  Jiménez,  además  que  los  haya invocado como refuerzo de la credibilidad  acordada  al  testigo de visu,  cuando  aquéllas  sin  duda fueron inducidas perversamente por éste, que en su  enojo trataba de inculpar injustamente al procesado.   

          La  razón  es  insuficiente,  porque no basta decir que el Tribunal  calificó  arbitrariamente  las  pruebas  de “espontáneas”, o que las tomó  indebidamente   como   “refuerzo   probatorio”,   cuando  en  verdad  no  lo  eran.   Es preciso, en orden a un ataque lógico de la sentencia impugnada,  partir  de  la  muestra objetiva de las premisas que construyó el juzgador para  hacer  tales  calificaciones o juicios, aspecto que no contiene la demanda, pues  tal  sería  el  único  camino  para  evidenciar  errores  en  el  fallo,  como  justificación  del  recurso  extraordinario  de  casación  por  la  vía de la  violación indirecta de la ley sustancial.   

          La  incertidumbre  es  obvia:   ¿cuál  sería  la motivación  elegida  por  el  Tribunal  para  otorgarle credibilidad a un testigo central, a  pesar  de  los  reparos  que  esgrime  el  actor?.   ¿Cuáles  serían las  circunstancias  que  llevaron  al  juzgador  a  ver  armonía,  razonable  y  no  deliberada,  entre  el  contenido  de los tres testimonios?.  Estos vacíos  tenían  que  ser satisfechos por el recurrente, mediante la cita pertinente del  texto  de  la  sentencia  o  la  aseveración contundente de que no hubo juicios  judiciales  sobre  el  particular,  pues  sólo  así  cumplía  con el deber de  mostrar   errores   de   hecho  o  de  derecho  que  justificaran  la  revisión  extraordinaria de la legalidad del fallo.   

          Igual  carencia  se  advierte  en  relación  con  el  testimonio de  Marco  Aníbal  García, pues  no  se  sabe  cuáles son las aseveraciones que éste nunca hizo, sin embargo de  los  cual  el  Tribunal  se las adjudica.  Tampoco se ha demostrado de qué  manera  el  mismo  testigo  le  da  un  mentís  a  las  deponentes María   Bernarda  Jiménez  Rodríguez  e  Ingrid    Johana   Rodríguez   Jiménez,  ni  qué  clase  de  error  se  configuraría  cuando el fallador  supuestamente ignora la contrariedad de dichos testimonios.   

          Tampoco  se  cumple  la carga sustentatoria con la remisión al acta  en  la  cual  quedó  radicada la declaración de Marco  Aníbal  García  (fs.  128-130),  pues, se repite, la  Corte   no   puede  examinar  directamente  la  pruebas,  sino  que el censor debe conducirla inmediatamente a  los  errores  que  presuntamente  cometen  los  juzgadores en la apreciación de  dichas unidades de información.   

          Por  último,  el  actor sugiere el fallador supuso la prueba porque  alude  a  la  existencia  de  una  primera  versión  del  testigo  Fredy  Alberto  Suárez  Peñaloza, ante la  policía  judicial,  pero  en  realidad  los  investigadores  sólo hicieron una  referencia  al  dicho  del  declarante  en el respectivo informe.  Con esta  observación,  le  parece  al demandante que el Tribunal hizo ver falsamente que  no  fue  tardío  el  señalamiento  de  Edison Javier  Castañeda     Galeano    como    el    autor    del  acometimiento.   

          Pues  bien,  a  pesar  de  que pudiera afirmarse que no existió esa  primera   exposición   del  testigo  ante  la  policía  judicial,  debidamente  formalizada  en  un  acta independiente de la noticia policiva, lo cierto es que  la  prueba  como  tal  obra  en el proceso, ya que posteriormente se le recibió  declaración     por   la   Fiscalía,   como   lo   reconoce   el   propio  demandante.    

          De   modo   que   el  ad  quem  pretendió relievar, como hecho indicante de la mayor credibilidad  que  merece  el  testigo, la oportunidad de la imputación, en el sentido de que  ella  no  se  hizo apenas cuando el deponente acudió ante el fiscal, sino desde  el  momento  mismo  en  que estableció contacto con los miembros de la policía  judicial.   Así entonces, atendido el fin propuesto por el actor, no se ha  demostrado  cuál  sería  la  trascendencia  de  que la imputación inicial del  testigo  se  hubiera  hecho  en  versión  separada  o  sólo por referencia del  informe y la ratificación policial.   

          Por  lo visto, la demanda carece de la suficientes fundamentos sobre  el  supuesto  error  de  hecho  en  la  valoración de la prueba, pues en manera  alguna  aparece que el Tribunal haya desconocido flagrantemente las reglas de la  sana  crítica  (art.  254  C.  P.  P.).   Así, se rechazará in  limine  el  escrito de impugnación y,  por consecuencia, el recurso será declarado desierto.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          Rechazar    in    limine    la  demanda  presentada  por el defensor del procesado EDISON JAVIER  CASTAÑEDA  GALEANO.   En  consecuencia,  se declara desierto el recurso de  casación concedido por el Tribunal Superior de Cundinamarca.   

          De  conformidad  con  los  artículos  197  y  226  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   en   relación   con   esta   providencia  no  proceden  recursos.   

          Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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