14457e

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 14457  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente:   

          Dr. JORGE E. CORDOBA POVEDA   

          Aprobado      acta     N�41   

Santafé de Bogotá, D.C., veinticuatro (24)  de marzo de mil novecientos noventa y ocho (1998).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  JAVIER  ANTONIO  NOREÑA  RAMIREZ  y  se  pronuncia   sobre   lo   que   en   derecho  corresponda  respecto  del  recurso  extraordinario  interpuesto  por  el  defensor  de  los  sindicados ORIELSON  GAMBOA MONTAÑEZ y ORMINSO ORTEGON ENCISO.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.   El  Juzgado  de  primera instancia  sintetizó los hechos así:   

         “Para  el  año  próximo pasado (1996) a mediados de mayo, fungía  como  Comandante de la Estación Convención, el IT. BECERRA FLOREZ JOSE MIGUEL,  quien  al  mando  de  nueve  hombres  desempeñaban  las  labores  propias de la  policía  de  este  municipio.  El  día  15  del  mes  referido,  por parte del  Ejército  Nacional,  se  retuvo  a unos particulares quienes en unos vehículos  transportaban  una  cantidad de droga considerable, teniendo como fundamento del  presente  proceso  que  los particulares denunciaron que los policiales al mando  del  referido  Intendente habían solicitado dinero en una suma aproximada entre  24  y  30  millones  de pesos para poder continuar su marcha y que efectivamente  así   lo  hicieron,  ya  que  inicialmente,  quienes  habían  retenido  a  los  traficantes  habían  sido  los integrantes de la Estación, debido a lo cual se  buscó  la  forma  de  conseguir  ese  dinero  el  cual  de  conformidad con las  atestaciones  de  los  particulares  se  entregó  en  el Comando de Policía de  convención”.    

2.   El  Comandante del Departamento de  Policía  del  Norte de Santander, en su carácter de juez de primera instancia,  mediante  sentencia  del  21  de  abril de 1997, condenó a los procesados así:   

2.1.  A  José Miguel Becerra Flórez, Jorge  Eliecer  Márquez  Arciniégas,  Orminso  Ortegón  Enciso,  Julio Enrique Casas  Prada,  Andelfo  Alvarez  Pérez,  Jorge Francisco Acosta Ortega, Alfonso Jeréz  Sepúlveda  y  Edwin  Rodolfo Cepeda Chacón a las penas principales de 30 meses  de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por un lapso  igual,  y  a  la accesoria de separación absoluta de la Policía Nacional, como  coautores del delito de concusión.   

2.2.  A  Orielson  Gamboa Montañez y Javier  Antonio  Noreña  Ramírez  a  las  penas  principales de 18 meses de prisión e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por un término igual, y a la  accesoria  de  separación absoluta de la Policía Nacional, como cómplices del  delito de concusión.   

3. Inconformes con la anterior decisión, los  defensores  de los procesados interpusieron el recurso de apelación, el cual al  ser  desatado  por  el  Tribunal  Superior  Militar,  el 14 de julio de 1997, la  confirmó  en  lo  fundamental,  pero  redujo  el  quántum  punitivo de la pena  principal  a 28 meses de prisión para José Miguel Becerra Flórez y a 27 meses  para los restantes autores.   

4.  El  defensor  de  los  sindicados Javier  Antonio  Noreña  Ramírez, Orielson Gamboa Montañez y Orminso Ortegón Enciso,  interpuso  contra  el  fallo  de  segundo  grado  el  recurso  extraordinario de  casación.   

Concedido,   dentro  del  término  legal,  presentó  demanda  a  nombre  de  Javier Antonio Noreña Ramírez. Luego, en el  lapso  del  traslado  corrido  en favor del procesado Orielson Gamboa Montañez,  manifestó,  mediante  escrito,  que como los argumentos que expuso en el libelo  presentado  son los mismos para sus dos restantes representados, solicita que se  tenga la impugnación como sustentada.      

         LA  DEMANDA  DE  CASACION   

El  defensor  de  Javier  Antonio  Noreña  Ramírez,  al  amparo  de la causal tercera de casación, presenta cuatro cargos  contra la sentencia del Tribunal:   

Cargo Primero  

Sostiene  que  la  Justicia Penal Militar no  tenía  competencia  para investigar y juzgar a los sindicados, toda vez que por  tratarse  de  un  punible contenido en la ley 30 de 1986, la misma recaía en la  justicia regional.   

Luego  de  citar el artículo 11 del Código  Penal  y  de  reiterar  lo  anterior,  solicita  a la Corte la “nulidad absoluta  puesto  que  la  actuación  impugnada  vicia  el  desarrollo  del  proceso,  de  principio a fin, de conformidad con el art. 304 del C.P.P.”.   

Cargo segundo  

Afirma que el Tribunal profirió sentencia en  un  juicio viciado de nulidad, habida cuenta que la diligencia de reconocimiento  en  fila  de  personas,  se incorporó al proceso sin el lleno de los requisitos  legales,   lo   que   a   su  juicio  constituye  una  transgresión  al  debido  proceso.   

En  efecto,  dice  que  en  la  mencionada  actuación   los   sindicados   no   estuvieron   asistidos   por   su  defensor  “contractual”,  no  se  les  hicieron  las  advertencias  de  ley, no estuvieron  acompañados  por  “otras  personas  diferentes  o  distintas  al personal de la  Policía  Nacional”,  y  no  se  realizó  “la  descripción morfológica de los  presuntos implicados”.   

Por ello, solicita la nulidad del proceso de  conformidad    con    el    artículo   304   del   Código   de   Procedimiento  Penal.   

Cargo tercero  

Asevera  que  en  este  asunto  no  se  dio  cumplimiento  a  lo  reglado en el artículo 12 de la ley 81 de 1993, por cuanto  que  para  la  práctica  de  algunas  diligencias  se comisionó a la Personera  Municipal  de  Convención,  lo  que,  a su juicio, constituye una violación al  postulado  del  debido proceso, pues los falladores le otorgaron plena validez a  las pruebas recaudadas por ésta.   

Por lo anterior, igualmente, pide la nulidad  del proceso de conformidad con el artículo 304 del C.de P.P.   

Cargo cuarto  

Afirma que las pruebas allegadas lo fueron de  manera  ilegal,  por  cuanto  que  las  mismas  se  aportaron  por  funcionarios  incompetentes y sin el cumplimiento de los requisitos legales.   

Manifiesta,  a  renglón  seguido,  que  las  probanzas  son contradictorias, no son contundentes y no llevan a la convicción  de  que los procesados son responsables del delito por el cual fueron convocados  a Consejo Verbal de Guerra sin intervención de vocales.   

Luego  de citar varios medios de prueba, los  oficios  y el fallo disciplinario, con sus respectivos comentarios, sostiene que  el   Tribunal   lesionó  las  garantías  constitucionales  y  legales  de  los  procesados.   

Por  lo  expuesto,  solicita  la nulidad del  proceso   de  acuerdo  a  lo  previsto  en  el  artículo  304  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1.   La  demanda  presentada  por  el  defensor   del   procesado   Javier  Antonio  Noreña  Ramírez  no  reúne  los  requisitos  de claridad y  precisión  que  exige  el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal para  su admisión.   

En efecto, reiteradamente ha sostenido esta  Corporación  que  la  causal  tercera de casación no es de libre formulación,  sino  que  se  hace menester que el recurrente confeccione la demanda de acuerdo  con  los  requisitos legales, toda vez que esta impugnación es extraordinaria y  rogada  y  no un mecanismo oficioso de control de legalidad de las sentencias y,  mucho menos, una tercera instancia.   

Por  tal  motivo,  es  deber del impugnante  señalar  la  clase de nulidad invocada e indicar, en forma clara y precisa, los  fundamentos  de ella. La Sala, en decisión del 30 de enero de 1990, sobre estos  aspectos señaló:   

        “Cuando  se  trata  de  falta  de  competencia, deberán darse las  razones  por las cuales se considera no haber sido competente el funcionario que  conoció  del  proceso, diciendo por qué la falta de competencia tiene prevista  como  sanción  legal  la  nulidad,  teniendo en cuenta la etapa procesal en que  ella  se  haya dado, y las decisiones que dentro del proceso se hayan tomado por  las  autoridades  encargadas de dirimir los conflictos que se hubieren suscitado  por esta causa.   

        “En  el  caso  de  la  violación  del  debido  proceso,  se  debe  establecer  la  comprobada  existencia  de una irregularidad sustancial, que son  las  que  afectan  la  estructura  que tipifica el sistema mixto que lo informa.  Tales,  por  ejemplo, la falta de apertura de la investigación; de vinculación  del  procesado; de existencia de una etapa de investigación y otra de juicio, y  de  una  etapa  probatoria  y  de  una  audiencia  pública  dentro de éste; de  formulación  de  cargos;  de  sentencia,  y  de  posibilidad  de recurrir a una  segunda  instancia,  cuando  no  se  trate  de  procesos  de  única  instancia.   

        “En  la violación del derecho de defensa se deberá determinar la  actuación  procesal  que  se  considera  lesiva,  especificando la norma que se  viola,  y  determinando  con  precisión  la manera como tal violación incidió  desfavorablemente  en  las  decisiones  tomadas  en  la  sentencia en contra del  procesado.   

        “Cuando  se  trate de violación del principio de legalidad, en la  demanda  se  deberá determinar la ausencia de norma sustantiva con relación al  delito  o  a  la  pena  a  que  se  refieran  la sentencia, en el momento en que  ocurrieron los hechos.   

        “Si   se   alega   la   falta  de  aplicación  del  principio  de  favorabilidad,  se  deberá  determinar  no sólo la norma que fue indebidamente  aplicada,  sino  la  que  se  debe  aplicar  en  su reemplazo, dando las razones  jurídicas para ello.   

        “Si  lo  que  se  cuestiona  es  la  falta  de  motivación  de la  sentencia,  se deberá determinar con toda claridad cuáles de las decisiones en  ella  contenidas  son  las  que carecen de tal fundamentación, no olvidando que  según  reiterada  jurisprudencia  de la Corte para estos efectos la resolución  acusatoria  y  la  sentencia,  y  las sentencias de primera y segunda instancia,  deben  ser  consideradas  como  una  unidad,  en  aquellos  puntos  en  que  las  decisiones          sean          proferidas         en         el         mismo  sentido”.         

Los  mencionados  parámetros  no  fueron  respetados por el censor, así:   

El primer cargo que aduce, bajo el supuesto  de  que  los  funcionarios  que  investigaron  y  juzgaron a los procesados eran  incompetentes,  lo  dejó  en  un  simple enunciado, ya que no expuso la razones  jurídicas  del  porqué  no  eran  competentes, limitándose a informar que por  tratarse  de un delito contemplado en la ley 30 de 1986, la misma recaía en los  juzgados  regionales,  cuando  bien se sabe que los procesados fueron condenados  por  el  punible de concusión, reglado en el Código Penal Militar, por lo cual  el desarrollo no guarda armonía con el postulado inicial.   

El desconocimiento de la técnica casacional  se  hace más notorio con el segundo reproche, ya que el ataque lo centra en que  en  la  diligencia  de  reconocimiento  en fila de personas no se cumplieron las  formalidades  legales,  censura que debió presentarse bajo los lineamientos del  cuerpo  segundo  de  la causal primera de casación, bajo el motivo del error de  derecho  generado en un falso juicio de legalidad y no por la escogida, toda vez  que  aceptando, en gracia de discusión, que fuere así, la nulidad no sería la  decisión a adoptar.   

Igual  observación  debe hacerse frente al  tercer  cargo,  en  lo  atinente  a  las  presuntas  pruebas  que  practicó  la  representante  del  Ministerio Público, las cuales, según el libelista, fueron  apreciadas  por  los  juzgadores  no  obstante su ilegalidad, toda vez que si su  inconformidad  radica  en  la  ilicitud  en  la  aducción  de algunos medios de  prueba,  así  lo debió alegar, es decir, con fundamento en el error de derecho  por falso juicio de legalidad.   

Finalmente,  en  lo  que  atañe  al cuarto  cargo,  se  infiere que la inconformidad del recurrente radica en el mérito que  los  falladores  le  otorgaron a los medios de convicción, lo que constituye un  desatino  por  cuanto  tal  discrepancia jamás puede constituir error alguno y,  mucho  menos,  de  actividad  que  lesione  la  estructura  del  proceso  o  las  garantías judiciales de los sujetos procesales.   

Sobre  este punto debe decirse una vez más  que   no es posible demandar en esta sede la valoración que los falladores  le  dieron  a los elementos de juicio, a menos que se desconozcan los principios  de  la lógica, la psicología o la experiencia, toda vez que es bien sabido que  en  nuestro  sistema  procesal,  como  regla  general, no opera el sistema de la  tarifa  legal  como  sustento  de la apreciación probatoria, sino el de la sana  crítica,   sin   que   la  simple  disparidad  de  criterios  configure  error,  prevaleciendo  el juicio del fallador, ya que la sentencia viene amparada por la  doble presunción de acierto y legalidad.   

Por  último,  común a todas las censuras,  olvidó  el  libelista  demostrar  la  incidencia  de  los  presuntos  yerros de  actividad  alegados,  es  decir,  cómo,  supuesta  su  existencia, socavaron la  estructura del proceso.   

Tal cúmulo de errores dan al traste con el  libelo,  el  cual  no resiste un examen a fondo, por lo que el rechazo in limine  será  la  decisión  a tomar, de conformidad con lo establecido en el artículo  226 del Código de Procedimiento Penal.   

2.    Finalmente,  se  considera  la  situación   de   los   procesados  ORIELSON  GAMBOA  MONTAÑEZ   y   ORMINSO  ORTEGON  ENCISO, quienes pese a haber interpuesto el  recurso   extraordinario  de  casación,  no  presentaron  las  correspondientes  demandas.   

Su  defensor,  en  el libelo que formuló a  nombre  de JAVIER ANTONIO NOREÑA RAMIREZ,  no señaló que lo fuera conjuntamente, limitándose, dentro de  los  siguientes  traslados,  a solicitarle a la Corte que lo tuviera a nombre de  los dos restantes recurrentes.   

Sobre   el  particular  resulta  oportuno  indicarle  al  memorialista  que  nada  se  opone  a  que  el defensor de varios  procesados  presente  una  sola  demanda  de  casación  a nombre de todos ellos  cuando  los  motivos  de  impugnación  son  comunes.  Pero  si no opta por esta  alternativa,  debe  formular sendas demandas, antes del vencimiento del término  de  cada  traslado.  Si se decide por el libelo conjunto debe presentarlo dentro  del  lapso del primer traslado, pues si lo aduce después, habrá precluido para  el   primer   procesado   “la  oportunidad  de  sustentar  el  recurso,  y  así  sucesivamente,  según  el momento de presentación del escrito”.(Auto del 31 de  mayo de 1995 M.P. Dr. Guillermo Duque Ruíz).   

   

Así,  entonces,  como  quiera  que en este  asunto  el defensor de los procesados ORIELSON GAMBOA  MONTAÑEZ  y  ORMINSO ORTEGON ENCISO no presentó las  respectivas  demandas,  el  recurso  extraordinario de casación será declarado  desierto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

1.-       RECHAZAR     IN  LIMINE  la  demanda de casación presentada a nombre  del     procesado     JAVIER    ANTONIO    NOREÑA  RAMIREZ.  En  consecuencia,  se  declara desierto el  recurso interpuesto.   

2.-      Declarar      DESIERTO   el  recurso  de  casación  interpuesto  a  nombre  de  ORIELSON GAMBOA MONTAÑEZ  y    ORMISO   ORTEGON  ENCISO,   conforme   a  lo  expuesto  en  la  parte  motiva.   

3.-  Contra  estas  decisiones  no  procede  ningún recurso (art.197 del Código de Procedimiento Penal).   

Devuélvase     al     Tribunal    de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

        JORGE   ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO                                

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            RICARDO  CALVETE     RANGEL                                NO                        

JORGE   E.CÓRDOBA  POVEDA              CARLOS  AUGUSTO   GALVEZ   ARGOTE                                      

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                 CARLOS  E.  MEJIA ESCOBAR                                    

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

     

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