14433a1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso N° 14433  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 167  

          Santafé   de   Bogotá,  D.  C.,  veinticinco  de  octubre  de  mil  novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

          Examina  la  Corte  la  admisibilidad  de  las demandas de casación  presentadas  por  los  defensores  de  los  procesados  WILLIAM  IVÁN ECHEVERRI  HURTADO  y  JESÚS  CARDONA  ALVAREZ, en contra de la sentencia de segundo grado  dictada  por  el  Tribunal Superior de Antioquia, fechada el 30 de septiembre de  1997,  por  medio  de la cual los acusados recibieron condena como coautores del  delito   de   homicidio   cometido   en   la   persona  del  joven  Yeison  Julián  Hoyos  Ospina, injusto que  se  hace  concursar con el de porte ilegal de arma de fuego de defensa personal,  sólo  en  relación  con  el  primero  de  los  sentenciados,  para  finalmente  imponerles  una  pena de prisión tasada en veintiséis (26) años y veinticinco  (25) años y tres (3) meses, respectivamente.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          De  acuerdo  con  las  referencias  de  los  actores,  aunque no son  aceptadas  por  ellos  en  su  integridad, el episodio sangriento ocurrió en el  municipio   de  El  Carmen  de  Viboral,  situado  en  el  cercano  oriente  del  departamento  de  Antioquia,  aproximadamente a la una de la mañana del día 15  de  enero  del  año de 1996, fecha y hora en las cuales el señor WILLIAM IVÁN  ECHEVERRI  HURTADO  llegó a la citada población al mando de su vehículo marca  mazda  626,  color  blanco,  de  placas KCA 774, acompañado de otras cuatro (4)  personas,  para  estacionarse  a  inmediaciones  de  la  calle 32 con la carrera  30.   De  pronto,  a  igual  tiempo,  el  joven YEISON JULIÁN HOYOS OSPINA  llegó   presuroso   en   su   bicicleta   hasta   la  entrada  a  la  discoteca  “Valenty’s”, ubicada en  el   mismo   sector,  y  comenzó  a  tocar  desesperadamente  la  puerta,  pero  rápidamente  se apearon dos (2) de los ocupantes del automóvil y, mientras uno  de  ellos  lo acometió con golpes de machete, el otro le propinó un disparo en  la  región  occipital, agresión ésta que produjo la muerte instantánea de la  víctima    en    el    lugar,    como    consecuencia    de   graves   lesiones  cerebrales.   

          Se  hizo  la  imputación  de  los hechos violentos a los individuos  WILLIAM  IVÁN  ECHEVERRI HURTADO, quien conducía el automotor e hizo uso de un  revólver  en  contra del agredido, y a JESÚS CARDONA ALVAREZ, el cual accionó  el  arma  cortocontundente con la que le infirió seis (6) lesiones en distintas  partes  del  cuerpo.  A la hora indicada, los agresores acababan de arribar  procedentes  de  la  vecina  localidad de Rionegro, pero también se estableció  que,  por  lo menos el conductor, en el curso de la noche había estado antes en  la misma población donde ocurrieron los hechos.   

          La  investigación  fue  iniciada  por  la  fiscal delegada ante los  jueces  penales  del  Circuito, funcionaria que en distintas fechas vinculó por  medio  de  indagatoria a los dos imputados, a quienes también separadamente les  impuso  medida  de aseguramiento que se tradujo en detención preventiva (fs. 70  y  99).   Posteriormente,  según resolución del 24 de octubre de 1996, la  instructora  acusó  a  los  sindicados  como coautores del delito de homicidio,  conforme  con  las  previsiones  del  artículo  323  del  Código  Penal, pero,  adicionalmente,  al  primero  le  atribuyó  el  hecho  punible  consistente  en  violación   del   artículo  1°  del  Decreto  3664  de  1986,  convertido  en  legislación  permanente  por  el  artículo  1°  del Decreto 2266 de 1991 (fs.  230).   

          El  Juez  Primero  Penal  del  Circuito  de  Rionegro,  por medio de  sentencia  fechada  el  4  de  junio  de  1997, condenó al acusado Echeverri  Hurtado  a la pena principal de  veintiséis  (26) años de prisión, como coautor del delito de homicidio y a la  vez  responsable  del  injusto  de  porte  ilegal  de  arma  de fuego de defensa  personal;   mientras   que   al   enjuiciado   Cardona  Alvarez  le  impuso  la  sanción  de veinticinco (25)  años  de prisión, solamente por su intervención en el hecho punible contra la  vida.   Ambos  procesados  recibieron la pena accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas,  por  el  término  de  diez  (10)  años,  y  solidariamente  fueron  condenados  al pago de una suma determinada por concepto  de daños materiales y morales (fs. 338).   

          La  decisión  de condena fue confirmada en segunda instancia por el  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  por  medio  de  la sentencia reseñada en la  introducción,  como  respuesta  al  recurso  de  apelación  intentado  por los  procesados y sus defensores (fs. 429).   

SÍNTESIS DE LAS DEMANDAS  

          1.   EN  FAVOR  DE  WILLIAM  IVÁN  ECHEVERRI HURTADO.  El  demandante   escoge   como  vía  de  impugnación  la  causal  primera  de  casación,  consagrada  en  el numeral 1°, cuerpo segundo del artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  ya  que  el  Tribunal supuestamente cometió  ostensibles errores de hecho en la apreciación de las pruebas.   

          Para  demostrar el cargo único, el actor parte de la afirmación de  que  el  sentenciador  ad quem  apoyó  sustancialmente  el  fallo en la declaración del ciudadano Walter   Iván   Hurtado  Castaño,  quien  intervino  en varias ocasiones durante la actuación procesal, prueba de lo cual  es  que  sus  contenidos se hallan citados en distintos apartes de la sentencia,  cuyo   texto   pertinente   transcribe   a   continuación   (fs.   446,  452  y  448).   

          De  las  citas  copiadas  en  la  demanda,  estima  el censor, puede  inferirse   que   el   señalamiento   hecho   por   el   testigo   Walter   Iván  Hurtado  Castaño  fue  el  fundamento  para  el  fallo  de  condena,  sin  embargo  de  lo cual el Tribunal  distorsionó  el  dicho del deponente y le dio una credibilidad que no merecía.   

         En efecto:   

          a)   No es creíble la versión testimonial inculpatoria porque  proviene  de  un  testigo  único,  figura que la doctrina estima subjetivamente  insuficiente,  pues  ella  no  tolera el control propio de la prueba testimonial  plural,  medio  en el cual las afirmaciones de los distintos testigos sí pueden  confrontarse    mutuamente    y    a    la   vez   con   la   explicación   del  imputado.   

          b)   Además  de  único, el testimonio indicado es sospechoso,  porque  el  deponente  hacía  parte  del  grupo  de personas que viajaban en el  automóvil  desde  Rionegro a El Carmen de Viboral, de pronto desapareció de la  escena  del  crimen  y  después  se  presentó  misteriosamente  ante el cuerpo  policivo.   En  atención  a  las  oscuras  y  complejas circunstancias que  rodearon  el  episodio  sangriento,  dice  el impugnante, la actitud del testigo  genera desconfianza.   

           c)   La  declaración  testimonial  también  exhibe  manifiestas  contradicciones que la autodestruyen.  Así,  ante  el  Inspector  de  Policía no menciona para nada al imputado William  Iván  Echeverri Hurtado, a la par  que  admite  el  desconocimiento  del nombre de sus amigos de viaje (fs. 2fte.);  después,  señala  a  “Wilson cárdenas”,  como  el  autor del homicidio y aduce que no sabe cuál de sus  demás  acompañantes  andaba  armado  (fs.  5fte.  y  vto.);  pero, en versión  posterior,   señala   que   el   procesado  Echeverri  Hurtado  le disparó a la víctima y otro individuo le  asestó  golpes de machete (fs. 54fte.); y, para mayor desconcierto, a folios 97  arguye     que    “Wilson    Cárdenas”  ha  hecho  llamadas amenazantes a su casa, en el sentido de que  debe  comprometer  en  el  caso  a  William         y        Jesús.   

          Concluye  que el sentenciador incurrió en ostensible error de hecho  por  falso juicio de identidad, en relación con el testimonio indicado, pues si  aquél   lo  hubiese  apreciado  correctamente,  entonces  no  le  habría  dado  credibilidad  alguna  y profiere en consecuencia una  sentencia absolutoria  en  favor  del  sindicado Echeverri Hurtado.   Por  otra  parte,  el juzgador no valoró en profundidad el  señalamiento    que    el    mismo    testimoniante    hizo   de   Wilson   Cárdenas,  como  el  autor  del  homicidio;  así  como  también es equívoco por antinómico un trozo del fallo  en  el cual se expresa que sí existía un móvil en la acción homicida, aunque  el  mismo  no  pudo  revelarse  en  la investigación, pues cómo sería posible  declarar  la  existencia  de  una  motivación  que  la  instrucción no puso al  descubierto?.   

          Como  el  fallador  ha aplicado indebidamente los artículos 323 del  Código  Penal  y 1° del Decreto 3664 de 1986, el actor solicita a la Corte que  case   la   sentencia   recurrida   y   la   sustituya  por  otra  de  carácter  absolutorio.   

          2.   EN NOMBRE DE JESÚS CARDONA ALVAREZ.  Conforme con el  numeral  1°,  cuerpo  segundo  del  artículo  220 del Código de Procedimiento  Penal,   el  defensor  del  segundo  procesado  propone  como  cargo  único  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, por error manifiesto de hecho en la  valoración  de  los  medios  de prueba, yerro que en este caso se presentó por  falso juicio de identidad.   

          El  error  de  la  sentencia  condenatoria parte del hecho de que se  fundamenta  principalmente  en  el testimonio rendido por el señor Walter   Iván   Hurtado  Castaño,  quien  intervino  en  sendas  oportunidades  durante  el  decurso procesal y fue citado  recurrentemente  en  el  fallo  impugnado.   Trae a colación los párrafos  pertinentes  de  la  decisión  que  aparecen  a  folios  445,  446,  447, 448 y  452.   

          De  los  apartes  citados  en la sentencia, el censor infiere que el  fallador  deformó  los  dichos  del  testigo y le otorgó a sus atestaciones un  grado  de  confiabilidad  que no tenían.  Pretende la demostración de los  errores en los siguientes términos:   

          2.1   El  testimonio  debe  valorarse  desde  el punto de vista  objetivo  y,  en  el  caso,  no  podía  perderse de vista que el testigo estaba  alicorado,  pues él hacía parte del mismo grupo de personas que ingería copas  desde  el  atardecer  del 14 de enero de 1996 hasta los comienzos del día 15 de  enero  siguiente;  que  esa  fatídica  noche  el  exponente  viajó en el mismo  automóvil  desde  el  municipio  de  Rionegro  hasta  El  Carmen de Viboral, en  compañía  de  los  cosindicados  Jesús y  William; y que  huyó  precipitadamente  del  lugar  de  los  hechos  y después apareció en el  comando  de  policía  de  la  última  población,  precisamente  dentro  de un  vehículo  de  la misma institución.  Todo esto le enseña al actor que el  testigo es sospechoso.   

          2.2   Porque la definición del caso ha dependido de un testigo  único,   figura   que   ha  sido  mirada  con  recelo  por  la  doctrina  y  la  jurisprudencia,  pues,  como ha dicho la Corte, para que éste sea suficiente ha  de  ser  razonado,  coherente y no contradictorio.  Además, si el medio de  prueba  es  insular,  ello impide no sólo la confrontación con otros elementos  de  convicción  sino  también la mirada de conjunto que exige el artículo 254  del Código de Procedimiento Penal.   

          2.3   Por  otra  parte,  el testimonio también debe analizarse  desde  el  punto  de  vista subjetivo y moral, con el fin de establecer la forma  como  el testigo percibió, su interés en mentir, su capacidad nemotécnica, la  facilidad  de  evocación  de los hechos y el modo como los narra al funcionario  judicial.   Sobre  el particular, dentro de las seis exposiciones que hizo,  el  testigo  incurrió en innumerables contradicciones, a tal punto que el cargo  de ayer lo rectifica hoy y viceversa.   

          Es  así como, ante la Inspectora Municipal de Policía dijo que fue  “EL  PERRÍN”  quien  sacó  el  machete,  individuo que vive cerca a María  Auxiliadora  (fs.  2fte.); pero, al exponer frente al comandante de policía, le  expresó  que  el homicida había sido “WILSON CÁRDENAS”, quien utilizó un  machete  y  había  actuado  solo (fs. 5fte. y vto.); en la primera declaración  ante  la Fiscalía, sigue la incriminación a “Wilson  Cárdenas”,  cuyo  apodo no conoce, y agrega que era  el  único que portaba arma (fs. 11 y 12); mas, en la atestación del 3 de junio  de  1996,  ya  señala a dos personas como autores del hecho:  Wiliam  Echeverri  Hurtado,  como  el  que  disparó,    y    alias    “el    perro”   cuyo   nombre   es   Wilson  y  desconoce el apellido, quien le  ocasionó  las  heridas  con  machete a la víctima (fs. 54fte. y 55vto.); en el  testimonio  del  8 de julio de 1996, en cambio, el declarante hace una relación  de   seis   (6)   personas   que   viajaban   en   el   carro   de  William,  entre  las  que  por primera vez  incluye  a  Jesús Cardona y,  preguntado  sobre  la razón de omitirlo en anteriores versiones, explica que se  debía  a  las amenazas del individuo WILSON CÁRDENAS, quien lo coaccionó para  que  inculpara  a  William  Echeverri Hurtado y Jesús  Cardona  Alvarez; por último, en la versión del 26 de  septiembre  del mismo año, se muestra evasivo, vuelve sobre las amenazas que ha  recibido  de Wilson y responde  que  William  y Jesús fueron  comprometidos por error, y “entonces hay que sacarlos”.   

          Estima   que  si  el  Tribunal  hubiese  valorado  correctamente  el  testimonio      de     Walter     Iván     Hurtado  Castaño,  sin duda le hubiera restado crédito y ello  lo habría conducido a un fallo absolutorio.   

          Entiende   que   el  sentenciador  no  evaluó  con  profundidad  la  imputación   que,   desde   los   albores  de  la  investigación,  se  hizo  a  “Wilson  Cárdenas”, como  presunto  autor  del  homicidio, ni tampoco le dio trascendencia al hecho de que  no    se    hubiera    probado    el   motivo   determinante   de   la   acción  homicida.   

          Aduce  que  también existe una errónea apreciación probatoria, en  razón  de que si a través de la investigación no pudo conocerse el móvil del  hecho, cómo sería posible afirmar que el mismo existió?.   

          Para  el  demandante es clara la transgresión del artículo 323 del  Código  Penal,  modificado por el artículo 29 de la ley 40 de 1993, razón por  la  cual  solicita que se case totalmente el fallo impugnado y, en lugar, que se  absuelva     al     procesado     Jesús    Cardona  Alvarez.   

EXAMEN FORMAL DE LAS DEMANDAS  

          El  análisis  de los requisitos formales de ambas demandas se hará  en  conjunto,  sin  perjuicio  de la decisión separada, pues las objeciones son  idénticas    y    los    errores    en    su   presentación   son   igualmente  comunes.   

          Cuando  los  demandantes  anuncian  patentes  errores de hecho, como  falso juicio de identidad, se  queda  a  la  expectativa  del  señalamiento  de las presuntas tergiversaciones  hechas  por  el  Tribunal  en  el  contenido fáctico del testimonio rendido por  Walter     Iván    Hurtado    Castaño.   Pero  no,  lo  que  a  continuación  se  desarrolla es una  objeción  por la falta de idoneidad subjetiva del testigo, en la medida que por  ser  único  no  tiene  referentes  de  confrontación  y,  además,  porque sus  condiciones   de   percepción   pudieron  quedar  mermadas  por  el  estado  de  alicoramiento,  ora  que  su  imparcialidad  pudo  afectarse  por el interés de  encubrir  su  propia  culpa  o  la  de otros en el oscuro y complejo episodio de  sangre;  también  se  critica  la aptitud objetiva del testimonio de cara a las  múltiples  contradicciones   observadas  en  las diversas versiones que el  deponente    entregó    en   el   curso   de   las   distintas   intervenciones  procesales.   

          Así  pues,  el  esmero  de  los  impugnantes  no  se  sitúa  en el  propósito  de  mostrar  de manera inequívoca distorsiones materiales cometidas  directamente  por  el sentenciador en la presentación de la prueba, sino que se  orienta  a  señalar  las discordancias del testimonio y la presunta precariedad  de las condiciones subjetivas para darle credibilidad.   

          Aunque   es   posible   que   el   juzgador   llegue  a  equivocarse  manifiestamente  al  aceptar  de  manera irreflexiva cualquier prueba, sin parar  mientes  en  sus  relevantes defectos orgánicos o sustantivos, lo cierto es que  en  casación  resulta  imperativo mostrar prevalentemente los errores cometidos  en  los  juicios  de  valor  adoptados  en  el  fallo,  pues  en esta sede no es  propiamente  la supuesta inconsistencia de la prueba o la cuestionada fiabilidad  de  la  misma  lo  que genera el agravio a la ley, sino el reconocimiento que el  fallador   hizo   en  la  decisión  de  medios  probatorios  en  tan  precarias  condiciones.   Al  fin  y  al  cabo,  lo  que  se  demanda  directamente en  casación  es  la  sentencia de segundo grado, en lo que concierne a sus juicios  de  valor probatorio o jurídico, no un replanteamiento del examen de prueba que  se hizo en las instancias (art. 218 C. P. P.).   

          De  modo  que,  si  en gracia de discusión se admite que el testigo  Walter Iván Hurtado Castaño  incurrió  en  contradicciones,  como  lo  señalan los demandantes, lo correcto  sería  que éstos indicaran y objetaran lo que la sentencia evaluó y concluyó  sobre  tales  discordancias,  pues, por la vía del método de la sana crítica,  sería  posible  llegar  a establecer las razones de las contrariedades o de las  retractaciones,  si  las  hubo,  o  caer en el reconocimiento de un ingobernable  estado  de  incertidumbre,  para  determinar consecuentemente en qué momento el  deponente  dijo  la verdad o cuándo faltó a ella o si la perplejidad es de tal  magnitud  que  sería  absolutamente imposible concretar lo uno o lo otro.    

          Ahora  bien,  si  lo  ocurrido  es  que  el fallo carece del mínimo  razonamiento  que  conduzca a la exploración antes indicada sobre el mérito de  la  prueba,  así  debe señalarlo el recurrente, tras la demostración clara de  que  el  juzgador  desatendió  absurdamente  las  reglas  de la lógica o de la  experiencia común o científica (art. 254 C. P. Penal).   

          De  igual  manera,  en relación con las condiciones sensoriales del  testigo  Hurtado  Castaño al  momento  de  los  hechos,  o  de  la  existencia  de  un  presunto interés para  distorsionar  lo  percibido  a  la hora de su declaración, tampoco se sabe qué  análisis  se  hizo  en  la  sentencia  sobre  el  tema  o  si  él  se  omitió  completamente,  lo  cual  pone en evidencia una vez más que los libelos carecen  de razón suficiente para abrir el debate extraordinario.   

          Asimismo,   los  actores  señalan  el  testimonio  de  Walter  Iván  Hurtado Castaño como prueba  única  dentro  del  proceso, con todas las reservas que un medio de convicción  de  tal  jaez puede suscitar, pero se abstienen de señalar si el Tribunal en la  sentencia,  al  igual  que  ellos,  solamente  advirtió  y estimó ese sustento  unitario  o  si  lo  relacionó  con  otros  medios  probatorios  que  directa o  indirectamente  lo  reforzaran; o, en caso de que el ad  quem  haya  acogido  positivamente  dicho  testimonio  único  de  incriminación,  tampoco se sabe en qué condiciones lo hizo y cuál  sería el entuerto lógico o la actitud insólita en esa admisión.   

          En  fin,  no  obstante  que lo censores arrancan las demandas con el  anuncio  de  supuestos errores de hecho por falso juicio de identidad, lo cierto  es  que desarrollan impropiamente otra alternativa que ellos estiman racional en  la  explicación  de los hechos, pero no señalan con precisión los dislates en  la  apreciación  probatoria  del  Tribunal, lo cual constituye una petición de  principio,  pues dicha estimación apenas se menciona por ellos como equivocada,  sin ocuparse siquiera de su contenido.   

          Como  la  cuestión  fáctica  en  el  proceso penal se refiere a un  hecho  pasado,  cuyo  instrumento de determinación es la razón que penetra una  inferencia  inductiva  basada  en  las bondades de hechos conocidos que muestran  las  pruebas,  es  posible que existan distintas hipótesis explicativas, mas lo  importante  es  que  la  explicación  provista  por  el juez sea el fruto de su  convicción  racional y no del capricho, motivo por el cual, una vez expuesta la  verdad  con  fundamentos  en  la  sentencia,  ésta  queda  ungida  de  la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  y,  por  ende,  aparece  inobjetable  en  casación  por  la  vía  del mero concurso de razones que se estiman igualmente  loables.   

          Por  manera  que  las demandas carecen de la fundamentación clara y  precisa  de  los  motivos  invocados, razón por la cual, de conformidad con los  artículos  220  y  225  del  Código de Procedimiento Penal, se inadmitirán de  plano.   Como  el  recurso  de  casación  había  sido  concedido  por  el  Tribunal, en esta oportunidad se declarará desierto.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

         Rechazar      in     limine  las  demandas  de  casación  presentadas  por  cada  uno  de  los  defensores  de  los  procesados WILLIAM IVÁN ECHEVERRI HURTADO y JESÚS CARDONA  ALVAREZ.    En   consecuencia,   se   declaran  desiertos  los  respectivos  recursos.   

         Por  disposición  de  los  artículos  197  y  226  del  Código de  Procedimiento  Penal,  en  relación  con  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *