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1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    PROCESO No. 14257  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 149  

          Santafé  de Bogotá, D.C., treinta de septiembre de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          Revisa  la  Corte  el  aspecto  formal  de las demandas de casación  presentadas  por  los  defensores  de  los procesados ARBEY ALONSO CANO y SAMUEL  DARIO  VÁSQUEZ  ZAPATA  contra la sentencia condenatoria que por el concurso de  los  delitos  de secuestro simple, hurto calificado y agravado y porte ilegal de  armas  de  fuego  de defensa personal profirió en segunda instancia el Tribunal  Superior  de  Antioquia  el 2 de diciembre de 1996, imponiéndoles a cada uno de  ellos la pena principal de 12 años de prisión.   

HECHOS  

          El  31  de  mayo de 1995, en la carretera que de Frontino conduce al  corregimiento   de   Nutibara,   en  desarrollo  de  un  preconcebido  plan  fue  obstaculizado  el  paso  de  un  camión de la Compañía Nacional de Chocolates  S.A.  del  cual  dos  sujetos  hicieron  descender  a sus ocupantes, Mario René  Posada  y  Belisario  Alberto  Rúa, quienes amenazados con arma de fuego fueron  despojados  del  vehículo  cargado de mercancía, y luego con los ojos vendados  debieron  internarse  en  la  selva,  lugar del que salieron a altas horas de la  noche cuando advirtieron la ausencia de los asaltantes.   

          En   operativos   practicados   por   la   policía  en  las  fincas  “La  María”  y la vereda  “Nobogá” se recuperó lo  hurtado  resultando  identificados como autores de los delitos los sujetos ARBEY  ALONSO  CANO,  LUIS ANÍBAL LÓPEZ GALLEGO, SAMUEL DARÍO VÁSQUEZ, LUIS EDUARDO  CANO  y  ALCIDES  OCAMPO,  componentes  de  una  banda según palabras del menor  Gustavo Adolfo Garcés, quien también formaba parte de ella.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

            Con base en las iniciales averiguaciones en las que se dio captura  a  los  ciudadanos  LUIS EDUARDO CANO y EDGAR ALCIDES USUGA, la Unidad Seccional  de  Fiscalía  de  Frontino  abrió  la  investigación  el 2 de junio de 1995 y  después  de  recibirles  indagatoria los aseguró con detención preventiva por  los  delitos  de secuestro simple, hurto agravado y calificado y porte ilegal de  armas.   

          Posteriormente   se   descubrió   el   plan   delictual   con   sus  protagonistas,  razón  por  la cual se dispuso la captura de ARBEY ALONSO CANO,  LUIS  ANÍBAL  LÓPEZ  y  SAMUEL  DARÍO  VÁSQUEZ, quienes fueron escuchados en  indagatoria  y  también  recibieron  detención  preventiva  por el concurso de  hechos punibles.   

          La  calificación  afectó  a  todos  los procesados con resolución  acusatoria  del  29  de  noviembre de 1995 por los injustos atrás referidos, en  tanto  se  compulsaron copias de la actuación para  investigar la conducta  del  menor  delator.  Una  vez  en  firme  esta providencia el Juzgado Penal del  Circuito  de  Frontino  dio trámite a la causa y luego, el 19 de abril de 1996,  profirió  el  fallo de condena en contra de todos los procesados imponiéndoles  la  pena  principal  de  12  años  de prisión e interdicción del ejercicio de  derechos  y  funciones   públicas  por lapso de 10 años, como autores del  concurso  heterogéneo  de los delitos mencionados, sentencia que al ser apelada  confirmó   el   Tribunal   Superior   de   Antioquia   el  2  de  diciembre  de  1996.   

                              LAS DEMANDAS DE CASACIÓN   

          1.- La   presentada   a   nombre   de  ARBEY  ALONSO  CANO.   

          En  ella  el  defensor  acusa   la   sentencia  de  contener  un  “error   de   derecho   en   la  apreciación  de  las  pruebas”  lo   que   condujo  a  una  violación    del    debido    proceso   “en  la  medida  en  que  se  ha  basado  la  sentencia en pruebas  ilegalmente  allegadas  al  proceso y que no podían ser apreciadas y tenidas en  cuenta para tales fines por su misma ilegalidad”.   

          Al   efecto   asegura   que   no  podían  contarse  como  elementos  probatorios  los practicados por la policía de la localidad por la carencia del  mandamiento  judicial  y  porque  el  reconocimiento  en  fila de personas   no    cumplió  con  los  requisitos  legales,  y  si  los  juzgadores  las  convalidaron  fue a expensas de una situación de flagrancia que no se da, amén  de  que  los  sujetos  no  fueron  capturados por habérseles encontrado objetos  hurtados  sino  por  la  falta  de  documentos  de  la  motocicleta  en  que  se  transportaban,  y  en  todo caso la aprehensión física operó antes de haberse  incautado la mercancía objeto material del delito.   

          Y   agrega:   “Igualmente  se  apreció  indebidamente  la  declaración del joven Gustavo Adolfo Garcés López, la cual  no  podía  ser  apreciada  y  menos  valorada como plena prueba” pues  tratándose  de  una  persona  mayor  de  12  años  no  se le  juramentó  cuando  lanzó  cargos en contra de terceros, y remata: “Por  tal  apreciación  indebida  es  que hoy se ha proferido una  sentencia  condenatoria”,  de la cual pide a la Corte  su revocatoria en procura de garantizar el estado de derecho.   

2.- La presentada a  nombre  de  SAMUEL  DARÍO           VÁSQUEZ.   

          La  censura  se  basa  en  la  supuesta violación directa de la ley  sustancial  con motivo de la indebida aplicación de normas cuando todo apuntaba  a   reconocer el hecho sólo como un hurto calificado y agravado de acuerdo  con   lo   previsto   en   el   artículo  350  numerales  1  y  2  del  Código  Penal.   

          Precisa  que  en  todo  momento la única voluntad del procesado fue  “el  apoderamiento de la mercancía que transportaba  el  furgón”,  por  lo  que  el  uso  de  armas y la  retención   de  las  personas  por  espacio  de  5  horas  aproximadamente  son  circunstancias  deducibles del haz probatorio e incluidas dentro de la comisión  del delito de hurto tal como lo ha sostenido la jurisprudencia.   

          A    renglón    seguido    y    bajo    el   título   VIOLACION    INDIRECTA    DE    LA   LEY   SUSTANCIAL   denuncia  un  error  de derecho en la apreciación de las pruebas al  haberse  tenido  en cuenta algunas aportadas irregular e ilegalmente al proceso,  como  que  las evacuadas por la policía de Frontino no estuvieron precedidas de  orden  expresa  de  la Fiscalía y así se les quiera convalidar por medio de un  aparente  estado de flagrancia de los procesados, es lo cierto que éstos fueron  capturados  “mucho  después  de  la  comisión  del  hurto,  por  no  portar  documentos  de  la motocicleta  y no por ser responsables de éste”.   

          Refiere  al incumplimiento de los requisitos legales en la práctica  del  reconocimiento  en  fila de personas y a la carencia de orden expresa de la  Fiscalía  para  el  efecto,  porque  “de esa manera  allegadas     y     valoradas,     debieron    ser    desatendidas    por    los  juzgadores…”.   

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Como  uno  de los cargos, el de falso juicio de legalidad, es común  a  ambas  demandas, la Sala se referirá en primer lugar al estudio integrado de  su  aspecto  formal,  para  luego  examinar  por  separado al reproche adicional  propuesto  por  el apoderado de SAMUEL DARÍO VÁSQUEZ por violación directa de  la  ley  sustancial  en  la  modalidad  de aplicación indebida, y en este orden  presentar  las razones por las cuales las demandas deben rechazarse de plano por  el  incumplimiento  de los requisitos de forma exigidos por el artículo 225 del  C.P.P.   

          1.-  Del  falso  juicio de legalidad.   

          Si  lo pretendido con este cargo por los casacionistas es quebrar el  fallo  demandado,  la primera falencia que se advierte es la falta de precisión  en  cuanto  a  la  trascendencia  del  vicio  se  refiere, pues si argumentan al  unísono  la  irregular e ilegal incorporación de medios probatorios al proceso  -el  reconocimiento  en  fila de personas hecho por la policía y la versión de  un   menor   de  edad-,  material  que  al  ser  estimado  por  el  sentenciador  técnicamente  daría lugar a un error de derecho por falso juicio de legalidad,  la  censura  no  llena  el  cuadro  de suficiencia con la simple afirmación del  vicio  y  ni  siquiera con su debida comprobación sino que en todo caso resulta  menester  acreditar  cómo  en  efecto  aquellos  medios  probatorios, sobre los  cuales  descansa  el  reproche,  fueron  los  únicos  considerados  y  por ende  apreciados    por    el   Juzgador   en   orden   a   construir   la   sentencia  condenatoria.   

          Esta  exigencia  no se encuentra cumplida en ninguna de las demandas  puestas  a  consideración  de  la  Corte,   y por supuesto tal falencia no  puede  ser  remediada  por  ésta,  no sólo porque se lo impide el principio de  limitación   que  rige  el  extraordinario  recurso  sino  también  porque  su  carácter  rogado le impone al censor la carga de señalar el camino por el cual  habrá de surtirse el juicio de legalidad de la sentencia.   

          Con  el  planteamiento  del  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad  se estaría afirmando que la equivocación del juzgador consistió en  valorar  un  medio  de  prueba  practicado o incorporado al proceso ilegalmente,  pero  el  reproche  se  torna  insuficiente  si se omite la demostración de que  dichos  elementos de convicción fueron el soporte de la condena, pues de no ser  así  simplemente  se  estaría  poniendo  de  presente  un  yerro  pero  sin la  necesaria  trascendencia  para  cambiar  el  sentido  del fallo acusado. Una tal  disfuncionalidad  de  la  demanda  deja  a  la Corte sin saber si se tuvieron en  cuenta  otros  medios  probatorios capaces de sostener la sentencia cuestionada,  la  que  demás esta decirlo, ingresa a esta sede extraordinaria precedida de la  doble presunción de acierto y legalidad.   

          De  otro  lado,  tampoco  dejan  ver  los  censores  en  qué estado  quedaría  el proceso de prosperar la censura o cuál sería la composición del  fallo  que  esperan de la Corte, ya que la escueta petición que le hacen es que  “sea      revocada      la      sentencia     ya  impugnada”    y    que   se   digne   “adecuar   los   fallos   objeto   de   la  presente  inmugnación  (sic)”.           

          2.-      De     la      violación  directa.   

          Pacífica  y  reiteradamente  ha  dicho  esta  Corte  que  cuando se  denuncia  la  violación  directa de la ley sustancial como motivo de casación,  es  imprescindible partir de los hechos y del examen probatorio contenidos en el  fallo  impugnado, supuesto que la controversia por esta vía es de puro derecho,  vale  decir,  se  discute la selección de las normas jurídicas sustantivas que  corresponden  a  los  presupuestos fácticos y probatorios declarados con fuerza  de verdad en la sentencia sometida al juicio de legalidad.   

Pero  lo  que  se  alcanza  a advertir de la  escuálida  formulación de este cargo es que el censor busca combatir la manera  como  el dispensador de justicia interpretó las pruebas, pues a ello conduce la  expresión “no puedo compartir los argumentos de los  falladores  de  primera  y  segunda  instancias  cuando deducen entiidades (sic)  delictuales  independientes  o autónomas cuando en realidad se trata de un solo  punible: hurto calificado y agravado”.   

         Con  un  tal  razonamiento  el  impugnante  tuerce  la  anunciada  vía  de la violación directa -a cuyo amparo  sólo  cabía  plantear  la  interpretación  errónea,  falta  de aplicación o  aplicación   indebida   de    la  norma  sustancial-  para  reprochar  las  deducciones  sacadas  de  las  pruebas por el sentenciador, comprometiéndose de  esta  manera  con  un  no  avisado  error de hecho o de derecho que mediatiza el  quebranto  de  la  ley  sustancial  y  supone el planteamiento del cargo bajo la  égida  de  la  causal  primera,  pero  en la modalidad del segundo apartado del  ordinal  primero  del  artículo  220  del  C.  de  P.P., esto es por violación  indirecta  debido  a  errores  en  la  apreciación de las pruebas de tal manera  trascendentes  que  eventualmente llevaran al fallador a dar por demostrados los  diferentes  elementos  constitutivos  de  los  tipos  penales de porte ilegal de  armas  de  fuego  y  secuestro  simple,  que aparentemente son los injustos cuya  existencia material discute el censor.   

          De  otro  lado,  si  lo  pretendido  era  destronar  la  denominación  jurídica  dada en la resolución acusatoria a los  hechos  investigados,  la  vía  expedita  para  la  censura era la de la causal  tercera  -nulidad-,  sin  olvidar  que  para  tal evento el desarrollo del cargo  debería    intentarse    por   los   cauces   de   la   primera,   o   sea   el  correspondiente      a     un     error     in  iudicando.   

          Empero,  sobre  este cargo todo lo que pone de relieve el impugnante  es  el  simple  reparo  de  que  el  delito  cometido  fue solamente el de hurto  calificado  y  agravado  y  no en concurso con el de secuestro y porte ilegal de  arma de fuego de defensa personal.   

          En  síntesis,  la  falta  de  claridad   y  precisión  en  la  formulación  de los cargos, su dilógica presentación y la falta de desarrollo  adecuado   que   permita  descubrir  la  trascendencia  de  los  errores  apenas  denunciados  en  forma  perfunctoria, reflejan el inexcusable desconocimiento en  esta  sede de las exigencias impuestas por el legislador en el artículo 225 del  C.P.P.,  lo  cual  impide  a  la  Sala  el  estudio  de  fondo  de las demandas.   

          Se  impone  entonces  el  temprano  rechazo  de  los  libelos  y  la  consecuente declaratoria de deserción del recurso interpuesto.   

          En   tal   virtud,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL   

RESUELVE  

          RECHAZAR  IN  LIMINE  las demandas de  casación  presentadas  en  favor  de los procesados ARBEY ALONSO CANO GUZMÁN y  SAMUEL  DARÍO  VÁSQUEZ, contra la sentencia del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Antioquia  que  los  condenó  por  el  concurso  heterogéneo  de  secuestro   simple,   hurto   calificado   y   agravado   y   porte   ilegal  de  armas.   

          En consecuencia, se declara desierto el recurso.   

          Esta   determinación   no   es   susceptible   de  impugnación  de  conformidad con los artículos 197 y 226 del C.P.P.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE                                          EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                                     

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria   

    

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