14090b

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR.DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                                      Aprobado Acta No.024   

                                                       Santafé  de Bogotá, D.C., veintitrés  (23) de febrero de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Decide  la  Corte,  en  los  términos  del artículo 226 del C. de  P.P.,  sobre la viabilidad de la demanda con la que sustenta el  recurso de  casación  incoado contra la sentencia dictada el 2 de septiembre de 1997 por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali,  en  la  cual  se condena  a WASHINGTON VALENCIA CUERO  como  coautor  del  concurso  de delitos de homicidio consumado en la persona de  Walter   Valencia   L.,  tentativa   de  homicidio  en  José   Rosemberg  Valencia,  y porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal.    

          A N T E C E D E N T E S   

          El  25  de  julio  de  1994  en  horas de la tarde, cuando el joven  Walter  Valencia L.  y  su   padre,   José  Rosemberg  Valencia  se  daban  a la tarea de reparar una motocicleta frente a su casa  de  habitación  en  la  carrera  26-B  No.  73-44  de la ciudad de Cali, fueron  atacados  con disparos de arma de fuego provenientes de varios individuos que se  apearon  de  un  bus  de  servicio  público que transitaba por el sector, dando  muerte  al primero y dejando herido al segundo, siendo señalado como uno de los  partícipes  de la agresión  WASHINGTON VALENCIA  CUERO, joven éste a quien el lesionado afirmó haber  identificado  cuando  emprendía  la huida, por conocerlo desde niño y ser para  el  día  de  los hechos, integrante de una pandilla de delincuentes que asolaba  el sector.    

          Vinculado  a  la  investigación,  contra el sindicado se profirió  resolución  acusatoria  en  la  que  se  le  imputó  el concurso de delitos de  homicidio  simple,  tentativa  de  homicidio  y porte ilegal de arma de fuego de  defensa  personal,  y  por  estos  mismos cargos condenado por los falladores de  primera  y  segunda  instancia,  pues  el  Tribunal,  al  desatar  la apelación  propuesta  por  la  defensa  contra  la  sentencia  del  Juzgado  3o.  Penal del  Circuito,  la  confirmó  mediante  el  fallo  contra  el  cual  el mismo sujeto  procesal  interpone el recurso extraordinario, cuya sustentación realiza con la  demanda que es objeto de revisión formal por la Corte.   

          LA DEMANDA   

En  el  único  cargo  formulado  contra  la  sentencia  de  segundo grado comienza el demandante por manifestar su desacuerdo  con   la  evaluación  del  testimonio  del  ofendido  herido,  José  Rosemberg  Valencia,  pues  considera  que  esa  prueba,  a la que el Tribunal otorga pleno  crédito  sobre la oportunidad que tuvo el deponente de identificar al procesado  Washington  Valencia  como  integrante  del  grupo de delincuentes atacantes, se  halla  controvertida  por  el  testimonio  de  Sandra  Milena  Gómez, que no la  corrobora como lo afirma el Tribunal en su estudio probatorio.   

          Considera  no  cierto  que el ofendido se hubiera incorporado luego  de  los  disparos y hubiera visto, ya cuando se alejaban del sitio de los hechos  y  se  hallaban  a  unos diez metros de distancia a los agresores, distinguiendo  entre  ellos  al procesado Washington Valencia; también considera no cierto que  aquél  hubiese  visto  a  cuatro hombres apearse de un bus de servicio urbano y  avanzar  hacia  donde él se hallaba con su hijo reparando una motocicleta, pues  la  joven  Sandra  Milena, que se hallaba en el mismo lugar, manifestó no haber  visto,  ni  escuchado  a nadie y apenas supone que los disparos provenían de la  calle,  en  la que tampoco había gente.  En este orden de ideas, basado en  el testimonio de la joven el profesional anota:   

                      “De esta  declaración  se  desprende o deduce lógicamente que cuando la señorita salió  y  se  asomó  después  de  los disparos vio al señor José Rosemberg Valencia  tirado  en  el  suelo  con  Walter  Valencia,  y que no vio a nadie como lo dice  Rosemberg…    Es que cuando la señorita salió a asomarse, después  de  los  disparos,  los pistoleros que ella nunca vio, ya se habían retirado de  la  escena  del  crimen  y el señor Rosemberg y su hijo continuaban en el suelo  tirados”.   

          A  continuación  el  censor adelanta un rastreo del testimonio que  en  sus  diversas  intervenciones  en  el  proceso  rindió  el ofendido herido,  destacando  los  puntos  que  según  su  sentir  descubren contradicciones y le  restan  crédito,  a  lo  cual  añade  una referencia a un escrito que dice fue  enviado  por  el  mismo  ofendido a la Fiscalía 101, “en la etapa instructiva”,  suministrando  los  alias  de  unos  individuos como los autores de los delitos,  entre  los  que  no  incluyó  al  procesado.   Al  aludir a este documento  consigna  el  demandante disculpas por, según precisa,  “no tener la fecha  y  el  folio,  a disposición”, limitándose a decir que su contenido contradice  “las  otras declaraciones”  en el sentido de haber visto a los pistoleros y  que  eran  cuatro,  y que igualmente contradice el dicho vertido en la audiencia  pública  en  la  que  afirmó  no  poder  precisar si el procesado fue quien le  disparó a él.  Rematando este aparte del discurso precisa:   

                    “Esta carta  no  tiene  sino una sola razón de ser, el señor José Rosemberg … no vio, ni  antes,  ni  después de ser herido, a los supuestos atacantes y se mantiene a la  deriva  procesalmente,  de  lo  que  le han contado o que imagina a (sic) podido  suceder…   

                   “Es que cada  situación  del  señor  …,  es  una  celada probatoria, es una contradicción  flagrante,  que no se compagina con los dictados de la sana apreciación y de la  crítica racional de la prueba.”.   

          Volviendo  a  la  parte  considerativa  del  fallo  concluye que el  testimonio  del  ofendido   “no  reúne  los  requisitos  de credibilidad y  veracidad  para condenar”  a su representado por ninguno de los delitos que  le  fueron  imputados,  dedicando  luego  su  atención a otro testimonio, el de  William    Ortiz    Mayor,    para   cuestionar   la   sentencia   por   negarle  crédito.   

          Afirma  que  este deponente refirió que a la hora de los hechos el  procesado   se   hallaba   trabajando,   pues  ambos  laboraban  en  la  empresa  ´Siderúrgica  de  Occidente´,  y buscando demostrar la veracidad de esta  declaración,  que para el Tribunal careció de ella, adelanta su propio estudio  de  la  misma,  en  el  que concluye que merece todo crédito, porque además se  halla  parcialmente  confirmada  por  el  dicho  del  contratista  Jorge Eliecer  Izquierdo,  patrono  que fue del procesado en la misma empresa.  Añade que  se  adjuntó  constancia  de  la  empresa  sobre la vinculación laboral de este  deponente.   Asevera,  en conclusión, que al incurrir el Tribunal en   “falsa  interpretación”   del  testimonio  del  mencionado  William  Ortiz  quedó  demostrado que el procesado no se hallaba en el lugar de los hechos a la  hora  en  que sucedieron y que por consiguiente, las declaraciones en referencia  merecen total crédito.   

         

          Pasando  al  aspecto  de las normas infringidas menciona como tales  los  artículos   247  y 254 del C. de P.P., incluyendo a continuación una  referencia  jurisprudencial sobre el error de hecho que considera atinente, para  culminar  su  enjuiciamiento  a  la  sentencia  con  el  aserto de que los   “errores  de  hecho   de  apreciación  y  la  falsa interpretación”   respecto  de  los  testimonios  del ofendido y de William Ortiz ponen en tela de  juicio    “la   certeza  sobre  la  responsabilidad”   del  procesado,  “configurándose  el  principio  del  in dubio pro reo…” , solicitando que por  “estar  encuadrado  el  cargo” en la causal 1a, inciso segundo del artículo 220  del  C.  de  P.P.,  se  reconozca  a  su  cliente  “el beneficio de la duda  probatoria”  y   “en  subsidio” se proceda conforme lo dispone el artículo  229-1 del  C. de P.P..   

               CONSIDERACIONES     DE     LA  CORTE   

         Mediante  la  demanda  de  casación  se  enjuicia la sentencia de  segundo  grado  porque el fallador haya podido incurrir en errores trascendentes  de  interpretación  jurídica de normas sustanciales ya sea en forma directa, o  bien  a  través  de  una  errada  apreciación de la prueba; o/ y también, por  errores  de  procedimiento  constitutivos  de  grave irregularidad generadora de  quebranto  de los derechos garantizados para el proceso en la Constitución y la  Ley.   

         Pero  esa demanda debe, por fuerza de ley para que la impugnación  extraordinaria  logre viabilidad, concebirse con observancia de las formalidades  previstas  en  el  artículo  225  del C. de P.P., y únicamente a partir de los  motivos  de  casación  expresamente  señalados  por  el  legislador, porque el  recurso  no  autoriza  a  la  Corte  a  aceptar  graciosamente  el  criterio del  demandante  por  el solo hecho de oponerse al del fallador.  De tal manera,  en  tratándose del reparo a la apreciación de la prueba por el sentenciador de  instancia,  como  es  el  caso  tratado  en  la  demanda  sujeta  a  examen,  es  indispensable individualizar todas las pruebas   

que  se  aducen  erradamente  estudiadas,  señalar  el error en su apreciación, y demostrar su incidencia en las resultas  de  la decisión acusada; debe también mencionar todas las normas que el censor  considere  infringidas,  porque ellas compendian en el campo jurídico el debate  propuesto.   De  no  ser así, el escrito puede carecer de los atributos de  claridad  y  de  precisión  en la fundamentación del cargo, y por tanto, hacer  nugatoria la posibilidad impugnatoria.   

         Lo  primero  que  se  observa es que la demanda presentada en este  caso  atribuye  a la sentencia ser violatoria de los artículos 247 y 254 del C.  de  P.P.,  pero  guarda  silencio  sobre  las  normas puramente sustanciales que  soportan  la  decisión  glosada,  dejando  así  de  completar  la proposición  jurídica que exige la formalidad del escrito.   

         Pero  además,  no  obstante  denunciar  un  error  de  hecho  por  supuesta   distorsión  del  sentido  lógico,  tanto  de  la  principal  prueba  incriminatoria,  cual  es  el  testimonio  del  ofendido sobreviviente, como del  rendido  por  uno  de los testigos de descargo, William Ortiz, quien contrario a  la  víctima,  ubicó  al  procesado  en  su  sitio de trabajo al momento de los  hechos,  al  desarrollar  el planteamiento, lejos de  concretar   el   error   dialéctico   del   Tribunal   en   la  interpretación  probatoria para cada uno de los elementos de juicio,  se  limita el censor, previo su muy subjetivo estudio de cada prueba, a formular  sus  comprensiblemente parcializadas conclusiones, invirtiendo su significación  para   despojar  de  crédito  al  dicho  de  la  víctima y otorgárselo al del testigo de descargo,  conforme  a su criterio y en contraposición con el del Tribunal, pero sin dar a  conocer  a la Corte el error en la asunción objetiva de la prueba o el error de  lógica  en  las  deducciones  que  apoyan  la  sentencia,  que  dentro  de  las  facultades    que   le   otorga   el   recurso,   pudiera   ella  llegar  a  enmendar.   

         De  otro  lado,  la  acusación  a  la  sentencia de desconocer el  principio  in  dubio pro reo por error en la evaluación de la prueba, impone el  deber  de  precisar  y  demostrar  los  errores  que  impidieron  al fallador de  instancia  su  reconocimiento.   Si  la  pretensión  de  su extraordinaria  vigencia  se  busca  solamente  a  través  de  un  nuevo examen de los aspectos  probatorios  debatidos y decididos a lo largo del proceso, tampoco la demanda se  aviene  a  la  claridad  que  exige  su  fundamentación,  la cual debe hallarse  coordinada  con  los motivos de casación aducidos, y  ello  es  justamente  lo  que  acaece  con el escrito en comentario,  cuando  sin  esa  obligada demostración se busca hoy objetar el  fallo  de  condena  que  llega precedido de la doble presunción de acierto y de  legalidad.                        

           De  contera,  tampoco  es clara la petición con que finaliza el  discurso,  de  acogerse el censor  “en subsidio”, según sus palabras, a lo  dispuesto  en  el  numeral 1o. del artículo 229 del C. de P.P., pues a lo largo  del  escrito  ninguna  argumentación  existe  orientada  a una petición de esa  naturaleza.   

         La   demanda,   en   definitiva  omite  los  requisitos  de  forma  establecidos  en los numerales 3o. y  4o. del artículo 225 del C. de P.P.,  y por consiguiente, habrá de rechazarse.   

                    

         Por  razón  de  lo  expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA en SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

         RECHAZAR   IN  LIMINE  la  demanda  de  casación   presentada   en   este  proceso  y  por  consiguiente,  DECLARAR    DESIERTO    el   recurso  extraordinario  presentado  a  nombre  de  WASHINGTON  VALENCIA  CUERO  contra  la  sentencia  del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de  Cali, que lo condena como coautor del  concurso  de  delitos  de  homicidio  consumado  en  la  persona de Walter    Valencia,   tentativa   de  homicidio  en  José  Rosemberg Valencia  y  porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.  Esta  providencia  carece  de  recursos según lo dispuesto en los arts. 197 y 226 del  C. de P.P..   

         En    firme,   DEVUELVASE el expediente a la oficina de origen.   

         COPIESE    Y    CUMPLASE.     

                                       JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                                              no   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                               RICARDO     CALVETE  RANGEL   

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                        CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON PINILLA PINILLA   

                                       PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                                                           Secretaria     

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