14080j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No. 14080  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro. 129   

          Santafé   de   Bogotá  D.C.,  treinta  y  uno  de  agosto  de  mil  novecientos noventa y nueve.   

VISTOS  

            Se  pronuncia  la Corte, conforme con lo normado en los artículos  225  y  226  del Código de Procedimiento Penal, acerca del aspecto formal de la  demanda  de  casación  incoada  por  el defensor de los procesados EDGAR  ORLANDO LÓPEZ CASALLAS, JAVIER MARTÍNEZ GÓMEZ y     HANS     ARISTÓBULO    CONTRERAS  GÓMEZ, contra el fallo de segundo grado proferido por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Santafé de Bogotá fechado en  junio  18  de  1997,  por cuyo medio confirmó en su integridad la condena de 40  años  de  prisión  que  el  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de esta ciudad  Capital  le  impuso  a  cada  uno  de los nombrados justiciables, al declararlos  penalmente   responsables,  en  calidad  de  coautores,  del  hecho  punible  de  homicidio   agravado  perpetrado en Oscar Javier López  Correa.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Entre  las  10:00  y 10:30 de la noche del 18 de marzo de 1995 en el  sector  del  puente conocido como La Revuelta, lugar que delimita los barrios La  Fiscala  Media  y  La  Fiscala  Alta  al sur de la ciudad, de múltiples heridas  producidas  con  arma  cortopunzante  fue  ultimado en riña Oscar Javier López  Correa,  trifulca  en  la  que se enfrentaron dos grupos de contendientes por el  apoderamiento  ilícito  de  una  cachucha de propiedad de quien en últimas devino en víctima.   

          Una   vez   abierta  la  investigación  se  obtuvo  la  captura  de  EDGAR     ORLANDO    LÓPEZ    CASALLAS,      a.     “Batata”,   JAVIER  MARTÍNEZ  GÓMEZ,  a. “Comino”  y   HANS   ARISTÓBULO  CONTRERAS  GÓMEZ,  a  quienes  se vinculó mediante indagatoria y se les definió su  situación  jurídica  imponiéndoles  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva.   

          Perfeccionada  en  lo  posible la investigación, la Fiscalía 49 la  clausuró  y  por resolución del 8 de septiembre de 1995 acusó a los indagados  por  homicidio con circunstancias de agravación, proveído que al ser impugnado  integralmente  refrendó  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal  Superior  de  Santafé  de  Bogotá  en  decisión de octubre 12  del mismo  año.   

          El  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de la ciudad conoció del  juicio  y  por  decisión  del  13  de  marzo de 1997, conforme con el pliego de  cargos,  finiquitó  la instancia profiriendo el fallo a que se hizo mérito, el  cual  confirmó  el  Tribunal Superior de Santafé de Bogotá el 18 de junio del  mismo año.   

LA DEMANDA  

          Al  amparo  de  la  causal  primera  de casación, cuerpos segundo y  primero,  en su orden, dos cargos formula el recurrente extraordinario contra la  sentencia de segundo grado.   

Con la primera censura, la cual presenta como  principal   por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  “por  evidente  error  de  hecho  en  la apreciación de las pruebas,  operando   falso   juicio   de   convicción”,   el  casacionista  asegura  que  el juzgador al dejar de aplicar el artículo 445 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  infringió  los artículos 23 y 324-7 del C.  Penal,  modificado  por  el  artículo  30  de  la Ley 40 de 1993, así como los  artículos 247 y 249 del estatuto procesal.   

El segundo cargo, formulado como subsidiario,  dice   relación   a  la  supuesta  violación  directa  de  la  ley  sustancial  “por  falta  de  aplicación del artículo 24 del C.  Penal”.   

1.-  La violación indirecta.   

En  la  fundamentación  de este reproche el  casacionista  estima  que  el  yerro  cometido por el fallador consistió en que  “no   valoró,   dándole   la   credibilidad   del  caso”  a  lo  dicho  por  el  convicto  Gilberto  Belalcázar Canchón acerca de la  admisión  de  su  responsabilidad criminal en la muerte de Óscar Javier López  Correa,  quien  a  fuerza de ser la única persona que portaba una navaja, niega  rotundamente   cualquier   participación   de   los   procesados   LÓPEZ      CASALLAS,     MARTÍNEZ    GÓMEZ    y    CONTRERAS  GÓMEZ  en  los  hechos, habida  cuenta  de  que  el acontecimiento luctuoso se desenvolvió exclusivamente entre  aquéllos.   

De  igual  manera,  aduce  el  censor,  se  equivocó  el  Tribunal  al  evaluar  las  pruebas  de cargo, como quiera que lo  aseverado  por  estos testigos en relación con el desarrollo de la contienda no  conduce  a  la  certeza,  pues,  si  quienes  acompañaban al interfecto huyeron  apresuradamente   del   lugar   donde   éste   fue   ultimado,  “cómo  percibieron  entonces  que mis defendidos atacaron al occiso?  (…)  Estos  testigos,  presos  de  miedo,  no tuvieron la suficiente capacidad  mental  de  percibir  lo  realmente  acontecido  (…)  Sus  atestaciones son el  producto  de  sus  imaginaciones,  nacidas  de un interés parcializado dado los  vínculos   consanguíneos   con   el  obitado.”  No  obstante  lo  anterior,  agrega  el  censor,  el Juez colegiado sin ninguna otra  razón  de  fondo,  desechó  por completo las pruebas de descargo por el simple  hecho  de que uno de los mentados deponentes resultó ser pariente de uno de los  reos.   

En  sentir del demandante no se vislumbra el  grado  de  certeza  para deducirles responsabilidad a título de coautores, toda  vez  que  de  las  pruebas  valoradas  en  conjunto no surge que el homicidio se  hubiera     cometido    en    coautoría,    “para  ello, afirma, se requiere que  los  intervinientes se vinculen recíprocamente mediante un acuerdo en común de  realizar  el  hecho,  debiendo  asumir  cada  uno  de  ellos un cometido parcial  necesario   para   la   totalidad  del  plan”.   Debiendo  tenerse  en  cuenta  además  que,  según  lo  declarado  por algunos  testigos,  sobre la víctima pesaban amenazas de muerte proferidas por el sujeto  John  N.,  por  cuanto  una  hermana   de   éste   de   nombre  Soraya,  resultó  ser  concubina  de  Óscar Javier, el muerto, con quien  convivió  cuando  la  dama  se  ausentó  de  su  hogar  por  espacio  de  ocho  días.   

En  conclusión,  el  no  reconocimiento del  In  dubio  pro  reo con clara  violación  del  principio de presunción de inocencia contenido en el artículo  445   del   C.   de  P.  Penal,  constituye  “yerros  insalvables,   cometidos   por   el   Tribunal,  sobre  la  materialidad  de  la  prueba”,  puesto  que  los  elementos de convicción  fundamento  de  la condena no generan la certeza para predicar de sus defendidos  la  coautoría  que se les imputa, “por la existencia  de  falso juicio de convicción en la apreciación de los requisitos” que la configuran.    

Que  se  case  la  sentencia  impugnada y se  profiera  el fallo que en derecho corresponda, es en últimas a lo que aspira el  censor con este cargo.   

2.-  La    violación    directa.     

Falta  de  aplicación  del artículo 24 del  Código  Penal,  es  el  sustento  de  este  reproche que como cargo subsidiario  plantea  el  impugnante  extraordinario. En el desarrollo de la censura sostiene  el   libelista   que  si  en  el  peor  de  los  casos  sus  asistidos  hubiesen participado en los hechos que  dieron  al  traste  con  la  vida  de López Correa, la  responsabilidad    no    se   les   puede   atribuir  “a  título  de  coautores,  conforme  al  material  probatorio  arrimado  al  averiguatorio sino que su participación podría estar  en  los  linderos de la complicidad que pregona el Art. 24 del C. P.”   

Y agrega : “Si les  imprimiéramos  credibilidad  solamente  a las pruebas de cargo, dejando de lado  las  exculpatorias”,  la sanción que se le impuso a  cada  uno  de  los procesados no consulta el principio de la proporcionalidad de  la  pena  con la actuación y su participación en los hechos, habida cuenta que  sus  respectivas  conductas  estuvieron  dirigidas  a  acompañar  a  Belalcazar  Canchón,  quien  realmente se trabó en riña con el interfecto provisto de una  navaja,   circunstancia   esta   no   probada   diáfanamente  respecto  de  sus  patrocinados  y  que  de  manera  mendaz  y  exagerada  tratan de desvirtuar los  testigos  de  cargo  al aducir que todos tenían navaja y apuñalaban al occiso,  llegándose  inclusive  a sostener la ocurrencia de un disparo, cuando lo cierto  fue  que  el  cadáver  no  presentó  herida producida por proyectil de arma de  fuego;   y   remata   con   la  pregunta:  ¿Qué  credibilidad  pueden  merecer  atestaciones de tal naturaleza?   

El comportamiento desplegado por cada uno de  sus  defendidos se ajusta al instituto jurídico de la complicidad, insiste, mas  no  a  la  figura  de la coautoría por la ausencia de acreditación diáfana de  los  requisitos  de  ésta,  teniéndose  probado  que  tanto  la  víctima como  Belalcázar    Canchón  mutuamente  se  agredieron utilizando para el efecto armas cortopunzantes. Luego  entonces,  resulta  injusto aseverar que sus defendidos tuviesen “el   dominio   del  hecho  generador  de  la  coautoría”,  concluye  el censor, por lo que solicita de la Sala se case la  sentencia  recurrida  para  que  profiera  la que “en  derecho corresponda.”   

ALEGATO DE LA PARTE NO RECURRENTE  

          Aunque  para el Procurador Octavo Judicial en lo Penal la demanda se  resiente  de  fallas  técnicas evidentes, considera  sin  embargo  que a “grandes        rasgos”  el libelo cumple con los presupuestos formales que la ley exige  para  que proceda su admisión por parte de la Corte, así no haya hecho expresa  mención  de  los sujetos procesales y que el resumen de los hechos los presente  desde  su  particular  apreciación, lo cual se encuentra acorde con los motivos  de   censura   aducidos.   Es   así   como,  sin  incurrir  en  “exagerados  formulismos”, estima que los  requisitos  exigidos  en  los  numerales 1° y 2° del artículo 225 de C. de P.  Penal, cabalmente se encuentran satisfechos.   

          No  obstante,  el  mismo  sujeto  procesal  advierte  que las fallas  técnicas    que    en   “mayor   grado”  caben  destacarse  resultan  de  la  imprecisión  y  falta  de  claridad   en   la  proposición  de  los  cargos,  lo  cual  atenta  contra  su  fundamentación  y  demostración,  exigencia formal contenida en el ordinal 3°  de la norma en cita.   

          En  efecto, el falso juicio de identidad argüido por el censor, que  lo  hace  consistir  en la errada apreciación de la prueba testimonial desde el  punto  de  vista  de las reglas de la sana crítica que gobiernan la valoración  de   este   medio   probatorio   en   materia   penal,  resulta  “inconsistente”  por  cuanto no demuestra  que    el    fallador    haya    infringido    o   desconocido   “abiertamente”  las mínimas reglas de la  experiencia,  la  lógica,  el  sentido  común  o  la ciencia que rigen nuestro  sistema de libre persuasión racional.   

          Además,  el recurrente mezcla dentro de la misma censura errores de  hecho  y  de derecho al aducir como sentido de la violación indirecta de la ley  sustancial  el falso juicio de convicción, porque el Tribunal amén de desechar  las  pruebas  de  descargo,  al  realizar  el  examen  probatorio de rigor no le  otorgó   la   “credibilidad  del  caso”  al  dicho  del confeso procesado Belalcazar Canchón, en cuanto  excluyó  del  hecho a los otros sentenciados, error de derecho que en este caso  se  torna  improcedente  dada  la  facultad  que  la ley le dispensa al fallador  “para  apreciar  el valor del testimonio a la luz de  la   sana   crítica,   que   fue   la  manera  como  se  procedió.”   

          Tampoco  demostró el censor en qué radicó la duda que el juzgador  debió  reconocer en favor de los justiciables, y menos en dónde se originó el  error  que  impidió  su  reconocimiento.   “La  verdad  que  arroja  el  plenario  es  la  de  que  no  hay duda de que los tres  procesados    participaron    en   la   muerte   violenta   de   JAVIER   LÓPEZ  CORREA”,  es  el  criterio  del  representante  del  Ministerio Público en la instancia.   

          En  relación con el cargo subsidiario que por violación directa de  la  ley  sustancial  formula  el  casacionista,  considera  el Procurador Octavo  Judicial   que  si  bien  se  formuló  de  manera  correcta,  su  desarrollo  y  fundamentación  no  corresponde  con  lo  planteado,  en la medida en que dicho  ataque  debió  hacerse “en puro derecho, demostrando  que  se  presenta  la  complicidad  y no la coautoría de sus patrocinados en el  homicidio agravado.”   

          Como  en  esta  clase  de  violación  no  se  discute ni el aspecto  fáctico  ni  el  probatorio,  al  incursionar  el impugnante por estos senderos  echó  a  pique  lo  que se proponía con la invocación de la mentada causal de  casación.   

          No  obstante  los  reparos que sobre técnica casacional echa de ver  el  agente  del  Ministerio  Público en la confección de la demanda, considera  que  ésta debe admitirse, como ya se advirtió, para que al darse una respuesta  se  consideren  “los someros planteamientos esbozados  respecto al mérito de la misma.”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Inconsecuente  con sus propios razonamientos, por decir lo menos, es  la  postura  del  Procurador no recurrente, pues a pesar de advertir insalvables  yerros  de  técnica en la confección de la demanda, en especial el atinente al  requisito  formal  contenido  en  el  numeral 3° del artículo 225 del C. de P.  Penal  que  hace relación a la obligación del censor de indicar en forma clara  y  precisa  los  fundamentos de la causal invocada, solicita su admisión dizque  para  que  sus  “someros  planteamientos”  acerca  del  mérito del libelo, sean considerados a la hora de  darle una respuesta de fondo al casacionista.    

          Hecha  la  anterior salvedad, la Corte entra a fijar su posición en  relación con la forma como se postulan las censuras.   

          PRIMER CARGO.   

            Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por “evidente    error    de    hecho   en   la   apreciación   de   las  pruebas”    derivado    de    un   “falso  juicio  de convicción” que llevó  al  juzgador  a  inaplicar el artículo 445 del C. de P. Penal, quebrantando por  contera  los  artículos  249 ibidem, 23 y 324-7 del C. Penal, es la censura que  al  amparo  de  la causal primera, cuerpo segundo del artículo 220 del Estatuto  Procesal Penal, propone el casacionista como principal.   

          Para  sustentarla  afirma  que  el Tribunal apreció equivocadamente  los  testimonios  de cargo de José Eduardo López Manrique, Carlos Andrés Cano  Beltrán,  Deibi  Fabían  López  Manrique,  Gustavo  Iván  Echeverry y Eunice  Callejas  Martínez, puesto que con fundamento en lo que ellos expusieron acerca  de  lo  acontecido  fijó  la  responsabilidad  de  los  procesados a título de  coautores,  desechando  de  esta manera el dicho de quien se declaró confeso de  ser  autor  del  homicidio  de  Oscar Javier López Correa, el también convicto  Gilberto Belalcazar Canchón,  sujeto  este  que  descartó cualquier participación en los hechos de los otros  justiciables,   LÓPEZ   CASALLAS,  CONTRERAS  GÓMEZ  y       MARTÍNEZ  GÓMEZ.   

          Lo  que  en  definitiva pretende el recurrente con el supuesto yerro  es  que la Corte acoja el dicho de uno de los coprocesados, el que declara sobre  la  ajenidad  en  los  hechos  de  los  aquí sentenciados, y se deje de lado el  examen  probatorio  realizado por el juzgador, alegación de imposible recibo en  esta  sede  como  quiera que el extraordinario recurso no constituye una tercera  instancia.   Es  tal la confusión conceptual del impugnante que a pesar de  aducir  un  supuesto falso juicio de convicción -error de derecho-, termina por  desarrollar  lo  que  podría  configurar un falso juicio de identidad -error de  hecho-, sin llegar a demostrar ni lo uno ni lo otro.   

          Pero  en  atención  a  que  el  reproche se sitúa al rededor de la  credibilidad  dada  a  los  testimonios  que  el  censor tacha de parcializados,  habrá  de  decirse  que  si  existiera  tarifa  legal  para medir y sopesar las  pruebas,   quizás  los  argumentos  del  casacionista  hubiesen  tenido  alguna  vocación  de  éxito,  pues habría bastado con confrontar lo regulado sobre la  materia por la ley y lo plasmado por el juzgador en su fallo.   

          No  obstante,  no  siendo  el  sistema  de  la  tarifa  legal el que  prevalece  en  la  valoración  del  testimonio, cualquier razonamiento sobre el  particular  torna  inane los esfuerzos del impugnante en casación, pues son las  reglas  de  la  sana  crítica  las  únicas  limitantes que atan al fallador en  relación  con la facultad discrecional que le asiste para estimar esta clase de  pruebas.   

          Si  la  sentencia  de  segundo grado arriba a esta sede de casación  ungida  con  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, su fortaleza sólo  resultaría  comprometida  en  la  medida en que existiera en ella una verdadera  violación  de la normatividad, pues se estaría desobedeciendo el imperio de la  ley.   Por eso el criterio de un sujeto procesal respecto de la estimación  de  la  prueba efectuada por el sentenciador, por más ilustrada que sea no deja  de  ser  una mera interpretación individual que jamás podrá prevalecer frente  a  la  proferida  por  el funcionario judicial acorde con el ordenamiento legal.   

          Pero  la  informalidad  de  la  demanda  sube  de  punto  cuando  el  libelista  además  de sostener que las equivocaciones cometidas por el Tribunal  sobre  la  “materialidad  de  la  prueba”  -ni  siquiera insinúa de qué manera distorsionó su contenido  fáctico   poniéndola   a   decir   lo   que  ella  no  dice-,  “no  conduce  al  grado  de  convicción  para  llegar al campo de la  certeza”    en    punto    a    la    coautoría  que  se  predica  de los aquí  sentenciados,  agregando  seguidamente  que  ello  se  debió al “falso  juicio  de  convicción” en el que  incurrió  el  Ad  Quem en la  estimación de los requisitos que configuran dicho fenómeno.   

Un  total  desconocimiento  de  la  técnica  casacional  es  lo  que  muestra  este  argumento del censor, cuando entremezcla  alegaciones  propias  de  la violación indirecta de la ley sustancial al atacar  la  prueba  en  la  que  se  sustenta el fallo, con las de la violación directa  tendientes  a  criticar  la  valoración  de  los presupuestos jurídicos de los  cuales  se  nutre la figura de la coautoría, sin llegar a determinar en cuál o  cuáles de esos requisitos falló el juzgador en su análisis.   

          Otro  tanto  podría  decirse  del planteamiento de la duda pues, no  empece  a su formulación correcta, se queda en el plano de la mera enunciación  como  quiera  que  para  que una tal censura prospere es necesario demostrar que  los  juzgadores  de instancia incurrieron en errores de hecho o de derecho en la  apreciación  de  las pruebas y que sólo en los elementos de convicción que se  duelen  de  tales  yerros se sostiene la sentencia.  Dicho ejercicio brilla  por su ausencia en el libelo.   

          SEGUNDO CARGO.   

          Violación  directa  de  la  ley sustancial por falta de aplicación  del  artículo 24 del C. Penal que reglamenta la complicidad, es el reproche que  como cargo subsidiario formula el casacionista.   

          El  desatino  del censor es evidente pues al desarrollar la censura,  en  lugar  de  presentar  su  fundamentación  en  el  plano de lo estrictamente  jurídico,  critica  la  prueba  de  cargo  por  el grado de credibilidad que el  juzgador   le   otorgó   “dejando   de   lado  las  exculpatorias”,  para  así  cimentar  el respectivo  juicio  de reproche atribuyéndole a los justiciables la calidad de coautores en  relación con el delito investigado.   

          Nada  más  desacertado,  toda vez que el ataque por la vía directa  presupone  la  aceptación  de  los  hechos y las conclusiones probatorias de la  sentencia,  aspectos  estos  que el censor empieza por desconocer. Con reiterada  insistencia  ha  dicho  la  Corte  que  una tal censura limita la controversia a  razonamientos  de  puro derecho para demostrar los defectos de aplicación de la  ley  sustancial,  ya  sea  por haberse ignorado la norma, ora por un yerro en la  selección  de  la  misma,  o  bien  porque se ha interpretado erróneamente. La  desacertada  presentación del cargo, entonces, le impide conocer a la Sala qué  es lo que realmente se propone el actor.   

          En   conclusión,   no  consultó  el  casacionista  las  exigencias  mínimas  del  artículo 225 del C. de P. Penal para una demanda de casación en  forma,  razón  suficiente  para  que  el  libelo sea inadmitido de plano con la  consecuente  declaración de deserción del recurso, conforme con lo que para el  efecto dispone el artículo 226 ejusdem.   

          En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA   DE  CASACION  PENAL,   

RESUELVE  

          Rechazar  in limine la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  de  los procesados EDGAR  ORLANDO   LÓPEZ   CASALLAS,  HANS  ARISTÓBULO  CONTRERAS  GÓMEZ  y   JAVIER  MARTÍNEZ  GÓMEZ,   contra  el  fallo  de  fecha,  origen,  naturaleza  y  contenido  indicados,   conforme  a  las  motivaciones  plasmadas  en  el  cuerpo  de  este  proveído.   

          En        consecuencia,        se        declara        desierto el recurso.   

          Por  disposición  de  los  artículos 197 y 226 del C. de P. Penal,  contra la presente decisión no cabe recurso alguno.   

          Cópiese,    comuníquese    y    devuélvase    al    Tribunal   de  origen   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

                                                                                                           No   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *