14079d

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 14079  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 34  

          Santafé  de  Bogotá,  D.  C.,  diez  de  marzo  de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS:  

          En  sentencia  del  11  de  agosto  de 1997, el Tribunal Superior de  Santafé  de  Bogotá  confirmó el fallo proferido por el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  según el cual el procesado JOSÉ GERARDO  CORTÉS  VARGAS  fue condenado a la pena principal de cuarenta (40) años y ocho  (8)  meses  de prisión, como autor del delito de homicidio agravado cometido en  contra  de  la  vida  de JOSÉ VICENTE RIAÑO NIÑO, en concurso con el de porte  ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

         

          Concedido  el  recurso  extraordinario de casación propuesto por el  defensor,  se  ha  presentado  la  respectiva  demanda  y,  en  atención  a los  lineamientos  de los artículos 220 y 225 del Código de Procedimiento Penal, la  Sala examinará los requisitos formales del escrito de incoación.   

HECHOS   Y   SÍNTESIS  DE  LA  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

          El  tribunal  ha  aceptado  que  el  cruento episodio acaeció en la  transversal  6ª N° 38-45 sur, barrio La Victoria de esta capital, el día 5 de  mayo  de  1996,  aproximadamente  a  las  10:30 horas de la mañana.  A esa  hora,  JOSÉ VICENTE RIAÑO NIÑO se dedicaba a limpiar un carro al frente de su  residencia,   situada   en   el  mencionado  suburbio,  acompañado  de  algunos  familiares  y  amigos,  cuando  de  repente  un  sujeto se acercó al sitio y le  disparó  en  tres  (3)  oportunidades,  ocasionándole las graves heridas en el  cerebro que más tarde le produjeron la muerte.   

          El  agresor  huyó del lugar pero a poca distancia fue capturado por  la  policía, gracias a las voces de auxilio de personas que lo persiguieron sin  perderlo  de  vista.   El  retenido  fue  identificado  como  JOSÉ GERARDO  CORTÉS  VARGAS  y  se le incautó un revólver calibre 38 largo, marca “smith  &  wesson”,  provisto  de  cuatro  (4) proyectiles y dos (2) vainillas, el  cual portaba sin el respectivo salvoconducto.   

          Por  estos hechos, la Fiscalía dio comienzo a la investigación, le  recibió  indagatoria  al  capturado  y  posteriormente lo afectó con medida de  aseguramiento  (fs.  17,  25  y 47).  El Fiscal 46 Delegado ante los Jueces  Penales  del  Circuito  profirió  la  resolución del 27 de agosto de 1996, por  medio   de   la   cual  acusó  al  procesado  Cortés  Vargas  como autor de los hechos punibles de homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de arma de fuego de defensa personal, de conformidad  con  los  artículos  323  y  324-7  del Código Penal y 1° del Decreto 3664 de  1986,   adoptado   por   el   artículo  1°  del  Decreto  2266  de  1991  (fs.  159).   

          Por  conducto  de  la  sentencia  fechada  el  13  de marzo de 1997,  proferida  por el Juzgado Tercero Penal del Circuito, el acusado fue condenado a  la  pena  principal antes indicada y a la accesoria de interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  un  término  de 10 años, además de imponerle la  obligación  de  resarcir los daños ocasionados en cuantía de 2.500 gramos oro  (fs.   251).   El  Tribunal  Superior  confirmó  dicho  fallo  en  segunda  instancia,   por  medio  de  la  decisión  que  ahora  es  objeto  del  recurso  extraordinario (cuaderno 2ª instancia, fs. 17).   

LA DEMANDA Y SUS FORMAS:  

          El  recurrente  aspira a la ruptura del fallo demandado, a partir de  dos  cargos elevados en su contra, el primero a la luz de la causal de nulidad y  el segundo como violación indirecta de la ley sustancial.   

          1.   La  primera censura atañe al testimonio de la señora ANA  MERCEDES  MALAGÓN,  que obra a folios 71 del cuaderno original, el cual no pudo  ser  ampliado  para  el  respectivo  interrogatorio  adicional  por  parte de la  defensa,  dado  que  erróneamente  la  cita  se hizo para una hora en que ya la  audiencia  pública  había  terminado,  y  además  dicho propósito tampoco se  había  podido  cumplir  durante la fase de la instrucción.  Esta testigo,  según  lo  dijo ella misma, fue buscada para declarar en términos contrarios a  la  verdad,  razón  por  la cual era necesario interrogarla de nuevo para saber  quién  pretendía  manipularla  y  hacia  dónde  se  orientaba el interés del  extraño    (en    favor   del   procesado   o   de   los   familiares   de   la  víctima).   

          La  búsqueda  de  tales  elementos  de  juicio  hacía  parte de la  concreción  del principio de imparcialidad, de acuerdo con el artículo 249 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  de modo que todos los obstáculos reseñados  para  obtener esa anhelada claridad, al final conjuran contra las garantías del  debido  proceso  y  la defensa, en desmedro del artículo 29 de la Constitución  Política,  cuya  violación  está  prevista  como  causal  de  nulidad  en  el  artículo 304, numerales 2° y 3° del Estatuto Procesal Penal.   

          Lo  primero que se advierte es la ausencia en la demanda de una cita  relacionada  con  el  contenido  incriminatorio  del  testimonio  de  la señora  Ana  Mercedes  Malagón, pues  sólo  en  un conjunto integrado por sus aseveraciones y las posibles respuestas  a  las  preguntas  que se echan de menos, podrá saberse el sentido y el alcance  de  la  expresión  aquella  de  que  ella  fue  buscada  para  que declarara en  términos  contrarios  a  la verdad.  Además, en el escrito de iniciación  del  recurso  no  se  dice  cuál  fue la trascendencia que el tribunal le dio a  dicho   testimonio,   ni   menos   qué  se  dijo  en  la  sentencia  sobre  tal  manifestación de la testigo.   

          Se  dice  lo  anterior por cuanto, de acuerdo con el contenido de la  prueba  que  debió resaltar la demanda, bien podría llegarse a una conclusión  sobre    si   las   codiciadas   preguntas   adicionales   eran   necesarias   o  superfluas.   De  todas  maneras,  también  sería  indispensable plantear  mentalmente  la  supresión del mencionado testimonio, para saber si parejamente  desaparece  el  fundamento  de  la sentencia o, por el contrario, perviven otras  pruebas  con  suficiente  fuerza  de  convicción, todo lo cual hace parte de un  efecto    de    la   regla   de   la   trascendencia   que   no   demostró   el  impugnante.   

          Ahora   bien,   si   se  quería  vincular  la  fallida  ampliación  testimonial  con  los  principios  de  investigación integral, debido proceso y  defensa,  también  era  necesario  demostrar  que  el  instructor y el juzgador  negaron  ese  derecho  a la contradicción como posibilidad, pues, por contrario  modo,  lo  que  la  misma  demanda  enseña  es  que el testimonio aparece en el  proceso  y  la  deponente   en  ese  primer  momento  estuvo  a  merced del  funcionario y los sujetos procesales.   

          De  otra  parte,  si  en  hipótesis  se  acepta  que  la judicatura  impidió  la  contradicción  de  la prueba, tal conducta anómala afectaría la  eficacia  del  medio  probatorio  y en manera alguna la regularidad del proceso,  razón  por  la  cual  surge  como  motivo  para  demandar  el  de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  error  de derecho como falso juicio de  legalidad  (causal  1ª), y no la nulidad (causal 3ª), pues al final el agravio  se  consuma  en  la  aceptación  de  una  prueba ineficaz como fundamento de la  sentencia     (error     in    iudicando).   

          El  actor  asume  que  la  posición de la testigo, al decir que fue  contactada  para distorsionar la verdad, generaría per  se  la  aplicación  del  in  dubio  pro  reo  o  que  lastima injustificadamente la  presunción  de inocencia, o que afecta considerablemente el debido proceso y el  derecho   de   defensa.    Ninguna   de   estas  aseveraciones  cuenta  con  demostración  en el libelo, pues serios vacíos quedan para saber si fue que la  testigo  realmente  accedió a las pretensiones del manipulador o se sobrepuso a  ellas;  y,  en  fin, tampoco se ha alegado la inexistencia de otras pruebas para  mantener  la  certeza  del fallo, como para que de una vez se haya proclamado la  presunción de inocencia o la duda razonable.   

          Es  importante  precisar  que  el  postulado  de  la  investigación  integral  atañe  a  una  dirección  procesal  que muestra la imparcialidad del  funcionario  judicial  en  el  contacto con las fuentes de información, siempre  que  estas  puedan caracterizarse de entrada como inculpatorias o exculpatorias,  bien  por  su  evidente  relación  con los hechos ora por el origen mismo de la  petición.   Esta  actitud  difiere  notoriamente del caso en que la prueba  testimonial  sí  llega al proceso, pero, por la precariedad del interrogatorio,  el  medio  de  convicción  queda  incompleto  y  fácilmente se advierte que el  funcionario  judicial,  a  la  hora  de  decidir,  lo ajusta con agregados de su  propia  cosecha,  porque en tal evento sería necesario objetar la decisión que  lo  estimó  por  un evidente error de hecho como falso juicio de identidad, que  da  lugar  a la violación indirecta de la ley sustancial (causal 1ª), y no por  la  vía  de  la  nulidad  (causal  3ª).   A  ninguno de estos aspectos se  refiere el recurrente.   

          2.   El  segundo  cargo  se  hace  consistir  en  la violación  indirecta   del  artículo  21  del  Código  Penal,  como  norma  de  carácter  sustancial,  debido  a  una  apreciación  errónea  del  informe policial y las  declaraciones  de  Julio  César  Carvajal Rojas y Ana  Mercedes  Malagón.   El actor en este punto hace  su  propia  evaluación  de  las  pruebas,  aduce  que  el tribunal en esa tarea  desatendió  elementales  principios  de  la crítica testimonial y concluye que  solamente   las  versiones  de  los  “deponentes  del  colectivo”  y  de  la  “arrepentida”  Ana  Mercedes  Malagón  disienten  de  lo dicho por el sindicado, los agentes de policía,  los familiares y amigos del occiso.   

          Pues  bien,  la  progresividad característica del proceso penal, en  armonía  con  el  fin restaurador de la vigencia de la ley en casación, indica  que  la demanda debe atacar directamente la apreciación probatoria hecha por el  tribunal,  precisamente  por  ser errónea, y no aplicarse de manera inmediata y  exclusiva  a  la  presentación  de una perspectiva valorativa alternativa sobre  dichas   pruebas.    Ello  por  cuanto,  además,  el  objeto  del  recurso  extraordinario  es  el fallo de segunda instancia y sus valoraciones, no todo el  proceso,  pues por esa pendiente puede desconocerse injustificadamente lo que ya  se  debatió  con  solvencia y se definió con el sello de la jurisdiccionalidad  en las instancias.   

          Por  lo  demás,  dicha dirección característica del proceso penal  no  se  satisface con el mero enunciado abierto de que, la errónea apreciación  del  fallador,  “no  comulga  ni  con  los  más  elementales principios de la  crítica  del  testimonio”.   Todo  esto  exige  una  demostración en la  demanda,  si  se quiere poner la discusión en el nivel de un error de hecho por  falso  juicio  de  identidad, pues a las reglas de la sana crítica no les basta  mostrar  contradicciones  internas  o externas de las pruebas, sino que se trata  de  una  metodología que requiere una evaluación del conjunto probatorio y una  percepción  del  grado  de  las  contrariedades  para inducir racionalmente los  resultados  del  examen.   A  estas  alturas,  precisamente  porque  se  ha  trastocado  el  objeto  de  la  casación,  el  recurrente  no  alude  a si hubo  explicación o silencio del tribunal sobre dichas contradicciones.   

          En  últimas, el escrito de demanda no alcanza a determinar el error  de  hecho  supuestamente  cometido  en  la  sentencia,  ni  tampoco  precisa con  suficiente  argumentación  y  señales de conocimiento si las fallas ocurrieron  en  el  manejo  de  la  lógica  o  de  las  reglas  de  la experiencia común o  científica.   

          Estas  falencias,  en  lugar de conducir a la necesidad de un debate  extraordinario  para  restaurar la vigencia de la ley, desvían el sentido y fin  de  la  casación,  porque atentan contra la claridad necesaria para dicha clase  de  actuaciones.   Se  inadmitirá  la  demanda y el recurso declinará por  falta de sustentación debida.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL   

RESUELVE:  

          Rechazar    in    limine    la  demanda  presentada en favor del procesado JOSÉ GERARDO CORTÉS  VARGAS  y, en consecuencia, declarar desierto del recurso de casación concedido  por el Tribunal Superior de Santafé de Bogotá.   

          En   relación   con   esta  providencia,  de  conformidad  con  los  artículos 197 y 226 del C. de P. P., no es viable recurso alguno.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL               RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE  ENRIQUE  CÓRDOBA  POVEDA    CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                           CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                    

DÍDIMO PAEZ VELANDIA                                                                 NILSON                        PINILLA  PINILLA                          

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.    

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