13809a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 20  

          Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  febrero dieciséis de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS  

          De  acuerdo  con  el  artículo  225  del C.P.P., la Corte procede a  estudiar  el  aspecto  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el  defensor  del  sentenciado  ALBEIRO OSORIO CORRALES contra el fallo del Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Medellín que lo condenó a la pena principal  de  25 años y 6 meses y a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas durante 10 años.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  15 de junio de 1996 en la cantina “El  Porvenir”,  ubicada en la carrera 46 con calle 44 de  la  ciudad de Medellín, a consecuencia de un disparo de arma de fuego hecho por  ALBEIRO  OSORIO  CORRALES falleció Libardo Antonio Montoya cuando se encontraba  libando licor en compañía de otros individuos.   

          La  Unidad Segunda de Reacción Inmediata abrió la investigación y  vinculó  con injurada a ALBEIRO OSORIO CORRALES a quien aseguró con detención  preventiva  como  autor  de  los  punibles de homicidio y porte ilegal de armas,  imputación  que  se  reiteró  en el calificatorio del 6 de noviembre de 1996 y  luego  dio  pie  a  la  sentencia  condenatoria de primer grado proferida por el  Juzgado   9°   Penal   del  Circuito,  la  cual,  al  ser  impugnada,  recibió  confirmación  del  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Medellín con la  reforma  de  considerar  la responsabilidad penal del procesado como derivada de  un actuar doloso y no culposo como la había determinado el a quo.   

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  el  censor  atribuye  al  Tribunal  dos  errores  en  la  estimación de la prueba: un falso  juicio  de  identidad cometido sobre las pruebas testimoniales y un falso juicio  de existencia respecto de la diligencia de necropsia.   

          En  punto  del primero de los supuestos yerros, luego de transcribir  segmentos  de  las  declaraciones  de  Luis Alberto Gaviria, Angel José Muñoz,  Nohelia  de  Jesús  Flórez  y  Luz  Dary Zapata, el casacionista afirma que de  ellos  materialmente  no  se desprende que el sindicado hubiera disparado contra  un   blanco   fijo,   contra   determinada   persona,  o  que  hubiera  recibido  instrucciones       del       apodado       “el  quemado”;   sino que disparó una sola vez, sin  que  obre  prueba  en  el  plenario  sobre  su  intención,  por  lo que en unas  oportunidades  considera  acertada  la  decisión  del  a  quo  al  declarar  al  procesado  responsable  a  título  de  culpa, y en otras reclama como solución  legal  al  caso  el reconocimiento del principio del in  dubio   pro   reo.   De   tal   ejercicio  deduce  la  tergiversación     que     supuestamente     se    hizo    de    los    citados  testimonios.   

          En  cuanto  al  falso  juicio de existencia, parte del contenido del  acta   de   necropsia   para   significar  que  el  ad  quem  dejó  de  apreciarla,   pues  “si  el proyectil tuvo una trayectoria de abajo hacia arriba, y de  atrás  hacia  adelante,  ello  resulta extraño frente a la posición en la que  estaban  la  víctima  (sentado)  y  el aquí procesado (de pie)”,  información  que,  de  un lado, permite explicar que el proyectil  golpeó  primero  una  superficie  dura yendo a ubicarse en la región occipital  del  cráneo  del  occiso, y del otro, que sobre las expresiones de los testigos  surge el estado de duda que imposibilita deducir un dolo eventual.   

          Remata  solicitando  la casación del fallo por estimar violados los  artículos  36  y  323  del  Código  Penal por aplicación indebida, y 37 y 329  ibídem por falta de aplicación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          El  esquema formal exigido en el artículo 225 del C.P.P. constituye  la  base  a  partir  de la cual las demandas habilitan el estudio de fondo de la  cuestión  por  parte de la Corte, pues conforme a estos derroteros es como debe  plantearse  el  juicio  técnico  jurídico  contra el fallo censurado. En dicho  libelo  la  causal aducida resultará de imprescindible observación, tanto como  la  naturaleza  del  yerro,  los fundamentos de su existencia y, en fin, todo un  discurso  lógico  del  que  pueda verse a las claras el compromiso que corre la  legalidad de la sentencia.   

          Estando  regida  la  casación por principios lógicos como el de no  contradicción  y de razón suficiente, no es posible admitir la formulación de  cargos  excluyentes  bajo  el enunciado de una misma censura, y tratándose como  en  este caso de la causal primera en su modalidad de violación indirecta de la  ley  sustancial  por  falso  juicio  de identidad y de existencia, tampoco es de  recibo  la  paladina  incongruencia entre los asertos indicativos del error y la  petición  a que conduce la censura, pues con ello el escrito se convierte en un  texto desprovisto de claridad y precisión.   

          En  el  caso a estudio prontamente aflora el incumplimiento de estos  requerimientos  de forma, tornando inidónea la demanda, pues simultáneamente y  dentro  del mismo cargo el censor reclama una forma de culpabilidad culposa para  luego  echar  de  menos la aplicación del IN DUBIO PRO  REO,  incurriendo así en una inaceptable dilogía que  muestra  incoherente  el  reproche y deja a la Corte sin posibilidad de remediar  la  situación,  porque  el  principio de limitación que rige el extraordinario  recurso  no  le  da  margen  para elegir una entre las distintas opciones que al  desgaire presenta el demandante.   

          Es  que  si  se aduce falta de aplicación de la norma que prevé el  beneficio  de  la  duda  en  favor  del  procesado,  es  porque  no existe   posibilidad  de  predicar  forma alguna de culpabilidad en su proceder; reproche  este  que  deviene  contradictorio  con  el pedimento de reconocer para el mismo  sentenciado  la determinación de responsabilidad penal a título de culpa, pues  ello  supondría  la  negación  de  lo  que  antes  se  aceptaba,  esto  es, la  existencia de la duda.   

          Pero  aunque  suficiente  para  producir el anticipado rechazo de la  demanda,  este  no  es  el  único  desatino  que  impide  el avance del recurso  interpuesto,  pues  hay  otros  que  llevan a concluir que el censor en lugar de  avenirse  a  los  contenidos  del  artículo  225  del C.P.P., para enjuiciar la  legalidad  de la sentencia impugnada, lo que pretende es convertir la demanda en  instrumento  destinado  a combatir las deducciones del fallador, a manera de una  tercera instancia.   

          Es  así como el censor omite señalar los textos del fallo mediante  los  cuales  el  Tribunal  supuestamente desfiguró el contenido material de las  pruebas,  abandonándose  a  un  cargo  tan incompleto como que de su desarrollo  resulta  imposible  comprender  en  qué  consistió el error, dejando traslucir  más  bien  la  clara  intención  de  llegar  a conclusiones diversas a las del  fallador,   según  las  propias  conveniencias  en  la  interpretación  de  la  probanza,  con  evidente  desconocimiento  de  la doble presunción de acierto y  legalidad de que viene investida la sentencia.   

Al  efecto  véase que sobre el testimonio de  Angel  José  Muñoz  Rincón, repara: “El declarante  nunca   dijo  que  el  aquí  sindicado  haya  disparado  el  arma  contra  los  contertulios; lo que señaló  fue     que     el     procesado    ´apuntó    hacia    la    mesa’  algo bien diferente de lo que narró  el  Juzgador  Ad Quem. De ahí no puede inferirse una acción realizada con dolo  eventual,  sino una conducta imprudente que produjo la muerte de una persona”.  Algo  parecido  ocurre  con la referencia que hace del  testimonio   de   Luz   Dary   Zapata   García,   cuando  apunta:  “  Desconocido  el  contenido  de  ese diálogo, mal puede saberse  entonces  con qué finalidad efectuó Albeiro el disparo. Consecuencialmente, se  originaba  allí  una duda insalvable que debía ser resuelta por el Juzgador en  beneficio del procesado”.   

          Y  en  lo  atinente al falso juicio de existencia por omisión de la  necropsia,   igual   glosa   puede   hacerse,  pues  si  el  censor  propone  un  planteamiento  en procura de hacer ver cómo  el recorrido del proyectil no  es  compatible  con la posición que tenían los protagonistas al momento de los  hechos,  nada  diferente  a este su particular punto de vista se encuentra en la  demanda  que  le  permita a la Corte la confrontación con los también omitidos  términos  que  sobre el punto contempla la sentencia censurada para a partir de  allí  juzgar la incorrección de su discernimiento y la trascendencia del error  en el fallo demandado en casación.   

          En  síntesis,  para  la  Corte  la demanda no reúne las exigencias  formales  previstas  en  el  artículo  225  del  C.P.P.  y  por ende sólo cabe  disponer    su    rechazo    in    limine    y   la   deserción   del   recurso  interpuesto.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          1.   RECHAZAR  IN  LIMINE  la  demanda  de  casación   presentada   por   el   defensor   del   procesado   ALBEIRO  OSORIO  CORRALES.   

          2.   DECLARAR   DESIERTO   el  recurso  de  casación  concedido por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín  dentro del presente asunto.   

          3.  DEVOLVER  el  expediente a su lugar de  origen.   

          Esta  decisión  no  admite recurso alguno, conforme lo disponen los  artículos 197 y 226 del C.P.P.   

Comuníquese y Cúmplase  

JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                              RICARDO  CALVETE  RANGEL   

JORGE   E.   CÓRDOBA   POVEDA                                  CARLOS    A.   GALVEZ  ARGOTE                                       

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                                                                CARLOS  E. MEJÍA  ESCOBAR   

DÍDIMO    PAEZ    VELANDIA                                                        NILSON PINILLA PINILLA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria  

    

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