13721a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente   

          Dr. JORGE E. CORDOBA POVEDA   

          Aprobado      acta     N� 16   

Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  nueve  (9) de  febrero de mil   

novecientos     noventa     y    nueve  (1999).   

          V I S T O S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre del procesado FREDY          HERNÁN         GONZÁLEZ         FRANCO.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-  Los  hechos  los  sintetizó el Juzgado  Regional así:   

         “Como  es  de  público  conocimiento,  tuvieron  ocurrencia  en la  década  de los años ochenta y principios de los noventa, cuando se estructuró  y   consolidó  la  organización  criminal  denominada  “Cartel  de  Medellín,  conocida  además  como  “Organización de Pablo Emilio Escobar Gaviria”, “Grupo  de   Extraditables”   y   “Oficina”,  dedicada  al  cultivo  de  hoja  de  coca,  fabricación,  transporte  y  comercialización de estupefacientes en general, a  través  de  la  cual lograron acumular un poder económico incalculable, con el  cual  osan  retar  y  cuestionar  el  poder del Estado colombiano legítimamente  constituido,  tendiente  a doblegarlo, buscando de una parte la impunidad de los  atroces   e  innumerables  delitos  comunes  cometidos  y  por  otra  evitar  la  extradición  de  sus integrantes. Con tal fin desatan entre los años de 1988 y  1992,  una serie de actos terroristas sin antecedentes en la historia del país,  llegando  inclusive,  a  atentar  y exterminar familias que hacían parte de esa  organización  por  desavenencias  surgidas a su interior, sumergiéndose en una  orgía  de  sangre  y  terror,  lo  que  obligó  a  algunos  de éstos a buscar  protección  en las autoridades y delatar a sus antiguos compinches. Facilitando  de  esta  manera  la  desarticulación,  ya  en  proceso,  de  la  organización  criminal.   

         “Algunos  de  los  integrantes  del  referido  Cartel de Medellín,  aceptaron  cargos formulados por la Fiscalía Delegada en relación con diversos  hechos  punibles  cometidos,  y  que  son la base para la decisión a tomar, tal  como se relaciona a continuación:   

         “2.1-   Referente  a  Fredy  Hernán  González  Franco,  a.  Fredy  Misterio:   

         

         “2.1.1-  A mediados del mes de junio de 1.992, Jhon Jairo Posada a.  Tití,  Fredy  Hernán  González  Franco  a.  Fredy Misterio y Alias Valmer, se  enteraron  que  la menor Gómez Pabón, gastaba en público muchos dólares, por  lo  que  deciden  secuestrarla con el fin de presionarla y exigirle información  sobre  cómo  obtenía  el  dinero,  que  a  manos llenas usaba. Para tal efecto  logran  que  el  novio  de la adolescente la conduzca hasta un sitio previamente  acordado  donde proceden a retenerla y conducirla al barrio Las Brisas, al mismo  tiempo   que   bajo  tortura  logran  enterarse  del  lugar  donde  extraía  el  circulante,  llevándola  posteriormente  a un motel en espera que apareciera su  progenitora,  quien  sabía  la  clave de la caja fuerte, donde se encontraba el  dinero.  Al  ver  que no aparecía, planean llevarla hasta la casa, sumándosele  otras  personas,  quienes les ayudaron a violentar la vivienda y la caja fuerte,  utilizando   Fredy  Misterio,  un  revólver  calibre  38  para  realizar  tales  conductas,  es así como engañosamente penetraron a la residencia apropiándose  de  veinte millones de dólares que se encontraban allí transportándolos en un  Renault,  el  cual  estaba  parqueado  en  el  garaje  de  la vivienda. Dinero y  residencia  pertenecientes  a  Fernando Galeano Barrio, quien acude a su antiguo  amigo  y  compinche  Pablo Escobar Gaviria, con el fin de tratar de recuperar el  circulante,  pero  al  darse  cuenta  que  los  autores  eran esbirros de éste,  desiste.   

         “2.1.2.  –  Encontrándose los agentes de Policía Arturo González  Pérez  y Carlos Enrique Peña Novoa, prestando seguridad en calidad de escoltas  al  Teniente  Coronel Gustavo Adolfo Trujillo C, el día 26 de octubre de 1.992,  viajaron  del  Espinal (Tolima), con destino a esta capital, para lo cual usaron  dos  vehículos, uno de éstos camioneta Toyota cuatro puertas color azul, en la  que  los  gendarmes  cumplían  su  deber. Al llegar los rodantes a la ciudad de  destino  y a la altura de la carrera 80 con calle 30, donde existe una glorieta,  la  camioneta  fue cerrada por un taxi de servicio público, al mismo tiempo que  era   rodeada  por  un  Mitsubishi,  color  plata,  y  dos  automóviles  Swift,  bajándose  del  montero  un individuo quien gritaba insistentemente remataran a  los  policías,  para  evitar  quedaran  con vida, con tal propósito utilizaron  diversas  armas  entre  otras  fusiles  R-15  y  ametralladoras,  arrojando como  resultado  la  muerte  de  Peña  Novoa  y  quedando gravemente herido González  Pérez.  Uno  de  los rodantes era conducido por Fredy Hernán González Franco,  lo que hacia por promesa remuneratoria.   

         “2.1.3  –  Siendo las 2:30 de la madrugada del día 19 de diciembre  de  1.992, la mayoría de los integrantes del cartel de Medellín, entre los que  se  hallaba Fredy Hernán González Franco, alias Fredy Misterio, se encontraban  reunidos  en  Envigado,  por  citación de parte de Escobar Gaviria, luego de un  aviso  que  éste  recibiera  se  dirigieron comandados por él hasta la casa de  habitación  del  Capitán  de  la  Policía Fernando Posada Hoyos, quien en ese  momento  se  hacia  acompañar  de  la  dama  María Cristina Echeverri, una vez  allí,  previa  planeación y ponderación de los actos terroristas a ejecutar y  de  acuerdo  a  órdenes  dadas  por Escobar, a través de megáfonos, radios de  comunicación   y  bepper,  procedieron  a  colocar  varios  kilos  de  material  explosivo,  accionándolo,  destruyeron  parcialmente la vivienda, logrando así  ingresar  a  la  morada diez hombres, fuertemente armados y vestidos con prendas  privativas  de  la fuerza pública, rematándolo, causándole la muerte en forma  instantánea;   acto  seguido  secuestran  a  la  acompañante  de  la  víctima  golpeándola,  provocándole  heridas  y  presionándola  psicológicamente para  obtener  información  relacionada  con  las actividades del capitán, como Jefe  Regional  de  Inteligencia  número  dos de esta ciudad. En su retirada disparan  contra  una  de  las radiopatrullas que pretendieron auxiliar al oficial y a sus  dos  escoltas.  Se  dirigieron posteriormente a la casa de habitación donde fue  dado  de  baja  el delincuente alias Tayson, procediendo a colocar otra cantidad  de   dinamita.  De  regreso  algunos  ingresaron  al  establecimiento  comercial  denominado  “Martha  Pintuco”,  y otros se ubicaron en su alrededor y despojaron  al  celador  de  la  empresa  expertos en seguridad que prestaba vigilancia a la  fabrica  Pintuco,  una escopeta calibre 16, No. 14189 y su cartuchera. Conductas  criminales  realizadas  usando  armas  de  uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

         “2.1.4-  De  lo  narrado  inequívocamente  se  concluye  que Fredy  Hernán  González  era  miembro  activo  del  denominado  Cartel  de Medellín,  comandado  entre  otros  por  el  peligroso  delincuente  Pablo  Emilio  Escobar  Gaviria,   quien   para   facilitar   y   lograr  cumplir  con  las  actividades  delincuenciales  asignadas  por  éste  último,  portaba  y  usaba  cédula  de  ciudadanía,  libreta  militar y carnet de empleado de Veracruz TV., a nombre de  Jesús                       Urrego                       Carvajal”.                       

2.-  El Juzgado Regional de la ciudad de  Medellín,  mediante  sentencia anticipada del 9 de octubre de 1996, condenó al  procesado  FREDY HERNÁN GONZÁLEZ FRANCO  a la pena principal de 20 años de prisión y a las accesorias de  rigor,  como  coautor  de  los delitos de secuestro extorsivo, secuestro simple,  doble  homicidio  agravado,  homicidio agravado en grado de tentativa, concierto  para  delinquir,  hurto  agravado  y  calificado,  porte  ilegal de armas de uso  privativo  de  la  fuerza pública y de defensa personal, empleo de sustancias u  objetos   peligrosos,   utilización  ilícita  de  equipos  de  transmisión  o  receptores y uso de documento público falso.   

En  la misma sentencia se condenó a Otoniel  de  Jesús  González  Franco  a  la  pena  principal  de  8  años y 8 meses de  prisión,  como  coautor  de la conducta consistente en pertenecer a un grupo de  sicarios u organización terrorista.    

Por  no  habérsele  otorgado  las  rebajas  punitivas  contempladas  en  los  decretos  3030 de 1990, 303 y 2265 de 1991, el  defensor  del  sindicado  González  Franco  interpuso  el recurso de apelación  contra  tal decisión, el cual al ser desatado por el Tribunal Nacional, el 5 de  marzo de 1997, la confirmó en lo fundamental.   

Contra  el  fallo de segunda instancia y por  las  mismas  razones,  la  defensa del sentenciado González Franco interpuso el  recurso extraordinario de casación.   

         LA  DEMANDA  DE  CASACION   

El  defensor  del  procesado  Fredy  Hernán  González  Franco,  al  amparo  del  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera de  casación,  formula  un  único  cargo contra la sentencia de segunda instancia,  cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Acusa  el  fallo de ser violatorio de la ley  sustancial,  de manera indirecta, por error de hecho generado en un falso juicio  de  existencia,  al  desconocerse de manera flagrante e ilegal la confesión del  procesado.   

Aduce que las sentencias de instancia están  en  “discordancia”  con  la  ley  procesal  y,  en especial, con los decretos de  sometimiento  a  la  justicia.  Ello  es  así por cuanto que no se concedió la  diminuente  por  razón de la confesión, yerro éste que surgió cuando el juez  colegiado    erró    “por   un   juicio   falso   de   existencia,   en   forma  indirecta”.   

En  el  acápite  que el libelista denominó  “DEMOSTRACIÓN  Y  FUNDAMENTACIÓN JURÍDICA DE LA CENSURA”, hizo las siguientes  afirmaciones:   

Que  el  procesado  compareció  en  forma  voluntaria  a  la  justicia,  con  el  fin  de hacerse acreedor a los beneficios  consagrados en los decretos de los años de 1990 y 1991.   

Que  “como lo consignó expresamente el juez  de  la  causa  a  folio 10 y siguientes de la sentencia, está demostrado dentro  del   protocolo  penal  que  FREDDY  GONZÁLEZ  FRANCO  aceptó  en  su  primera  indagatoria  haber  coparticipado en el plagio de la menor Gómez Pabón y haber  sido  coautor  del delito de hurto agravado de la suma gruesa de dólares de que  trata el informativo”.   

Que  en  la  indagatoria  rendida  por  su  prohijado  aceptó  la  participación  del  homicidio con fines terroristas del  capitán  Fernando  Posada Hoyos y la tentativa de homicidio con igual finalidad  en el coronel Caldas Trujillo.   

A  renglón seguido sostuvo:  

         “Es  una  interpretación  errónea, equivocada el afirmar, como lo  hizo  el sentenciador, que por el solo hecho de no haber entregado las armas con  que se cometieron los ilícitos la diminuente no prospera”.   

Posteriormente,  basado  en una apreciación  personal,  hace  un  breve  análisis en torno a los artículos contenidos en el  decreto  3030  de  1990, concluyendo que para la concesión de la rebaja de pena  no  es  requisito  indispensable  la  entrega  de  los bienes provenientes de la  ejecución  de los delitos como, en su criterio, equivocadamente lo entendió el  juzgador de primera instancia.   

Reconoce  que  la confesión del sentenciado  “fue  el  fundamento  de la declaratoria de responsabilidad como se desprende de  la  misma  providencia,  ya que este requisito lo niega como concurrente el juez  colegiado”. A continuación agregó:   

         “El  A-quo  (sic)  erró  al  negar la confesión dado que en forma  indirecta  quebrantó la ley de sometimiento en particular los artículos 10 del  decreto   3030   de   1990   y   el   1�  del  decreto  2047 del mismo año, a través de un error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia  en  razón  de  haberle dado a las normas un  alcance que no tienen…”.   

         “Si  se  tiene  en  cuenta que el confesante virtió su confesión  muchos  días  después  de su sometimiento no le era posible entregar las armas  así  las  hubiere  tenido  antes.  La  ley  no  puede  pedir  imposibles  a los  hombres.   

        “Así  mismo  la  ley  planteó  la posibilidad de que el sometido  entregara  las armas pero no demandó en forma expresa la obligación perentoria  e  irreductible de la entrega de bienes o armas y menos si el delito principal y  único confesado no fue el porte ilegal de armas.”   

        “El  Ad-quem  incurre en idéntico error jurídico en la sentencia  de  segundo grado, pues le da alcance a unas normas de sometimiento que no tiene  en forma indirecta por un auténtico falso juicio de existencia”.   

Luego  de citar y trascribir las normas que  estima  transgredidas,  solicita a la Corte casar parcialmente el fallo y, en su  lugar,   reconocer   en   favor  de  su  representado  la  rebaja  a  que  tiene  derecho.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

La demanda de casación no es una alegación  contentiva  de subjetivas apreciaciones personales, sino que debe ser un escrito  sistemático  que  indica  y  demuestra,  lógica  y jurídicamente, los errores  cometidos  en  la  sentencia  y que son violatorios de una norma sustancial o de  una  garantía  judicial.  Por  ello,  su  construcción  debe  ceñirse  a  las  exigencias  mínimas  de  forma  y  contenido que establece el artículo 225 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  de  cuyo cumplimiento depende que prosiga el  trámite  del  recurso,  pues  su  inobservancia  impide  un  pronunciamiento de  fondo.   

Planteadas  así  las cosas, resulta fácil  observar  que  el  libelo presentado por el defensor del procesado no reúne las  formalidades legales para su admisión.   

De la simple lectura se infiere la falta de  claridad y precisión en el cargo formulado.   

En  efecto,  una  vez más debe reiterar la  Corte  que  la  causal primera de casación tiene dos modalidades, la violación  directa  y  la  indirecta  de  la  ley  sustancial. En la primera se aceptan los  hechos  y  las  pruebas  tal  como  fueron  apreciados  por  el  juzgador. No se  cuestionan  los  elementos  de  convicción. El desacierto es de selección, por  falta  de  aplicación  o  por aplicación indebida de la norma sustancial; o de  interpretación,  cuando  se  acierta  en  la  selección  del precepto que debe  regular  el  caso  y se aplica, pero se le da un sentido o alcance que no tiene.  Por   lo   mismo   la  interpretación  errónea  es  propia  de  la  violación  directa.   

Ahora bien, cuando se trata de la violación  indirecta,  el conculcamiento de la ley sustancial es mediato, pues el quebranto  surge   de   la  deformación  del  hecho  juzgado  a  través  de  la  errónea  apreciación de los medios de convicción.   

Tales yerros pueden ser de hecho o derecho.  Los  primeros  se  generan  por  falsos juicios de existencia (por suposición u  omisión  de  la  prueba)  y de identidad (cuando se tergiversa o distorsiona su  contenido   fáctico).   Los   segundos,   por  falsos  juicios  de  convicción  (desconocimiento  de las reglas que tarifan la fuerza persuasiva de la prueba) y  de  legalidad  (cuando  han  sido  practicadas  o  incorporadas  al  proceso con  vulneración de las normas que condicionan su validez).   

En esta vía, los desaciertos cometidos por  el  sentenciador  en  la  apreciación  de  la  prueba,  solo pueden llevar a la  vulneración  del precepto sustancial por falta de aplicación o por aplicación  indebida, pero no por interpretación errónea.   

En  el  caso  que  ocupa la atención de la  Sala,  el  casacionista  denuncia  la violación indirecta de la ley sustancial,  generada  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  pero  en el  desarrollo  de la censura acusa, de manera ilógica, la interpretación errónea  de  la  ley,  sentido  que  es propio de la transgresión directa, como antes se  explicó.   

Así,  aunque  sostiene  que  el  juzgador  desconoció  “flagrantemente  la  confesión del procesado”, generándose, en su  criterio,  una  violación indirecta de la ley sustancial “por un error de hecho  por  falso  juicio de existencia”, en la sustentación de dicha afirmación hizo  aseveraciones  propias de la transgresión directa de la norma sustantiva, tales  como  que  “es una interpretación errónea, equivocada el afirmar, como lo hizo  el  sentenciador,  que  por  el  solo  hecho de no haber entregado las armas, la  diminuente  no  prospera”;  o que el fallador cometió “un error… en razón de  haberle  dado  a  las  normas  un  alcance que no tienen”; o que, finalmente, el  tribunal  le  dió  un  alcance  “a  unas normas de sometimiento que no tiene en  forma indirecta por un auténtico falso juicio de existencia”.   

Ahora bien, si el ataque estaba circunscrito  al  cuerpo  segundo  de  la  causal  primera,  el  recurrente simplemente debió  demostrarle  a  la  Corte  que el sentenciador ignoró apartes de la indagatoria  rendida  por  el  procesado  que  contenían la confesión reclamada, para luego  enseñarle  que  por  dicho error no se aplicó la ley sustantiva que otorgaba a  su  defendido  la  disminución  de la pena objeto del reproche y si el desatino  consistió  en  haberle  dado  al precepto un sentido que no tiene, se ha debido  enunciar  y  demostrar  su  interpretación  errónea,  pero  sin  cuestionar el  aspecto probatorio.   

Al mezclar en el desarrollo del reproche los  2   sentidos  de  vulneración  de  la  ley  sustantiva,  la  demanda  se  torna  ininteligible.   

Frente  a  las  anotadas  falencias  de  la  demanda  y  dado  que  a  la Corte no le es permitido en virtud del principio de  limitación,  entrar  a  suplir  sus  inconsistencias,  se impone su rechazo, de  acuerdo  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  226 del Código de Procedimiento  Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

RECHAZAR     IN    LIMINE  la demanda de casación presentada por el defensor del procesado  FREDY    HERNAN    GONZÁLEZ    FRANCO.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso extraordinario  de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno (arts. 197 y 226 del Código de Procedimiento Penal).   

Cópiese y cúmplase.  

        JORGE     ANIBAL    GOMEZ    GALLEGO                               

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                               RICARDO     CALVETE  RANGEL                                     

JORGE   E.   CORDOBA   POVEDA                                    CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                       

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                 CARLOS  E.  MEJIA ESCOBAR                                    

DIDIMO    PAEZ    VELANDIA                                        NILSON E. PINILLA PINILLA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria     

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