13714a

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 13  

          Santafé  de  Bogotá,  D.  C.,  tres  de febrero de mil novecientos  noventa y nueve.   

VISTOS:  

          Como   quiera  que  el  Tribunal  Superior  de  Tunja  ha  concedido  debidamente  el  recurso  de casación propuesto en contra de la sentencia del 3  de  marzo  de  1997,  dictada  en  segunda  instancia por la misma Corporación,  procede  la  Sala  a  examinar  la  admisibilidad de las demandas presentadas en  nombre  de  la  Cooperativa Integral de Transportadores  “Omega  Ltda.” y la señora MARIA LUCILA FORERO DE  BRICEÑO,  en  calidad  de  terceros  civilmente  responsables,  y  en favor del  procesado FERNANDO BRICEÑO FORERO.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

         

          Antes  de  decidir,  conforme  con los artículos 220, 225 y 226 del  Código  de  Procedimiento Penal, ha menester tener en cuenta que los hechos que  dieron  origen  al  proceso,  de  acuerdo  con  los  fallos de instancia, pueden  sintetizarse de la siguiente manera:   

           FERNANDO   BRICEÑO   FORERO,  apodado  “mulo”,  era  el  conductor  asalariado  del  bus  de  placas SFN 765, marca  “chevrolet”,  modelo  91,  afiliado a la empresa Rápido El Carmen Ltda. del  municipio  de  Ubaté  (Cundinamarca),  y  cuya  tenencia  responsable la había  obtenido  la  señora  MARIA  LUCILA  FORERO DE BRICEÑO, madre del operador del  vehículo,  por  medio  del  contrato  leasing  N°  741  celebrado  con LEASING  GRANCOLOMBIANA S. A., Compañía de Financiamiento Comercial.   

          Pues  bien,  el  día  16 de octubre de 1993, el señor Briceño  Forero,  después de realizar un  viaje  a  la  población  de  Girardot, se encontraba en la Terminal de Buses de  esta  capital,  lugar  en el cual fue contactado por servidores de la empresa de  transportes  OMEGA  LTDA.,  quienes  le  ofrecieron  realizar  un  transporte de  pasajeros  a  la localidad de Barbosa (Santander), efecto para el cual, después  del  acuerdo, se expidieron los tiquetes a los viajeros y se asentó la planilla  en papelería de la transportadora oferente.   

          El    rodamiento   hacia   el   destino   indicado   se   emprendió  aproximadamente  a  la  media noche de la mencionada fecha, y, según lo indican  las  pruebas,  el  automotor llevaba sobrecupo de pasajeros, se desplazaba a una  velocidad  superior  a  la  reglamentaria  y estableció que, tanto el conductor  como  el  ayudante  GERMÁN NEUSA ÁNGEL, ingirieron continuamente licor durante  el  trayecto.   Ocurrió  entonces que el vehículo, sin mermar la excesiva  velocidad,  pasó  estruendosamente  por  encima  de  un obstáculo (“policía  acostado”)  puesto  sobre la vía, como señal de cautela antes de ingresar al  puente  la  Libertad  sobre  el río Suárez, ya en las goteras del municipio de  Barbosa,  sobresalto  que  dio  lugar  a  la  pérdida  del  control del bus que  colisionó  aparatosamente  contra  la  tractomula de placas SN 0692, cargada de  yeso  y  conducida  por el señor BELISARIO CAJICÁ VARGAS, que se desplazaba en  sentido  contrario,  y después fue a parar en la berma del lado contrario de la  vía.   

          En  el  impacto  quedó  prácticamente  destrozado  todo el costado  izquierdo  del  bus  de servicio público, algunas sillas se desprendieron de su  lugar  y,  como  consecuencia  del  mismo, perdieron la vida los pasajeros PEDRO  PABLO  GORDILLO  ARIZA,  MILDRED  ARGÜELLO  ARIAS, JOHAN SAÚL OSORIO GRANADOS,  SAÚL  OSORIO  VERA, NOÉ MURILLO DUARTE, ERIKA ASTRID TORRES SIERRA y ROSA DORY  ANGEL  CHAVARRO  BERMÚDEZ;  de  igual  manera, se identificaron como lesionados  NANCY   RUBIELA   CAMACHO   CETINA,  BENEDICTO  CUADROS  CHAPARRO,  ANA  DOLORES  HERNÁNDEZ  DE FORERO y ROMEY EDWIN RIVERA, entre otros, pues algunos heridos se  alejaron del lugar y no aportaron su identidad a las autoridades.   

          Abrió  formalmente  la  instrucción el fiscal 31 Delegado ante los  jueces  penales  del Circuito, radicado en Moniquirá, y vinculó como imputados  a  los  conductores  FERNANDO  BRICEÑO FORERO y BELISARIO CAJICÁ VARGAS.   Según  calificación sumarial que hizo el funcionario instructor, el día 17 de  marzo  de  1994,  en  relación con el primero, se dictó resolución acusatoria  por  el  concurso  de  delitos  de  homicidio  y  lesiones  personales culposos;  mientras  que  en  favor  del  segundo  se precluyó la investigación (fs. 62 y  617).   

          Esa   decisión   calificatoria  fue  impugnada  y,  por  medio  del  resolución  del 3 de junio de 1994, el Fiscal Tercero Delegado ante el Tribunal  de  Tunja  la  confirmó  en  lo  que  fue objeto de apelación (cuaderno de 2ª  instancia, fs. 3).   

          En  la  resolución del 2 de febrero de 1994, el despacho instructor  reconoció  como parte civil a los herederos del finado NOÉ MURILLO DUARTE (fs.  561).   Como la respectiva demanda fue adicionada por el abogado, el fiscal  admitió  tal  adición  en  el  auto  del  9  de noviembre siguiente, ordenando  vincular   como   terceros   civilmente   responsables  a  la  sociedad  LEASING  GRANCOLOMBIANA  S.  A.,  Compañía  de Financiamiento Comercial; la Cooperativa  Integral  de Transportes “OMEGA LTDA.”; la empresa de transportes RÁPIDO EL  CARMEN   LTDA.,   y   la   señora   MARÍA   LUCILA  FORERO  DE  BRICEÑO  (fs.  870).   

          También  se  aceptó  como  parte  civil a la señora MARIA ESMILDA  ARIAS  AMÉZQUITA,  en  su  condición  de  madre de la occisa MILDRED ARGÜELLO  ARIAS,  según  lo  dispuesto  en  la resolución del 16 de febrero de 1994 (fs.  583).   Posteriormente  fue  admitida la extensión de la demanda en contra  de   los   terceros   civilmente   responsables   ya   vinculados   (fs.  587  y  595).   

          Igualmente,  el juez penal del circuito de Moniquirá, ya en la fase  del  juzgamiento,  reconoció  como  parte  civil  a  la  lesionada  ANA DOLORES  HERNÁNDEZ  DE  FORERO,  según  auto  del  12 de octubre de 1994, decisión que  comprende  no  sólo  al  procesado  sino a los terceros civilmente responsables  (fs. 855).   

          Por  razones  de descongestión judicial, le correspondió dictar el  fallo  al Juzgado Quinto Penal del Circuito de Tunja, que está fechado el 17 de  mayo  de  1996,  sentencia  en  la  cual  se  dispone  la  condena del procesado  Fernando Briceño Forero a la  pena  principal  de 43 meses y 20 días de prisión, multa por valor de diez mil  pesos  ($  10.000.oo),  y  suspensión  en  el  ejercicio  de  la  actividad  de  conducción  de  vehículo  automotores por el término de cinco (5) años, como  responsable  de  un  concurso  de  delitos  de  homicidio  y lesiones personales  culposos.   De  igual manera, el juez condena solidariamente al pago de los  perjuicios  al procesado, a la señora Lucila Forero de  Briceño  -poseedora  del  bus-  y  a  la Cooperativa   Integral   de   Transportes   Omega  Ltda.,  como  terceros civilmente responsables, en favor de los herederos  de  los  finados  Pedro  Pablo Gordillo Ariza, Mildred  Argüello  Arias,  Johan  Saúl Osorio Granados, Saúl Osorio Vera, Noé Murillo  Duarte,    Erika    Astrid   Torres   Sierra,   Rosa   Dory   Ángela   Chavarro  Bermúdez,    y    los    lesionados    Nancy  Rubiela  Camacho  Cetina,  Benedicto  Cuadros  Chaparro,  Ana  Dolores  Hernández  de  Forero  y  Martha  Liliana  Quintero Molina (fs. 1481).   

          En  el  fallo  de  segunda  instancia  ya  mencionado,  el  Tribunal  confirma  en  su  mayor  parte  la  sentencia  recurrida, pero la modifica en el  sentido  de  que  los terceros civilmente responsables sólo están obligados al  pago   de   los   perjuicios   en   favor   de  los  herederos  de  Noé   Murillo   Duarte   y   Mildred   Argüello  Arias  y  de la lesionada Ana Dolores Hernández  Forero,  pues  sólo  éstos  presentaron  demanda  de  constitución  de  parte  civil  con vinculación de aquéllos.  Revoca, en  consecuencia,  la  obligación  resarcitoria para los civilmente responsables en  relación  con  los  demás  perjudicados  incluidos  en  el  fallo  revisado y,  finalmente,  lo  adiciona  para  imponer  al  procesado  la  pena  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  tiempo igual al de la  sanción privativa de la libertad.   

EXAMEN FORMAL DE LAS DEMANDAS:  

          I.    DEMANDA   EN   NOMBRE   DE  LA  COOPERATIVA  INTEGRAL  DE  TRANSPORTADORES “OMEGA LTDA.”:   

          A.   Al  amparo  de  la  causal  tercera de casación, el actor  formula dos cargos, así:   

          1.   En  primer  lugar,  aduce  la  nulidad  de  la  actuación  procesal  por  violación  del principio de investigación integral, previsto en  el  artículo  333  del  Código de Procedimiento Penal, conforme con el cual es  deber  de la Fiscalía investigar tanto lo favorable como lo desfavorable.   Ocurre  que  el instructor sólo se preocupó de recaudar las pruebas orientadas  a  establecer la responsabilidad del procesado Fernando  Briceño  Forero,  “y  con marcada injerencia en los  terceros   civilmente   responsables   que   resultaron   condenados   a   pagar  perjuicios”,  pero  omitió  la  práctica  de  una  inspección  judicial que  permitiera  determinar  la  ubicación  exacta  del  “policía acostado”, su  altura  y  la  señalización  sobre su existencia, ni tampoco hizo esfuerzo por  establecer  cuál  fue  el  ente  del  Estado  que  se  encargó de construir el  obstáculo  y  las razones que tuvo para hacerlo; y menos se investigó sobre la  autoridad  que  ordenó  quitar  el  resalto,  porque  se sabe que así ocurrió  después  del accidente, ni los fundamentos que se tuvieron para proceder de esa  manera.   

          La  presencia  del  “policía acostado” en la vía y la falta de  señales  sobre su existencia, agrega el demandante, sin duda constituyó uno de  los  factores  determinantes  del  accidente.   De  modo  que,  la falta de  averiguación  sobre el particular, es a no dudarlo un atentado contra el debido  proceso,  porque  en  el  curso  del  proceso  siempre  se hace referencia a ese  fatídico estorbo.   

          Pues  bien,  esta demanda se anuncia en favor de la empresa “Omega  Ltda.”,  como tercero civilmente responsable, pero el actor va directamente en  defensa  de  la situación del procesado, sin ninguna motivación sobre ese modo  de  proceder,  tal  vez  porque  la  Sala  debe  sobreentender que, dentro de la  dinámica  del  proceso  penal  colombiano,  la  condena civil, en relación con  cualquiera  de  los  obligados,  presupone  una  declaración de responsabilidad  penal del acusado.   

          Quizá  la  misma  suposición hace que el censor se desentienda del  precepto  del  artículo 221 del Código de Procedimiento Penal, según el cual,  cuando  el  recurso  de casación tenga por objeto únicamente la indemnización  de  perjuicios  decretada  en  la  sentencia  condenatoria, ha de acudirse a las  causales  y  cuantía  para  recurrir  previstas  en  las normas sobre casación  civil.   Con  todo,  aunque el actor echa mano de los motivos señalados en  el  Procedimiento  Penal,  la  misma doctrina jurisprudencial de esta Sala se ha  encargado  de  dispensar  la irregularidad como simple informalidad, dado que es  inobjetable  una  línea  de  identidad regulativa  de algunas causales del  recurso  extraordinario  en  ambas  legislaciones,  máxime que en casos como el  presente  la  impugnación en favor del tercero civil se encauza a través de un  ataque a la declaración de responsabilidad penal del procesado.   

          Con  todo, otros vacíos más notorios e impedientes se advierten en  la  formalización  del cargo, porque, a pesar de que el actor echa de menos una  averiguación  sobre  las  señales  que  indicaban la presencia del “policía  acostado”,  no  explica  cuál  sería la trascendencia del establecimiento de  esa  ausencia  de  actividad  probatoria;  es  decir,  la  argumentación  no es  completa,  porque  ciertamente  la  acusación  y  las sentencias admiten que el  resalto  no  estaba  bien  individualizado  en  la vía, pero en el mismo texto,  citado  por  el  demandante, se argumenta que sin exceso de velocidad nada fatal  hubiese  ocurrido.   ¿Porqué no se ocupó el actor de un examen global de  la  influencia de la embriaguez y el exceso de velocidad en la de producción de  los  resultados  dañinos,  al lado del obstáculo en la vía, factores también  señalados   en   las   distintas   providencias  y  reconocidos  por  el  mismo  impugnante?.   

          No  basta  señalar  que  esas  averiguaciones  sobre  la inadecuada  disposición  del “policía acostado” en la vía, de pronto hubiesen servido  para  establecer  responsabilidad del Estado Colombiano por actos u omisiones de  sus  servidores,  y que en tal virtud se habría eximido de responsabilidad a la  empresa  “Omega  Ltda.”, pues, se repite, la conducta de conducir vehículos  automotores,  por  ser  actividad  riesgosa, debe examinarse globalmente y, así  entonces,  no  podría  ligeramente  exonerarse la responsabilidad del conductor  por  la  mera  existencia de un obstáculo en la vía, sin precisar, después de  un  examen  conjunto,  la  real  incidencia  de ese y otros factores (ebriedad y  velocidad    irreglamentaria)    en    la    producción    de    los    eventos  nocivos.   

          Y  se  hace  esta  exigencia,  como  aspecto  formal  de la demanda,  porque,  si  en  gracia  de discusión se acepta el vacío en la investigación,  sería  necesario  ponderar su peso frente al resto de la prueba y de las causas  establecidas,  como  manera  de  conjurar  la  nulidad por la nulidad, sin parar  mientes  en  el  carácter  instrumental  de  las formas procesales y el sentido  residual  o  extremo  de las nulidades en materia procesal penal (C. P. P., art.  30, numerales 1 y 5).   

          2.   El  segundo  cargo  se concreta en la falta de motivación  suficiente   de   la  sentencia  en  relación  con  la  responsabilidad  de  la  Cooperativa  Integral  de Transportadores “Omega Ltda.”, pues ni siquiera se  distingue si tal responsabilidad es contractual o extracontractual.   

          Para  el  análisis  formal  propuesto,  se  echa  de menos aquí la  argumentación   tanto   del   juzgado   como   del   Tribunal  en  torno  a  la  responsabilidad  del  tercero,  argumentación  que  debió citar el impugnante,  pues  sólo  así podría la Corte, en un eventual examen de fondo, contrastar y  sacar  conclusiones  sobre  la  suficiencia  o  insuficiencia  de la motivación  judicial.   El  contenido  de  lo hecho por el Tribunal en la sentencia, en  punto  a  la  justificación  de  la misma, de esta manera, se constituye en una  premisa  insoslayable  para  demostrar  que  aquélla  es  precaria, pues, de lo  contrario, se incurre en petición de principio.   

          Así  entonces,  desde  el  punto  de  vista de la lógica, el cargo  carece  de  razón  suficiente  y, además, cae en otro error lógico al dar por  demostrado  lo  que  precisamente  debe  probar  (petición de principio).   Suficientes estas falencias para mostrar su inidioneidad formal.   

          B.   Ahora  bien,  en  censura  separada,  se  invoca la causal  primera   de   casación,  supuestamente  porque  los  falladores  de  instancia  “incurrieron  en  violación de la Ley sustancial por vía indirecta por error  de  derecho,  por  falso juicio de convicción en la apreciación de las pruebas  que  se tuvieron en cuenta para dar por establecida la responsabilidad penal del  sindicado  y  consecuencialmente  la responsabilidad civil patrimonial contra la  empresa que represento en este proceso”.   

          Se  ve imprecisión del actor en cuanto invoca un “falso juicio de  convicción”  relacionado  con  la  valoración  de la prueba, pues, por regla  general,  esta  labor  no  está  sometida a tarifa legal en el sistema procesal  penal  colombiano,  mas  como  es  frecuente  que  ello  obedezca  simplemente a  erróneas denominaciones, será menester mirar la sustentación.   

          Sostiene  que  los  testimonios  sobre  los  cuales  se  asienta  la  conclusión  judicial  de exceso de velocidad fueron brindados por pasajeros del  automotor,  que  en  su  mayoría  iban  dormidos,  y  por  tanto  no  tienen la  “contundencia  y  fortaleza  necesarias”  para establecer ese elemento de la  responsabilidad.   Por  ello,  estima el demandante que se le ha asignado a  la  prueba testimonial “un sentido que no corresponde a su verdadero contenido  fáctico…”.   

          Sin  embargo,  dispensar  el uso equívoco de la expresión “falso  juicio     de     convicción”,    no    significa    aupar    contradicciones  intolerables.   En efecto, aseverar que las circunstancias en las cuales se  hallaban  los  testigos  (dormidos)  los  hace  no  aptos para declarar sobre la  velocidad  del vehículo, es algo que tiene que ver con la crítica racional del  contenido  de  una prueba, pero cosa diferente e inconciliable con ese juicio es  afirmar  que  se  ha  distorsionado  el contenido fáctico de la misma.  Es  decir,  el  contenido puede existir en la forma probatoria correspondiente, pero  racionalmente  podría  asumirse  inaceptable  por  las  condiciones del testigo  (juicio  de  valor  judicial), lo cual es diferente a que el contenido declarado  por  el  juez  sea  contrario  al  que  reposa  en la respectiva acta (cuestión  meramente  material  y fáctica).  Entre otras cosas, porque no se trata de  que  el testigo sitúe una cifra aproximada de la velocidad, sino de que deponga  sobre la forma como la sintió o experimentó (normal o exagerada).   

          De  otra  parte,  el  actor  ni  siquiera señala cuáles fueron los  testigos  en  los  que se apoyó la sentencia para dar por establecido el exceso  de  velocidad,  ni  cuál  fue  el examen particular y global que se hizo por el  Tribunal  sobre  sus  condiciones  personales  y  sociales y sus potencialidades  probatorias.   

          Ahora  bien,  en  lo  que atañe al estado embriaguez, el recurrente  cuestiona  el  crédito  otorgado  por  el  juzgador  al dictamen del médico de  Moniquirá  (Boyacá), cuando para tal declaración debió sujetarse a la prueba  científica  de  alcoholemia,  supuestamente  porque  así  lo exige el Estatuto  Procesal  Penal,  pero  no ensaya ninguna demostración sobre el apetecido rigor  legal  en  esa  materia ni intenta una descalificación de aquella intervención  médica, por su propio contenido, como prueba científica.   

          Desde  el  punto  de  vista  formal,  la  demanda es inconsistente e  incompleta, razón por la cual se rechazará de plano.   

          II.    DEMANDA   EN  NOMBRE  DEL  PROCESADO  FERNANDO  BRICEÑO  FORERO:   

          1.   Con fundamento en la causal primera de casación, el actor  dice  que  se ha violado directamente la ley sustancial por falta de aplicación  del  artículo  17  de la Ley 360 de 1997, norma más favorable en la medida que  exige  el  “experticio técnico” para la prueba de la embriaguez, razón por  la  cual  el Tribunal no sólo aplicó indebidamente la agravante prevista en el  artículo  330  del  Código  Penal, sino que consideró la ebriedad como uno de  los  factores  causantes  del  siniestro,  al  lado del exceso de velocidad y la  falta   de  precaución  al  tomar  la  curva  que  conducía  al  puente  “La  Libertad”.   

          El  demandante  parte  del  supuesto  de  que  la  ley  360  de 1997  introdujo  un  cambio  favorable  al  exigir  el  “experticio técnico” como  prueba  de  la  embriaguez,  pero no ha demostrado que en esa materia se hubiese  variado  realmente  la  previsión del numeral 3° del artículo 417 del Código  de Procedimiento Penal.   

          2.   El  segundo  cargo  se  enuncia  como un error de derecho,  supuestamente  porque  se  le otorgó el valor de “experticio técnico” a la  historia  clínica  en  la  cual se dejó consignado el estado de embriaguez del  procesado.   

          Independientemente  de  que  tal  conducta pueda calificarse como un  “error  de derecho”, el actor no ha demostrado que las manifestaciones sobre  la  embriaguez  del procesado, hechas por un médico en un documento tan idóneo  como  la  historia  clínica, no constituyan “experticio técnico”.  Si  el  hecho  no  es  atribuible a otras causas, la embriaguez aguda también puede  dictaminarse  por  signos  y síntomas clínicos, como lo hizo el profesional de  la  medicina  en  este  caso,  a través del aliento alcohólico, las pruebas de  sensibilidad,  el  estado  de  somnolencia  del  paciente  y la dificultad en la  comunicación  verbal,  sin  necesidad  de  acudir  siempre  a  las  pruebas  de  laboratorio.   

          Es  que  la  semiología  también  es  un  método  científico  y,  establecida  la  idoneidad  del  perito  y  la  fiabilidad  de la investigación  utilizada  por  él,  no se requieren elementos adicionales para concluir que se  ha  emitido  un  dictamen  pericial, como se alcanza a definir en los artículos  264 y 267 del Código de Procedimiento Penal.   

          Nuevamente,  por la vía de la causal primera, el demandante propone  subsidiariamente    tres   cargos   que   pretende   sustentar   del   siguiente  modo:   

          3.   Uno  tiene  que  ver con la violación indirecta de la ley  sustancial,  tal  vez porque el juzgador ignoró los testimonios de LUIS ARMANDO  ARDILA  GONZÁLEZ,  OSWALDO ALDEMAR DÍAZ CASTELLANOS, HUGO ALEJANDRO CASTAÑEDA  MONROY  y JOSÉ DEL CARMEN ALDANA BAQUERO, los cuales indican al unísono que el  procesado  no  acostumbraba  consumir bebidas alcohólicas y, si ellos se tienen  en  cuenta,  se  habría  desvirtuado el señalamiento de embriaguez hecho en la  historia clínica.   

          Esta  presentación  del  actor  corresponde  al denominado “falso  juicio  de  existencia”,  pero  no  explica  la  trascendencia  de la omisión  judicial.   En  lugar de aplicarse a demostrar de qué manera unos testigos  que  no  acompañaban  al procesado el día de los hechos, porque simplemente lo  conocen  de tiempo atrás, alcanzan en sus dichos para demostrar fehacientemente  que  él  no  iba  ingiriendo  licor  durante el viaje, en contra de lo previsto  científicamente   en   la  historia  clínica  y  además  corroborado  por  la  atestación  de  otros  deponentes  que  sí  tuvieron contacto inmediato con la  situación anómala.   

          El  demandante  hace  caso  omiso  de  la trascendencia del presunto  falso  juicio  de  existencia,  más  bien se ocupa de presentar una alternativa  crítica  sobre el testimonio de MARIA EUGENIA GUIZA, BENEDICTO CUADROS y MIRIAM  YANETH  ROJAS,  personas  que  expusieron  sobre los pormenores del viaje, sobre  todo  lo  relacionado  con  el  consumo  de  etílico  por  el  conductor.   Pretender  retóricamente  una  mejor  evaluación  juiciosa  de  la prueba, que  supuestamente   se  pone  por  encima  de  la  que  hizo  el  Tribunal,  es  una  disposición  impugnativa  inadmisible en casación, porque, de un lado, en esta  materia,   por   corresponder   a  una  infraestructura  racional,  los  errores  plausibles  son  solamente aquellos tan manifiestos que ignoren por completo las  leyes  lógicas  o  empíricas  (de  experiencia  común  o científicas), pues,  contrario  sensu  y  de otra  parte,  sería  propiciar  una  interminable cadena competitiva de razonamientos  -quizás  todos  loables-  entre las partes y las instancias judiciales, actitud  que  se  opone  al carácter institucional del derecho (según el cual se acepta  no  solo  la  existencia  de órganos que estatalmente administran justicia sino  también  que alguno lo hace en última instancia) y a su finalidad práctica de  resolver conflictos.   

         Es  por  ello que, una vez leída la sustentación de este cargo, no  se  alcanza  a saber si el error atacable del Tribunal fue por el menosprecio de  los  mencionados  testimonios,  como  lo  insinúa  al  principio el actor, o si  consistió  en  un  desapego  burdo  de  la  reglas de la sana crítica, como lo  sostuvo después.   

         4.   Otra censura de este acápite se refiere a un falso juicio  de  existencia  por suposición de prueba, dado que el sentenciador imaginó que  estaban  demostrados  el exceso de velocidad, el influjo de bebidas embriagantes  y  la  falta  de  precaución  al  tomar  la  curva  próxima  al  puente  “La  Libertad”,  como  factores causantes del siniestro, cuando en verdad no existe  en   el   proceso   ningún   medio  de  convicción  sobre  dichas  condiciones  productoras.   

         Más  allá de la afirmación que se deja compendiada, no intenta el  actor  absolutamente  ninguna  demostración  sobre  ese  presunto  error  de la  judicatura.   

         5.   Se  enuncia  el  tercer  cargo  como  un  falso  juicio de  identidad,  porque  el  Tribunal presuntamente falseó la expresión fáctica de  los  testimonios  de  MARIA  EUGENIA  GUIZA,  MARTHA  LILIANA  MOLINA, BENEDICTO  CUADROS,  ORLANDO  CEPEDA  ALZA,  GERMÁN  NEUSA  ÁNGEL,  MIRIAM YANETH ROJAS y  GERMAN  BARBOSA,  de cuyo contenido a la vez derivó la existencia del estado de  embriaguez en el procesado.   

         En   relación   con  estos  testigos  se  dice  que  no  observaron  directamente  la  ebriedad  del  conductor,  sino  que  vieron  al  ayudante del  vehículo  entrar  a  la  cabina  y  salir  de ella constantemente con  una  botella  de  aguardiente;  o  que  otros  venían dormidos y entonces nada serio  pueden  saber;  o  que  no les consta directamente el consumo de licor por parte  del chofer sino que otro pasajero se los dijo.   

         De  igual  manera, en relación con el exceso de velocidad, el actor  expone  las  mismas falencias de los testigos, pues en realidad ninguno de ellos  sitúa enfáticamente la velocidad del bus.   

         La  tergiversación de la prueba corresponde a un acto de supresión  o  adición  de  su  contenido, por ende, de índole material, y no al ejercicio  mental  de  su  valoración  racional  por  el  juez.   Lo  que en realidad  desarrolla  el  actor  es  una  diferente  perspectiva  en aquilatamiento de los  testimonios,  actitud  inaceptable  en  casación  y  sobre  la  que  ya se dijo  suficiente en acápites anteriores.   

         Además,  la  pretensión  es  confusa, porque el demandante arranca  con  la  mención  de  una presunta distorsión de la expresión fáctica de los  testimonios,  pero  a  renglón  seguido,  contradictoriamente,  asevera  que el  sentido  de  la  prueba  se  ha  tergiversado  “frente a las reglas de la sana  crítica   del  testimonio”  (fs.  182).   Ya  se  dijo,  las  objeciones  corresponden  a  niveles  distintos  de  la  apreciación  probatoria, porque el  primero  pertenece  a un aspecto material, mientras que el segundo atañe a otro  de  naturaleza  racional;  en otras palabras, la tergiversación de la prueba se  establece  mediante  un  juicio  de  existencia  o  de  hecho,  al  paso  que la  violación  ostensible  de  las  reglas  de  la crítica racional se determina a  través  de  un  juicio  de  valor,  en  la  medida que involucra una inferencia  lógica  para  saber  si el respectivo medio probatorio o su conjunto conducen o  no  a  la  verdad.  Además, el error en la valoración de la prueba supone  que   la   materialidad   de   la  misma  quedó  intacta  en  la  referencia  o  consideración  inicial  del  juzgador, razón por la cual no pueden confundirse  en su presentación estos dos motivos de impugnación.   

         III.    DEMANDA   EN   NOMBRE   DE   MARIA   LUCILA  FORERO  DE  BRICEÑO:   

         Reconocida  la señora María Lucila Forero  de  Briceño  como  tercero civilmente responsable, se  demanda  la  condena  en  perjuicios  proferida  en  su contra por la vía de la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, dado que supuestamente el Tribunal  interpretó  erróneamente  el  artículo 2349 del Código Civil, pues es cierto  que,  según  la  norma,  “Los  amos  responderán  del  daño causado por sus  criados   o   sirvientes,   con  ocasión  de  servicio  prestado  por  estos  a  aquellos…”;  sin  embargo,  se  le  ha  dado al precepto un alcance distinto  cuando  el  juzgador dice que el tercero civilmente responsable sólo se exonera  mediante  prueba  de  una  causa  extraña:   fuerza mayor o caso fortuito,  hecho  exclusivo  de  un  tercero y hecho exclusivo de la víctima, sin tener en  cuenta  que  la misma disposición dice que los demandados “…no responderán  si  se  probare o apareciere que en tal ocasión los criados o sirvientes se han  comportado  de  un  modo  impropio,  que  los  amos no tenían medio de prever o  impedir  empleando  el cuidado ordinario y la autoridad competente; en este caso  recaerá    toda    responsabilidad   del   daño   sobre   dichos   criados   o  sirvientes”.   

         Sostiene  el apoderado de la señora Forero  de  Briceño  que  el  procesado, a quien él también  defiende,  contrató  el  viaje  con  la  Cooperativa  “Omega Ltda.”, sin la  autorización  de  su  madre,  comportamiento  impropio  que  está  debidamente  comprobado   en   el   proceso   y   es   admitido   como  tal  por  los  mismos  sentenciadores.   Así  entonces,  como  esa  conducta  del  procesado  era  incontrolable   para   la  tenedora  del  automotor,  resulta  que  el  Tribunal  interpretó  erróneamente  el  citado  artículo 2349 del Código Civil, porque  hizo  una  exigencia  de  fuerza  mayor  o caso fortuito como único eximente de  responsabilidad,   aspecto   que   no   está  incluido  en  el  sentido  de  la  norma.   

         Es  importante  precisar  que  el  actor  hace  algunas citas de las  motivaciones  del fallo del Tribunal en torno a la responsabilidad de la tercero  civil,  pero  en  ninguno  de  los apartados que trae a colación se menciona el  artículo  2349  del  Código  Civil  como  norma  basilar  de  las  premisas  y  conclusiones  de  la  sentencia.   Dichas justificaciones judiciales que se  invocan,  en  cambio,  sí  se  refieren  constantemente  a  la  responsabilidad  derivada   del   ejercicio   de  una  actividad  peligrosa,  cuya  construcción  dogmática  deriva  básicamente  del  artículo  2356  del Código Civil.    

         Si  de  tal  manera  aparecen  dispuestas  las consideraciones en el  fallo  cuestionado,  por  la referencia que hace el mismo demandante, el sentido  correcto  de la objeción -a partir del propósito de la impugnación- sería el  de  la  aplicación  indebida  del  artículo 2356 y la falta de aplicación del  artículo       2349       (problema       jurídico       de       relevancia),   mas  no  la  interpretación    errónea   de   este  precepto,  pues,  según  se  ha repetido por la jurisprudencia de esta Sala, el  último  de  los  sentidos  indicados  de la violación directa supone que se ha  aplicado  la  norma  correspondiente  al caso, y tan sólo se ha transgredido su  entendimiento.   

         En  realidad,  el  artículo  2349  (así  como el 2347) consagra la  responsabilidad  extracontractual por el hecho ajeno de las personas naturales y  jurídicas,   mientras   que   los   artículos   2350   y  2356  contemplan  la  responsabilidad  extracontractual  por el hecho de los animales o cosas o por el  ejercicio  de  actividades  peligrosas.   Si  la  conducción de vehículos  automotores  participa  de  la naturaleza de las actividades riesgosas, entonces  el  ataque  es  insuficiente  cuando  se  pregona  meramente  la interpretación  errónea  del  artículo  2349,  sin precisar nada sobre la aplicación debida o  indebida del artículo 2356.    

         Fácilmente,  aunque  el actor no lo explicita, en el caso examinado  la  responsabilidad  de  la  señora Forero de Briceño  puede  corresponder  tanto al hecho de la relación de  dependencia  por  ser la patrona del conductor, como también a la condición de  guardiana  intelectual  de  la  actividad  peligrosa  que  materialmente  estaba  encomendada  por  relación  de subordinación a su hijo.  Si esto es así,  desde   el   punto  de  vista  de  la  proposición  jurídica,  la  censura  es  notoriamente incompleta.   

         También se rechazará esta tercera demanda.   

         En  este  orden  de  ideas,  LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

         RESUELVE:   

         Rechazar      in     limine  las  demandas  de  casación  presentadas  en  favor del procesado  Fernando Briceño Forero y de  la     señora     María    Lucila    Forero    de  Briceño  y la Cooperativa Integral de Transportadores  “Omega    Ltda.”,    como   terceros   civilmente   responsables.    En  consecuencia,  se  declaran desiertos los respectivos recursos concedidos por el  Tribunal Superior de Tunja.   

         De  conformidad  con  los  artículos  197  y  226  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  relación  con  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL               RICARDO CALVETE RANGEL   

JORGE  ENRIQUE  CÓRDOBA  POVEDA    CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                            CARLOS  E. MEJÍA  ESCOBAR                    

DÍDIMO    PAEZ    VELANDIA                                                     NILSON          PINILLA  PINILLA                          

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Secretaria.  

    

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