13665 (13-11-97)

1997

Asistente Jurídico Inteligente

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    JUSTICIA    PENAL    MILITAR-En  casación/  NULIDAD/  DEBIDO  PROCESO/  DERECHO DE DEFENSA   

4   No por  el  solo hecho de que el demandante haya invocado la causal tercera de casación  del  artículo  442  del  Código  Penal  Militar  y no la del artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal  puede  afirmarse  que  la  demanda  impida un  pronunciamiento  de fondo, pues si bien es cierto que a juicio de la Sala debió  invocarse  la última disposición por contenerse en un ordenamiento posterior y  que  regula  íntegramente  el recurso extraordinario, lo cierto es que se trata  de  una causal que por igual opera en la jurisdicción castrense y la ordinaria,  y  ello  le  resta  trascendencia a la informalidad, con mayor fundamento si por  mandato  constitucional  es  el derecho sustancial el que merece prioridad sobre  las simples informalidades.   

Por  principio  los vicios atañederos con la  debida  vinculación  del imputado conciernen a la causal tercera de nulidad por  desconocimiento  del derecho de defensa, pues a pesar de que en su fuente puedan  derivar  de  defectos  formales,  por  vía  de  ejemplo,  en  el trámite de la  citación,  la  indagatoria, el emplazamiento o la designación del defensor, lo  que  en  realidad aquí se enerva no es la estructura vertebral del proceso sino  las  prerrogativas  de  quien en él interviene como sujeto pasivo de la acción  penal,  y  a quien la Constitución y la Ley confieren una serie de instrumentos  y  garantías  para  hacer  frente al desigual poder punitivo del Estado, medios  entre  los  que  pesan  particularmente  el  derecho  a conocer oportunamente la  imputación,  a  comparecer  y  ser  oído,  a  controvertir  la  prueba  que lo  incrimine  y  proponer  los  medios que le favorezcan, a que se le investigue al  lado  de  lo  adverso, lo favorable, a interponer recursos y acceder a una doble  instancia,  y,  en  fin,  a  habilitar  su  posibilidad de intervenir y usar con  oportunidad  de  todos  los  mecanismos  de  favor  que  se  le reconocen.    

No  empece,  y  por  el  destacado  motivo de  derivar  frecuentemente  el  desconocimiento de esas prerrogativas defensivas de  la  pretermisión  de relevantes formalidades procesales, resulta válido que el  actor  censure esta clase de vicios bajo cualquiera de los dos motivos. Solo que  por  corresponder  el  debido  proceso  y  el  derecho de defensa a dos causales  legales  de nulidad distintas, independientes y autónomas tanto en el texto del  artículo  304  del  Código  de  Procedimiento Penal como en el 464 del Código  Penal  Militar,  esa  dispar  naturaleza conduce a la disimilitud de las razones  del  ataque  y  de  la técnica en la formulación que en cada caso se requiere,  conllevando  a  la  operancia  de su alegación y motivación por separado, como  certeramente   lo   intenta   la   demanda,   obligando   la  autonomía  en  su  respuesta.   

PROCESO No. 13665  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                     Magistrado Ponente, Dr.   

                                     JUAN MANUEL TORRES FRESNEDA   

                                     Aprobado por Acta No.136 (nov.5/97).   

                                                    Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  trece  (13)  de  noviem­bre   de   mil  novecientos noventa y siete (1997).   

          V I S T O S:   

                      Decide la  Corte  el  recurso  extraordinario  de  casación  excepcional inter­puesto  por  el Procurador Judicial II  No.  317  ante  el  Tribunal Superior Militar y oportunamente concedido por esta  Colegiatura  contra  la  sentencia  de 27 de enero último, mediante la cual esa  Corporación  confirmó  la  condena  impuesta  por  el Comando del Batallón de  Ingenieros  No.2  “VERGARA Y VELASCO” al acusado soldado TOBIAS VIDAL VARGAS por  el  delito de deserción, imponiéndole la pena principal de 6 meses de arresto.   

          A N T E C E D E N T E S:   

                          1.-                     El  22  de  marzo  de 1.996, en el municipio de Malambo, el jefe de  Personal  del  Batallón  de  Ingenieros Nro. 2 “VERGARA Y VELASCO”, informó al  respectivo   Comandante  que  el  soldado  TOBIAS  VIDAL  VARGAS  se  encontraba  desertado  desde  el  1� de  diciembre  de  1.995,  y  que  el  Comando  de  la  Unidad  Fundamen­tal no había tomado acción alguna al  respecto (fl.2).   

                    El referido  Comandante  comisionó  al  Juzgado  116  Penal  Militar a fin de que dentro del  término    legal   iniciara,   perfec­cione  y  culminara  la correspondiente investigación (fl. 3), por  lo  que  el  delegado abrió ivestigación (fl. 4), practicó algunas pruebas, y  en  auto  de  julio  4  de 1.996 (fl.10) decidió que como la “Sijín” no había  dado  respuesta  sobre  la  captura  del  soldado  VIDAL VARGAS, se oficiara “al  Comando  del  Batallón  VERGARA  Y VELASCO con el fin de que se sirva ordenar a  efecti­vos de su Unidad la  captura  del  citado  soldado…” (fl. 10); librando efectivamente, como aparece  al  folio  13,  el  oficio  261  de  julio 9 de ese año, la respectiva orden de  captura.   

                    Por auto de  septiembre  13 siguiente (fl. 19) se ordenó emplazar al imputado de conformidad  con  el  artículo  694 del Código Penal Militar, teniendo en cuenta que aquél  “aún  no  se  ha  presentado  ni  ha  sido  posible obtener su captura para ser  escuchado en indagatoria”.   

Para  el efecto se fijó edicto emplazatorio  (fl.  21),  y mediante providencia del día 19 del mismo mes se declaró persona  ausente   a   TOBIAS   VIDAL,   designándosele   un   apoderado   para  que  lo  represen­tara  (fl.  22),  quien  tomó oportuna posesión del cargo (fl. 24), dando lugar a la definición  de  la  situación  provisional  del  desertado (con detención provisional (fl.  29),  lo  que no obstó para que el 30 de septiembre se insistiera en la captura  (fl. 33).   

                   2.- Remitida  la  actuación por el Juzgado de Instruc­ción   al  Comando  del  Batallón  “VERGARA  Y  VELASCO”,  éste,  mediante  auto  del  18  de  octubre  de 1996 declaró la iniciación del juicio  designándole  nuevo  defensor al procesado,  y una vez vencido el término  de     traslado     acogió     la     solicitud     del     Procura­dor  en lo Judicial Penal, condenando,  contra  lo  solicitado por su defensor al acusado, en los términos ya indicados  al inicio de esta providencia (folio 43 y siguientes).   

                    Sometido el  referido  fallo  a  consulta, el señor Procurador ahora recurrente solicitó la  nulidad   de   lo   actuado   para   que  se  enterara  al  procesado  sobre  la  existen­cia  del  proceso  seguido  en su contra, garantizándole el derecho a su defensa (fl. 56), pero el  Tribunal   inacogió   sus  planteamien­tos,   y  en  su  lugar  profirió  la  sentencia  ahora  recurrida  extraor­dinariamente, por  la  vía  discrecional prevista en el inciso final del artículo 218 del Código  de  Procedimiento  Penal,  según  impugnación  admitida  por  esta  Sala de la  Corte   

mediante auto de mayo 29 último (fl. 4 cdno.  Nro. 2 Corte).   

        L A   D E M A N D A:   

                  Dos cargos  hace  el  señor  Procurador  ante el Tribunal Superior Militar, al amparo de la  causal   de   nulidad   del   artículo   220-3  del  Código  de  Procedimiento  Penal:   

                     En  el  primero,  propuesto  por  violación  al  debido  proceso,  según  previsión  “del numeral 3�  del artículo 442 del C.P. Militar,  en   concordancia   con  el  numeral  2�  del  artículo  464 ibídem” (fl. 79), el casacionista aduce que  no    obstante    considerar    el    Tribunal    que   el   investi­gador  se  atuvo  al  artículo  694  ibídem,  lo  cierto  es que dicho funcionario no adelantó esfuerzo alguno para  citar  al procesado y enterarlo de que en su contra se seguía el proceso penal,  ante    el    cual    debía   presen­tarse,    rindiendo   sus   descargos   y   colocándo­se  a derecho, con lo que le afectó  gravemente sus derechos fundamentales.   

                  En derecho  se  refiere  el  censor  al artículo 694 de dicho Código, y dice que en él se  sobreentiende  “que  la  búsqueda  del  procesado  es necesaria como condición  previa  para  declararlo  en  contumacia,  como  se  deduce  de  la necesidad     de     oírlo     en  indaga­toria  y  de  la  expresión  ‘…  si  no  fuere  posible   recibir   indagatoria’   …   (destaco)”   (fl.  cit.  infra).   

                     Pero al  referirse  a  la  situación  de  hecho  encuentra que al precepto se le dio una  simple  interpretación  literal  que  desnaturaliza  su  sentido,  pues  pese a  conocerse  desde  el  folio  1o, la dirección del soldado y de sus padres, ni a  uno  ni  a otros se les comunicó para enterarlos de los hechos ni conocer sobre  las  posibles causas que motivaron el comportamiento del uniformado, de modo que  no  se  observaron  “la  plenitud  de  las  formas como lo exige el art. 285 del  C.P.M.”,  (fl.  81  supra),  agregando  que el procesado “no podía comparecer a  rendir  sus  descargos”  porque  no  fue  noticiado  al  respecto,  siendo  así  declarado   ausente  “con  detrimento  del  debido  proceso”  y  presumiendo  su  culpabilidad,  desconociendo  su derecho a la presunción de inocencia (art. 288  C.P.M.)  y transgrediendo el artículo 5�        ibídem        en        cuanto        proscri­be      toda      forma      de  culpabili­dad objetiva,  ello  sin  mencionar el derecho de defensa del que se ocupa en el segundo cargo.   

                    Pide por  consiguiente       que      la      Corte      “siente      jurispru­dencia”  con  respecto  al  referido  artículo   694,   case   la   senten­cia  y  decrete  la  nulidad  del  juicio,  del auto que ordena el  emplaza­miento y del que  decreta   la   medida  de  aseguramien­to,  “ordenando restablecer los derechos fundamentales vulnerados”  (fl. 82 supra).   

                     En  el  segundo  cargo  el censor  aduce  la  violación  al  derecho de defensa consagrado en el artículo 286 del  Código  Penal  Militar,  desarrollo  del  artículo  29  de la Carta Política.   

                   Para ello  critica  la sentencia cuando afirma que la instrucción dada a los soldados hace  presumir  que  se  les  procesará  cuando  “abandonen  sus  deberes”  (fl. 83),  contraargu­mentando que  “si  esta  afirmación fuera cierta, no sería necesario citar a ningún abogado  cuando  se  les  procesa  por  cualquier  delito,  ya  que  se presumiría mayor  conocimiento al respecto” (fl. cit.).   

                  Añade que  también  le  fueron  violados al procesado el derecho de contradicción y el de  una  investigación  integral, ya que en el proceso no se investigó sino lo que  desfavorecía  al  acusado, desoyendo lo que al respecto prevé el artículo 566  del  precitado  Código,  términos en los cuales reitera la casación del fallo  recurrido.   

        C  O  N  C E P T O  D E  L A  P R O C U R A D U R I  A:   

                     Dice el  señor  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo  Penal  que aún cuando la demanda  plantea  dos  cargos  contra  la senten­cia  de  segunda  instancia, ellos en realidad persiguen una misma  finalidad      y     se     fundan     en     argumentos     interre­lacionados,   de   manera   que  su  conjunción  constituye  un  solo  ataque  con miras a obtener la anulación del  fallo  por  dictarse  en  un juicio viciado de nulidad, como consecuencia de una  inadecuada  búsqueda  del  procesado,  todo lo cual traduce en un quebranto del  derecho de defensa (fl. 9 cdno. Corte).   

                   Anota que  en  el  proceso  se  pretendió  encontrar  al  procesado  para  enterarlo de la  existencia  de  este  asunto  seguido  en  su contra, pero preservándose apenas  formalmente  sus  garantías  constitucionales  (fl. 11, subrayas del original),  porque   

        “Los  funcionarios  instructor  y  fallador  se  atuvieron  a  las  circunstancias  procesales  y desarrollaron las previsiones legales; la ausencia  del   procesado   fue,   en  apariencia,  consecuencia  de la imposibilidad de lograr su aprehensión, no  de    conductas    de    los   funcio­narios  encaminadas  a  impedir su comparecencia” (negrillas de la  Delegada, fl. cit.).   

                   Considera  que  en tratándose del delito de deserción, donde su aspecto objetivo consiste  en  ausentarse  sin  permiso  por más de cinco días, hace que la localización  del  desertor  no sea fácil, cuando precisamente es su voluntad la de evadir el  servicio en el lugar en donde se encontraba, pero que   

        “ello  no  implica  sin  embargo,  que  con el cumplimiento de las  formalida­des y dada la  naturaleza  del  hecho  investigado,  se  asegure  el  derecho  a la defensa del  implicado,  pues  se  ha  debido  acudir  a  la  dirección  registrada  por él  -personalmente  o  a  través  de comunicación escrita- a fin de garantizar que  efecti­vamente  había  adquirido  el  conocimiento  de la exis­tencia  del  proceso,  independientemente de que poste­riormente   hubiera  comparecido  a  ejercer su defensa técnica y material” (fl. 12).   

                     Destaca  que  en  el proceso no aparece telegrama, oficio o presencia de un funcionario a  la   última   dirección  registrada  en  la  hoja  de  vida,  que  indique  la  información  sobre  el  procesamiento  (fl.  cit),  además  de que la orden de  captura   supuestamente   expedida   a   la   Dijín   después  de  abierta  la  investiga­ción, no obra  en    el    proceso;    al    paso   que   la   librada   al   Coman­dante    del   Batallón   a   que  pertenecía  el  soldado,  tampoco  especificó la ciudad de su residencia,  dificultando       o      imposibi­litando su localización.   

                     Por lo  anterior  reitera  que  si  los resultados de dicha aprehensión eran negativos,  han  debido  agregarse al expediente, “pues el derecho constitucional de defensa  no  se  garantiza  con simples formalismos, sino que ha de asegurarse efectiva y  materialmente” (fl. 13).   

                    Recuerda  que  frente  a  un  delito  de deserción procede primeramente la citación para  indagatoria  (art.  611  C.P.M.),  lo que en este proceso fue omitido, ya que se  ordenó  de  una vez la aprehensión, siendo una medida supletoria (fl. 14), y a  lo anterior agrega que:   

        “El  nombramiento  del  defensor  de  oficio,  necesario  a fin de  garantizar   el   derecho  a  la  defensa  material,  no  alcanza  a  purgar  la  irregularidad  detectada,  pues si bien esta designación no es violatoria de la  defensa,    sino    protección    de    ella,   solamente   desarro­lla   una  parte  de  la  garantía  constitucional  y  por  tanto,  no puede ser criticada aisladamente. Un defensor  oficioso  no siempre es manifestación de ausencia de quebranto del derecho a la  defensa   ni   puede   convalidar   los   quebrantos   consumados  antes  de  su  intervención” (fl. 14).   

                       Pide  entonces  la Delegada que se case el fallo y se decrete la nulidad de lo actuado  a  partir  del  auto  que  ordenó emplazar al procesado y que lleva fecha 13 de  septiembre de 1.996.    

        C  O  N  S I D E R A C I O N E S  D E  L A  C O R T  E:   

                    1.- Dado  que      en      este     proceso     el     recurso     extraordina­rio   de   casación   se   otorgó  discrecionalmente  por parte de la Corte, conviene precisar para comenzar que el  impugnante  no  traiciona  en su escrito de demanda los condicionamientos que se  hicieran  al concederle su interposición, y que apuntaban a la necesidad de que  la      Sala      hiciera      un      pronunciamiento      jurispru­dencial    relacionado    con   el  procedimiento  seguido  frente  al delito militar de deserción, en la medida en  que  a  juicio  del  Procurador  recurrente,  la interpretación otorgada en las  instancias  viene  constituyéndose  en motivo de violación para las garantías  fundamentales     de     los    procesados,    y    más    concreta­mente    para    su   derecho   de  defensa.   

                       Como  fácil   puede   verse,  los  términos  del  libelo  mantienen  los  motivos  y  desarrollan  al  interior de la causal tercera de casación, las inquietudes que  movieron  a  la  Sala para otorgar excepcionalmente el recurso extraordinario, y  ello     se     constituye    en    supuesto    para    un    pronun­ciamiento de mérito.   

                   2.- Ahora  bien,    no    por    el    solo    hecho   de   que   el   demandan­te  haya  invocado la causal tercera  de  casación  del artículo 442 del Código Penal Militar y no la del artículo  220  del Código de Procedimiento Penal puede afirmarse que la demanda impida un  pronuncia­miento   de  fondo,  pues  si  bien  es  cierto  que  a juicio de la Sala debió invocarse la  última     disposición     por    contenerse    en    un    ordena­miento   posterior   y  que  regula  íntegramente  el  recurso  extraordina­rio,  lo  cierto es que se trata de una causal que por igual opera  en   la  jurisdic­ción  castrense      y      la     ordina­ria,       y      ello      le      resta      trascen­dencia  a  la  informali­dad,  con  mayor  fundamento  si por  mandato             constitu­cio­nal es  el   derecho   sustancial   el   que   merece   prioridad   sobre   las  simples  informalidades.   

                      Y  en  cuanto  atañe  a la crítica del Procurador, quien considera que los dos cargos  de  la  demanda  merecen una sola respuesta por mencionarse en ambos defectos de  vincula­ción   del  procesado  que  obstruyen  sus posibilidades defensivas, se ha de aclarar que la  formulación  que  hace  el  actor  no  autoriza  la crítica del Delegado, ni a  avocar su estudio unificado.   

                    Sobre el  particular es pertinente aclarar que   

por principio los vicios atañederos con la  debida  vinculación  del imputado conciernen a la causal tercera de nulidad por  descono­cimiento  del  derecho  de defensa, pues a pesar de que en su fuente puedan derivar de defectos  formales,   por   vía   de   ejemplo,  en  el  trámite  de  la  citación,  la  indagato­ria,    el  emplaza­miento  o  la  designación  del  defensor,  lo  que  en  realidad  aquí  se  enerva  no es la  estructura    vertebral    del    proceso    sino   las   prerrogati­vas  de quien en él interviene como  sujeto   pasivo   de  la  acción  penal,  y  a  quien  la  Constitu­ción  y  la  Ley confie­ren  una  serie  de  instrumentos  y  garantías  para  hacer  frente  al  desigual  poder punitivo del Estado, medios  entre    los    que   pesan   particu­larmente     el    derecho    a    conocer    oportuna­mente    la    imputa­ción,    a    compare­cer  y  ser oído, a controvertir la  prueba  que  lo  incrimine  y proponer los medios que le favorezcan, a que se le  investigue  al lado de lo adverso, lo favorable, a interponer recursos y acceder  a     una     doble    instancia,    y,    en    fin,    a    habili­tar  su  posibilidad de intervenir y  usar   con   oportunidad   de   todos   los   mecanismos  de  favor  que  se  le  reconocen.    

                  No empece,  y  por  el destacado motivo de derivar frecuentemente el desconocimiento de esas  prerrogativas   defensivas   de  la  pretermisión  de  relevantes  formalidades  procesales,  resulta  válido  que  el  actor  censure esta clase de vicios bajo  cualquiera  de los dos motivos. Solo que por corresponder el debido proceso y el  derecho  de  defensa  a  dos  causales  legales  de  nulidad  distin­tas,  independientes  y  autónomas  tanto  en  el  texto  del  artículo  304  del  Código  de  Procedi­miento  Penal  como  en  el  464 del  Código  Penal  Militar, esa dispar naturaleza conduce a la disimili­tud  de  las razones del ataque y de  la  técnica  en  la formulación que en cada caso se requiere, conllevando a la  operancia  de  su  alegación  y  motivación por separado, como certeramente lo  intenta la demanda, obligando la autonomía en su respuesta.   

                        3.-  Remitiendo,  por  lo  anterior,  al cargo primero del  libelo,  el  casacionista  en  síntesis  objeta  la  ocurrencia  de  errores  de  actividad  por el Juzgado 116 de Instrucción Penal  Militar  y  que  concreta  en  el desconocimiento de los requisitos previos a la  citación  para  indagatoria,  pues  no  se hizo esfuerzo por convocar a ella al  procesado,  ni  para  oír  a  su  familia,  desconociendo  las  previsiones del  artículo  694  del Código Penal Militar, en cuanto impone el emplazamiento “si  no  fuere posible recibir la indagatoria”, lo que le lleva a colegir que para el  Tribunal  Militar  no  es  necesaria  la  previa  vinculación  del procesado en  delitos  como la deserción, pues sobre ellos el militar recibe instrucción, lo  que  impone  restituir  el  derecho del acusado y precisar doctrinal­mente  que  aún  en  esta  clase de  infracciones  es  imperioso  ceñir  su  vinculación  a las expresas reglas del  procedimiento penal militar.   

                         En  relación  con  tal  censura  es  preciso  observar que el casacionista yerra al  interpretar  la  realidad  del expedien­te,   como   el   fundamento   de  la  segunda  instan­cia,  siendo  lo  más  relevante su  distan­ciamien­to  con  los preceptos aplicables y la actuación cumplida por el instructor, según  resulta de las observaciones que siguen:   

                    3.1.- El  trámite       especial      previsto      para      la      instruc­ción y el juzgamiento del delito de  deserción, común a los de   

abandono del puesto y del servicio, la fuga  y  el  uso  indebido de insignias y uniformes militares, lo señala el artículo  694 del Código Penal Militar en el siguiente texto:   

        “El   juez   o   funcionario   de   instrucción   adelantará   y  perfeccionará  la  investigación en el término de quince (15) días. Se oirá  en  indagatoria  al  procesado y se le resolverá su situación jurídica dentro  de  los  dos  (2)  días  siguientes. Si no fuere posible recibir la indagatoria  dentro   del   término  de  la  instrucción  señalado  anteriormente,  se  le  emplazará  por  dos  (2)  días,  se  le  declarará  persona  ausente  y se le  desig­nará defensor de  oficio.   

        Perfeccionada  la investigación, el juez de primera instancia por  auto  de  sustanciación  declarará  la  iniciación   del  juicio y dará  traslado  a  las  partes  por  dos  (2) días para que soliciten las pruebas que  estimen    necesarias;    si    fueren    conducentes    las   decre­tará.  También  podrá  de  oficio  ordenar la práctica de pruebas.   

        Las  pruebas  se  practicarán  dentro  de  los  cinco  (5)  días  siguientes.   

        Vencido  el  término  anterior,  se dará traslado al fiscal para  concepto  por  dos  (2)  días  y al defensor por igual término para alegar. Se  pronunciará fallo dentro de los tres (3)  días siguientes.”   

                     Y se ha  transcrito  la  norma en su integridad, porque a pesar de consagrarse en ella un  procedimiento  breve  y  sumario,  fácil  se encuentra que éste no descuida la  atención  por  las  garantías  de  defensa,  así reduzca considerablemente el  tiempo  para  la instrucción y el juzgamiento si se compara esta actuación con  otras,  pero  no  puede  desatenderse  que  aquí  se  trata de muy particulares  infracciones  contrarias  al  servicio, a la seguridad y a la administración de  justicia   que   dentro  del  régimen  castrense  afectarían  notoriamente  la  discipli­na  de  no ser  investigadas   y   reprimidas   con  celeridad  y  efectividad,  y  de  añadido  caracterizadas  por  lo elemental de su descripción típica, y la facilidad que  de  ella  se  deriva  para el perfeccio­namiento  de su investiga­ción.   

                      3.2.-  Cotejada,  además,  la  actividad cumplida por el instructor, se ha de advertir  que no merece el reparo del demandante ni el de la Delegada:   

                                           Primeramente  se  ha  de decir que no es cierto que se trate de un  delito    que    exija    la    previa    citación    del    imputa­do,  antes de que se expida la orden  de  captura.  A  este  tema parecerían referirse por igual los artículos 610 y  611  del  Código Penal Militar, con una meramente aparente contradicción entre  una y otra.   

                   Así, por  ejemplo,  mientras  que  el  artículo  611 dispone que habrá lugar a la previa  citación  para  injurada  respecto  de  los  delitos  que,  como la deserción,  conllevan  penas  de  arresto,  el artículo 610 ibídem autoriza al funcionario  para  que  proceda  facultativamente  a  disponer  la  captura para indagatoria,  consultando  en  el inciso segundo la naturaleza de la infracción, ya que allí  se advierte que la captura será facultativa   

        “…cuando  se  investiguen   delitos  que  atenten contra el  servicio, la disciplina, el honor …”   

y  ya  se  ha  dicho  que  el de deserción  corresponde   a   esa  primera  catego­ría,  pues hace parte del capítulo III del Título Primero de la  Parte   Especial   del   Código  Penal  Militar  que  así  lo  enuncia  en  el  epígrafe.   

                    Por ello  procede  concluir  que  si  a  la  luz  del  artículo  611,  todos  los delitos  sancionados  con  arresto  dan  lugar  a  la  previa citación para indagatoria,  dejando  la  captura  como  alternativa  supletoria,  de  ellos  había  quedado  exceptuada   la   deserción,   que   por  tratarse  de  infracción  contra  el  servi­cio,  dejaba  al  funcionario  la  potestad  o  facultad de citar o de una vez expedir la orden de  captura.   

                       Este  entendimiento     se     corrobora    dentro    de    la    sistemá­tica  del Código Penal Militar y la  naturaleza     de     las     infrac­cio­nes a  las  cuales se refiere, particularmente la deserción, pues como esa infracción  se  concibe  en el artículo 115 ibídem, es comprensible que si el infractor se  ha      reintegrado      voluntaria­mente  dentro  del  término de 8 días no será menester librarle  orden  de  captura,  bastando  con  citarle  para oirle en descargos. Pero si su  conducta   renuente   se  prolonga  exhibiendo  una  clara  voluntad  de  eludir  definitivamente  el  servicio  o abando­narlo,   lo  improcedente  sería  extenderle  una  invitación  a  comparecer,  siendo  lo  propio  utilizar  el  medio de comparececen­cia       coerciti­vo de la captura.   

                     De este  último  hizo  uso  el funcionario en el presente asunto, luego de constatar que  la  ausencia  del  imputado  se  prolongaba  varios  meses, y ello nada tiene de  reprochable  en  la  actuación,  cuando  en tal sentido se autoriza­ba  en  el artículo 610 del Código  Penal Militar.    

                   3.3.- Que  el  instructor  no  expidió  materialmente la orden de captura ordenada en auto  previo,  es otra afirmación no menos inexacta, porque así se haya de reconocer  que  no  aparece  en  copia  aquella  que  previó  librar  a  la SIJIN mediante  provi­dencia  del  4 de  julio  de  1996,  sí  obra  en  texto  íntegro  y  con constancia de recibo la  expedida  al Comandante del Batallón “VERGARA Y VELASCO” el día 9 de ese mismo  mes,  sin  que sea cierto como lo dice el actor con el apoyo de la Delegada, que  en  ella  no se anota la ciudad de residencia del desertor, pues es muy claro el  contenido  del oficio cuando precisa que el soldado “reside en Codazzi (Cesar)”,  de  modo  que  no  se  ofrece  duda  ninguna que es de allí la dirección que a  continua­ción se anota  :”Calle      14      No.13A-74″.      Valga     decir,     exactamen­te la misma que aparecía como la de  TOBIAS  VIDAL  en  el  informe del primer folio del proceso, datos tomados de su  hoja de servicios.   

                  Y es más:  ni  siquiera corrió entre esta orden y la de emplazamiento el limitado lapso de  dos  (2)  días que señalaba el artículo 694 del Código Penal Militar, porque  el    edicto    vino    a    imponer­se  mediante  auto de septiembre 13, constando en él su fijación  por  el  término  de  ley,  y  evidenciándose  conforme  al expediente, que la  incomparecencia    del    evadido    había    hecho    imposible    oírle   en  injurada.   

                    Después  de  desfijado  el  edicto se le nombró y posesionó un defensor al procesado, y  luego  derivó  la  medida  de  aseguramiento,  en  la  que  se  insistió en el  cumplimiento  de  la captura, obrando en copia el oficio dirigido para el efecto  a la SIJIN (folio 33).   

                      Luego  hasta    aquí    se    pone    en   evidencia,   que   el   instruc­tor sí respetó las pautas que para  la  vinculación  del  procesado  le  había  impuesto al funcionario el Código  Penal  Militar,  lo  que ninguna informalidad ostenta, como ninguna vulneración  demuestra  que  haya  modificado el rito o ignorado las garantías del procesado  para comparecer y ponerse en ese asunto a derecho.   

                   4.- En el  cargo    segundo    de    la   demanda,  por  la  causal  tercera  de nulidad (artículo 464 C.P.M.), el  casacionista  invoca  la  violación  del  derecho  de defensa garantizado en el  artículo  29 de la Carta Política, y para esta clase de procesos reafirmado en  el artículo 286 del Código Penal Militar.   

                         La  fundamentación,  no obstante, se queda restringida a la sola afirmación de que  el  instructor  no  activó  en  su  integridad  “ningún medio para procurar la  comparecencia  del  procesado”,  sumando  a  ello  una referencia crítica a las  razones  del  Tribunal  Superior  Militar  al  denegar la nulidad pedida bajo la  misma  censura,  y  añadiendo  que  la  deducción  de  la responsa­bilidad  penal  del  procesado  fue  meramente  objetiva, con violación del artículo 5o. del Código Penal Militar,  la  que  se  le dedujo del hecho de haber sido juzgado en contumacia, por lo que  se  reclama  la  protección  para  el  soldado  TOBIAS  VIDAL  VARGAS,  por  no  habérsele dado la ocasión de intervenir en el proceso.   

                     A  tan  exigua  fundamentación  apenas  resta  responder,  como  se ha visto, que no es  exacta  la  afirmación  primera, pues previo el emplazamiento el instructor sí  libró  la  orden  de  captura,  dejando  transcurrir  con  amplitud  el  tiempo  concedido  para  esperar  resultados positivos. Solo ante la incomparecencia del  soldado,  se  procedió  a  emplazarle,  y  aún  después  se  insistió  en su  aprehensión,  involucrando  otras autoridades, sin que los resultados cambiaran  de algún modo.   

                  Desde este  punto  de  vista la previsión legal se realizó tal como se hallaba descrita, y  si  lo que el censor reprocha, como así parece, es que se hubiese procedido con  el  emplazamiento  sin  esperar respuesta de las autoridades encarga­das  del  aprehendimiento,  bueno es  recordar  que  tal requisito no lo ha previsto la ley en modo alguno, por cuanto  el   texto   de   la   disposición   592   del   Código   Penal   Militar   es  terminante:   

        “Si  la  comparecencia para rendir indagatoria se intenta mediante  orden  de  captura,  vencidos  diez (10) días, contados a partir de la fecha en  que  la  orden  haya  sido  recibida  por  las autoridades que deban ejecutar la  aprehensión   sin   obtener   respuesta,   se  procederá  conforme  al  inciso  anterior”.    

                     Para el  caso  presente  bastaba  entonces  con  esperar  dos  (2)  días,  superados con  amplitud  en tiempo, desde el recibo formal de la orden de captura, de cuya real  entrega  hay  constan­cia  en  el  plenario,  sin  que  se  impusiese  esperar  ni requerir respuesta, como  erradamente  lo  entiende  el  impugnante,  de donde no deriva aquel defecto que  quiere atribuirle al funcionario.   

                      Tiene  razón   sí   el   demandante   cuando   afirma   que   la  instruc­ción   militar   que  reciben  los  soldados,  y  por  la que se advierten sobre las consecuencias penales derivadas  de  las  distintas  conductas  tipificadas  en  el  Código Militar como delito,  jamás  podría  suplir  ni  reemplazar  los  ritos que en el proceso imponen su  previa  y  formal  vinculación como sindicados, pues una cosa será su falta al  servicio,      y      otra      muy      diferente     la     respon­sabilidad penal que por esa conducta  corres­ponda.   

                     Mas, lo  que  aquí  ocurre es que a diferencia de esa confusión que el censor pretende,  se  ha demostrado que en el proceso penal jamás se identificó ni se pretendió  suplir  con  la  instrucción  militar  el  trámite  de vinculación formal del  procesado,  pues  como  ya  se  vio,  el  instructor  obedeció  los  ritos  que  precedían  al  emplazamiento,  y  luego  de  cumplir con éste, aún prosiguió  respetando los intereses del soldado VIDAL VARGAS.   

                       Cosa  distinta  es  que  aquella  información  militar  recibida  por  el  uniformado  contribuya  para  inferir  que quien deserta, por hallarse debidamente ilustrado  sobre  las conse­cuencias  de   su   acto,   lo  hace  en  princi­pio        a        sabiendas       y       voluntaria­mente,  hecho que en el caso juzgado  lo  reiteraron  los  compañeros  de batallón del acusado señores Luis Basilio  Peñaloza  y Belisario Cantillo Lozano, aspecto que en igual sentido fue asumido  en    las    instancias,    y    que   concuerda   con   la   regula­ción  que  entrañan los artículos  115  y  siguientes  del  C.  P. M., la cual otorga ventajas para el desertor que  regresa  voluntariamente  a  presentarse  en  un término no superior a ocho (8)  días.   

                    Solo que  el  tema de la culpabilidad que introdu­ce  ahora la demanda, no compagina dentro del cargo de nulidad que  había    formulado    el    casacio­nista,  por  referirse  no a un error de actividad del juez sino a  un  error  in  iudicando  propio de la causal primera, en cuyo caso la solución  supone una validez de la actuación que con la nulidad se niega.   

                        Los  cargos, por lo anotado, no prosperan.   

         En   mérito   de   lo   expuesto,   la   Corte  Supre­ma  de Justicia en Sala de Casación  Penal,   adminis­trando  justicia    en    nombre    de    la   República   y   por   autori­dad de la ley,   

        R E S U E L V E:   

                         NO  CASAR la sentencia recurrida   

                   Cópiese,  devuélvase y cúmplase.   

        CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        RICARDO     CALVETE     RANGEL                                           

JORGE    CORDOBA    POVEDA                                        JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR                                          DIDIMO PAEZ VELANDIA   

                                                                                                      No firmo   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                              JUAN    MANUEL    TORRES  FRESNE­DA   

        PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

        Secretaria   

   

    

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