13555dic1

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 13555  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

         

          MAGISTRADO PONENTE   

          Dr. ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON   

          Aprobado Acta No. 193   

         

          Santafé  de Bogotá, D.C., tres (3) de diciembre de mil novecientos  noventa y nueve (1999)   

          VISTOS:   

Decide la Corte el recurso extraordinario de  casaciòn  interpuesto  por  el  defensor  de FRANKLIN CASTILLA QUIROZ contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Nacional  el  28  de  octubre  de 1996,  que   revocó  el  fallo  absolutorio  que  en  su  favor dictó un Juzgado  regional  de  Barranquilla,  de  fecha  junio 4 de 1996, y lo condenó a la pena  principal  de  21  años  de prisión, multa equivalente a mil salarios mínimos  legales  mensuales, el decomiso del material bélico incautado, y a la accesoria  de   interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el término de  diez  años,  como  responsable   del  concurso  de  delitos  de  secuestro  extorsivo  y  porte  ilegal  de  arma  de  uso  exclusivo de la fuerza pública;   

         

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL:   

          1.  El  13  de  agosto  de  1992  el  señor GUILLERMO UBALDO RIVERO  RESTREPO  se  desplazaba  en  un  vehículo de su propiedad por sector rural del  municipio  de Valledupar (Cesar), en compañía de su madre CARLINA RESTREPO VDA  DE  RIVERO   y  de  su tío FRANKLIN LUIS CASTILLA, cuando fueron abordados  por  cuatro  sujetos,  tres  hombres  y  una mujer, que cubrían sus rostros con  pañuelos,  e  intimidándolos  con armas de fuego los obligaron a descender del  automotor;  luego  de   atarles  las  manos  y  vendarle los ojos  los  internaron  en  el  monte.  Después, decidieron   llevarse   consigo  a GUILLERMO UBALDO RIVERO  RESTREPO, y dejaron a sus acompañantes  amarrados.  Por  la  liberación  de  aquel   exigían inicialmente la suma  de   Cien  Millones  de   Pesos, pretensión que después se redujo en  forma  considerable  y  que  finalmente  no  se  pago  en  razón a que el grupo  UNASE   rescató  al  secuestrado  durante  un  operativo realizado el 9 de  septiembre  de  1992, en el que perdieron la vida dos de los secuestradores y se  logro  la  captura  de MARTIN MEDINA GUERRERO, ROZO ENRIQUE DURAN, FRANKLIN LUIS  CASTILLA,   y  REMBERTO  RAFAEL  GUZMAN  VASQUEZ,  gracias  a  la  colaboración  suministrada  por  éste  último,  quien  señalo el nombre de las personas que  intervinieron  en  la acción criminosa, la participación de cada uno de ellos,  y  la  forma  como  podría  ser  localizado el sitio donde tenían a la persona  secuestrada.   

          2.   Con base en el informe de la Unidad Investigativa de   la  Policía  Judicial  de  Valledupar,  de fecha septiembre 10 de 1992, la  Fiscalía  Regional de esa ciudad ordenó la apertura de investigación el 11 de  septiembre  del  citado  año.  Luego de escuchar en diligencia de indagatoria a  los  capturados  REMBERTO  RAFAEL  GUZMAN  VASQUEZ, MARTIN MEDINA GUERRERO, ROZO  ENRIQUE  DURAN  ALVAREZ  y  FRANKLIN  LUIS  CASTILLA  QUIROZ,  la  Fiscalía les  definió  la  situación  jurídica el primero de octubre de 1992, con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en  contra de MARTIN MEDINA GUERRERO,  FRANKLIN  LUIS  CASTILLA  y  REMBERTO  RAFAEL GUZMAN,  como  coautores  responsables del delito de   

secuestro  extorsivo,  en la persona de  GUILLERMO  UBALDO  RIVERO  RESTREPO;   y  se  abstuvo de afectar con medida  precautelar a ROZO ENRIQUE DURAN ALVAREZ.   

          3.   REMBERTO  RAFAEL  GUZMAN  solicitó  acogerse  a  la  sentencia  anticipada,  y el 6 de julio de 1993 aceptó los cargos que se le formularon por  el  delito  de secuestro extorsivo. Por ello, hubo ruptura de la Unidad Procesal  en  relación  con  éste  incriminado.   Como  el 20 de octubre de 1994 se  decretara  la nulidad de la audiencia de sentencia anticipada referida, ésta se  volvió  a  realizar el 22 de diciembre de 1994, en la cual aceptó el cargo por  el  delito  de  secuestro  extorsivo,  pero  rechazó el de porte de arma de uso  privativo de la fuerza pública.   

             4.   El  3  de  marzo  de  1994  la  Fiscalía  Regional  de  Barranquilla  ordenó  el  cierre  de  la  instrucción.   El  22  de junio  siguiente,  la  misma  Fiscalía  calificó   el  mérito de la actuación,  mediante  resolución  de  acusación  en  contra  de  MARTIN  MEDINA  GUERRERO,  FRANKLIN  LUIS  CASTILLA  QUIROZ  y  ROZO  ENRIQUE  DURAN  ALVAREZ, como autores  responsables  del  delito de secuestro extorsivo, en concurso con el ilícito de  porte  de arma de uso privativo de las Fuerza Pública. En la misma decisión le  impuso  medida  de  detención preventiva a ROZO ENRIQUE DURAN ALVAREZ, toda vez  que  al definírsele su situación jurídica la Fiscalía se había abstenido de  imponerle   medida  de  aseguramiento.  Tal  decisión  fue  confirmada  por  la  Fiscalía   Delegada   ante   el  Tribunal  Nacional,  el  12  de  diciembre  de  1994.   

          5.   La  fase del juicio le correspondió tramitarla al Juzgado  Regional  de  Barranquilla,  el  cual, previa citación para sentencia, mediante  fallo  de junio 4 de 1996 condenó a MARTIN MEDINA GUERRERO  y ROZO ENRIQUE  DURAN  ALVAREZ   a  la  `pena   principal de 21 años de prisión como  coautores  responsables  de  los  delitos  de  secuestro extorsivo  y porte  ilegal  de  armas de uso privativo de la fuerza pública, y absolvió a FRANKLIN  LUIS  CASTILLA  QUIROZ   de los cargos que le fueran formulados  en la  resolución de acusación.   

          Mediante  proveído  del  28  de  octubre de 1996, el Tribunal   Nacional  resolvió el recurso de apelación que contra la sentencia en mención  interpusiera   el   procesado MARTIN MEDINA GUERRERO, y revisó,   por  vía  de  consulta,  las decisiones que  en ella se tomaran   en   relación   con  ROZO  ENRIQUE  DURAN  ALVAREZ  y  FRANKLIN  LUIS  CASTILLA  QUIROZ.   El  Tribunal  Nacional  revocó  la  absolución  con  que  fuera  favorecido  FRANKLIN  LUIS  CASTILLA  QUIROZ,   y  lo  condenó  a  la pena  principal  de 21 años de prisión y multa equivalente a 1.000 salarios mínimos  legales  mensuales,  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por el término de 10 años, como responsable del concurso de delitos  de  secuestro  extorsivo y porte ilegal de armas de uso exclusivo   de  la  fuerza  pública;  adicionó  la  parte  resolutiva  de  la sentencia, en el  sentido  de  condenar  a  MARTIN  MEDINA  GUERRERO, ROZO ENRIQUE DURAN ALVAREZ y  FRANKLIN  LUIS  CASTILLA   QUIROZ,  a  pagar  en  forma  solidaria  el  equivalente  a  500  gramos oro a favor del plagiado, como perjuicios de índole  moral;   así  mismo  adicionó la sentencia proferida en primera instancia  con  la  declaración que ninguno de los condenados tiene derecho a subrogado de  la  condena de ejecución condicional, y confirmó el fallo de primera instancia  en todo lo demás.   

          LA DEMANDA:   

         

          En  capítulos separados, el recurrente formula  los siguientes  cargos contra la sentencia del Tribunal Nacional:   

          1.  Capítulo  primero.  Cargo  único.   Bajo  el amparo de la  causal  3º.  prevista  en el artículo 220 del C.P.P., el censor acusa el fallo  de  segunda  instancia  por  haberse  dictado  en un proceso viciado de nulidad,  derivada  de la inobservancia del debido proceso. Considera  que se atentó  contra    las    normas   constitucionales   (artículo.   29),   los   tratados  internacionales   (Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos  ,  artículos   9.3,  14;  Pacto  de  San José, artículos 7.4.5, artículos.  8-2)     Normas   sustantivas   (artículo.   11   C.P.)    y   normas  procedimentales  (artículos.  1,   304,  312,  378,  333, 329, del C.P.P),  y    que   se   aparta,  además,  de  los  pronunciamientos  de  la  Corte  Constitucional   y  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  que sostienen que la  violación al debido proceso genera nulidad.   

          Como  primer  motivo de la violación referida   aduce que  FRANKLIN  CASTILLA  QUIROZ  fue condenado por el delito de porte ilegal de armas  de  uso  exclusivo  de la fuerza pública, sin que se le hubiera interrogado por  éste   hecho   en   la  primera  diligencia  de  indagatoria,   o  en  sus  ampliaciones.    Como  prueba  cita  las  indagatorias rendidas por su  defendido,   la   resolución   de   su   situación   jurídica,  la  decisión  calificatoria y las sentencias de 1ª. y 2ª. instancia.    

          En  segundo  lugar  señala  que su poderdante fue objeto de captura  ilegal,   según  se  infiere  del  testimonio  de  uno  de los agentes que  intervino en el respectivo operativo.   

          Como  tercera  razón alega la falta de una investigación integral,  por  no  verificarse  las  citas  del  procesado,  ni practicarse en la etapa de  instrucción    pruebas  solicitadas.  La  Fiscalía  omitió  recibir  las  declaraciones  de  las personas que habían escuchado  al testigo del cargo  cuando afirmaba que el procesado era inocente.   

          En  cuarto  lugar  indica la morosidad en el proceso, “tanto en la  etapa instructiva como en la de conocimiento”.   

          Solicita  a  la Sala  declarar la nulidad del proceso, a partir  de  la  resolución  de  acusación, inclusive, y ordenar su trámite de acuerdo  con las formalidades que le son propias.   

          2.   Capítulo  segundo.  Con  apoyo  en  la  causal primera de  casación,   formula   al  fallo  de  segunda  instancia  el  cargo de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  por  falta  de  aplicación de la  sanción  contenida  en el artículo 268 del Código Penal.  Señala que el  fallador  tipifica  la  conducta atribuida al procesado con base en el artículo  268  del  C.P.,  pero  le  aplica  la  sanción establecida en el articulo 6 del  Decreto  2790  de  1990. Al no aplicar  la norma del artículo 268 del C.P.  en  su  integridad,   se  vulnera  el  principio de legalidad de las penas.  Considera  que  el  secuestro  de  GUILLERMO  UBALDO  RIVERA RESTREPO se da bajo  circunstancias    totalmente   ajenas   al   contenido   de   normatividad   excepcional,   producida   bajo  la  declaratoria  de  perturbación  del  orden  público,  por  lo  tanto se le debió juzgar a la luz de las normas ordinarias,  por  no  revestir  modalidades  terroristas.  Fundamenta  su  aserto  en cita de  sentencia  de  la  Corte  Suprema  de  agosto  22  de  1990. Solicita se case la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Nacional y en su lugar se dicte la que en  derecho corresponda.   

          3.  Capítulo tercero. Primer cargo. Invoca la causal primera,   cuerpo  segundo,  y  señala  que  ”  la  sentencia  de  segunda instancia viola  indirectamente   la  ley, por cuanto  el juzgador de segunda instancia  incurrió  en  falso  juicio  de  identidad, sobre la indagatoria que rindió el  señor REMBERTO RAFAEL GUZMAN “.   

          Dice   el   censor   que,   según    el  fallador  de  segunda  instancia,   la  delación de GUZMAN VELASQUEZ es la única prueba directa,  y   por   lo   tanto   fundamental   para  la  decisión  de  fondo.   Pero  considera   que  en la valoración de dicho testimonio se apreció en forma  diversa  a  su  contenido,  ya  no  es  cierto,  como  lo entendió la  segunda   instancia,   que  GUZMAN  VELASQUEZ  se  enterara  por  intermedio  de  FRANKLIN   sobre  el  dinero  que la madre de éste aportó para el rescate  del  plagiado.   No  fue REMBERTO GUZMAN quien le indicó al Unase el sitio  donde   tenían  al   secuestrado.  Tampoco  es   a  través  del  testimonio  de  REMBERTO  GUZMAN   como  se conoció la circunstancia,  según  la  cual  FRANKLIN  tenía  que  llevar  el dinero a los secuestradores.   

          Considera  que de esta forma se conculcaron los artículos 247 y 294  del  C.P.P.,  solicita se case la sentencia y en su lugar se dicte  la  que en derecho corresponda.   

          3.1.  Segundo cargo. “La sentencia del Tribunal Nacional  viola  indirectamente  la  ley,   por  cuanto ignoró   la existencia de  prueba  fundamental  (omitió  su  apreciación)   consistente  en los  testimonios  de  UBALDO  GUILLERMO  RIVERO RESTREPO, DONALDO ARCE ALBARINO, MARY  LUZ  RIVERA  RESTREPO, PEDRO SEGUNDO RODRIGUEZ DAVID, CARLINA MIREYA RESTREPO DE  RIVERO”.   

          Indica  el  casacionista  que  el  Tribunal  Nacional  fundamenta la  responsabilidad  que le deduce al procesado FRANKLIN CASTILLA en algunos apartes  de  los  testimonios  del  secuestrado  GUILLERMO UBALDO, de su hermana JOSEFINA  MERCEDES  ,  y  de  su  madre CARLINA MIREYA RESTREPO ,            pero no tuvo en cuenta el  testimonio  de UBALDO GUILLERMO RIVERO, en el que  dice que le pareció que  una  de  las  personas  que  lo  custodiaban cuando estaba secuestrado era EDGAR  GUERRERO  MORENO,  y  que  después  supo  que  éste  se  había  enterado  por  intermedio  del trabajador DONALDO ARCE ALBARINO sobre el viaje a la finca; esta  circunstancia  es corroborada por DONALDO ARCE y la señora CARLINA MIREYA, pero  no  fue  tenida  en  cuenta  por  el ad quem. Afirma así mismo el censor que el  sentenciador  omitió  apreciar los testimonios de CARLINA MIREYA MARILUZ RIVERA  RESTREPO  y PEDRO SEGUNDO RODRIGUEZ, a quienes les consta manifestaciones hechas  extraproceso por REEMBERTO GUZMAN sobre la inocencia del procesado.   

                     

          Concluye  el  libelista,  que  de  haberse  tenido  en cuenta dichos  testimonios,   la  deducción  de  responsabilidad  de   FRANKLIN  CASTILLA  hubiese  variado  rotundamente.  Considera  que se violaron los artículos 247 y  294  del Código de procedimiento penal. Solicita a la Sala se case la sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Nacional  y en su lugar se dicte la que en derecho  corresponda.   

         

          CONCEPTO DE LA PROCURADURIA:   

          El  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo Penal sugiere a la Sala no  casar  la  sentencia recurrida en cuanto a la condena por el delito de secuestro  extorsivo,  como  sí  en  lo  que toca al delito de porte ilegal de armas, pues  considera   que  se debe reconocer la nulidad derivada del no planteamiento  de  este   reato   en  el  curso de la investigación. En consecuencia  deberá  establecerse   la nueva punibilidad  reduciendo la pena en el  valor correspondiente al porte ilegal de armas.   

          En  relación  con  el  primer  cargo que se plantea en el capítulo  primero  con  apoyo en la causal tercera, señala que si bien el casacionista no  desarrolla  la  proposición jurídica completa, pues no enuncia la normatividad  conculcada,  estima que debe reconocerse  que se violó  el derecho de  defensa  del  procesado,  al  hacérsele objeto de condena sin que se le hubiera  interrogado  en  el curso de la injurada o su posterior ampliación sobre uno de  los  ilícitos  imputados.   Ello  genera, por una parte la afectación del  equilibrio  necesario  entre  el  Estado,  titular  del poder sancionatorio y el  sujeto  pasivo  del mismo;  en segundo lugar, conlleva menoscabo  a la  actividad  defensiva.  Afirma  que  la  doctrina de la Corte se orienta hacia el  sentido  que  el  conocimiento  de las imputaciones es ingrediente indispensable  para   el   cumplido   ejercicio   de   la   defensa;     cita  varias  jurisprudencias de la Sala en tal sentido.   

         

          En  cuanto  a los otros hechos que el censor califica de violaciones  al   debido  proceso,  tales  como  la  captura  ilegal  del  procesado,  la  no  investigación  integral  y  la  morosidad  del proceso en sus dos etapas,   señala   que   los   mismos    no  solamente  carecen  de  la  envergadura  suficiente   como  para  comprometer  o  incidir  en la responsabilidad del  encausado,   o   menoscabar   las   estructuras   del   juicio,   sino   que  el  recurrente   se quedó en su sola enunciación, sin demostrar su incidencia  o  trascendencia   frente   a la decisión atacada, tal como lo exigen  los  principios  que  gobiernan  el  Instituto de las Nulidades. Recuerda que la  causal  tercera   invocada  por  la  censura,  si  bien es la de menor  severidad,  participa igualmente de exigencias claras, como son el señalamiento  y  demostración  de  la  presunta  irregularidad,  la  normativa  violada  y su  trascendencia;  la  inobservancia de estos requisitos impiden la prosperidad del  cargo.   

             

          En  relación   con  el  cargo  que  desarrolla en el capítulo  segundo,  de  violación  directa de la ley sustancial, por falta de aplicación  de  la  sanción  prevista  en  el artículo 268 del C. P., sostiene que no debe  acogerse.  Señala  que  para  el delito de secuestro extorsivo es perfectamente  válida  la  pena  que  el juzgador aplicó, es decir la que prevé el artículo  6º.   del  Decreto  2790 de 1990, debido a que esta norma específicamente  advierte  la  aplicación  de  una  mayor  punibilidad ante el comportamiento de  arrebatar,  sustraer,  retener  u  ocultar  una  persona,  por  las motivaciones  criminales  comprendidas  en  el  artículo  268;  es decir, que partiendo de la  descripción  tipológica   inicial  de  este  nomen  iuris,  modifica  sus  consecuencias.   Indica  que  la  doctrina  de  la Corte en que se apoya el  censor   no  es  de  interés  para  el  caso  presente,  y no se puede por  analogía,   pretender  restringir  los  alcances  del  artículo  6º. del  Decreto   2790  de  1990  al  punible  de  secuestro  cometido  con  propósitos  terroristas.   

Por  lo  que respecta a los cargos primero y  segundo   planteados   por   el   recurrente   en  el  capítulo  tercero,   consistentes  en  la  violación  indirecta de la ley,  por falso juicio de  identidad,  sobre  la  indagatoria de REMBERTO RAFAEL GUZMAN,  y violación  indirecta  de  la  ley  por  la  omisión   en  la  apreciación  de varios  testimonios,   el Representante del Ministerio Público estima  que en  ambos  casos  no  se  demuestra la ocurrencia de un error, sino que se plantea y  motiva  es  el  inconformismo  de  la  defensa  con  el  análisis  de la prueba  efectuado  por  el  sentenciador.  No  presenta  el  casacionista  un  error  de  apreciación  sino  un  tardío  problema  de credibilidad, cuya elucidación es  ajena  a  esta  sede.  Por  ello  considera que debe mantenerse el fallo, y  sugiere a la Sala no tener en cuenta estos cargos.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

CAUSAL TERCERA:  

CARGO UNICO.  

1.  La  censura de nulidad por violación al  debido  proceso que plantea el recurrente la fundamenta en varias razones: a) El  procesado  fue  condenado  por  el  punible  de  porte  ilegal  de  armas de uso  exclusivo  de  la  fuerza  pública,  sin que se le hubiera interrogado por este  hecho  en  la  indagatoria  ni durante la ampliación de la misma; b) la captura  ilegal  de  la que afirma fue objeto su defendido; c) violación al derecho a la  investigación   integral;   d)   la  morosidad  en  el  trámite  del  proceso.   

Del  estudio de la actuación procesal y los  reproches  formulados  por  el censor,  estima la Sala que no existe motivo  para declarar la nulidad del proceso.   

1.1. Tiene razón el Procurador Delegado en  lo  Penal  al  señalar  la falta de técnica en la presentación de este primer  reproche,   pues   el   censor  no  solamente  omite  enunciar  la  normatividad  conculcada,  sino  que  se  queda en el aspecto formal; no demuestra cómo al no  haberse  interrogado al incriminado por las armas utilizadas en el secuestro, se  desconocieron  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción o el juzgamiento.  Además,  de  manera  incoherente, y con planteamientos propios de un alegato de  instancia,  termina  este  primer  aspecto  de  la  censura  con  un ataque a la  resolución  de  acusación,  de  la  que  dice   debe  contener los cargos  concretos  contra  el  sindicado  para  que  éste pueda organizar su defensa, y  concluye  que  en  la presente actuación “se violó  en  forma  flagrante  el derecho de defensa, el cual fue coartado al dictarse un  símil  de  providencia  de  resolución  de acusación, nunca una verdadera, es  decir    en    derecho,    providencia    acusatoria”.            

1.1.1.   Bastarían   estos   yerros  para  desestimar  el  reproche  en  lo  que  a  este punto se refiere. Sin embargo, es  necesario  hacer  las  siguientes  precisiones,  las  cuales  lleva  a la sala a  apartarse  de la petición del Ministerio Publico, de reconocer que se violó el  derecho  de defensa del procesado, al hacérsele objeto de condena por el delito  de  porte  ilegal de armas, cuando se omitió en la indagatoria y su ampliación  interrogársele por ese ilícito.   

1.1.2.  El  artículo  360  del  Código  de  Procedimiento  Penal  dispone  que  el  funcionario judicial ha de interrogar al  imputado  en  relación  con  los  hechos  que  originaron  su  vinculación. La  circunstancia  de que en el caso que nos ocupa no partiera del fiscal instructor  la  iniciativa  para  hablar  o  interrogar  sobre  las  armas  utilizadas en el  ilícito  de  secuestro,  no  significa  que  no  se  le  diera aplicación a la  preceptiva  en  mención,  y  que  el  procesado  FRANKLIN  LUIS  CASTILLA fuese  sorprendido  en  la  resolución  de acusación con un cargo (el porte ilegal de  armas) no investigado.    

Si se analiza con detenimiento la diligencia  de  injurada  rendida  por  el procesado el 14 de septiembre de 1992, se observa  que  el  Fiscal  le preguntó: “ Aparece en autos de  que  Usted  acompañaba  a  su  hermana  …y  a  su sobrino…el día que éste  último  fue secuestrado, háganos un relato claro y preciso de cómo ocurrieron  estos       hechos?       ”.      El  procesado,  después  de contar cómo  llegó  a  la casa de su hermana y, sobre los preparativos e inicios del viaje a  una  de  las  fincas,  indicó  que   “… nos  salieron  unas  personas  con  las  caras  tapadas  y levantaron las manos y nos  dijeron   alto,…inmediatamente   uno    me   puso  el  arma  en  la  cien  derecha” (Cuad. 1, fol.99). Más adelante agrega que  el  capataz  al  enterarse  de  lo  ocurrido,  les  manifestó que él le había  contado  a GUILLE que el lunes en la noche había visto a una gente rara armada.  Es  decir, el propio procesado manifiesta en forma clara que en el secuestro los  plagiarios  portaban  armas,  y  que  estaba  enterado  que las llevaban incluso  cuando   hicieron   el   reconocimiento  del  terreno,  dos  días  antes.    

Es   cierto  entonces  que  el  Fiscal  no  interrogó  en  forma  expresa  al incriminado sobre las armas en mención, pero  ello  obedeció  no  a  una  omisión  del instructor en tal sentido, sino a que  aquel se le adelantó al ilustrarlo al respecto.   

1.1.3.  El  reproche  referido se torna aún  más  deleznable,  si  tenemos  en  cuenta que en la presentación de los hechos  objeto  de  investigación,  contenida  en  el  acápite  correspondiente  de la  providencia  definitoria de la situación jurídica de los procesados, se indica  que    UBALDO    RIVERO    RESTREPO    y    sus    acompañantes    “fueron  interceptados por cuatro sujetos provistos de armas, los  que     bajo     intimidación     les     obligaron     a     descender     del  vehículo…”.    

No puede caber duda entonces que el procesado  sí  tenía,  desde  la  diligencia  de indagatoria, claridad sobre los aspectos  fácticos  objeto  de investigación, y que éstos fueron consignados en el auto  que  le  definió  la  situación jurídica, tal como se aprecia en precedencia.  Otra  cosa  muy  diferente  es  que  no  se hubiera efectuado el juicio de   adecuación  típica  correspondiente, y se impusiera la medida de aseguramiento  a  que  había  lugar  en  relación con esa conducta concreta. Pero su mención  expresa   en   el   proveído  en  mención,  demarcaba  nítidamente  tanto  la  imputación  fáctica que se le hacía a los procesados, como el objeto mismo de  la investigación.   

Por  último,  se  resalta  que  el  informe  técnico  sobre  las armas se envió a la Fiscalía regional el 21 de septiembre  de  1992,  antes de la definición de la situación jurídica, y con antelación  a  la  solicitud  de  copias  de todo lo actuado que hiciera la defensa, el 7 de  octubre del mismo año.   

1.2.  Comparte  la  Sala  la valoración del  Ministerio   público  respecto  a  los  otros  reproches  que  en  este  primer  cargo   hace el casacionista. En efecto, las irregularidades que resalta en  relación  con la captura ilegal del procesado y la morosidad en el trámite del  proceso,  no  solo  carecen  de  la  entidad  suficiente para  invalidar la  sentencia  condenatoria,  sino  que   su  presentación  y desarrollo no se  ciñe   a   las   exigencias   del  artículo  308  del  estatuto  procedimental  penal.    

Debe reiterarse que no toda irregularidad que  se  produzca  dentro  del  trámite  procesal  redunda en la  nulidad de la  actuación,  pues es de su esencia tanto la sustancialidad del acto viciado como  su  capacidad  para  afectar las garantías de los sujetos procesales o implicar  un   desconocimiento  de  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  y  el  juzgamiento,  aspectos  esenciales  éstos  cuya demostración le corresponde al  censor,  so  pena  que  sus  reproches aparezcan como simples proclamas vacías.   

         1.2.1.  Aparece  igualmente huérfana de desarrollo y demostración  la  irregularidad   consistente  en  la vulneración del principio de   investigación  integral.  No  dice  el  censor  cuáles  son las personas cuyos  testimonios    dejaron    de    recibirse,    tampoco   indica   cuál   la  pertinencia   y  conducencia de los mismos, ni  acredita de qué forma  su  aporte  habría logrado una orientación distinta de la sentencia impugnada.  Es  obligación  del  recurrente  demostrar  tales  aspectos, toda vez que si la  prueba  negada  o no practicada era impertinente, inconducente o superflua, o no  tenía  la  entidad  necesaria  para  modificar  la  situación del procesado en  relación  con  su  responsabilidad,  el  reproche  resulta  inocuo, pues aunque  tuviera fundamento, la sentencia se conservaría intacta.   

         El cargo no prospera.   

         CAUSAL PRIMERA   

         Bajo  el  amparo  de  la  causal  primera  de  casación  el censor  plantea,  en  capítulos  separados,  tres  cargos.  El  primero, por violación  directa    de    la    ley   sustancial.   Los   otros   dos,   por   violación  indirecta.   

         

         PRIMER CARGO   

         1.   Afirma   el   libelista   que   la   sentencia   del  Tribunal  Nacional    proferida   en   contra  de  su  representado  viola  en  forma  directa   los  artículos  268  del  Código  penal y 6 del decreto 2790 de  1990.  El  primero,  por  cuanto al subsumir el comportamiento en el supuesto de  hecho   previsto   en  la  citada  norma,  debió  haber  aplicado  la  sanción  allí    prevista.;  luego  omitió  aplicar  en  su  integridad  la  norme  pertinente.  El  segundo,  porque el Decreto 2790 de 1990 es una normatividad de  excepción,  que como toda la que fuera dictada bajo las facultades que confiere  el  artículo  121  de  la  Carta,  está  orientada  a  cumplir los propósitos  indicados  en  los  considerandos y la finalidad determinada por el decreto 1038  de  1984  que declaró turbado el orden público en todo el territorio nacional.   

        Con  apoyo  en  sentencia  de  la  Corte  de  noviembre 19 de 1992,  concluye  que no puede ser aplicable al caso que nos ocupa el referido artículo  6  del  decreto  2790  de  1990,  por cuanto el secuestro que aquí se investiga  carece   de   connotaciones  terroristas,  y   en  modo  alguno  puede  significar un atentado  contra la seguridad pública.   

        2.  Como  lo  señala  el Representante del Ministerio Público, la  doctrina  que invoca el casacionista no es de interés para el caso presente. En  aquella  oportunidad  la  Corte  aclaró  que  coexistían  en  la  legislación  entonces  vigente  tres formas de secuestro. Las previstas en los artículos 268  y  269  del Código penal, y la del secuestro terrorista, consagrado en el   artículo  22  del  decreto  180 de 1988, en el que el comportamiento del agente  está  guiado  por  el  propósito  terrorista  de  crear  zozobra e inseguridad  social,  pudiendo ser que se trate de una actividad con finalidades políticas o  de cualquier  otra naturaleza.   

        La  Sala  ha  reiterado  que  cuando  el secuestro ha sido cometido  en   vigencia  del  decreto  2790  de  1990  y los hechos que lo configuran  “ persigan los objetivos enunciados en el artículo  268  del  Código  Penal”, la norma aplicable es la  del  artículo  6  del citado decreto 2790, acogido como legislación permanente  por   el  artículo  11  del  decreto  2266  de  1991.  Como  los  hechos  aquí  investigados   acaecieron   el   13   de  agosto  de  1992,  y  los  propósitos  perseguidos   eran  los  de  exigir  por  la  libertad  del  secuestrado un  provecho  económico,  es indiscutible que obró correctamente el fallador   al  aplicar  la  sanción  prevista  en  el  artículo  6  del  decreto  2790 de  1990.     

        El cargo no prospera.   

        SEGUNDO CARGO.   

        1.  Afirma  el  recurrente  que  la  sentencia de segunda instancia  viola  indirectamente  la  ley, por cuanto el fallador incurrió en falso juicio  de  identidad,  sobre la indagatoria que rindió REMBERTO RAFAEL GUZMAN VASQUEZ.  Como  normas  conculcadas  señala  los  artículos  247  y  294  del Código de  procedimiento  penal.  Solicita  se  case la sentencia y en su lugar se dicte la  que en derecho corresponda.   

        2.  Este  cargo  también  adolece  de  falencias  técnicas  en su  presentación.  No señala el libelista la norma de derecho sustancial  que  estima  vulnerada,  ni  el  sentido  de  la  supuesta  violación; solo cita las  disposiciones  probatorias en mención, pero olvida que “en casación la norma  sustancial   susceptible   de   violación   (por  falta  de  aplicación,   aplicación  indebida o interpretación errónea) es la que tipifica el delito o  consagra  el  respectivo  derecho objeto de transgresión”. Si bien deduce que  el  sentenciador  distorsiona  el   sentido  de  la  indagatoria  de GUZMAN  VASQUEZ,  en  la que éste señala e identifica a los partícipes del secuestro,  no  se  detiene  en  ningún  momento a demostrar las presuntas tergiversaciones  fácticas   en  que  incurre  el  funcionario,  así  como  la  trascendencia  e  incidencia de los supuestos errores.     

        Además,  en  el  desarrollo  del  cargo  el censor resalta algunas  supuestas  contradicciones,  en  las   que  según  él  incurre  el citado  procesado,  para  enfatizar   así  la  poca  credibilidad que merece dicho  testimonio.  En  ultimas,  lo  único  que  demuestra  es  su  inconformidad con  el   mérito  que  el  sentenciador le otorgó a la indagatoria de REMBERTO  GUZMAN  VASQUEZ,  planteamiento  éste que no puede constituir yerro susceptible  de ser atacado por esta vía extraordinaria.   

        Olvida  que  el  juzgador  goza de poder discrecional para apreciar  los  elementos  probatorios  a la luz de la sana crítica, y que solo está  limitado  por  las  reglas de la lógica, la ciencia y la experiencia. Dentro de  tales  límites  no  se  puede cuestionar la credibilidad otorgada a un medio de  prueba,   ni  mucho  menos  pretender  el  libelista  anteponer  sus  personales  criterios, a las valoraciones realizadas por el juez.    

        El cargo no prospera.   

         

        TERCER CARGO   

        Lo   hace   consistir   en   que   la   sentencia  impugnada  viola  indirectamente  los artículos 247 y 294 del Código de Procedimiento penal, por  cuanto  el  juzgador   ignoró  la  existencia de los testimonios de UBALDO  GUILLERMO  RIVERO  RESTREPO,  DONALDO  ARCE  ALBARINO,  MARILUZ RIVERA RESTREPO,  PEDRO SEGUNDO RODRIGUEZ y CARLINA MIREYA RESTREPO DE RIVERO.    

        Si  bien  el  censor  plantea en forma correcta este cargo de   error  de  hecho en la modalidad de  falso juicio de existencia, por omitir  el  juzgador  la  apreciación  de medios de convicción obrantes en el proceso,  falla  en  el  desarrollo  y  demostración  del mismo. La fundamentación de la  censura  no  puede  limitarse  a  la  simple  enumeración  de  los  testimonios  supuestamente  dejados de apreciar, sino que debe señalarse la trascendencia de  dicha   omisión,  demostrar  que  las  conclusiones  del  fallo  habrían  sido  distintas  de  no  haberse  incurrido en la falencia denunciada, para desvirtuar  así  la  doble  presunción de acierto y legalidad con que están amparados los  fallos de instancia.   

                Se  limita  el  recurrente  a  señalar  que  contrario a lo que afirmara UBALDO GUILLERMO RIVERO en su primera  declaración,  en  el  sentido  de  que solamente él, su madre y su tío (aquí  procesado) estaban enterados del viaje a la finca,   

otras personas tuvieron conocimiento de tal  hecho,  como  fueron  DONALDO  ARCE  ,  EDGAR  MORENO y JOSEFINA M. RIVERO. Así  mismo,  resalta  el  hecho  según  el cual el testigo principal que involucra a  FRANKLIN  LUIS  CASTILLA como partícipe en los ilícitos en estudio, le confió  extraproceso  a  la hermana del procesado y a otras personas que aquel realmente  era inocente.   

        De  manera  que  el  cargo  inicialmente  planteado, simplemente se  torna  en  un  pretexto  para  mostrar una vez más sus reparos a la valoración  probatoria  efectuada por el fallador, sin  que el casacionista se esfuerce  por señalar  y probar los yerros que imputa al Juez.    

        En     tales    condiciones    este     cargo    tampoco   prospera.   

         

        En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando justicia en nombre de la República de Colombia  y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE:   

        No casar  la sentencia impugnada.   

        Cópiese,     cúmplase    y    devuélvase    al    Tribunal    de  origen.   

JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA RIPOLL            JORGE E  CORDOBA    POVEDA                        

CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                       

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                                        CARLOS    E.    MEJIA    ESCOBAR                        

ALVARO  ORLANDO  PEREZ PINZON                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                                    

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

Secretaria  

    

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