13416j

1999

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No. 13416  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR.MARIO MANTILLA NOUGUÉS   

                                                      Aprobado Acta No.103   

                                                      Santafé de Bogotá, D.C., julio catorce  (14) de mil novecientos noventa y nueve (1999).   

          Resuelve  la  Corte  el  recurso de casación interpuesto contra la  sentencia  proferida  el  30  de  septiembre  de  1996 por el Tribunal Nacional,  mediante  la  cual,  con  modificación  de  la  de primera instancia condenó a  HÉCTOR MONTAÑO CAMBINDO a  la  pena  principal  de  veintidós  años  y  seis  meses  de prisión, y multa  equivalente  a  un  mil  diez salarios mínimos legales mensuales y la accesoria  correspondiente,  en   calidad  de coautor del concurso de delitos de porte  ilegal de arma de fuego de defensa personal y secuestro extorsivo.   

          En  la  misma  providencia y a idéntica pena fueron condenados los  coautores  de  los referidos ilícitos, JAIRO ENRIQUE RODRÍGUEZ  y PASCUAL  RENTERÍA.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

          Aproximadamente  las  10:30 de la noche del 10 de noviembre de 1992  al  establecimiento  ´Drogas  La Fragua´, situado en la carrera 19-D No. 63-03  Sur,  barrio  San Francisco, de esta ciudad capital de la República, entró una  mujer  con  el  fin de preguntar por el medicamento conocido como ativán. En el  momento  en  que  le  pidió  el  citado  farmaco  al  vendedor  ingresaron tres  individuos   portando   armas  de  fuego  y   -brazaletes-   del   entonces  F-2  de  la Policía Nacional, imputándoles  a los empleados del  lugar,     Genaro     Moncada    y     Camilo    Díaz,   el  estar  vendiendo  sin  fórmula  médica  drogas  de  venta  restringida  según  la  Ley 30 de 1986, creando un estado de temor y zozobra en  el   lugar,   a   la   vez  que  inquirían  por  el  paradero  del  dueño  del  establecimiento-.    Los   empleados  llamaron  al  administrador  de  otra  droguería   de   la   misma   cadena   José  Adán  Barrera,  que  de  inmediato  acudió,  al  referido  establecimiento.   

          Reunidas  estas cuatro personas, los supuestos representantes de la  autoridad  policiva  optaron por ordenarles abordar un campero ´Trooper´   sin  placas  en  el  cual  se  movilizaban,  acompañándolos  la  mujer, con el  anunciado  fin  de llevarlos a las dependencias de la DIJIN.  Una vez en el  vehículo,  se  desplazaron   sin rumbo por la ciudad exigiéndoles el pago  de  quinientos  mil pesos a cambio de liberarlos  y no comprometerlos en el  ilícito  que  les  imputaban,  y deteniéndose a la altura de la carrera 16 con  calle  52 sur, donde ordenaron descender a los nombrados Díaz y Gutiérrez para  que  avisaran  en  sus casas que eran conducidos a la DIJIN, fue en ese instante  cuando  apareció  una  patrulla  de la Policía Nacional, que alertada sobre la  posible   comisión  de  un  secuestro,  requirió  la  identificación  de  los  ocupantes  del  vehículo.  quienes resultaron pertenecer a la Policía Nacional  asignados  incluso  como escoltas de un parlamentario. En ese orden respondieron  a     los     nombres     de    HÉCTOR    MONTAÑO  CAMBINDO,  JAIRO ENRIQUE GUTIÉRREZ GUEVARA y PASCUAL  RENTERÍA   SALAZAR.   La  mujer  prima  del  último  de  los  mencionados  fue  identificada  como  SINDY  PATRICIA LÓPEZ.  Aunque los implicados llevaban  consigo  sus  armas de dotación oficial el agente RENTERÍA portaba un arma sin  autorización.    

          Consideró  el Tribunal Superior Militar -al conocer por apelación  la  resolución  definitoria  de  la situación jurídica  proferida por el  Juzgado  90  de  I.P.M.   que  abrió  la instrucción-,   que el  delito  cometido  por  los agentes de la policía sindicados fue el de secuestro  extorsivo,  de  competencia de la Justicia Regional,  razón por la cual el  asunto  fue  remitido  a esa jurisdicción que continuó la investigación   después  de alguna vacilación al respecto reflejada en actuaciones cumplidas a  lo largo de varios meses (fls. 186 a 275 cd. ppl.1).   

          La  Fiscalía  de primera instancia calificó el mérito de sumario  imputándoles  el  concurso  de  delitos  de secuestro  extorsivo  y  porte  ilegal  de  arma de fuego de uso  privativo  de  la  Fuerza  Pública  (fl 417 cd. ppl.1), pero al desatar la  apelación  propuesta  contra esta determinación, la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Nacional  aunque mantuvo el compromiso penal en lo referente al delito  de  secuestro  extorsivo, lo modificó respecto del ilícito contra la seguridad  pública  determinando  que  se  trató de porte   ilegal  de  arma  de  fuego de defensa personal.   Esta  resolución  fue  expedida  el  15  de julio de  1994. (fls. 50 y ss. cd. Fisc.).   

          En   su   primer   instancia  el  proceso  culminó  con  sentencia  condenatoria  contra  los  tres  acusados,  a  sendas penas principales  de  veinte  (20)  años  y seis (6) meses de prisión y multa de cien (100) salarios  mínimos  L.  M. y accesorias de interdicción de derechos y funciones públicas  y  suspensión  de  la  patria  potestad  por idéntico lapso.  Al Tribunal  Nacional  arribó  el  fallo  a  quo  en  consulta  por  ministerio  legal  y en  apelación  interpuesta  por  los  acusados,  y la Corporación lo confirmó con  algunas  modificaciones,  pues  revocó  la  pena accesoria de suspensión de la  patria  potestad  y  aumentó  para cada uno de los sentenciados en dos años la  pena  principal de prisión y en 910 gramos oro el equivalente de la multa, a la  vez  que tomó otras determinaciones pertinentes,  entre ellas el compulsar  copias  para  que  se  investigara  la  conducta  de  la mujer que figuró en el  acontecer   fáctico  delictivo.   El  fallo  del  Tribunal  fue  recurrido  extraordinariamente   por   el   procesado   MONTAÑO  CAMBINDO.   

          LA DEMANDA   

          Consta        de        dos        cargos:        Primero.-  Basado  en  la  causal  1a.,  cuerpo  segundo  del  artículo  220  del  C.  de P.P. sostiene el censor que la  sentencia  es  violatoria,  en  forma indirecta, de los artículos 268 del C. P.  modificado  por  el artículo 6o. del D. 2790 de 1990, por aplicación indebida,  y  del  140  ibíd.,  por  exclusión  evidente,  en virtud del quebranto de los  artículos  300 á 303 del C. de P.P.  a causa del error de hecho por falso  juicio  de  existencia  en  que  incurrió  el  Tribunal en la estimación de la  prueba de indicios.   

         Para  demostrar que el delito cometido por su  poderdante fue  el  de  concusión y no el de secuestro extorsivo explica que de los testimonios  rendidos  por  los  ofendidos  Genaro  Moncada,  Camilo Díaz,  José   “Manrique”  Gutiérrez  (sic)    -el  proceso enseña que el nombre de  esta  persona  es José Enrique Gutiérrez-   y José Adán Barrera, y  en  lo  pertinente  a  la forma como ocurrieron los hechos  aduce que   los  sujetos agentes tan solo pretendieron provocar una  venta de drogas de  uso  restringido  para sorprender en flagrancia a los empleados de la droguería  y  así  poder  exigirles  una cantidad de dinero, y en ese orden señala que la  intención  ´real  o  aparente´  de  los  agentes, quienes eran miembros de la  fuerza  pública, fue conducirlos ante sus superiores, circunstancia por la cual  pasaron  frente  a varios puestos de policía sin detenerse en ninguno de ellos,  procediendo  a  exigir el dinero mientras los conducían a casa del dueño de la  droguería   con   el  fin  de  obtener  el  dinero  que  pretendían  conseguir  ilícitamente;  además  pone  de presente que a dos personas que se encontraban  en  el  vehículo  las autorizaron informar a sus familias que eran conducidos a  la  DIJIN,  y  por  lo  tanto  fueron  ellos  quienes aceptaron “la amenaza o el  constreñimiento”   para  no ser llevados a la DIJIN.  El vehículo en  que  se  movilizaron  fue  hallado  por  la Policía Nacional en una calle y los  acusados  en  ningún  momento  ocultaron su identidad.  De otra parte, los  acusados  centraron  su  interés  en  exigir  dinero  a  los  retenidos para no  llevarlos  a  las dependencias de la Policía, y finalmente, los ofendidos nunca  actuaron  bajo el convencimiento de que se encontraban secuestrados, sino que la  temporal  retención  tenía  como  finalidad  obligarlos a entregar determinada  cantidad   de   dinero   para   no  ser  privados  de  la  libertad.            De esta  cadena   fáctica   se   concluye  que  si  la  autoridad  policiva  no  hubiera  intervenido,  el  comportamiento  de  los  acusados  habría  terminado  con  la  aceptación  de  cualquier  suma  de  dinero  y  la liberación inmediata de los  ofendidos.   

         Si  todos  esos  factores  circunstanciales   -que  renglones  adelante  analiza  el  censor  según su particular óptica-  hubieran sido  tenidos  en cuenta por el fallador para conformar la prueba de indicios respecto  del  dolo  fácilmente habría deducido que la intención de los delincuentes no  fue  la  del  secuestro  sino  la  de  la  concusión.   Tras volver a  mencionar   la   normatividad   en   su  criterio  violada  y  consignar  nuevos  comentarios,  añade  que  también en la sentencia se violó indirectamente del  artículo 5o. del C. P.   

         Segundo.- Subsidiariamente y con apoyo  legal  en  el  numeral 3o. del artículo 220 del C. de P.P.,  afirma que la  sentencia  se  profirió en juicio viciado de nulidades, una por quebranto de la  garantía   del  debido  proceso  y  la  otra,  por  falta  de  competencia  del  funcionario judicial.   

         Atinente  a  la violación del debido proceso hace remisión a los  ´argumentos  probatorios´  expuestos  en  el primer cargo, porque debido a los  mismos  errores  de  apreciación  probatoria   la  Fiscalía  incurrió en  errada  calificación del mérito de la investigación´ al tener como secuestro  extorsivo  una  conducta  constitutiva del delito de concusión tipificado en el  artículo  140  del  C.  P.    Estima  que  ´no  se requieren mayores  argumentos  jurídicos´ para establecer  ´tan protuberante´ yerro ´como  que  se contempló un Título y un Capítulo del Código Penal bien diferentes a  los  que  realmente  se  adecuaban los hechos´,  y tras breve reiteración  dice  conformada   la  causal  de  nulidad  del  artículo  304-2 del C. de  P.P..   

         Al  referirse  a  la  falta  de  competencia,  la hace derivar del  reconocimiento  de  la  errada calificación jurídica antes tratada, pues si el  delito  cometido  fue  el de concusión y no el de secuestro extorsivo,  el  conocimiento  del  proceso  corresponde  a  la jurisdicción ordinaria y no a la  Justicia  Regional.   Aclara  que  ´no  se  reclama´ la competencia de la  Justicia  Penal  Militar  por  razón  de la investidura de agentes de la Fuerza  Pública   de  los  acusados   y  para  el  delito  de  concusión,  porque  éste   ´…  fue cometido  no   abusando   de   sus   funciones   …   sino   de   sus  cargos  …´.             Cierra  la  alegación con la relación motivada de las normas que  considera vulneradas y las consecuentes peticiones.   

        EL MINISTERIO PUBLICO   

         El  señor  Procurado  Primero Delegado en lo Penal al conceptúar  adversamente  a  la  prosperidad  de  las  censuras de la demanda sugiere que de  manera  oficiosa  la  Corte  case  en  forma  parcial  la  sentencia por estimar  vulnerada la  prohibición de reforma en perjuicio.   

         Descarta   la   posibilidad   de   aceptación   del  cargo    primero   por   encontrarlo  concebido  con  protuberante falla de técnica casacional en razón de aducir la  errada  calificación  jurídica  del  delito  a  través  de  la causal 1a. del  artículo  220  del  C. de P. P., cuando la causal de casación que debió tomar  como  fundamento legal era la 3a. de la misma disposición, porque, de prosperar  la  objeción  la  Corte no podría dictar fallo de sustitución sin incurrir en  un    nuevo   error   judicial   demandable   por   la   vía   de   la   causal  segunda.   Respalda  su    posición    en   un   pronunciamiento   jurisprudencial   que   así   lo  advierte.   

         Al   cargo  segundo   responde  destacando  la deficiente fundamentación, evidente en  la  invocación  del error de hecho por falso juicio de existencia en el estudio  de  la  prueba  omitiendo  señalar  las pruebas existentes en el proceso que el  fallador  dejó  de  considerar.   Encuentra además que el demandante  se  limita  a  cuestionar  la  valoración  judicial  de las pruebas simplemente  separándose  del  criterio  del  fallador  y olvidando que es función de éste  adelantarla con apego a la sana crítica.   

         Observa   que   los  testimonios  citados  por  el  censor  fueron  examinados  por  el  Tribunal  y  considera,  tomando  como  punto de referencia  extensos  apartes de la resolución de acusación, que no existió en esta pieza  el  error en la denominación jurídica del delito de que habla el censor;   y  en  ese  orden  descarta  la  pregonada  falta de competencia, por cuanto los  Juzgados  Regionales  y el Tribunal Nacional son los despachos que adelantaron y  fallaron  el  juicio,  conforme  correspondía  a  la  naturaleza  del delito de  secuestro.   

         La     petición     de    casación  oficiosa  del distinguido funcionario se ancla en la  circunstancia  que  fueron  los   procesados  los  únicos  apelantes de la  sentencia  de  primera  instancia  en donde se impuso una pena menor a la que el  tribunal   dedujo   en  la  sentencia  impugnada  extraordinariamente.   Se  desconoció  de  esa  manera,  dice,   la  prohibición  constitucional  de  reforma  en  perjuicio,  so  pretexto de preservar el principio de legalidad del  proceso  mediante   la  legalidad  de la pena, dando indebida prevalencia a  este   principio   superior   sobre   el   de   la   prohibición   quebrantado,  explicando   extensamente  su criterio, en el que expresa su disenso frente  al  de  esta Corte en punto a la prevalencia del principio de legalidad,  y  de   la  Corte  constitucional,  atinentes  a  la  obligación  de  respetar  la  prohibición  de  reforma  peyorativa  cuando  de apelante único se trata. Como  corolario  sugiere  la  casación  parcial de la sentencia para que se imponga a  los    procesados    la    pena    deducida   por   el   fallador   de   primera  instancia.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         Ni  la  demanda,  ni  la  sugerencia de casación parcial oficiosa  presentada  en  su  concepto  por la Procuraduría Delegada tienen eficacia para  remover el fallo impugnado, conforme al siguiente análisis.   

         La   enmienda   del   error   de  calificación  jurídica  de  la  infracción  por  tipificarse  la  conducta  investigada en un género delictivo  distinto  del  que  corresponde en el ordenamiento penal, no puede perseguirse a  través  de  la  causal  1a.  del  artículo  220   del  C. de P. P.,   porque   al  dictarse  un fallo de sustitución -como lo pide el demandante  en  este  caso-,  incurriría  la  Corte  en  otra grave irregularidad,  en  cuanto   esa   sentencia   no  guardaría  consonancia  con  la  resolución  de  acusación,  y  es  postulado  de  validez  procesal, que estos pronunciamientos  judiciales  guarden  armonía,  dado  que la sentencia debe resolver temática y  puntualmente    los    cargos   por   los   cuales   el   Estado   formuló   la  acusación.   

         De  ese  modo,  para  censurar  esa  clase  de  error  así  lo ha  precisado   repetidas  veces  la  jurisprudencia de la Sala, véanse, entre  otros,  los  fallos  del  20  de  enero  y  del  11  de  marzo de 1999,  el  demandante  debe  acudir  a  la  causal  3a.  del  artículo 220 del C. de P.P.,  centrando  el  reproche  sobre  la  resolución  de  acusación contentiva de la  errada  tipificación,  demostrando,  eso  sí,  los  errores  trascendentes  de  apreciación  probatoria  que  hubieren  determinado  la grave irregularidad que  ello  constituye, si ahí radicó la equivocada selección normativa. Esta clase  de  censura   exige  pues,  un  doble  trabajo  argumentativo  en donde los  errores  probatorios,  demostrados bajo los parámetros de la causal 1a., cuerpo  segundo  del  precepto mencionado, constituyen el presupuesto de la invalidez de  la  calificación,  consecuencia  ésta  que  a  su vez margina a la Corte de la  posibilidad  de  dictar el fallo de sustitución debido a que el proceso deviene  nulo desde el errado acto calificatorio.     

         En  el  caso   que  se  decide, el casacionista estructura de  manera  equivocada  su  reparo   directamente  con  fundamento  legal en la  causal  1a.  de  casación  aduciendo  violación indirecta de la ley sustancial  -cuando  ha  debido  acogerse  a  la  causal  3a.-   y  pide  a la Corte el  imposible  jurídico  de  dictar  fallo  sustitutivo  impartiendo condena por el  delito  de  concusión,  no imputado al procesado, a pesar de que la resolución  acusatoria  enjuició  a  su poderdante por un género delictivo distinto,   como lo es el secuestro extorsivo.     

         De  acuerdo  a  los planteamientos anteriores, esta inconsistencia  lógico  procesal  de  la demanda hace impróspero el  primer cargo que la conforma.   

         Por    cuanto    hace    al    cargo  segundo,  en  que, basado correctamente en la causal  3a.  de casación, alega el censor nulidades por transgresión al debido proceso  y  por incompetencia del fallador, respectivamente, es de advertir un yerro más  de  técnica  casacional  en  la demanda, al formular en ese orden de prelación  dichos  reparos,  pues  es obvio que ante la falta de competencia, otros motivos  invalidantes  tales  como  la  violación  al  debido  proceso  o la ausencia de  defensa,  se  tornan  inanes.  Además,  la  censura  es  incompleta y carece de  objetividad impidiendo así su estudio en sede extraordinaria.   

         En  una  metología  extraña  a esta clase de recurso, ya que los  cargos  contra  la  sentencia son autónomos y deben tener su propio desarrollo,  el  censor  manifiesta  total  remisión  a  los argumentos de sustentación del  cargo  primero,  según el cual el fallador incurrió en  error de hecho en  la  modalidad  de falta de apreciación  -falso juicio de existencia-   de  pruebas  reveladoras  de hechos tomados como indicio de intencionalidad para  el  delito  de  secuestro.   Sin embargo, en ningún momento especifica las  pruebas  que la Fiscalía ignoró en su estudio probatorio como constitutivas de  hechos  indicadores,  a  raíz  de  lo  cual  se hubiera llegado a la equivocada  inferencia   de  los  hechos  imputados  y  por  este  medio  a  la  cuestionada  calificación jurídica del delito.   

         El   profesional   circunscribió   su   empeño  a  analizar  los  testimonios   de   los   ofendidos   sobre   la   forma  de  desarrollo  de  los  hechos    -que  la Fiscalía estudió según lo enseña el contexto de  la  resolución  de acusación-, sin señalar los errores de razonamiento que en  su  criterio  cometió  el ente acusador en el proceso de adecuación típica de  la  conducta,  optando por interpretar su contenido fáctico de manera subjetiva  y  oponer su propio criterio al del sentenciador, lo que impide  determinar  a  qué omisión probatoria se refiere la censura.  De otro lado, silenció  toda  alusión  crítica  a  las demás pruebas analizadas por la Fiscalía para  adelantar  la  calificación,  como  son  las  explicaciones  de  los policiales  implicados,  que  obviamente  tuvieron  incidencia  en la imputación dolosa del  secuestro  extorsivo;   olvidando  que  cuando  la  objeción  parte  de la  apreciación  probatoria  adelantada  por el funcionario judicial, constituye un  imperativo  derruir todas y cada una de las pruebas que sustentaron la decisión  denunciada.   Fluye  entonces  que  no  demostrado  el error de evaluación  probatoria  en  la calificación del delito, la garantía del debido proceso por  este  factor no sufrió desconocimiento. Por este aspecto el cargo en estudio no  prospera.   

         Tampoco    en   lo   concerniente   a  la  alegada  falta  de  competencia   del  fallador  el  reparo  tiene  posibilidad  de  éxito.  Si  la  calificación  por  secuestro  extorsivo  fue  correcta,  la  competencia  de la  justicia   regional   para  tramitar y definir  el juicio es  indiscutible a voces del artículo 71-5 del C. de P.P.   

                                           Finalmente,  en lo atañedero a la sugerencia de casación parcial  proveniente  de  la  Procuraduría  Delegada, al desconocerse la prohibición de  reforma  en  perjuicio  por  parte del Tribunal cuando aumentó la pena impuesta  por  el  sentenciador  de  primera  instancia,   que  motiva  con  extensos  comentarios,  encuentra  la  Sala  que la sentencia impugnada  se dictó en  proceso  de conocimiento de “los fiscales y jueces regionales”;  (arts. 126  y  71-5  del  C.  de P.P.), y que no es una sentencia  anticipada;   por consiguiente está sujeta con  la   amplitud  prevista  en  el  artículo  217  del  C.  de  P.P.   y  por  disposición  del artículo 206  última parte del mismo  estatuto, al  grado   jurisdiccional  de  la  consulta.   

         El  tema  ha  sido  tratado  por  la Corte en repetidas ocasiones,  entre  otras,  el  25 de marzo de la presente anualidad  y el 21 de octubre  de  1998.  En  esta  ocasión  con  ponencia del magistrado Dr. Arboleda Ripoll,  dijo:   

         “Repetidamente  ha  sostenido  que  el  Instituto  procesal  de la  consulta  no  es medio de impugnación o recurso, sino un mecanismo de revisión  de  la  legalidad  de ciertas decisiones judiciales, que opera por ministerio de  la  ley,  que  debe  cumplir  el  superior jerárquico de quien la ha proferido.   

         “A  diferencia de los recursos que son potestativos de los sujetos  procesales  y se fundan en razones de interés particular, la consulta opera por  mandato  legal,  se  apoya  en  razones  de  interés general, y es de carácter  imperativo,  particularidades  que hacen que su cumplimiento no pueda dejarse al  arbitrio  de las partes, ni siquiera de la voluntad del funcionario judicial que  ha proferido la decisión.   

         “A  estas diferencias habría que agregar las no menos importantes  que  en el ámbito de la competencia funcional del superior se presentan, acorde  con  la  naturaleza  de  cada  uno  de  estos  institutos.   Mientras en la  apelación,  la  competencia  del  superior  tiene carácter limitado, en cuanto  solo  puede  revisar  aquellos  aspectos  que  son objeto de impugnación, en la  consulta la competencia es de plena justicia e ilimitada”.   

                     Podía  pues  el  Tribunal  Nacional  sin  incurrir  en  el  quebranto  de  que habla el  Ministerio  Público como superior jerárquico del juzgado regional, aunque solo  fueran  apelantes  los  procesados,  en  el  grado  de consulta de la sentencia,  modificar  la  pena  impuesta,  agravándola como en efecto sucedió.   Se  aparta  en  este aspecto la Corte de la opinión del distinguido colaborador  representante de la sociedad,   

         En   mérito,   la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA   en   SALA  DE  CASACION  PENAL,  oído  y  parcialmente   acogido   el  concepto  del  Ministerio  Público,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la Ley,   

         

         

        R E S U E L V E   

         NO  CASAR la sentencia recurrida.   En  firme,  DEVUÉLVASE el  expediente a la oficina de origen.   

         CÓPIESE Y CÚMPLASE.   

                                       JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                        JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                                     EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                   CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR                                                 

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                            NILSON  PINILLA PINILLA   

                                       PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

                                                              Secretaria     

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